28-08-2025, 04:16 PM (Última modificación: 29-08-2025, 09:24 AM por Varoganchin.
Razón: Olvidé poner un título a la aventura
)
Día 25 de Verano // Año 16
Reino de Samba
Tambores. Maracas. Cánticos. La cuidad parece estar envuelta en una fiesta constante en esta época del año. Los adultos cantan y tocan alegres melodías que ponen a bailar hasta a aquellos que hacen lo posible por mantener la compostura, los que logran atar sus caderas para que no se bamboleen al son que recorre las calles, pero que no consiguen retener el golpeteo de sus pies al compás. Los niños corren alegres por las grandes avenidas que llegan hasta la playa, en la que vuelan sus cometas o juegan a elaborar formas en la arena; castillos, fortalezas, pequeños animales...
Nos encontramos en la capital del reino de Samba, alejados de la selva espesa que cubre casi la totalidad de la isla. Alejados del río, lejos de las clases menos pudientes y de costumbres más humildes. Un lugar donde cada día es una fiesta y hasta el más rígido de los cuerpos sabe vibrar con la música. La ciudad parece un oasis de piedra en una isla en la que la naturaleza aún conserva su posición de superioridad, de la pureza de antaño. El viento arrastra la bruma marina que producen las olas al golpear contra los diques del puerto, trayendo consigo el olor al salitre y a las frituras de pescado que abundan en los comercios del paseo marítimo. Es un día fresco para lo habitual de la estación, lo cual significa que la brisa hace llevadero el pasear por las calles bajo la intensidad abrasadora del sol.
Y aquí, si nos fijamos con detalle, podemos ver a Alana en una caminata matinal a lo largo de una de las avenidas que llevan hacia el puerto. Los edificios se levantan imponentes a los lados de la amplia calle, separando ambas aceras en unos 25 metros. El empedrado resuena a cada paso que dan los viandantes que corren, o más bien danzan, hacia sus quehaceres diarios: un hombre, que gira sobre sí mismo mientras vuelve de comprar el pan; una pareja baila acaramelados con sus hijos camino de la escuela; un par de señoras mayores siguen el compás de la música con sus brazos mientras comentan los rumores de la ciudad.
—...otro más. Esta vez ha sido en casa de los Curaçao. Pobre animal... —comenta una de ellas afligida.
—No entiendo qué puede estar pasando.
—¿No es obvio, tesouro? —contesta sin detener su extraña danza—. Alguien está envenenando a los animales. Pobres gatinhos.
—Y no solo os gatinhos. El otro día apareció un pájaro en casa de mi amiga la del...
Las mujeres continúan su charla más allá de tu alcance, sin dejar de avanzar, sin dejar de bailar.
La avenida está apropiadamente decorada, no como las ciudades de ladrillo y alquitrán, no. Una planificación acorde al clima de la isla, pues todas las calles principales están pobladas de plantas y árboles tropicales, los cuales permiten transitarlas por unas agradables sombras que esconden a los peatones de los rayos del sol, creando una espesa capa que cubre la calle como lo haría una inmensa sombrilla. Alana pasa desapercibida a la vista gracias a las sombras y su reducido tamaño, pero no lo hace así el elegante hombre que avanza por la calle en su dirección. Un hombre de mediana edad, con un bigote perfectamente recortado, como si acabara de salir de la barbería. Su cuerpo va envuelto con un traje de de alta confección; ni una puntada de más, ni un detalle de menos. Avanza con seguridad por la calle, saludando a todo aquel que se cruza con él haciendo un apropiado gesto con el sombrero, sin soltar la bolsa de papel que lleva bajo el brazo, seguramente, porque se trate de algo de valor o que no quiere exponer demasiado. Un par de saludos más, y dobla a uno de los callejones que salen desde la avenida principal.
Hombre elegante
Tras él, un individuo que llama aún más la atención de Alana, no por pulcritud, sino más bien por todo lo contrario. Sus pantalones, raídos y polvorientos, parecen sacados de la peor de las minas de carbón. De ellos sobresale una camisa blanca, o blanca fue en algún momento. Por último, y no por ello menos peculiar, su chaqueta. Dejando a un lado lo extraño que es que alguien vaya abrigado en esta época del año en esta isla, usa la chaqueta para cubrir su brazo derecho manteniéndolo oculto con la solapa del otro lado y su otro brazo. En un último alarde por parecer más sospechoso, el hombre lleva un pequeño sombrero y un pañuelo que solo dejan al aire la zona de los ojos, los cuales no paran de ir de un lado a otro como si buscaran algo, o más bien, como para asegurarse de que nadie lo busca a él. Tan pronto como el primer hombre gira hacia el callejón, el segundo hombre revisa en todas direcciones y se adentra tras él a toda velocidad.
Hombre Sospechoso
¿Qué puede estar tramando? ¿Cómo reaccionará Alana? ¿Usará sus dotes de espía y sigilo para perseguir a estos hombres, o preferirá mantenerse a salvo?
Info
Resumen
Alana pasea por las calles de la capital del reino de Samba mientras ve a los habitantes en su día a día. De pronto, ve un hombre ocn una actitud un tanto sospechosa que persigue a otro.
