Negocios Peligrosos - Priv. Hyakinthos(Pasado)
#1
Un, dos tres. Tres son los golpeteos que da con la punta de su pie izquierdo contra el frio y duro pavimento. Debería estar relajado pues el día esta como le gusta, caluroso y agradable, sin embargo, no puede quitarse de la cabeza un mal presentimiento y eso lo hace estresarse y para desestresarse golpea el piso una y otra vez, siempre tres golpecitos con la punta del pie, eso lo ayuda un poco a calmarse.
 
Ni siquiera por estar en el faro, su sitio favorito en toda la isla, bebiendo un trago de alcohol con frutas logra quitarse de la mente ese presentimiento, como si algo malo estuviera a punto de ocurrir.


[Imagen: kryzoli.jpeg]
 
-Jensen, deja eso, sabes que el alcohol no lo toleras bien – lo regaña el viejo Hank, el encargado del faro mientras mete en un carromato guiado por caballos unas cajas, eso saca al de cabello negro de su trance acercándose a ver. - ¿Qué traes ahí viejo? – pregunta con curiosidad solo para que el viejo Hank gruña. –Vamos, dime – insiste Jensen a lo que el viejo Hank observa su pistola de triple cañón. –Tengo que hacer unos negocios, pero me vendría bien tener un guardaespaldas, te pagare por supuesto – dice lo que hace que Jensen sonría – Es un trato.
 
Ambos suben al carromato y se alejan del pueblo, rumbo al interior más selvático, Jensen se frota las manos tratando de calmar su mente, sintiendo que no debió aceptar el trabajo, algo no huele bien en todo el asunto. Finalmente se detienen y salen del carromato y ve a un grupo de cinco personas, cuatro hombres y una mujer que está al frente vistiendo una chaqueta de cuero negro con puntas de metal en sus hombros. - ¿Lo tienes? – pregunta al viejo Hank, este asiente con un gruñido y saca una de las cajas, abriéndola y revelando botellas de vino más antiguas que el mismísimo Hank, de ese vino caro que vale una fortuna.
 
- ¿Cuántas cajas? – pregunta la mujer, Jensen mira el carromato, hay cuatro cajas además de la que el viejo Hank saco de muestra, y en cada caja hay tres botellas de vino, seguro el grupo tendrá una verdadera fiesta esa noche. Hank levanta su mano, muestra sus cinco dedos y es entonces cuando Jensen lo ve, uno de los hombres del otro bando saca su pistola, pero no alcanza a hacer nada antes de que un certero disparo del de la capa roja le vuele la cabeza. –Viejo, creo que tenemos problemas.
#2
—Mmmm…mmmm…mmmmm…—Sus ojos bajaron hasta encontrarse viendo sus manos como si fueran un apéndice extraño, para luego mover una de ellas hacia una de las direcciones en las que el camino se bifurcaba —Derecha —Sacudió su cabeza, en negación y bajó su derecha, para repetir el gesto con su otra mano —Izquierda…sí…debe ser —. Bajó su mano y miró hacia ese lado del camino, sus ojos, ocultos tras unas gafas transparentes, brillaron, no por emoción, si no por duda, después de todo aquella zona le parecía más… ¿Salvaje? Sí, esa es la mejor palabra para describirlo.

—Pero…al final a la izquierda ¿Eso fue lo que dijo ese hombre? ¿O era una mujer? Jmmmm —Se cruzó de brazos, aún indeciso de avanzar hacia cualquiera de las direcciones, pero tenía que tomar una decisión, esperar más tiempo podía ser peligroso, más cuando en su bolsa llevaba los berries que había ganado en su estancia en esa isla —¡Jum!  Da igual, izquierda será —. En su mente la decisión tenía sentido, a fin de cuentas, se supone que el barco en el que saldría de la isla estaría en un muelle apartado del resto y, si analizaba la situación, el discreto barco que lo sacaría de la isla no podía estar a la vista de todos, no, no, claro que no, entonces, por intuición, debía ir hacia ese lugar que parecía más peligroso.

—Ugh…no me encanta —. A pesar de su refunfuño, ajustó la mochila en su espalda y empezó a moverse a paso tranquilo por un camino que se hacía cada vez más y más terroso al punto de sentir que tendría que limpiar sus zapatos nada más con entrar al barco por culpa del polvo que empezaba a acumularse sobre estos; sin embargo, para no pensar tanto en ello, alzó su vista al cielo, al menos el día lo acompañaba, es un excelente momento para salir de la isla.

Las nubes blancas se movían con parsimonia sobre él y, aunque sus pasos siguieron hacia el frente, sus ojos dorados no se apartaron de los esponjosos algodones que le provocaban envidia ¿Por qué no podía él ser tan ligero como ellos? ¿Por qué no podía ser una nube también? Así no tendría que preocuparse por direcciones “mal dadas”, solo se movería hacia donde el viento decidiera.

