[Pasado] Sujetos de estudio | Privado
#1
Día 30 de Invierno.

En unos días partiría para la isla de Samba.

Choi Hae-won no siempre tiene la posibilidad de viajar entre islas. Desde que inició su camino en Roshwan, lugar donde empezó a vagar por el plano más lineal y recto que conocía en el mundo, se encontró con un sinfín de momentos, instantes en los que cada decisión marcaba un antes y un después en la vida de las personas. La vida entre protocolos, diversos caminos e incluso nuevas virtudes marcó, sin ella pensarlo, un antes y un después en su mundo personal.

Wonnie no estaba allí para aprender un estilo de combate que no le serviría de nada. No. Ella estaba allí para poder ver a otros aprender. Aquella herida en su costado le impidió andar por el camino de los ataques cuerpo a cuerpo, y la obligó a sostener un estilo de defensa y ataque diferente. No tenía problemas más allá de esos dolores, pero las patrullas eran cosa que hacía solo para apuntar y disparar. Por eso estaba sentada allí, mirando a la nada con el fin de analizar los movimientos y estilos de combate de varios de sus compañeros. 

Es su manera de entrenar, su manera de evaluar y armar sus propias estrategias… O, al menos, eso es lo que aparenta.

Había piratas en las inmediaciones. Lo sabía muy bien. Sin embargo, su foco radica en pensar en planes a futuro y mantener su estilo hasta el punto de la evolución. Con un mate de por medio, una mirada que no dice nada y el tic característico que siempre hace cuando algo le incomoda, o le es demasiado natural —pasar el cabello detrás de una de sus orejas—, Choi Hae-won se mantiene extrañamente tranquila y neutral. 

Cuando ve que la yerba había envejecido, no duda en levantarse para cambiarla y renovar el agua caliente. Sin embargo, tiene tanta flojera en ese momento que tampoco desea hacerlo per sé. Había completado todos los procesos burocráticos pertinentes durante la mañana para no tener impedimentos para flojear. El día está lindo. Hace frío. El cielo es azul y la isla tiene mucha gente alrededor ¿Qué mejor momento que ese para hacer nada? ¡Se está muriendo de sueño!

Hace un esfuerzo superior para levantarse del lugar luego de juntar todas sus cosas, y suspira. Camina sin un rumbo fijo, con una vaga idea de qué hacer la próxima vez: seguir vagando como siempre lo hace.
  Responder
#2
Kael no es de los que abandonen el reino de Sorbet. Puede contar con los dedos de ambas manos las veces que ha abandonado aquel lugar y visitado otros territorios. ¿Y abandonar el South Blue? De eso mejor no hablemos el día de hoy. La razón por la que excepcionalmente se encuentra en la isla de Kárate, no es sino la misma que tienen casi todos los que van allí en épocas lejanas al torneo anual: entrenar, y hacerse más fuerte.

Durante años en la marina, no ha sido sino un soldado de la más baja categoría, relegado a tareas de limpieza durante los primeros años, pasando por la cocina, la gestión de inventario, limpieza de armamento, y en general, relegado siempre a las líneas de abastecimiento de la Marina. Es un trabajo que alguien debe hacer, pero desde luego, no es algo que quiera mantener durante el resto de sus días. Tuvo la oportunidad de abandonar ese mundo, de alistarse en una división dentro de la Marina, y tener unos compañeros que lo acompañarían durante el resto de sus días. Quizás, si hubiese tenido la capacidad de protegerlos, si hubiese tenido la capacidad de salvarlos...

Ahora solo tiene a su capitán, y este solo le tiene a él para seguir adelante. Es por eso que Kael entrena.

Lleva meses entrenando, preparando su cuerpo en silencio en el arte del combate cercano. Ha abandonado el camino de la espada por completo, y ahora se centra en un estilo que le permita ser su propio arma, algo que le permita estar preparado incluso cuando se supone que baja la guardia. Eso...es lo único que los protegerá.

Cuando quiso darse cuenta, a su espalda, una mujer se había levantado de no sabe bien donde, caminando en el lugar con tranquilidad sin prestarle mucha atención. Kael estaba sin camisa, tal y como le habían recomendado los maestros de la isla, entrenando con su renovada figura bastante esculpida por la dedicación expresada en los entrenamientos. La isla entera es un campo de entrenamiento en su totalidad, por lo que ver a alguien vagueando era algo demasiado insólito, y por supuesto, Kael no se lo creía.

—Disculpa...¿no tendrás algo de hierba para el mate, cierto?—No es la petición más usual que se suele hacer, pero intenta adivinar si puede aprender algo de esa mujer, o si sencillamente podía considerarse algo grosero e ignorarlo con una sencilla pregunta que, de haber estado en cualquier otro reino o isla, posiblemente jamás habría hecho tan abiertamente.—Es que la mía se ha acabado hace ya tiempo.

No se acercaría, pero enseñaría su bombilla vacía con tal de eliminar sospechas. No está muy acostumbrado a esa bebida, pero al menos sabe que en ese lugar, por alguna razón, es una bebida más usual que en el resto de lugares. Ha aprendido un par de cosas o tres en este sitio, y está dispuesto a aprender cuantas más le sean posibles.

La chica, de cabello albino, no parecía estar muy atento a lo que él pudiese decir. Si tuviera que adivinar, se le alejaría la idea de pensar que se trataba de una pirata, por lo que de tratarse de un turista como él, sería quizás una civil con ánimo de entrenar, o si tenía algo de suerte, también sería una marine como él.
  Responder
#3
Si algo aprendió a lo largo de los años vividos y las experiencias transitadas, es que a nadie, jamás, se le debe negar la yerba para tomar el mate. La cuestión de fuerza mayor que se le presenta delante le obliga a detenerse con cuidado y evaluar a la persona.

—Hmmm… veo que usted es un hombre de cultura y conocimiento, digno de una bebida tan magna como lo es el mate.

La complacencia en la sonrisa es, en efecto, algo que ella admira de sí misma. Si tuviera un vicio, una adicción en la vida, definitivamente el mate sería el principal culpable de ese estado. La dama toma el paquete que lleva consigo y se lo ofrece, ignorando de manera deliberada el hecho de que este señor anda sin camiseta por la vía pública.

Debe ser un exhibicionista, pero ella no es nadie para juzgarlo.

—Puede quedarse con el paquete. Yo ya tengo uno —Sonríe con gracia en su manera de expresarse—. No se olvide de colar la yerba para separar el polvillo de lo que sirve, o podría caerle mal si lo toma así nomás.

La idea de una bebida tan magna llena su corazón. ¿Té? ¿Café? Los ama, pero la Yerba Mate tiene un lugar especial en su corazón. Puede prepararse mate cocido si el mate no gusta. Puede disfrutarse dulce o amargo. Puede brillar en todo su esplendor y es una bebida que sí o sí se comparte en la más absoluta confianza.

—Me ha dado curiosidad por saber, mi estimado, cómo conoció el mate. No suele ser una bebida secular. No cuando el té o el café ganan siempre en el juego de las infusiones —Choi da un pequeño paso hacia atrás con una mirada solemne y se presenta—. Lamento mis modales, olvidé presentarme. Me llamo Hae-won —Le regala una pequeña reverencia—. Choi Hae-won.




  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: