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[Aventura T2] — El hijo pródigo
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26-04-2025, 05:20 PM
Pueblo Cobo. Isla Korossasu. West Blue.
12:32 H. Día 77 de verano. Año 15.
Beto Matoshita había vuelto. Los habitantes hicieron sonar la campana del centro del pueblo, usada para anunciar grandes eventos y celebraciones. Después de la llegada del gigante a lo que fue su hogar hace ya muchos años y asentarse en el Pueblo Cobo, que lo acogió como un padre acogería a un primogénito después de años sin saber de él, entre fiestas, abrazos y celebraciones porque el gran, literal y metafóricamente hablando, Beto Matoshita había vuelto. Los ciudadanos no dejaban de acercarse a él, aunque ya llevaba días en el pueblo. Todos insistían en pasar tiempo con él, desde los tenderos más humildes hasta el antiguo alcalde, que aún recordaba con nostalgia el tiempo en el que el pequeño gran chiquillo recorría las calles de su pueblo haciendo temblar más de una casa y derribando más de un puesto con su combinación de altura, ceguera y torpeza que, para la mayoría, resultaba más adorable que problemática. El día había amanecido hacía unas horas, el pueblo era bañado por un sol inmenso de mediodía que dejaba bien claro que se encontraban en medio del verano, un sol que, sin embargo, solo se traducía en calor para el invidente de Beto, que por muy deslumbrante que fuera el destello del astro rey era del todo incapaz de sentirlo, sin embargo los ciudadanos que lo acompañaban a que se pusiera al día con todo lo que había ido aconteciendo en el pueblo en sus años de ausencia si sentían como el reflejo golpeaba los adoquines y rebotaba directamente hasta sus ojos mientras paseaban.
— Y por aquí está la nueva plaza del ayuntamiento, es más amplia que cuando tú vivías aquí. La ampliamos después de que unos piratas nos atacasen y destrozasen la plaza con ayuda de un mercenario, pero una mujer de alas negras nos salvó. — comentaba una señora ya entrada en años, que sostenía la mano del gigante para guiarlo, — Hécate, se llamaba Hécate. — apuntó un hombre algo más joven, para sumar precisión a la anécdota que había empezado la señora. — Eso es. Estuvo aquí unos meses y después creo que salió al mar, espero que le vaya todo bien. — continuó la señora, mientras tiraba de la mano de Beto para continuar con el tour, a pesar de que el que era turista en esta ocasión poco podía disfrutar de las vistas que sus vecinos de antaño tenían para ofrecerle dado que, en fin, ver veía poco. — También está el tema de ese grupo tan problemático que salió hace unos años de… ¿De dónde fue? — Un chico joven intervino de golpe, — De Akarui, ¿No? Hablas del grupo que hizo aquella masacre en una fiesta y se fue al paraíso después. Vaya mala sangre nos sale de este mar… — le contestó de vuelta el hombre que había recordado el nombre de la lunarian conocida como Hécate. Ambos se quedaron atrás discutiendo de sus diferentes opiniones en el grupo que provocó la matanza en la fiesta, estando el más joven a favor y el mayor en contra, dejando que el grupo que guiaba al gigante siguiera su travesía.
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28-04-2025, 03:38 AM
¿Nostalgia? Si, efectivamente eso era lo que sentía al tener a todos los aldeanos a mi alrededor. Hacía ya diez días de mi retorno a Korossasu, pero apenas hoy pude visitar el pueblo Cobo. Desde mi reencuentro con Kelo en la noche de hace diez días, estuve ocupado junto al resto de colegas revolucionarios en mi cabaña, organizándonos, reabasteciéndonos; y en mi caso, cocinando y acomodando mi gran hogar abandonado.
