[Pasado] Determinación.
#1
Kael no es de los que llaman la atención, y tampoco busca conversar con la gente si no es necesario. En este trabajo uno debe evitar ser un innovador revolucionario especialmente en los rangos más bajos, donde apenas se te considera un peón. Uno solo debe destacar siguiendo el orden y las normas, demostrar que eres alguien a quién ellos pueden hacer crecer como un modelo a seguir, hasta que seas equiparable a ellos, o lo que buscan conformar en los miembros de la Marina. El de cabello azabache se informa, piensa y planea según sus capacidades y posibilidades, preparándose para actuar en consecuencia con todo lo que ha podido recopilar en mente. En este momento él no es más que una mota entre decenas de miles que cómo él, sueñan ser alguien. Está extremadamente lejos de serlo, así cómo tampoco sabe el tiempo que le tomará llegar a ningún lado.

El problema es, como siempre, su compañero Hasegawa. Ese maldito irresponsable hace todo lo posible por llamar la atención de la forma más irresponsable posible, siempre buscando que todos le vean sin importar lo que puedan llegar a pensar. Sin duda no se quedará quieto por mucho que su amigo de toda la vida haga, y cada vez que le ve, siente que se aleja cada vez más de su lado, adelantándose a todo y a todos con su genuina capacidad innata de ser el mejor. La pregunta es, ¿es más idiota el idiota, o el que sigue a ese zopenco?

En uno de sus trabajos habituales, no ha sino de montar guardia, un trabajo que busca evitar el desorden vigilando y patrullando, algo que no le llevará a ningún sitio, al menos por el momento. Se trata de una tarea más en todo lo que él es enviado a hacer, aunque poco a poco, eso le resulta ligeramente entrañable, puesto que últimamente se ha dedicado en gran medida a tareas de mediación, y mucho tiempo ha pasado desde la última vez que tuvo una tarea como esa.

Por supuesto, siempre ha de tener un compañero, pero su compañero de división no ha llegado a la zona todavía en cuanto él se presentó al lugar. A la vista plena de la costa, en el horizonte apenas se divisan barcos que llamen su atención. La luz del sol brilla en el cielo, y el clima es demasiado bueno como para no querer aprovecharlo descansando. Y sin embargo, él está ahí, velando porque otros puedan continuar con sus vidas mientras no hace nada más que estar...por ahora.

—Bueno, si no puedo hacer nada más, supongo que nadie se molestará...

Aprovecharía el momento para hacer sentadillas, un ligero entrenamiento para mantener su físico activo, sin llegar a cansarse, aprovechando el calor para sudar un poco. No debe perder la vista en sus alrededores, por lo que no intentaría flexiones mientras esté en este servicio.

—Ojalá poder entrenar en lugar de dedicar mi tiempo a esto.

Pero al final, uno como siempre, debe seguir las normas.
[Imagen: jGxJg3p.png]
  Responder
#2
Kael Omuyaga me resultaba indescifrable.
Había sido mi primera toma de contacto con la División setenta y cinco. En aquel momento, tuve la sensación de que se trataba de un hombre formal, de los que llevaban el trabajo por bandera y mantenían las distancias en la mayoría de los casos. La idea tan solo se reforzó cuando lo encontré haciendo sentadillas en plena calle.

«Definitivamente es un adicto al trabajo» pensé, a medio camino tras su espalda.

Crucé los brazos y apoyé el hombro contra la pared más cercana. Permanecí allí durante un minuto entero, con la firme intención de analizar su actitud. Además, resultaba evidente que aquel hombre era una alegría para la vista. Las muchachas que pasaban por la calle cuchicheaban entre ellas, se sonrojaban o apostaban por ver quién se atrevía a saludarlo.

—Las tienes enamoradas —dije, una vez a su altura.

