[Presente Relativo-Entrenamiento] Vecinos de antaño
#1
Atributos Personaje


Día 66 de Verano, Año 15
23:10 Hrs
Barco de la Armada Revolucionaria - Mar que rodea Korossasu


Beto, por razones obvias, veía el mundo a través de una oscuridad absoluta. Era incapaz de imaginar el mar, la tierra, los árboles, la luna o las estrellas. Aquella noche era hermosamente oscura, con la luna tapada por espesas y largas nubes que impedían que aquel satélite natural alumbrara como de costumbre la costa de Korossasu.

— Por favor, siganme a mi casa. Dios se encargará de acompañarnos y de llevarnos sanos y salvos a casa—dijo Beto mientras usaba su látigo para golpear la tierra y guiarse mientras caminaba.

— ¡Oye, Beto! ¡Por allí está el mar! —le gritó uno de sus compañeros al ver que Beto empezaba a caminar en dirección al agua.

Una gota de sudor recorrió la frente de Beto, y empezó a rascarse la cabeza al pensar que él no sabía cómo orientarse así mismo y mucho menos guiar a otros.

— Que Dios se apiade de nosotros y que me perdone por mi ineficiencia —dijo Beto apenado—. Tengo que confesar que no se como llegar a mi cabaña desde aquí. Ni siquiera sé dónde estamos. Lo mejor es llegar al pueblo y que nos ayuden desde allí

— No te disculpes Matashita. Es evidente que no deberíamos ponerte esa carga como si fuese fácil para ti orientarte. Fue desconsiderado de nuestra parte. Busquemos el pueblo y veamos si alguien está despierto y dispuesto a ayudarnos —dijo uno de los soldados superiores de Beto—. Desde aquí se ven ciertas luces, debería quedar el pueblo en esa dirección.

— Lamento mucho causarles tantas molestias. Aceptaré cualquier castigo. Que Dios tenga piedad de mí. Amen. —dijo Beto.

Tras ese cruce de palabras los Revolucionarios empezaron su movimiento en dirección a pueblo Cobo al tiempo que intentaban guiar a Beto que siempre iba a la dirección contraria a la que le decían. Los pasos del gigante se escuchaban como fuertes golpes a la tierra. Definitivamente desapercibidos no pasaran ¿Qué acontecimientos ocultaría la noche? ¿Permitiría Dios que llegaran a su destino sin problema alguno? Quién sabe.

OFF
#2
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Atributos Personaje

Día 66 de Verano, Año 15.
Korossasu.
Pueblo Cobo, 23:10.




Volaba a una velocidad constante, bordeando la linde del bosque. El aire traía sal y algo más… vibraciones. Algo no encajaba.

Fue entonces cuando lo vi.

Allí, en medio del camino que daba a Pueblo Cobo, una figura gigantesca, envuelta en una capa negra como un alga seca, avanzaba tambaleante con un látigo en mano. A su alrededor, otras siluetas más pequeñas lo seguían, todas cubiertas con capuchas. La escena parecía sacada de un mal recuerdo.

—…¿Pero qué cojones…?

Fruncí el ceño. La figura parecía ir de un lado a otro, torpe, casi como si estuviera borracho. Movía el látigo sin ritmo. Uno de los encapuchados trataba de orientarlo. El gigante apenas respondía.

Mi cuerpo se tensó.

—¿Un grupo encapuchado siguiendo a un gigante con látigo hacia el pueblo a estas horas…?

Todo olía a problema.

Miré la distancia. Unos treinta metros.
Me mordí el labio. Estaban cerca de llegar a las casas. Si eran bandidos o algo peor, no podía esperar a ver qué pasaba.

—Joder… no quería liarla tan pronto…

Inspiré hondo. El fuego en mi espalda reaccionó. Me incliné hacia delante, dedos en tierra, piernas listas.

—Leña al mono.



Sin pensarlo más, salí volando disparado.
El aire silbó en mis oídos. Mi cuerpo cruzó los primeros 4 metros como una flecha viva. Justo ahí, paré y lo hice. 

—¡Sal puto gato!

Mis piernas se alargaron, las zarpas se afilaron. Los músculos se tensaron como cuerda de acero. El fuego brotó desde mi espalda hasta envolver mis brazos. La trenza se agitó como una llama enloquecida.



