—¿Estará bien si salgo del barco por mi cuenta?
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Eternidad [Priv. Uker] [Presente relativo]
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05-09-2025, 09:13 AM
(Última modificación: 05-09-2025, 09:50 AM por Hyákinthos.)
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Día 41 de verano, año 16
Isla Karate
—¿Estará bien si salgo del barco por mi cuenta? No es como que tenga un grillete, tampoco es como si su capitán le ordenara quedarse vigilando la nave, bueno, quizá eso hizo ¿Cómo saberlo? No podría recordarlo, aunque quisiera, pero no es lo que lo lleva a cuestionarse.
—Jmmmm…jmmmmmm…—Alzó su cara para encontrarse con los mástiles, las velas plegadas, una bandera distintiva ¿Cómo podría olvidar los colores? ¿Cómo podría olvidar cómo llegar a su propio barco? Bueno, para él siempre era posible olvidar más y más cosas.
Suspiró, no por cansancio, si no por resignación, después de todo, aunque quisiera ser positivo, parte de las cosas que no olvidaba era, irónicamente, su pésima capacidad para retener direcciones.
Se detuvo un momento en la barandilla del barco, cerca de la escalerilla de embarque y, la maleta que llevaba en su espalda, fue retirada para dejarla sobre el suelo y sacar de ella un lápiz y una libreta que abrió, no en una página al azar, si no en una marcada con una cinta y, ahí, empezó a dibujar un boceto de la jolly roger de su tripulación, además de anotar los colores distintivos del barco, el nombre grabado en la popa y cualquier otro detalle distintivo que pudiera ayudarlo a regresar al barco correcto, así tuviera que pedir ayuda externa, aunque ¿En verdad sería buena idea pedir ayuda a algún habitante de la isla para regresar a una embarcación claramente pirata? Intentaría no pensar en eso, sería un problema para el Cherry del futuro.
Pero ¿Por qué esas urgencias de salir por su cuenta a la isla? Simple: provisiones.
No sabía cuanto tiempo pasarían en ese lugar, si se lo mencionaron en algún momento, ahora esa información pasaba al cementerio de recuerdos y, de todos modos, sea que partieran ese mismo día o en un mes, prefería ser precavido y, por lo tanto, llenar sus despensas con plantas, ungüentos, medicinas y cualquier implemento que fuera necesario para sanar cualquier afección que pudiera afectarlo a él o a alguien de su grupo ¿Le preocupaban? Aún no podía decirlo con exactitud, pero siendo las personas con las que viajaría, debía asegurarse de que estuvieran sanos, no quisiera pasar un mal rato en alta mar.
Terminó sus anotaciones y dio vuelta a la página para pasar a la anterior, ahí tenía una lista de implementos que necesitaría si en verdad pensaba volver a la vida en el mar y, entre ellos, subrayado varias veces, a colores y con más tinta de la necesaria, la palabra “menta” sobresalía de entre todo…Sus reservas se agotaban y eso lo ponía de los nervios.
Tanteó su bolsillo y sacó de este una botellita pequeña, como la de una muestra de perfume, y notó la poca cantidad de líquido que tenía: menos de la mitad.
Estaba decidido. No podía esperar a que el resto se despertara, ni siquiera podía esperanzarse a que alguien decidiera acompañarlo, iría por las provisiones por su cuenta, así tuviera que recorrer toda la isla más de una vez para encontrar el camino de regreso al barco.
Guardó su libreta, se echó su mochila al hombro y bajó por la escalerilla del barco y, cuando por fin pisó la arena, ni siquiera miró atrás antes de adentrarse en las calles principales de la isla que, a esas horas de la mañana, apenas empezaban a despertar.
***
¿Cuánto tiempo pasó desde que salió del barco hasta este instante? Recordaba la fresca brisa marina recorriendo su piel y los tiernos rayos del sol, que apenas se asomaba, brindándole un calor acogedor y ahora…ahora era todo lo contrario.
—¿Qué tan difícil es llegar a un mercado de especias? —Colocó una de sus manos sobre su frente, de manera horizontal, para hacer una especie de visera con esta, un intento vano de ocultar su piel sensible del inclemente sol que, aun sin ser medio día, brillaba con fuerza sobre su cabeza. —Estoy seguro de que ese marine dijo que si seguía recto llegaría al mercado…Eso dijo… ¿O dijo que siguiera recto y luego a la derecha? ¿Me pasé la calle que señaló? —Bajó su mirada mientras, por manía, mordía labio inferior por dentro, con fuerza suficiente para que sus dientes se abrieran paso entre la piel y empezara a sangrar, aunque el ardor que empezaba a sentir y el sabor metálico de la sangre no fue suficiente para que se detuviera de su gesto y tampoco lo detuvo de caminar, aunque no se fijara por donde iba.