Un gesto de cabeza indicó hacia el trío de amigas que aguardaban bajo la sombra de un árbol entre cuchicheos. Dieron un respingo al descubrir que las miraba. Una de ellas se escondió avergonzada entre sus amigas, otra enrojeció hasta las orejas y la tercera alzó la mano para saludar con efusividad. Sonreí. El suspiro de aquel trío fue absolutamente evidente, pero fingí no darme cuenta mientras atendía a mi compañero.

—Debes robar muchísimos corazones, ¿tienes alguna mujer u hombre esperando en casa?

Me pareció el mejor momento para romper un poco el hielo entre nosotros. Después de todo, las patrullas solían ser tranquilas y, con un poco de suerte, se trataría de un simple paseo.

—Disculpa, si prefieres que hagamos la tarea en silencio, solo dímelo.

Las tres muchachas nos siguieron con la mirada cuando nos pusimos en marcha. Una de ellas, al final, se aventuró a dar una carrera y extender una tarjetita frente a nosotros.

—Es mi extensión de Den den Mushi —dijo, con las mejillas arreboladas—. ¡Por si un día os apetece salir a tomar algo con nosotras!

Tras la ofrenda, salió corriendo al amparo de sus amigas.
  Responder
#3
Ha vuelto a cometer el mismo error que años atrás. Recuerda ese mismo momento, la misma situación, aquella con la que su ahora ex-compañera pelirroja lo había encontrado entrenando mientras patrullaba. Hacía sentadillas con tal de no perder el tiempo, manteniendo su físico activo para no desinflarse por las horas en las que se mantiene de pie sin hacer nada más que eso. Cuando escucha a su compañero a la espalda sabe que, definitivamente, tiene que prestar más atención a su entorno.

—No es...la primera vez que pasa.—Dice, sin dejar el ejercicio al comprobar que el castaño no parecía darle importancia.—Pero hoy...parecen especialmente animadas.

Comienza a descansar ligeramente después de la serie, observando finalmente a su compañero tras de sí, dando la espalda a las observadoras. Uniformado, la ropa planchada y perfecta. A diferencia de las facetas más voluminosas de Kael, su compañero destaca por una figura tonificada, esbelta y trabajada. Sabe que no es un combatiente como él, por lo que engrosar los músculos podría incluso ser una desventaja para un tirador. El de cabello azabache es incapaz de apreciarlo, pero sabe que las chicas no estaban allí solamente mirándolo a él.

—¿En casa?—Kael hace tiempo que no piensa en Sorbet. Lleva varias semanas fuera de su tierra natal, y sin embargo no siente ni la más mínima nostalgia por esas tierras.—La marina es mi hogar, Dimitri. Tener a una mujer esperando es algo completamente impensable para mí. Si encuentro a alguien algún día, espero que sea aquí en la Marina, o seguramente no tendré la oportunidad de estar con esa persona en mucho tiempo.

Aún así, él no ha pensado muchas veces en esa situación. Su amigo albino lo mantiene bastante alejado de la idea de una pareja, siempre interesado en conseguir una noche de pasión y energías con cualquier bailarina que le entregue la oportunidad. El Reino de Samba le ha hecho particularmente mucho daño a un joven como él...y lo ha dejado solo en ese lugar más tiempo del que debió.

Incluso en la tranquilidad de ese ambiente, con grupos de personas caminando con normalidad y un ligero toque de aburrimiento, está siendo capaz de encontrar un momento interesante en la conversación que inició su compañero. Al final, no es tan desconocido ante esa clase de comentarios.

—En realidad, creo que es una oportunidad para conocernos entre compañeros de división.—Aunque esa palabra se le atragante en la garganta como un bocado grande de carne sin masticar.—¿Hay alguien en la división que haya llamado tu atención particularmente? 

Tanto en el buen como el mal sentido, Kael siempre puede aprovechar pequeños retazos de información sobre la opinión que tienen entre ellos los compañeros de su equipo. La gente no parecía muy atenta a lo que ellos hablasen entre sí de todas formas, y salvo aquellas chicas y un grupo de chicos sentados no muy lejos de estas con cara de pocos amigos, el resto de personajes no hacían más que seguir con sus vidas como perfectos transeúntes. 

