[P.R.] [Aventura Tier 2] Los Piratas Power Rangers: capítulo de venganza
#1
Reino de Samba | 50 de Verano – Año 17
20:00 hrs


Qué noche tan tranquila se avecina, pero a la vez entretenida. Eso es lo que se comenta entre la sociedad de alto estatus dentro de la isla de Samba. Y es que cierto enano regordete, de buen capital económico, ha invitado a todos a la celebración de su quincuagésimo cumpleaños. Este hombre es conocido por realizar diversas fiestas a lo largo del año, pues forma parte de su estrategia para llamar la atención y permanecer siempre presente frente al ojo público. No le gusta despilfarrar dinero, no nos confundamos, pero considera que estas reuniones sociales, como las llama él, son una inversión que le permiten incrementar su poderío económico. Hasta ahora, nunca las críticas se sobrepusieron ante los elogios tras cada celebración realizada.

Sin embargo, esta velada será diferente. Jean Napon recibió herencia de sus padres, así comenzó su pequeño imperio, pero expandirlo y mantenerlo es mérito suyo. Desde muy pequeño, la inteligencia en los negocios fue su principal talento. Por lo tanto, tomarlo por sorpresa es casi imposible. A sus oídos llegó la información de que alguien planea interrumpir en su tan querido día especial. Lo que él no espera, es que la víctima a la que acechan no es él, pero esa ya es harina de otro costal. En sus pensamientos está que quiere repetirse lo que tantas veces ha sucedido: que aquellos indecentes que se hacen llamar justicieros se presenten ante él para hacerle la vida imposible.

Con esta información en mano, su proceder es simple: ir por la persona que ya los derribó en el pasado.

Falta apenas una hora para que lleguen los invitados, pero la protagonista de esta historia ya debe presentarse con la vestimenta adecuada para quien la ha contratado para esta oportunidad, siendo ya un jefe recurrente. El enano porta su típica vestimenta pasada de moda, la cual todos en silencio critican, mas nadie se atreve a colocar en palabras concretas su opinión para que llegue a los oídos del afectado. Quién sabe qué pudiese pasar si consiguen situarlo como su enemigo.

Imagen Referencial: Jean Napon


— Mira, muchachita. Si mi cumpleaños será un desastre de cara al público, que al menos sea enseñando la cara humillada de todo aquel que ose a interponerse en mi camino. Lo ideal es que todo se desarrolle de manera normal, pero si debes hacer que reine el caos para encargarte de ellos, solo hazlo. Estoy dispuesto a pagar con todas las consecuencias necesarias. Pero si el anterior escarmiento no fue necesario, hoy asegúrate de que sí lo sea. Ya lo sabes, ¿no? Traerme el éxito siempre te trae una ganancia exquisita. — Y es que, como siempre, hacer negocios con él es siempre productivo, pues no se controla a la hora de pagar. Defiende la idea de que trabajo bien hecho debe ser bien recompensado. — Si necesitas contactarme por algo, no lo hagas. En el peor de los casos, háblalo con mi mayordomo, Topón, quien tiene toda mi autorización para tomar decisiones o dar instrucciones. ¿Te queda claro, chiquilla? Bien, me retiro de acá. — Jean Napon se da la media vuelta y, lentamente, se retira. No camina muy rápido debido a la escasa longitud de sus piernas. Antes de que Yuqi quede a solas, Topón, un empleado de unos 60 años, cabello largo y canoso, alto, lo que contrasta mucho con su jefe, y unas gafas con marco circular, se para delante de ella y hace una leve reverencia. No menciona palabra alguna, pero el movimiento es suficiente para dar a entender que estará ahí para lo que se necesite.

Reino de Samba | 50 de Verano – Año 17
21:15 hrs
Salón de invitados


Así, el tiempo pasa y los invitados comienzan a llegar. Todo aquel que recibió una carta de invitación para la fiesta debió haber leído el papel adjunto que explicaba el código de vestimenta que se debe respetar; nada muy específico, pero sí recalcaba en la vital importancia de ir bien vestido, formal, con clase, pues a esta mansión no entran pobres. ¿Cómo se les ocurre?

El salón que recibe a todos es amplio, con varias y anchas columnas que soportan toda la estructura de la mansión. La luz que ilumina todo es dorada, pero tenue, asegurándose de no lastimar los ojos de nadie y darle un aura de tranquilidad a toda la fiesta. Aquí no nos encontramos con personas bailando al son de las más alegres melodías, tampoco a individuos que beben alcohol como manos a la cabeza, sino que todos los presentes se encuentran de pie, dialogan con conocidos y con sus propios acompañantes. La mayoría porta copas en sus manos, las cuales son entregadas por la veintena de meseros contratados especialmente para esta ocasión. Varios sofás están repartidos estratégicamente por la zona, asegurándose de que haya un camino perfectamente visible y cómodo para que todos puedan caminar, pero también con una cantidad medida para que alrededor de la mitad de visitantes puedan reposar en caso de necesitarlo. Si hablamos en medidas exactas para este salón principal, podemos entendernos con 50 metros largo, desde la entrada principal, hasta una escalera que se usa como punto medio de 30 metros de ancho, la cual está perfectamente vigilada por tres guardias, y lleva al segundo piso. Nadie puede subir, pues ahí debe encontrarse el dueño de casa, el cual espera el momento adecuado para presentarse ante el resto. A ambos costados de la escalera hay puertas, una en cada lado. De estas salen meseros que vienen directamente desde la cocina a servir todo lo que chefs expertos y certificados preparan como si no hubiese un mañana.

Imagen referencial: salón de la fiesta


Entre todos los invitados, hay dos que destacan, pues en torno a ellos es que se desarrolla esta historia. Uno de ellos es Yuqi, quien llama la atención de varios por dos motivos en particular: el primero es por su apariencia, resaltando ante caballeros que pellizcos y codazos se han llevado de sus celosas parejas; el segundo es por no ser conocida en la alta sociedad de la isla, por lo que algunos la sienten fuera de lugar, y otros simplemente sienten curiosidad por ella.

