Un encuentro con la nueva generación[Presente Relativo]
#1
El joven gigante había conseguido cumplir con su misión, habiéndosele quedado un extraño sabor de boca debido a la conclusión del enfrentamiento con los onis, le dejó claro que debía de hacer más cosas, mejorar su rendimiento en combate, así como conseguir algunas técnicas más. Con el tiempo seguramente consiga pulir su estilo de combate, quizás con la akuma que tomó en el camino de su último destino a estas aguas, puede ser un error, o un acierto, solo el destino dirá. Por ahora el joven recién desembarca en la zona sur del Reino de Sorbet, quizás un lugar que muchos no irían, no tiene lujos, no tiene la gloria que la zona norte, pero para el rebelde ese no es un problema, no viaja buscando lujos y comodidades, no busca ser un turista acomodado, busca conocer mundo y ver donde puede ayudar, donde pueden necesitar de la intervención de la armada, y aquella zona, parece ser una fuerte candidata a ser un objetivo de ayuda.

▻ Espero que los nuevos miembros de la armada no tengan problema con que sea un gigante, de lo contrario, la situación puede ser problemática… ◅ La mente del joven le da vueltas al tema de la discriminación de cuando en cuando, pero después de lo que vio en Ilisia, más todavía, pues el hecho de que encerraran a razas diferentes a la humana para luego venderlas, era desagradable y asqueroso, su puño se cierra con fuerza en solo pensar en ello, por lo que realmente no es algo que vaya a considerar constantemente, recordarlo voluntariamente sería un error, un estrés innecesario.

Sus pasos son calmados, pero aún así logran generar un leve temblor, lo que puede llamar la atención de cualquiera que esté por los alrededores, y más cuando ven a un gigante bebiendo de una petaca, acorde a su tamaño, y realmente, Kelvin está bebiendo whisky, uno de los efectos de frecuentar tabernas, el vicio al whisky. Sus pasos lo dirigen a una zona más al interior de la isla, pero sin llegar a entrar en la ciudad, no sabe que tanto puede dañar la misma por su tamaño, además, ha de darle mantenimiento a su bisento y lo hace mejor en una zona más alejada de la ciudad, y de curiosos.
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#2
No puedo negar que Sorbet Sur me resulta un lugar grato para el alma. La calidez de su gente, las risas de los niños corriendo entre las calles, la sencillez de la vida aquí… todo invita a pensar en el descanso, en levantar una pequeña casa y dejarse llevar por esa paz eterna, pero sería un engaño permitirme tal pensamiento. Yo no he venido a quedarme. Muy pronto llegará un superior, y con él la oportunidad de formar parte de un equipo… un paso más hacia un deber mayor, y hacia esa misión personal que me mantiene en movimiento.

Esa tarde me hallaba pescando en silencio, con mi katana descansando a un lado y una cubeta con unos pocos peces al otro. El murmullo del mar me ayudaba a sumirme en mis meditaciones, en ese estado de calma que rara vez me abandona. Fue entonces cuando la cubeta empezó a vibrar. Primero un pequeño salto, luego otro, y después un temblor más marcado que casi la hizo volcarse hacia el mar.

Alcé la vista con calma. No dirigí mi mirada al agua pues sabía que aquello no provenía de allí, sino a mi alrededor. Y al darme la vuelta, lo vi, una figura colosal, enorme, caminaba con pasos pesados. Una gota de sudor frío descendió por mi frente. Mis dedos se cerraron lentamente sobre el mango de la katana, aunque aún no la desenvainé. No parecía haberme visto, no todavía. Y, en verdad, no podía decir con certeza qué era aquella criatura.

De no ser por mi timidez natural, quizá hubiese llamado su atención de inmediato. Pero no soy de romper silencios con facilidad aun así, mis dudas pesaban menos que la realidad: se dirigía hacia el poblado cercano. Y si alcanzaba aquellas casas, bastarían unos cuantos pasos para reducirlas a ruinas.

La calma de Sorbet Sur estaba en juego, y con ella, la sonrisa de esos niños que tanto me había reconfortado. —Kuh kuhuhu kuh— dejé escapar, mientras la brisa agitaba mi melena anaranjada. No podía iniciar una pelea, pero tampoco iba a permitir que la inocencia de este pueblo fuera aplastada ante mis ojos.