La conversación se vio ligeramente entrecortada al notar como se acerca una de las chicas que, hasta la fecha nunca habían tomado la valentía de hacerlo directamente hasta ellos. No habían ofrecido el número directamente, sino que querían que ambos caballeros participasen en una salida junto a aquellas damas.

—Por supuesto. Será un placer—Tomaría educadamente la extensión de Den Den Mushi, guardándola en el bolsillo.

Pero aquella acción no pareció gustar a todos en el lugar. Los hombres sentados no mucho más lejos, con esa cara de pocos amigos, pusieron una mueca en sus rostros aún peor al comprobar la popularidad de los dos soldados, generando enfado. Uno de ellos decidió incluso acercarse hasta las chicas, quiénes, totalmente enfocadas en su amiga y en la emoción de la situación, no parecieron darse cuenta del acercamiento. Kael ofreció un par de toques en el hombro a su compañero con sutileza. No busca dar alarma, más si levantar la atención. Nadie en su sano juicio vería de buenas maneras un hombre como ese acercándose a tan alegres damiselas.

Desde aquella distancia, es imposible poder oír lo que dicen, pero cuando la distancia fue demasiado corta como para alejarse con seguridad para las chicas, la dicha fue reemplazada por nerviosismo y muchísima incomodidad. El marine se detuvo, observando el escenario.

—Ese hombre perfectamente podría estar armado. ¿Tienes el arma cargada?—Claramente, no va a quedarse sin hacer nada.—No tienen por qué correr peligro, pero es mejor estar seguros.

A paso tranquilo, a diferencia de la actitud orgullosa de un Marine, se acercaría tratando de no llamar la atención del enfadado esperpento. Apenas tardó unos cuantos segundos en alcanzarlos con la suficiente cercanía como para que su voz fuese escuchada.

—¿Va todo bien por aquí?—Habló, continuando los pasos uno a uno mientras trata de estar a su alcance.

—¡Tú no tienes nada que hacer aquí, Marine! ¿No tienes ningún pirata que atrapar? ¡Seguro que ahora mismo están robando en el puerto y vosotros aquí sin hacer nada!

Las muchachas, a pesar de la cercanía de los soldados, no parecían perder la intranquilidad. Y es que este problema, no venía solamente reflejado en ese tipo entre ellos.
  Responder
#4
—¿Hay alguien en la división que haya llamado tu atención particularmente?
—Hae-won.

Me sorprendí diciendo. Una sensación incómoda me mordió el estómago, mientras fingía una sonrisa dulce y pacífica. Me dije a mí mismo que la División acabaría viendo la complicidad que nos unía, harían preguntas y todo sería más sencillo si yo mismo controlaba el discurso que pudiera surgir.

—Nos conocimos de adolescentes, cuando viajaba con mi familia. —La inexistente familia St. George. Un atrezzo elaborado para generar la ilusión de provenir de buena cuna—. Ha sido una sorpresa encontrarla aquí. —Sonreí—. Se ha convertido en toda una mujer. Está preciosa.

Ignoré las náuseas. Estaba acostumbrado a aparentar un perpetuo estado de sosiego incluso cuando la bilis me llenaba el paladar. No importaba cuánto me repitiera a mí mismo que solo estaba aprovechando la oportunidad para controlar el modo en que otros verían nuestra relación; sabía que no era cierto. Hae-won había acudido a mis labios sin permiso ni aviso. Y aquello me inquietaba.

Nunca me había ocurrido. No desde Rose. Apenas tuve tiempo de pensar en ello, porque las indicaciones de Omuyaga me hicieron reparar en el hombre que se había acercado a las muchachas. Fruncí el ceño.