Ya a 11 metros del objetivo, y con el impulso cogido, bajé a cuatro patas. Las garras hincadas en la tierra, la katana Kurimuzon firmemente sujeta en la boca.

—¡¡Shishi Geki!!

La explosión de impulso fue inmediata.
Avancé con violencia, el suelo temblando bajo mis zancadas. La figura negra se giró, tarde. Justo al alcanzar el rango, me incorporé desde abajo, agarré a Kurimuzon con las dos manos y con una zancada baja lancé un corte ascendente directo a la mandíbula del gigante.

¡CLANG!

El impacto resonó como un trueno ahogado. El cuerpo colosal se tambaleó hacia atrás y cayó con fuerza al suelo, levantando una nube de polvo y hojas secas.

La katana brilló en la noche mientras yo me incorporaba despues de mi ataque. 

Me llevé el cigarro a los labios, lo encendí con un chasquido de dedo. La brasa iluminó mi rostro por un segundo.

Inhalé.

Soplé el humo despacio, sin prisa, con la mirada fija en el gigante derribado.

Apunté con la katana en línea recta hacia él. La voz me salió firme, sin gritar.

—Korossasu duerme, ¡capullos! y yo no permito que nadie la despierte a latigazos.


El polvo seguía bajando lentamente.

Y entonces, como quien no quiere guerra pero no le teme, me quedé allí.
Esperando explicación. O represalia.


Resumen


Bélico


akuma



Inventario


Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 903 + 0 = 903
Energia: 870 - 114 = 756
Espiritu: 186 + 0 = 186
#3
Atributos Personaje


— Aquello que huele a gallina asada se acerca y cambio su olor de repente. Eso es algo inusual —pensó Beto al percibir el olor y el sonido de algo que se acercaba.

De repente el golpe resonó en el mentón de Beto haciendo que cayera de espaldas.

— ¡Por Dios! ¿Qué clase de criatura en la isla ataca así en la oscuridad? —pensó Beto—. ¿El pueblo estará seguro?

El suelo tembló por el peso del gigante al caer, levantando una nube de polvo que, como es obvio, los ojos de Beto no podían ver, pero sí podía sentir que el aire áspero llenaba sus fosas nasales.

Mientras Beto caia sus compañeros revolucionarios gritaban con sus voces llenas de sorpresa y alarma. Beto logro alcanzar a escuchar el sonido de armas desenvainándose.

— ¡¿Qué demonios fue eso?! —exclamó uno de los revos—. ¡Beto! ¿Estás bien?

El gigante tosió, mientras se levantaba muy lentamente sin soltar su látigo. La mandíbula de Beto dolía como si una roca lo hubiera golpeado. Sin embargo el daño no había sido nada grave, un pequeño rasguño a lo mucho.

— Estoy... estoy bien, gracias a la misericordia de Dios —dijo el gigante con dificultad— ¿Qué nos atacó?

— ¡Es una especie de bestia! —gritó uno de los compañeros de Beto. ¡Es una gran bestia Beto! Por lo que veo es increíblemente rápida y fuerte!

— ¡Y tiene una espada! —añadió otro.

— ¿Una bestia con una espada? ¡Por la gracia de Dios! ¿Qué clase de criatura había invadido la isla? —pensó Beto—. Grande, rápida, fuerte... y con una espada. No sonaba como ningún animal que conozca.

Mis compañeros revolucionarios se pusieron en formación defensiva a mi alrededor, con sus armas apuntando hacia la dirección del ataque. Podía sentir su determinación, su voluntad de protegerme a pesar de mi torpeza. ¡Que Dios los bendiga por su lealtad!

Luego de haberse puesto de pie con dificultad, Beto apretó su látigo, que aunque era una herramienta para guiarse, también podía ser un arma improvisada en manos de un gigante.

El gigante escuchando la respiración de la aparente Bestia y percibiendo su olor característico se dio cuenta de que se encontraba a unos 3 m de distancia, y en un rápido movimiento horizontal con su látigo la atacó.

— Por favor, vayan todos en dirección al pueblo —le dijo Beto a sus compañeros—. Yo hare de distracción.

