22-07-2024, 04:39 AM
(Última modificación: 22-07-2024, 04:41 AM por Kazuya Kazehaya.)
En las profundidades del mar que rodean al Reino Daburu
Invierno, Año 13
Día 38
Invierno, Año 13
Día 38
—Maldita sea. No puedo creer que vaya a terminar así —me decía a mí mismo mientras intentaba soltarme de las enormes y fuertes manos de Bobo que estaban rodeando mi cuello—. ¿Será que moriré aquí?
Por más esfuerzo que hiciera sabia que no podria liberarme de aquellas manos. Mi visión empezó a fallar, veía borroso, la sangre no llegaba a mi cabeza y empezaba a sentirme confundido y mareado. Lo único que mis ojos podían ver era la mirada furiosa de Bobo.
—Parece que hice molestar al pecezote —sonreí mientras mi mente empezaba a apagarse debido a la falta de sangre en mi cerebro—. Perdóname viejo Gustave. No pude salvarte.
Cuando estaba a punto de perder el conocimiento sentí como las manos de Bobo me soltaron. Abrí mis ojos con dificultad para ver a que se debía que aquel Gyojin me perdonara la vida. ¿Qué observé? Estábamos atrapados en una red de pesca, Bobo y yo. Ambos estábamos débiles, después de nuestro combate no teníamos la fuerza para oponer resistencia.
La red que nos capturó estaba conectada a una cuerda que nos arrastraba al interior de lo que parecía una extraña embarcación pero no alcancé a ver lo que había en el interior, pues antes de entrar a la embarcación, me desmayé.
Me desperté adolorido y exaltado, el dolor me recordó en lo que estaba, la pelea con Bobo. No podía mover mi cuerpo ni mis manos ni mi cola. No estaba en el agua era seguro.
Me costó ajustar mi vista a la poca iluminación del lugar, pero no tarde en darme cuenta que me encontraba en problemas. Mis manos estaban atrapadas en una especie de dispositivo metálico que conectaba a una cadena que llegaba hasta una pared, y mi cola amarrada a una esfera metálica terriblemente pesada.
Mire a mi alrededor y note unos barrotes, parece que estaba en una gran jaula. Cerca de mi había un ventanal y mirando a través de él pude notar que estaba en una embarcación bajo el agua, no muy separados de la superficie.
—¿Dónde carajos estoy? —pensé en voz alta.
De repente escuche una voz familiar y me giré incrédulo de lo que mis oídos escucharon.
—¿Estás bien, mocoso? —me dijo Gustave, quien estaba justo al lado de mí, con mejor semblante que antes pero que también se encontraba capturado y amarrado—. Parece que la pasaste mal. Al parecer ese otro muchacho te dio una paliza.
Gustave señaló hacia el otro lado de la celda y me gire a ver a que se refería. Para mi sorpresa quien se encontraba allí era Bobo, quien se encontraba llorando y amarrado totalmente. No entendí la situación en el momento.
De repente una puerta se abrió y quien entro fue Randy, el jefe de Bobo y quien capturo a Gustave.
—Veo que ya despertaste tritón. No sabia que entre los tritones también tenian una Bella Durmiente. Je, je, je. —dijo Randy—. Hubo un gran cambio de planes. Ustedes tres se ganaron un viaje al Grand Line.
Randy hizo señas con las manos y un científico entró. Un hombre delgado con bata blanca y de aspecto muy frágil.
—Durante el viaje Dairo se encargará de ustedes. Es alguien curioso, yo que ustedes tendría más miedo de él que de mí. Je, je, je —dijo Randy refiriéndose al científico—. Toma la muestra Dairo y dejémoslos descansar por hoy.
Dairo se acerco a mi, a Gustave y a Bobo y tomo muestras de sangre y de piel. No sabía que intenciones tenia pero no debían ser para nada bueno.
—¿Para que usaras nuestra sangre y piel, malnacido? —le pregunte a Dairo.
—No hay mucha información respecto tritones o Gyojin. Seré el primero en publicar un libro completo acerca de su fisiología. Ustedes están vivos, que mejor que hacer estudios In Vivo —me respondió Dairo sonriéndome sádicamente en el rostro.
—Maldito fenómeno —le dije asqueado por su expresión facial.
Una vez que Dairo terminó de tomar las muestras salieron del lugar, y de nuevo los tres seres del mar quedaron a solas.
