Preliminares [Presente Relativo - Aventura T1]
#1
Día 87, primavera, año 16


El sol del mediodía abrazaba la pequeña isla de sección cuasicircular, donde la imponente montaña escarpada de 2000 metros de altura se alzaba majestuosa desde el centro. Los grandes bonsáis que brotaban de sus laderas creaban un espectáculo natural único, mientras que a diferentes alturas, los dojos de diversas artes marciales se asentaban como centinelas silenciosos. En ellos, sus estudiantes entrenaban sin cesar con ahínco, y el eco de sus gritos así como el golpeteo de sus técnicas resonaba por toda la montaña. Donde quiera que miraras mientras ascendías, verías gente entrenando y dándolo todo por fortalecerse. 

El camino hacia la cima era escarpado, casi un entrenamiento en sí mismo. En el punto más alto de la isla, el estadio de combate Ki se erigía como una corona de piedra blanca. Sus muros circulares de 150 metros de diámetro y 30 metros de altura albergaban las gradas, capaces acomodar a más de 1,000 espectadores. El rugido ensordecedor de la multitud emocionada se escuchaba desde kilómetros de distancia. Alrededor del estadio, frente a la entrada principal, docenas de puestos de comida creaban un festival gastronómico. El aroma de yakitori, takoyaki y ramen flotaba en el aire mientras vendedores de mediana edad, vestidos con delantales coloridos, gritaban sus ofertas. 

El ambiente festivo por el torneo no podía ser más evidente, pronto se llevaría a cabo un gran evento, y nadie quería perdérselo. Aunque no sé tratara del torneo más importante de la isla, pues no era el "Torneo Anual de Artes Marciales", seguía siendo un espectáculo del cual sus habitantes estaban orgullosos.

Dentro del edificio principal, hombres y mujeres de todas las edades agitaban banderines, algunos con los símbolos de sus dojos favoritos, algunos llevaban los nombres de los favoritos, como los de los hermanos Matsuno, mientras que otros simplemente deambulaban disfrutando del espectáculo más importante de la isla. 

Al final del vestíbulo, se encontraba la recepción, el lugar en el cual uno podría inscribirse para participar en el torneo. Se trataba de un mostrador simple, sin demasiada decoración, atendido por una joven entusiasta de las artes marciales. Dos coletas en forma de pompones decoraban los costados de su cabello, y una túnica claramente marcial era su indumentaria principal, de un color rosa palo. Apenas mediría un metro sesenta y rondaría los sesenta kilos, pero parecía bastante entrenada como todos en aquel lugar. 

Las condiciones para participar estaban claras, se podían leer en decenas de carteles que adornaban los tablones colindantes a la recepción. Para participar en el torneo principal, que se celebraría al día siguiente, se debía pasar una ronda previa de clasificación que se celebraría ese mismo día. Era una especie de filtro para que solo los más fuertes llegaran a disputar el torneo, un requisito indispensable para los aspirantes.

Tras aquella formalidad, y apenas una hora después, finalmente todo estaba listo. 

El escenario principal, la arena de combate, consistía en una plataforma circular de 50 metros de diámetro, elevada 1.5 metros sobre el suelo del estadio. Su superficie estaba hecha de madera de bambú especialmente tratada. 

La arena acababa de quedar despejada tras el ultimo combate, y la sangre del perdedor aún estaba fresca sobre el suelo del mismo. Desde el extremo opuesto, a unos cincuenta metros, apareció el que sería tu oponente a batir en aquella ronda. Se trataba de un joven bastante desaliñado, bajito, de pelo castaño y complexión delgada. Entró con timidez en el recinto, mirando a los alrededores mientras caminaba en dirección al centro, hasta recorrer cerca de diez metros. Nadie sabía su nombre, el estadio había enmudecido mientras todos se cuestionaban en vez baja quién era aquel sujeto. Pero estaba claro quien era. Era tu enemigo.

 

Off

 
#2
Era imposible que la peculiar dupla que formaban el enorme y salvaje mink tigre y el lunarian con mascara de calavera animal no llamarán la atención. La enorme multitud, pese a que ya debía estar acostumbrada a una variedad inmensa de peleadores, se apartaba con la sola presencia del mink.

