Vicios son vicios [Aventura T2 - Presente Absoluto]
#11
Todos se giraron para mirar a Casca, parando en el momento y dejando de lado a Folk para centrar toda su atención en Casca. 

- Esa... Esa lascibio ese - Dijo uno de los hombres vivos apuntando con el mentón a uno de los que yacían muertos - Eran el único que sabian escribir - Finalizó aguantando las lágrimas en sus ojos. 

Folk, presa del miedo, se había acunado en el suelo en posición fetal, un charco de sangre le rodeaba. No respondía ni miraba a ningún lado, solo respiraba nervioso, sus jadeos se escuchaban al fondo de la conversación. 

- Ties razón - Dijo otro - Folk es uno de los nues - Cortó súbitamente su oración. 

El respiro que le habían dado a Folk fue fatal. Con un ágil salto, agarro al primero que había contestado a Casca, cercenando desde su espalda con las zarpas su cuello y salpicando al cazarrecompensas con la sangre de la pobre victima. Ejerciendo la espalda de este como apoyo saltó hacia otro, mientras con la cola, agarraba por el cuello al otro que le había contestado y lo estampaba de espaldas contra el suelo, el sonido de su cráneo quebrándose retumbó en la calle. Mientras daba el salto con la boca le arrancó la cabeza a un tercero, y al caer, derrapando y agarrando uno de los virotes que llevaba consigo, en dos diestros golpes, clavó el primer impactó en la pantorrilla de su cuarta víctima, mientras que cuando caía de rodillas presa del susto, el dolor y el miedo, clavó el virote en su garganta, quedando este incrustado en la misma mientras su presa agonizaba de dolor y dando bocanadas. El quinto, reculaba mientras palidecía, pero Folk lo atravesó con sus zarpas a la altura del corazón, el sexto en un acto de valor, intentó atacar, pero de los ojos de Folk con un centellante ansia asesina impulsada por el objetivo de consumir lo mantuvo alerta, dándose la vuelta y agarrándole el brazo con el que iba a darle un navajazo, pero folk se lo arrancó. Lanzó el brazo a la cabeza del séptimo hombre y mientras este se agachaba para evitar el miembro de uno de sus amigos Folk aprovechó para arrancarle la garganta, mientras asesinaba al octavo que tenía al lado derribándolo con la cola y saltando encima de él clavándole sus patas traseras. Los dos últimos intentaron huir, pasando al lado de Casca, pero, folk saltó a las espalda del primero asestando 3 rápidos golpes en su nuca y dejando su cuello agarrado al tronco por una fina masa de carne, saltó al siguiente, mientras y clavó sus garras una última vez en sus hombros, agarró su cabeza y con un brusco giro de muñecas le partió el cuello.

El valeroso acto de Casca había creado una apertura para Folk y este la había aprovechado. Los últimos 10 hombres que quedaban vivos ahora, se sumaban a los otros 10 cuerpos que estaban en el suelo. Como Casca se había acercado al grupo, ahora Folk se encontraba a 3 metros de él, sobre el cuerpo de su última victima. 

- KIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII - Chilló mientras babeaba. Listo para terminar lo que había empezado. 


El cubo de basura finalmente se apagó. La sangre se mezclaba con la lluvia, en la entrada del suburbio un marine rechistaba. 

- Joder - Dijo mientras escupía al suelo - Siempre me toca el puto trabajo sucio - Terminó para seguir adentrándose por las mismas calles que había entrado Casca. 

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FICHA DE FOLK

 
Bélico
[Imagen: 51pnN8x.png]
#12
Todavía lo sostengo en mi mano, tan firme como las palabras que acababa de pronunciar apenas unos segundos atrás. Un papel, más bien un trozo, reutilizado de alguna otra cosa. Eso era lo que se habían podido permitir usar. La escritura no había sido hecha con una herramienta de escritura, probablemente había sido algo más pequeño y tosco, como un hueso de alguna alimaña de la calle. Todo en ese papel gritaba, pedía ayuda desde lo más hondo de una realidad que cualquiera cuerdo intentaría ignorar, más allá de las palabras, significante por el hecho de su existencia.