Irónico, porque justamente, fueron esas nubes despreocupadas la que fueron responsables de su distracción y, por lo tanto, de salirse del camino principal para entrar en uno más pedregoso, uno por el que algún vehículo impulsado por caballos habría pasado antes, algo de lo que se habría enterado si en lugar de ver el cielo estuviera viendo el sendero.

De repente...voces.

Parpadeó un par de veces, el sonido de voces desconocidas viniendo de algún lugar lo hicieron volver a fijarse en el terreno en el que pisaba —¡Iugh! ¿Pero cuándo…? ¿De verdad este es el camino al puerto escondido? —Levantó uno de sus pies por inercia como si quisiera evitar la suciedad polvorienta que ahora notaba que empañaba aún más sus zapatos —…Debe ser una broma…pero…

Volvió a escuchar a alguien hablar y se quedó en silencio por unos segundos.

—Tal vez sean los del barco ¡JA! ¡No estoy perdido! —Su efusividad no fue motivo para que hablara en voz alta, solo dejó escapar murmullos mientras sus pies ahora se movían en dirección a las voces que escuchó, lo que lo llevó a acercarse a un grupo de personas que parecían discutir sobre una carga, también vio a un par de caballos que reposaban tranquilos cerca de un carromato. Levantó una de sus cejas al ver a un viejo con una caja en sus manos ¿Contrabando? Pero ¿De qué? ¿En verdad lo iban a poner en un barco con unos contrabandistas? Y, de todos modos ¿Dónde estaba el barco?

Se quedó detrás de un árbol, analizando la situación desde las sombras cuando, de repente, vio algo que le heló la sangre —¿Qué? No, no, no… ¿A dónde me enviaron?

Apenas alcanzó a ver el arma que sostenía uno de los hombres cuando otro, un pelinegro de chaqueta roja, sacó una pistola propia y rompió el silencio con un disparo que dejó destrozada la cara del otro sujeto.

[Imagen: kTT4rPC.jpeg]

—E…esto…esta mal…es una broma, sí debe serlo —Recitó entre dientes sin salir de su escondite, mientras sus manos empezaron a temblar levemente —¡Ah! ¿Por qué le disparó de esa manera? Dañó sus ojos…esos ojos seguro estaban sanos ¿Por qué destrozarlos? ¡Ah! —Suspiró —Ahí se fueron unos buenos miles de berries…

Se recostó al árbol, lamentándose por una mercancía que nunca fue suya, distrayéndose de la peligrosidad del conflicto que apenas empezaba a sus espaldas.
#3
El pelinegro no sabía cómo se había metido en este lio, pero ahora una banda de cuatro enemigos, pues uno ya había muerto por su disparo, estaba detrás del viejo Hank y de su persona. Jensen corrió y tiro al suelo al viejo Hank justo cuando unas balas volaban donde antes estaban sus cabezas, luego lo arrastro hasta el carromato mientras analizaba la situación. Había un pistolero, dos espadachines y la mujer que daba las órdenes, necesitaba eliminar al pistolero primero para tratar de huir, con suerte no tendría que enfrentar a los pistoleros.
 
- ¿Crees que puedes echar a andar el carromato? – le pregunto al viejo Hank quien miro a los espadachines acercándose. –Si puedes darme tiempo lo echare a andar – contesto. Jensen asintió y miro a Cerbero, su pistola de triple cañón. Ya había disparado una vez, eso significaba que tenía cuatro disparos más antes de tener que recargar, miro a los enemigos y se dio cuenta que no podía malgastar ningún disparo.
 
-Muy bien, máximo esfuerzo – dijo saliendo y enfocándose en uno de los espadachines, pensaba dispararle en el pecho, pero el pistolero de la banda rival fue más rápido, hiriendo uno de sus hombros, por suerte tenia mala puntería o estaría muerto. –Maldita sea… - dijo corriendo hacia los arboles donde se encontró a un sujeto de cabello rosa. –Mal lugar para hacer turismo amigo – dijo mirando los árboles, estos tenían cocos en las alturas y le dio una idea. Jensen tiro una piedra soltando un coco que cayó en sus manos, luego lo tiro con todas sus fuerzas hacia los espadachines, lanzamiento que no llego a buen puerto por que el pistolero enemigo le disparo al coco, cayendo en su trampa. –Debiste enfocarte en mi – dijo disparándole en el pecho y lanzándolo varios metros con el disparo.
 