Ni siquiera se enteró de los insultos o malas miradas de algunas personas con las que chocó por accidente mientras se mantuvo caminando distraído, según él, intentando recordar la dirección que el marine le dijo para llegar al mercado, no, claro que no se dio cuenta, no hasta que chocó de frente con la espalda ancha de un hombre que era apenas unos centímetros más alto que él.
—Agh…—Se quejó al sentir el leve golpe en su nariz, al haber chocado de lleno, y como sus lentes se descolocaron de su rostro, solo aquello hizo que dejara de mirar al suelo, solo eso pudo hacer que dejara de morder su ya magullado labio que ahora se veía como si le hubieran dado un golpe. —Lo siento, no me fijé…
Se acomodó sus gafas para luego presionar sobre el puente de su nariz, no había sangre saliendo de esta y el golpe no fue más que una sensación incómoda que estaba seguro de que se pasaría con el correr de los minutos.
Karma
08-09-2025, 11:33 PM
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Otra vez había salido, pero ese día se encontraba solo. Aprovechó un momento de paz luego del desayuno para adentrarse en la isla, encontrando un lugar donde podía entrenar y meditar con tranquilidad, sin ser seguido por nadie de la tripulación o alguna persona del pueblo cercano. Fueron unas horas bastante provechosas, pero volvió al barco para darse una ducha y alistarse, pues debía ir a trabajar. Había comenzado a trabajar como cocinero en un restaurante cercano, todo por una negociación por alcohol que terminó poniéndolo a él como principal causa de la fama del local. Era algo simple en esencia, si el lugar lograba tener más gente de la habitual mientras él trabaje, no deberían devolver dinero. Podría quejarse con Jin, pero a decir verdad iba a trabajar en ese bar de igual manera, así que solo le tocaba aceptar la oportunidad. Tampoco se trataba de un trabajo muy demandante. Siendo un bar, se pedía mucho más alcohol que cosas para comer, pero aún así no bajó su rendimiento. Tuvo que ponerse al hombro la organización de la cocina, así como la división de tareas, pero luego de un par de días ya todo parecía ir como la seda. Los platos iban y venían, ya sea llenos de comida o vacíos y sucios, pero su labor no terminaba ni tenía descanso. Por fin, sus 14 horas terminaron. El dueño del lugar parecía feliz, las mesas parecían más llenas que cuando se acercó por primera vez al bar, y eso lograba que una sonrisa apareciera en su rostro. Se despidió de su jefe y comenzó su trayecto de vuelta al barco, con mucho cansancio acumulado, y muchas ganas de sentarse a descansar, aún sabiendo que todavía debía cocinar para toda la tripulación. Fue en ese momento que alguien chocó con él. En cuanto lo vio, rápidamente lo reconoció. - Hyakintos, pensé que no salías del barco por ti solo -. Era inconfundible, con su cabello color rosa, largo, junto a esa pinta de perdido que no parecía írsele por mucho tiempo que pasara. - Estoy bien, no me hiciste nada. Soy Uker, por cierto, estoy en tu misma tripulación -. Recordaba muy bien lo olvidadizo que era el médico, esas lagunas mentales que parecía tener, incluso aunque le hayas hablado hace 5 minutos. - ¿Tú estas bien? Estas algo rojo, ¿no tienes fiebre? -. Miró en varias direcciones. - Dime, ¿alguien te acompaño? ¿O buscabas algo en el pueblo por tu cuenta? -. También había notado la poca capacidad que tenía el hombre para seguir un camino, incluso si este era recto. - Puedo ayudarte a encontrarlo si ese es el caso -. Dejarlo ahí fuera por su cuenta no se veía como la mejor idea, así que no estaba mal ofrecerse en ayuda.
11-09-2025, 06:58 AM
—¿Eh?
Su nombre. ¿Cómo ese desconocido sabia su nombre? Contuvo la respiración por un momento. ¿Desde hace cuántos días estaba en la isla? ¡Bah! Daba igual intentar recordarlo, no podría saberlo al menos que viera un calendario detallado o su bitácora, por ejemplo, que no sacaría en medio de la muchedumbre, pero, entonces ¿Cómo?
