Un desastre tras otro // Pasado. Priv.
#1
¿Cómo alguien podría ser tan tonto? ¿Cómo podría un solo ser en este planeta atreverse a algo como lo que Uker hizo hoy?

Seguramente, más de algún pirata y persona que no le importe morir, pero ninguno de esos casos era el del pelinegro, que ahora se encontraba, rebuscando entre cada rincón de su humilde hogar provisional. Tenía prisa, y por eso se movía de un lado al otro mientras metía todo lo que podía en sus bolsillos, así como colocándose otra muda de ropa encima de la que tenía. En estos momentos era donde lamentaba nunca comprar una bolsa o mochila, pero siempre se había dicho que no lo sacarían de esa isla.

¿Qué había hecho y por qué parecía tan apresurado en salir corriendo? Para eso debemos irnos un par de horas antes, en el pequeño restaurante donde trabajaba.

Había luchado por encontrar trabajo más de lo que le gustaría admitir, pues su falta de experiencia real no lo dejaban en buena posición, pero un buen hombre le había permitido ser cocinero en su restaurante hace un par de meses. Así llegamos al día de hoy, en donde todo parecía ir con relativa normalidad, hasta la llegada de unos soldados de la marina. Se habían sentado y ocupado una de las mesas más cercanas a la cocina, y podía verlos sin problemas desde una pequeña abertura en la pared que servía para pasar los platos terminados hacia los meseros.

Intentó no verlos, no prestarles atención, al fin y al cabo no tenía porqué interactuar con ellos. Si podía pasar las siguientes horas sin salir de la cocina estaría todo bien, pero ellos tenían que abrir su boca.

Llamaron con rudeza a una de las meseras, solo para luego exigir que se les tomara la orden. Tal vez la mujer era nueva, tal vez les tuvo miedo, pero tardó en contestar afirmativamente y con un claro temblor en la voz. Uker simplemente se limitó a cocinar lo pedido, junto a otros de los cocineros, preparando cada cosa pedida por los 6 soldados. No tardaron más de lo esperado, tampoco hicieron un mal trabajo, pero no faltaron las quejas, gritos y malos tratos por parte de los recién llegados hacia la mesera, exigiendo ver a quien “preparó algo tan horroroso”.

Al mirar a su lado, el joven se encontró con las miradas de sus compañeros, pidiéndole en silencio que sea él quien se encargara del asunto. No le quedaba de otra, si no iba podían estar todo el día jodiendo a la clientela. Solo debía fingir un poco, por lo que salió por la puerta de la cocina lanzando un suspiro e intentando no mostrar ni una pizca del rencor que tenía hacia esas personas. - Señor, ¿se le ofrece algo? -. Su cara no fue la mejor, ni en cien vidas podría evitar mostrar su descontento con un soldado de la marina, y tal vez eso fue lo que llevó a una discusión a solo 2 minutos de empezar la charla.

¿Cómo terminó eso? Digamos que cierta persona, y por una obvia equivocación, estrelló la cabeza de ese soldado contra la mesa frente a la que estaba sentado. Tardó unos segundos en darse cuenta de lo que había hecho, cuando el silencio se adueñó del lugar. Lo único que pudo decir antes de irse corriendo fue un “lo siento” dirigido hacia el dueño del lugar.

Y ahora estamos aquí, con el hombre terminando de agarrar todo lo que podía de su hogar y simplemente marchándose, pensando en que podría hacer ahora. - Genial, otra isla de la que me tengo que ir -. Si, no era la primera vez. - Y seguramente le traje problemas a ese buen hombre, demonios -. Tuvo que estrellar su mano contra su cara para calmarse. - Soy una mierda, carajo -.

¿Debería ir a la zona norte de la isla? La idea pasó fugazmente por su cabeza, pero se dio cuenta de que seguramente sea donde más seguridad hay, y donde mejor pueden encontrarlo. - Y deben tener vigilado el puerto, ¿Cómo voy a irme ahora? -.
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#2
Sus pasos, seguros, resonaban por las calles. No había un rumbo fijo, solo el humo lo acompañaba saliendo del cigarro pegado entre sus labios, su imagen pulcra, sin una sola arruga en su traje y las manos en los bolsillos. Negocios. Otro día más de negocios. Por lo menos detrás de él habían otros tres hombres, alguno que otro con alguna cicatriz en su rostro, otro con solo cara de pocos amigos, o simplemente gafas de sol. Todo en ellos gritaba “amenaza”, y ya ni hablar del varón que fumaba. Su mera presencia, cargada de una belleza amenazante, podría dejar claro que la mejor idea no era entrometerse en su camino.

—Jefe. — habló al fin uno de ellos, señalando con la cabeza a alguien que parecía correr en una dirección. Jin solo observó, con sus ojos afilados. Ya previamente lo había escuchado, igual que un extraño bullicio a los alrededores, pero no le daba importancia.

—Déjalo por ahora. — ordenó en su tono suave, calmado y frío. No hubo respuestas, solo prosiguió su camino, hasta encontrar una montaña de personas en lo que iba a ser su lugar de alimentación. Algo que rompía por completo una rutina que ni había armado realmente. Solo se quedó quieto, observando a sus hombres por encima del hombro con un leve movimiento de cabeza. No fue necesaria una orden antes de que los tres inclinaran sus cabezas.

—Ahora mismo le informamos, jefe. — después de las palabras, los hombres se adelantaron al interior, buscando hacer espacio, viendo todo el caos, disculpas de posibles empleados. Él mismo aprovechó la grieta que sus hombres habían armado para pasar como si nada entre la gente. Algunos lo reconocían, otros no y, pese a todo, ya lograba que le hicieran espacio con temor para evitar cualquier conflicto con él. Sus manos en ningún momento se retiraron de sus bolsillos, no al menos hasta ver la sangre en una de las mesas, miembros de la marina gritando. Solo en ese momento retiró su mano derecha del bolsillo, acercándolo al cigarrillo entre sus labios.