Por más esfuerzo que hiciera sabia que no podria liberarme de aquellas manos. Mi visión empezó a fallar, veía borroso, la sangre no llegaba a mi cabeza y empezaba a sentirme confundido y mareado. Lo único que mis ojos podían ver era la mirada furiosa de Bobo.
—Parece que hice molestar al pecezote —sonreí mientras mi mente empezaba a apagarse debido a la falta de sangre en mi cerebro—. Perdóname viejo Gustave. No pude salvarte.
Cuando estaba a punto de perder el conocimiento sentí como las manos de Bobo me soltaron. Abrí mis ojos con dificultad para ver a que se debía que aquel Gyojin me perdonara la vida. ¿Qué observé? Estábamos atrapados en una red de pesca, Bobo y yo. Ambos estábamos débiles, después de nuestro combate no teníamos la fuerza para oponer resistencia.
La red que nos capturó estaba conectada a una cuerda que nos arrastraba al interior de lo que parecía una extraña embarcación pero no alcancé a ver lo que había en el interior, pues antes de entrar a la embarcación, me desmayé.
En algún lugar del North Blue
Invierno, Año 13
Día 39
Invierno, Año 13
Día 39
Me desperté adolorido y exaltado, el dolor me recordó en lo que estaba, la pelea con Bobo. No podía mover mi cuerpo ni mis manos ni mi cola. No estaba en el agua era seguro.
Me costó ajustar mi vista a la poca iluminación del lugar, pero no tarde en darme cuenta que me encontraba en problemas. Mis manos estaban atrapadas en una especie de dispositivo metálico que conectaba a una cadena que llegaba hasta una pared, y mi cola amarrada a una esfera metálica terriblemente pesada.
Mire a mi alrededor y note unos barrotes, parece que estaba en una gran jaula. Cerca de mi había un ventanal y mirando a través de él pude notar que estaba en una embarcación bajo el agua, no muy separados de la superficie.
—¿Dónde carajos estoy? —pensé en voz alta.
De repente escuche una voz familiar y me giré incrédulo de lo que mis oídos escucharon.
—¿Estás bien, mocoso? —me dijo Gustave, quien estaba justo al lado de mí, con mejor semblante que antes pero que también se encontraba capturado y amarrado—. Parece que la pasaste mal. Al parecer ese otro muchacho te dio una paliza.
Gustave señaló hacia el otro lado de la celda y me gire a ver a que se refería. Para mi sorpresa quien se encontraba allí era Bobo, quien se encontraba llorando y amarrado totalmente. No entendí la situación en el momento.
De repente una puerta se abrió y quien entro fue Randy, el jefe de Bobo y quien capturo a Gustave.
—Veo que ya despertaste tritón. No sabia que entre los tritones también tenian una Bella Durmiente. Je, je, je. —dijo Randy—. Hubo un gran cambio de planes. Ustedes tres se ganaron un viaje al Grand Line.
Randy hizo señas con las manos y un científico entró. Un hombre delgado con bata blanca y de aspecto muy frágil.
—Durante el viaje Dairo se encargará de ustedes. Es alguien curioso, yo que ustedes tendría más miedo de él que de mí. Je, je, je —dijo Randy refiriéndose al científico—. Toma la muestra Dairo y dejémoslos descansar por hoy.
Dairo se acerco a mi, a Gustave y a Bobo y tomo muestras de sangre y de piel. No sabía que intenciones tenia pero no debían ser para nada bueno.
—¿Para que usaras nuestra sangre y piel, malnacido? —le pregunte a Dairo.
—No hay mucha información respecto tritones o Gyojin. Seré el primero en publicar un libro completo acerca de su fisiología. Ustedes están vivos, que mejor que hacer estudios In Vivo —me respondió Dairo sonriéndome sádicamente en el rostro.
—Maldito fenómeno —le dije asqueado por su expresión facial.
Una vez que Dairo terminó de tomar las muestras salieron del lugar, y de nuevo los tres seres del mar quedaron a solas.
—Viejo, me da gusto que estés con vida. No me esperaba que nada de esto ocurriera —le dije a Gustave mientras mi voz delataba lo preocupado que estaba por su seguridad.
—No te preocupes mocoso. Como ves, matarme no es tan fácil —me dijo Gustave sonriendo cálidamente.