OFF
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1568 - 91 = 1477
Energia: 934 + 0 = 934
Espiritu: 45 + 0 = 45
#4
Atributos Personaje


Día 66 de Verano, Año 15.
Korossasu.
Pueblo Cobo, 23:15.





Estaba flipando con el hecho de que el gigante se levantase tan tranquilo sin ningún rasguño, cuando de la nada...


¡CHSSHT!


Ni lo vi venir.

Un zumbido seco rasgó el aire y de pronto algo me estampó en el pecho con una fuerza absurda, como si una muralla me hubiese embestido sin previo aviso.

El cigarro salió volando. Yo no.

El impacto me arrastró medio metro hacia atrás y me hizo hincar una rodilla contra el suelo, como si el propio Korossasu me recordara que no soy de acero. Sentí el cuero vibrar sobre mis costillas. No dolía… pero joder, se notaba que aquello venía de algo grande.

Me incorporé lento.
Mi mano derecha temblaba, no por miedo, sino por pura rabia contenida.

—¿Un látigo…? ¿En serio me ha dado con puto un látigo?

Levanté la vista. A tres metros de mí, la figura del gigante seguía allí. Postura defensiva. Capa ondeando. No venía corriendo. No rugía. No atacaba como un animal.
Y aún así…

—¿Qué nos atacó? —había dicho antes.

"¿Nos?"

Algo no cuadraba.
Pero no era el momento de pensarlo. Aún no.
Primero lo iba a hacer pagar por mandarme de rodillas.

Chasqueé los nudillos, me agaché a cuatro patas, y salí disparado como un proyectil bajo, directo hacia él.

Tres metros. Línea recta. Ni un ruido.

Me deslicé por el suelo justo entre sus piernas como una sombra caliente. El calor de su cuerpo era asfixiante a esa distancia. La tierra temblaba bajo su peso. Pero yo no frené.

Me incorporé en seco.

Con un giro limpio, casi felino, lancé un corte lateral con Kurimuzon, directo a su pierna izquierda.
No una técnica. No una floritura.
Solo acero, velocidad, y un cabreo del tamaño de una hoguera encendida.


¡SHHHK!


El filo zumbó al cortar el aire, y en un parpadeo ya estaba detrás de él, a unos cuatro metros, justo al lado de un árbol enorme que crujía con la brisa del mar.

Me llevé otro cigarro a los labios.
Lo encendí con el dedo, sin prisas, mientras el humo subía lento, como si nada hubiese pasado.


Solté la primera calada con calma.

—No me gusta repetir las presentaciones, capullo.
—Tienes dos minutos para coger a los perros que llevas contigo, metertelos por el culo y salir cagando hostias de Korossasu. 


Dicho eso, bajé el centro de gravedad, deslicé un pie hacia atrás y me coloqué casi a cuatro patas, con Kurimuzon en la mano derecha, hoja hacia atrás, como un animal listo para saltar.

El fuego de mi espalda se alzaba suave, pero firme.

Estaba preparado para el siguiente movimiento.



Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 903 - 28 = 875
Energia: 756 + 12 = 768
Espiritu: 186 + 0 = 186
#5
Atributos Personaje


El golpe del gigantón parecía haber dado de lleno, ya que la vibración de sus manos le indicaba que algo había golpeado. Beto no estaba del todo acostumbrado aún al conflicto, pero debía proteger a sus compañeros mientras llegaban al pueblo y sobre todo evitar que esa bestia llegase a donde los aldeanos seguramente descansaban tranquilamente.

— ¿Habrá sido suficiente para acabar con la bestia? —pensó Beto sin poder ver el resultado de su ataque—. Espero que Dios me perdone por tanta violencia.

Beto luego del ataque recogió su látigo, cuyo mango estaba en su mano derecha y trataba de escuchar atentamente para no perder los movimientos de aquella criatura. En la mente del amable ciego se preguntaba muchas cosas, sobre todo el origen de aquel animal. Si algo así estaba en la isla probablemente haya sido traído por alguien.

Según los sonidos y olores que traía el viento hacia Beto podía deducir que sus compañeros estaban ya en sitio seguro. Así que no hacía falta que se contuviera si hacía falta. Si bien no atacaría a otros seres humanos o seres pensantes, con una bestia era distinto. Incluso podría preparar un asado con ella, aunque el olor era extraño.