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—Qué ruidosos…

Sus palabras sonaron muy suaves, demasiado. Señal de alerta, al menos así fue para sus hombres, que se congelaron. —Inmovilizadlos. — la orden fue ejecutada. No solo eso, sino incluso más de sus hombres parecían estar allí para sorpresa de mucho, quienes dejaron a los marines atrapados en el suelo, siendo firmemente agarrados. Él se acercó al que tenía más cerca, con pasos lentos, sin prisa, pero sin pausa, hasta que se puso en cuclillas frente al mismo que parecía herido, quien solo soltaba maldiciones. Jin tomó su cabello, forzando a elevar su cabeza para verlo directamente.

—¿Quién tuvo las pelotas de golpear a alguien de la marina?

—¡Ese cocinero bastardo! ¡Huyó como un cobarde…! ¡Aggghhh! ¡Ahora suéltanos! — el apretón en el cabello se volvió más firme, haciendo que el marine emitiera un nuevo quejido de dolor. —Hijo de-…

—Solo lo diré una vez. No me molestes, ni a mí, ni a mi trabajo. Piérdete si quieres conservar esa cabeza, con tus colegas. — lo soltó bruscamente, en una sacudida, haciendo que la frente del marine se estampara contra el suelo. —Ni siquiera te di permiso para hablar. — habló, con el pie sobre la cabeza del hombre. Chasqueó la lengua, ahora viendo interrumpida su hora de comer.

Como si fuera lo más natural, terminó volteándose, apartando el cigarrillo de sus labios, expulsando el humo de sus pulmones como un halo de respiro. —Buscad al causante de esto. — la respuesta fue inmediata. Sus hombres lo escoltaron, otros comenzaron a buscar en la zona. Movimientos meticulosos, estaban por todas partes, en cada rincón. En apenas quince minutos, Jin ya tenía a alguien corriendo en su dirección, anunciando dónde se le había visto por última vez. No era una ubicación concreta, solo una calle. —Buen trabajo. — fue todo lo que dijo antes de caminar hasta el lugar, sin prisa. Ya había más de su gente vigilando a escondidas. ¿Motivos de buscar al causante del caos? Eso se descubriría más adelante, por ahora…

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—Veamos qué tan valiente o cobarde eres.
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#3
Desembarco en Sorbet dispuesta a encontrar pistas sobre aquellos que voltearon su vida de cabeza, había oído que habían grupos criminales especializados en el combate en la oscuridad. Señores de la noche y sirvientes del acero. Maki se detuvo en el puerto y le dio el ultimo vistazo al barco mercante que le trajo, partirían esta misma tarde y dudaba que pudiera obtener info o sangre antes de que se cumpliera ese plazo, por lo que hecho a su espalda la guitarra que contenía los pedazos de mil recuerdos rotos y camino entre la sombra que le permitían las casas viejas, ajadas y goleadas por el destino, se calzo la capucha se subió la mascarilla para evitar comenzar una pelea por aquellas malditas miradas de asco y odio por su horrenda deformidad. Quemaduras de amor y que por amor conservaría. El amor a la venganza y a los destinos rotos y armados solo para cazar diez almas perdidas en todo el mundo.

Tenía hambre, de la peor que hubiera sentido en días, quizás el viaje había sido demasiado movido y el capitán no tan experto, por ello se dirigió a uno de los restaurantes más cercanos. Decidida miro el cartel, y otro más alejado… vio como entraron marines… unos mala vejados, malacatosos y pendencieros. Marines, en resumen, creyéndose reyes de los mares y anfitriones de la verdad, no los soportaba, pero ya había decidido entrar. Apenas abrió la puerta de vaivén que separaba el estruendoso calor del exterior y pudo sentir de inmediato en su cara el sabor de la deliciosa comida que servían. Su vista busco el lugar más apartado, secreto y recóndito. Aquel que solo las almas en pena ocupaban para por fin tomar asiento. Apenas se sentó se le acerco una camarera que estuvo a punto de tomar su pedido, pero los albos prepotentes la llamaron con palabras que casi rayaban en insultos, Maki miro con su mente la espada, acariciando su desenvainar y por consiguiente el desgarro de la carne dorada y bronceada de los cadetes. Busco el lugar donde su hoja descansaba, en el cuerpo de su guitarra… pero decidió dejarla descansar… sonrió con sus ojos y provocando una amable ademan le insto a ir con los lords del lugar.

La muchacha hizo una reverencia de disculpa y atendió a los prepotentes Marines. Cuando los desgraciados hubieron sido servidos, llego también la comida pedida por la soñadora del los fuegos fatuos, y antes de dar el primer bocado escucho los comentarios en voz alta del sabor, el color, el aroma y la consistencia de la comida… Maki dudo, pero no confió, la probo ella misma y sintió que cada bocado era ambrosia que se deslizaba para satisfacer sus oscuros deseos de canción, alegría y compasión, sintió la nostalgia de ser amada y la promesa de un futuro feliz, en paz y lleno de armonía, pero esta última fue quebrantada, saliendo de su estupor, uno que le sonrojo las mejillas, vio como uno de los cocineros. Alto, un poco mas que ella… de cabellos oscuros y mirada perdida en el cansancio, quizás de lidiar con bastardos como los marines estos. Maki apoyo el codo en la mesa y su rostro sobre su mano para ver cómo era la diplomacia en acción, pues ella le habría… demonios… almas gemelas. Le estrello el rostro contra la mesa a uno de ellos, el que, a vista avizora de la señora de las quemaduras era el líder.

Maki esbozo una sonrisa divertida, sí que tenía huevos ese cocinero. Lo que vino después fue lo mejor, los Marines quedaron estupefactos, idos y paralizados, se notaba que nadie se había enfrentado a ellos y sus voces altaneras, no, nadie, el cocinero vio como el desgraciado reboto y cayo al suelo hecho pedazos. Era fuerte también pero no era rival para un joven que trabajaba por lo suyo, toda el alma depositada en aquel golpe hizo que el corazón de Maki creciera unos centímetros.