Lágrimas corrieron por mis mejillas al escuchar el hermoso sonido de las campanas del pueblo recibiéndome, sumado a la música y algarabía que cubría a todo el pueblo. Todo el mundo me llamaba, me saludaba o me ofrecían algo para llevar. Era una bendición del cielo saber que eres querido en gran manera. Para andar en las calles del pueblo tuve que arrastrarme gateando usando mi tacto para ubicarme y no destruir edificios accidentalmente. Varias personas intentaron mostrarme o hacerme saber de cambios hechos a la infraestructura del pueblo, algo que fue gracioso dado que yo no podía ver nada, pero decidí seguirles la corriente. — Kukukuku. Dios siempre es bueno con sus hijos, no me cansaré de decirlo. Ustedes se han ganado el favor de Dios al ser un pueblo tan benevolente. Este pueblo será cada vez más próspero, estoy seguro. Amén —le dije. Me dediqué a escuchar atentamente todas las historias, que no eran pocas, algunas más interesantes que otras. Sin embargo, tras un buen rato escuchando atentamente pude darme cuenta que además de prosperar también habían pasado por malos ratos. — Me parece increíble que hayan pasado por una invasión pirata y ¿por una masacre? No puedo creer que un pueblo tan tranquilo haya tenido esa clase de problemas. Me alegro de que estén todos bien —les dije a todos mientras me sentaba en el suelo, medio a medio de una de las calles del pueblo.
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29-04-2025, 05:47 PM
Tras mucho hablar, mucho debatir y un paseo que tomó gran parte de la mañana, finalmente los humanos del humilde pueblo Cobo llegaron a la linde del lugar, el borde que delimitaba el pueblo, más allá de la linde estaba el bosque, por un lado, y una llanura que llegaba hasta la costa y unía el modesto puerto con el pueblo por un rudimentario camino pedregoso que hacía contrastar el gris de las piedras con el verde vivo de la hierba que cubría la pradera. Sin embargo, por idílico que fuera el paisaje, el grupo de civiles que acompañaba a Beto se encontraba en el lado opuesto, en la parte del pueblo que empezaba a tener la sombra del bosque cubriendo las casas más cercanas, nada más llegar al lugar un aire de tensión e incomodidad llenó el ambiente, y la mayoría del grupo empezó a retroceder casi como si fuera un instinto primario, — Por ahí está el bosque, pero últimamente está de lo más revuelto. Los animales están tan inquietos que se han vuelto más violentos por prevención de ataques de los cazadores, han atacado incluso a los que no son cazadores. — dijo un hombre de voz rasposa, por sus ropas parecía ser un herrero, aunque Beto, desprovisto de información sobre su físico, solo podía escuchar el tintineo de las herramientas metálicas que llevaba en su cinturón. — Según dijo Rick es porque hay un animal que habla y piensa, está haciendo que todos los animales se pongan nerviosos y como no pueden cazar porque se ha alterado su ciclo natural están cada vez más cerca del pueblo. — el joven que antes debatía con un hombre había vuelto para aportar a la conversación, y fue seguido por la señora que le hacía de guía, — Hace unos días vimos a unas cabras comiéndose la fruta de una de las cestas de un puesto del mercado, ¡Hasta la cesta se comieron! — replicó la señora.
De entre los árboles del bosque se podía escuchar un repique de ramas, algo se acercaba, el resto de los amables ciudadanos de Cobo parecían ajenos a este ruido, era algo que solo el finísimo oído de Beto era capaz de detectar, el sonido era como el de una estampida, y se dirigía en línea recta hacia el pueblo, parecían carecer de un objetivo claro, o se movían de manera demasiado errática como para poder predecirlo, fuera cual fuera el caso una manada bastante grande se acercaba al pueblo a una ubicación que se encontraba al este de donde el pelotón se había detenido, la capacidad del gigante para orientarse rozaba lo lamentable y por tanto no era capaz de saber con seguridad la distancia que debería recorrer para estar frente a la estampida que se avecinaba, pero al menos conocía la dirección en la que tenía que moverse.
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29-04-2025, 10:56 PM
Lamentablemente no pude permanecer demasiado tiempo sentado y tranquilo, ya que entre tantas cosas los aldeanos insistieron con seguir con el recorrido. Luego de mucho tiempo andando alrededor del pueblo todos los presentes llegamos al final del pueblo, donde pude notar y reconocer cómo los aromas característicos del pueblo cambiaban ligeramente; pasando del olor del café recién hecho, del olor a madera tallada o del el olor a leña quemándose, a los olores característicos del bosque.