Pronto, una voz femenina llega hasta sus oídos. — Por favor, necesito su ayuda. — Casi como si la hubiese escogido a dedo, se aferra al brazo de la peliverde. La persona en cuestión tiene un largo cabello rosa, un vestido blanco con cadenas doradas a la altura del pecho, guantes también blancos y una joyería blanco tanto a la altura del cuello como en las orejas. Aparentemente, está sola, y en mal estado de salud. Su brazo derecho rodea el zurdo de la cazadora, y la mano izquierda se posa en su boca, tapando la tos que descontrolada la ataca. — A-Ayúdeme, necesito medicina… L-Le pregunté al guardia, pero dijo que… que no… — Le resulta imposible terminar sus diálogos, pues la tos es cada vez más molesta.

Imagen referencial: chica misteriosa sin la espada


Uno de los guardias de la escalera principal se acerca, pues se sintió eludido al escuchar tales palabras de la pelirrosa y de inmediato intenta excusarse. Son varios los invitados cercanos que han escuchado y lo miran con malos ojos, no tolerando que no le presten ayuda a una muchacha que claramente necesita apoyo. — El equipo médico se encuentra en las plantas superiores y tenemos prohibido permitir que el público suba. Realmente, no hay nada más que pueda hacer.

¿Qué hará Yuqi para socorrer a esta pobre e inocente alma que se postra frente a ella? En sus manos está la posibilidad de escribir el destino.




OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

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#2
Reino de Samba | 50 de Verano – Año 17
20:00 hrs

Cada centímetro de piel pica. Un hormigueo constante recorre su cuerpo por completo, una molestia que transforma en una tarea imposible el concentrarse en la palabrería que borbotea de la boca del hombre. Desde el segundo en que tan elegante tela ha cubierto su silueta, no se ha desvanecido esa sensación. ¿No es divertido, acaso, pensar que es alérgica a tal calidad de material? Y, incluso así, no puede simplemente quitárselo. Un deber es lo que posee, la razón para hallarse allí.

Viste correcta, adecuada. Cada detalle de su largo vestido ha sido pensado, y que no quepa duda de que hasta contadas han sido las flores del encaje que su clavícula oculta. ¿No se ve bien? Los tacones negros le han regalado altura, y los lazos en su cabello una delicadeza que nunca ha formado parte de ella. Tomarse tantas molestias en su camuflaje vale la pena por el pago, no es un dato que vaya a negar.

Es parte del lugar, una más entre el montón, pero no se siente así. De todas formas, agradar o desagradar, ¿por qué importaría? Si su identidad busca disimularse tras un antifaz y una dulce soberbia que transforma su boca en una curva. ¿Pueden verlo todos, esa burla hacia ella misma? Seguro que no. En la posición en la que se encuentra, en eso se fijan los demás, mientras la fémina simplemente un deseo posee: desaparecer, no sin antes rasgar la piel del enano que de palabras desborda. Por supuesto, no puede hacer nada más que juguetear con su cabello.

De repente, un patio de juegos nuevo le ha sido regalado. Una pisada, luego otra, y así, un conjunto que la ayuda a recorrer el escenario. Ni sus manos pueden permanecer quietas, pasando de una a otra el tridente que nunca la abandona. ¿Dónde podría dejarlo? La respuesta llega al instante cuando las paredes adornadas observa: el perfecto escondite y también el más inteligente. Allí está la elección final, ¿verdad? En cambio, su atención la ha robado alguien, un individuo entre los tres guardias que han llegado para custodiar la escalera. Las puntas del arma apuntan en su dirección y a una sonrisa se limita la joven.

—¿Crees que puedas hacerle un favor a esta humilde servidora? —La distancia se ha acortado y sus dedos se deslizan por el brazo del hombre, acercándose lo suficientemente peligrosa para, en un movimiento veloz, robarle la respiración y el arma que porta, misma que no duda en cambiar por la de ella. —Guárdala por mí hasta que te diga, pero no te preocupes, te dejaré tu arma también.

¿No se sentirán los invitados más seguros con un guardia que porte dos armas en vez de una? Una idea tan tonta que provoca risa.

—Por nada del mundo la sueltes, ni te muevas de aquí. No quieres saber lo que pasará si lo haces.

***

Reino de Samba | 50 de Verano – Año 17
21:15 hrs
Salón de invitados

Una farsa, un artificio; eso es su identidad esa noche. Olvidar esa idea y volverla una realidad es fácil; sin embargo, por completo no puede ignorarlo ella. El resto de presentes ni siquiera debe, ni puede, pensarlo; aun así, en algunos ojos se cree capaz de observar resquicios de una duda lejana, de crítica, cuestionando cada movimiento. ¿Cómo es vista en realidad? Desearía arrancar aquellas miradas de sus cuencas para obtener su preciada respuesta. Sus manos lo ansían, pero son sus pies los únicos que se mueven.

Lo cierto es que da igual quién es Yuqi o lo que crean los invitados. Esta noche, ella es especial. Desconocida ante los demás y con la autoridad de pisarlos si lo veía necesario. Aunque es obvio: no puede permitirse el dejarse descubrir tan fácilmente. Es ella la cazadora, no a quien se le caza. Esa es la principal razón de que se mantenga atenta a los movimientos ajenos. Por mucho que no fuese fanática de evitar lo que será un desastre inevitable, para eso le estaban pagando. Y bueno, con el dinero adecuado, el monto correcto, incluso alguien como ella podía volverse un perro obediente.

Quizá. Solo quizá.

El líquido que llena su copa se equilibra al balancearlo con suavidad; fingir beber de él mientras mantiene conversación con desconocidos es una actuación que ha interpretado más de una vez. Burla no se percibe en sus labios, sino una suavidad que resulta extraña para quien la conozca.

Una persona, luego otra, y otra; parece pasear por todo el lugar la fémina, pero siempre se mantiene cercana a las escaleras. Más de tres metros no la separan de aquellos que custodian la entrada superior. Fijada en el suave caminar de la gente, en sus movimientos, pero también en lo que dicen, sus conversaciones. En parte puede excusarse con que es parte de su trabajo, pero es que la curiosidad de lo que podría descubrir la anima a seguir. No es que algo muy interesante encuentre.