La expresión escrita, quizá no el primer regalo de un dios cruel, pero sí el más importante para la evolución de cualquier especie considerada inteligente. A diferencia de las palabras, a diferencia de las acciones, el contenido del papel podría viajar más allá del tiempo, sobreviviendo milagrosamente a lo que el futuro deparase y finalmente llegaría a alguien. Aquello escrito en este no es nada menos que el esfuerzo, las esperanzas y el corazón de otra persona, transmitiéndose a mí desde el momento en que lo arranqué de aquel tablón.

Ahora, teñido del denso granate de sus autores, el papel tiene otro significado añadido. Una historia que nunca podrá ser borrada mientras viva. El cuerpo me empieza a fallar, la cabeza me da vueltas. 

La primera es mi cara, con los ojos carmesí abiertos más allá de su límite y la boca colgando en tensión, las lágrimas contenidas consiguen sobrepasar la presa y salir. Una expresión de horror absoluto.

Tres hombres comienzan a correr hacia mí, sus expresiones no aceptan la muerte pero saben que es inevitable, sus ojos... Hace apenas un instante eran de compasión, ahora están cargados de odio, me culpan.

El primero cae, seguido de un segundo. Estiro el brazo hacia el último de ellos.

— Por favor — suplica alguien, ¿soy yo? — no... — Mi voz se ha quebrado, esa es la segunda cosa en fallar.

El último cae. Su cabeza da un pequeño bote y se para en el suelo, mirándome con esos ojos. Y con ella, la tercera cosa, mis rodillas. Ceden ante mi peso y caigo sobre ellas en el pavimento. No puedo apartar la vista, esa mirada está inundada de odio.

"Quería ayudar... ¿No tengo la fuerza ni para hacer algo tan simple? ¿He sido yo? ¿Es culpa mía?" — Las preguntas se agolpan en mi mente, no hay un curso claro y sólo se suceden unas detrás de otras. — "¿Qué he hecho mal? ¿Había siquiera una opción correcta? ¿Este mal sabor de boca era inevitable?"

Folk está frente a mí, lo sé, pero ya no me importa. No encuentro motivos para luchar, estoy en trance. ¿Está esa criatura tan lejos de la salvación? ¿Por qué no ha cogido la mano que le tendía? Sencillamente nada tiene sentido.

Y así me quedo un rato, paralizado sobre mis rodillas en el suelo, aún apretando un trozo de papel.

OFF
#13
Casca se vio derrotado. No por Folk, al cual había resistido lo suficiente y había ganado la batalla de supervivencia, si no por alguien mucho más cruel: La realidad. 

Presa de su buen hacer y corazón puro Casca había sido, con su esperanza y fe, la mano que agarraba el cuchillo que los asesinó. Si hubiera seguido atacando, aquellos hombres y él ya habrían acabado con Folk o por lo menos Folk ya estaría inconsciente, incapaz de haber perpetuado aquel acto de maldad sin paragón ni justificación. Una triste verdad, pero una realidad que seguiría a Casca como la cola sigue al perro, de manera natural y biológica a no ser que un cruel amo la corté por mera estética. 

Las rodillas de Casca besaron el suelo empepado, el cual, dejó de precipitarse con fuerza y empezó a caer débilmente, parecido al llanto. Las gotas caían con suavidad y besaban la tez de Casca como queriendo darle consuelo y ayuda. El agua y la sangre corrían calle abajo libres, entremezclándse y fluyendo mientras se combinaban, tiñéndose el agua de rojo y la sangre perdiendo el espesor y la fuerza de su color.  