Aclaraciones
En el post se detallan algunas distancias, pero al tratarse de una situación meramente narrativa, siéntete libre de moverte por la escena sin restricción de metros, por el momento. Más adelante si que debes tenerlo en cuenta para ver dónde está tu pj y hasta dónde es capaz de llegar.
off
Bienvenida a esta primera aventura para Alana. Espero que la disfrutes y que aprendas los sistemas más básicos del foro. Si te surge cualquier pregunta, no dudes en consultarme. Ya sabes dónde estoy. A rolear!!
No terminaba de acostumbrarme al cambio de ambiente que había en el Reino de Samba entre una zona y otra. Ahora las voces estridentes resonaban por todos los adosados de piedra; parecían brotar de cada ventana, de cada esquina, envolviendo la zona en una alegría contagiosa que no conocía descanso. Los niños humanos corren como cometas de carne y hueso, aunque puestos a salir volando, probablemente eso se me daría mejor a mí. Las parejas caminan de la mano. Las ancianas acompañan a otros niños de la mano. Oh, y por supuesto, los había quienes cuchicheaban al compás de la música. La fiesta parecía no tener fin.
Siempre tiene que haber algún toque disruptivo en todo aparente paisaje idílico. Yo, una figura diminuta que caminaba en extremo sigilo bajo la protección de la sombra de los árboles tropicales; yo, que apenas medía quince centímetros de altura; yo, que pasaba desapercibida para todos, escabulléndome entre árboles, macetas y raíces que sobresalían, observando siempre más de lo que mostraba. Siempre atenta y desconfiada por naturaleza, barría la avenida con el mismo cuidado con el que inspeccionaba cualquier herida.
Y entonces lo oí.
No había fiesta ni bullicio que disimular aquella extraña conversación. Para una persona que disfrutaba en demasía de los animales, que comentasen que algunos animales estaban siendo envenenados, no era plato de buen gusto. “Alguien está envenenando a los animales” repetí para mí misma, hacia mis adentros. Sentí un escalofrío recorriendo mi diminuto cuerpo. Automáticamente me tensé. Aquello olía a problema. Y aunque lo sensato era seguir mi camino y no inmiscuirme, no me había caracterizado en este último tiempo por girar la cabeza y hacer como si nada hubiera pasado.
Y entonces lo vi.
Un hombre que destacaba entre la multitud, no por hacer nada ostentoso, sino más bien por ser grotesco en un lugar donde todo es aparente alegría y jolgorio. Parecía un depredador que acecha. ¿Qué acecha? Llevé mi vista aún más lejos y entonces la situación empezó a oler aún peor: un caballero elegante, que saludaba con educación, siendo perseguido por alguien con menos poder. Que clasista por mi parte al pensar en algo así. Entonces pensé, viendo cómo el primero se apresuraba tras el primero en cuanto este dobló hacia un callejón, que los hechos nunca son aislados. Además, no me gustan las multitudes.
Samba era un lugar perfecto para gente como yo: guirnaldas, telas colgando de los balcones, banderines y farolillos. Utilizar esas telas y adornos como cobertura para trepar por los cordeles y desplazarme a la altura de los balcones y canalones, siguiendo desde arriba a la gente con una visión bastante clara de la situación.
Resumen
Alana sigue al hombre sospechoso desde arriba (balcones y canalones).
Un hombre y su perseguidor. O un ladrón y su víctima. Da igual cómo queramos expresarlo, la situación es aparentemente clara. Alguien que dispone de riquezas y medios para prosperar en una ciudad bulliciosa como aquella. Un buen ciudadano, de los que siempre saludaban. Alguien que es fácil ver que se desenvuelve como pez en el agua con sus vecinos. Otra persona que no parece correr la misma suerte. Ropa sucia y desgarrada, como la que tiene muchos años y ha vivido muchas aventuras. De la que solo usarías para trabajar en el jardín o si no te quedase más remedio. Aunque su figura no decía lo mismo, su aspecto hacía suponer que el hombre no pasaba por su mejor racha; posiblemente llevase días sin comer y se hubiese visto obligado a delinquir para conseguir un puñado de berries. O simplemente era de aquellos que se habían acostumbrado a aprovecharse de los demás como forma de vida. Pero una cosa estaba clara: su actitud, nerviosa casi rozando la paranoia, dejaba ver que sus intenciones no eran las mejores.
Y aquello es lo que había puesto en marcha a Alana, la cuál no acostumbraba a hacer como si nada. No era de esas que miran para otro lado cuando alguien está en apuros. Con esa energía en su motor, comenzó a trepar por las banderas que colgaban de los balcones, bien para tener una mejor visual, bien para tener mejor cobertura. Alcanzó el canalón en solo unos instantes, pues pese a su tamaño, los tontatta son bien conocidos por su agilidad. Ya una vez arriba pudo ver la escena que se daba en el callejón.
Ante Alana, se extiende un canalón de 15 metros de largo, con un contenedor de basura metálico justo delante de donde se encuentra ella. Por fortuna, la tapa está cerrada, pues los días de fiesta y las altas temperaturas de esta isla consumían rápido cualquier desperdicio, dejando tras de sí una fatal cortina de peste y moscas. A unos 3 metros del contenedor, lo peor que podía encontrarse. El segundo hombre, el de aspecto desaliñado, había alcanzado al primero. Lo tenía agarrado por el hombro con su mano izquierda, tirando de él con la clara intención de que se girase.