Fue entonces cuando el cocinero se perdió en la puerta el dueño salió a dar disculpas y desamarse en pretextos, pero los marines comenzaron elevar sus reclamos, fuego… fuego comenzó a sonar en sus reclamos y como aves trinando a un nuevo día Maki vio el lugar en llamas, no podía soportar esa amenaza. Se levanto con una vista sombría y ahora si toco la empuñadura de su arma. Pero se contuvo de levantar el testimonio de su brutalidad pues entraron una parvada de aves negras y aunque no parecían calmar la situación, vio el rostro de amargura y temor en algunos de los presentes… quiso preguntar quien era aquella sombra imponente. Pero en el comensal mas cercano solo vio terror y un corazón atenazado por el miedo incluso de pronunciar el nombre del demonio elegante.

Maki se quedó ahí imperturbable y serena, segura de contener el mundo en su furia. Era un maldito yakuza, pero ¿De que tipo? Habían de todo tipo, este parecía ser del tipo pendenciero, quiso adelantarse para enfrentarlo, pero una mano le detuvo… la camarera quien movió la cabeza de manera negativa… entonces abandono el restaurante dejando ahí a los marines que ahora solo parecía un grupo de frikis, desadaptados y empequeñecidos a tal punto que parecían gatitos asustados.

Maki espero solo un segundo, y salió detrás de los yakuza… el cocinero… debía conocer al resto de muchachos que conoció en Samba… seria un aliado poderoso, sobre todo por el sabor de su comida. No permitirá que este imbécil le hiciera daño.
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#4
Su situación, fuera del reciente destrozo que causó en el restaurante, no era diferente de la de cualquier ciudadano de esa zona. Vivía en una casa que podría confundirse por una simple pocilga, apenas si compraba comida que no fuera para mantenerse bien alimentado teniendo en cuenta sus entrenamientos, y fuera de eso no tenía muchas más ropa que la que había conseguido ponerse encima y una sábana tan fina como una servilleta. Esta era la zona más pobre de la isla, y la idea de vivir en las zonas más acaudaladas existió, pero siempre lo detuvo el gasto en comparación a sus ahorros. Tenía lo suficiente para comprarse una barca y huir, tal vez incluso contaba con la suerte de que no lo encontraran y pudiera escapar a otra isla.

El sonido de sus pisadas apenas y era amortiguado por las calles de tierra mientras se acercaba al puerto, que junto al calor que daba el sol de mediodía lo hacía enfadarse aún más. Debería haberse quedado callado, debería haberse quedado en la cocina, tal vez así podría disfrutar de un hogar por un poco más de tiempo. - Maldita mi suerte, y maldita mi audacia -.

Fue tras unos cuantos minutos de estar corriendo que lo notó. Gente de traje, estaban por todos lados, le lanzaban miradas repentinas al pasar por su lado. No tuvo que girar su rostro para darse cuenta de lo obvio: lo seguían. - Genial, ahora esto -. Podía suponer que lo buscaban, y el porque también, pero no dejó de sorprenderle que la marina jugara tan sucio a plena luz del día. Mientras corría, apretó en su puño la manga de su abrigo marrón, buscando refugio en el recuerdo de su padre, buscando tranquilizarse.

Solo debía llegar al puerto y pedir un barco, estaría bien desde ahí.

La tierra bajo sus pies dio paso a la madera en cuanto llegó al puerto. Esquivó un par de hombres que volvían de pescar, así como de algunos vendedores que buscaban ganarse algo con su mercancía. En otras circunstancias, se habría detenido a hablar o comprar algo, siempre conseguían peces de buena calidad, pero esta vez tuvo que simplemente pasar de largo, incluso si el hombre le lanzó un alegre saludo en cuanto lo vio.

Pudo detenerse en cuanto vio al hombre que mandaba y organizaba todo en ese lugar, un hombre bajo y rechoncho con una barba que le llegaba hasta el pecho, y un gorro en su cabeza que mostraba que alguna vez había sido capitán de algún barco, no pirata. - La embarcación más pequeña que tenga, con un remo, por favor -. Las palabras salieron apresuradas por su garganta, y toda la situación hizo que el viejo tardara un poco en comprender, pero terminó por negarle con un gesto de su cabeza. No tenían ninguna disponible.

Su mente iba a mil por hora, intentando buscar soluciones, pero en cuanto escuchó como algunos hombres se quejaban y gritaban miró hacia atrás. Los tipos de traje, lo habían seguido y estaban cerca, cosa que hizo que el muchacho siguiera corriendo en dirección opuesta, hasta llegar al borde del muelle.

Tuvo que detenerse con fuerza, así como mover sus brazos en círculos para no perder el equilibrio y caer al agua. No había más salida, tuvo que darse la vuelta y encarar a sus perseguidores, recién notando que se trataba de 7 personas. - Bueno, supongo que no puedo pagarles más de lo que la marina les ofrece -. Intentó ganar tiempo, pero cada vez su mente le pedía con más apuro subirse a algún barco y robarlo. Fue en ese momento que pudo ver una figura corriendo hacia ellos, con unos cabellos verdes y una… ¿guitarra?

Dio un vistazo rapido hacia atrás. Tal vez era hora de lanzarse al mar y acabar con la persecución. Y con este calor también.
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#5
Para cuando el hombre llegó, se percató de que la zona que le señalaron estaba desierta. La información de que había huido no lo tomó desprevenido, pero sí fue una leve decepción personal. Debía admitirlo, el hombre que buscaba era escurridizo, pero su experiencia ya lo llevó a barajear opciones y, una de ellas, la más obvia. —Revisad el puerto. Que nadie le de un solo bote o barco. Lo quiero acorralado. — Sabía que si no lo hacía así, podría huir por otra vía. Él mismo había aprendido aquello de las calles. No había pasado todos esos años viviendo en la inmundicia para no aprender la lección, además de los típicos deudores que escapaban de una u otra forma, contactaban con otros… La orden fue acatada al momento, hombres que corrían hasta el puerto, mientras otros perseguían al joven.