-No se queden ahí parados, vayan a por el – grito la mujer cuando el carromato empezó a moverse, alejándose de la zona de conflicto. –Espera, Hank… maldito viejo cobarde y rastrero – dijo Jensen viéndose solo contra tres enemigos y abandonado por el sujeto que lo había traído a todo este problema para empezar. –Oye pelo rosa esta es una zona de sacrificio, ¿tienes algún talento que nos pueda ayudar? – dijo mirando al hombre que se ocultaba tras los árboles.
#4
—¿Qué es todo esto? No, no, debí haberme equivocado del camino, pero…pero… ¿En qué momento? ¿No seguí la instrucción al pie de la letra? Creo que me dijeron izquierda, caminé a la izquierda ¿Fue una trampa todo este tiempo? ¿También intentaban hacerme lo que a esos dos? Tengo que salir sin que me vean ¡Ah! Ni siquiera debería estar diciendo esto en voz alta —Aunque solo eran murmullos atenuados por el escándalo que ocurría tras de sí. —Piensa, piensa, piensa…Ah…
 
Un jadeo de sorpresa salió de su boca cuando en menos tiempo de lo esperado, el sujeto de cabello negro que dañó los ojos de aquel hombre disparándole en la cara, estuvo a su lado, de hecho, no habría notado su presencia de no ser porque le dirigió unas cuantas palabras que hicieron que el pelirosa frunciera el ceño. —¡No me digas! Yo no es que quiera… ¡Agh! ¿Por qué te persiguen? ¿Qué les hiciste? ¿No podemos hablar con ellos? —No es que le importe mucho, pero tampoco quería ganarse de enemigo a un tipo con tan buena puntería, aunque los otros parecen tener las de ganar al ser más, su mente divagó por unos segundos pensando en que tal vez ponerse de un lado u otro significaría la diferencia entre vivir o morir.
 
¿Obtuvo alguna respuesta? No, ninguna antes de que su piel se erizara y su sudor empezara a correr frío desde su sien cuando miró hacia el objeto que el pistolero apuntaba con su arma —¡No! ¡No! ¡No! ¿Qué piensas hacer con…e…es…esa c…osa? —Dio un paso atrás y luego otro hasta trastabillar con una irregularidad del terreno que lo hizo caer de nalgas al suelo, en otro momento habría notado el dolor y se habría quejado, pero ver la combinación de la piedra más el coco cayendo de la palma fue suficiente para que cualquier dolor fuera amortiguado por el creciente pánico que empezaba a sentir.
 
Su pecho subía y bajaba cada vez más rápido y pronto se le olvidó el resto del peligro, al menos hasta que aquella fruta estuvo lejos de sí. La siguió con la mirada hasta que otra bala rompió el silencio y destruyó aquella fruta endemoniada que lo hizo ver como un llorón cobarde ante un tipo que ¿Para qué negarlo? Es demasiado atractivo, al menos entra dentro de sus gustos.
 
Respiró hondo, ahora notó que sus manos y su ropa estaban llenos de arena y, aún con el corazón acelerado, se puso de pie mientras que otro disparo resonó y ahora atravesó el pecho del otro espadachín, algo que lo hizo chasquear la lengua. —¿Por qué apuntas a órganos tan importantes? —Le reclamó al desconocido ahora que su ánimo empezaba a regularse y podía darse el lujo de pensar con más claridad y de sacudir la arena de su ropa mientras que su mirada pasó de ir del pelinegro hacia los caballos cuyos cascos resonaron al momento de que el carromato se puso en marcha.
 
—Oye… ¿Ese viejo no es tu compañero? ¿Por qué se va? ¡AH! ¡ESPERA! ¡Ese carro era mi esperanza para salir de aquí con vida! —Notó que el pelinegro también se quejó de la misma situación. Chasqueó la lengua ¿Por qué tenían que pasarle a él este tipo de cosas? ¿Qué cosa tan mala había hecho para merecer esto?
 
—¿Ayudar? ¿Yo? Mmmm…—Miró a los dos espadachines y a la mujer y lo único que se le ocurrió fue tomar la mano del pelinegro e intentar jalarlo en la misma dirección por la que se fue el carromato —¡HUIR! ¡Sí! Eso se hacer…tenemos que irnos de aquí…
 
—¿Tu estas con él? ¡Atrápenlo también! Yo iré tras el viejo —. La voz de la mujer lo hizo estremecer, más aún cuando, a pesar de que intentó alejarse, uno de los sujeto con espadas se acercó a él e intentó cortarlo, apenas le dio tiempo de soltarse del pelinegro de traje rojo para poder inclinar su espalda hacia atrás para que la espada pasara sobre él.
 
—Oye…no…te equivocas, yo nunca he visto a este hombre en mi vida, no sé que les hizo, pero no tiene nada que ver conmigo ¿Entiendes? —Otro espadazo, que esta vez chocó con una palmera, lo sacó de su intento de negociación —¡Tsk! ¿Qué no comprendes lo que digo? —Su paciencia no estaba en su máximo, no hoy, no cuando no había llegado hasta la barcaza que le prometieron, no cuando casi lo golpean con un coco, no cuando su ropa y zapatos estaban llenos de arena, así que…
 
—¡TE DIJE QUE NO TENGO NADA QUE VER CON ÉL! —Se arriesgó a que pudieran cortarlo, pero se puso en una posición de combate que recordaba bastante bien, colocándose de costado con las piernas algo separadas, una detrás de la otra, antes de levantar la pierna que había quedado en frente y darle al espadachín una patada a un lado de la sien que, por el sonido que hizo el contado de su pie con la cara, supo que algo le había roto, quizá la nariz, además, lo importante era que el tipo cayó al suelo, aturdido, lo que le dio tiempo de quitarle la espada que tenía en sus manos.
 
