[T1 Autonarrada] Cazando a Patadas
#1
Día 38 de Invierno, Año 15.

La mink había llegado a esa isla hacía un tiempo, la frondosa vegetación y el extenso bosque le recibieron como si fuese una extensión de su hogar. Acostumbrada a cazar, su entrenamiento consistía en el mero hecho de intentar sobrevivir. Sus pasos rezonaban entre los sonidos de la vegetación, mientras cargaba a su última presa, un jabalí que le daría suficiente carne para otra semana. El recuerdo de su pelea todavía era reciente, pero no había mucho que reseñar más que las gotas rojas en sus punteras donde se había acumulado el llanto del cuerpo de aquel animal. Su improvisado campamento entre la armonía natural le recibió, colocó al jabalí sobre las gruesas hojas y comenzó la tarea de seccionar la carne. Su tribu siempre había vivido de esa manera, salvaje y reducidos a la discriminación por unas costumbres diferentes, lejos de ser los canibales que pintaban siempre habían sido amigables pero al moverse tanto el exceso de ropa llegaba a molestarles. ¿Qué había de malo en tomar lo que la naturaleza les ofrecía?

Se encogió de hombros, mirando su reflejo en el agua, sus tatuajes brillaban por el sudor y unas motas rojizas pintaban el círculo dorado en su frente. Sus garras embadurnadas en sangre, pero la satisfacción del alimento cuidadosamente seccionado era algo que nada podía quitarle. Sus largas orejas se alzaron, su agudo olfato detectó al carroñero justo antes de que este se lanzara a por uno de los trozos. — ¡Patada Normal! — gritó extendiendo su pierna tras una breve carrera, la punta del zapato hundiendo el hocico del lobo hasta girar y enviarlo a volar unos cuantos pasos hacia atrás. Su chaqueta ondeaba en el aire antes de ser lanzada contra el suelo, crujió los nudillos observando a dos lobos más salir de la espesura gruñiendo.

Chasqueó la lengua, flexionando una rodilla mientras su pie les daba la bienvenida, el último nombre no le había convencido. — ¡Patada Genialosa! — un barrido lateral que se incrustó en el costado del animal y lo envió contra su compañero, pero otra vez, el nombre ese maldito nombre, que no terminaba de convencerle en lo mas mínimo. Los tres lobos se encontraban en el suelo, vivos pero a lo mejor con algún hueso menos, a Berry no le agradaba matar pero la naturaleza era cruel con los blandos y su comida no entraba en debate. Usar esa clase de patadas no era justo, pero nunca subestimaba a nadie, en la vida se jugaba todo y su fuerza nunca mermaba incluso con oponentes tan insignificantes como tres lobos hambrientos.

Su olfato volvió a agudizarse, un nuevo animal, uno mas grande entró en escena, un gran oso de pelaje azabache rugió al ver la comida. — No hay miel para tí, pero si quieres puedo darte un buen surtido de patadas... — sonrió lanzando el primer golpe contra la cabeza del peligroso depredador. Su carrera fue corta antes de flexionar sus piernas y saltar, desorientando al animal mientras bajaba girando como una rueda y su pie izquierdo se incrustaba entre los ojos de su contrincante. — ¡Missionnaire! — un nuevo nombre, mucho mejor que los anteriores, colocó sus manos sobre el cuello del oso mientras giraba su cuerpo moviendo su cola de lado a lado. — Brouette[/size] [size=1]— una nueva patada no se hizo esperar, golpeando fuertemente el hocico de su oponente para mandarlo al suelo, que tuviera poca ropa encima no significaba que un oso de peluche pudiera dominarla. — ¡Levrette! — ambas piernas cayeron aplastando el pecho del animal pero eso no había terminado, las patadas siguieron llegando una tras otra, una sucesión constante de nombres seguidos por el ruido sordo de sus golpes sobre la carne del duro oponente. Finalmente la mink dio unos cuantos saltos para girar en el aire, avanzando hasta estampar al oso contra unas rocas cercanas. — Y ese fue el Destornillador... — sacudió sus garras como si fuese un trabajo bien hecho, ahora tenía que destripar también al oso, sonrió jadeando mientras tomaba la chaqueta del suelo y la usaba para tirar del cuerpo inerte. Le esperaba un día largo, pero al menos, durante unas cuantas semanas no debería buscar más comida.