Cuando el lugar fue más despejado, su agudo y afilado oído le hizo saltar las alarmas. Instinto, experiencia y su oído refinado hicieron que pudiera escuchar los pasos de alguien más. No sabía distinguir los pasos, ya que por mucho que mujeres y hombres tuvieran andanzas distintas, cada persona era un mundo. Fingió no percibirlo, pero supo que había sido perseguido desde hacía un buen rato, quizás desde poco después de salir del restaurante. Si fuera a atacar, ya lo percibiría, estaba más que preparado. Lo único que hizo fue voltear sus ojos con un freno corto en sus pasos. Pensó quizás que sería algún imbécil de la marina, o algún otro idiota que no sabía quién era. Si lo estorbaba, solo era quitarlo del camino como sabía hacer.

Finalmente decidió echarse a la carrera junto a sus hombres, yendo por atajos que conocía bien gracias a su experiencia, movimientos expertos, ágiles y veloces que hacían que saltara de un edificio a otro, escalara de un lugar a otro. Su traje perfecto, cabello impoluto e incluso corbata se sacudían a cada movimiento experto, adelantándose a varios de sus hombres incluso. Para cuando finalmente llegó a su destino, se acomodó la corbata como si no hubiera tenido una carrera a contrarreloj, elevando su mano sobre su cabello, pasándolo sobre atrás y un lateral, reacomodando el pulcro peinado y, por último, con pasos más firmes, se acomodó de nuevo su traje con una sacudida. Pudo ver a los hombres aglomerados en un solo punto, cerca del mar. Bien, pudo llegar a tiempo.

Sus pasos fueron lentos, pero procuró que fueran lo suficientemente sonoros para que sus hombres notaran su propia presencia. Sacó una cajetilla de metal de su bolsillo del pantalón izquierdo, abriéndolo con una mano. El interior estaba repleto de cigarrillos perfectamente ordenados. Retiró uno de ellos, acomodándolo en sus labios. Una nueva calada no le vendría nada mal. Pudo escuchar las palabras del varón que todavía no podía ver, pero sus pasos ya habían sido aviso suficiente para que sus hombres dejaran el hueco perfecto para revelar su posición. Se acercó, sin temor, pero manteniendo la misma distancia que sus hombres, solo que ligeramente más corta.

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—¿Pagarme? ¿Tengo acaso cara de necesitar dinero?

Sus ojos afilados, ahora sí, se elevaron en dirección al joven. Los hombres estaban en guardia, pero Jin elevó una de sus manos. Instantáneamente, todos bajaron sus guardias, incluso armas que hubieran retirado y puesto en la mira de aquel cocinero que brindó semejante conflicto. —Tuviste las pelotas de golpear a un marine. — habló con calma. Los pasos tras su espalda pudo escucharlos, aparentemente lo habían seguido incluso desde allí. —No te recomiendo golpearme por la espalda, seas enemigo o no. No planeo derramar más sangre de la necesaria hoy.

Inhaló el humo de sus pulmones, sin apartar sus ojos del joven pese a la amenaza que iba realmente dirigida a la chica que tenía a sus espaldas. Sus hombres sí pudieron percibirla entonces, haciendo un escudo humano a sus espaldas de forma automática. —Solo te buscaba por interés. No muchos tienen las pelotas de golpear un marine. Esos no hacen nada más que meterse en asuntos que ni les incumben, y son una condenada carga. — pronunció con calma, soplando el humo de sus pulmones, con la mano libre en su bolsillo, de forma despreocupada. —Y, sin embargo, me has decepcionado al seguir huyendo como un cobarde. — no existían mentiras en su vocabulario, solo era directo, con una calma imperturbable. —Escuché que eres cocinero. Quizás me plantee conseguir sacarte de esas garras de los marines si haces algo que me agrade suficiente. Te daré un lugar, utensilios… No hará falta que te ahogues en el mar o entre tiburones y criaturas. Solo convénceme de que mereces la pena. — una media sonrisa se dibujó ahora en sus labios, dándose media vuelta, ahora finalmente viendo de frente a la persona que lo había perseguido. Cierto, no imaginó que fuera mujer, pero mucho menos que tuviera unas marcas tan distintivas. ¿Lo alertaba? ¿Le provocaba repudio? En lo más mínimo. Había visto cosas peores. —Y tú, no sé por qué viniste hasta mí, no te recomiendo meterte en un asunto que no te concierne si no tienes que ver con el cocinero.
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#6
Cuando salió del restaurante después de pagar intento hablar con alguien, quien sea, pero nadie tenía aparentemente el coraje para darle detalles o lago que le sirviera, sin embargo, uno de los cocineros le dijo que vivía en las afueras, cerca del puerto pero que no tenía muchas conexiones. Cuando salió había perdido de vista al yakuza, era rápido, no sabia que mas hacer, buscar a ciegas era peligroso, así que sus instintos le empujaron a lo mas obvio, si el muchacho era perseguido por los yakuza y por la marina… bingo… abandonar la isla era lógico.