—No se usarla, pero al menos no la tienen ellos, ahora sí…corre… —dijo al acercarse de nuevo al pelinegro y esta vez no iba a esperarlo para empezar su huida.
#5
A pesar de haber neutralizado a los dos pistoleros de la banda rival Jensen seguía estando en problemas, eran más que ellos y no parecía que el pelirosa fuera de mucha ayuda, además recordaba que cuando era niño había visto espadachines vencer fácilmente a pistoleros, si estos tenían el mismo nivel definitivamente estaba en un problema.
 
Cuando su nuevo compañero le tomo la mano recomendando huir lo pensó seriamente, no había nada malo en aceptar que a veces la escapatoria era la mejor opción, sin embargo, uno de los espadachines enemigos era bastante rápido y estaba atacándoles de frente, por suerte para Jensen este enfoco su atención en el otro sujeto. El de la capucha roja trato de apuntar, pero el espadachín enemigo era muy rápido, aunque algo torpe, su “compañero” esquivaba sus golpes y luego logro neutralizarlo con una patada directa en la cabeza que lo mando a piso, después de todo tenía como defenderse. Jensen pensó en felicitarlo, pero antes de poder decir una palabra el del cabello rosa empezó a correr lejos de la zona de conflicto, siguiendo la ruta que el carromato había hecho anteriormente.
 
-Espera – dijo Jensen corriendo detrás de él, mientras atrás venia el otro espadachín con su espada en el aire gritando como un cavernícola enojado, Jensen decidió acabar con el problema de raíz asi que se detuvo de golpe y se agacho lanzando una patada baja que le dio al espadachín en las piernas haciéndolo caer. Apunto su pistola, pero la espada del enemigo la aparto, Jensen empezó a esquivar los espadazos mientras sujetaba con fuerza a Cerbero, su pistola de triple cañón, en su mano derecha. En un momento cayó al piso, esquivando apenas un golpe que iba a su cabeza, el enemigo empezó a reír.
 
- ¿Quieres decir unas últimas palabras? – dijo el espadachín confiado, Jensen sonrió con Cerbero escondido en su capucha roja. Rápidamente saco su pistola de triple cañón y le dio un balazo en el estómago que mando al espadachín varios metros hacia atrás antes de caer de espaldas, luego tomo la espada que había caído al piso y le rajo el cuello, había que asegurarse que ya no vendría a buscar venganza.
 
-Oye chico, ya puedes dejar de correr, ya estamos a salvo – dijo mirando a su nuevo aliado mientras se arrodillaba y rebuscaba entre las ropas del espadachín, no encontrando nada de valor. –Esa patada que le diste al otro espadachín fue muy buena, tienes potencial después de todo – le dijo al pelirosa ofreciéndole la mano – mi nombre es Jensen Valentine, un gusto conocerte.
#6
—¿Aaah? ¿Quién pretendes que espere? ¿Estas loco? No quiero meterme en problemas con quien sabe quienes —Le gritó desde la distancia, haciendo que su cabeza girara un poco para ver cuál es el estado actual del pelinegro y, aunque seguía avanzando, disminuyó un poco su velocidad para señalarlo con su índice. —¡Tu deberías hacer lo mismo!
 
Se giró de nuevo, regresando a su velocidad normal, pero, en cuanto captó los sonidos que venían desde atrás, se detuvo en seco ¿Qué debía hacer? A ese pelinegro no lo conoce de nada, pero es hábil y, de todos modos, se puso de su lado cuando esos sujetos lo atacaron, bueno…para empezar, debía cambiar ese planteamiento, es él quien se había puesto del lado del pelinegro en un conflicto en el que no tenía nada que ver, pero…si lo hizo es porque creyó que podía ser un buen aliado ¿Y si lo convencía de ir a la siguiente isla con él? Viajar acompañado le traería beneficios, así que…
 
—Agh, me vas a deber una por esto —. Se dio una palmada en la cara antes de dar la vuelta para encarar la pelea a su espalda. Pensó que tal vez la espada que había robado le serviría de algo, pero si era sincero consigo mismo, no tenía idea de como manejar una espada y las peleas desarmado se le daban mucho mejor, así que terminó por tirarla al suelo y caminar de frente solo para que el sonido seco de un cañonazo lo dejara helado en su sitio.
 
Escuchó el jadeo agonizante y corto del espadachín, mientras veía como la sangre empezaba a bañar su ropa, lo que hizo que el pelirosa bufara molesto ¿Y si el otro le dio a sus riñones? Ahí se iba otra buena cantidad de berries, estaba claro que, si quería proponerle viajar y hacer negocios juntos, habría un par de cosas que tendrían que aclarar antes.
 