Estaba seguro de que había sido discreto, de hecho, apenas y había salido del barco y, cuando lo hacía, era para cosas puntuales, entonces ¿Por qué ese apuesto sujeto lo reconocía tan fácil? ¿La marina? No, no, no, no podía ser de la marina, de ser así, el marine al que antes le preguntó por direcciones también lo habría identificado. De estar rojo pasó a estar pálido.
Y todo eso pasó en menos de un segundo. “Soy Uker, por cierto, estoy en tu misma tripulación”
—¡Oh! —¿Eso era cierto? ¿De verdad estaba en el mismo barco qué él? Bueno, al menos el color le volvía a la cara, además, tenía sentido ¿no? Si no se conocieran de antes era imposible que reconociera un nombre como el suyo, aunque lo pronunciara mal. —¿De verdad viajo con alguien tan atractivo como tú? —Y ahí estaba de nuevo, su mirada perdida se posó en el rostro ajeno, analizándolo, estudiando su cara para que al menos no se le perdiera en los próximos minutos. Tan en las nubes estaba que su pregunta si ni siquiera fue intencional, no llevó morbo ni buscó incomodar, solo fue un pensamiento en voz alta, una mala costumbre que no se iría fácilmente.
—Jmmmm…—Ladeó su cabeza, finalmente aceptando por completo lo dicho por el pelinegro que ahora, con otra pregunta, hacía que el tono rojo de antes volviera a su cara, no…mejor dicho, solo hacía que ese tono se intensificara, a fin de cuentas, ni cuando palideció se fue del todo. Tapó la mitad de la cara con una de sus manos y deseó tener una mascarilla ahí mismo ¿Tanto se notaba su sonrojo? —No…Es decir…sí, estoy…estoy bien —. Desvió su rostro para mirar cualquier otro punto en la calle, el ir y venir de las personas lo ponía menos nervioso que la situación. —No tengo fiebre, esto es…es culpa del sol, me pasa cuando estoy expuesto durante mucho tiempo y…bueno…no importa, se irá cuando llegue a un lugar con sombra o si me aplico algún ungüento, nada grave —. Mentiras…a medias, sí, el sol hacía que su piel tomara ese tono, pero su torpeza frente al guapo sujeto frente a él fue responsable de que se hiciera más notorio. Dejó de hablar, también apartó la mano de su rostro y, así como hacía su supuesto compañero, miró en varias direcciones. ¿A quién buscaba? La respuesta llegó cuando el pelinegro abrió la boca y, por algún motivo, esa pregunta lo ofendió ¿Por qué asumía que alguien tenía que acompañarlo? No es que fuera un niño. Se cruzó de brazos, cerró sus ojos y alzó su mentón en un gesto que podría considerarse algo altivo. —¿Por qué habría de acompañarme alguien? Soy un adulto, tengo 25 años —. Mentira, tiene 32. —Creo que puedo recorrer la isla por mi cuenta, pero… —Relajó sus músculos, descruzó sus brazos y dejó escapar un suspiro de cansancio, resignándose al hecho de que, por muy adulto que fuera, sí que se perdía como un niño ¿Siempre fue así? No podía recordar nada de su infancia, así que no podía responderse esa pregunta. Agachó la cabeza, casi con vergüenza. —Tal vez si necesite ayuda para llegar a un lugar… Se quitó la mochila de la espalda y la abrió para rebuscar en ella su fiel libreta, una vez la tuvo en sus manos, la mochila volvió a su sitio y él pudo abrir la libreta en la página que había dejado marcada. Alzó el cuaderno y lo puso frente a la cara del otro hombre. —Mira…necesito conseguir estas plantas, me dijeron que en el mercado, en los puestos de especias, pero no puedo encontrar el lugar, incluso le pedí ayuda a un marine y sé que me dijo algo…pero… ¡Agh! Lo olvidé…Olvidé la dirección —dijo con frustración evidente mientras seguía sosteniendo el cuaderno frente a la cara del otro hombre. Ahí podría leer, escrito con una caligrafía casi perfecta y en letras cursivas, una lista de plantas y medicinas, aunque resaltaba, más que nada la palabra “menta”. —¿Puedes ayudarme? —Bajó el cuaderno y miró al otro con ojos suplicantes, aunque escondidos tras el vidrio delgado de unos lentes que estaban en su cara más de adorno que por algo más. —Es decir, entendería si no pudieras, supongo que de todos modos podría arreglármelas para encontrar el mercado y luego al barco…el barco… ¿En qué dirección estaba el barco? —¡Excelente! Anotó los colores, dibujó la bandera, pero no se le ocurrió anotar algún distintivo entre las calles que lo pudieran guiar de regreso a su navío.
