[Fic][Autonarrada][P. absoluto][Recolección víveres y cocina] Primer maestro espetero
#1
18 de Verano, Año 17 
(9:03 a.m.)

Antes de que las balsas llegaran a puerto, ya escuchaba los gritos que el pescador más veterano le propinaba al joven novato.

Aun antes de que sus voces fueran reconocibles, ya llamaban bastante la atención, y un grupito de madrugadores bastante curiosos se había acercado al muelle para ver de cerca esos dos botes mutuamente atrapados por las redes.

―¡¿No sabes tender la red como Dios manda?!
―Mire, ya sé que llevo poco en el mar, pero…
―¡Ya se nota que llevas poco! Mira estos plomos, me has rasgado toda la maya en… ¡Que no tires, pardiez!
―Mire, ¡estoy intentando ser educado, pero usted…!
―¡Que sueltes ya la red!

En cuanto estuvieron cerca, di un paso al frente y me coloqué en medio de las dos barcas.

―¿Todo bien, caballeros?
―¡Este novato, que no sabe calear la red! ¡Me ha dejado las relingas hechas un desastre! ¡Mire, mire!
―Está bien, cálmese, por favor… Por lo pronto, voy a ayudarles a arrastrar las redes a tierra.

Fue complicado, pues las redes pesaban una barbaridad y era difícil arrastrasrlas a tierra sin ponerlas aún más en riesgo. Eventualmente y con ayuda de otros pescadores lo conseguimos, sin embargo, y al fin pudimos hablar con… bueno, “calma y tranquilidad” sería mucho decir, pero al menos se podía hablar, a secas.

―Muy bien, ¿qué ha pasado exactamente?
―¡Este muchacho, que…!
―Su versión ya la tengo; me gustaría escuchar la de su compañero.
―¡No somos…!
―¡Ya ha dicho que se calle, Eugenio! ―Para mi sorpresa, el joven perdió los papeles un momento, ya habiéndose rebasado su paciencia, pero no tardó en recomponerse tras inhalar con profundidad―. Mire, es verdad que llevo poco tiempo en esto de la pesca, pero mi patrón me ha enseñado bien. Es solo que… no sé qué ha pasado. El gremio de pescadores utiliza unos colores para sus boyas y señalar el alcance que tienen las redes bajo el agua. La única que vi era de color verde, que significa que no hay otras redes cerca, así que no debería…
―¡Que no era verde, pardiez, era amarilla!
―Mire, yo digo lo que vi.
―¡Pues viste muy mal! ―se quejó el anciano con el puño casi en alto.
―Muy bien, paremos un momento ―solicito, llamando a la calma antes de dirigirme hacia el de la barba gris―. ¿Puede enseñarme su boya, por favor?
―¡Por supuesto!

Tras rebuscar un poco en su zona de aparejo, debajo de buena parte de las redes, saca la boya en cuestión. Y… el color…

―¡¿Lo ve?! ¡Le dije que era verde! ―señaló el joven, exasperado, apuntando hacia ella su mano.
―¡Pero ¿qué dices, zagal?! ¡Esto es claramente amarillo! ¡¿Ni los colores te sabes?!

Realmente, viéndolo de cerca se veía que la pintura era de color verde. Una de color muy claro, debido al desteñido del agua, el sol y la sal, pero verde al fin y al cabo. Sin embargo, para alguien con mala visión, podría dar la sensación de que…

―Señor, ¿usted siempre ha ido a pescar solo?
―¿Eh? Ah, no, no, mi hijo suele acompañarme, pero esta mañana se ha levantado enfermo y se ha quedado en casa… ¿Qué tiene que ver?
―Por casualidad no se encargará su hijo habitualmente de las boyas, ¿no?
―Pues… Pues sí, pero ¿a qué viene todo esto?