De repente. mientras el gigante pensaba sintió como algo le pellizco en la parte interna del muslo. ¿Fue aquel animal? Si, había sido aquello, pues su olor había cambiado de posición, pero Beto no podía determinar del todo hacia donde se había ido, era rápido.

Un olor a cigarrillo apareció detrás de Beto ¿Un animal que fuma? Beto se volteó hacia donde se encontraba el olor a cigarrillo. Y en el transcurso del movimiento aquella criatura habló. Lo que le permitió a Beto determinar su posición.

— Aquella criatura con olor a tabaco y capaz de hablar no puede ser un animal —pensó Beto—. Tiene que ser un demonio. Dios tenga piedad de mi. Protégeme señor con tu espíritu.

Beto realizó un ataque simple pero potente con su látigo de nuevo, un ataque capaz de dejar marcas en la piel a cualquier persona corriente. El ataque iba dirigido a donde Beto creía que se encontraba la criatura en base a su voz y el olor a tabaco.

Las palabras fueron de amenaza, vulgares y de cierta manera hablaba como si Korossasu estuviera en su dominio o poder. Algo que hizo que el amable Beto frunciera el ceño. No permitiría que los pobres aldeanos de la isla, ni sus colegas sufrieran en manos de un demonio. Si Dios lo había llevado hasta aquí era porque deseaba que purificara aquella criatura impura con sus manos y con su látigo.

— No escucharé las palabras de un demonio —dijo Beto en su tono invariable y cortés—. Por favor, sal de esta isla y olvídate de este pueblo. De lo contrario, no habrá más opción que la violencia y con la protección de mi Dios te sacaré yo. Amén.

OFF
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1477 - 1 = 1476
Energia: 934 + 0 = 934
Espiritu: 45 + 0 = 45
#6
Atributos Personaje



El latigazo me alcanzó de lleno en el hombro.
Un golpe seco, denso, de esos que te sacuden los huesos.
Solté un gruñido entre dientes, pero no retrocedí ni un maldito paso.

—¿Sabes una cosa? ¡Tienes buena muñeca! —escupí, mientras flexionaba las piernas como una bestia lista para saltar.

No sabía quién era. Sólo captaba su voz seria, su rezar extraño... parecía algún tipo de fanático.
Me daba igual.

Además... Me acaba de llamar "Demonio"... 

Me lancé hacia adelante, rompiendo la tierra bajo mis pies en una carrera baja y violenta.
Cuatro metros a ras del suelo, como un proyectil sucio.
Sentía el hombro ardiéndome, como gasolina en las venas.

En el momento justo, solté toda mi energía:

—¡Shishi Geki!

Mis pies abandonaron el suelo.
Kurimuzon, firme en mi boca, brillaba bajo la luz.

Me impulsé como un animal salvaje, trepando con fuerza y furia por el cuerpo del gigante. Unos 15 metros hasta la barbilla de el gigante.
Cada metro ganado era un rugido silencioso.

Cuando alcancé su mandíbula, agarré Kurimuzon y solté un tajo directo y brutal,
cortando con toda la rabia concentrada en el filo.

Sentí el impacto como un trueno bajo mi palma.

El gigante empezó a tambalearse.
Pero yo no pensaba darle respiro.

Mientras caía a cámara lenta, gire sobre mí mismo, y en medio de la voltereta,
Kurimuzon silbó en el aire, abriendo una segunda herida limpia a la altura de su estómago.

Aterrizé de pie, el polvo levantándose a mi alrededor, la katana en alto, la respiración agitada pero firme.

Me quedé ahí, observando sin pestañear, mientras aquel coloso caía como un templo viejo.

—Bueno, ¿piensas irte ya... colega?. —murmuré, girando a Kurimuzon y apuntándole con el filo. 

Todavía no sabía quién era.
Solo sabía que no pensaba dejarme aplastar por un sermón con patas.



Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 875 - 26 = 849
Energia: 768 - 72 = 696
Espiritu: 186 + 0 = 186
#7
Korossasu era algo valioso en la vida de Beto, era eso lo que justificaba su accionar a pesar de su naturaleza pacifista y de diálogo. Con seres comunes podía dialogar, pero con lo que él consideraba un “demonio” jamás. En su religión, los demonios eran seres malignos que iban en contra de su Dios, que algunas veces actuaban influenciado a las personas y otras se manifestaban físicamente.

