{Pasado} Mal presagio| Priv. Cao
#1

Era de noche; las luces del poblado más lejano en la zona Sur de Sorbet iluminaban sus calles. Eran pequeñas farolas con velas y aceite en los pórticos de las casas. Las calles se cubrían poco a poco de fango mientras la lluvia tenue se cernía sobre el poblado como una cortina. Mal presagio.
Las nubes negras se cernieron sobre el poblado como la mano gigantesca de Dios y la tormenta pronto comenzó a hacerse presente. Rayos y centellas; un trueno sonó tan fuerte que cualquiera pudo haberse quedado sordo durante al menos un segundo.

Se colocó la cabeza de lobo como capucha, cubriéndose la mayor parte del cuerpo. Desde lejos, Lan se veía como si fuera una criatura feral, a la orilla del bosque y andando entre arbustos, balanceándose entre ramas y caminando como si acechara en la oscuridad, hasta que finalmente salió de entre los arbustos que daban al bosque más cercano y miró hacia el cielo, apartando con la mano una rama para pasar debajo de ella ágilmente y llegar finalmente al poblado.
La mujer avanzó con premura; estar en el bosque durante una tormenta sin refugio no era muy buena idea. Se adentró en el poblado, viendo cómo los aldeanos se guardaban dentro de sus casas y apagaban las linternas, oscureciendo a su paso la calle.

Llegó hasta un local de huéspedes que tenía un letrero en la entrada con el precio de cobro por noche. Tocó entonces tres veces y la puerta corrediza se abrió para ella. Dentro había un piso caliente y una chimenea; el olor a comida le revolvió el estómago. Tenía hambre, y pudo ver una pila de leña amontonada junto a los galones de aceite para mantener velas y candiles encendidos.
La anciana le dio un vistazo sin esperar a que Lan se presentara a sí misma, y compuso una mueca horrible al ver hacia arriba y distinguir la cabeza de lobo rojo justo cuando un rayo iluminaba la espalda de la mujer, proyectando su sombra dentro del salón de huéspedes. La anciana miró los pies de la mujer y entonces volvió a mirar hacia arriba, fastidiada.

—¿Tienes dinero para pagar una noche aquí, vagabundo? —el tono de la mujer hizo que Lan sonriera desde debajo de la piel de lobo.
Esa señora había pasado por mucho, se le veía en la cara, y eso hizo que Lan no se lo tomara personal. Sacó la bolsa de cuero que llevaba con los últimos berries que se permitiría gastar en un refugio. Sacó varias monedas y las colocó en la mano de la anciana mientras se ponía en cuclillas, para estar cara a cara con ella, destapándose la cabeza, echando el manto de lobo hacia atrás y revelando sus facciones.
—¿Es suficiente para una noche y comida? —preguntó, mirando fijamente a la mujer, quien quedó muda ante la revelación, pero solo por un momento.

—¡Ja! Resultó que eres mujer… ¿lo eres? —preguntó, pero Lan no se inmutó y se puso de pie de nuevo. Sonrió satisfecha. 
—Siéntate cerca de la puerta, no quiero que mojes el suelo. Límpiate los pies antes de entrar, te traeré agua caliente —dijo la anciana y desapareció tras la puerta, dejándola abierta para que ella pudiera pasar al pórtico y dejar de mojarse.
Aquello era algo que no podía despreciar.

En algún lugar del hostal, el viento azotó una puerta corrediza y un trueno hizo vibrar las ventanas. Una de las farolas se desplomó con estrépito, y un olor distinto al de la leña empezó a colarse por las rendijas.
[Imagen: dtilbUBl_o.gif]
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Karmas
#2
Los días pasaban uno tras otro en Sorbet y por algún casual cada día era una nueva aventura y sorpresa nada que el corazón de Cao no pudiera asimilar pero lo suficientemente interesante como para mantenerlo en aquella isla por un tiempo más prolongado, ahora se encontraba tranquilamente refugiado ante una tormenta en una posada, la dueña había sido especialmente amable con él, quizás por sus vestimentas de alta calidad o quizás por su natural atractivo físico, pero lo cierto es que ahora se encontraba en vestíbulo tomando un calentito te negro para entrar en calor.