Acomodé con cuidado mi katana en el interior de mi haori y me lancé a la carrera, el corazón sereno pero la mente alerta. No podía permitir que esa mole avanzara un paso más sin intentar detenerla. A medida que me acercaba, la impresión inicial se desvaneció: no era una bestia ni una criatura aberrante, sino un hombre. Un humano, sí, aunque de proporciones descomunales, tan grande y pesado que cada pisada suya equivalía a decenas de las mías.

Me esforcé en alcanzar su camino, adelantándome hasta colocarme justo frente a él. La brisa agitaba mi melena anaranjada mientras levantaba las manos, en un gesto más de súplica que de amenaza. —¡Detente! —exclamé con voz grave, que resonó más firme de lo que yo mismo esperaba. Esperaba que el gigante alzara la vista hacia mí, y mis palabras prosiguieron con respeto pero con urgencia. —Te lo ruego, hay un pueblo pequeño más adelante. Si sigues avanzando, tus pasos lo arrasarán. — No desenvainé mi espada; no era ese el camino. Mi esperanza estaba puesta en que aquel hombre escuchara la razón antes de que la violencia decidiera por nosotros.
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#3
Los pasos del joven gigante son calmados, no es como que sea alguien agitado y nervioso, sino más bien lo opuesto, viviendo con calma, con tranquilidad y armonía, sin buscar apresurar las cosas, sin buscar estresarse demasiado por lo que pueda pasar o pueda ocurrir, ya lidiará con las cosas conforme vaya siendo necesario. Es alguien completamente alerta de su tamaño y de lo que esto implica, es consciente de que no todos los lugares son accesibles para personas de su talla, siendo que cuando no puede entrar en un lugar sin causar daños, no entra, prefiere dar un rodeo o buscar a alguien que pueda acceder, en caso de requerir acceder, a causar daños en otros como le fueron causados a él en el pasado cuando asesinaron a absolutamente todos los de su familia y amigos.

No se encuentra rumbo a la ciudad, sino a los alrededores, permanecerá en una zona abierta, donde no haya estructuras o construcciones que puedan ser derribadas por su tamaño, dado que si intenta caminar por una zona demasiado estrecha para su cuerpo, seguramente lo tire todo abajo por incompatibilidad con el camino. Es una faena para él en ocasiones, donde depende de encontrar a alguien que esté dispuesto a ayudarle y no se asuste por el tamaño que tiene, pues muchos lo juzgan solo en base a su tamaño.

Hablando de juicios rápidos, la voz de alguien lo llama a detenerse, afirmando la presencia de un poblado pequeño, algo que el joven ya sabía con certeza, debido a su altura, es perfectamente capaz de ver la ubicación de aquella población, y es perfectamente consciente de que, con su tamaño, si entrara en la misma acabaría por destruir una gran parte, sino todo, el lugar.

⏵ Tranquilo muchacho, soy consciente de mi tamaño y los daños que puedo causar, no tenía intención de entrar en la ciudad, solo quería alejarme de la costa y sentarme en una zona más cómoda para hacer el mantenimiento de mi arma. ⏴ Su voz calmada y serena, algo que contrasta demasiado con la idea preconcebida que tienen muchos de los gigantes, pues muchos los tenían por bestias destructivas y excesivamente bélicas. ⏵ Kelvin Smash. ⏴ Un murmuro, tan suave, tan silencioso que prácticamente es como si no lo hubiera dicho.
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#4
El viento marino aún jugaba con mi melena mientras mantenía mis manos alzadas, pero al escuchar aquella voz grave y calmada, supe de inmediato que mis temores habían sido precipitados. No era una bestia sin control, tampoco un invasor buscando destruir lo que encontrara en su paso; era un hombre que cargaba con el peso de su propia existencia, un gigante consciente de la sombra que su tamaño proyectaba sobre los demás.

Bajé lentamente mis brazos y permití que mi postura se relajara, aunque no por completo. Aún podía sentir el murmullo inquieto del pueblo a mis espaldas, como si sus risas y calma hubiesen quedado en pausa, pendientes del resultado de este encuentro.