—¡Tú, maldito! Eres tú quién... —dijo el harapiento hombre a la vez que obligaba a girarse al ricachón—. Tú has causado todo esto. Es tu culpa. Por tu culpa, yo...
El hombre elegante pierde su sombrero con el tirón del otro individuo. El sombrero, de copa, de los que sabes que cuestan un montón de berries, sale rodando por el callejón, llenándose de polvo y mugre. El hombre elegante mira a su captor y su expresión cambia de miedo a sospecha.
—¿Herber? ¿Eres tú?
—¡Silencio! Has causado mucho dolor. Ya es hora de ponerle fin a esto.
Herber saca la mano que traía escondida dentro de su chaqueta. Un brillo llega hasta la aguzada vista de Alana. Un resplandor metálico, del que se produce cuando la luz incide de la manera exacta en una hoja bien pulida. Una daga. El hombre levanta el brazo amenazador, mientras no suelta el agarre que tiene sobre la americana del hombre de traje. Unos instantes de silencio parecen darle pausa al tiempo, pues hasta el mismo callejón parece estar conteniendo la respiración. La daga desciende hacia el pecho del hombre, que sigue aferrado a la bolsa de papel, como si quisiera proteger su contenido, como si su vida misma dependiese de no revelar lo que se encuentra en su interior.
La situación es límite. Un hombre puede salir herido. ¿Será inocente? ¿Debe Alana que el hombre se tome la justicia por su mano, o debe intervenir para salvar al primero?
INfo
Resumen
Alana decide subir al canalón para observar la escena y cuando llega al callejón se encuentra con el segundo hombre, el de aspecto más sucio, asaltando al hombre de aspecto adinerado.
Aclaraciones
Puede que las distancias te resulten algo confusas a lo largo del post, por eso las detallo resumidas aquí. Te encuentras en el canalón del edificio que tiene dos plantas, por lo que estarías a una altura de unos 6 metros del suelo. Debajo de tu posición, se encuentra un contenedor de basura que puede medir unos 150cm de altura. Delante del contenedor están los dos hombres a unos 3 metros.
off
Veamos como es el carácter de Alana. ¿Qué visión tiene de la justicia? ¿Y de su moralidad? ¿Cómo actuará ante esto? Disfruta, aprende y, ante cualquier duda, consúltame sin problemas. Las guías son amplias y en ocasiones nos tenemos que ayudar unos a otros. Un saludo
La situación se estaba poniendo extremadamente tensa y aunque aquel con trapos más harapientos se dedicaba a gritar y a ser más bien poco sigiloso, con apenas tres frases intercambiadas, no podía llegar a entender la totalidad de la situación. Ojalá pudiera leer mentes. Me encaramé en el canalón, intentando ver la escena con mayor claridad. Se conocían. Uno increpaba al otro. ¿Harper? ¿Herber? ¿Qué importaba eso cuando de la nada veo un objeto brillante, una daga? Mi corazón dio un vuelco. Mi cabeza decía: no te metas, tal vez ese ricachón se lo merece. Pero mi faceta de médico gritaba: actúa ahora o alguien más morirá. ¿Corazón o mente, esa es la cuestión? Esa contradicción tan intensa, tan tensa, en la que no hay tiempo para pensar más que un instante y en un abrir y cerrar de ojos actuar o dejar que todo ocurra sin remordimiento alguno.
Antes de que el filo bajara y el instante se volviese eterno dada la tensión del ambiente, como un hilo que estaba apunto de romperse, descendí desde las alturas. Agarrada a la cuerda de un banderín que pendía entre dos balcones, cada uno en un extremo paralelo de la calle, como un péndulo improvisado casi perfecto, me podría haber llevado hacia el otro lado de la calle sobre el callejón, cruzando justo por encima de contenedor, dejándome caer sobre este y haciendo caer en ese momento la tapa metálica al suelo. La noté fuerte y pesada, grande para mí, pero no había nada que se resistiese a una Tontatta, ni siquiera una caída de… ¿de cuánto había sido la caída? Menos de cinco metros, amortiguada por la cuerda. Un gesto tan simple, pero suficiente para quebrar el momento. La idea era sencilla: distraer a Herber con el sonido de la tapa cayendo al suelo para darle la oportunidad al hombre más arreglado de poder defenderse, o bien quizá alguien abandonaba la fiesta para acudir en su auxilio. Si era listo, huiría; si no, podíamos llamarlo ley del más fuerte.
Mi corazón latía tan rápido como un tambor, casi podría camuflarse con cualquier ruido de la ciudad, al ritmo de samba. Desde la tapa del contenedor, oculta todavía por las sombras que producía el gran objeto y mi propio tamaño, sonreí para mí, jadeando un poco por la adrenalina e intentando recuperar el equilibrio. Mis pequeñas manos aún palpitaban por el esfuerzo, pero había conseguido lo que quería: romper el equilibrio del momento. Ahora a ver qué decisión ocurre pensé para mí, pues mi bando por el momento tan solo era la vida.
La fiesta seguía sonando en las calles principales, ajena al peligro que se cernía en el callejón. Nunca dejaba de sorprenderme lo fugaz y efímero de la vida humana.
info
Resumen
Alana, debatida entre actuar o no, decide colgarse de un banderín y dejar caer la tapa de un contenedor para distraer a Herber.