Fyodor, por su parte, disfrutaba de aquél espectáculo mientras caminaba tranquilamente al lado de su salvaje compañero, analizando con su afilada visión a todos los participantes que se iban encontrando. Le interesaba ver cuál era su reacción al verles ¿Se llevarían las manos a sus armas por instinto?¿Evitarían el contacto visual y huirían?¿Les ignorarían?¿Se emocionarian y querrían pelear contra ellos? Todo aquello era información de la que poder sacar ventaja en un futuro.

Una vez en el mostrador y tras ver a Krysser casi dejar inconsciente del miedo a la pobre encargada de recepción, Fyodor se presentó ante ella, escondiendo su particular rostro tras la terrorífica mascara que dejaba ver el brillo de sus particulares ojos rojos.

Tras registrarse y ya con su número de participante asignado, Fyodor se despidió de Krysser. Antes de iniciar el combate quería hablar con el encargado del arsenal ya que, según lo que le había comentado la chica del mostrador, allí podría conseguir munición para su combate.

La enorme fila de participantes que esperaban si turno hizo que el tiempo volase sin que Fyodor pudiese hacer nada más que ver pasar a un participante tras otro mientras aguardaba por su turno. Casi una hora después, poco antes de que diera inicio el primer combate, por fin llegó al mostrador del arsenal, encontrándose a un hombre de unos 50 años y casi 2 metros de altura, con una enorme barba pelirroja y una prominente calva que, cubría su traje de empleado con un peto de cuero a juego con sus guantes.

-¿Munición? - Respondió con otra pregunta a la petición de Fyodor de ver qué munición había disponible para los participantes, decepcionado por ver a un participante manchar el orgullo de las artes marciales con un arma de fuego. - Para esta ronda solo hay munición básica. - Concluyó, entregando a Fyodor 2 cargadores con 30 balas cada uno y empezando a atender al siguiente antes de que Fyodor pudiese darle siquiera las gracias.

Poco después, Fyodor se encontraba en la sala de espera junto a decenas de luchadores que, al igual que el, esperaban su turno para combatir. Por otro lado, Krysser acababa de terminar su combate cuando un pequeño miembro de la organización me dijo que yo era el siguiente en participar debido al abandono de un par de luchadores que, tras ver a esa bestia salvaje, habían decidido volver a sus dojos para seguir entrenando.

-Terminemos esto por la vía rápida. - Respondió mientras se ponía de nuevo su mascara, no son antes devorar on sus afilados dientes los pocos saltamontes que le quedaban y que había recogido esa mañana en su ascenso al estadio.

Pocos minutos después Fyodor se encontraba subiendo a la plataforma principal, notando la firmeza del bambú bajo sus pies, apreciando la gran amplitud del escenario de combate y viendo la sangre fresca del combate anterior en el centro del escenario.

Al parecer, tanto Fyodor como su rival, eran unos desconocidos y el público lo hacía notar con el murmullo silencioso que, sin dudas, cuestionaba su participación en el torneo. Eso a Fyodor no le importaba. Tenía un objetivo claro y era ganar ese combate para poder optar al premio del día siguiente y poder salir junto a Krysser de esa isla.

-Por ellos. -Pensó Fyodor mientras notaba la cruz de su madre pegada a su pecho, con la imagen de todos sus hermanos apareciendo en su cabeza y dándole fuerzas para la pelea.

Fyodor ya estaba listo, se había situado en una posición simétrica a la de su rival y, antes de que el árbitro hubiese dado inicio al combate, Fyodor ya se encontraba apuntando con el rifle a su joven y tímido rival, notando la suave presión de la culata en el hombro y con la mira fija en su objetivo para poder dispararle en cuanto el árbitro diese inicio al combate.

Off
#3
El viejo armero suspiró con resignación, mientras buscaba la munición que el lunarian le había pedido.

-Habrase visto... -Murmuraba, de forma casi imperceptible. Tras darle balas suficientes para el torneo le observó marcharse, maldiciendo a sus espaldas que ojalá le dieran su merecido en la arena. 

Poco después, precisamente sobre esta, el árbitro levantaba la mano derecha, mirando a ambos combatientes. El murmullo de la multitud se apagó de inmediato, dejando solo el silbido del viento que recorría el estadio y el golpeteo de los banderines en las gradas.

-¡Que comience el combate! -Gritó a pleno pulmón el presentador, mientras su voz era amplificada por el eco del coliseo.

