03-09-2025, 11:49 PM
Día 38 de Verano, Año 16, Al amanecer
Grand Line - Corriente Rakusei - Little Garden
Grand Line - Corriente Rakusei - Little Garden
Tras un viaje accidentado, Ubbe llegaba a una isla un tanto peculiar; plantas gigantes inundaban el paisaje, y rugidos de animales sonaban por doquier. El Buccaneer sonrió de oreja a oreja al oír esos ruidos, pues por fin había llegado a un sitio que parecía prometedor.
- ¡Ou yeah, baby! - Tras esto se crujió los nudillos y empezó a investigar, para saber bien bien donde se encontraba, pero como realmente no tenía ni idea del mundo que le rodeaba, pues tampoco serviría de mucho.
Deambuló durante un rato en busca del origen de los ruidos de animales y rugidos de bestias, hasta que se encontró con los rastros de unos animales muertos con mordidas y arañazos.
- Así que eres un depredador, ¿eh? - Sintió la emoción de la pelea recorrerle todo el cuerpo, imaginándose que clase de bestia podría haber provocado aquello, al terminar de decir esas palabras, sonrió como un niño pequeño cuando le dan un regalo.
Pues a Ubbe, solo le importaba una cosa, y esa cosa era ser el más fuerte. El hombre más fuerte. La bestia más fuerte. El animal más fuerte. La Máquina más fuerte. Su convicción por pelear y por ser el mejor era lo que le hacía moverse cada mañana, ya que desde que perdió a Kal se prometió a sí mismo que lo haría por él, por su amigo y maestro. Incluso se podría decir que Ubbe llegó a considerarlo un hermano. Kal fue una figura muy importante en la infancia de Ubbe, pues cada vez que se escapaba de casa, se iba a aprender como era la vida de verdad junto a Kal; peleas callejeras, robos, embustes, y todo regido siempre por la misma ley; la ley del más fuerte.
Kal le enseño a pelear, viendo en él a un futuro monstruo de combate, y Ubbe tomó esa visión como suya. Peleando se sentía vivo de verdad, y no en su casa con su familia remilgada y delicada. Tras la muerte de Kal, Ubbe siguió con esa idea, incluso gracias a un recuerdo de su fallecido amigo, tuvo la idea de cambiar su cuerpo en el futuro, ya que cualquier mejora corporal que pueda conseguir, sea una Akuma no Mi, o sea un implante mecánico, le ayudarían a cumplir su meta.
Ubbe siguió metiéndose dentro del enorme paisaje, buscando su próxima pelea. Al poco rato de estar explorando y paseando, encontró a un grupo de dinosaurios pastando tranquilamente en una zona interna de la selva. Eran enormes, aunque parecían tranquilos, se estaban alimentando de plantas y hojas así que no eran el objetivo que estaba buscando, aun así cada movimiento de sus colas podía destrozar árboles como si fueran ramas. Ubbe los observó en silencio, con los puños cerrados y el corazón latiendo a toda velocidad, aunque no pudo evitar sonreír como un tonto. No buscaba una presa fácil, sino al rey de esa jungla. Aquel rastro de cadáveres le decía que había algo mucho más fuerte rondando por allí, y eso era lo que quería encontrar. Dio un paso al frente, con esa sonrisa cargada de adrenalina y emoción.
—Kal, hermano… si vieras esto, fliparías
Murmuró, antes de seguir avanzando, convencido de que el monstruo que buscaba estaba más cerca de lo que parecía.
El aire estaba denso, cargado de humedad, y cada respiración sabía a selva y a peligro, lo cual solo hacía que animarle más. Ubbe apartaba las ramas como si fueran nada, su enorme cuerpo avanzaba entre la maleza dejando un rastro tan obvio que cualquiera podría seguirlo. Pero a él eso le daba igual; al contrario, le encantaba la idea de que algo pudiera olerlo, verlo, sentirlo venir. Porque si algo lo encontraba, eso solo significaba una cosa: Pelea. Y Ubbe no quería otra cosa en ese instante que no fuera medirse con una bestia tan grande y terrorífica como él. Al rato, escuchó un ruido seco entre los arbustos. No tardó en salir una especie de lagarto enorme, con garras afiladas y la boca llena de dientes afilados, que llamaban a gritos un bocado de la carne de Ubbe. El Buccaneer alzó una ceja y sonrió. Chasqueó los dedos señalando al monstruo frente a sí.