—¿Mi patada? ¿En verdad crees eso? —A pesar de la molestia por ver una posible mercancía dañada, el halago ajeno sirvió para que su mente se tranquilizara y su rostro se suavizara, tal vez se habría sonrojado por ello, pero era imposible de saber, pues su cara estaba roja por el sol tropical, el calor natural de la isla y la carrera que acababa de dar. —Gracias, también eres bueno con esa pistola ¿Aprendiste desde niño?
 
Extendió su mano también al ver el gesto y escuchar el gesto del pelinegro, aunque, en lugar de decir su nombre, como se supone que debería hacer, pasó saliva y pronunció con lentitud el nombre ajeno —Jensen…Valentine —dijo como si estuviera probando como sonaba en sus labios, una manera de que no se le olvidara de buenas a primeras. —Soy Hyákinthos, puedes llamarme Hyak o Cherry, ya sabes, por el color de mi cabe… ¡Cuidado!
 
¡La mujer! Se le había olvidado por completo la mujer, quien ahora se acercaba con unas manoplas y dispuesta a atacar a Jensen por la espalda, tuvo suerte de que, gracias a su altura, pudo visualizar el movimiento disimulado de la mujer y alcanzó a poner una de sus manos sobre la cabeza de Jensen para que se agachara…Bien, no fue el más delicado, quizá pudo haber hecho que trastabillara y cayera por culpa del gesto repentino, pero a él le convenía el espacio que dejó sobre su cuerpo, pues fue lo que el pelirosa aprovechó para dar un paso atrás y estirar una de sus piernas para darle a la mujer una patada en la cara, tal como hizo con el otro sujeto.
 
La chica era grande, pero tampoco tanto como para soportar un golpe tan directo, así que, al igual que el espadachín de antes, terminó en el suelo, lo que el pelirosa aprovechó para moverse al lado de Jensen y quitar a la mujer del camino para dejarla bajo un árbol.
 
—Se ve sana —La examinó con su mirada de arriba a abajo —¡Ah! Es una lástima que haya tenido que ya no pueda usar mi laboratorio, seguro habría ganado unos berries extras con ella y el otro espadachín…de todos modos…si salgo al pueblo ahora arrastrando a estos dos podría llamar la atención de la marina… ¡LA MARINA! —Se volteó para ver al hombre de capucha roja, de repente en la mirada oculta tras los lentes, hubo un dejo de preocupación.
 
—¡Oye! ¿Estas bien? Disculpa por lo que hice antes, pero ella te iba a golpear y ahora… ¡Debemos irnos! No sé que tan lejos estemos del pueblo, pero esta isla no es la más grande de todas y seguramente alguien habrá escuchado los disparos ¡Ah! ¡No puedo ir a la cárcel! ¡Solo soy un médico! —Sostuvo al otro hombre por los hombros y empezó a sacudirlo, asustado de la probabilidad de ser perseguido. —¡Dime que conoces el camino al puerto! ¡Debemos irnos de este lugar! ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por favor!
#7
El de cabellos rosa le bajo la cabeza antes de tomar impulso y lanzar una patada que mando al piso a la mujer enemiga, Jensen sonrió desde el piso viendo la escena – Es fuerte, definitivamente quiero ser su amigo – dijo escuchando las palabras que decía mientras le sacudía los hombros.
 
-Cálmate, nadie ira a la cárcel por que no van a haber testigos – dijo poniéndose de pie y sacudiéndose el polvo de la ropa antes de caminar hasta donde la mujer yacía inconsciente –Sin testigos no hay crimen – sus palabras eran serias mientras cargaba a Cerbero, su pistola de triple cañón y disparaba al pecho de la mujer. – Listo, solucionado el problema, ahora solo nos queda volver al pueblo y eliminar al viejo Hank por habernos traicionado – dijo caminando y mirando hacia atrás al ver que el auto llamado médico no lo seguía - ¿Vienes o te quedas con los muertos?
 
Cuando el doctor empezó a caminar a su lado Jensen decidió romper el hielo. – Peleas bastante bien, esas patadas son dignas de cualquier peleador de artes marciales, aunque nada termina un problema más rápido que un buen balazo, o tres, en el pecho – dijo levantando su pistola – Por cierto, quiero ser tu amigo, seguro tenemos cosas en común, déjame pensar – dijo rascándose la barbilla – A ver, me gusta el color morado y soy un gran fanático de los dinosaurios, sobre todo los triceratops. ¿No te gustaría haber vivido en la época de los triceratops? Que majestuosa creación de la naturaleza – diría poniendo sus manos como si fueran cuernos e indicándole como se vería uno de los dinosaurios que tanto le gustaba – por otro lado, no me gustan las comidas picantes ni el mango, creo que el mango es la peor fruta que puede existir.
 