El joven rival de Fyodor, que hasta entonces había caminado con timidez, cambió súbitamente de semblante al ver aparecer a su oponente, especialmente, al ver su estilo de pelea. Un arma de fuego suponía que la distancia era un problema, y habiendo querido dejar la máxima entre ellos para evaluar a su rival, había cometido un error desde el principio. En el momento en que vio cómo le apuntabas lo supo de inmediato. 

Apenas escuchó la señal, flexionó las rodillas y se lanzó a la carrera con una sorprendente explosión de velocidad, levantando pequeñas astillas de bambú bajo sus pies. Sabía bien que enfrentarse a un tirador significaba muerte segura si le daba espacio para apuntar con calma, de modo que intentó con todas sus fuerzas cerrar la brecha que os separaba.

La distancia entre ambos era de unos treinta metros, y cada zancada del muchacho buscaba acortarla con desesperación, mientras su cabello castaño se agitaba en todas direcciones. Sus movimientos, aunque toscos a primera vista, tenían un instinto natural, pues zigzagueaba ligeramente, sin correr en línea recta, tratando de volver más difícil el disparo de Fyodor y de desaparecer a su vista.

La multitud rugió al instante, sorprendida por aquella reacción enérgica de quien minutos antes había parecido un simple desconocido temeroso. Los espectadores golpeaban los tablones de las gradas, algunos gritando por la osadía del muchacho, otros anticipando el disparo inevitable que podría decidir la pelea en cuestión de segundos.

Mientras tanto, la sangre fresca del combate anterior aún manchaba el centro de la plataforma, y era justo hacia allí donde el joven desconocido se dirigía, con la determinación de alguien que tenía demasiad que perder y que no pensaba morir sin pelear. Sin embargo, las fuerzas del joven no eran suficientes para recorrer aquella gran distancia, reduciendo su ritmo al poco de salir, perdiendo su única capacidad de sorprender y quedando a merced del tirador.

Off
#4
El grito del árbitro vino acompañado del rugido del público, dando con ellos inició al combate y, para sorpresa de todo el estadio, como aquel tímido e inseguro joven había cambiado completamente su actitud, reflejando una velocidad que pilló a todo el mundo por sorpresa en ese coliseo.

Fyodor, por su parte, también se vio sorprendido por la velocidad de su rival y, pese a perderle de vista un segundo, mantuvo la calma y espero su momento, analizando todo el escenario con su privilegiada vista hasta que, instantes después, encontró a su rival corriendo directo hacia él a 3 metros de dónde había iniciado el combate.

-Cazado. -susurró Fyodor mientras veía la zigzagueante carrera de su rival, ajustando la posición su rifle para acompasar el movimiento de su rival antes de apretar el gatillo tras fijar su pequeño objetivo.

El caracteristico sonido del disparo quedó ahogado por la ensordecedora multitud que alentaba la valentía del joven desaliñado y, como era normal, desaprobaba el uso de armas de fuego en aquella sagrada arena.

La bala silbó en el aire mientras iba fija e inevitablemente directa a su objetivo, el hombro derecho del desaliñado y valiente joven. Fyodor sabía de la letalidad de sus armas y no encontraba regocijo en acabar con la vida de cualquiera que se cruzará en su camino, mucho menos si era por un simple torneo marcial, el cual Fyodor no entendía el gran simbolismo que tenía para los habitantes de la isla.

Pese a todo, Fyodor había entendido que no podía fiarse de aquel joven por lo que, pese a haber disparado ya su primera bala, mantuvo su posición de pelea preparado para volver a descargar un nuevo disparo si su rival no asumía la realidad y se rendía. En caso de seguir con el combate Fyodor continuaría disparando hasta que su joven rival no pudiese seguir.

Off
#5
El disparo se escuchó como un eco seco que hizo temblar el aire de la arena. El proyectil alcanzó su blanco con precisión quirúrgica, desgarrando el hombro derecho del joven. La fuerza del impacto lo hizo girar sobre sí mismo y trastabillar, haciendo el amago de caer de rodillas sobre el bambú teñido de sangre.

La multitud estalló en un grito unísono, un rugido de incredulidad y protesta mezclado con vítores de quienes, aun desaprobando el arma, no podían dejar de admirar la exactitud del tiro. Muchos pensaron que el combate había terminado allí mismo.