Un repentino estremecimiento recorre su cuerpo cuando siente calidez chocar contra su piel. Es imposible de reprimir cómo alza su ceja al ver esa nueva silueta, pero cualquier sorpresa en su rostro es desplazada por una máscara de perfecta amabilidad. Es demasiado el contraste entre interior y exterior, pues no es que le vaya a importar demasiado alguien cuando un objetivo tiene. Pero ella no es un monstruo. Al menos no el personaje que interpreta esa noche, así que deja que la muchacha se afirme en su brazo y asiente a sus palabras, permitiéndole hablar todo lo que puede.

Genuina luce la preocupación que la gente puede observar, pero no olvida las indicaciones que se le han dado. Así que fácil es tomar la mano que la otra ha acercado por cuenta propia y acariciar el dorso con el mayor de los cuidados. ¿Lo pueden ver todos? La desconocida que procura por los demás. Sus ojos se centran en el guardia y acepta su explicación, un asentimiento de complicidad que indica que puede encargarse ella.

—¿Se puede saber qué medicina necesita? Es seguro que pueda ayudarla con lo que requiere. —Las palabras salen con facilidad, y con pisadas suaves busca obligarla a separarse de donde se encuentran. —¿Me diría su nombre, por favor? El mío es Emilie, encantada de conocerle.

Se alejan, pero no demasiado, un par de metros apenas. Un asiento libre es lo que ha buscado para la joven que es seguida por los ojos de quienes la rodean. —Lamento las molestias causadas, pero estoy aquí para ayudar. —Las manos ajenas no puede soltarlas, y su mirada, por mucho que se haya quedado fija en su rostro y en su cuerpo, buscando más signos de su malestar, no tarda en dar un último paseo por todo el lugar. —¿Ha venido acompañada? Alguien en su condición no debería encontrarse sola, señorita…

Hasta de molestia se encuentra teñida su voz, ¿por qué?

—Disculpe, es que para una médica como yo, esto es inaceptable.

Pero la mentira no, esa que con tanta naturalidad sale de su sonrosada boca. En ese momento, ese es el personaje que interpreta y dudas en su papel no pondrá. Pero, ¿dudas tendrá alguien más?

No mirar
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#3
En un momento de la velada, Yuqi se ha acercado a los guardias de la escalera, escogiendo el posicionado en el costado izquierdo. Este, recibiendo desde la distancia una mirada de su jefe, el señor Topó, quien le insinúa que acepte, sujeta el tridente de la cazadora y se dispone a guardarlo en un cuarto secreto que hay debajo de la escalera. Debe ingresar por el costado de la misma donde hay una puerta perfectamente cerrada y camuflada, escapando de los ojos de cualquiera que no posea una vista privilegiada.

Ahora, regresando al presente, nos encontramos con las dos señoritas. Yuqi, en su papel de actriz, pues está como infiltrada en esta fiesta para encontrar a la persona que amenaza con arruinar todo, intenta socorrer a la pobre damisela que enferma se encuentra. Por ningún motivo suelta las manos ajenas, y en sus ojos incluso podemos deslumbrar lágrimas producto de lo mal que se encuentra. Lo que le ocurre es que, justo antes de toser, su nariz le pica de sobremanera, ocasionándole ese lagrimeo. Acto seguido, tose una y otra y otra vez, no pudiendo contenerse. — Necesito un inhalador que me ayude a calmar el asma. De este modo… siento que la respiración se me va, y la garganta me raspa siempre que… toso… — Lentamente sigue los pasos ajenos, sentándose en donde la supuesta médica le invita.

— Mi nombre es… Nannet. Mi novio me invitó a la fiesta, pero él… — Parece que está a punto de explotar soltando improperios, pero nuevamente el ataque asmático se lo impide. Aquí es donde aparece un nuevo personaje en escena. Este viste un abrigo rojo sobre una camisa blanca cuyos botones superiores no están en su lugar, dejando enseñar su pecho. Parece ser alguien con mucha confianza en sí mismo, pues no le molesta romper el código de vestimenta que se obliga en esta celebración de cumpleaños. El otro rasgo que destaca en él es esa cabellera rubia que atrae varias miradas provenientes de muchachas e incluso mujeres de edad.

Imagen referencial


El hombre trae en la mano diestra el objeto requerido por la enferma. Antes de enfocarse en ella, sus ojos se fijan en Yuqi, a quien le dedica una sonrisa y una leve reverencia agachando la cabeza. — Le agradezco mucho que se haya preocupado por ella. Llevo un buen rato buscándola, y al establecerse en un lugar fijo, por fin puedo dar con su paradero. — Recién ahora es que desciende la rodilla derecha hasta tocar el piso y quedar a una altura similar del de la pelirrosa sentada. La mano zurda busca entre los bolsillos de su vestimenta para sacar el tan ansiado artefacto médico que estaban necesitando. — Ten, querida. Se te olvidó esto y te fuiste por ahí. — La muchacha, notoriamente enfadada, primero le quita el inhalador y luego le golpea la mano, apartándosela con violencia. Acto seguido, se aplica el mismo dos veces, esperando veinte segundos que cuenta mentalmente entre cada puf.

Pronto, la tos comienza a desaparecer, logrando que la comunicación empiece a ser más fluida. — ¡Me fui porque te vi coqueteando con todas, Mitchi! — El rubio solo sonríe y alza las manos por delante de su pecho, como si con ellas quisiese contener el reclamo que efectúa su aparente pareja. — Vamos, vamos, no digas eso frente a la señorita. Sabes que no es cierto, solo estaba siendo educado con las señoritas. — Nannet, con la cara roja tanto por la vergüenza como por la ira, se apega de más a Yuqi y rodea su cuello con ambos brazos, como si quisiera transmitir que al relación entre ellas llega mucho más allá que las de dos meras desconocidas. — No me quieras engañar. Menos mal me he encontrado a alguien que realmente demuestra intenciones de escucharme y apoyarme, algo que tú no sabes hacer. — Para finalizar, le saca la lengua.