16-09-2025, 11:36 PM
La cara del hombre no mejoró en cuanto Uker lo nombró, simplemente fue a peor. El tono pálido que adquirió preocupó al cocinero por un momento, al menos hasta que el mismo pelirosa recuperó la compostura al escuchar de quien se trataba. - ¿Atractivo? -. Incluso Hyakintos se lo decía, empezaba a creer que no era solo algo de Maki. - Claro, soy el cocinero del grupo -. Debía aclararle eso, así como cada cosa que supiera de ahora en adelante.
De nuevo su rostro volvió a adquirir ese tono rojizo. Uker no necesitaba escuchar sus excusas para comprender lo que le pasaba en verdad, sobre todo luego de que lo llamara guapo, pero no intentó negar las explicaciones que el otro daba. - Bueno, entonces podríamos caminar por la sombra si el sol te hace mal -. La siguiente tanda de explicaciones se dieron en cuanto el muchacho dudó de la capacidad de Hyak para andar por su cuenta, el cual de igual manera terminó cediendo a la realidad de que necesitaba ayuda. - Bueno, puedo ayudarte a llegar -. Le parecía tierno verlo agachar la cabeza de esa manera, daba la sensación de que solo requería un abrazo y que alguien le dijera que no se preocupara por eso. Lo vio sacar algo de su mochila, y antes de darse cuenta de lo que era ya tenía frente a su cara una hoja con varias anotaciones. Varias plantas, las reconocía a todas, incluso le llamó la atención que la palabra “Menta” estuviera subrayada varias veces. - Oh, así que de eso se trataba -. Dio un último vistazo a la lista, intentando guardarse todo en la mente y recordar si había una tienda donde vendieran todo. - No te preocupes, puedo ayudarte a llegar, me vendría bien conocer un lugar donde vendan todo esto también -. Ver al otro hombre dudar de la dirección en la que se encontraba en barco era preocupante, al fin y al cabo no estaba tan lejos. - Pues, el barco se encuentra en el puerto, que está al oeste de la isla. Si quisieras llegar al barco, podrías dirigirte hacia el oeste y… -. Lo recordó antes de terminar su frase, antes de terminar de asumir que estaba hablando con alguien con un buen sentido de la orientación. - Espera… ¿Sabes dónde está el oeste? -. No iba a mentir, él tampoco podía ubicarse por puro instinto, por lo que llevaba una brújula con él, pero dudaba de que el pelirosa fuera capaz de leer ese instrumento tampoco. En cuanto el contrario le haya marcado una dirección, volvió a preguntarle. - ¿Podrías girar tu cuerpo en dirección al oeste? - Esperó a que el otro cumpliera con su petición. - Y ahora, ¿puedes volver a apuntar hacia el oeste? -. Una prueba contra tontos, si podía responder bien eso, podía al menos aceptar que su brújula mental funcionaba con algo más de normalidad de la que él suponía. En cuanto la duda fuera respondida, podrían ir en busca de las plantas que el hombre necesitaba.
21-09-2025, 11:35 PM
(Última modificación: 21-09-2025, 11:40 PM por Hyákinthos.)
—Cocinero —. Repitió la profesión en voz alta, deteniéndose en cada sílaba para memorizarlo, era más fácil eso que su nombre. De paso, miró a su supuesto compañero de tripulación, buscando un distintivo en su apariencia que le sirviera de referencia para no olvidarlo en lo que restara del día, algo que, finalmente, encontró en su cabello: mechones blancos sobresaliendo de su lóbulo frontal…sí, serían suficiente para servirle de guía. Terminó por asentir, ahora más seguro que antes. Si seguía al cocinero no tenía porque volver a perderse en el pueblo y tampoco de regreso al barco…era lo bueno de pertenecer a un grupo.
—Sí, caminemos por la sombra…aunque tampoco es que haya mucha —. A su alrededor había puestos y carpas ocupando la poca sombra que, a esa hora del día, daban los techos de las pequeñas edificaciones. Suspiró…no debió salir del barco sin un compañero…lo anotaría para recordarlo una próxima vez, debía dejar de ser tan necio; sin embargo, al menos el pelinegro canoso parecía querer ayudarlo.