Horas mas tarde, cuando ya se había encargado de ambas presas y creado una improvisada frasada de piel de oso, se metió al lago para refrescarse. La lluvia de la cascada y la luz de las estrellas acariciaban su desnudez, mientras la sangre y el sudor se licuaban de su cuerpo. Sacudió su larga melena, mientras el crepitante fuego de su campamento le indicaba el camino de regreso, esa isla era como su propio paraíso aunque extrañaba regresar a una tribu que al menos tuviera personas. Sus garras se clavaron en el filete que tenía como cena, mientras un mordisco despedazaba la jugosa carne de quien hace poco había sido un oponente. En la oscuridad del bosque, la luz de su fogata parecía ser única, pero en un destello le pareció vislumbrar otras luces en el horizonte. Lejanas, más no imaginarias, parecían provenir de una zona mucho más alejada a los límites que había acostumbrado utilizar para cazar y entrenar. — No creo que pueda ser malo, llevo mucho tiempo sin ver a otros, me he fortalecido desde que salí de Zou y extraño el aroma de otra hembra... — masculló para sus adentros cubierta solo por su frazada improvisada mientras su ropa y sus punteras colgaban sobre la luz de su campamento. Ir en aquella dirección parecía ser el siguiente paso, su cuerpo poco a poco se había adaptado a la rudeza del mar y ahora con renovada confianza sentía que podía afrontar cualquier reto. Pero ya sería al otro día, de momento, giró su cabeza buscando aclarar sus pensamientos en sus sueños.

Y entonces soñó con las bellas tierras de su Zou natal, como una zorra pequeña que caminaba por un jardín enorme lleno de árboles frutales de todo tipo. El aire estaba fresco y el sol iluminaba las aguas que caían desde el cielo. La pequeña mink se acercó a un manzano, cuyas manzanas brillaban como rubíes cristalizadas, casi irreales. Al tocarlas, caían solas al suelo y al romperse, liberaban un jugo dorado, como miel fresca pero con sabor a chocolate. Avanzó tras beber aquel elixir y vio un campo de fresas,  cuando las tocaba, se deshacían en sus garritas, dejando un aroma dulce y pesado pero sin poder comerlas.

De repente, un árbol de plátanos apareció frente a ella, pero en lugar de plátanos, tenía racimos de uvas doradas. Al probarlas, su sabor era una mezcla de arroz con carne de jabalí. Mientras caminaba por este paisaje surrealista cada vez más alejado de Zou, se  encontró con un río de jugo de naranja que fluía a través del jardín, reflejando un cielo rosado. Al intentar beber de él, la mink fue arrastrada por un tobogán descendente hasta caer de cabeza dentro de una montaña de panecillos.

Casi al final del sueño, se  encontró con una enorme sandía que hablaba, diciéndole que la fruta más deliciosa es la que se comparte. La zorra no pareció entender la frase, pero en ese instante todo se volvió oscuro y el sueño dejó de existir.

El aroma desconocido logró despertarle, una sombra se avalanzaba sobre su cuerpo pero sus reflejos fueron más rápidos y una poderosa patada al cuello fue lo que el primer cazador recibió como saludo. — Sixtynine — un susurro se alzó en la quietud de la noche. — ¡Maldición Rick te dije que eran falsas! — gritó el otro mientras alzaba su sujetador, Berry respondió, como no podía ser de otra forma con una fuerte patada al mentón recogiendo su ropa interior y colocandola de inmediato más por sorpresa que por pudor. No le molestaba estar desnuda enfrente de un par de idiotas, pero al menos le hubieran pagado, un tercer hombre salió de la espesura con un rifle pero lejos de apuntar a Berry se llevó la mano a la cara. — Los dejo solos dos segundos y ya están molestando a una zorra, o lo que sea que sea esa cosa. En mis tiempos los animales no hablaban, ni tenían pechos...— bramó el hombre mientras los otros dos sujetos se levantaban a duras penas. Se habían salvado de que la zorra no tuviera sus punteras puestas aunque la mink lejos de estar molesta se sentía curiosa al ver a 3 sin pelos y uno en especial calvo llegar a ese lugar.

— ¿Quienes se supone que son? — suspiró rascando su cabeza, sentada sobre sus piernas traseras y lamiendo uno de sus brazos como si se tratase de un loco experimento que salió mal aunque su belleza exótica cautivaba tanto a conocidos como extraños. — Soy Rick y este es mi terreno, trabajo aquí con mi padre y mi mascota Chum. — el calvo explicó mientras el viejo se quejaba que de momento la propiedad era suya porque todavía no había muerto y el más joven negaba ser una mascota. Los tres hombres le explicaron que vivían a unas hectareas de distancia pero que muchos habitantes habían reportado gritos extraños y visto fuego por lo cual ellos como guardabosques decidieron dar un vistazo, disculpando el viejo por la actitud pervertida de los dos primeros que tenían bien merecidas las patadas. Tras esto, le ofrecieron a la Mink visitar el pueblo, dado a que les parecía un horror que una mujer tan bonita vagase sola por ahí (aunque el viejo era el único que no desvariaba y le invitaba porque había visto que no era alguien ordinario). La mujer se encogió de hombros, ya tenía la intención de explorar las luces y ahora que estaba invitada. ¿Quién era ella para negarse? Pero esto, ya sería parte de otra aventura.
#2
Aventura Tier 1 Autonarrada Completada
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