Pobre Yuqi, en vez de estar buscando a los maleantes que debe apalear, está envuelta en este triángulo amoroso que acaba de formarse absolutamente de la nada misma. ¿La incomodará? ¿Le entretendrá? ¿Los hará a un lado para centrarse en lo suyo?

Por cierto, un detalle que no escapa a la vista de nadie, y probablemente tampoco de la cazadora, es que desde el hombro derecho del varón, situado en su espalda, se alcanza a ver cierta funda larga que parece esconder algo estrecho. La funda es de un material sólido y colores rojizos. Por encima del hombro solo se aprecia la punta, pero es suficiente para llamar la atención. En sí, Mitchi resalta mucho entre todos debido a su apariencia.

— Por favor, señorita, dígale a mi linda novia que debe regresar conmigo. Se verá muy mal en ambos el que estemos separados, pues aquí hay mucha gente que nos conoce y a ninguno nos convendrá que empiecen a circular rumores de una supuesta ruptura nuestra. Usted, por lo que veo, se mueve en estos círculos y debe entender que incluso a usted le traerá problemas si se ve involucrada. — Es notoria su intención de manipularla, y si cree que Yuqi caerá ante tal advertencia es porque debe creerse que es una invitada más de la fiesta, ¿o no? Como diría un sabio cuyo nombre termina en U, quién sabe.

La muchacha, Nannet, suelta el cuello de Yuqi y vuelve a tomar sus manos, ambas, y las aprieta contra su pecho, haciéndole ojos de perrito tierno para convencerla. — No, no, Emilie, no me obligues a volver con un tipo que no me valora y no me da la misma exclusividad que yo le doy a él.

Que corran las apuestas. ¿Qué decidirá nuestra protagonista?
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#4
Nannet. Qué nombre de mierda, es lo primero que piensa. Nadie podría suponer que tales palabras habitan en su cabeza, pues instalada ha quedado en su boca una sonrisa pequeña y amable. Pero la mujer no le incomoda, ni el calor que comparte cuando se le pega al cuerpo. La gentileza artificial en su mirada cubre a la figura ajena, y no se desvanece ni por un momento, incluso en el segundo en el que una nueva presencia se encarga de hacerse notar.

¿No es maravilloso esto? Como si el mundo desease que de aburrimiento no muriese en ese lugar.

Coincidencias perfectas, aunque también extrañas.

Hacia el recién llegado lentamente sus ojos se elevan, atentos. Mitchi. Permiso no pide la mirada violeta para examinar la figura ajena. ¿Quién necesita pudor? La postura, la sonrisa, la forma en la que invade el espacio tan despreocupadamente… Negarlo sería mentir, y por mucho que un acto natural sea en ella, aceptará que disfruta lo que ve. Si no estuviera en una misión, marcar esa linda piel sería un objetivo más a cumplir esa noche. ¿Qué importaba si su “dueña” estaba junto a ellos? Así que no hay falsedad en el gesto que le regala al rubio. No es un artificio.

Sin embargo, existe algo raro.

Apenas un segundo se desvía su mirada hacia un detalle en su espalda. Un algo que sobresale, apenas un fragmento visible. Una funda. Un pequeño pensamiento conecta, y basta para que sus dedos se tensen ligeramente contra los de Nannet.

Cuán descortés es. Estar aparentemente armado y pretender que nadie lo notará, ¿no es maleducado de su parte? Mas por él puede fingir ser buena. Fingiendo que no quiere arrebatarle lo que ha visto. Un objeto tan llamativo, ¿Cómo no quererlo? ¿No lo estaba pidiendo a gritos acaso?

—Oh, vaya… —Un suspiro de alivio que no deja fuera la educación. —Qué alivio que haya aparecido. Empezaba a preocuparme por el estado de su… adorable pareja —Palabras que nunca diría, pero salen con naturalidad. —Una crisis asmática en medio de un evento como este es un peligro que desearía evitar, sobre todo con tan linda chica.

Y allí está la mentira: no le importa en lo más mínimo. ¿Podría alguien suponerlo? Si los dedos de la fémina se deslizan levemente sobre las manos de Nannet, en un gesto que busca transmitir consuelo.

—Lo que menos necesita esta señorita es estrés, ¿no lo cree? —Inclina un poco el rostro hacia el hombre, alzando además lo suficiente su ceja derecha. —Y, por lo que soy capaz de ver, usted no es precisamente la definición de “tranquilidad”.

¿No es eso encantador? Aunque por su papel actúe de manera distinta hacia su persona. Centrarse en la pelirrosa es lo importante, observar cómo el inhalador hace efecto. Calma en sus facciones, hasta que ese repentino apego llega. Imperceptible (o no), por un instante, sus ojos pierden brillo. Fastidio siente, y no la aparta. ¿De dónde ha sacado tanta confianza esta desconocida?

—Vamos. No volvamos esta situación más grande de lo que es —Un murmullo que nace de su boca con el volumen justo para que ambos escuchen. —No es de mi deseo es que ensucien su reputación —Otra mentira que suena como verdad. No tardan en dirigirse al rubio sus ojos, tan solo para medir sus gestos. —Aunque, ¿no está siendo usted ya lo suficientemente llamativo, caballero? —Condescendencia que oculta la burla filosa de sus palabras. —Y por las razones equivocadas.

Brevemente sus ojos bajan. Apuntan a la funda, antes de elevarse otra vez. Como si nada hubiera pasado, como si compartiesen un secreto.

De a poco, con delicadeza, una de sus manos se escabulle fuera del agarre de Nannet. Del todo su contacto no se ha roto. ¿No sería imprudente hacerlo tan brusco? Pero veamos el escenario ahora: una mano libre.

—Sea quedarse juntos, o mantenerse separados. Elijan lo que elijan, los ojos del resto les perseguirán —La curva en su boca reaparece, con una gentileza que no alcanza a sus ojos. —Pero puedo ayudarlos —Con naturalidad sus dedos se mueven, ansiosos. No son lentos en rozar la tela del abrigo del hombre tras ladearse hacia él, deseando asegurarse de que las palabras lleguen únicamente a sus oídos: —Usted se queda conmigo. Ella también.