Sus ojos brillaron con emoción al escucharlo, una que ni siquiera sus lentes pudieron ocultar. —¿En serio? ¿En serio vas a ayudarme? —Unió sus propias manos como si fuera a rezar y alzó su mirada para encontrar el cielo celeste, limpio, pulcro, hermoso, como si el día se alineara con su sentimiento de haber encontrado a un ángel guía que lo llevaría a donde quisiera. —¡Muchas gracias, cocinero!
Tuvo la intención de ponerse en marcha enseguida, de tomar la mano del pelinegro y dejar que lo guiara hasta donde pudieran encontrar las plantas medicinales que necesitaba, pero, fueron las propias palabras del otro hombre que lo detuvieron. Su cabeza se inclinó hacia un lado, su ceño se frunció apenas y volvió a morder su labio en el mismo sitio que antes, abriendo la herida que ya se había provocado. Se detuvo solo porque una pregunta llegó directo hacia él.
—¿Oeste? —Intentó recordar algo sobre direcciones. Intentó escuchar en su mente la voz del antiguo navegante del barco de piratas traficantes con los que estuvo viajando por años antes de venderlos a la marina, pero las palabras del viejo sonaron como grillos, incluso su rostro y sus gestos no eran más que sombras en medio de la niebla… ¿El oeste? Sus dientes volvieron a hacer de las suyas, tomando la rabia de la concentración con sus labios ya magullados hasta que una revelación llegó a su mente: —¡Es lo contrario al este!
¿Y dónde estaba el este? Era donde se escondía el sol ¿O era al revés? En cualquiera de los casos solo tendría que buscar en qué lado del cielo estaba el sol, pero… ¿De qué serviría? Alzó su cabeza, la luz del sol estaba casi en medio del cielo…no ayudaba en nada. ¿Cómo es que los navegantes podían leer el sol o incluso las estrellas? El cielo, para él, se veía igual sin importar a donde mirara.
—¿Girar mi cuerpo? Pero… —La confusión de instaló en su rostro. ¿Por qué era importante de todos modos? Si estaban en una tripulación, seguro tenían un navegante, aunque no recordaba como se viera, pero lo importante es que ese navegante no es él. —El norte está hacia donde estemos mirando, si giro mi cuerpo estaría apuntando hacia mi norte y no mi oeste —No tenía sentido, nada tenía sentido con su argumento. —, pero si insistes en que lo señale…
Levantó una de sus manos, la izquierda, para ser precisos, y señaló a una dirección cualquiera de la isla. —Supongo que el oeste debería estar a mi izquierda —. ¿Era su izquierda? Sí, debía serlo, lo recordaba porque es la mano con la que no suele escribir. —Entonces ¿Acerté? Podemos irnos ahora a buscar las plantas ¿no? De todos modos, no puedo regresar al barco sin ellas…
Quiso tomar la muñeca del cocinero para moverse del lugar, de hecho, eso hizo, ya podía el pelinegro ir hablándole en el camino, aunque…había algo mal, se supone que debía ser el otro quien guiara el camino y no él, o de lo contrario, ambos terminarían perdidos en quien sabe dónde.
Se detuvo en seco y se giró apenas para ver a su compañero. —¡Ah! Perdón…solo…quería salir del bullicio de la calle y del sol —. Al menos ahora caminaban bajo la sombra de unas carpas vacías —…pero mejor será que tu guíes el paso —. Le sonrió antes de aflojar su mano de la muñeca ajena, dejando entre ambos un silencio que hizo al pelirosa consciente de algo más: el ruido en su estómago, el hambre.
No lo había pensado mucho hasta ahora, pero ni siquiera se molestó en comer demasiado cuando salió del barco esta mañana. Chasqueó la lengua y suspiró al verse expuesto de tal manera frente al atractivo cocinero de la tripulación. Volvió a sonrojarse y a tapar la mitad inferior de su cara con una de sus manos antes de proponer algo más.
—Tal vez…tal vez antes de ir a ese mercado prefiera comer algo… ¿Te molesta si vamos a un restaurante antes? Puedo entender si tienes otras cosas que hacer y en todo caso buscaría la forma de encontrar el lugar y volver al barco por mi cuenta…ya he viajado solo antes —. Y siempre terminaba perdido y desorientado hasta que un buen samaritano lo encontraba.