Aguzo su vista y su objetivo… se encapucho nuevamente para dirigirse al puerto camino lento, pero sin pausa, estaba algo lejos y seguro el muchacho había ido a su casa. Dinero y alguna cosa importante era algo que ella iría a buscar antes de irse de cualquier lugar. Vio como la ciudad se iba al carajo, corriendo todos esos patanes con trajes por todos lados, como pollos sin cabeza por todos lados. No conocía la ciudad así que solo siguió a la multitud que poco a poco se aglomeraba persiguiendo al pobre cocinero…

Cuando llego al puerto se le acerco un Yakuza, pero ella solo se detuvo, escupió a un lado y movió su mano hasta la tsuka que sobresalía del cuerpo de su guitarra… —Apártate… solo deseo conversar con tu patrón…— La Tsuka salió de la vaina musical y parecía una espada rota, sin embargo, una suave melodía comenzó a salir desde la guitarra sin se tocada y poco a poco como si fueran mil pedazos de recuerdos perdidos en el tiempo. Trozos de metal, como esquirlas infinitas rebotaron dos veces cada una dando una tonada y como por arte de magia se lanzaron a la espada quebrada volviéndose una katana… el brillo de su arma recorrido la vista de todos y cada uno de los presentes… su cabeza se movió altivamente y apunto con su katana a su líder… —Tengo asuntos con mi amigo el cocinero… no puedo permitir que se inmiscuya con tontos que juegan a ser mafiosos.— Maki sin duda era mas fuerte que todos los presentes y confiaba en ante una trifulca, dar mucha pelea y por lo menos… —Puede que me superen en número, pero el primero que se mueva morirá… y lo digo por ti cara de culo… cocinero… ven conmigo… que no te intimiden estos peleles… yo te cuidare.— Jensen y Hyákinthos, sabia que eran buenos chicos y se prometieron salir al mar, reclutar gente útil y entre los puestos primordiales necesitaban un carpintero y un cocinero… no era seguro, había miles de cocineros, pero ella sentía que esto era el destino. Alzo su mano para mirarla… podía ver el hilo rojo que le unía a él… fría como el hielo se volvió al líder de los trajeados y nuevamente al cocinero.

—ACOMPAÑAME!! RECORRAMOS LIBRES LOS MARES!!— Le grito con energía mientras comenzaba a avanzar sin temor a que se le acercasen los Yakuza… los primeros… morirían… nah, en broma… el primero, nervioso, un novato ansioso de querer figurar en la nomina no dudo en querer tocarle, pero solo basto un sonó guitarrazo en la canebe4za del atrevido que lo hizo girar 360 grados paraca caer sobre otro compañero.

Bajo su centro de gravedad, su espada se adelanto su sonrisa destelleo y tomo su guitarra al revés lista para derribar al siguiente.
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#7
El jefe de sus perseguidores se hizo presente en un momento. Su altura y rostro no eran suficientes para intimidar a alguien que pasó su vida huyendo, pero su tono de voz le decía que en verdad tenía controlado a un grupo de personas así. - Pareces alguien que tiene dinero, y esos siempre buscan aún más -. Ya sea el líder o sólo un subordinado con más poder que el resto, no parecía buena idea meterse con él, pero, ¿Qué otra opción le quedaba? Tirarse al océano lo salvaría por 5 segundos antes de ser alcanzado por algún animal o la propia marina, y robar alguno de los barcos cercanos comenzaba a ser más y más difícil debido a lo rodeado que lo tenían. - Bueno, supongo que no me queda otra -.

En su cintura colgaba una espada con su vaina, de la cual acercó su mano a el mango y esta lo tomó, sin quitar la espada de su "prisión" . Se le notaba incluso en la postura que no había tenido un maestro, que simplemente fue un autodidacta que estudió y entrenó en base a libros, pero se sentía capaz de al menos derribar a un par por su buen estado físico. Al menos esa fue su línea de pensamiento, hasta que la persona que había visto antes llegó frente a toda la multitud, por fin notando que se trataba de una mujer gracias a su voz. - A mi me parece que alguien más se está metiendo en asuntos que no le incumben -. Miraba hacia el hombre que lo había desprestigiado, que lo llamó cobarde. - Y, ¿Qué te hace diferente a esos idiotas de la marina? A mis ojos no eres más que otro imbécil con poder -.

Y ahora esa mujer decía querer ayudarlo, protegerlo. ¿Quiénes eran estas personas? Pese a las dudas de su mente, movió la mano izquierda, apuntando con su dedo al mafioso principal con aires de buscar una verdadera pelea. - Prefiero luchar ahora a arrepentirme por el resto de mi vida bajo tus órdenes -. Ya no le quedaba mucha más opción, incluso si perdía y era entregado a la marina sería mejor que esa vida de mierda que le ofrecía. Tal vez se arrepentiría en el último suspiro si llegaba a morir sobre esos tablones de madera, pero al menos solo sería un momento breve.

Pero en ese momento fue cuando ella gritó. Lo invitó a unirse a ella, a recorrer el mundo juntos. ¿Una pirata? No lo habría imaginado, pensaba que los piratas no se dejaban ver tan fácilmente en los pueblos, pero sus palabras hicieron eco en la cabeza del muchacho.

Sonrió. Si se trataba de una invitación a formar parte de una banda pirata, su objetivo de encontrar una akuma no mi que le de la vida eterna estaría más cerca, y podría tener gente con la cual compartir el viaje. - Bueno, no puedo rechazar una oferta así -. Su expresión cambió a una más decidida, mientras que sus manos se cerraron en puños, listo para hacerse cargo de sus palabras anteriores. La chica ya había comenzado a hacerse cargo de su lado del problema, por lo que el pelinegro suspiró por última vez, antes de lanzarse a la pelea.