– ¿Así que aquí estás eh? Are you ready?
El animal se lanzó contra él con un chillido que hacía retumbar los árboles, pero Ubbe plantó los pies en el suelo y echó los brazos hacia atrás, como si estuviera recibiendo un regalo. El lagarto saltó, garras por delante, y Ubbe lo recibió con un puñetazo que lo mandó a rodar contra el suelo. No estaba muerto, pero sí cabreado.
Ubbe rio a carcajadas - GAHAHAHA - Se rio tan alto que resonó en toda la jungla.
El animal volvió a abalanzarse en cuanto se levantó y Ubbe esquivó de lado, metiendo el hombro para chocar contra el cuerpo de la bestia e intentar así tirarla al suelo con su propia embestida, lo cual consiguió. El monstruo se sentía fuerte, duro, con la piel áspera como una piedra, y eso solo hacía que creciera la emoción en la sangre del Buccaneer.
El lagarto se levantó tambaleante, bufando, abriendo profundamente los orificios nasales en cada respiración. Ubbe lo miró de arriba abajo y soltó una pequeña carcajada que casi parecía una provocación.
– Madre mía, bichejo… y yo que pensaba que era feo al despertarme. ¡Pero tú te llevas el premio!
El animal chilló, enfurecido, y arremetió otra vez con las fauces abiertas. Ubbe esperó el último segundo, apartó la cabeza hacia un lado y con la mano libre le estampó un puñetazo en todo el hocico que lo hizo crujir contra el suelo. El enorme Buccanner negó con la cabeza, divertido.
– Con ese rugido, fijo que espantas a las hembras, baby. No puedes conmigo y lo sabes.
El lagarto se revolvía, pero Ubbe lo seguía de pie, con los nudillos listos. Era como si en vez de estar luchando contra una bestia salvaje, estuviera vacilando a un colega en una taberna.
Al acercarse a la bestia en el suelo, Ubbe lo miró sin inmutarse, como si ya supiera el final. Dio un paso al frente, alzó el puño derecho y lo descargó directo contra el cráneo de la bestia. El suelo tembló con el impacto y el animal quedó tendido, inconsciente, con la lengua fuera y el cuerpo temblando un segundo antes de quedar totalmente quieto. Ubbe sacudió la mano, como si se hubiera quitado el polvo de encima, y sonrió.
– Te lo dije, feo.
Ubbe, insatisfecho por la corta duración de la pelea, miró al enorme lagarto en el suelo y se empezó a fijar en sus garras y dientes con más detenimiento, percatándose de que no se trataba del cazador que buscaba desde un principio, este tan solo había sido un tentempié en comparación, ya que las garras que había en los animales destrozados eran mucho más grandes que las de esta pobre bestia.
El suelo empezó a vibrar, primero suave, y luego cada vez más fuerte. Los árboles se apartabancomo si algo gigante los moviera con desgana, y un rugido tan grave que retumbó en el pecho de Ubbe le confirmó lo que ya imaginaba. –Ah, ahí estás…– murmuró con una sonrisa, mirando seriamente al enorme animal que tenía delante. Entre la maleza apareció la auténtica bestia, mucho más grande que la anterior, peo de similar aspecto, con fauces capaces de partir un barco por la mitad. Sus ojos se clavaron en él, llenos de furia al ver a su cría tendida en el suelo. Ubbe no se movió ni un milímetro; al contrario, echó el cuerpo hacia delante, como quien espera la llegada de un lanzamiento para recibirlo. –Oh yeah, baby. Esto ya empieza a ponerse divertido.