Yo ya había visitado hace unos días el bosque para servirme de las cosas que Dios me ofrecía a partir de la naturaleza, sin embargo no había ido muy profundo y me limite a conseguir algunos hongos y peces. Mientras respiraba profundamente, dándome un gusto por el aire fresco y limpio que allí se respiraba, escuché como me explicaban que las criaturas del bosque últimamente habían cambiado sus comportamientos haciéndose más violentos contra cualquier persona que se acercara al bosque. Uno de los aldeanos mencionó a un animal capaz de hablar y pensar. Por un momento pensé en el señor Kelo, ya que hace 10 días me había cruzado con el y ahora tenía una extraña habilidad de convertirse en una bestia. Sin embargo, el señor Kelo no haría nada que desequilibrara el bosque de Korossasu ya que él era un habitante de la isla desde hace mucho, y un vecino de mi cabaña. ¿Acaso había otra persona como el señor Kelo o sería una bestia de verdad esta vez? — Si Dios me lo permite quizá pueda entenderme con dicha criatura. Amén. ¿Esa criatura tiene nombre? Si dicen que puede hablar quizá le haya dicho al señor Rick como se llamaba —pregunté curioso a los aldeanos. Mientras esperaba la respuesta a mi pregunta escuché como ruidos de ramas crujiendo se escuchaban cada vez más cerca, también se escuchaban pasos en dirección a donde nos encontrábamos, y no eran pocos. — Creo que quizá algunos de esos animales salvajes se dirigen hacia aquí en este momento, por favor regresen al pueblo y a sus casas. Dejen que me encargue y quizá hoy les prepare algún estofado. Oren por mi. Amen —les dije a los aldeanos al mismo tiempo que con mi diestra tomaba mi látigo que se encontraba en mi cintura y azotaba el suelo para empezar a guiarme toscamente y caminar hacia donde creía que provenía aquel ruido.
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05-05-2025, 01:32 PM
Ante la pregunta del gigante todos empezaron con murmuros dubitativos, se preguntaban entre ellos, — ¿Tú recuerdas el nombre que dijo Rick? — preguntaban por un lado — Solo recuerdo que decía que su cuerpo era un regalo para la vista — se pudo escuchar como respuesta. — Creo que era Perry, ¿Algo así? — los murmullos de la gente comenzaron a centrarse en eso, en ese nombre, — Si, creo que era algo así, Perry, Berry, Terry… — como todos hablaban a la vez era difícil encontrar a la persona que hablaba, pero gracias al finísimo sentido del oído que manejaba el ciego podía entender lo que decían si ponía suficiente atención. Sin embargo, por mucha atención que prestase, al momento de avisar de que los animales se acercaban la multitud se empezó a alborotar, — Otra vez no… ¡Otra vez no! — un hombre salió corriendo, más o menos en la dirección de la que venía el ruido, sin embargo él no era capaz de escuchar la inminente estampida aún.
Beto avanzaba lento pero seguro en dirección al ruido, y cuando era seguro que tenía el ruido de frente, es decir, estaba en el punto exactamente intermedio entre la carrera salvaje y la agitada plaza del mercado del pueblo. Los hombres y mujeres corrían de un lado para otro, guardando su mercancía en sacos que colocaban en pequeñas carretas con las que podían retirar sus bienes del peligro inminente. Sin embargo un hombre mantenía su puesto intacto del todo, vendía vegetales y actuaba como si supiera que estaba tocado por la fortuna y no fuera a pasarle nada. Solo el tiempo sería capaz de decir el destino de ese hombre, pues el presente era un ruido fuerte de ramas y pisadas que ya eran audibles para todos los que estuvieran cerca, de entre el follaje del bosque una manada de jabalís 20 salió disparada en dirección a Beto, que había predicho el lugar por el que venían y se había interpuesto en su camino. Golpeándole como una marabunta pero sin llegar a dañarlo en lo más mínimo.
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06-05-2025, 02:21 AM
(Última modificación: 06-05-2025, 02:22 AM por Beto Matashita.)
Todos somos pecadores en mayor o menor grado. No somos seres perfectos. Eso evidentemente me incluye a mí. Tengo la mala costumbre de escuchar conversaciones ajenas, incluso inconscientemente. Quizá era por culpa de haber nacido ciego y tener un gran oído. Aunque no hay nada que justifique el pecado de ser amante de la escucha atenta (chisme). Que Dios me perdone.