El par de hombres estaba conociéndose cuando escucharon relinchar unos caballos, Jensen se acercó a ellos arrastrando a su nuevo amigo con una sonrisa en la cara – mira que suerte, dos caballos para poder ir al pueblo rápidamente. ¿Echamos unas carreras?
#8
—¡No me preocupan estos cadáveres, Jensen! —dijo en voz más alta de la que pensó antes de tensar todo su cuerpo en el momento en que escuchó como otro disparo resonaba con fuerza en medio de los árboles, incluso notó como algunas aves salían volando desde las ramas cercanas, alejándose por precaución.
 
—¡Agh! —Se llevó las manos a la cabeza y sus dedos despeinaron su propio cabello antes de acercarse a un lado del pelinegro y comprobar que la mujer ahora tenía un agujero en el pecho, algo que lo hizo fruncir el ceño. —Su corazón —. Su lamento no fue más que un susurro que se esfumó en cuanto volvió a centrarse en el problema real.
 
—¡Ah! Espera…su corazón no importa, igual no podría haberlo usado —. Sacudió su cabeza y se volteó para quedar frente al pistolero. —¿No lo entiendes? El problema no eran estos tipo: ¡Es el ruido! ¡El ruido de tu pistola es lo que hará que nos lleven a prisión! ¡Y no vamos a buscar a ningún Hank! ¡Oye! No te vayas, espera ¿Me estás escuchando? ¡JENSEN! —Tarde, el de capucha roja había avanzado mientras el pelirosa despotricaba frente al cadáver.
 
—¿Qué hice yo para merecer esto? —Tomó aire y se ajustó la mochila en su espalda, empezando a caminar con el temor de que el ruido, a estas alturas, hubiera atraído a alguien, ya sea un ciudadano común o a alguien de la marina ¿Qué pasaría si lo atrapaban? ¿Y si lo llevaban a prisión? No querría imaginarse que le harían a alguien como él en ese lugar. Tragó saliva y caminó apresurado hasta alcanzar al otro hombre.
 
Sus manos se aferraron con fuerza a los hilos de su mochila y, a pesar de que habían dejado atrás la vista de los cuerpos y nadie había aparecido, sus nervios seguían a flor de piel, bueno, eso hasta que el otro hombre le habló, llamando suficiente su atención para que su rostro se suavizara y lo mirara de reojo, por primera vez curioso de verdad por lo que decía, mucho más por el halago que le brindaba.
 
—¿Tu crees? ¡Ah! Bueno, eso es porque practiqué artes marciales en una isla en el Grand Line…Jmmm… ¿Cómo era? Mo…Momo…—Mordió su labio con fuerza, marcando con sus dientes la carne hasta que estos se abrieron paso a través de la piel e hicieron que un hilo de sangre chorreara por su barbilla, algo que notó cuando sintió el líquido caliente bajando por su piel. —¡Oh, mierda! —Dejó de morderse y se limpió el labio con el dorso de su mano. —…Lo siento, no recuerdo el nombre de la isla, pero da igual…tampoco recuerdo el nombre del arte marcial que intentaron enseñarme…aunque le agregué mis propios movimientos —Se encogió de hombros con actitud desinteresada, una que podía reflejarse en el tono monótono de su voz. —, pero no creas que soy un experto, lo hago porque me ayuda a enfocarme.
 
Jugueteó ahora con su cabello, ahora sí prestaba atención al camino y eso lo llevó a notar los techos de las casas sobresaliendo, indicando que estaban más cerca del pueblo que cuando empezaron a caminar. Volvió a sudar frío ¿Y si algún marine los esperaba? Respiró hondo, intentó no prestarle tanta atención a ese detalle y seguir escuchando a su nuevo compañero —Tu también eres bueno con esas pistolas, solo…son muy ruidosas ¿Nunca has pensado en comprarles un silenciador? Hasta un sordo podría escuchar tus disparos y… ¿Espera? ¿Triceratops? ¿Ah? ¿Por qué hablamos de dinosaurios? —Conocía a esas criaturas, aunque no estaba relacionado mucho con el tema, sabía que debían estar extintas, pero solo imaginarse conviviendo en el mismo sitio que gigantes de 10 toneladas le heló la sangre. —¡Ah! ...No, la verdad no quisiera estar en la misma época que ellos, pero concuerdo en que fueron animales eh…sí…majestuosos —. Tampoco es como que fuera a negar eso.
 
—De todos modos ¿Por qué me cuentas esas cosas? Apenas me conoces y yo no te conozco a ti, además, mi memoria no es muy privilegiada…tal vez olvide lo que dijiste para cuando caiga la tarde, deberíamos centrarnos en cosas más profesionales ¿No crees? —. Volvió a encogerse de hombros, prefería dejar las cosas claras desde el inicio, pero la voz del pelinegro, más animado de lo que podría suponer de alguien con un estilo tan oscuro, no dejaba de darle información irrelevante o eso creyó, hasta que escuchó algo que sí que lo hizo girar su cabeza para ver al otro de frente.
 