El muchacho, con los dientes apretados y la respiración entrecortada, hizo una proeza que enmudeció al estadio, negándose de forma milagrosa a caer. Se mantuvo erguido, renqueante, y se llevó una mano al hombro sangrante. Por un instante sus brazos temblaron, su cuerpo entero oscilo como si fuera a desplomarse definitivamente. Sus ojos se desenfocaron, viendo a Fyodor inmóvil, apuntándole todavía con la misma calma implacable de un cazador.

Pero algo dentro de él se encendió.

Con un grito ronco, desgarrado, el joven siguió avanzando, tambaleante pero desafiante. La sangre corría libremente por su brazo, tiñéndole la manga y goteando sobre el suelo, marcando su rastro. Y sin embargo, con una fuerza que parecía nacer más de su espíritu que de sus músculos, volvió a lanzarse en carrera hacia adelante.

Las gradas enloquecieron. La gente se puso de pie, agitando los banderines, algunos coreando su valentía, otros simplemente impresionados de que alguien tan herido se negara a rendirse y caer. Los golpes de sus pasos resonaban en la plataforma, cada uno más torpe y pesado que el anterior, pero aún firmes, aún rebosantes de una voluntad que desafiaba a la misma muerte.

Sus ojos castaños, antes apagados y tímidos, brillaban ahora con una determinación feroz, la de alguien que preferiría caer luchando antes que abandonar el escenario. A pesar de estar herido, seguía acortando la distancia. No era ya el zigzag ágil de antes, sino una carga desesperada, una embestida cruda que buscaba alcanzarlo, aunque fuese a costa de su propia integridad.

El público contuvo la respiración. El tirador había disparado su primera bala, demostrando una superioridad absoluta, pero era imposible subestimar la determinación de su rival cuando todavía corría hacia él.

Off
#6
El tiro de Fyodor fue certero. La bala impactó en su objetivo, desgarrando el hombro del desafortunado rival del lunarian y, debido a la potencia y precisión del disparo, parando en seco su veloz carrera.

El disparo habría sido capaz de derribar a un hombre de sus características sin muchos problemas pero, contra todo pronóstico y ganándose con ello aún más el favor del público, ese joven por pura fuerza de voluntad evitó que su espalda tocara el suelo de bambú de aquel escenario de batalla, quedándose de rodillas mientras la sangre se deslizaba por su brazo.

Fyodor, por su parte, mantenía la calma mientras continuaba analizando a su rival. Aquella determinación había llamado la atención del lunarian que, en su frío análisis, no veía motivos para que aquel joven continuará con una pelea que se había decidido antes siquiera de haber comenzado.

-No vale la pena. Puedes volver a intentarlo el año que viene. -Expresó Fyodor en voz lo suficientemente alta como para que lo escuchará su rival aunque, debido al ruido del ahora enloquecido público y la distancia que les separaba, era muy difícil por no decir imposible que fuese escuchado.

Fyodor no quería seguir con aquella pelea. Continuar sólo llevaría a que aquél joven acabará aún más herido y Fyodor, pese a su mortífero aspecto, no disfrutaba haciendo daño a personas inocentes. El único motivo que le había llevado a ese torneo era el poder conseguir el dinero suficiente como para poder salir de aquella isla junto a Krysser e iniciar juntos el difícil camino que se habían marcado.

Pese a todo, el joven rival de Fyodor no parecía tener intención de rendirse y estaba decidido a continuar con el combate pese a que ello le costará la vida.

Viendo eso Fyodor no tuvo otra opción y, en cuanto accióno el gatillo de su poderoso rifle, el retumbar de su disparo resonó en un estadio que se había quedado en silencio aguantando la respiración.

La bala rasgo el aire, emitiendo un silbido apenas audible mientras iba directa hacia su objetivo, el cuádriceps derecho del joven. La intención de Fyodor, tras ver la voluntad de su rival y que no dejaría de levantarse para seguir peleando, era incapacitarle sin dejarle secuelas graves para que pudiese continuar con su entrenamiento y presentarse así al siguiente torneo.

Off
#7
El disparo resonó con fuerza, seco y definitivo, atravesando el rugido del público como un trueno que partiera en dos el aire del estadio. La bala impactó en el cuádriceps derecho del joven, haciendo que su pierna se doblara de inmediato bajo su propio peso.

El muchacho soltó un alarido breve pero desgarrador, cayendo de costado sobre el suelo de bambú. Intentó sostenerse con la mano libre, arrastrándose apenas unos centímetros hacia adelante, pero su cuerpo ya no respondió. La sangre manaba a borbotones del hombro y ahora también de la pierna, debilitándolo con una rapidez implacable.