El latigazo de Beto había viajado hasta su oponente realizando un recorrido horizontal mientras se escuchaba un silbido al atravesar el viento, silbido que luego paso a ser un golpe seco al impactar contra aquel demonio. Lamentablemente nuestro amigo gigante era incapaz de darse cuenta que tanto daño había hecho o de qué manera podría contraatacar aquella criatura. De momento, Beto solo sabia que la criatura tenía alguna especie de arma filosa ya que podía sentir en su piel pequeños cortes que no eran de preocuparse.

— Ahora ¿Qué hará? —pensó Beto mientras ponía todo su esfuerzo en escuchar y oler atentamente cualquier cambio a su alrededor.

De nuevo, la criatura había hablado, gracias a eso Beto podía saber dónde se encontraba. Sin embargo antes de que Beto pudiera realizar movimiento alguno sintió como la criatura subía por su cuerpo a gran velocidad.

En un instante se encontraba cayendo nuevamente con otro ligero corte en la mandíbula y con su cabeza dando vueltas debido al golpe. Que si bien no era un corte profundo, era uno cargado de la fuerza suficiente para tumbar a un gigante. Y la bestia no conforme le realizo un segundo corte, mucho mas débil en el abdomen de Beto.

Tras aquel ataque, Beto cayo de espalda y la bestia aterrizó sobre su abdomen y habló nuevamente. Era peligroso, había que exorcizar a ese demonio antes de que alguna desgracia ocurriera.

Sin pensarlo dos veces, al sentir a la bestia en su abdomen, atacó con el látigo que tenía en su diestra dos veces, como si estuviera tratando de cazar a una mosca. Tras realizar los dos latigazos a riesgo de recibir su propio ataque, Beto intentaría ponerse de pie, una vez más.

— Quítate de encima, bestia infernal. En el nombre de mi Dios te repito, que daré mi vida si es necesario para desaparecerte —dijo Beto mientras intentaba levantarse con dificultad.

OFF
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1476 - 92 = 1384
Energia: 934 + 0 = 934
Espiritu: 45 + 0 = 45
#8
Atributos Personaje


Sentí el latigazo atravesarme de lleno.
Primero en el hombro, luego en el costado.
No era un daño grave, he sufrido golpes peores...
pero el impacto me hizo retroceder unos metros sobre el abdomen del gigante.

Mi cuerpo se arqueó instintivamente, y con ello, la bestia que dormía dentro de mí despertó.

Un rugido salvaje brotó de mi garganta, mezclándose con el de una pantera furiosa,
llenando el aire entre los dos con la furia contenida de un depredador herido.

Vi, entre jadeos y movimientos torpes, cómo el gigante intentaba levantarse, tambaleándose.
El corte anterior había hecho su efecto: sus sentidos estaban embotados, sus movimientos lentos.

Mientras retrocedía arrastrándome por su abdomen, sentí de pronto algo incómodo.
Mis botas rozaron... una zona que mejor habría preferido no pisar.
Una rápida mirada me confirmó el desastre: ahí estaban.
Un par de atributos gigantescos, desafiando toda lógica.

—Vamos no me jodas... —pensé, forzando una mueca de fastidio.

No había tiempo para bromas internas.
Mi cuerpo se impulsó hacia atrás con fuerza, apoyándome con las palmas en el vientre del gigante,
y realicé una voltereta baja en pleno aire, hacía atrás, con el objetivo de salir de aquellas dos grandes.... Prefería ni pensarlo, eso sí, ese gigante iba a saber lo que se siente cuando te cortan las pelotas.

Mientras giraba, Kurimuzon brilló en mi mano. Un tajo horizontal, a ras de la carne blanda,
lanzado con la precisión de un asesino de circo.


Aterricé a unos dos metros de distancia, deslizándome con elegancia sobre la hierba.
Me incorporé sin perder de vista al gigante tambaleante,
sujetando Kurimuzon firmemente con ambas manos,
mi pecho subiendo y bajando por la tensión,
mis ojos clavados como dos carbones encendidos en su gigantesca figura.