Solo tuvo que dar una zancada para acercarse al hombre más cercano a él, aprovechando la cercanía de una de las cajas llenas de pescados y hielo para tomar uno y lanzar un ataque hacia su cabeza. El trajeado lo leyó con facilidad, agachándose, y cayendo en la trampa del ojiazul. De pronto, Uker dio un salto y terminó por apoyar sus pies en el hombro del oponente, saltando e impulsándose de nuevo para ahora terminar al otro lado de la multitud, junto a la mujer que parecía interesada en tenerlo como su compañero. - Lo siento, no puedo servirte de mucho en un combate, por ahora, pero puedo encargarme de un par de estos inútiles si lo necesitas -. Aún después del salto, mantenía en su mano el pescado que usó como distracción, como si fuese a servirle de algo realmente.
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#8
—Un comentario razonable, desde luego. — pronunció el pelinegro con calma, pese al caos que existía a su alrededor. Los ojos no se alejaban del varón, manteniendo una calma inquebrantable, ahora retirando el cigarrillo de entre sus labios, soplando el humo del mismo. —Y, sin embargo, estás equivocado conmigo. No me mueve el dinero, tengo algo mucho más valioso que unos pocos billetes o monedas de oro.

Con el sol en lo alto, el humo se desvanecía en el aire alrededor de Jin, que seguía manteniendo una de sus manos en el bolsillo. Pudo ver a la mujer, quien habló incluso con el cocinero. —¿Amigo? Tiene gracia, no parece ni que te conozca, señorita. — cerró los ojos ante el insulto, “cara de culo” le resultó algo tan infantil… Y más teniendo en cuenta las cicatrices que cargaba la mujer. Pero, por supuesto, sus hombres no fueron iguales. Volvieron a sacar sus armas, algunos con pistolas, otros con katanas.

—¿Cómo te atreves a insultar a nuestro jefe? ¿Quién te crees que er-…? — De nuevo, el pálido de la cicatriz solo elevó su mano, haciendo que el silencio residiera en todo su alrededor. Ni siquiera cuando hizo que el contrario fuera aparentemente a su favor. Suspiró largamente, ni siquiera parecía inmutarse a la caída de alguno de sus hombres, solo seguía al hombre con la mirada, y luego cuando se posicionó cerca de la mujer, regresó el cigarro entre sus labios.

—Si eres capaz de creer una desconocida que menciona el mar como si fuera suyo, creo que estás por mal camino. Confiar ciegamente trae desgracias. — habló bajo el yugo de la experiencia, como si no estuviera habiendo un caos, pese a que sus hombres habían actuado como defensa, no como atacantes. Elevó calmadamente su mano libre, retirándolo ahora de su bolsillo, hasta su corbata. La calma irradiaba igual que la amenaza.

—Lo que me hace diferente de esos idiotas de la marina es que no permito que mis hombres vayan detrás de lo que pueda ser útil, tenga el pasado que tenga, esté o no a la fuga. Si quisiera atraparte, ya estarías en el suelo ahora mismo, y con los marines por aquí. — aflojó lentamente su corbata. Ya lo habían desafiado, no iba a retroceder, no cuando las calles no le dejaban ser un cobarde, no importaba. —Si prefieres creer a una niña que ni parece saber lo que dice y arriesgarte a que sea una trampa de la marina, adelante, ve, pero no tendrás segundas oportunidades conmigo. Un pirata no se expone de ese modo y, si es cierto lo que la chica dice, es que es la persona con menos cerebro que he conocido en mi vida, y más cuando hay marines detrás de ti que posiblemente te estén buscando, a ti y a mí.

Retiró su corbata al fin, dejándolo a un lado, aunque uno de sus hombres ya lo tomó antes de que siquiera cayera el suelo, mientras otro le acercaba una katana que tomó sin dudar, desenvainándola instantáneamente cuando vio a la mujer hacerlo.

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—Lo único que quería era un poco de comida. Qué desperdicio.

Usaba su mano izquierda con al sostener la katana, elevando su mano derecha hasta el cigarrillo de entre sus labios, ahora dando una calada incluso más larga a la anterior. —Y estoy seguro de que esa chica estaba en el restaurante cuando los volví sumisos a todos esos perros. Esas cicatrices no pasan desapercibidas, muñeca. — retiró el cigarrillo de entre sus labios, usando su dedo pulgar y corazón, apuntando directamente en el rostro de la chica. Con un movimiento, el cigarrillo se disparó de sus dedos, en dirección al rostro de la chica. O lo esquivaba, o usaba su arma para evitar que le diera directamente el cigarrillo. No importaba, él ya estaba haciendo el movimiento, lanzándose directamente en dirección a la mujer, impulsando su pierna, cambiando de mano izquierda a derecha. Su velocidad era digna de aplaudir, no solo era muy superior a varios de los hombres que estaban en el lugar, sino que su agilidad ya mostraban que no era su primera vez peleando.

La katana se movió, de abajo hacia arriba, usando una sola mano en el movimiento, a la vez que usaba su puño izquierdo justo en el momento que la katana se alzaba, directo en el rostro de la mujer… y eso iba a parecer, pero era consciente de los movimientos, intentos de esquivar o bloquear, por ello, ya llevaba apenas segundos alzando su pierna izquierda, con el talón en el frente y hizo un golpe directo en el estómago de la mujer. No bajó la guardia, en ningún momento, solo sostuvo la katana, con el pie descendiendo hasta el suelo.

—Como ves, no me gusta que me interrumpan mientras hablo, chica. Si eres de la marina, mejor lárgate con los del bar. Si no, solo piérdete de mi vista. — Los hombres que estaban con armas de fuego ya estaban, justo entonces, quitando el seguro y apuntando directamente a la mujer, mas no al hombre.
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#9
Tenia agallas por dios, no era simplemente que cocinaba bien, sino que también no se dejaba doblegar, lo vio en el restaurante con los marines, ahora lo veía con gente mucho… mucho mas peligrosa, además era guapo. Alto y decidido. Seguro los chicos lo aprobarían en el grupo. Se alegro cuando el joven al menos sopeso la posibilidad de unirse a ella y a los muchachos, pero era mejor que no supiera que aún no tenían ni siquiera barco o capitán… pues creía que Jensen era buena persona, pero era un zopenco. —VAMOS VAMOS VAMOS!!! Pelea con todo!! No queremos a los debiluchos!!— Cada palabra era acompañada por uno de los yakuza cayendo al suelo golpeado por el o ella, pues poco a poco comenzaron a cerrarles el paso y a rodearle… el primero e adelanto, ella giro y movió su mano abrazándole por debajo del hombro para volver a girar en la dirección opuesta y agarrándole del cuello le lanzo de cabeza contra otros dos hombres… uno vio vulnerabilidad aparente en ella y quiso agarrarla, rodearla con los brazos, pero se abrió de piernas al suelo y solo alcanzo el aire sorprendido… ella giro sobre si misma apoyada de espaldas para impulsarse y golpear con ambos pies a ese atrevido. En el aire lanzo su guitarra que reboto en uno en su cabeza y en otro en la sien.