Folk miro rápidamente para los lados, perdido y sin ningún sentido u orientación. Débilmente corrió, sus patas patinaron y trastabilló cayendo de morros contra el suelo, retomando la carrera y saliendo disparado en la misma dirección por la que Casca había entrado en el suburbio. 

Al fondo del callejón, una figura con una capa blanca, la capa ocultaba sus facciones y bajo ella unos pantalones del azul marino sobresalían, eran unos pantalones cargo con múltiples bolsillos, llenos de municiones y balística otorgada por la marine. Apoyaba la rodilla en el suelo, empapándose y oscureciendo el tono del pantalón en esa parte. Sacó de debajo de la capa un arma y con ella, apoyando la culata en su hombro y asegurando una pose para el tiro segura suspiró. Apuntaba con un rifle de características similares al de Casca, podría decirse que esta arma era casi hermana de la que portaba el mestizo.

Chasqueó la lengua 2 veces en señal de desaprobación, mientras observaba la escena. Vio a Casca de rodillas y al Mink rata que había venido a ajusticiar correr en su dirección, su buena vista la permitió ver que estaba desangrándose y que los ojos del mink liberaban un miedo y desconocimiento parecidos a los de un animal salvaje. 

"¿Habrá sido el chico?" Pensó "Parece que está vivo" Tensó el seguro del arma para liberarlo y el sonido metálico de la bala cargando en el cañón le contesto mientras ligeras gotas de lluvia frenaban en seco contra el hierro, recorriéndolo haciendo hileras y goteando con fuerza con 2 o más caminos se juntaban. Se preocuparía del civil más tarde. 

Posó su mira en la cabeza de Folk, tensó el dedo hasta encontrar el gatillo, lo poso sobre el mismo con suavidad y delicadeza.

- Apunten - Susurró y empezó a aguantar la respiración. Folk entonces se percató de la presencia de aquel hombre, giró y se vio rodeado por Casca, miró hacia el tejado de los edificios continuos de la calle y volvió a mirar el arma que le apuntaba desde aquel hombre perfectamente colocado para un disparo certero. Folk en ese momento no era capaz de atisbar dónde se encontraba ni lo que significaba aquella situación pero su pecho martilleaba y su sangre seguía cayendo libre y a chorros por su espalda. Nada podría salvarlo, ni si quiera sabía que lo habían intentado. La inteligencia es desagradecida cuando se carece de ella y Folk era un desagradecido, pues, sin Flú nada lo separaba de ser una versión más que sus primas las ratas.
El gatillo esperaba la orden y la bala la inercia. Folk se debatía encerrado. ¿Casca? ¿Qué pasaba con Casca?  


Off:
Séptimo post y penúltimo. El siguiente post pondrá fin a tu primera aventura, espero que aparte de haber sido cruel, haber podido brindarte una experiencia a la altura de tu roleo y haberte permitido entrar a conocer los sistemas.

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FICHA DE FOLK

 
Bélico
[Imagen: 51pnN8x.png]
#14
Siempre he intentado ser justo, equilibrar la balanza. Sé que en el mundo hay personas lejos de la salvación, el rencor y la ira son algo que me ha inundado en más de una ocasión. Y aún así, a pesar de todo, no quería ser considerado el malo de la historia, todo lo contrario, quería ser ese héroe que aparece en el peor momento y salva la situación, llevando a la gente a mi alrededor a un final adecuado.

Pero los héroes tienen algo que yo no. Son geniales.

Ahí tirado, todavía en el suelo, mis pensamientos van a una velocidad que no encaja en el tiempo. La culpa de todas esas muertes ha sido completamente mía, de nadie más. Observo mis manos, manchadas no sólo con mi sangre, sino con la de otros. Con la expresión de ese niño que muerde un limón por primera vez, si los calambres tuviesen cara, la mía sería lo más cercano a ella. 