En medio del susurro, la malicia brilla en sus ojos.

—Después de todo, sería terrible que alguien empezara a tirar comentarios incómodos. ¿No lo cree? —Los dedos se pasean con confianza por la tela, la acarician. —A usted, a alguien que ha venido tan preparado a una celebración como esta —Por encima del hombro sus ojos se posan. —Supongo que algunos prefieren no dejar sus juguetes lejos.

Es imposible para ella que sus dedos no intenten algo más. Un sutil movimiento. Insignificante. Robar atención no es suficiente, un recuerdo desea y lo busca en los bolsillos del contrario. Y así, se separa finalmente. Vuelve a la postura correcta, a la educada.

—Aunque… —No eleva demasiado su voz, lo justo para no ser considerada un murmullo—En un evento como este, lo más prudente sería evitar cualquier tipo de… malentendido —Por lo mismo, su mirar barre hacia un punto específico del salón. No tarda en encontrarlo, porque de vista no lo ha perdido completamente.

—Topón —lo nombra con una familiaridad que no le pertenece, pero por esa noche le ha sido concedida—¿Sería tan amable de ayudar al caballero? Me preocupa que alguien pueda sentirse… incómodo al notar ese tipo de objetos en un ambiente tan delicado —La sonrisa no cambia—Estoy segura de que sabrá mantenerlo a buen resguardo.

Sería la segunda vez en la noche que lo hiciese, ¿verdad?

—Por ahora, la señorita se quedará conmigo —Curioso que una orden tan amable se escuche, ¿verdad? —Necesita observarse unos minutos más. No me gustaría que su estado empeore por estímulos innecesarios —Si no fuese por la seriedad de sus palabras, al instante se notaría la diversión que pulula en sus ojos. ¿No es justo el acercarse tanto a la pareja de esta mujer una acción que la alteraría? —Y este no es un buen lugar, ¿sabe? Hay demasiado ruido y poca privacidad.

Con gente llegando y llegando. Más ojos observándolos.

—¿Me ayudaría entonces? —A Mitchi la pregunta va dirigida, pero sus ojos se han vuelto a centrar en Nannet. —¿Le parece correcto si nos movemos? —Fugaz, su mirada se posa hacia la escalera. Lugar donde, minutos antes, vio desaparecer algo suyo. —Cerca de la escalera es más tranquilo y el personal de la casa suele mantenerse atento por esa zona. Si su condición vuelve a empeorar… —Una pausa—Será fácil ayudar.

Al final, este drama es mucho más interesante que cualquier fiesta.

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#5
El encuentro pudo llevarse con relajo, pero es tensión lo que se respira en el ambiente. La pareja, ambos enfrentados, se muestran expectantes a cada palabra y acción que enseña la cazadora. Por mucho que ellos sean los que proponen y buscan llevarse los reflectores en el escenario, es la peliverde la encargada de mover los principales hilos de esta historia. De hecho, se las ha arreglado para ponerlos en jaque, provocando que intercambien una sutil mirada entre ambos. ¿Cómo responder es la pregunta? Para empezar, Mitchi concluye que lo mejor para él es guardar silencio, pues entrar en el juego de Yuqi puede dejarlo mal parado. Por otro, es Nannet quien decide sacar personalidad y dejar atrás esa imagen de chica frágil que ha mostrado hasta ahora.

— Pero ¿qué haces, doctora? — Comenta con fuerza mientras le toma la muñeca cuya mano intenta entrometerse en el bolsillo de su pareja, apartándola con fuerza. — ¿Acaso le estás coqueteando a mi novio? Estás siendo igual que las otras. — No solo le aprieta la muñeca, sino que se pone de pie y se coloca entre medio de ella y el rubio. Agresiva y valiente, apega pecho con pecho, buscando confrontarla e incluso intimidándola, pues unos diez centímetros de estatura le saca, provocando que la mirada sea hacia abajo, intentando hacerla sentir minimizada. — Estoy harta de no solo tener que cuidar al tonto este, sino que preocuparme de las pirujas que buscan acercársele.

Sin embargo, este enfrentamiento que se produce entre ambos féminas no deja en el olvido el llamado a Topón, quien con la sutileza y educación que le caracteriza, se acerca a paso lento hacia ellos. En este momento, la vista de varios invitados está puesta sobre el pequeño grupo encargado de llamar la atención, sobre todo por el alzamiento de voz por parte de Nannet. Desde el principio supo que causaría esto, pero no vio otra opción aparte de esta, que no fuera quedarse sentada sin hacer nada. Y dicen que hay individuos que odian estar quietos demasiado tiempo. Quizás la enferma siempre ha sido de este selecto grupo.

Topón finalmente llega hasta ellos, carraspeando primero para captar la atención de Mitchi y así hablarle. — Señor, ¿podría decirme qué lleva en la espalda? Me aprece que no cumple con el código de vestimenta entregado por el Sr. Jean Napon. — Mitchi no tarda en tomar confianzudamente ambas manos ajenas y apretarlas con cuidado, a la vez que le dedica una santurrona sonrisa. — Disculpe el atrevimiento, mi señor. Lo que ocurre es que traigo un regalo muy especial para el cumpleañero. ¿No es posible que haga la vista gorda por ahora? Ya sabe, dicen que las mejores sorpresas siempre quedan para el final.

Topón no es tonto, es astuto. Por algo es el hombre de confianza del dueño de casa, pues siempre ha sido un tipo capaz de llevar todo lo que requiera inteligencia. Podemos confirmar en este momento que fue él quien sugirió a Yuqi como la cazadora a contratar todo este embrollo que ha surgido con los Piratas Power Rangers. Se haya equivocado o no, eso está por verse. Lo que sí se confirma es que llega el momento en que se demuestre que las presas, llamadas ratones ahora, han venido por su cuenta a la trampa.

— Lo lamento, señor… ¿Mitchi? Verá, soy el encargado de que todo salga bien, sobre todo la actividad que está por encima del cumpleaños. — Este comentario deja perplejo a la pareja, quienes no son capaces de entenderlo. Nannet, por un momento, se olvida de Yuqi, dándole la espalda y quedando de frente a los dos varones. ¿Acaso la subestima? ¿O simplemente la sorpresa le ha hecho bajar la guardia? Ya estamos por descubrirlo.