Podría haber tomado sus manos entre las suyas, la única cosa que lo llevó a contenerse es porque estaba lo bastante sobrio para no actuar como un idiota, pero ese detalle, ese pequeño disgusto que el pelinegro tenía hacia esa fruta en específico fue como un catalizador que lo llevó a pensar que, sí, efectivamente, tenía que viajar con este tipo, no solo podría ser un buen guardaespaldas, si no que también compartiría su disgusto, eso…eso era algo que no podía darse el lujo de olvidar —¿En serio? ¿En serio no te gustan los mangos? ¡Cada vez que digo lo mismo me miran mal! ¡Es un honor conocer a alguien con la misma aversión hacia esa fruta! ¡Es asquerosa! Su sabor es empalagoso ¿Y has visto a la gente comiendo mango? Puaj…el líquido de la fruta les chorrea por la boca y es…ugh…asqueroso —. Sintió un estremecimiento de solo imaginarse la escena, uno que fue interrumpido por el sonido de los cascos de un caballo.
 
—¿Qué? Pero…esos caballos deben ser de alguien más, no podemos tomarlos así nada más ¿Quieres ir a prisión por cuatrerismo? ¡No! Peor aún, si nos descubren y se dan cuenta que tienes un arma nos irá peor…iríamos directo a la cárcel ¡No! ¡No! ¡No! —Sus argumentos parecían muy sólidos hasta que escuchó unas voces ajenas, alguien se acercaba y por lo poco que podía escuchar pudo diferenciar las palabras: ruido, disparo, problemas. Se tensó de nuevo y sopesó las opciones antes de dar un salto que lo dejó sobre el lomo de uno de los caballos, un ejemplar negro con una mancha blanca en medio de la frente. —¡Bien! Como te decía, el último que llegue al pueblo paga una ronda de bebidas.
 
Arreó al animal que no tardó en salir corriendo por uno de los caminos que debía dar al pueblo…ya cuando estuviera allá se encargaría de liberar al animal y dejar que corriera de regreso hacia sus dueños, si es que sabía llegar, después de todo, no quería ser tomado como un vil ladrón, se considera mejor que eso.
#9
Rainbow 
-Asi me gusta – dijo Jensen subiéndose al caballo restante. Sus piernas daban los golpecitos precisos para que el caballo fuera a gran velocidad mientras Jensen manejaba las cuerdas con una sola mano, con la otra dio un balazo al cielo usando a Cerbero, su pistola de triple cañón.
 
-PARA MAS EMOCION – le grito a su compañero pasando por el lado mientras gritaba –YIHAAA – a todo pulmón. Ambos, doctor de cabellos rosa y pistolero de pelo negro y capucha rosa, andaban a gran velocidad sin tener realmente alguna idea de adonde ir, por suerte sus caballos eran inteligentes y los llevaron al pueblo donde descendieron de los caballos y los mandaron de vuelta por donde habían venido. –Podríamos haberlos robado, eran buenos caballos – dijo viendo que los habían dejado en la cantina del pueblo. –Oye Hyak, la mejor forma de pasar desapercibidos es mezclándose a plena vista, te juro que nadie pensara que eres un cuatrero si estas cómodamente aquí bebiendo un par de cubatas de ron.
 
Jensen se llevó arrastrando al doctor Hyakinthos quien para este punto se quejaba como alguien con psicosis por eso no de querer ser un prisionero, no quería ir a prisión y tenía razón. ¿Quién en su sano juicio iría a Impel Down por voluntad propia? –Hyakinthos contéstame una pregunta… ¿si me atrapara la marina, irías a Impel Down y organizarías mi fuga de la prisión? Por qué ciertamente si te agarraran a mi créeme que manos les van a faltar a los marines para pelármela, yo te rescato vivito coleando y danzando, salud por eso – dijo cuando llegaron las botellas de ron – vamos Hyak, un traguito…o dos, o tres botellas, ¿no es problema verdad?, después de todo ¿qué es lo peor que podría pasar? – dijo Jensen levantando su botella, chocándola con la de su compañero y bebiéndosela de un sorbo. –Otra ronda – exclamo, con una sonrisa en su cara.
#10
Ni siquiera tuvo que guiar al caballo por el camino, el animal que eligió parecía poseer una inteligencia extraordinaria, al menos superior a la de él mismo cuando se trataba de orientarse, pues no tardó en llegar a una parte del pueblo que lucía más concurrida y que, para su suerte, cada quien se ocupaba de sus propios asuntos ¿Razón? Estaban cerca del puerto, las personas trabajaban con sus barcos, en sus puestos de venta o en los negocios cercanos, bares, talleres y demás cosas a los que el médico no le prestó demasiada atención, de hecho, prefirió no prestar demasiada atención a nadie, ni siquiera mirar a los ojos a las personas que pudieran estar más cerca de él, o quería llamar la atención luego de haber “pedido prestado” un caballo, uno del cual se bajó apenas estuvo en un área que le pareció decente.
 