En ese estado de congelación que parece una eternidad, algo se rompe dentro de mí, la justicia a la que apelaba se vuelve oscura y se retuerce, puedo sentir como adopta una forma distinta y, al final, no se puede hacer nada. Mi piedad había sido el detonante de esta situación y por eso mismo no podía permitírmela. Después de todo... "Soy el peor tipo de bien, porque ni siquiera soy genial". Ese pensamiento final es la conclusión a la que tengo que llegar.

Aprieto el papel en mi mano una vez más antes de dejarlo caer, empapado en granate. Alguien lo verá, alguien sabrá que ha pasado aquí. Alguien será el tercer testigo necesario que entienda por qué pasan las cosas. Y aún así, aún entendiéndolo, ese alguien fallará al aprenderlo de mí. Esa es la grandeza de mi fracaso.

Con la mirada sombría y fija en los adoquines, ya no tiemblo. El dolor sigue ahí, pero ya no es el protagonista que toma control sobre la historia de mis movimientos. Vuelvo a ser el narrador y me levanto despacio, llevando la mano izquierda a la culata del Long-Range Choice al tiempo que dirijo el cañón y giro para apuntar a Folk. Dudar no es innecesario, es un error. Y estos siempre vuelven para castigar al que los perpetra.

— ¡FOLK! —, grito. — La sangre en nuestras manos... ¡ESTO NO PODRÁS LAVÁRTELO! — He estado desesperado antes, cabreado también, ahora estoy furioso. — Pero gracias por enseñármelo, ahora sé que la crueldad es piedad hacia nosotros mismos.

Hay más gente en aquella plaza, pero me da igual. Los ignoro completamente. Sólo tengo ojos para el mink rata frente a mí. El sonido de una campana en la distancia y el latido de mi propio corazón se acompasan, tocando al tiempo que la bala explosiva abandona el cañón de mi rifle. Una melodía de lamento. Qué irónico.

OFF
#15
El fin se acerca. Todo tiene un final, hasta los principios. Y no hablo de los principios de las historias o de los cuentos, si no, de los principios humanos. Folk trastabillo, su mente no era capaz de ver lo que iba a pasar. El marine retuvo medio segundo más el aire. Estaba a punto de disparar pero... 

Desde la sombra que todos proyectamos, existen voces que nos imperan, nos ruegan, nos obligan a ser lo que somos en realidad. La crudeza del mundo convierte a sus seres en criaturas a su imagen  y semejanza, pues, muy pocos deciden romper el molde con el que le forjan y Casca, en este caso, aún con su puro corazón, no había sido la diferencia. 

Hoy no se había puesto en prueba su habilidad, pues no era de extrañar para nadie que el joven mestizo disponía de un talento natural para el combate, su mente maestra en físicas y números brindaba al joven tirador de una capacidad sin parangón y un talento desorbitante para su cometido: cazar. Lo que en realidad el destino, dios o lo que quiera que mueve los hilos de las almas y su patéticas actuaciones había puesto a prueba de Casca era su corazón, esperando de él más que de los demás. Esperando de él un cambio, que fuera el tornillo que se soltaba y destruía la máquina bélica que movía el mundo, pero para sorpresa de todos, Casca, con todas las vueltas que había dado esa rueda se había aferrado y había encajado perfectamente en el engranaje que suponía él para esa maquinaría de muerte y pena que llevaba a velocidades marchadas y manchadas el planeta. 

El disparo redobló mientras las últimas gotas de lluvia caían como un llanto en la avenida del suburbio, empapando a Folk, Casca y el marine. La bala se alojó en el pecho de Folk sin salir por el otro lado, encharcando sus pulmones y astillando sus costillas mientras con pequeñas pirotecnias reventaba los vasos vasculares del mamífero. Folk miró para atrás y lo entendió, vio los cuerpos apilados, la cara de Casca, el suburbio mancillado, la muerte en su espalda. Y por un momento, desde hace muchas lunas, Folk lo vio. Vio en lo que se había convertido, vio el daño que había hecho, las vidas que se había llevado, entre las que muchos se contaban como sus amigos. Las últimas imágenes de Folk fueron una piara de cadáveres desmembrados por su propias manos, manchadas con su misma sangre, pues eso cadáveres no eran otros que los de sus hermanos. 