Por el costado, al estar Yuqi de frente a la escena, puede ver como desde el costado de la escalera emerge uno de los guardias, el cual sostiene su querido tridente en sus manos. Cuando queda a cinco metros de distancia, lo lanza para que la cazadora lo tome. Al tratarse de un humano común y corriente que trabaja de vigilante, sus movimientos no son especialmente rápidos, por lo que tanto Nannet como Mitchi son capaces de verlo, sabiendo que todo está a punto de explotar. Topón rápidamente retrocede de un pequeño salto, tomando dos metros de distancia del rubio. Mientras lo hace, su voz se escucha con más decisión que antes. — El rubio es a quien buscamos. Ataca, Yuqi. — Curioso que especifique solo en el varón, dejando de lado a la pelirrosa. ¿Significa que ella es inocente en todo esto? ¿Simplemente estuvo en el lugar y momento equivocado?

Ahora el pensamiento y la decisión está en Yuqi. Nadie puede evitar que tome su tridente y tiene la ventaja de posición. ¿A quién atacará? ¿Optará por una vía pacífica? Las opciones son varias. Lo que sí es seguro es que ya varios espectadores se han percatado del drama que comienza a verse peligroso, murmullando cada vez más fuerte y tomando distancia, dejando espacio para la pelea de un cuadrado de unos 10 metros en cada lado.

Nannet, ya sabiendo abiertamente que van a por su pareja, estira la mano diestra para tomarlo de la ropa y así ayudarlo a escapar. Por mucho que estén peleados, por mucho que él demuestre no merecerla, ella ha dejado ver que lo ama y lo quiere para ella por sobre todas las cosas. Ya vimos cómo se puso cuando Yuqi se atrevió a toquetearlo de más, si hasta las mejillas se le pusieron rojas producto de la rabia.
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#6
¿No es esto gracioso? Hasta interesante, diría. La delicadeza se ha transformado en fiereza. Impresionante, sí. ¿Preocupante? También. Pero, sobre todo, gracia provoca en la peliverde, pues tanta agresividad proviene de un ser que, hasta hace minutos atrás, parecía desvanecerse con un soplo de aire. ¿Responsable de tal cambio es este hombre? Aparece la sonrisa.

Ante la presión en su muñeca, la incredulidad obliga a la cazadora a alzar la ceja. Es irrespetuoso, y lo sabe, pero ni siquiera trata de esconder una pequeña risa cuando tan altiva se muestra la contraria.

—¿Cómo cree? ¿Piensa en que me adueñaría de algo que le pertenezca, señorita Nannet? —Porque no se equivocada para nada. Quizá la de cabellos rosados puede ver aquello por la forma en la que Yuqi humedece sus labios con una repasada de su lengua, al segundo de posar su mirada sobre el hombre. Echarle más pólvora a la situación. ¿No es obvio que eso hace? Con toda la intención. —No tenga miedo. Yo no muerdo.

Otra mentira más a la lista de esa noche. En marcar lo ajeno para volverlo suyo no dudará. Un algo, un alguien, ¿por qué no? Su atención ha sido robada por el rubio. Específicamente, por lo que carga. Entonces, no es raro que una que otra miradita le eche a la funda, y tampoco que decida prestar atención al pequeño diálogo que comparte el par de hombres tan cerca suyo. Una chismosa con todas las letras, ¿a qué sí? Pero, al final de la noche, tiene un trabajo y eso es la que la obliga a barrer la escena con la mirada.

Y allí está.

En cuanto observa por el rabillo del ojo al guardia con algo entre las manos lo primero que hace no es acortar la distancia. El sonido de una tela rasgándose es lo que se hace escuchar, aunque brevemente. Expuesta queda la piel de su muslo derecho, como lo hace también parte de su ropa interior, pues comodidad quiere al moverse. Al segundo, saltar hacia su preciada arma y tomarla es su único objetivo.

Ahora, esto es divertido.

En el aire sus dedos se extienden y se cierran antes de que otra idea pueda formarse en su cabeza. En su mano cae con naturalidad el objeto. Sostenerla es sinónimo de una sonrisa en su rostro. Extrañaba tanto el tacto, pero no es lo único que quiere ahora. Un objetivo busca, Topón se lo brinda.

—Mitchi, ¿verdad?

Menciona, saboreando un nombre que hasta falso podría ser. Sin embargo, en esa noche, ¿qué no lo ha sido? ¿Y no es eso, acaso, lo divertido? Máscaras cayendo, aunque no por completo. A medias mantiene su fachada la máscara, pero ¿qué puede ocultar lo que siente Nannet? Un vistazo basta. No hay que ser un gran observador para notar la urgencia con la que toma al hombre. ¿Es el centro de atención de todos los presentes?

El protagonista.

¿Será ella la villana?

Hacia adelante se inclina, sin pensarlo. Sin titubeo alguno es que avanza. Un paso que se transforma en salto, sin palabras adornando su boca, simplemente una curva que emoción denota. De esa forma es que ella acorta la distancia hacia el par y el tridente acomoda para atacar. ¿A qué lado irá? Su cabeza ya lo tiene decidido.

—No corran, no es educado —Un regaño suave, gentil, como si en verdad fuese la doctora que afirmaba ser desde que aquel acto empezó. Es esa amabilidad lo que contraste hace con la decisión con la que ataca. Apunta hacia el centro con la vara, directo a la unión de estos “enamorados”. Separarlos es lo que importa, no herirlos.

Solo quiere alejarlos, ¿sí? Y ella acercarse más.

No ha terminado aún, pues quiere aprovechar el camino que su tridente le ha abierto. Pero no se dirige hacia al hombre que ha robado todos los focos, sino a la mujer que ha iniciado la historia.

Nannet.

De nuevo, qué nombre de mierda. Pero qué útil es, o puede llegar a ser.