Voltee la mirada hacia Bobo, que aún estaba sollozando. Lo que yo vi en ese momento era un idiota sin remedio que había descubierto lo que ya yo le había dicho, que no era mas que una herramienta.
—¿Qué era lo que me decías antes, grandulón? ¿Qué estos humanos te respetaban y no te usaban? Espero que hayas abierto los ojos —le dije a Bobo con un tono de voz muy serio.
—Bobo no cree lo que está pasando… Bobo… Bobo no entiende… Bobo no quiere ser esclavo —me respondió Bobo entre lágrimas.
—Kazuya, no seas duro con este muchacho. Fue utilizado y es de los nuestros. Saldremos de aquí, y lo llevaremos con nosotros —me dijo Gustave en forma de regaño—. Estos grilletes no son un problema para mi, soy extremadamente flexible. Puedo liberarme si quisiera pero aún no es el momento, no estamos en condiciones. Tendremos que tratar de recuperarnos un poco mas.
—Bobo esta triste, pero Bobo quiere ayudarlos. Bobo no se quedara de brazos cruzados —dijo Bobo a Gustave.
—Entonces si recapacitaste, ballena idiota —le respondí a Bobo—. El problema es que me quitaron mi lanza.
—Bobo sabe dónde la ocultan —me respondió Bobo.
—Entonces esperemos el momento de escapar —les dije a Bobo y al viejo Gustave.
Los tres sabíamos que tendríamos que soportar cualquier cosa que nos hicieran hasta que pudiéramos encontrar la oportunidad de huir. Personalmente, estaba agradecido de poder estar con Gustave, no solo por lo importante que era para mí, sino que era alguien lo suficientemente inteligente como para poder ser un gran apoyo al momento de crear la oportunidad para ser libres de nuevo.
El viaje a través de las aguas del Grand Line fue terriblemente turbulento. Pude observar criaturas marinas que nunca había visto antes a través del ventanal que se encontraba cercano a donde me encontraba.
Nuestra piel mostraba ya severas marcas debido al maltrato del metal de los grilletes y a las continuas tomas de muestra que nos hacia Dairo. Estábamos débiles y probablemente anémicos.
—Viejo, tu que todo lo sabes. ¿Qué es el Grand Line? —le pregunté a Gustave—. Hace poco escuchamos que ya habíamos llegado al Grand Line y por la ventana veo que no son aguas comunes y corrientes.
Realmente mi curiosidad había despertado. Nunca había escuchado de un mar así en ninguno de los relatos de nuestra pequeña comunidad. Gustave era sabio y probablemente tuviera una respuesta.
—Pues no asumas que lo se todo. Pero es pregunta es fácil de responder. Había olvidado que a los de tu generación nunca se les conto la ubicación de la Isla Gyojin —me respondio Gustave luego de respirar profundamente como si fuese a hablar de un pasado que quisiera olvidar—. El Grand Line es un lugar tan legendario y mágico como peligroso. Es un camino que solo los valientes y habilidosos deciden navegarlo por voluntad propia.
—Eso suena a exageración —le respondí a Gustave.
—Sí, quizá suena así. Pero cállate y déjame hablar —me regaño Gustave antes de seguir hablando—. El Grand Line está lleno de misterios, corrientes impredecibles, climas extremos y criaturas marinas de las que solo has escuchado en las leyendas que se cuentan por allí. Los más fuertes, los más influyentes y los más poderosos se encuentran en el Grand Line.
Tanto Bobo como yo escuchábamos atentamente las palabras de Gustave, que parecía un maestro dando clases a sus ignorantes alumnos. En sus palabras se podía sentir nostalgia y pasión.
—Quien se atreva a adentrarse en el Grand Line debe prepararse para lo inesperado. No es un lugar para los débiles de corazón. Es un lugar donde los sueños más salvajes pueden hacerse realidad —continuó hablando Gustave—. Nuestro hogar, la isla Gyojin, se encuentra en el Grand Line, en las profundidades de la Red Line.
—Bobo tiene miedo de estas aguas —dijo Bobo interrumpiendo a Gustave.
Por mi mente pasaron muchas cosas. El mar de los “poderosos” no sonaba tan mal. Necesitaba librarme de aquellas cadenas para poder recorrer el mundo yo mismo. Me sentía impotente al no poder hacer absolutamente nada, esperando la oportunidad para escapar.
En algún punto del Mar fuimos transferidos a un barco mercante común y corriente. Al parecer Randy tenia amenazado al capitán del barco mercante, quien no tenia mas opción que hacer de mula de carga.
El capitán del barco se llamaba Tomas, era un experto en el comercio y navegación a través del Grand Line. Tomas estaba acorralado y sin otra opción, accedía a las extorsiones de Randy.
A nosotros nos metieron en el almacén del barco mercante y Randy solamente dejo a dos de sus hombres para que nos vigilaran, el resto de los que se encontraban en la embarcación eran simples civiles extorsionados también. Luego de dejarnos en ese barco, Randy aparentemente regresó al Grand Line.
Luego de algunas horas los vigilantes se encontraban cansados y se les veía adormecido. Gustave nos hizo algunas señales a Bobo y a mí haciéndonos entender que el momento de liberarnos había llegado.
Fui testigo de la impresionante habilidad del anciano para liberarse de los grilletes deslizando sus tentáculos como si nunca hubiera estado atado. Los dos vigilantes no se percataron de nada.
Gustave se deslizo sigilosamente con sus tentáculos y obtuvo las llaves de los grilletes que se encontraban en una mesa cercana. Luego de obtener la llave al primero que liberó fue a Bobo.
—Es tu turno grandulón —le dijo Gustave a Bobo.
Cuando las esposas cayeron al suelo el gran grito de la ballena se hizo sentir en todo el barco. Los vigilantes se llevaron un gran susto, y cuando voltearon a ver el origen de ese grito lo único que alcanzaron a ver fueron los puños de Bobo. El Gyojin ballena dejo a aquellos dos vigilantes inconscientes de un solo golpe a cada uno.
—¡BOBO NO ES ESCLAVO DE NADIE! —gritó Bobo.
Mientras tanto Gustave me liberó. Una vez me quito aquellas esposas sentí un gran alivio. Mis muñecas estaban mallugadas y me costaba moverlas debido a la inflamación, en ese momento rogué que aun fuese capaz de utilizar mis manos para empuñar de nuevo mi lanza.
Tras los ruidos ocasionados por Bobo, el capitán del barco entro al almacen.
—¡Santo Dios! ¿Ustedes acaban de derrotar a esos hombres?—exclamó el capitán.
Todos nos pusimos tensos al ver a aquel hombre entrar. Yo me encontraba impotente ya que al estar en tierra no podía moverme de ninguna manera.
—Ustedes… ¡Ustedes son nuestros héroes! —nos dijo de repente el capitán alegremente—. No esperaba que alguien pudiera deshacerse de esos dos malnacidos que nos mantenían bajo amenaza. Por favor, salgan afuera.
Luego de acabar con los vigilantes fue inesperada la buena atención que recibimos. Bobo lanzó a los dos hombres al agua, quienes probablemente se ahogarían luego de eso. El capitán ordenó que nos dieran comida y agua.
—Les agradezco enormemente. Todos mis negocios se vieron afectados desde que hemos estado siendo extorsionados por estos hombres. Somos un barco mercante, y no negaré que de vez en cuando hacemos algunas cosas no tan legales, pero no nos gusta involucrarnos con gente como esa. Por favor, reciban esto. Es una carga valiosa pero es mejor que esté en manos de ustedes que en la de esos hombres.
Lo que aquel hombre nos estaba entregando era una fruta un poco extraña. Nunca había visto algo así.
—¿Eso es una Fruta del Diablo? —pregunto Gustave mostrándose muy impresionado.
—¿Fruta del Diablo? ¿Qué es eso? —le pregunté interesado a Gustave.
—No sé si sea cierto pero dicen que son frutas que le conceden a quien la consume poderes misteriosos. Aunque tienen la maldición de que nunca más podrías tocar el agua de mar, ya que no pierdes la capacidad entera de nadar. Para nosotros seria lo peor del mundo el no poder volver al mar. Te dan un gran poder —explico Gustave.
—Efectivamente, es una fruta del diablo. Sin embargo, es imposible saber que poder te otorgara. Por favor, acéptenlo —insistió el capitán.
—Lo lamento, nosotros los hijos del mar no podríamos vivir con la maldición de no poder nadar —respondió Gustave hablando por todos.