—Puedes irte, amigo —. Le dio un golpecito al animal, que no tardó en galopar de regreso por donde vino, el pelinegro hizo lo mismo con el de él, algo que le brindó una satisfacción enorme al pelirosa, quien suspiró aliviado al haberse desecho de las “evidencias” de su crimen.
 
—¿Y yo para qué quiero un caballo? Tengo que salir hoy de esta isla, mi tiempo aquí se acabó…no me sirve un caballo en altamar ¡Lo que necesito es un bote! ¡Un bote! —dijo con voz cansada —¡Ah! Estoy casi seguro de que alguien me había comentado algo sobre un puerto en donde zarparían unos tipos hoy, pero ya no puedo recordar la dirección…no puedo empezar de cero, necesito encontrar otra forma de irme de la isla y… —Hablaba entre dientes, refunfuñando y en voz baja, por lo que no era de extrañar que el de capucha roja no le hubiera prestado atención, así que cuando este le habló, el pelirosa alzó la cabeza y lo miró a la vez que elevaba una de sus cejas —¿Pasar desapercibidos? ¡Ah! No digas en voz alta que somos cuatreros o lo van a creer, de todos modos ¿No me escuchaste? Dije que quiero salir de esta is…
 
No tuvo voz ni voto y lo único que pudo hacer fue suspirar y resignarse cuando el otro tipo, sin vergüenza alguna, lo tomó del brazo y lo arrastró hacia un sitio que lo hizo arrugar la cara ¿En verdad pensaba hacerlo entrar ahí? —…Jason ¿Cierto? —Menos mal que algo del nombre ajeno recordaba ¿Si era Jason, no? —No creo que sea buena idea entrar a ese sitio, no parece muy…—De nuevo, sus palabras quedaron a medias y pronto se vio sentado en la barra de un bar de mala muerte cuyo cantinero tenía la cara de pocos amigos más molesta que podía recordar…bueno…no recordar, pero seguro no podía haber alguien con la cara más amargada que la de ese tipo.
 
—Dime que es una broma, oye, no soy bueno con el alcohol…no creo que esto sea buena idea, en verdad —. Su voz se cortó de nuevo cuando una pregunta inesperada salió de la boca del pelinegro ¿Había escuchado bien? ¿Qué si iría a Impel Down a buscarlo? ¿Estaba demente ese sujeto? Acababa de conocerlo ¿Cómo podía preguntarle algo así? Además, el médico no era una persona que buscara los conflictos, prefería evitarlos de ser posible ¿Cómo se supone que haría algo así? Y; sin embargo, a pesar de lo absurdo de la pregunta, la seguridad con la que el de rojo le dijo que los marines tendrían que vérselas con él si lo llegaban a atrapar, lo hizo reír con ganas.
 
—Amigo ¿No estarás borracho desde antes? Sí, debes estarlo, porque lo que hiciste en la playa fue una locura y ahora esto —. Volvió a reír y aceptó la botella de ron que le correspondía para luego servirse por su cuenta en un vaso de vidrio, ni de chiste pensaba tomar directo de la botella. —Para empezar, si cayeras en Impel Down, tal vez sería mi culpa —. Dio un sorbo a su bebida, dándose cuenta de que había hablado en voz alta, lo que alertó sus sentidos e hizo que, inconscientemente, se mordiera el labio con fuerza suficiente para dejarlo rojo y algo magullado, concentrándose para que las siguientes palabras que salieran de su boca no fueran tan descuidadas. —Es broma, es broma —. Le dio un par de palmaditas en la espalda al tirador. —Nunca he metido a nadie en problemas, después de todo, solo soy un médico, cirujano...o algo así —. Una verdad a media no hacía daños, el pelinegro no tenía que saber su pasado, menos cuando él mismo apenas y podía recordarlo.
 
Bebió un poco más del vaso de ron, mejor, dicho, bebió por completo el vaso de ron que tenía y se sirvió otro para continuar bebiendo, aunque, algo en su mente le seguía gritando que eso no era buena idea
 
—…Eh…yo no…no creo que otra ronda sea lo mejor…no…no…—Negó varias veces al cantinero que lo miró de arriba a abajo, puso una cara más amargada de la que tenía y se apartó, no sin antes lanzarle una mirada de decepción. —Ves…ese señor no se ve feliz de que estemos aquí, deberíamos…deberíamos…irnos…sí…recuerda que… —Dio otro sorbo al vaso de ron que se había servido antes. —…tengo que…hip…buscar un bote… ¡Ay! Esto tiene mucho alcohol —. Eso no lo detuvo de terminarse el vaso que se había servido y volver a tomar de la botella que aun no terminaba.
 
—Pero como te decía…mejor nos vamos ¿Sí? —Sacó su billetera para poner unos cuantos berries sobre la barra, quizá más de lo que debía pagar en realidad, pero sentía que si seguía en el lugar algo malo podía pasarle y no estaba dispuesto a arriesgarse, así que fue él quien ahora tomó el brazo de Jensen y lo jaló fuera de su silla, dispuesto a arrastrarlo al exterior del bar.


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)