Eran un grupo mal coordinado y si fueran mejor dirigidos podrían hacerlos papilla en menos de un segundo, pero Maki… sentía compenetración con el cocinero, recordando cuando peleaba con sus compañeros en aquel grupo secreto en la marina, sonreía después de semanas con caga puñetazo, cada patada y cada batir de su espada contra la de algún valiente que decidía usar el acero contra ella. —Soy Maki… cantante… quisiera que conocieras al tirador y al doctor! La oferta es real! Seamos libres cariño!— Movió su guitarra a su espalda después de golpear a otro con ella.

Su oferta… tenía alguna oferta acaso, los mafiosos eran solo unos mentirosos y codiciosos hambrientos de poder… esclavizaban por unas pocas monedas a trabajadores honrados para sacar un mendrugo o un día más de vida. Eran patéticos. —Todos son mis amigos… menos aquellos que fuerzan a los demás a una vida de esclavitud no te tientes cocinero por unos pocos billetes. — Dijo mientras esquivo a uno que pretendía sacar un arma de fuego… esos eran los peores. Además, eran efectivas en solitario, en grupo nadie podía disparar certeramente y de eso se aprovechaba Maki… moviéndose como el relámpago directo a él y golpeando el pecho con una patada voladora que uso para dar una voltereta en el aire y bajar hasta el suelo y de una barrida tirar a dos más que no tenían idea de como empuñar la mano siquiera.

De pronto el asedio aflojo y todo se medió paralizo. Una corbata se desabrocho y parecía una especie de ritual… Maki lo sintió, lo mejor y mas fácil… retroceder, lo lógico, llegar a un acuerdo. Pero no. su mente no funcionaba así. La emoción recorriendo sus venas como un néctar dulce y delicioso. Ambrosia, casi tan gratificante como la que le sirvió el cocinero. Saco la lengua solo un milímetro para saborear la tensión del momento. Nada mas había a su alrededor. Solo el cuello de su objetivo… la melodía de la furia comenzó a crecer y sus palabras quisieron aflorar… su cuerpo se descendió bajando un poco para recibir al enemigo… enemigo que o moriría o la mataría. 

—Un poco de comida?... imbécil… te topaste con el banquete completo!— La hoja de los mil recuerdos rotos resonó en su mano, deseando beber la sangre de su enemigo, latiendo junto con su corazón podía ver todas las aberturas que se le brindaban. Era un idiota orgulloso y que se creía que nadie podría vencerlo. Ahora le demostraría que una simple cantante le patearía el culo de aquí a la última isla del mundo pues… Maki no se apaciguaba… Maki escalaba al infinito. Paz no era su nombre, guerra su apellido y la D en su nombre le obligaba a pelear. —A quien le dices muñeca. Mafioso de cuarta… te enseñare que estas tan chico que no podrías ni siquiera jugar con esta.— Sus comentarios altaneros provocaban aún más a la guerrera cantante. Y finalmente una sonrisa se dibujó en su rostro. ¿El cigarrillo directo en su rostro? Que truco tan bajo… este le golpeo en la mejilla sin inmutarse. No le temía a absolutamente nada ni a nadie y las quemaduras menos. La ceniza y las ascuas rebotaron en su delicado rostro quemado y vio cómo se deslizaba para atacarla tan velozmente como un animal desesperado por cazar, no alimentarse, sino matar.

Esquivo el corte. Un movimiento obvio y eso quería decir solo una cosa… una finta. El golpe le dio directo en la nariz, una llamarada roja le hizo cerrar los ojos, pero por algún motivo no quiso adelantar su hoja para volarle la cabeza… quizás no quería asesinar a un niño jugando a ser un perro grande. En cambio, prefirió bloquear una patada penas con la hoja. El talón fue potente y uso esa misma energía para girar sobre si misma y aganándose estiro la pierna para dar una vuelta sobre su propio eje… alzo la vista… sangraba de la nariz y le devolvió la sonrisa. 

No mantenía la vista al redor, donde le apuntaban los desgraciados… se rio bajo como una orate y rugió deslizándose debido a la potencia de su carrera… esto no se queda así… salto disparad como una pantera enajenada. No, no necesitaba su arma, solo sus puños lanzo su arma directo al enemigo, pero no era completa, lo que salió disparado fue la hoja completa sin la tsuka, rápidamente la calzo en su cinto y la gracia fue que esta cuando impactaba estallaba como una granada en mil pedazos… poco daño hacía, pero distraía al enemigo al ver una hoja destruirse en mil piezas. ¿Finta? esto era una verdadera finta. Si no la esquivaba seria horriblemente cortado por la hoja y sus mil filos.