Aclaraciones
Alana tiene una altura de 15 cm, un peso de 1kg, una fuerza de 44 y un empuje de 1 m. La caída desde el banderín hasta el contenedor ha sido menor a 6 m, su capacidad máxima de caída, y ha estado amortiguada por la cuerda del banderín. Esto reduce significativamente la velocidad de impacto y le permite aterrizar con control, evitando daños.
karmas
Cotilla: Tienes la necesidad de escuchar conversaciones ajenas, siempre que estas estén en un radio de veinte metros de ti, aunque pueda suponer un riesgo.
La hoja brilla en lo alto, como si quisiera tomar el protagonismo que tiene un verdugo antes de ajusticiar a un preso. Curioso eufemismo ese de ajusticiar, pues como en el caso del verdugo, solo suele tratarse de una ejecución en la que nada tiene que ver la justicia. Y en eso estamos, una daga pendiente de dictar sentencia, de acabar con una trifulca que parece venir de lejos, pero en la que solo encontraría justo el resultado quien empuña el arma.
La hoja comienza su descenso y a su vez lo hace nuestra intrépida tonttata. Se descuelga desde el canalón, un objetivo claro en mente. No pretende exponerse demasiado, pero tampoco está dispuesta a dejar de lado su compromiso como médico. No puede permitir que el frío metal encuentre el calor del pecho de aquel elegante hombre. De alguien que, por lo que ella sabe, podría ser inocente.
Se lanza hacia abajo, ayudándose de la cuerda que une los banderines que decoran la calle, los que dejan claro el carácter festivo de la ciudad en aquellos días. Desciende directa a hacia su diana; la tapa del contenedor de basura. Impacta en ella y la hace salir volando. No una distancia exagerada, no. Solo lo suficiente para desprenderla del cubo y que caiga al suelo. Un estruendo llena el callejón. No tan fuerte como para resonar por encima de la música que anima la calle, pero lo justo para llamar la atención de Herber. El hombre se gira buscando la fuente de aquel ruido, pero su brazo ya había comenzado su viaje con la daga como piloto. El arma desciende, aunque la falta de atención del atacante hace que su destino sea uno distinto al deseado.
-Qué ha sido eso? -Herber se gira hacia la tapa del contenedor-. Juraría haber visto algo. O alguien...
La daga, finalmente, impacta. Rasga. No corta carne, tampoco piel. Ni siquiera el elegante traje del hombre. Solo secciona la bolsa que porta el hombre. Un gran tajo, a lo largo de toda la bolsa. Del agujero asoma un frasco, de vidrio. Es grande y está lleno, tanto que su peso acaba por romper la bolsa y el tarro se precipita al suelo. La fracción de segundo que tarda en caer da para mucho, pues el gesto del hombre cambia por completo a la sorpresa en cuanto nota que la bolsa ha dejado de pesar. En un gesto instintivo, lanza su pie para evitar el impacto. No lo consigue y el tarro golpea en el suelo, se estalla y puedes ver cómo su contenido se desparrama por el suelo. Tan pronto como se extiende, comienzan a formarse unas volutas verdes sobre él y el hombre retira tan rápido como puede el pie que había alargado para evitar la rotura del frasco. Se aparta rápido, su cara llena de temor.
-Herber, maldito! Sabes lo que me ha costado desarrollar esta muestra??
-Fitz, has sido tú, verdad? Tú eres quien...
-Cállate! -interrumpe el hombre elegante-. No debí dejarte con vida cuando tuve oportunidad.
Fitz mete la mano en su chaqueta y la saca a toda velocidad. Una pistola. Apuntando al pecho de Herber. Aprieta el gatillo y un estallido rompe el aire.
Info
Resumen
Alana consigue distraer a Herber cuando lanza su cuchillada, pero solo evita que la hoja de en el hombre. La daga corta la bolsa de papel y de ella cae un frasco que se rompe derramando un líquido de aspecto nocivo. Fitz se enfada y saca una pistola para disparar a Herber.
Aclaraciones
Buen uso de las cajas de spoilers y sobre todo de entorno Durante tu turno
Descripción: Similar a un cuchillo, pero con una hoja más corta y ancha, generalmente de doble filo. Suelen ser armas secundarias o de ataque sorpresa en combate cercano.
Descripción: Un arma de fuego de tamaño pequeño a mediano diseñada para ser disparada con una mano. Tiene un cañón corto y es capaz de disparar proyectiles a alta velocidad.
pistola001
Munición
Munición
1
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: 10
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 3000
Descripción: Pack de 30 balas. Este tipo de munición estándar es comúnmente utilizada en diversas armas a distancia. Aunque no posee características especiales, es confiable y ampliamente disponible. Cada una provoca 10 de daño.
