[FIC] [PASADO] El silencio después del aplauso y el aullido de los coyotes
#1
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Mientras descansaba (o eso intentaba) en aquel barco pesquero, los recuerdos venían a mi mente, recuerdos de aquel día, aunque para ser sincero hubiera preferido no recordar nada… (Digo, no sé una parte de mi vida, preferible ser un vagabundo desmemoriado, no?)
En fin, todo era demasiado claro…estaba Charlo, recuerdo que había llegado con una de sus cajas de materiales y suministros para la casa. Desde maderas viejas que la costa había traído a la costa y que utilizaba para darles una nueva vida (Nyejeje, sí, soy una madera vieja… y rota…). El punto es que estaba ahí una fruta un poco extraña, parecía que tenía pelo, pero la deje estar, mientras le pregunté.
-¿Qué traes ahí viejo? ¿Sigues recogiendo cosas rotas del puerto? si sigues así no vamos a caber en esta casa o taller, ya si traes otro niño perdido sería el colmo, ni creas que lo cuidaré- (En realidad miento, jamás tocaría un niño, sino que lo acogería con todo el cariño del mundo, igual a los viejos… pero ese no es el punto)
Él solo se rió, -nyejejeje- (Esa maldita risa, como la extraño carajo...), mientras procedía a decirme.
-No toques nada de esas cajas, unas cosas son para comer y otras son para el taller o para vender, avísame si tomas algo o lo vas a reponer-
Ese mismo día llegó el marine, quien hace un día ya había venido a inspeccionar el taller y a amedrentar a charlo, pero ese día el propio marine vio de reojo la fruta, sin embargo charlo con su cuerpo intentó cubrirla de la vista y le dio por su lado, pero ese sujeto sabía cosas… O eso creo, no sé exactamente bien que pasaba, no me pude enterar bien, digo, siempre he tenido buen oído, pero esa vez no pude escuchar bien lo que tanto platicaron, solo pude escuchar al malnacido ese.
-Mira maldito viejo será mejor que este mañana cuando regrese-
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En ese momento pensé, claro que va a estar marine estúpido, este es su hogar, por lo que no me preocupé, ni le presté mayor importancia…
Aunque ahora que lo pienso quizás si debí hacerle caso, porque esa misma noche mientras bajaba al taller porque tenía hambre me volví a topar con esa fruta de aspecto extraño, sin embargo algo… era diferente, la fruta parecía llamarme, incluso al verla recordé de la nada un fragmento del naufragio que me llevó a la isla.
El cielo estaba nublado, como una tormenta eléctrica en pleno mar abierto, el mar estaba picado y las olas eran salvajes, solo escuché el recuerdo del llanto de un niño, quizás y era el mío… Eso junto con un lejano aullido como de coyotes... en Lutharia, dicen que llevan almas perdidas hacia su destino, otras leyendas dicen que son animales místicos, pero a decir verdad creo que son solo historias, no son más que puros cuentos.
Sin embargo volviendo a esa fatídica noche, el hambre y la (¿curiosidad?) fueron más grandes y le metí una mordida a la fruta, su textura era asquerosa, le pude haber dado una mordida a un perro mojado y sabía, se sentía y olía a eso… (Dios qué sabor tan malo, si le metiera una mordida a un pescado de estos crudo incluso sabe mejor), pero así fue, me comí la fruta a duras penas y eso porque sino me echaría la bronca Charlo.
Pero no supe si hubiera sido mejor quedarme con hambre, porque el mundo después de comerme la fruta medio vueltas, yo podía escuchar muy bien, pero esta vez era exagerado, la fruta me hizo tener un mejor oído, hora me enteré de cosas que pasaban cercas de las casas al taller, como infidelidades y chismes riquísimos, la brisa del mar y las mareas se escuchaban como ruido blanco.
También me había permitido oler mejor, el taller olía a rayos, pero es lo que tienes cuando tienes a dos hombres sudados trabajando con maderas viejas que trajo el mar, esa noche no dormí, todo lo sentía muy vivo, demasiado vivo, era un suplicio y tenía un piquete en el pecho que no me dejaba dormir, el latido de mi corazón me decía que cambiará, pero ¿cómo?
El día pasó tranquilo, aunque Charlo me echó la bronca aun así, me dijo que esa fruta la tenía vendida y que no debí haberme comido esa fruta. No le presté mucha atención y solo salí del taller a recolectar madera como castigo, los sonidos de la naturaleza se sentían como un llamado de la naturaleza.
Pero todo eso se rompió, A lo lejos pude escuchar perfectamente la brutal llegada del marine, pateando la puerta del taller y…
-El disparo- Exclame saliendo de mis pensamientos.
Fue entonces que volví a sentir esa punzada en el corazón… algo me pedía que cambiara, recuerdo que esa noche corrí más rápido de lo que creía que podía correr, el olor de la sangre me llamó y los alaridos de Charlo que exclamaban mi nombre ya con una voz decaída y débil… Solo llegué a la casa y lo último que me dijo fue.
-Escapa-
Sin más que hacer más que obedecer a mi querido viejo… (a… mi papá…) Tomé mi viejo laúd, su viejo laúd y corrí lo más rápido que pude, me volví increíblemente veloz, me oculté entre las sombras para no ser visto por los marines, ya toda la vida me parecía insignificante, algo me había cambiado… me volví a sentir como un niño perdido en esa marea negra…Me sentí desprotegido, roto…salvaje… feral una vez más no tenía nada, ni a nadie.
Recuerdo que esa vez me escabullí a… (¿a gatas?) en un buque de pasajeros junto con el equipaje, aun así el mundo me parecía diminuto y mis sentidos seguían más agudizados, recuerdo que tomé una manta de peluche(¿si era peluche?) para cubrirme del frío y me acurruque entre el equipaje…
Lo único que recuerdo es que aquí me pregunté si este sería el sentimiento que tiene un artista una vez que escucha el silencio después del aplauso…
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A la mañana siguiente todo fue nuboso, estaba mareado y aturdido por el golpeteo de los comisarios al intentar abrir las puertas, mis ropas estaban desgarradas y “tomé prestadas” unas cuantas mudas de ropa, una camisa blanca bombacha abierta, un pantalón negro medio acampanado, mis botas negras que estaban desparramadas por ahí, una gabardina de cuero negra de una de las maletas de un pasajero y un sombrero el cual creo que algún animal había estado mordiendo y arañando por la noche…(Aunque solo estaba yo en el equipaje… nyejeje quizás fueron ratas).
Fue así que pude vestirme, eso recuerdo que no lo tomaron tan bien… pero me confundieron cruelmente con un vago y me echaron a patadas del buque en la isla más cercana, fue así como terminé varado en aquella isla donde ni silbar era permitido, pero, esa es otra historia…
CONTINUARÁ...


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Vesper_Nero
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