Sus puños actuaron contra el jefe de los enemigos… los subordinados no querían disparar, nerviosos y solo lo harían si el desgraciado a cargo se los ordenaba. Era muy rápida ella y sus movimientos. Todos los golpes eran potentes. Dotados de una fuerza superior a la que obviamente tenia cualquiera. Como si sus puños no estuvieran limpios. Cargados de dolor y emoción… el primero a sus ojos, la ceja derecha, el izquierdo al riñón y adelantando un pie en el espacio privado de las piernas del enemigo lanzo un codazo a la sien del Yakuza… a su cicatriz. Debía ser su punto débil. Esperaba que fuera una mala costumbre poco trabajada y una abertura al ataque de Maki.  Entonces retrocedió de un salto para mirar entonces alrededor… comprobar que el premio a cobrar estuviera bien. El cocinero declaro no pelear tan bien. Pero cuando la vida pende de un hilo a veces hasta un ratón se convierte en un león.
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]
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#10
Tal vez fue exactamente eso lo que le hizo confiar en la mujer, el hecho de que se atreviera a gritar algo como eso. Los marines no hablaban del océano con tanta libertad, y al parecer este tipo y sus secuaces tampoco, solo alguien con la voluntad para dominarlos diría algo así. - ¿Cariño? -. Esa parte de la frase se llevó por delante la verdadera pregunta que tenía para ella. ¿Una cantante? ¿Ese era su rol en la tripulación a la que pertenecía? Sabía que los piratas eran extraños, pero nunca imaginó que…

Un golpe se acercó a su rostro, siendo detectado por el joven y moviendo su cabeza a un lado para evitarlo, así como dando un salto hacia atrás para tomar distancia. Dos de los trajeados se le acercaban, ambos desarmados, pero levantando los puños y chocando uno de ellos contra la palma de la mano contraria. Si fueran dos, podría ganar, pero claramente vio a más de ellos mirar desde atrás, seguramente esperando para no estorbar en el combate. Bueno, eso lo ponía en desventaja, pero aún tenía un as bajo su manga.

Su mano izquierda fue a parar a la empuñadura de su espada, momento en el que uno de los hombre se acercó corriendo, deteniéndose y agachando su cabeza en el momento en el que la mano del joven se movió y apuntó en esa dirección. Pero, de nuevo, solo se había tratado de un engaño, pues la espada aún se encontraba en su guarda, y Uker aprovechó el movimiento de su brazo para preparar un puñetazo, que terminó acertando en la mandíbula de su atacante. - Idiotas… -. Había tenido peleas antes, incluso contra marines, y recién ahora notaba la gran diferencia entre una verdadera amenaza y estos buenos para nada.

El segundo secuaz ya se había acercado antes de que el cuerpo de su compañero toque el suelo, propinándole un golpe en el estómago al pelinegro. Su cuerpo se dobló por la potencia y el dolor, pero aprovechó el momento para atrapar el brazo ajeno y no dejarlo escapar. Su cabeza se movió hacia atrás, y en un instante la estampó contra la del hombre que lo golpeó, el cual quedó atontado, pero un segundo golpe con la frente en su nariz fue suficiente para hacerlo caer al suelo.

Otro hombre ya estaba atacando, esta vez portando un cuchillo. Intentó clavarlo en su costado izquierdo, pero el joven dio unos pasos hacia atrás para evitarlo, notando como otro más se acercaba a espaldas del más reciente. No dudó en tomar la muñeca del atacante, obligándolo a girar el brazo y soltar el cuchillo, solo para propinarle una patada que lo empuje y moleste al que venía a atacarlo, ahora portando una katana. Tuvo que agacharse para evitar un corte que le rebanaría el cuello, aprovechando ese momento para recoger el cuchillo que cayó al suelo y clavarlo en el píe del agresor, quien soltó un quejido, acallado en el momento en el que Uker le estampó un uppercut en su mentón.

Debe haber visto su victoria, pero el hombre no se rindió y lanzó otro ataque, uno que si lograría asestar en el pelinegro. La punta de la katana rebanó su camiseta, así como parte de su pecho debajo de esta, dejando salir sangre por el corte generado en la prenda. - Imbécil -. De pronto, el anteriormente perseguido se encontraba furioso. De una patada en la mano contraria obligó al oponente a soltar su arma, para luego propinarle otro golpe, ahora dirigido directamente a su nariz, que terminó por hacerlo caer de espaldas al suelo.

¿Por qué su enojo? Pese a la herida en su pecho, la cual no dudaba que terminaría sanando, el abrigo que llevaba con él había sido afectado por el ataque, generando un daño en el área cercana al hombro derecho en el cuero de este. - Al menos los marines tenían un par de ellos cuyos cortes se sentían verdaderamente dolorosos, ¿Qué tan inútiles deben ser ustedes? -. Esos tipos que lo persiguieron en el pasado le habían puesto un nombre, estaba seguro, pero no recordaba cómo se llamaba eso que hacían para potenciar sus ataques. - Y tú que dijiste que eran mejores que esos imbéciles -.

Le habló al jefe de todo ese grupo, sin notar que su situación y confrontación contra la mujer había escalado. Ahora que los veía, estaban a un nivel diferente, pero si seguían con esto no tardarían en estar acorralados por la marina. - ¡Oye, tú! Si nos quedamos aquí no volverás a ver a ese grupo tuyo -. Notaba que no era alguien que dejara una pelea a medias, y tampoco parecía serlo su oponente, por lo que se le ocurrió una idea. - Y en cuanto a ti… -. Miró ahora al jefe mafioso, aprovechando que había habido un pequeño parón en su pelea. - A 600 metros de la entrada de la zona norte de la isla, encontrarás un restaurante llamado Battera. Se puede decir que me deben un favor, pero no creo que necesites mencionar mi nombre para lograr que te sirvan -.

Pese a buscar una solución pacífica a esto, su mirada indicaba que estaba preparado para volver a pelear si hacía falta. - Muchas cosas que sé vienen de ahí, y ellos aún son mejores -. Tal vez eso haría que incluso la mujer se interesara más en los cocineros de ese lugar, pero al menos así podría escapar por su cuenta, incluso si tiene que dejar atrás la oportunidad de salir al mar. - No voy a arrastrarme hacia ti, así que te aconsejo que tomes esta oportunidad y nos vayamos, ni siquiera debes encargarte de la marina por lo que vi -.
[Imagen: nxACuAB.png]
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