Y la tormenta dejó los cielos para adentrarse dentro de Folk. Las nubes grises y violentas llenaron sus pulmones, que con cada rápida respiración se encharcaban más con la sangre, como una torrencial lluvia que hacia crecer los ríos. Los truenos se convirtieron en sus pensamientos, convertidos en lucidas imágenes de lo que había echo. Repitió en un instante las últimas semanas, mientras su estomago daba un vuelco y su entrañas se apretaban hasta quedar reducías a un simple nudo. Pues lo que vio no fue otra cosa que la verdad. La cruda realidad de lo que había sido, se vio a si mismo asesinar presa de un vicio mortal, vio las caras de las personas a la que amó mirándole con miedo, escapando con pánico de él, llorando mientras rasgaba sus pieles y se vestía en la discordia y el caos. Vio como cazó sin duda ni razón a su vecinos, como devoró a sus hermanos y al final, se vio a él, se vio a si mismo convertido en lo que una vez había combatido. 

Y la lluvia paró. Pero en Folk llovió.

Sus ojos se convirtieron en cascadas. La salinidad del fluido le escocia porque estaba cargada con la culpa, amargando el sabor de sus últimos segundos. No encontró la paz, solo el dolor de ser consciente. Solo encontró el calor en su pecho que le ardía, pero no por los disparos ni la sangre, si no por el arrepentimiento. Y en su espalda le dolió la traición, pero no como la puñalada que llevaba, si no la traición que el mismo había cometido. Y al final, muy al final de aquella vorágine que le asolaban, de aquella avalancha que caía como piedras en su espalda cargadas con el peso de la responsabilidad, ahí en el fondo, en aquel suburbio, en el eslabón más bajo de la sociedad, Folk, encontró la gratitud. Con la visión borrosa, casi en nula, Folk observó a Casca como un manchurrón grisáceo con un toque blanco en su punta.

- Gra... Cias - Dijo Folk con sus últimas fuerzas, con su último aliento, dedicando a su asesino los últimos momentos de lucidez. Entonces, con la mayor pureza del mundo, rodeado de muerte, pena y sangre Folk sonrió a Casca mientras de su barbilla goteaban sangre y lágrimas en un equilibrio áspero. Aquella sonrisa hubiera encogido cualquier corazón, aquella sonrisa era un sonrisa sincera, agradecida, única. Folk estaba agradecido de verdad de que alguien le hubiera librado de ese sufrimiento. 

Los ojos de Folk se pusieron en blanco segundos después. Su cuerpo se desplomó. El silencio imperó. La paz... La paz tenía un precio que muy pocos estaban dispuestos a pagar. Y así, en aquel lugar olvidado por muchos e irrelevante para el resto Folk, el mink rata, murió.

- Tsch - Escupió el marine al otro lado de la avenida mientras rompía un poco su posición - ¿Para esto he venido? - Entonces apuntó a Casca - Quizá... - Pero negó de una cabezada rápidamente - Joder - Maldijo mientras se levantaba - Eh, tú - Habló refiriéndose a Casca - Buen trabajo  - Paró la frase mientras que con una mano soltaba el arma y rascaba su cabeza levantando un leve manto de agua, generó un pequeño arcoíris - Supongo - El marine miró a Folk y torció el gesto - Necesitamos gente como tú en la base - Se giró dándole la espalda a Casca - Igual podrías enrolarte. Ahora que yo me marcho...  - Se paró un segundo y miró al cielo que empezaba a despejarse - ¿El Grand Line, eh? ¿Estaré preparado? - Parecía ensimismado - Sobrevive chico - Había una sombra en él, no permitía que Casca viera sus rasgos aunque se fijara - Nos veremos allí - Empezó a caminar - Supongo -  Y sin más que añadir, se alejó, dejando solo a Casca con la pila de muertos y sus pensamientos. Un mal momento para pensar en echarse un cigarro. 