El coliseo entero explotó en un rugido ensordecedor. Algunos aplaudían con fuerza el desenlace, alabando la destreza del lunarian que había resuelto la pelea con frialdad quirúrgica. Otros, en cambio, abucheaban el uso del arma de fuego, vociferando su desdén por lo que consideraban una falta de respeto al espíritu marcial del torneo. Sin embargo, por encima de la división de opiniones, una cosa era indiscutible. El muchacho había mostrado un corazón tan grande como la montaña en cuyo hombro se erigía el Estadio Ki.

El público en la grada observó al rival del lunarian durante unos segundos más. El joven, tumbado de lado, respiraba con dificultad, pero aún mantenía los ojos abiertos, cargados de furia impotente y una voluntad que se negaba a apagarse. Había luchado con todo lo que tenía. Y eso bastaba para ganarse la ovación de buena parte de los asistentes.

El árbitro corrió hacia el centro de la arena, agitando los brazos en señal inequívoca.

-¡El combate ha terminado! ¡El vencedor es Fyodor! -El rugido del público volvió a elevarse, esta vez mezclando vítores con abucheos, creando un ambiente caótico y vibrante que resonaba en cada rincón del estadio.

El público no apreciaba demasiado a Fyodor, pero el tirador tampoco tenía nada de lo que enorgullecerse. Para él, aquello había sido solo un obstáculo necesario en su camino, un trámite que debía superar para avanzar hacia su verdadero objetivo, conseguir el premio del torneo y marcharse de esa isla junto a su compañero.

Mientras el joven derrotado era retirado en camilla por los asistentes del torneo, con parte del público coreando su valentía, lo único que alguien podría sentir por aquel joven era respeto.
Respeto hacia un rival que había caído, pero que nunca había retrocedido. 

Off
#8
Pese a ser derrotado de forma aplastante y sin tener la más mínima oportunidad de demostrar sus habilidades, el desconocido se llevó la ovación de un público que supo ver lo injusto de aquél combate y la vergüenza que suponía llevar un arma de fuego a un torneo de artes marciales.

Por otro lado, para el francotirador lunarian aquello sólo había sido un mero trámite para poder entrar al torneo del día siguiente. No le importaba la opinión de un público que no sabía apreciar la belleza que tenían las armas de fuego y la dificultad que suponía usarlas.

- Entrena duro y vuelve el próximo año. Serás capaz de ganarles a todos. - Expresó en voz baja Fyodor cuando su rival, retirado en camilla por los asistentes, pasó por su lado. Siendo él y los asistentes los únicos que pudieron oír ese mensaje de ánimo y esperanza.

Fyodor abandonó la arena entre una mezcla de abucheos y vítores que creaban un ambiente de crispación entre un público que no sabía cómo actuar y, nada más volver a entrar en la sala de espera, el mismo asistente que se había llevado antes a Krysser fue a recibirle con una falsa sonrisa, diciéndole lo mismo que a su peludo y gigantesco compañero y aclarándole que antes tenía que devolver la munición en la armería.

- Ok. - Fue lo único que dijo Fyodor, echándose el rifle al hombro antes de sacudir sus enormes alas y poner rumbo a la armería bajo la atenta mirada del resto de participantes.

Allí, tras recorrer los pasillos llenos de miradas críticas y gestos de desaprobación por su pelea, se encontró al mismo armero de antes que, con el mismo desagrado que tenía cuando le pidió la munición, recogió la sobrante de aquella pelea sin decir una simple palabra al lunarian mientras que en su rostro se podía apreciar el desagrado que sentía hacía el francotirador.

Después de eso, el pequeño asistente llevó a Fyodor al palco dónde ya se encontraba Krysser, siendo recibido allí por unos lujos innecesarios y con unas vistas perfectas de la arena de combate  en la que la peculiar dupla mink-lunarian ya se habían ganado su derecho a participar en el torneo del día siguiente tras haber derrotado a sus respectivos oponentes.

Off
#9
Aventura Tier 1 Completada
Krysser obtiene: (Narrador)
  • 6 Mugiwaras.
  • 15.000 berries
  • 10 Puntos de rol
Fyodor obtiene: (Participante)
  • 5 Mugiwaras.
  • 10.000 berries
  • 10 Reputación

Bono 50%


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