Sin embargo, gracias a ese hábito pude escuchar los posibles nombres de la criatura del bosque. ¿Sería correcto tratar de encontrarme con aquello? Ya tendría tiempo de pensarlo después. De momento, lo importante es detener la estampida. Todos se agitaron al enterarse de que se acercaban de nuevo animales salvajes. Solo pude escuchar gritos y alboroto mientras me alejaba. No era mi intención que se asustaran, pero era mejor que tomaran sus precauciones a tiempo. — Que las fuerzas del cielo me acompañen —dije apretando el látigo con mi mano derecha—. Amen. Escuché atentamente como se acercaban cada vez más las pisadas. El suelo vibraba, mis pies lo sentían. Los gruñidos también se hicieron audibles. Eran jabalíes. Estaba acostumbrado a oírlos en el bosque. De repente, sentí un pequeño empujón. Para mala noticia de aquellos animales, yo era una una muralla que difícilmente podrían atravesar. Apenas hicimos contacto mi látigo, como una anaconda fiestera, empezó a azotar a aquellas criaturas. Sus gruñidos y su olor a orina me dejaban idea de cuántos eran y cuántos iban quedando. No tardé mucho en acabar con todos. — Su carne servirá para un gran asado —pensé—. Gracias señor por los alimentos. Sin soltar mi látigo y sin dejar de prestar atención a los olores y a los sonidos me quedé quieto un momento. Era mejor estar seguros de que no vinieran más sorpresas. Respire profundo tratando de ver si captaba algo distinto en el ambiente. ¿Las estampida sería culpa de la criatura que había visto Rick? ¿O será que hay otro depredador invasor en el bosque?
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Cambios en estadísticas
Vitalidad:
1960
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1960
Energia:
1267
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193
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1074
Espiritu:
105
+
0
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105
06-05-2025, 06:12 PM
Tal y como el gigante pensó, la estampida no había sido un fortuito accidente, algo la había provocado, y las pisadas del animal ya podían ser escuchadas por el ciego, cuatro patas ayudaban a un animal de gran tamaño a desplazarse en dirección al pueblo, siguiendo el rastro de los jabalíes, si no fuera porque estaba escuchando a un animal parecería que utilizó la manada de jabatos salvajes para abrir el camino y poder ir detrás, sabiendo que su camino ya estaba despejado por la estampida. En la lejanía eres capaz de escuchar un retumbar irregular, pero constante, como el sonido de un tambor, cada paso es ahogado en la tierra provocando un golpe seco, se aproxima algo, algo grande. La gente de pueblo Cobo se empezó a agrupar alrededor del enorme salvador, — ¡Contigo aquí estaba claro que todo saldría bien! — decían, — El señor finalmente se ha apiadado de nosotros. — mucha de la gente empezó a volver a la plaza, volvían a armar sus puestos creyendo que ya había pasado lo peor, ajenos a la verdad que solo el oído más fino podría anticipar, el golpe de la madre naturaleza acababa de empezar.
Mientras la gente volvía a montar sus puestos de frutas y verduras, de especias de todos los colores y sabores, de pescados tan frescos que aún tenían el olor a la sal marina, mientras otros comenzaban a retirar a los jabalís de la vía pública para dejar paso a los viandantes y, de paso, llevar los animales a gente que supiera tratar la carne y pudiera ayudar a Beto con el despellejado y deshuesado previo a la cocción de la carne. El pueblo se había puesto en marcha, de nuevo, tras una pequeña pausa que fue así de breve gracias al látigo audaz del gigante, pero más que la alegría se había instalado en el pueblo algo ya amenazaba con volverla a eclipsar, pues los pasos sonaban cada vez más cercanos. Cada golpe de las patas iba acompañado del sonido de garras contra el suelo, provocando crujidos en la vegetación, incluso se podía distinguir la agitada respiración del animal, unos pesados gruñidos, o jadeos, que acompañaban la carrera del gran animal, cada vez más y más cerca de su destino: El pueblo.