municion001
Bélico
Fitz saca su arma y apunta a Herber a una velocidad igual a su destreza , tal y como indica la guía de combate avanzada al ser un desenfunde de arma de fuego. En este caso, la velocidad sería de 15. Herber tiene unos reflejos de 12. Lo cual sería suficiente para poder reaccionar al desenfunde. Ahora bien, el ataque de Fitz se produce a una velocidad igual a su precisión, 25. Tal y como indican las guías, al tener unos reflejos en la franja de -10 a -20, solo podría reaccionar en caso de que fuese un ataque a distancia y estuviese a más de 10 metros, por lo que no sería capaz de reaccionar a él. Dado que no puede reaccionar vamos a calcular el daño. El daño de un ataque con arma de fuego es igual al arma más su escalado más el daño de la munición. En este caso, daño del arma=10, el escalado es (0'1xDes)+(0'4xPrec), daño munición= 10. Con los stats de Fitz tendríamos daño=10+(1'5)+(10)+10= 31'5. Al tratarse de un decimal igual o mayor a 5 se redondea al alza, por lo que el daño resultante, en caso de que acabe impactando, sería de 32
Off
Buen turno. Te he dejado un ejemplo de como se calcularía el bélico para que lo tengas como referencia. Ahora bien, ten en cuenta que aunque yo haga los cálculos y determine cuanto daño llegaría a hacer el ataque, tú puedes intervenir y cortar esa acción si es que tus stats son suficientes. Planea tú siguiente turno y a ver cómo responde Alana a esta situación. Ya vamos a por el tramo final de la aventura!
Como era de intuir, tan solo hemos aplazado lo inevitable. Lo que no me esperaba era que aquel hombre que parecía tan bien vestido y por ende tan amable, acabase con un arma en la mano. Ingenua de mí al dejarme llevar por las apariencias. Esperaba la opción más pacífica: uno huyendo del otro; y sin embargo me encontré con la opción más bélica. ¿Es que no he aprendido nada de mis anteriores experiencias? Parece que hay una respuesta bastante clara: no. ¡Siempre igual, j*der! Tropezando dos veces con la misma maldita piedra. Estoy más que harta de la gente.
Pegué un sprint bajo y en diagonal para salir de la línea directa del caón. A medio camino, hundo mi cuerpo y salto, cogiendo velocidad y potencia, para engancharme al antebrazo de la mano armada del hombre bien vestido. Esperaba que el susto de ver un “bicho” escalando por su brazo le persuadiese y desviase la trayectoria del cañón hasta yo poder ascender a su mano, abrir con todas mis fuerzas sus dedos y desarmarle.
Fue entonces cuando una voz aguda y colérica, mi voz aguda y colérica intentó cortar la tensión. ¿Mi voz, mi enfado traspasaría más allá del sonido de la música de Samba?
— ¡¿Estáis locos o qué?! ¡¿Pensáis mataros aquí, en medio de la ciudad, como si no hubiera inocentes alrededor?!
Y ahí estaba yo: una tontatta minúscula, plantada en mitad del callejón, sobre un hombre más de diez veces más grande que yo, como si mis quince escasos centímetros de altura bastaran para separar a dos gigantes.
— ¡Bajad el arma, tontos de los c*jones! ¡No pienso dejar que nadie muera hoy! —escupí, señalando el charco verdoso del suelo que con tanto mimo parecía intentar proteger uno— . ¡Y tú, con tu cara de elegante de feria, apuntas con un arma como si fuese un juguete!
No descartaba que, a pesar de mi intervención, el más desaliñado intentase igualmente atacar a aquel hombre del que yo misma había intentado protegerle (al que a su vez había evitado que atacase). Si algo tenía claro, era que mi integridad física era lo primordial. No pensaba jugármela más por dos hombres alocados y sin sentido de la supervivencia.
info
Resumen
Alana va en dirección a Fitz, se sube a su brazo para que, con el susto, desvíe el cañón e intenta abrirle la mano posteriormente para desarmarle.
Aclaraciones
Alana tiene unos reflejos de 30, así que igualmente le da tiempo a ver el desenfunde. Según las estadísticas de Alana, tiene una capacidad de movimiento de 4 metros. Tal y como se indicó anteriormente, el contenedor está a 3 metros de los hombres. Su capacidad de salto es de otros 4 metros, que sumado al karma de “peso liviano”, que suma un metro por cada metro que sea capaz de saltar. Al intentar desarmar, Alana tiene una fuerza de 44, siendo que la resistencia de Fitz es de 15.
karmas
• Peso pluma: Tu cuerpo es excepcionalmente liviano y aumenta tu capacidad de salto en un metro extra por cada metro de salto que ya tengas.
• Enanismo: Eres más bajo de lo normal entre los de tu raza. Tu personaje puede medir -1/4 de lo mínimo que le permite su raza.
• Colérico: Tiendes a adoptar una posición defensiva u ofensiva ante la mínima provocación verbal.
Un dedo a punto de apretar el gatillo. Tras del arma, un hombre cuyo aspecto engañaría a cualquiera, de los que se suele pensar que en un «hombre de provecho». Frente a él, uno con frente sudorosa, consciente de que se enfrenta a un juicio, un juicio letal. El dedo del hombre comienza a apretar el gatillo. Los mecanismos comienzan a sonar, pero rápida como una exhalación, aparece Alana para tranquilizar el día, o al menos para intentarlo. No quiere que se vuelva a repetir lo mismo que ha ocurrido tantas veces. No, ella no está aquí para permitir que la gente salga herida. Ella ha jurado dedicar su vida a la medicina y eso conlleva salvar a la gente, no permitir que se tomen la justicia por su mano. Porque, bueno, en el fondo, un médico contento es uno sin pacientes.