Dio un pequeño sorbo cuando una criatura abrió la puerta de la posada, parecía una especie de Mink sin embargo gracias a su mirada de esclerótica negra e iris dorado pudo discernir la figura de una mujer , la anciana quizás por envidia a su juventud y su buena forma física no tuvo el trato adecuado con ella, Cao por su parte se levantó con presteza y caminó con paciencia hacia ella, ese estilo de calma que era casi como un sello personal de aquel hombre.

Al llegar a su altura levantó una ceja, la mujer era bastante más hermosa de lo que se había imaginado y era apenas unos centímetros más baja que él pero desde luego poseía mucho mejor físico. ¿Me permites invitarte a un té? No es gran cosa pero te permitirá entrar en calor mencionó Cao con la entonación adecuada y ese don de meterse en conversaciones ajenas sin llegar a ser mal visto, su piquito de oro dirían algunos, el caso es que de verdad pensaba que necesitaba tomar algo caliente o la muchacha podría enfermar, entonces nuevamente gracias a su mirada, empezó a observar como el ambiente filtraba humo por algun lado, al principio no le dió importancia ya que lo más normal del mundo en un sitio donde hacen desayunos y almuerzos así como bebidas calientes haya algo de humo, sin embargo empezaba a ser tan denso que el olor característico a melocotón se Cao estaba empezando a ser opacado por la sensación de humo.
#3
Lan siguió sonriendo e incluso emitió una pequeña carcajada al ver el rostro de la anciana.
—Gracias, amable señora —le contestó la pelirroja amablemente mientras juntaba ambas manos, entrecerró los ojos y se inclinó al más puro estilo gasshō.
Cuando la anciana desapareció en el pasillo en la primera esquina, la chica volteó a ver entonces la figura de un hombre que se dirigía a ella, y eso no dejó de hacerla sonreír.

—Le agradezco, la gente aquí tiene mucha hospitalidad —respondió entonces, mirando al hombre de cabellos largos y esclerótica negra, interesada en la figura que proyectaba. Definitivamente alguien que destacaba entre los demás; cuando lo tuvo completamente enfrente, el olor a melocotón le inundó la nariz. Lan desvió un poco la mirada de él, pensando en lo raro que era encontrarse a un hombre con olor a melocotón.
Lan se sacudió los pies un poco en la entrada y así caminó sobre la tabla, haciéndole una seña al hombre que le había invitado el té para que la guiara hasta donde lo tomarían. Luego, se quitó la capa de encima y la dobló, colocándola en su antebrazo, revelando el pantalón de licra que llevaba debajo y el crop top que le cubría la parte superior del pecho, dejando a la vista más piel de la que algunos estarían acostumbrados.

Sin embargo, un olor llegó a su nariz entonces, colándose por encima del tono durazno. Al principio lo pasó por alto, pues había mucho en el ambiente; seguramente los fogones estarían cocinando en ese momento.
—Mi nombre es Lan Caihe —se presentó la mujer, inclinando ligeramente la cabeza sin importar si la veía hacerlo o no—. ¿Y usted es? —preguntó.
Lan olfateó el aire como si se tratara de un perro, aunque bastante disimuladamente:
—¿No huele eso? —preguntó la mujer entonces, sin poder seguir evitando notar que a lo mejor algo se estaba quemando.
[Imagen: dtilbUBl_o.gif]
Hablo #e82a1f | Pienso #E86E04 | Narro
Karmas
#4
Hay cosas en la vida que cada individuo debe aceptar, el universo se compone de energía está es negativa o positiva, los seguidores de un viejo pensamiento conocido como el Tao llaman a este el yin y yang y se trata de un todo, quizás está reflexión es enrevesada y pueda pensarse que no tiene un porqué, y es que cuando la muchacha terminó de quitarse las prendas para Cao fue imposible no fijarse en cada una de sus curvas, ahora sin aquella piel que la cubria se fijo en su mirada que era similar a la de una bestia, sin embargo su sonrisa escondía más de lo que la mente de Cao pudiera imaginar, la energía Yang y masculina en el interior de este se revolvió pidiendo el deseo del Yin y la unión, algo que disimuló estupendamente gracias a su trabajada forma de entonar frases y reconducir las conversaciones.