Dejé que mi compañero se ocupara de él. ¿Arma cargada? No llevaba ninguna. Tampoco me importó cuando me situé estratégicamente entre las damas y el presunto agresor. Permanecí alerta, atento al grupo del que provenía.

—¿Lo conocéis? —pregunté a las damas, sin perder la posición—. Si os están molestando, podéis venir con nosotros.

Todavía no me había recuperado por completo de la caída durante la misión. El dolor de cabeza había desaparecido, pero notaba el cuerpo entumecido y bajo la camisa se esparcía un collage de moretones. Lo último que necesitaba era una maldita pelea.

Confíe en que Omuyaga controlase la situación. Me convertí en el bastión de aquellas muchachas: el primer muro a derribar si querían acceder a ellas, para que no pudieran tomarlas de rehén. El problema… es que era consciente de no ser el muro más resistente. Eso sí, a cabezota no me ganaba nadie.
  Responder
#5
Kael, al escuchar el nombre de la albina, comprendió al momento que la falta de duda al responder significaba algo más que puro interés literal en esa chica. No era algo que estuviese dispuesto a juzgar; es algo que le podría servir como motivación para ser parte de la Marina y del grupo de una buena forma. ¿Es una persona protectora? Posiblemente tenía que juzgar más al de pelo castaño para poder entenderlo correctamente.

—Espero entonces que puedas jugar bien tus cartas. Sé que eso no te distraerá de tus labores.—Mentía de forma piadosa. Sus compañeros podían hacer lo que quisieran entre sí, pues él no se metía en esos temas. Lo único que deseaba, tal y como había expresado, es que su deber marine siguiera siendo absolutamente firme, pero no lo tenía del todo claro en aquellos que no conoce.

Todas esas ideas, pensamientos y posibles conversaciones al respecto quedaron completamente olvidados en cuanto el hombre empezó a molestar a aquellas mujeres, y ambos marines se acercaron, "casualmente" para tratar de evitar una situación en todo aquel embrollo.

—N-no...no le conocemos de nada.—Y con esas palabras, fue suficiente como para que el de cabello azabache supiese que podría hacer al respecto.

—Señoritas, ¿les gustaría entonces acompañarnos hasta la ciudad?—No fue especialmente sutil. No quiso serlo; en ese momento, Kael estaba actuando como un orgulloso Marine, y de esa forma, puede mostrar la intención de protegerlas sin generar un conflicto.

...Pero por supuesto, a aquel hombre eso no le valía.

—¡¿Quién te crees que eres, Soldadito?!—A pesar del tamaño comparable de Kael con respecto al tipo, este no pareció retroceder ni un ápice...y por supuesto, él tampoco.—¡¿Crees que puedes hacer lo que te dé la gana solo porque tienes ese uniforme?!

Con un grotesco movimiento, el hombre terminó por agarrar la chaqueta blanca del miembro del gobierno mundial, intentando levantarle sin mucho o éxito. Kael esperó unos segundos, confundido, tratando de entender la situación que se le estaba presentando junto a aquellas chicas, su compañero, y los amigos de este sujeto, alejados en la distancia comprobando que su amigo, tal y como intuía el de cabello negro por las risas, consideraban como un verdadero estúpido.

—Bueno, al menos parece que no va a intervenir nadie más.—Suspiró ligeramente más tranquilo, tomando el brazo de su ahora rival, dispuesto a dejarlo en el suelo con una llave para mantenerlo retenido.

Aunque, por desgracia, para su sorpresa el hombre no era tan débil como creía. Soltó el agarre con el movimiento de un manotazo hacia el exterior, dando un salto hacia atrás para mantener la distancia.

—¡Ja! No eres tan fuerte como te piensas, ¿eh, Marine?—Llevó sus manos hacia los bolsillos, seguramente para lo que entendía era intentar sacar un arma.

Kael observó ligeramente perplejo. Esto estaba escalando excesivamente rápido.

—St. George, llévate a las civiles de aquí.
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: