Kovashi Shimatsu
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Era ... Era un juego divertido. Kovashi la miró con ojos felinos, esa diversión podía terminar en tragedia, pero es que eso también se consideraba diversión según como se viese. De vez en cuando, Kova iba mirando a la anciana para pedirle más mercancía o simplemente para ojearla. La abuela siempre le devolvía una mala mirada. — Golpea con todas tus fuerzas a esa abuela. — Dijo en un tono bajo, prácticamente de confidencialidad. ¿Ella había dicho reto, no? El reto podía ser cualquier cosa. Kovashi comenzó a reírse. — Es broma ... — Dejó caer casi por inercia. No podía mostrarse como era él, si seguía bebiendo así sería, por eso quizás tendría que controlarse un poco ese día.
— Que te parece sí ... No sé, tienes que dar una voltereta. — Era una chorrada de petición de reto, pero así vería si de verdad lo hacía, comprendiendo la funcionalidad del juego. A todo esto, Kovashi se metió otro trago. Ahora, sí que sí comenzó a subirle a la cabeza la calor, sentía el cuerpo ardiendo. - Ojalá una piscina - Pensó para si mismo mientras miraba aquellos profundos ojos de la fémina. - ¿Follaremos? tengo curiosidad por como se vería desnuda ¿tendrá ahí abajo ...? - Todo eso pasaba por su mente mientras la mujer hablaba, cumplía su reto y bebía. Eran ese tipo de ideas que en su mente no tenían barreras, se las decía a el mismo, muchas veces haciendole sumergirse en cosas putrefactas.
Por supuesto, casi nunca llevaba a cabo las cosas que le pasaban por la mente, pero estaban ahí, las identificaba como negativas, pero no podía combatirlas, nunca pudo.
Derya Tyhr
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Por la mirada de Kovashi, Derya supo que le había gustado la propuesta. A casi todo el mundo le gustaba ese juego, sobre todo las primeras veces, después, como casi siempre, podía hacerse repetitivo. Así que tenían que aprovechar el frescor de la novedad. Le tomó unos pocos segundos al peliblanco decidir el reto que le propondría a la gyojin. Aquellas palabras la pillaron completamente por sorpresa. Se le pusieron los ojos como platos con una rapidez sorprendente. Menos mal que no tardó en aclarar que se trataba de una broma. La joven no pudo contener la risa, por un momento se lo había creído y había sentido como el peso de su propio juego le caía sobre la cabeza. Quiero decir, es probable que hubiese aceptado el reto, estaba borracha y quería llevarse bien con él, pero joder, menos mal que no iba en serio. Era una tesitura en la que prefería no verse envuelta. — Qué susto... — Dejó escapar por sus labios en voz baja, mientras se recomponía de la risa y el sobresalto que le había supuesto aquello.
Entonces Kovashi soltó el reto real. Derya sonrió, llena de confianza. — ¿Sólo eso? — De repente el orgullo invadió su cuerpo rosado y atigrado. Por su mente pasó el pensamiento de que le estaba proponiendo algo fácil para ver si de verdad estaba dispuesta a hacer lo que quería, así que iba a demostrarle que así era. Se levantó del asiento, caminó hasta delante de su mesa, y entonces tuvo una idea brillante. Se dio media vuelta y se subió encima de la mesa que había enfrente a ambos, aprovechando que estaba vacía. Escuchó un grito por detrás, seguramente de aquella anciana, pero lo ignoró rápidamente. Se colocó mirando hacia Kovashi. — Soy muy ágil, ya verás, esto es pan comido para mi... — Respiró hondo y... Pum. Realizó la voltereta, hacia delante y dando un salto que la hizo caer delante de él, en el suelo frente a la otra mesa. — ¡Tadaaa! — Posó de manera triunfante. Había sido una voltereta un poco torpe, sobre todo al caer, pues la cola golpeó una silla sin querer y la tiró unos cuantos metros hacia un costado. Pero obviando eso, lo había hecho bastante bien, incluso se había preocupado por sujetarse los pechos con las manos antes de saltar. Después de todo, iba en bikini, cualquier movimiento tonto y podía quedar con todas las vergüenzas al aire, como quién dice.
Ahora era el turno de Kovashi. Rápidamente, con una sonrisa inmutable, se volvió a sentar a su lado. — ¡Te toca! ¿Qué eliges, verdad o reto? — Le miró con ganas, impaciente por escuchar su respuesta. Hacía mucho tiempo que no se lo pasaba tan bien, y no podía dejar de imaginar que sería lo siguiente que iba a pasar. La verdad es que se moría por volver a besarle otra vez, pero tenía que darse el contexto idóneo. Quizás aquel juego la podía ayudar a remar a su favor.
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— Claro, una broma ... — Musitó entre dientes. Entre broma y broma la verdad asoma, eso decían las abuelas y una abuela rara vez se equivocaba. La mujer daría una voltereta en seco bastante brillante. Varios tipos de otra mesa aplaudieron, silbaron y hasta se levantaron para mostrar su encanto. Estaban embelesados por la mujer.
— Yo, pues no sé, verdad. — Era la otra opción del juego, así que tenía que indagar en lo que quedaba. Antes de que Derya respondiera, los tipos que aplaudieron se aproximaron a la mesa. Uno de ellos saludó por encima a Kovashi y este les respondió bajando el mentón. Estaba empezando a estar borracho, cuando eso pasaba cuanto más gente hubiera más divertido podría ser todo. Preferiblemente mujeres, pero que se le iba a hacer.
— Wou ... ¡Eso ha sido impresionante! — Alzó la voz, el más pequeño. Su estatura iba en perfecta concordancia con su aspecto ... Extremadamente delgado, gafas, cara chupada, pelo sucio. Olía a meado, la nariz de Kovashi lo detectó al instante, pues el Shimatsu tenía el sentido del olfato muy desarrollado.
— Hueles a mierda. —
— ¿¿Eh?? — Ambos tipos se miraron, pero explotaron en risas, como para dejar pasar el comentario ofensivo.
— Invitamos a la siguiente ronda. — Fue lo que el otro dijo. Este resultó medir un metro ochenta y pocos, de complexión obesa de cojones, casi mórbido. Las canas de su barba hablaban por él. — Me llamo Doxy y el es J. — Aquel hombre mayor se sentó cerca de Derya. Kovashi no dijo nada, tan solo alargó las cejas esperando que llegara la nueva tanda de bebidas a la que habían sido invitados. - Que sed - Es en lo único que podía pensar.
— Tienes un gran talento. — La miró de arriba abajo, aunque lo hizo con mesura, sin ser especialmente agresivo, más bien de forma lasciva. Y a ver, ella era una mujer bonita, ellos borrachos, en un ambiente de juerga, esto podía pasar.
Cita:Doxy: https://i.pinimg.com/564x/d8/f3/86/d8f38...9deaa8.jpg
J: https://www.pinterest.es/pin/2462974789027931/
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No se había percatado de que ya no estaban solos en el local. Cuando entraron, no había nadie más, pero cuando empezaron a aplaudirla pudo ver que estaba bastante más ambientado. Aquello le dio un poco de vergüenza, pero sonrió. — ¡Muchas gracias! — Rápidamente buscó refugio al lado de Kovashi. Aunque él no parecía muy convencido de seguir con el juego. — No pasa nada, podemos dejarlo para otro momento. — Sonrió dulcemente, la verdad es que parecía irreal que fuera tan amable. Le dio un traguito a su bebida, llevaba un rato sin haber bebido nada y quería volver al ruedo, aunque estaba empezando ya a encontrarse mareadilla.
Sin que se diera cuenta, un par de hombres se acercaron a su mesa. Parecían la antítesis el uno del otro, al menos en el aspecto físico, porque ambos eran asquerosos y olían mal, y a ambos les prefería bien lejos, sobre todo en aquel contexto de alcohol que vuelve loca a la gente. El más delgado la halagó. Derya no tenía ganas de hablar con ellos, no le daban buenas sensaciones, pero tampoco le salía ser desagradable. — Gracias, no ha sido para tanto. — Dijo con una sonrisa, aunque podía notarse que era incómoda. El comentario ofensivo de Kovashi pareció ser recibido con risas. A Derya le sorprendió la sinceridad con la que hablaba, casi suelta una carcajada ella también.
Entonces se autoinvitaron a la mesa. Con la excusa de pagarles la siguiente ronda de bebidas, ambos se sentaron en el sofá con la pareja. Se presentaron. El que estaba sentado más cerca de ella era Doxy, un hombre barbudo y canoso con un cuerpo enorme que abarcó una buena parte del asiento, y el otro era J, un tio siniestro, con gafas y pelo a jirones negros. Derya se acercó aún más a Kovashi, apretando su cuerpo contra el de él. Su lenguaje corporal era claro, no quería estar cerca de Doxy, de ninguno de los dos, realmente. Y por el contrario, se sentía lo suficientemente cómoda con Kovashi como para buscar un refugio en su cuerpo.
La mirada de Doxy le puso los pelos de punta, sintió incluso un malestar físico que intentaba ocultar en su rostro, que no fuera demasiado evidente. Sin embargo, había que ser ciego para no darse cuenta de que la joven estaba incómoda de cojones. — Qué va... No ha sido nada. — Se repetía, pero es que estaba nerviosa y honestamente, no llevaba bien los halagos. Nunca sabía como responder a ellos. Si los aceptaba, parecería una creída, y sino podía dar la imagen de falsa humildad. Siempre era una encrucijada, esto de los halagos. Solo esperaba que las bebidas llegaran rápido, que se las bebieran rápido, y que se fueran rápido.
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04-09-2023, 05:47 AM
(Última modificación: 04-09-2023, 06:06 AM por Kovashi Shimatsu.)
Y llegaron las bebidas, cuatro jarras grandes de cerveza, diez chupitos de licor M, el más sangrante que tenían, de un color amarillento con motas negras. Colocaron floralmente las bebidas, algo que pocos se daban cuenta, pero que no pasó desapercibido para el espadachín, quien sonreía ligeramente cuando hacían aquello. Cuando estuvo a punto de dar su primer sorbo, que sería un pequeño chupito, Derya se le pegó tanto al cuerpo que lo movió, provocando que gran parte del líquido dorado se cayese sobre su propio pecho. Como el que despierta de un sueño, Kovashi despertó, la imagen grotesca que se encontró fue descorazonadora.
— ¿T-Tienes ... Frío? Tengo un abrigo ... — Casi que lo susurraría J, como todo lo que decía. Empujaba sus gafas contra él, porque se le caían todo el rato, resbalando por su pálida piel seca como el cemento. Hizo el ademán de quitarse su espantosa chaqueta, bajo la que aguardaba una camisa blanca básica completamente pegada a su cuerpo. A saber desde cuando no se la quitaba.
— Está bien, gracias. — Respondió Kovashi, llevándose él vaso medio vacío a la boca para rascar las últimas gotas y después agarrar otro que sí se tragó de un solo sorbo. Se le comenzaba a nublar la mente. Adoraba esa sensación. No fue un acto realmente que haría de forma habitual estando despejado, pero una de sus extremidades, la zurda, pasó alrededor de la gyojin, abrazando a esta por la espalda y dejando caer su mano sobre el inicio de su rabadilla. — Además. — Miró a J. — ¿De verdad crees que una chica como ella se va a poner cualquier cosa que le de alguien como tú? — Casi se le escapa una risa explosiva, esa que debes apretar entre los dientes. — Mírate. Mírala. Míranos. — Hizo señas con el dedo índice, el de la misma mano con el que aún tenía sujetado el vaso. — Vamos a pasarlo bien, habéis invitado a beber, lo volveréis hacer más adelante, acabaremos riendo, jugando, colocándonos juntos. — Sonreía. — Pero no hagáis que mi amiga esté incómoda, ¿está bien? — Sentenció con aquella mirada penetrante que la naturaleza da sabiamente a quien sabe utilizarla.
Se originó un silencio sepulcral, tanto Doxy como J se miraban. El delgadito se volvió a poner su cochambrosa chaqueta, molesto, sin embargo Doxy aguantaba el tipo, sonreía, se aclaraba la voz, buscaba paz en un ambiente hostil.
— Claro, claro, no sé que imagen habremos dado, solo queremos pasarlo bien. — Nuevamente aquella mirada lasciva hacia Derya. — Pero vienen tan pocas mujeres por aquí ... Mujeres nuevas, ya me entiendes. — Kovashi asintió, sin mirarlo. Lo cierto es que vivir en un pueblucho de mala muerte con las mismas mujeres tenía que ser un coñazo, hasta cierto punto entendía la obsesión por Derya. Eso si, no lo estaba mirando, no estaba contemplando aquellos ojos que se salían de las órbitas observándola.
Doxy tenía una apariencia dócil, entrañable incluso. Pero era un hombre, eso lo convertía en un depredador para cualquier mujer. Kovashi no era una mujer, nunca vería a aquellas personas como depredadores. Para él tan solo eran míseras hormigas. Venía de un mundo diferente, donde la mayoría de hombres en tabernas eran así, las mujeres allí estaban acostumbradas a paliar a tipos semejantes. En las islas de donde procedía Kovashi las niñas tenían que comportarse como verdaderos hombres para sobrevivir.
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Hizo bien al buscar refugio en el cuerpo de Kovashi, él la aceptó, rodeando su espalda con su brazo, y la hizo sentir más segura por un momento. No es que explicitamente necesitase ayuda, no había pasado nada aún demasiado alarmante, además Derya es bastante fuerte, seguramente podría defenderse sola. Pero estaba bebida, el alcohol era detonante de su paranoia, de sentirse indefensa, además, esa situación pondría incómoda a cualquiera. Llegaron nuevas bebidas y la joven no tardó en acercarse su cerveza y empezar a beber, quizás por el nerviosismo, aunque no debería de haberlo hecho, porque estaba empezando a marearse.
El tipo delgado dijo algo que Derya casi ni pudo entender, sabía que iba hacia ella así que iba a decirle que lo repitiera, cuando intervino Kovashi. A ella le tranquilizó saber que tenía una mano amiga, porque el ambiente era cada vez más hostil y tenso, sobre todo después de sus palabras que crearon al momento un silencio incómodo. Siguió bebiendo de su cerveza, sin separarse de él ni un centímetro. El silencio se acabó rápido y enseguida estaba aquel hombre hablando de nuevo. Por unos instantes disoció completamente de la conversación, como si su cuerpo estuviera allí pero su mente no. Ver la mirada de aquel hombre le había hecho recordar cosas horribles. Era la misma mirada que recibía continuamente cuando estuvo esclavizada. Nunca le hicieron nada, pero cada noche la torturaban haciéndole pensar que ocurriría, y ella se moría del miedo por la incertidumbre, dudando de si lo harían finalmente o no. Durante unos segundos, parecía estar ida, mientras esos pensamientos y recuerdos cruzaban su mente.
Dejó la cerveza por la mitad sobre la mesa y se levantó del sofá. — Vo-voy un momento al baño... — Todo su cuerpo estaba pidiendo un tiempo muerto, un pequeño descanso. Solo podía pensar en meterse corriendo en el baño, enjuagarse la cara con agua y respirar hondo. Pero no iba a ser tan fácil, salir del asiento estaba complicado, porque al autoinvitarse aquellos dos hombres, se colocaron de forma que Kovashi y ella habían quedado rodeados, así que no tenía vía libre directamente hacia fuera, sino que debía pasar por delante de uno de los dos. No se lo pensó demasiado, al incorporarse pudo notar los efectos del alcohol, además que la voltereta no había ayudado mucho, y buscó salir por la vía más directa y rápida, su lado izquierdo, donde Doxy estaba sentado. — Permiso... — Susurraba, mientras se daba prisa por no alargar ese momento y llegar rápidamente a su objetivo.
Kovashi Shimatsu
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Y otra más, esta vez sería una cerveza que entraba de dos tragos. El alcohol cada vez hacía mejor su función en el cuerpo de Kovashi, pero seguía manteniéndose firme. Sus pómulos comenzaron a enrojecerse ligeramente. Derya se levantó, dejando su bebida a medias. Kova estuvo a punto de enlazar su diestra a la de la fémina y preguntarle el porqué de dejarla a medio terminar. Qué obsesión por el alcohol. Pero no lo hizo y ella se marchó. Pasó por delante de Doxy, el obseso hombre se espachurró en un asiento que tan solo le cubría media nalga, tenía tanto culo que no cabía.
— Claro, guapa, pasa por aquí ... — Deliberadamente, sacó la lengua y alargó una mano que estuvo a punto de entrar en contacto con el trasero de Derya. Fue casi imperceptible, lo que aconteció a aquel acto fue una risilla de borracho que provenía de Kovashi.
— Te advertí. — Jugaba con el licor en la jarra, meneándolo con gozo. Cayó sobre los pies de la mujer pez, una mano, completamente seccionada, un corte limpio, tan rápido que el cuerpo no reaccionó a tiempo, llevando consigo un retroceso del sangrado. Sin embargo pronto comenzó a sangrar, más y más. Fue tan veloz aquel movimiento que apenas se pudo ver dejar a Kovashi su katana sobre el suelo, tirándola antes de comenzar a mover la su jarra.
J estaba nervioso. Doxy, al igual que su cuerpo, tuvo una reacción tardía a tal acción, cómo esperar algo así. Sujetó su muñón con la mano libre, gritando. Gritos. Gritos. J le acompañó, intentando ayudarle, el camarero acudió junto a la vieja. En un santi-amen todo había cambiado.
— No te sientas mal, mujer ... — Su tono era de juguetón borracho. Seguía meciendo su bebida, esta vez mirando al horizonte, que en este punto era la barra del bar. — No temas ante hombres como estos. — Se levantó, sorbiendo lo que quedaba, para después lanzar la jarra contra el suelo, ya vacía. Tomó la mano de Derya con cierto decoro para el momento en el que estaban. — No permitamos que nos estropeen la juerga. Ya he alcanzando el punto ... Es ahora cuando empieza lo bueno. — Volvió a mirar a los ojos de la fémina, con esa mirada penetrante que ponía el Shimatsu. Hubo un instante mágico para él. Todo el mundo gritando, ladrando, llorando, reclamando lo que acababa de pasar. La anciana chillando que Kovashi siempre le espantaba a la clientela y que por eso no quería atenderlo. También llamaron a los marines, aunque estos tardarían en llegar, así era la ley, lenta. Pero el estaba en su punto, mirandola a ella entre la tragedia.
Por suerte.
Con su mujer de la mano, ambos abandonaron el local, a lo bony and clay. Ahora tocaba escapar.
Derya Tyhr
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Estaba cerca de su objetivo, muy cerca... Ya podía casi visualizar el baño en su cabeza y sentir el chorro de agua que iba a echarse en la cara. Había conseguido salir de los asientos, cuando una serie de gritos ensordecedores inundaron el local. Derya no se dio cuenta de lo sucedido hasta que se dio media vuelta. Un poco de sangre salpicó su cuerpo, alguna gota cayó sobre su rostro. Todo había ocurrido muy rápido. Kovashi, había sido él, la había defendido. Realmente Derya no notó la mano de Doxy que se aproximaba a su trasero, pero tampoco hacía falta ser un lumbreras para llegar a la conclusión de que algo así iba a pasar.
Todo entró en caos a su alrededor, ella se quedó paralizada por unos segundos, no por miedo, sino por la sorpresa, aquello le pilló completamente desprevenida. Entonces despertó, y centró toda su atención en Kovashi. De repente, el resto del bar estaba en silencio, solo le escuchaba y le veía a él. Su promesa de continuar con aquella noche hizo que sus ojos resplandecieran. ¿Habéis notado eso? De nuevo esa chispa, esa sensación mágica. Era como si cada uno se perdiera en los ojos del otro. Los de Kovashi eran tan celestes... Derya veía mares infinitos llenos de luz en aquella mirada. — Te sigo. — Es lo único que dijo, pero era claramente una declaración de intenciones.
Salió de aquel local de la mano de su hombre y lo único que pudo hacer una vez estuvieron fuera fue plantarle un beso en los labios. Estaba llena de adrenalina, y no pudo evitar ver en él a su salvador. Su héroe. Fue un beso dulce y suave, pero lleno de pasión y emoción. — ¿A dónde vamos ahora? — Preguntó en un susurro y no pudo contener una risita. Nunca había tenido un día así, nunca en su vida. Tenía tantas ganas de saber como seguía.
Kovashi Shimatsu
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Entre risas, besos y euforia, ambos salieron del local. Kovashi patearía la puerta, reventándola por completo.
— ¡Invitan ellos, vieja! — Guardó su katana en plena carrera.
— ¡No vuelvas más! — Gritó. — ¡Jamás vuelvas a pisar mi local, maldito psicópata! — Las altas voces de la señora se perdieron por el de las sirenas. Marines llegaron, más rápido de lo que uno pudiera llegar a imaginar. Era un escuadrón de diez que subía pueblo arriba, con un pequeño transporte (parecido a un coche) pero de madera, que emanaba un sonido de alarma.