—Yo si la aceptaré —dije interrumpiendo a Gustave—. Para alcanzar mis metas necesito tener poder en tierra y no poder en las profundidades del mar. El lugar que quiero conquistar es la superficie y quizá esta sea la oportunidad que el destino me da.
Tome la fruta y me la comí rápidamente, el sabor de la fruta era terrible y casi me hace vomitar pero no le preste atención. Luego de vivir lo que vivimos, era hora de que mis convicciones se hicieran aún más fuertes y mi voluntad aún más inquebrantable. ¿Qué poder me otorgaría aquella fruta? Quien sabe.
Los tres sabíamos que tendríamos que soportar cualquier cosa que nos hicieran hasta que pudiéramos encontrar la oportunidad de huir. Personalmente, estaba agradecido de poder estar con Gustave, no solo por lo importante que era para mí, sino que era alguien lo suficientemente inteligente como para poder ser un gran apoyo al momento de crear la oportunidad para ser libres de nuevo.
Alta Mar.
En algún lugar del Grand Line
En algún lugar del Grand Line
El viaje a través de las aguas del Grand Line fue terriblemente turbulento. Pude observar criaturas marinas que nunca había visto antes a través del ventanal que se encontraba cercano a donde me encontraba.
Nuestra piel mostraba ya severas marcas debido al maltrato del metal de los grilletes y a las continuas tomas de muestra que nos hacia Dairo. Estábamos débiles y probablemente anémicos.
—Viejo, tu que todo lo sabes. ¿Qué es el Grand Line? —le pregunté a Gustave—. Hace poco escuchamos que ya habíamos llegado al Grand Line y por la ventana veo que no son aguas comunes y corrientes.
Realmente mi curiosidad había despertado. Nunca había escuchado de un mar así en ninguno de los relatos de nuestra pequeña comunidad. Gustave era sabio y probablemente tuviera una respuesta.
—Pues no asumas que lo se todo. Pero es pregunta es fácil de responder. Había olvidado que a los de tu generación nunca se les conto la ubicación de la Isla Gyojin —me respondio Gustave luego de respirar profundamente como si fuese a hablar de un pasado que quisiera olvidar—. El Grand Line es un lugar tan legendario y mágico como peligroso. Es un camino que solo los valientes y habilidosos deciden navegarlo por voluntad propia.
—Eso suena a exageración —le respondí a Gustave.
—Sí, quizá suena así. Pero cállate y déjame hablar —me regaño Gustave antes de seguir hablando—. El Grand Line está lleno de misterios, corrientes impredecibles, climas extremos y criaturas marinas de las que solo has escuchado en las leyendas que se cuentan por allí. Los más fuertes, los más influyentes y los más poderosos se encuentran en el Grand Line.
Tanto Bobo como yo escuchábamos atentamente las palabras de Gustave, que parecía un maestro dando clases a sus ignorantes alumnos. En sus palabras se podía sentir nostalgia y pasión.
—Quien se atreva a adentrarse en el Grand Line debe prepararse para lo inesperado. No es un lugar para los débiles de corazón. Es un lugar donde los sueños más salvajes pueden hacerse realidad —continuó hablando Gustave—. Nuestro hogar, la isla Gyojin, se encuentra en el Grand Line, en las profundidades de la Red Line.
—Bobo tiene miedo de estas aguas —dijo Bobo interrumpiendo a Gustave.
Por mi mente pasaron muchas cosas. El mar de los “poderosos” no sonaba tan mal. Necesitaba librarme de aquellas cadenas para poder recorrer el mundo yo mismo. Me sentía impotente al no poder hacer absolutamente nada, esperando la oportunidad para escapar.
Alta Mar.
No tan lejos de Isla Kyodaina
No tan lejos de Isla Kyodaina
En algún punto del Mar fuimos transferidos a un barco mercante común y corriente. Al parecer Randy tenia amenazado al capitán del barco mercante, quien no tenia mas opción que hacer de mula de carga.
El capitán del barco se llamaba Tomas, era un experto en el comercio y navegación a través del Grand Line. Tomas estaba acorralado y sin otra opción, accedía a las extorsiones de Randy.
A nosotros nos metieron en el almacén del barco mercante y Randy solamente dejo a dos de sus hombres para que nos vigilaran, el resto de los que se encontraban en la embarcación eran simples civiles extorsionados también. Luego de dejarnos en ese barco, Randy aparentemente regresó al Grand Line.