La mano libre no duda, y sus dedos no tardan en alcanzar la muñeca de la pelirrosa. Hacia sí misma la tira con un movimiento repentino y rudo, buscando el desestabilizarla. El tridente, en cambio, sabe bien a dónde apuntar. Su propósito es únicamente situarse cerca del cuello ajeno, la punta inferior es una amenaza para ella y, espera, que una advertencia para él.

—Dije que no corriesen, y todos los actos tienen consecuencias —Murmura una vez que su cuerpo se ha posicionado detrás de Nannet, a unos tres metros del rubio. Sin vergüenza la utiliza como barrera humana. Es la única forma de defenderse por el momento. Un brazo controla, el otro mantiene el arma.

¿Estaba todo planeado? Por supuesto que no, pero las cosas cambiaban… Y usar a la mujer de carnada podía funcionar. O no podía en absoluto. Sus ojos buscan la respuesta al cruzarse con los del rubio.

—Si te importa tanto ella, quédate exactamente donde estás —Infantil indica, jugando con los nervios de quienes los rodean al acercar el filo de su arma a la piel ajena. No va más allá. —Y muestra ese regalo más de cerca, o al menos deja que Topón lo vea.

Curiosidad por el arma no posee, sino por la reacción de ambos.

Para mantener este juego se necesita más de uno.

Y tú, Nannet, ¿no quieres jugar?

¿Mitchi?

—¿O quizá prefieres apostar? Mil berries a que ella grita antes de que tú hagas algo útil.

Arriesgarse a jugar, incluso si él no parece del tipo que pagaba sus deudas.

No mirar
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#7
La historia se ha escrito, pero más de un personaje tiene algo que decir en estas páginas. Para empezar, Yuqi no duda en recibir su arma, debiendo agradecerle en el futuro al guardia que hábilmente y con precaución fue por ella para así dársela. Si bien mencionamos que, en los alrededores, la gente ya comenzaba a alejarse, algunos más despavoridos que otros al ver un arma de filo en plena fiesta, lo cierto es que varios caballeros se han armado de valentía para no abandonar el recinto y así seguir viendo el tesoro que se presenta ante sus ojos. Más de alguno se lleva una cachetada de sus parejas, quienes se dan cuenta que los varones miran la piel y ropa expuesta de la protagonista con tendencias nudistas.

Este hecho no distrae a Mitchi, quien tiene su atención puesta en Topón, confiando en que será Nannet quien defienda su espalda de la cazadora. Y es que eso es precisamente lo que sucede. Por mucho que se golpee su muñeca, no es detenido su movimiento para tomar aquella peculiar funda que el rubio ha cargado durante todo el tiempo en su espalda. Sin esperar absolutamente nada, desenfunda lo que ahí hay, enseñando una katana la cual no tarda en utilizar de manera agresiva.

La distancia planteada por la peliverde es de tres metros con Mitchi, y dado que la pelirrosa se encarga de cubrirle la espalda, manteniendo contacto entre ambas retaguardias, los metros con ella son los mismos. De estos, reduce dos tras dar dos veloces pasos hacia el frente, estirando su brazo todo lo que da en un movimiento horizontal que comprende desde la izquierda del cuerpo de la cazadora, buscando dar un corte a la altura de su vientre, el cual busca rasgar tanto le vestido como la piel para así llegar hacia el lado derecho. Una vez terminado el ataque, contra el brazo para acercar la katana hacia ella y mantenerla lista, frente a ella y sujetada por el mango con ambas manos.

La pelea oficialmente ha comenzado.

— Ya lárgate de una vez, tonto. — Habla la muchacha. — Jooo, pero yo quería mi divertida cita con la señorita. ¿Acaso no ves que demostramos tener química, hermanita? — El rostro de Nannet se pone rojo y adopta una expresión de enojo, alzando más fuerte la voz en esta ocasión, pudiendo escucharse por todos aquellos que siguen dentro del edificio, pero aún en la distancia. — ¡CÁLLATE, IMBÉCIL! Y lárgate de una buena vez. — Él solo ríe y obedece, mostrándose ágil en su huida del escenario. Por supuesto, Topón le hace una seña con su cabeza a algunos guardias, dos en particular, y estos lo ayudan a seguir al infiltrado. Solo queda uno resguardando la tan importante escalera, pues ahí arriba se encuentra el jefe de todo esto. Si algo le llegase a pasar… Pero no, porque aquí abajo, Yuqi resultará vencedora, ¿o no?

Nannet ya se muestra más calmada ante la salida de su hermano, quedando en un encuentro mujer contra mujer. — No sabes las ganas que te tenía, imbécil. — Parece que ya empieza a soltar todo el veneno. — Mi hermano no ha vuelto a ser el mismo desde que lo atacaste. Te haré trizas y te obligaré a pedirle perdón de rodillas, ¿me estás escuchando? — Mientras habla, comienza a dar lentos pasos en círculos, manteniendo el metro de distancia con ella en todo momento. Sabe que a una distancia tan corta, cualquiera de las dos puede atacar o defender, por lo que el combate podría definirse en un solo movimiento.

— Además, yo soy más guapa que tú, y también más fuerte, mujer sin clase. — Lo último lo dice al percatarse por fin del detalle de su ropa interior a la vista.

OFF ROL
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Hablo | Pienso
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#8
¿Por qué razón iba a desaparecer su sonrisa?

El mundo le estaba dando cada razón para mantenerla e, incluso, ampliarla. Así que no decepciona al mundo, ni tampoco a las expectativas que su nueva e inesperada compañera de juegos pueda tener. La mirada no le había quitado de encima, incluso cuando fingía ser una pobre enferma.

Error confiar en ella, ¿verdad? Porque realmente una pequeña parte de la cazadora lo hizo, pero no es que pueda permitir que la sorpresa se apodere de su expresión por mucho que la sienta. Y es que la revelación solo vuelve entretenida a la mujer, la vuelve el perfecto gato y Yuqi disfruta ser el ratón. Ser ese pequeño ser que provoca al cazador, haciéndole pensar que tendrá ganada la batalla con un preciso ataque…

Y es que eso debe pensar Nannet, si es que realmente se llama así: que ese corte inicial será el comienzo de su camino como la vencedora.

Un buen intento.

Muy bueno.