—Comprendo— respondí con voz grave, haciendo una ligera reverencia, más por instinto que por protocolo, —Si ese es tu propósito, no tengo por qué oponerme a tu paso. —

Su nombre quedó flotando en el aire, casi como un secreto que apenas el viento se atrevía a repetir. “Kelvin Smash”. Sonaba como el eco de una tormenta lejana, pero no lo tomé como amenaza. Mi mirada se alzó hacia él, tratando de encontrar en sus ojos esa sinceridad que sus palabras ya habían mostrado y la encontré, no había engaño en aquel gigante, solo un hombre que había aprendido a cargar con las miradas ajenas y los prejuicios como quien carga una armadura demasiado pesada.

—Sam Bernard — dije al fin, presentándome con la misma sobriedad con la que se desenvaina un arma, sin adornos ni rodeos —Samurai de la Armada. — Uno normalmente no dice esas cosas, pero que va, no tiene rastro alguno de ser un miembro de la marina.

El silencio se impuso por un instante entre nosotros, apenas roto por el murmullo distante de las olas. Yo mismo me descubrí más tranquilo de lo que esperaba, como si aquella mole no representara peligro sino todo lo contrario, una presencia firme, un muro imposible de mover.

—La gente de aquí es pacífica. No comprenderían de inmediato tu presencia, y mucho menos tu tamaño. Si me lo permites, puedo hablar en tu nombre y calmar sus temores.— Di un paso hacia atrás, dejando espacio entre nosotros como quien concede confianza a un extraño —Pero, antes dime, ¿qué busca un gigante de pasos tan pesados en un rincón olvidado como Sorbet Sur?—

No lo pregunté con desconfianza, sino con una mezcla de curiosidad y cautela. Había aprendido que todo viajero tiene un propósito, y algunos de esos propósitos cargaban la fuerza suficiente para cambiar el destino de un pueblo entero.
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#5
El gigante sigue en aquel lugar, pensando en una forma de desplazarse hacia alguna zona en la cual su tamaño no fuera un problema, mayormente logístico, pues no puedes tratar de que un elefante entre en una ciudad de chinchillas sin que cause daños. El joven que se interpuso en la trayectoria de Kelvin parece entender que el gigante no es un bruto barbárico incapaz de contener su fuerza y su carácter. La mirada del joven de la raza de los gigantes es calmada, serena y sincera, no trasmite nada más allá de una serenidad fuera de lo común, un remanso de calma que contrasta con las palabras que suelen salir de su boca en los peores momentos, ese tic nervioso que le ocasiona decir lo que quiere hacerle a ciertas personas, ciertas estructuras.

⏵ Me llamo Kelvin Nagumo, bueno, en realidad, Kelvin Einstein Nagumo. ⏴ Se presentaría al escuchar el nombre del joven de aspecto similar a un humano, por la figura bípeda, pero claramente con rasgos animales, se trataría de uno de esos minks, una raza que se componía de animales bípedos con consciencia e intelecto a nivel humano. ⏵ Kelvin Smash es un tic nervioso que me quedó después de un acontecimiento en mi pasado, no he podido deshacerme de él, pero no hay por qué preocuparse, es solamente un tic, no aplasto las cosas sin más. ⏴ Explicó pues parecía que el chico había entendido que el Smash era su apellido o algo así.

⏵ Soy un lancero, y pertenezco también a la organizacín. ⏴ En un tono similar al de antes, no quería llamar la atención de marines o cazadores que tuvieran la oreja puesta. Además, de usar algo que le hiciera entender que también pertenecía a la armada, pero que si alguien escuchara solo una parte, no pudiera saber a que se refería.

⏵ No es algo nuevo, es habitual que no entiendan mi tamaño, y no los culpo, no siempre ves a alguien que es casi el doble que un edificio promedio, por no decir el doble. ⏴ Se había acostumbrado. ⏵ Buscaba materiales para el mantenimiento de mi arma, algo de barniz para maderas y material para tratar el acero. Y alguna información de donde podría conseguir algún barco a buen precio. ⏴ Estaba centrado en conseguir una forma de moverse, sin depender de que alguien le aceptara en su barco, cosa poco habitual a decir verdad.
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#6
Me quedé en silencio un instante tras escuchar su presentación. La forma en que hablaba, con esa serenidad que parecía envolverlo todo, contrastaba con la inmensidad de su cuerpo. Pocos gigantes había visto en mi vida, y ninguno con esa calma contenida en cada palabra. El nombre resonó en mi mente, Kelvin Einstein Nagumo. Un nombre difícil de olvidar, acompañado de un tic nervioso que, más que preocuparme, terminó por arrancarme una sonrisa tenue y breve.
 