El silencio vuelve, pero no es solo un silencio, son varios. Y el último era el silencio más grande de todos y tapaba como un manto a los demás era el silencio de la ausencia de Folk.


Aclaraciones finales


Para el moderador a cargo
[Imagen: 51pnN8x.png]
#16
La lluvia ha empapado mis ropas y mi rostro, pero eso no tiene la fuerza suficiente para lavar la sensación que me aprieta el pecho. Folk yace ante mí, con la expresión más pura que he visto en alguien que muere. Sus ojos, antes inyectados en locura, se han apagado con un destello de gratitud que me deja helado. Esa sonrisa… esa maldita sonrisa. No debería existir en un momento como este.

Mi estómago se revuelve. Un peso que no tiene que ver con el hambre, con el cansancio o con la herida bajo mis costillas, se hunde en lo más profundo de mi ser. Esto no es como otras veces. Esto no es un simple trabajo. He visto morir antes, he sido testigo de la sangre derramada en el suelo, he sido la sombra tras el disparo. Pero nunca había visto a alguien agradecer su propia muerte. Nunca alguien me había mirado así, como si lo hubiera salvado.

Un disparo limpio, una bala bien colocada. Un cazarrecompensas debería enorgullecerse de algo así, pero lo único que siento es un vacío punzante.

Miro mis manos. Temblorosas. Ensangrentadas. Son las mismas con las que alguna vez robé pan para no morir de hambre, las mismas con las que me sostuve de los muros de Akauri para escalar lejos de quienes querían atraparme. Ahora, sostienen un arma aún caliente. Y lo peor es que lo hice sin dudar. Lo hice porque debía hacerse. Porque no había otra opción. Porque... porque tenía que hacerlo, ¿verdad?

Aprieto los dientes. La respuesta llega sin que la quiera escuchar: sí, tenía que hacerlo. No había otra opción. Y sin embargo, el precio de esa decisión me abruma.

He sido un hipócrita. Me he dicho a mí mismo que hay líneas que no debo cruzar, que no soy como los que matan sin pensarlo. Pero al final, ¿qué soy? Un engranaje más en esta máquina de muerte que mueve el mundo. He seguido el camino que se espera de alguien como yo, sin rechistar, sin intentar siquiera salirme de él. He disparado, y ahora tengo que cargar con lo que eso significa.

Si quiero seguir vivo, si quiero seguir caminando sin que el peso de los muertos me aplaste, entonces debo aprender a mentirme mejor. Debo ser más fuerte, más frío, más calculador. No puedo permitirme sentir esto cada vez que le arrebato la vida a alguien. Porque si lo hago, no tardaré en ser el siguiente en el suelo.

Miro alrededor. Veinte cadáveres. Veinte personas que murieron por la locura de Folk, por su desesperación, por la espiral que lo devoró. Y ahora él también es parte de esa pila. No lo dejaré aquí. No puedo hacerlo.

El marine se marcha con sus palabras resonando en mi mente. "Buen trabajo." "¿Para quién? ¿Para qué? ¿Para ellos? ¿Para mí? ¿Para un mundo que ni siquiera pestañea ante esto?" Pienso.

El aire huele a sangre y a pólvora, pero el viento seco comienza a borrar los rastros más evidentes de la masacre. No es suficiente. No lo será nunca. La sangre sigue ahí, adherida a la piedra, a mis ropas, a mis manos. Bajo la mirada y las observo otra vez, estas manos con las que he disparado, con las que he arrebatado vidas.

Y ahora, con estas mismas manos, voy a enterrar los cuerpos.