Perezosa es la expresión de sus violetas ojos, pese a que se han mantenido trabajando, siguiendo el movimiento de la pelirrosada en cada segundo. De la reducción de distancia está al tanto, y su mirada tampoco puede apartarse para observar el modo en el que ambas manos ajenas se ciernen sobre la empuñadura de aquella katana. El corte viene hacia ella, y puede ansiarlo quizá un poco, pero en sus planes no está el recibirlo.

Sobre la punta de su pie derecho es que pivotea, simplemente, con una ligereza que es natural en ellaUn giro de su cuerpo hacia el costado, desplazando su abdomen aproximadamente medio metro fuera de la trayectoria del filo. No alcanza su piel; el peligro ha rozado.

—Uy, eso estuvo muy cerca de lastimarme, deberías de tener más cuidado con eso… —No fuera a ser que lastimara a alguien, ¿verdad? Imaginar la posibilidad le permite a una risita tonta abandonar su boca, porque, ¿no es esa la intención de la pelirrosada? Ni siquiera hay que dudarlo y, aún con tan peligroso hecho, ella se otorga el derecho de guiñarle el ojo al rubio antes de que su persecución inicie.

Si hay que aclarar algo, es que es una verdadera lástima que no haya sido él quien la atacara. De seguro el rojo le resultaba más lindo que solo en los ojos. Sin embargo, son muchos los cuestionamientos a esa altura de la noche, porque una duda más importante se encuentra rondando la cabeza de esta mujer. O quizás dos dudas, dos preguntas muy específicas…

—¿Quién eres tú? —Pregunta con genuina curiosidad, por mucho que la sorna que acompaña la pregunta pueda hacer pensar que se encuentra fingiendo ignorancia. ¿Quién sabe, en realidad, si todo es una excusa para distraerla? Sí, para aprovechar esa distancia que entre ambas continúa siendo corta, esa que ha propuesto la contraria. No quiere más distancia; es perfecta para la cazadora y sus dedos, que reajustan el agarre sobre el tridente.

No puede permitirse desperdiciar la oportunidad, por lo que no tarda en impulsar el arma hacia delante. Las tres puntas del tridente buscan devolver aquel ataque desde apenas un metro de distancia en la misma zona que Nannet buscó en Yuqi minutos atrás: el costado derecho del abdomen. Ella también podía corresponder, ¿ven?

—¿Y quién es tu hermano, eh? —Porque de todo corazón espera que esta desconocida no tan desconocida no crea que su hermano sea el único hombre al que ha atacado en su vida. Ni que piense que sea tan importante para recordarlo. —Tal vez si me dices cómo le rompí el corazón lo recuerde.

Tal vez.

¿No son esas palabras sinónimo de echarle fuego a todo? Por supuesto que sí.

No mirar
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#9
Por supuesto que en el rostro de la pelirroja el enojo se acentúa al notar el gesto coqueto de la peliverde hacia su hermano. ¿El enfado será porque considera que la ignora o mira en menos como oponente, pudiendo darse el lujo de prestar atención hacia otro lado? ¿O quizás es que realmente le molesta que mire de esa forma al rubio? Sea cual sea la respuesta, el primer ataque con la espada por parte de Nannet queda en nada, guardando silencio y, así, respeto, hacia la velocidad que demuestra poseer su enemiga. Tras morderse el labio inferior un momento, procede a contestar las palabras ajenas. — Ni te relajes, porque lo que menos quiero tener en este momento es cuidado.

Por mucho que parezca ser fácil de dejarse llevar por sus emociones, que lo es, no nos vamos a engañar, se esfuerza por mantener la calma. Esto le permite estar lista para defenderse de la estocada ajena, demostrando que ella también es una guerrera diestra y que vino aquí con la confianza de que su capacidad le permitirá saldar la deuda pendiente que tiene con la peliverde. Sosteniendo firme la Katana con la mano diestra, lanza un corta en diagonal descendente desde la derecha hacia la izquierda, chocando con el tridente y desviándolo en la misma dirección del golpe, demostrando que ella también puede defenderse e impedir que su suave piel se vea lastimada. — ¿Realmente quieres saberlo? — A pesar de ser una Power Ranger, una pirata que acostumbra ir enmascarada, ocultar su identidad no es algo que disfrute.

Sin embargo, la respuesta llega cuando es hora de su propio contraataque. Aprovechando la casi nula distancia que hay entre ambas, pues esta solo es de un humilde metro, manteniendo con fuerza el agarre en la empuñadora del arma con la misma mano de siempre, imite el movimiento de pivoteo de Yuqi, aunque con un leve cambio. La fuerza que aplica en los gemelos y en el balanceo que le otorgan sus flexibles tobillos, le ayudan a ejecutar un giro en 360 grados en torno a su propio eje, apuntando con la espada a generar un corte horizontal a la altura del pecho enemigo, considerando que ambas poseen una estatura similar.

Es en medio de ese ataque que la voz de la joven se escucha con determinación, confianza e, incluso, un poco de fanfarronería. — ¡La hermosa y brillante Power Ranger Rosa! — Una vez finalizado su ataque y su presentación, queda nuevamente de frente a Yuqi. Esta vez sí opta por obtener distancia, corriendo hacia atrás, de espaldas, para mantener en su rango de visión en todo a momento a su oponente, deteniéndose al quedar con una distancia que las separa de seis metros.

— Mi hermano, el Power Ranger Rojo… Destruiste su alegría, su ilusión, la confianza que tenía en él y los suyos… — El agarre en la espada cambia en cuanto a la firmeza que antes tenía. Su brazo tiembla, al igual que el arma. No teme, sino que es el reflejo de la ira que expresa al mencionar estas palabras. — Como su hermana mayor, tengo la obligación de barrer el piso contigo y obtener venganza.

La declaración de guerra está hecha. Por ahora, solo están ellas dos, pues el resto de guardias junto a Topón persiguen a Mitchi. ¿Cuál de las dos fieras que protagonizan esta batalla se llevará la victoria? Una alza su arma por dinero; la otra, por venganza. ¿Qué sentimiento se impondrá sobre el otro?

OFF ROL
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