—Así que… también perteneces a la organización —dije finalmente, con un hilo de voz grave, tranquilo, sin asombro exagerado, pero con esa chispa de sorpresa que no podía ocultar por completo, mis ojos se elevaron hasta los suyos, y tuve que alzar más de lo usual la mirada para encontrarme con ese remanso sereno que irradiaba.
 
Respiré despacio, dejando que el silencio pesara un par de segundos antes de continuar. —No esperaba encontrar un camarada aquí y menos uno de tu tamaño.  — mi tono seguía siendo plano, pero la verdad estaba allí, lo inesperado del encuentro me había sacudido internamente.
 
Mientras lo observaba, recordé de inmediato las últimas palabras que había recibido antes de desembarcar en aquella isla. Debía esperar, alguien vendría por mí, un superior dentro de la Armada que marcaría el rumbo de mi próxima travesía, no me dieron nombre, ni rostro, solo la certeza de que no estaría mucho tiempo solo.
 
Llevé una mano a mi barbilla, pensativo, mientras el murmullo de la ciudad seguía detrás de nosotros como si nada sucediera. —Quizás seas tú. —Lo dije con calma, casi en un susurro que se escapó al aire. —Antes de llegar, me pidieron esperar a un superior, a alguien con quien debía reunirme para zarpar de esta isla, pero no mencionaron quién, ni cuándo, solo que lo sabría al verlo. — Mi mirada se endureció un poco, aunque la serenidad permaneció.
 
—Y ahora apareces tú, un gigante revolucionario que busca un barco, igual que yo. No creo que sea una casualidad tan simple. — Me crucé de brazos y di un par de pasos hacia atrás, dándole espacio, como si quisiera observarlo mejor en toda su magnitud.
 
—Si realmente eres ese hombre, entonces nuestros caminos ya estaban trazados desde antes de cruzar palabra. Y si no—Mi voz se hizo aún más grave, pausada —Tal vez el destino decidió ponerme frente a alguien que comparte mi causa. — No sonreí, no lo miré con complicidad. Solo mantuve esa calma férrea que me caracteriza, un reconocimiento sobrio. La revolución no unía por simpatías ni coincidencias, sino por convicciones, y aquella coincidencia podía ser el inicio de algo más grande.
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#7
El grandullón permanece en el lugar en el cual se encontraba desde hace un tiempo, sus caminos son limitados en las zonas lejos de Elbaf o lugares similares, que tuvieron presencia de gigantes y que construyeron con la idea de que ellos pudieran caminar por allí sin problemas, sin riesgo de que destruyeran algo por accidente, pues es comprensible que alguien de veinte metros de tamaño no pueda pasar por una ciudad diseñada para personas de talla humana, donde la media no llega a una cuarta parte de la altura del joven gigante.

⏵ Así es, no esperaba encontrarme con alguien más de la misma por estas zonas, al menos no tan pronto. ⏴ Su voz retumba con ese tono tan característico de él, aunque suene potente y fuerte, se nota en la tonalidad que no es una expresión ruda ni brusca, sino que se debe a su tamaño y timbre de voz. ⏵ Kelvin Smash. ⏴ El tic, curioso y problemático por partes iguales, por fortuna, no surge más que una o dos veces en situaciones de estrés, nunca lo repite más de una vez cuando habla.

⏵ A mí me mandaron aquí porque había mayor movimiento, con lo que era más probable encontrar más miembros de la misma. Quizás sea algo hecho a consciencia por parte de los superiores. ⏴ El joven recuerda que el teniente fue quien le envió a la zona, ahora debía de hacerse con un barco, uno lo suficientemente grande para transportarlo a él y futuramente a más rebeldes que se unieran a él en un escuadrón.

⏵ Aunque no lo fuera, busco gente con la que trabajar para mejorar el mundo, soy consciente de que habrá un punto donde no pueda solo, y es mejor preparar desde temprano a dejarlo todo para el final. ¿No crees camarada? ⏴
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