— ¡Detened a los criminales! — Se aventuró a decir. Daba igual si tenía razón o no, el gobierno funcionaba un poco así, utilizar los medio que tenía a su alrededor para llevar a cabo lo que quiera. En este caso dijeron aquello esperando que los civiles cercanos se pusieran el chaleco de héroe y los detuvieran. Pero no sucedió.
Kovashi se subió a Derya a la espalda. Era una tía grande, pesaba lo suyo; sin embargo, eso era algo que un hombre no podía decirle a una fémina y ésta jamás lo sabría. Haciendo acopio de los valores masculinos, hizo un esfuerzo extra de energía sin quitar la sonrisa de su rostro. La mujer pez de repente vería como se iba elevando. Era como volar o igual estaba posando sus pies el Shimatsu en algun lado que ella no veía al estar detrás. La verdad es que al paso de Kovashi se iban formando cubos de tierra que se iban escalando, como si fuera una escalera al cielo. Eso le permitió llegar a un tejado, donde frenaría en seco, dejando que el cuerpo de Derya tomara tierra.
— No conozco tanto esta isla, pero está viva. Te prometo que hoy será un día inolvidable, mujer tiburón — Sonrió. Lo dijo haciendo hincapié en que por lo menos no era una roca sin gracia, aquí la gente hacía vida tanto de día como de noche, eso era de agradecer.
— Necesito algo de beber. — Volvió a comentar. Ya había empezado, no podía parar. Tomó a la mujer por el cuello, como si fuera un colega, y comenzó a insultar a los marines que estaban frente a la taberna. Ellos se encontraban en el tejado de un edificio de unos quince metros, una buena distancia. Sin avisar tomó la barbilla de la fémina y le dio otro beso. — Tengo un pequeño escondite al que poder ir, aunque no sé si seguirá intacto ... — Miró al horizonte.
Derya Tyhr
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Había voces por todos lados, alboroto, caos... A Derya le daba igual. Su atención estaba completamente centrada En Kovashi, como si acabara de convertirse en todo su mundo. También estaba un poco atontada con tanto alcohol, así que se aferraba a él como quién agarra un salvavidas. Para ella lo era. Todo era tan... idílico. Le daba igual que estuvieran cometiendo varias ilegalidades, porque estaba viviendo una noche como nunca.
Aunque no se esperaba en absoluto que lo siguiente que quisiera hacer fuera echársela a la espalda. Kovashi la agarró, llevándola a caballito y las mejillas de Derya enseguida se pusieron rojas como tomates, sin embargó se aferró a él con fuerza, sin perder el sentimiento de vergüenza. Le daba mucha timidez ser levantada de aquella manera, pero le quitó importancia cuando vio lo que estaba ocurriendo bajo sus pies. Miró hacia abajo y por unos segundos sintió que había bebido demasiado. ¿Estaban volando? En su rostro se podía ver la confusión al no entender que estaba ocurriendo. No le dio tiempo a preguntar, pues rápidamente alcanzaron un tejado y Kovashi la dejó apoyarse sobre éste.
— Ya lo está siendo. — Respondió la joven ante las palabras de su... ¿novio? ¿Amante? ¿Qué eran? Aún era pronto, ya intentaría buscarle un nombre más adelante. De nuevo, Kovashi decía que necesitaba beber. Aquello provocó una risita de parte de Derya, pues acababa de hincharse a chupitos y cerveza, pero no parecía ser suficiente para él. No, no lo era, aún quedaba mucha noche por delante. La rodeó por el cuello con el brazo y ella giró su cuerpo para acercarse más a él. Estaba tan embelesada y encantada por aquel contacto físico continuado. — ¡Sois unos pesaos, dejadnos en paz, coño! — Kovashi se puso a insultar a los marines, así que ella se unió a aquella verborrea entre risas, cuando el peliblanco la tomó de nuevo de la barbilla para besarla. Ella le abrazó, cerrando los ojos. Su boca estaba tan caliente debido al alcohol... pero sabía bien, tenía un regusto dulce, como aquella bebida que le dio a probar. Podría quedarse besándolo durante horas.
— Me encantaría verlo. — Y sonrió, seguía sonrojada y se podía ver en sus ojos el brillo de una joven enamorada. La noche aún acababa de empezar.
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