El animal cargó hasta que los arboles comenzaban a ser menos comunes, y cuando el bosque acabó y el suelo enlosado del pueblo tocó sus zarpas el imponente animal abandonó las cuatro patas para ponerse sobre las traseras, irguiéndose tres metros sobre el suelo, algo nimio si lo comparábamos a los dieciocho metros del guardián del pueblo, al cual le profirió un potente rugido nada más verlo, ahí lo identificó sin lugar a dudas, esa bestia era un oso, que no dudó en lanzarse al ataque para arañarle la pierna derecha con sus zarpas.
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06-05-2025, 10:21 PM
Los aldeanos empezaron a tratarme como si fuese un héroe o un salvador. No pude evitar sonrojarme ante esa vergonzosa definición de mi mismo. Era satisfactorio servir y ser de ayuda. Pero no me detuve a hablar con los aldeanos en principio. Gracias a que me había quedado tranquilo escuchando y olfateando pude notar dos cosas. La primera fue que justo a mi lado había un olor exquisito de pescados frescos.
— Un asado mixto de jabalí con peces. Un platillo de mar y tierra. ¿A qué sabrá la combinación? —pensé disfrutando de la idea. Lo segundo de lo que pude percatarme fue de que algo más venía detrás de los jabalíes. ¿El depredador? Probablemente. Parecía ser un animal solitario pero esta vez uno grande. El pueblo aún estaba en peligro. — Dejen a los jabalíes en el suelo. Ellos probablemente eran las víctimas. El depredador ya viene —les dije a los aldeanos que amablemente se habían acercado a tomar a los jabalíes que estaban frente a mi— Si es lo que busca es mejor entregarlos y que satisfaga su hambre. Por favor, díganle a los aldeanos que se resguarden pero que no pierdan el tiempo recogiendo nada. Ya viene y sus pisadas son más rápidas-amen. Anteriormente Korossasu era un pueblo tranquilo. Comercio, trabajo y monotonía eran las palabras que definen a la isla de antaño. ¿En qué momento mi isla natal había cambiado tanto? Invasiones piratas, una masacre e incluso recientemente estuve presente en una visita de marines exigiendo recursos de Cobo. Quizá había que tomar cartas en el asunto. Ojalá Dios pueda darme la sabiduría para discernir la manera de proteger el pueblo a largo plazo. Mis pensamientos se detuvieron cuando el rugido del animal se hizo presente. Un oso. Eso era raro también. Un oso saliendo de su territorio solo podía significar hambre. Era probable que sus presas fuesen aquellos jabalíes. Para que un oso quisiera comer jabalíes berriondos teniendo un rio en el bosque tenía que tener mucha hambre. ¿Que podría satisfacer el gusto de aquel animal? — ¿Rio? —me detuve a analizar mi propio pensamiento— Peces. Eso le agradaría más. Ya había olfateado peces frescos a mi lado, estiré mi enorme mano y busqué precisamente el carrito donde estaban los peces y los tomé. En ese momento sentí como las garras del animal lastimaban mi pierna derecha en la parte baja de mis pantorrillas. ¿Sería el oso capaz de entenderme? — Si tienes hambre puedes comer esto también —le dije al oso lanzándole el carrito repleto de peces—. Come todo lo que quieras. Ya le respondería después al dueño de aquel negocio por la pérdida que le acababa de causar.
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Cambios en estadísticas
Vitalidad:
1960
-
20
=
1940
Energia:
1074
+
7
=
1081
Espiritu:
105
+
0
=
105
07-05-2025, 11:40 AM
La gente del pueblo soltó los jabalís tan pronto como Beto lo ordenó, algo confusos al principio, pensando que tal vez no querría ayuda o que quizás tenía otros planes para la piara salvaje de marranos con prominentes colmillos. Sin embargo en cuanto escucharon que el auténtico depredador ya venía se quedaron, de nuevo, helados; soltaron los jabalís y todos se apartaron de la plaza — ¿Otro más? ¿Qué hemos hecho en este pueblo para que nos pasen tantas desgracias? — decía uno de los chicos más jóvenes que se encontraba por allí. Todos hicieron caso de las directrices que el gigante comandaba, buscaron refugio y, esta vez, no se preocuparon de recoger nada, pues sabían que su ángel de la guarda particular estaba ahí para protegerlos, y no había nada que temer con el gran Beto de su lado, pues tenerlo a él significaba tener al gran señor de su lado también. Todos los habitantes del otrora tranquilo pueblo Cobo se encontraban escondidos, pero mirando con detenimiento todo lo que pasaba, de la maleza salió un enorme oso pardo que resultaba aún más enorme al ponerse sobre sus dos patas, aunque no era más enorme que el gigante que los protegía, que había decidido darle la espalda al animal mientras rugía para mostrar su dominancia, lanzándose al ataque antes de que el gigante correspondiera a su gesto con todo el amor que se podría esperar de una persona sin enemigos.