El joven ya hacía un rato que se estaba pinzando la nariz, y yo tuve que contenerme para no imitarlo. Claramente ese hombre tenía problemas de visión (¿quizás era incluso daltónico?) y era en parte el que había causado el problema, pero era tan testarudo que…

―Mire, el caso es que su boya no cuenta con los colores reglamentarios.
―¡¿Qué?!
―Pues lo que le digo: están desteñidas. ¿Cuándo fue la última vez que las pintó?
―Ah, pues…
―Le aseguro que es el tiempo suficiente como para poder causar confusión en otros pescadores que vayan a faenar cerca de su zona.
―¡Pero ese chico se acercó aunque mi balsa estaba cerca!
―Sí, quizás él cometió ese error, pero seguramente habría sido más difícil que lo cometiera si las boyas tuvieran un color más fuerte. Yo lo que veo es una culpa compartida, y creo que es un problema que pueden solucionar entre ustedes y sus patrones… o entre ustedes, simplemente.
―¡Pero ¿a mí quién me arregla mis redes?!
―Por no hablar de las horas de trabajo perdidas por tener que estar aquí con esto.
―Bueno, claramente ninguno de los dos querría estar aquí, pero creo que ambos comparten un mismo problema y estoy segura de que ninguno de los dos quiere que llame a sus respectivos jefes… ¿O quizás debería…?
―¡No, no, no!
―No será necesario, señora.
―Bien. No se preocupen. ―Tras unos momentos de reflexión, me decidí a hacerles una propuesta―. Mmm… ¿Qué les parece si les ayudo? ―Por supuesto, se sorprendieron ante mi propuesta―. Mi turno termina dentro de poco, así que podría ir a cambiarme de ropa y ayudarles como una civil. No se preocupen, no debería tardar mucho más de media hora.

Y así fue. Terminé de patrullar lo que me quedaba de puerto, volví a informar y, tras ir un momento a la base a cambiarme de ropa, volví al puerto con unos vaqueros y una camiseta blanca a juego con las zapatillas de deporte. Me acerqué a ellos alegremente, con un brazo en alto.

―¡Eeeh! ¡Ya he vueltoo~!

Obviamente, volvieron a sorprenderse con mi cambio de actitud. ¡Ya no debía comportarme como una marine hecha y derecha! Obviamente no es que fuese a dejar mal a los míos, pero tampoco sería necesario ser tan formal. De hecho, llevé conmigo una bolsa, pero su contenido permanecería en secreto por el momento.

Lo cierto es que me gustó mucho compartir ese rato con ellos. Aprendí mucho sobre la pesca, la marea, los aparejos… y también, por supuesto, sobre cómo reparar las redes.

―Vaya, ¡pues han quedado genial!
―Sí, la verdad es que sí… Lo has hecho bien, zagal ―elogió Eugenio―, admito que no tenía muchas expectativas, pero no está nada mal.
―Bueno, siempre se me han dado bien las artesanías y cosas que tuvieran que ver con las manos ―rió Matías con suavidad.
―¡Se nota! Te ha ido genial, ¡lo hemos hecho todos genial! Y esto… ¡hay que celebrarlo!

Tras extender los brazos hacia el cielo, saco la bolsa con una bandejita envuelta, y en su interior hay… ¡pastelitos! Pastelitos que había horneado el día anterior y que llevaban mucho tiempo enfriándose. Ambos se sorprenden y yo la pongo entre los tres.

―A mí también se me da bien hacer cosas con las manos, ¡pero este es mi arte!
―Guau, qué buena pinta ―comenta el joven antes de tomar uno y probarlo. La sorpresa se muestra enseguida en su rostro―. Ey, ¡está supebueno!
―¡Mmm…! Zí que egtá bueno, zí ―masculla Eugenio mientras mastica―. Zi no juerah marine, podriaz jer paztelera.
―Vaya, ¡gracias! La verdad es que me gusta la repostería y… ―Pero el cambio de expresión en Matías no me pasa desapercibido―. Cuenta, ¿qué se te está pasando por la cabeza?
―No, es solo que… ¿Y cocinero? ―Me mira con curiosidad―. ¿Crees que se me daría bien ser cocinero?
―¡Jua, jua, jua! ―rie el anciano, soltando mijillas por todas partes desde su boca, ante lo que retiro disimuladamente la bandeja para tratar de que el resto de pastelitos siguieran intactos―. Hijo, si siendo cocinero dejas en paz mis redes, te hago un descuento por el pescado.
―¿Descuento? ¿No se enfadará su patrón?
―¡Mi patrona es mi hija, y el negocio antes era mío! ¡Aquí se hace lo que yo diga! ¡Jua, jua, jua!

