[FIC Presente Relativo] Declaración de Intenciones
#1
Todos dicen que el mejor amigo del hombre es el perro. Están convencidos de ello. Consideran a este "el animal doméstico perfecto". Bajo mi punto de vista, los que opinan así, no tienen ni idea. ¿Quién, en su sano juicio, atendería las necesidades sociales y las actividades al aire libre que requieren estos animales para ser responsables con sus cuidados? 
Yo prefiero al gato una y mil veces. Autónomos e independientes. Dan el cariño justo para no ser cansinos y no necesitan de tu presencia las 24 horas del día. No te piden comida, no han de salir a cagar al exterior y, por encima de todo, te dejan dormir en paz.
Que placer... Dormir... Si señor. Es el mejor momento del día. Y si, del día. Porque la siesta es el mejor invento del ser humano. Dormir en el día, después de comer, después del ejercicio, después de... Cualquier excusa es buena para pegarte una siesta.

Pues ahí estaba yo. Me había alistado un mes atrás. Apenas había tenido acceso a mi uniforme y a conocer a cuatro o cinco compañeros. Todos muy majos, por cierto, pero muy débiles para mí gusto. Y demasiado activos. Y demasiado ruidosos. Va, ¿a quien quiero engañar? Me caían un poco mal. 
Pero el milagro llegó en forma de noticia. Una gaviota con cartera, como si del mismísimo espíritu santo se tratara, dejó caer un periódico en mis manos. En este, una noticia impactante: un grupo de marines poco conocidos se habían enfrentado contra los revolucionarios en los Cabos Gemelos.

-Es cierto- pensé con entusiasmo al leer la noticia. -La Gran Line vuelve a estar abierta. Debería partir hacia allá. Seguro que es lo que Padre hubiera querido para mí. He de reunirme con estas promesas de inmediato y prestar mis servicios allá.-

Con toda la premura del mundo, empecé a organizar todas mis cosas... Que no eran muchas. Un par de mudas limpias, una almohada portátil (de esas que se adaptan al cuello) y los dos o tres libros de medicina básica con los que estudiaba mis pinitos de primeros auxilios.
Con todo listo, partí desde el primer barco comercial que surcaba dirección Gran Line. El barco era uno mercantil, lleno de ropajes tipo western y telas variadas.  En ese momento no tenía ni idea de donde tomaría puerto, pero cuando bajara, empezaría mi búsqueda de esta gente y me juntaría con ellos.

El viaje? Bueno... Para mi fue más breve que para el resto. Recuerdo presentar mi ticket al revisor. Luego, directo al comedor. Habían preparado un buffet para los pasajeros, y era hora de merendar. Todo lleno de pastas y demás cosas. Un joven cocinero parecía verme atractivo y con buenos ojos y su trato fue de lo más personal y cortés. Tras la merienda me retiré a mi camarote, cerré el pestillo, me acosté en la cama y... Ahí acabó mi primer día de viaje. Así solían ser, intensamente breves. Nadie me quitaba las horas de sueño, y mientras que lo normal es dormir 8 horas, si nadie me molestaba, te dormía 12 tan agusto. Luego un poco de ejercicio y alimentación y a descansar de vuelta. Mi rutina estaba bien marcada gracias al entrenamiento de Corazón Pequeño. Entrenar me gustaba, aunque pelear... Me daba algo de pereza. Aún así tenía mucha ilusión por ser participe de las grandes hazañas de la Marina.

Pisé tierra en Isla Toko. Tuve suerte, pues los rumores decían que, el Marine del periódico Joe, estaba por allí, el Comandante Joe. Estaba deseando conocerlo. 
Con un zurrón a mí espalda y toda la ilusión de un joven marine novato, empezaba mi gran aventura por la Gran Line, en busca de ser un fuerte y valiente guerrero del mar.
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