Salta de su escondite y recorre la distancia que la separa de los dos hombres veloz como un parpadeo. Y eso es lo que parece, puesto que apenas pueden percibirla hasta que el hombre que empuña la pistola la tiene colgando del brazo. Fitz la observa en el último instante antes de apretar el gatillo. No sabe bien de qué se trata, no es común ver personas de solo 15 centímetros, por lo que el susto hace que recoja su brazo como si con ello fuese a lograr apartarse de Alana. Su mano se tensa por el susto y se puede oír el clic que le indica al percutor que puede iniciar su carrera. Una explosión retumba en el callejón. La bala sale disparada, pero no hacia su objetivo original. En lugar del pecho de Herber, lo que encuentra es uno de los ventanucos que da hacia el callejón, de los que se encuentran en los baños, pequeños y traslúcidos para conservar la privacidad. Los cristales se rompen y saltan en pedazos dentro de la vivienda, pero pese a ello no se escucha ningún grito dentro que signifique que haya resultado alguien herido. Alana ha conseguido el primero de sus objetivos, pero sin detenerse corre a lo largo del brazo para intentar desarmar al pistolero. La tontatta grita para reprender a ambos hombres su actitud. No va a permitir que nadie muera, no en su presencia. Escupe sobre el charco derramado y les ordena bajar las armas. Algo que tiene el efecto deseado, pero no de la manera que ella había pensado. Fitz agita su brazo para librarse de la tontatta y con el ímpetu de hacerlo, deja caer su arma entre grititos de miedo.
—¡Ah, Socorro! Un rata que habla.
Herber por el contrario parece más comprensivo. Sus músculos pierden la tensión y queda mirando a Alana con intriga. Entiende lo que dice, hace tiempo él era así. No quería dañar a los demás, solo ayudarles, mantenerlos a salvo, sanos. Pero la tontatta no entiende el motivo de esta situación, ni lo oscuro tras aquel hombre de perfecta fachada.
—Tú... No lo entiendes. No sabes lo que ha estado haciendo ese hombre —señala con su dedo a Fitz—. Y dudo que entiendas que es eso de ahí —su mano cambia de objetivo hacia el charco del suelo—. Este hombre no es más que un ladrón. Y... un asesino.
—Calla, maldito viejo. Todo esto es necesario. Salvaré muchas vidas con mi investigación.
—¿Tu investigación? Querrás decir «mi investigación». Si hubiese sabido el monstruo que eras nunca te hubiese dejado colaborar conmigo. Tú robaste mis estudios y ahora los utilizas para... —mira de nuevo al charco del suelo.
—¿De qué sirven unos papeles si no se lleva a la práctica? Tú solo desarrollaste una teoría. Yo estoy haciendo los experimentos necesarios para refinar la fórmula.
—¿A costa de qué, Fitz? ¿Cuántos animales has matado ya?
En ese momento, unos pasos alarmantes suenan tras de vosotros, a la entrada del callejón. Un grupo de 10 marines aparece con las armas en alto, seguramente alertados por el disparo de hace unos instantes. Están dispuestos a detener al causante del incidente. Se aproximan y dejan el callejón sin salida. Dirigen sus armas hacia Herber.
—¡Alto ahí! Suelte esa daga inmediatamente y nadie resultará herido.
Herber te mira un último instante y agacha la mirada, sabe que su ataque no ha estado bien, pero él tenía una intención noble. Los marines se aproximan con cuidado mientras el viejo deja caer su arma. Parece que se lo van a llevar preso y Fitz va a salir impune.
info
Resumen
Alana consigue desviar el disparo de Fitz y que este suelte el arma. Tras esto Herber y Fitz tienen una conversación en la que Fitz admite haber hecho experimentos con animales de la ciudad, envenenándolos, hasta que un grupo de marines llega al callejón alertados por el sonido del disparo. Pretenden detener a Herber pues le han visto con un arma
Aclaraciones
Buen turno, fiel a Alana optando por la vía pacífica. Solo un apunte. Mencionas que intentas hacer un desarme y citas tu fuerza y la resistencia de Fitz. Según la guía de combate avanzada, existe el estado de desarme, y la manera de causarlo es aplicando un daño en la zona del arma de cuatro veces el valor de la destreza del defensor. Ahora se acerca una horda de nivel 1 de marines. Según la guía de hordas, esta puede ser derrotada a cambio de 100 de energía. Por otro lado, ten en cuenta que ellos no te perciben a ti como un enemigo puesto que no tienes recompensa ni eres reconocida, ni has sido hallada realizando alguna cosa ilegal, por lo que seguro que tienes otra vía de actuación ante esta horda.
Off
Ya hemos superado el ecuador de la aventura. Espero que estés aprendiendo y disfrutando con ella. Si teiens dudas ya sabes dónde encontrarme.