No tiene sentido, lo sé. No va a cambiar nada. No va a devolverles lo que perdieron ni va a hacer que el mundo sea un lugar mejor. Mañana o pasado, los suburbios seguirán llenándose de cadáveres anónimos. Pero si los dejo aquí, amontonados como carne podrida, será como aceptar que sus vidas no valieron nada. Y eso… eso sí que no puedo soportarlo.

Me agacho junto al primero. No sé su nombre, ni quién era antes de todo esto. Sus ojos están abiertos, fijos en el cielo despejado que llegó demasiado tarde para él. Me cuesta cerrarlos. Es diferente hacerlo con alguien al que prácticamente mataste tu. El peso de sus párpados, la rigidez de su piel… es la diferencia entre ver la muerte y ser quien la causa.

Uno por uno, los cargo en mi espalda. Algunos pesan más que otros, pero no es solo la masa de sus cuerpos lo que me aplasta. Es la certeza de que nadie va a llorarlos. ¿Quién los extrañará? ¿A quién le importará lo que pasó aquí esta noche? El mundo seguirá girando, la ciudad seguirá con sus miserias, los barcos partirán y la gente reirá en las tabernas sin saber que en un callejón de Akarui, veinte hombres yacieron en la muerte como lo hicieron en la vida: olvidados.

Camino con los muertos a cuestas, mis alas escondidas bajo el abrigo sucio. Es un trabajo lento, doloroso. Con cada cuerpo que dejo en la tierra seca, con cada metro que avanzo hacia las afueras de la ciudad, el peso en mi pecho se hace más grande. La herida en mi costado late con fuerza, pero el dolor es secundario. No puedo detenerme. No hasta que termine.

El último es Folk. Lo levanto con más dificultad de la que quiero admitir, no por su peso, sino por lo que significa. Aún tiene esa sonrisa en la cara. Esa sonrisa que no debería existir.

— Mierda Folk —susurro, aunque mi voz no tiene rabia, solo agotamiento.

Camino con su cuerpo en los brazos hasta donde he cavado las tumbas. No es un entierro digno, pero es lo mejor que puedo hacer. Miro la pila de tierra a mis pies, las cruces improvisadas con pedazos de madera podrida.

Y entonces me detengo.

¿Qué se supone que tengo que hacer ahora? ¿Rezar?

Me río para mí mismo. Suena áspero, vacío. No recuerdo la última vez que recé. Quizá cuando era niño, antes de entender que los dioses no tienen nada que ver con la gente. Pero... ¿Merece la pena rezarle a algo que no escucha? ¿A algo que permite que esto pase una y otra vez?

Si hay un dios ahí arriba, se ha burlado de nosotros desde el principio. Nos ha hecho débiles, nos ha dado hambre, miedo y vicios que nos consumen, y luego nos deja aquí, en la mugre, peleando entre nosotros como bestias.

Miro las tumbas.

Si los dioses existen, deberían haber bajado aquí. Deberían haber detenido la bala que disparé. Deberían haber susurrado a Folk antes de que se convirtiera en un monstruo.

Pero no lo hicieron. Nunca lo hacen.

Así que no. No voy a rezar.

Pero sí voy a recordar.

Cierro los ojos un momento, respiro hondo. Y con el último puñado de tierra cubriendo el rostro de Folk, dejo que el viento se lleve lo que queda de esta noche.

Es cierto, debo aprender a mentirme mejor, tanto como mi corazón lo permita.

— No se puede hacer nada... Podríamos haber compartido uno, idiota — Digo mirando la cruz del mink rata mientras enciendo un cigarro.

Y con eso. No hay plegarias. Solo el silencio. El silencio de un hombre que espera la muerte.

SE ASCABO!
#17
Aventura Tier 2 Completada

Ashura obtiene: (Narrador)
  • 15 Mugiwaras.
  • 30000 berries 
  • 20 Reputación

Casca Belles obtiene: (Participante)
  • 10 Mugiwaras.
  • 20000 berries 
  • 20 Reputación

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