Por tu forma de expresarte entiendo que no eres de por aquí, Lan es un bonito nombre diría mientras ambos sentaban en la mesa correspondiente, la dueña aparecería sirviendo las dos tazas de té mientras el hombre luchaba por mirar a los ojos a la muchacha. ¿Qué te trae a estás tierras? , no lo digo con intención de ser un obstáculo en este viaje para tí, es que yo también soy un extranjero ¡Ah! Yo me llamo Cao Guojiu perdona mis modales... inclinaría la cabeza ligeramente y tomaría con soltura la taza de té, era habitual para él y sencillo de manejar pues los modismos era algo que padre se había encargado de inculcar a fuego en su psique aunque a veces conscientemente los ignoraba , entonces las palabras de la joven lo trajeron de vuelta a la tierra, terminó el sorbo que había dado y miró el ambiente. Tienes razón, parecer haber humo en el ambiente...o se les ha quemado la comida o puede que haya alguien en peligro... Cao se mostraba genuinamente preocupado.
#5
"Este hombre no es cualquier mequetrefe”, pensé, mientras observaba sus ojos y su evidente interés en su servidora; eso me hizo doblar la comisura de los labios, divertida. —Aprecio el cumplido, no lo recibo muy a menudo —comenté, al habernos por fin establecido en la mesa y notar el humo y el olor a quemado. Regresé mi mirada a él para responder; sin embargo, las palabras que salieron de su boca lograron que ese doblez en la comisura de mis labios se convirtiera en una sonrisa lobuna, ensanchándose como si me hubiera contado un chiste. Sin embargo, justo después, cuando Cao terminaba de decir que alguien podría estar en peligro…
—Usted se… —pero mis palabras fueron interrumpidas.

Mientras gritaba algo desde lo lejos, la misma anciana que me había recibido salió caminando a toda prisa. Cuando llegó a medio pasillo, por fin se escuchó: —¡Damas y caballeros, les pido por favor que salgan con urgencia y sin lastimarse de la tienda; hay un incendio que estamos tratando de mantener bajo control! —llevaba un pedazo de tela mojada sobre la nariz y la boca, y el filo de su kimono estaba quemado.
Yo había volteado a ver la escena; la había escuchado antes de que recorriera la mitad de ese camino, haciéndole una señal a Cao con la mano para que también volteara a ver lo que pasaba. Sin embargo, antes de que atravesara lo que faltaba del largo y estrecho pasillo, volví a mirar a Cao:

—Disculpe, señor, me gustaría ayudar a esta mujer; puede salir si lo desea, también puede acompañarme si es su voluntad —le dije, levantándome con precisión mientras se escuchaban quejidos de algunos hombres y mujeres; unos se levantaban para salir a la calle y esperar, otros se quejaron de que les devolvieran el dinero.
—¡Es una emergencia! Por favor, salgan todos.
—¿Dónde está el incendio? —pregunté sin más antes de llegar a ella. Sin embargo, antes de que pudiera dar un paso más o recibir una respuesta, la anciana me miró seriamente, tomó aire y se recompuso.
—¡En el cobertizo de atrás! ¡Se está extendiendo a la cocina! —gritó. Miré a Cao una vez más y corrí por donde había llegado la anciana.

Más allá, luego de unos segundos, salí a la parte trasera de la tienda, donde toda una pequeña cabaña estaba en llamas y las cocinas, que estaban a un lado con un tejado de paja, habían comenzado a quemarse también.
—¿Alguna buena idea, además de agua?
[Imagen: dtilbUBl_o.gif]
Hablo #e82a1f | Pienso #E86E04 | Narro
Karmas
#6
TEMA CERRADO


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