¿Rata? Puse los ojos en blanco al escuchar semejante estupidez. Siempre sabía y era consciente de que ese pensamiento me beneficiaba; igualmente siempre sabía que me enfadaba horrores que me viesen como a un animal peludo de cuatro patas con una cola enorme… Mierda. Visto así…
¿Cómo se podía proyectar tanto en una persona? En la imagen del rubio, vi de repente la de Ashwin quedándose con el mérito de mi investigación. Casi parecía ironía del destino al estar presenciando yo una situación tan similar, con la diferencia de que Ashwin quedó impune de sus actos. A día de hoy, no sé qué será de él, y mejor que así sea. Quizás en otras circunstancias u otra persona pondría en duda las palabras de Herber, pero yo, habiendo vivido algo similar, no podía no creerle, o por lo menos confiar, y dado que el contrario no negaba tales acusaciones…
Salté del brazo de aquel malhechor, siendo consciente del peligro que suponía seguir tan cerca de él. Corrí hacia Herber todo lo que pude tras captar su mirada. Si yo podía considerarme clasista, los marines eran trigo de otro costal. A ellos no podía “considerarlo”, sino que “lo eran”. Trepé como buenamente pude por la ropa de Herber. ¿Había tocado un chicle? ¿Realmente llevaba un chicle pegado en la chaqueta? Recé para que yo no hubiese sabido identificar esa masa. Trepé hasta su hombro, un gesto de defensa, de llamar la atención de aquellos hombres, imposible que no me vieran. Levanté los brazos, tan pequeños como decididos, y rompí el silencio con la furia de quien se siente traicionada una vez más.
— ¡No! ¡Él no es el criminal aquí! ¿Acaso no veis a quién queréis dejar escapar? ¡Yo lo he visto y oído todo! Ese disparo, ese frasco, ese veneno… ¡No eran suyos!
Me giré un instante hacia Fitz, mis ojos brillando con una mezcla de rabia y dolor que no es del todo por él. Me aferré con fuerza al medallón, rezando para mis adentros que me escuchasen.
— ¿Acaso no os dais cuenta? ¿Vais a dejar escapar al que carga con la pistola humeante y la evidencia a sus pies, y arrestar solo al que intentaba detenerlo? Si vais a detener a alguien, que sean al menos a los dos —mi voz tiembla de ira, pero no de miedo. Por primera vez en toda la escena, no hablo solo como médico ni como tontatta, sino como alguien que recuerda perfectamente la puñalada de la traición. Ya perdí una vez, no pienso perder otra.
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Resumen
Salta del brazo de Fitz, y se desplaza hasta Herber, trepando por su ropa. Se coloca en su hombro para ser visible y llamar la atención de los marines e intenta hacerles ver que a quien deben arrestar no es a Herber.
Aclaraciones
Tomo nota del estado de desarme y de las hordas. Igualmente, en primera instancia, Alana no intervendría de forma bélica.
karmas
• Peso pluma: Tu cuerpo es excepcionalmente liviano y aumenta tu capacidad de salto en un metro extra por cada metro de salto que ya tengas. • Enanismo: Eres más bajo de lo normal entre los de tu raza. Tu personaje puede medir -1/4 de lo mínimo que le permite su raza.
La pistola yace caliente en el suelo. Una cara asoma por la ventana que recibió el disparo. No una cara completa, no. Nadie en su sano juicio se asomaría sin cuidado por una ventana que acaba de ser atravesada por una bala. Más bien lo que se ve es un montón de pelo blanco que cubre hasta casi las cejas, sin llegar a tapar los dos ojillos que intentan escudriñar el callejón de manera que nadie pueda reconocerlos. Sea como sea, ya tenemos el culpable de que los marines hayan llegado tan rápido.
Alana observa a Fitz unos instantes, sus ojos reflejan que por su mente corren los recuerdos. la tontatta corre por alejarse del brazo que hasta hace nada sostenía la pistola y escala su figura a toda prisa, como un montañista al que le espera la cena en la cima de la montaña. Herber sentía que su pequeña salvadora lo comprendía. No la conocía, ni siquiera habían llegado a tener una conversación trivial, pero algo en sus ojos se lo dejaba claro; ella sentía empatía por su situación. Los marines prosiguieron con su detención, sin reparar en Alana hasta que alcanzó el hombro de Herber. Entonces, ella les increpa por su actuación y les explica que están cometiendo un error. Ella lo ha visto todo y les cuenta quién es el dueño del frasco y la pistola.
La mirada de Alana se cruza con la de Herber una vez más. La tontatta se aferra a su medallón y vuelve a la carga. Señala las deficiencias en la actuación de los marines, movidos más por estereotipos que por la profesionalidad, del tipo de gente que piensa que la ropa o el aseo dejan ver lo problemático que eres. Otros del grupo parecen más bien urgidos en entregar a alguien en el cuartel para seguir con su patrulla por las animadas calles de Samba. Como sea, las palabras de Alana hacen titubear a los marines, y por fin el que parece llevar la voz cantante, tal vez el de mayor rango, abre la boca.
—Disculpe, señorita. No sabíamos que había testigos —dice con una sonrisa en la cara y una mano rascando su nuca—. ¿Y dice usted que este... vagabundo es inocente y que el doctor Fitz es quien ha disparado?
—No soy ningún vagabundo. Soy el doctor Herber Solz —el hombre se ayuda de su hombro para bajar la bandana que aún cubre su cara—. Y ese hombre de ahí ha estado envenenando animales para probar una fórmula analgésica que yo desarrollé. Ese condenado...