Luego de algunas horas los vigilantes se encontraban cansados y se les veía adormecido. Gustave nos hizo algunas señales a Bobo y a mí haciéndonos entender que el momento de liberarnos había llegado.
Fui testigo de la impresionante habilidad del anciano para liberarse de los grilletes deslizando sus tentáculos como si nunca hubiera estado atado. Los dos vigilantes no se percataron de nada.
Gustave se deslizo sigilosamente con sus tentáculos y obtuvo las llaves de los grilletes que se encontraban en una mesa cercana. Luego de obtener la llave al primero que liberó fue a Bobo.
—Es tu turno grandulón —le dijo Gustave a Bobo.
Cuando las esposas cayeron al suelo el gran grito de la ballena se hizo sentir en todo el barco. Los vigilantes se llevaron un gran susto, y cuando voltearon a ver el origen de ese grito lo único que alcanzaron a ver fueron los puños de Bobo. El Gyojin ballena dejo a aquellos dos vigilantes inconscientes de un solo golpe a cada uno.
—¡BOBO NO ES ESCLAVO DE NADIE! —gritó Bobo.
Mientras tanto Gustave me liberó. Una vez me quito aquellas esposas sentí un gran alivio. Mis muñecas estaban mallugadas y me costaba moverlas debido a la inflamación, en ese momento rogué que aun fuese capaz de utilizar mis manos para empuñar de nuevo mi lanza.
Tras los ruidos ocasionados por Bobo, el capitán del barco entro al almacen.
—¡Santo Dios! ¿Ustedes acaban de derrotar a esos hombres?—exclamó el capitán.
Todos nos pusimos tensos al ver a aquel hombre entrar. Yo me encontraba impotente ya que al estar en tierra no podía moverme de ninguna manera.
—Ustedes… ¡Ustedes son nuestros héroes! —nos dijo de repente el capitán alegremente—. No esperaba que alguien pudiera deshacerse de esos dos malnacidos que nos mantenían bajo amenaza. Por favor, salgan afuera.
Luego de acabar con los vigilantes fue inesperada la buena atención que recibimos. Bobo lanzó a los dos hombres al agua, quienes probablemente se ahogarían luego de eso. El capitán ordenó que nos dieran comida y agua.
—Les agradezco enormemente. Todos mis negocios se vieron afectados desde que hemos estado siendo extorsionados por estos hombres. Somos un barco mercante, y no negaré que de vez en cuando hacemos algunas cosas no tan legales, pero no nos gusta involucrarnos con gente como esa. Por favor, reciban esto. Es una carga valiosa pero es mejor que esté en manos de ustedes que en la de esos hombres.
Lo que aquel hombre nos estaba entregando era una fruta un poco extraña. Nunca había visto algo así.
—¿Eso es una Fruta del Diablo? —pregunto Gustave mostrándose muy impresionado.
—¿Fruta del Diablo? ¿Qué es eso? —le pregunté interesado a Gustave.
—No sé si sea cierto pero dicen que son frutas que le conceden a quien la consume poderes misteriosos. Aunque tienen la maldición de que nunca más podrías tocar el agua de mar, ya que no pierdes la capacidad entera de nadar. Para nosotros seria lo peor del mundo el no poder volver al mar. Te dan un gran poder —explico Gustave.
—Efectivamente, es una fruta del diablo. Sin embargo, es imposible saber que poder te otorgara. Por favor, acéptenlo —insistió el capitán.
—Lo lamento, nosotros los hijos del mar no podríamos vivir con la maldición de no poder nadar —respondió Gustave hablando por todos.
—Yo si la aceptaré —dije interrumpiendo a Gustave—. Para alcanzar mis metas necesito tener poder en tierra y no poder en las profundidades del mar. El lugar que quiero conquistar es la superficie y quizá esta sea la oportunidad que el destino me da.
Tome la fruta y me la comí rápidamente, el sabor de la fruta era terrible y casi me hace vomitar pero no le preste atención. Luego de vivir lo que vivimos, era hora de que mis convicciones se hicieran aún más fuertes y mi voluntad aún más inquebrantable. ¿Qué poder me otorgaría aquella fruta? Quien sabe.