El dinosaurio cargó como una fiera desbocada, derribando los arbustos a su paso, y Ubbe no perdió el tiempo: corrió de frente, chocando contra la mole sin un gramo de miedo. El puño del Buccaneer impactó contra el costado del monstruo con un estruendo seco, como si hubiera golpeado una muralla de carne y hueso; la bestia rugió y respondió con un coletazo brutal que levantó tierra y piedras al golpear el suelo. La cola impactó de lleno con el muchacho, y Ubbe rodó por el terreno, riéndose a carcajadas, y volvió a ponerse en pie, escupiendo un poco de sangre. –¡Eso es! ¡Así me gusta!– gritó mientras avanzaba otra vez. El enorme animal intentó morderle, con la boca completamente abierta, pero Ubbe clavó su mano en el hocico para apartarlo y con la otra lanzó un derechazo directo a la mandíbula. El crujido resonó en toda la selva, y aunque la criatura retrocedió un paso, sus garras atravesaron la camisa de Ubbe, dejando un par de cortes que ardieron como fuego. El Buccaneer no se detuvo; giró sobre sí mismo y lanzó otro puñetazo ascendente que hizo temblar hasta las hojas de los árboles cercanos.
A la bestia parecia no afectarle nada de lo que Ubbe estaba haciendo, la pelea continuó con golpes cruzados por ambas partes. Ubbe, jadeando y con los nudillos ardiendo de tanto golpear, se quedó frente al monstruo que, pese a los puñetazos y embestidas, apenas parecía resentirse. El dino rugió con tanta fuerza que los árboles se agitaron como si fuese un vendaval. Ubbe apretó los dientes, aguantó el envite y devolvió otro puñetazo con todo lo que tenía… pero fue como pegarle a una montaña. El aire se le escapó de los pulmones cuando la bestia lo embistió de lleno y lo mandó volando varios metros, estampándolo contra un tronco que crujió y cayó partiendose en dos.
El Buccaneer se levantó tambaleándose, escupió un hilo de sangre y, por primera vez en mucho tiempo, sintió esa punzada de impotencia, la misma impotencia que sentía de pequeñño cuando entenaba con Kal y este le ganaba. Miró al monstruo, que aún lo acechaba con la boca abierta, y sonrió con esa mezcla suya de furia y cachondeo. –Joder… contigo no me da el cuerpo– murmuró, antes de girarse y echar a correr selva adentro - Nos volveremos a encontrar, pero ahora mismo me tengo que ir, lets go!- Los pasos del dinosaurio retumbaron tras él, cada uno como un tambor de guerra, hasta que finalmente la bestia perdió interés y se quedó atrás, rugiendo con rabia.
Ubbe se dejó caer en el suelo, jadeando, con la espalda apoyada en el suelo. Miró el cielo entre las hojas gigantes y se rio para sí, cansado, recordando la voz de Kal animándole a levantarse después de cada caída y cada paliza. El eco de esa memoria le pesó en el pecho más que los golpes recibidos. Estaba solo. Había prometido alzar los puños por los dos, pero por primera vez se dio cuenta de que su fuerza, por grande que fuese, no era suficiente contra un mundo lleno de monstruos aún más grandes que él.
Apretó el amuleto entre sus dedos, esa vieja tuerca oxidada que Kal le había dado, y dejó escapar un suspiro. Quizá necesitaba más: un poder que superara los límites de su carne, una técnica que le llevase más allá… o incluso alguien con quien cargar parte del peso. La selva rugía a su alrededor, viva y hostil, y Ubbe cerró los ojos un instante. Cuando los abrió, la chispa estaba otra vez ahí, esa convicción que lo mantenía en pie. No había sido derrotado; solo había encontrado un nuevo obstáculo. Y si algo tenía claro, era que lo iba a superar.
Se levantó, se sacudió el polvo y sonrió de nuevo, esa sonrisa tan suya, tan desafiante. Miró al horizonte de la selva, como desafiando a la isla en si –Tranquila, baby... que esto no ha hecho más que empezar.
Internamente, recordó la promesa que hizo junto al cuerpo de Kal, que sería mas fuerte, el mas fuerte de todos, por los dos, por su honor, no por su sangre ni su origen, si no por el mero hecho de serlo y poder dejar su nombre marcado en la historia. Encontraria la manera de mejorar, si tenia que seguir luchando con dinosaurios para hacerlo, pues así sería.
La idea que se le formaba cada vez mas en la cabeza, a aprte de ser mas fuerte, era el como conseguirlo. No sabia como enfocar este nuevo desafio con esa enorme bestia, asi que tendria que encontrar la manera de poder hacerlo solo. Encontraría algo en esta isla que pudiera usar para entrenar más y mejor, seguro, algo habría, hasta acabar con esa bestia inmunda que le habia dado una paliza.