La próxima jugada sería suya.
Yo ya estaba listo para cobrármela.


Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 849 - 78 = 771
Energia: 696 + 12 = 708
Espiritu: 186 + 0 = 186
#9
Por un momento Beto pensó que aquella criatura no podía ser muy inteligente. A pesar de tener la capacidad de hablar quizá no era capaz de razonar eficazmente. Después de todo se estaba dejando golpear de un ciego tan ridículamente. Aunque a lo mejor era una burla. ¿O no se había dado cuenta de que estaba peleando con un invidente?

Beto pudo determinar que su ataque había dado en el objetivo por el jadeo de su enemigo, y por la cercanía de su olor. Qué aroma tan extraño. ¿Era olor a gato?  No. ¿Era olor a gallina quemada? No. Quizá el fuerte aroma a tabaco confundia el sentido del olfato de Beto.

Mientras el amable y ciego gigante intentaba levantarse del suelo, sintió como la bestia empezaba a moverse hasta tocar indecorosamente sus partes nobles. Un demonio pervertido. ¿Sería acaso un incubo pervertido?

— Que Dios te reprenda bestia pervertida. Amen —dijo Beto justamente antes de sentir como aquel animal lastimaba sus dos tesoros.

Al sentir el ligero daño en sus amigas gigantes la reacción de reflejo fue apretar las piernas fuertemente como si de una pinza se tratara. Y la bestia, que había saltado hacia atrás dos metros, se encontraba entre las piernas de Beto en ese momento.

La fuerza con la que Beto apretó las piernas era suficiente para retener hasta a la más feroz de las bestias, era como una trampa para osos versión gigante. Ante la ligera molestia en su entrepierna, Beto apretó el látigo con su mano derecha. Mientras su mano izquierda se elevaba en forma de puño buscando el medio de las dos piernas como una cría busca a su madre.

Contenido Oculto


OFF
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1384 - 1 = 1383
Energia: 934 + 0 = 934
Espiritu: 45 + 0 = 45
#10
Atributos Personaje



Lo sentí al instante.
El cuerpo del gigante se tensó como un resorte a punto de estallar.
Algo en su respiración, en el temblor del suelo bajo mis pies...
me gritaba que venía algo feo.

Y lo vi.

Las piernas del gigantón empezaron a cerrarse con violencia.
Un maldito abrazo de acero, directo a mi cintura.
Una trampa de oso tamaño colosal.

—Tch… vas en serio, ¿eh?

No me dio tiempo ni a pensar en lo que haría si me atrapaba.

Salté.

Me impulsé hacia arriba, girando sobre mí mismo mientras Kurimuzon brillaba en mi mano.

Un corte.
Otro.

Dos tajos limpios en plena ascensión,
dibujando un círculo de acero y fuego mientras subía como un torbellino afilado.
No sé si le hice mucho daño, pero le dejé claro que no iba a quedarme quieto para que me aplastara las costillas.

Cuando estaba apunto de llegar al máximo de mi salto, unos 15 metros, lo hice.

Ese latido en el pecho.
Esa energía bajo la piel.
El fuego.

Mi forma híbrida se desvaneció en un destello cálido,
y al instante mis alas negras brotaron de la espalda,
desplegándose con violencia.

Un aleteo me mantuvo en el sitio, firme.
Quince metros sobre el suelo.
Lejos del agarre.
Fuera de peligro.
Y con una visión perfecta de ese trozo de montaña viviente.

Y entonces lo vi.

Su puño.
Subiendo.
Buscándome.
Como un martillo dirigido por la fe.

Pero ya no estaba allí.

¡PUM!

El puño del gigante se estrelló contra sus propios… bueno.

Sus huevos.

Yo flotaba justo encima, con una ceja levantada y la respiración aún agitada.

—Madre mía… eso tiene que doler. —pensé, con una mezcla de burla y respeto por sus “tesoros”.

Me quedé ahí arriba, con las alas desplegadas, Kurimuzon en mano.
Observando como si todo fuera una obra de teatro.

Y por un momento, me sentí jodidamente vivo.


Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 771 + 6 = 777
Energia: 708 + 12 = 720
Espiritu: 186 + 0 = 186


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