La sorpresa corre por los soldados. Bien por las declaraciones del viejo, o bien porque algunos parecen haber reconocido el nombre del doctor, la actitud de los marines cambia por completo. Y no solo la de ellos, pues Fitz ya no parece tan confiado, ni siquiera tan lleno de rabia. Ahora parece nervioso, sus brazos recogidos frente al pecho con las palmas extendidas hacia los marines. Agita sus manos de un lado a otro mientras busca complicidad en la mirada de alguno de los marines. Su frente llena de sudor deja ver a la legua que su pulso se ha acelerado y los nervios se apoderan de él. El marine de más rango mira a sus compañeros y les hace un gesto hacia el elegante hombre de traje.
—Detened a ese hombre. Y tomad muestras de eso del suelo. Nos van a tener que aclarar un par de cosas en el cuartel.
Los marines se abalanzan sobre Fitz, el cual pretende coger su pistola en un último intento por asegurarse su libertad. En vano, pues los marines, entrenados para la batalla, son mucho más rápidos que él y logran detenerlo a tiempo antes de que pueda haber alguna victima. Uno de ellos se acerca y recoge los pedazos del frasco y frota un pañuelo por el líquido vertido. Cambian las esposas de las manos de Herber a las de Fitz antes de continuar hablando.
—Disculpe, señor Solz, pero creo que debe acompañarnos para tomarle declaración.
—Descuida. Soy el primer interesado en que esto se aclare —vuelve su mirada hacia Alana—. No se cómo terminará esto, pero debo agradecer lo que has hecho por mí hoy. Has salvado mi vida de varias maneras en solo unos minutos. No se como podría compensarte... Como ves ahora voy a estar algo liado y cuando esto se aclare volveré a mis estudios de medicina en la biblioteca de la Isla Torino. Si algún día pasas por allí no dudes en visitarme. Prometo hacer lo que esté en mi mano por ayudarte.
Los marines se preparan para marcharse junto a los dos hombres, rumbo al cuartel de la marina, rumbo a la justicia.
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Resumen
Los marines escuchan las palabras de Alana y deciden detener a FItz y llevarse a Herber para tomarle declaración. Tras esto, Herber agradece a Alana y la invita a visitarlo en la isla Torino donde realiza estudios de medicina.
OFF
Pues esto sería todo. Espero que te haya servido para aprender alguna cosilla sobre los sistemas del foro y que te haya resultado entretenido. Te dejo reaccionar a este último post por si quieres reflejar pensamientos o reflexiones de Alana. Cuando lo tengas ya mandamos la revisión y estaría todo listo. Un saludo y nos vemos embarcándonos!
Me quedé quieta en el hombro de Herber, respirando hondo, todavía con el pulso acelerado, a la espera de que los marines respondiesen a mis declaraciones. Aunque sabía que eran los protectores de la paz, también sabía que el poder corrompe a uno y nunca se sabe cuáles son los intereses personales de cada uno. Por eso es que hasta que no escuché la clara respuesta de uno de ellos, que sentí como los latidos de mi corazón empezaban a tornarse más normales. No era la primera vez que veía cómo la mentira se disfrazaba de respetabilidad y casi lograba engullir la verdad… pero sí era la primera vez que tenía la fuerza para impedirlo. Siempre me había sentido pequeña, nunca tenía el valor suficiente como para hacerme valer frente a los gigantes. Con el tiempo acabé entendiendo que había una gran diferencia entre ser y sentir.
El sonido de las esposas me supo a victoria, aunque no a una celebrada con júbilo, sino con la gravedad de quien sabe lo cerca que estuvo la tragedia, tanto para el propio Herber como para los propios animales y mi conciencia, que por mucho bien que pudiese causar, en este caso, el medio no justifica el fin.
Me giré hacia los marines, mis brazos en jarra, con la osadía que solo alguien de quince centímetros puede permitirse, tal vez por el simple hecho de ser siempre infravalorada.
— Gracias. No olvidéis que la justicia no siempre lleva uniforme ni viste de traje —me atreví a aconsejarles, aunque en el fondo también era un mensaje para mí misma. Luego bajé la mirada hacia Herber y asentí con una leve sonrisa—. Nos veremos en Torino. Y espero que, para entonces, ninguno de los dos tenga que cargar con más fantasmas del pasado.
Salté de su hombro, aterrizando ligera como el aire en el adoquinado del callejón. No tenía intención de seguirlos, a menos que quisieran tomarme declaración también, lo cual no parecían tener intención de hacer. Había cumplido mi papel: evitar que otro inocente quedara aplastado por el peso de un sistema ciego. Mientras el grupo se alejaba, me aferré al medallón contra mi pecho y murmuré, apenas para mí:— Hoy no se repitió la historia —. Y con eso, me interné en las calles de Samba, decidida a seguir caminando por la delgada línea que separa la medicina de la justicia.
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Resumen
Alana se queda aliviada al ver el resultado, le dice a Herber que efectivamente se verán por Torino, se baja de su hombro y fin.
Agradecimientos
Me ha servido para ir cogiéndole soltura a las guías e ir ubicando ciertas cosas.¡Muchas gracias por todo!
karmas
• Valor sentimental: Tienes un objeto de gran valor que debes rolear que llevas siempre contigo. En caso de perderlo sufres una penalización permanente de -20 a tu Voluntad.