Nosotros reímos de vuelta, sorprendidos por la historia. Enseguida, miro con ilusión a Matías.

―¡Pues no es mala idea! Si se te da bien hacer cosas con las manos, te podría gustar el oficio. ¿No te convence lo de ser pescador?
―No mucho, la verdad ―niega con una sonrisa, mirando las olas―. Pensé que me gustaría porque me encanta el mar, pero resulta que me mareo en la balsa… vaya desastre ―ríe las últimas palabras.
―¡Jua, jua, jua! ¡Vaya marinero de agua dulce estás hecho!
―¡Lo sé! Normalmente no tengo tanta paciencia, así que si no fuera por eso, ¡te aseguro que antes te habría dado más guerra!

Todos nos reímos nuevamente por la situación, divertidos por las casualidades.

―¡Pues yo veo un increíble plan de negocio! Uno pesca y el otro cocina.
―Ya, pero no sé, no he visto que estén buscando cocineros cerca, y abrir un restaurante sería carísimo…
―¡Pero ¿qué restaurante ni restaurante?! Vamos a ver, mozo, ¿qué necesitas para asar un pesacao?
―Pues fuego, especias, una mesa para poder cortarlo y…
―¡Déjate de remilgos, zagal! Le metes un espeto por el gaznate al pez, le pones sal gruesa y lo dejas junto al fuego, y si es chico, lo atraviesas por la mitad, ¡así! ―hace una demostración con uno de los que habían sacado de las redes y su propio dedo―. La gente que se apañe con las manos, como se ha hecho toda la vida. Y si no les gusta, que se lo lleven a su casa y se lo coman allí, aunque está más bueno calentito, la verdad.
―Pero ¿por qué nadie me compraría de esa manera, siendo todo tan inconveniente y habiendo tantos sitios interesantes?
―¿Y si haces que tu negocio sea el interesante? ―inquiero curiosa―. Podrías hacer algo que llamase la atención.
―No sé, ni siquiera sé dónde cocinaría…
―¡Pues donde puedas poner un palo a asar, leñe! ¡No necesitas más que tierra pa’ clavarlo! ¡Anda que no hay playa!
―Pero si lo hago así, la gente podría caminar cerca y echar tierra encima al andar…
―¡Todo son pegas, pardiez! ¡A ver si te crees que…!
―¡Oh, ya lo tengo! ―interrumpo la discusión entre ambos―. Necesitas tierra y un sitio en alto, ¡¿qué tal una balsa sobre unos soportes de madera?! Podrías llenarla de arena y ahí se clavarían los espetos. Si es una balsa rota que no sirviera para navegar, no creo que molestara a nadie, ¿no?
―¿Una balsa… llena de arena?
―¡Jua, jua, jua! ¡Vaya ideas que tiene la moza! Es tan descabellado que hasta podría funcionar, ¡por probar! Por cierto, guapa, antes mencionaste que vais a partir en unas horas, ¡como agradecimiento por lo que has hecho hoy, te voy a regalar todo lo que he pescado hoy!
―¡¿De verdad?!
―¡Claro, mujer! ¡Y además vamos a prepararlo para que te dure todo lo posible en el barco! Nos has echado una mano sin venir a cuento y nos has traído hasta pasteles, ¡la gente de la Marina no suele ayudarnos tanto! No en sus ratos libres, por lo menos. ¡Es lo menos que puedo hacer!
―¡Vaya, muchísimas gracias, Eugenio! ―agradezco dándole un abrazo sin avisar, para sorpresa de este y risas de nuestro otro compañero―. ¡¿Cuándo empezamos?!
―¡Ahora mismo!

Recolección y cocina
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
#2
ACTIVANDO PX-6...
  • Buenas Nyra! Te hago entrega del objeto que has fabricado gracias a tu oficio Cocinero T1. Queda adjunto en tu Inventario.

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Aperitivo

Utensilios
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Descripción: Ración pequeña de comida que permite restaurar 50 PV, 50 STA y 50 ESP.


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