El oso quedó visiblemente confuso para todos, menos para Beto, claro. El animal se acercó con cuidado hacia el carro que se le había ofrecido, olfateó los peces por encima y tras unos segundos de silencio en los que tan solo podía escucharse su pesada respiración y como su morro se encogía con cada olisqueada que le daba al montón de pescados hundió su cara en el carro, devorando todo lo que había en él como si llevase días sin comer. Usó sus garras para tumbar el carrito, haciendo que los peces cayeran al suelo y pudiera comerlos de allí, con mayor facilidad. Cuando acabó de comer tan solo quedaban los peces más pequeños, alrededor de un tercio de lo que había antes de que el gran mamífero empezase a comer, y una vez saciado volvió al bosque sin mediar palabra. -o gruñido-, con nadie, simplemente dejó la plaza del pueblo y volvió al interior del bosque. Cuando el peligro estaba completamente fuera de la vista todos volvieron a salir de sus escondites, y esta vez más que nunca, explotaron en euforia, todos se arremolinaron alrededor del gigante, vitoreando y cantando su nombre a coro para celebrar lo que había sucedido allí, pero el sonido de un disparo puso en pausa, una vez más, la alegría de los ciudadanos. — Me han dicho que había problemas, ¿Qué ha pasado? — un hombre calvo armado con una escopeta entraba en escena, — Ya no hace falta el arma, Beto nos ha salvado con pescado, pero gracias por venir tan rápido, Rick. — respondió un hombre joven.
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10-05-2025, 08:49 AM
Era toda una lástima desperdiciar un carro entero de pescado fresco, pero los animales también eran creaciones de Dios. Así como Dios nos provee desde la naturaleza, quizá, en ocasiones, simplemente debemos devolver un poco de lo que tomamos. Un simple animal era más manejable que una horda entera, y el hambre mucho más fácil de resolver que el miedo.
El sonido del olfateo y de los chasquidos al comer me dejaron saber que aquel animal había aceptado el detalle. Aparentemente se calmó pues no me atacó de nuevo. Tras un rato escuchando comer al hambriento animal, noté como se alejaba. Sus gruñidos y pisadas eran cada vez más distantes. La voluntad de mi Dios fue que el pueblo sobreviviera a otra prueba más. — Gracias Dios por tu benevolencia y el amor hacia tus hijos, amen —dije juntando las dos manos para ofrecer una plegaria—. Por favor, regresa el equilibrio al bosque, amen. Mientras oraba en silencio jugando con las cuentas rojas que colgaban de mi cuello escuché como todos de nuevo me rodeaban y gritaban mi nombre. No pude evitar sonrojarme. No estaba muy acostumbrado a ese tipo de atención. Sin embargo, los aldeanos estaban muy equivocados al darme las gracias a mi. — Escúchenme. No me agradezcan ni vitoreen. Agradézcanle a Dios por sobre todas las cosas. Él ha sido el que nos ha puesto en el momento propicio. Póngase siempre en sus manos y no habrá problema del que no puedan salir —dije con su voz amable. Mientras daba mi sermón escuché una voz familiar. Al principio no supe de quién se trataba pero no tardé en escuchar su nombre de boca de otro. Era Rick, quien supuestamente tenía información de la criatura invasora del bosque. — Señor Rick. Que el señor lo bendiga —hablé dirigiéndome hacia Rick, aunque no sabia donde estaba sabia que me escucharía—. Me da gusto escuchar su voz. Además, ha llegado en buen momento. Tengo una gran curiosidad por aquella criatura que usted ha encontrado en el bosque. Creo haber escuchado que para usted “su cuerpo era un regalo para la vista”.
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Cambios en estadísticas
Vitalidad:
1940
+
0
=
1940
Energia:
1081
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1095
Espiritu:
105
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