Sin esperar a que el pelinegro le respondiera, giró su cabeza para ver sus alrededores, había varios locales, aunque ninguno parecía convencerlo de entrar, hasta que, diagonal a donde estaban ambos hombres y cruzando la calle, pudo ver un sitio que, dentro de todo, no parecía tan terrible: “La tortuga reina” …además, su nombre le resultaba curioso ¿Tendrían tortugas en el menú? Eso sería algo exótico y ¿No era ilegal? Bueno, cada isla tendría sus reglas y tampoco es que él fuera la mejor persona para recordar leyes.
—Vamos ahí —. Cruzó la calle sin mucho cuidado, esperando que el cocinero lo siguiera y, en un abrir y cerrar de ojos, pronto estuvieron en la entrada del local. Un olor a mariscos recibió a ambos, aunque no era algo que el médico pudiera notar, mucho menos si no se esforzaba.
Las mesas, a esa hora del día, estaban casi todas ocupadas. El bullicio de los cubiertos y vasos chocando y los murmullos incesantes del hablar de las personas, habrían sido suficientes como para que el pelirosa decidiera salir e ir a otro sitio, pero…algo o, mejor dicho, alguien, llamó su atención lo suficiente para hacerlo parar en seco.
—¡Así como lo oyen! —Un hombre, flaco y desgarbado, que tuvo que arreglar sus lentes grandes y de vidrio grueso, cuando se movió bruscamente para levantarse de su silla, habló tan alto como para que todos en el restaurante guardaran silencio y lo miraran. —¡No soy un loco! En serio, soy arqueólogo, lingüista e historiador y les aseguro a todos ustedes —Ya no hablaba solo con los de su mesa, si no con todos en el local —…que la fuente existe.
—¿Fuente? —Ladeó su cabeza, interesado en las palabras, más que nada por simple curiosidad de saber porque un hombre de ciencias hablaba como un completo lunático frente a desconocidos en un restaurante/bar. El hombre, que tan lejos no estaba de él, lo miró directamente al escucharlo, escudriñó al pelirosa con sus ojos grandes, en especial tras las gafas, y salió de su silla para acercársele, incluso pasó uno de sus brazos por sus hombros, como si lo conociera de toda la vida.
—Así es, amigo —. ¿Amigo? ¿Lo conoce? No, no creía conocerlo, alzó una ceja, dudoso del tipo de lentes. —Cualquier tesoro palidece ante lo que busco. Cuentan las leyendas y mitos que, en los mares más peligrosos del mundo, hay un archipiélago con una isla cuya flora y fauna es tan bella que incluso las más bellas flores en las que puedas pensar se avergonzarían de estar en presencia de las nativas de ese lugar. Un sitio en dónde el sol brilla con más intensidad, en donde las aguas son tan cristalinas que parecen un espejo bien pulido —Mientras hablaba, el hombre gesticulaba con la mano que no se mantenía en los hombros del médico. —y, para rematar, nada muere en esa isla, todo lo que nace y vive en ella es eternamente joven, siempre estará en su mejor momento. Las flores, una vez nacen, no se cierran, los animales, una vez llegan a su mejor condición física, no desmejoran…no hay enfermedades, ni vejez…solo…un paraíso eterno.
—¡Ya siéntate, Otto! Asustas a los clientes —. Un mesero, con las manos ocupadas por dos bandejas de comida, le habló desde el otro extremo del lugar. —Tú lo dijiste, son leyendas y nada más, nadie está tan loco para embarcarse en busca de un cuento para hacer dormir a los niños…tráele algo real a los marinos, un mapa o que se yo, algo que los convenza de viajar contigo —. El mesero dejó las bandejas de comida en una mesa llena de tipos que parecían más interesados en su próxima comida que en las palabras del supuesto historiador y, luego, se acercó hacia los recién llegados, haciendo que Otto se apartara del médico.
—Perdón por eso, Otto insiste en sus desvaríos de la isla de la juventud…
—¡No! Ni siquiera me dejaste terminar…no es la isla ¡Es la fuente! ¡Gracias a la fuente la isla es eterna! —El mesero movió la cabeza de lado a lado y volvió a dirigirse al pelirosa y al pelinegro.
—¿Mesa para dos?
Karmas
27-09-2025, 02:39 AM
“El norte está hacia donde estemos mirando”. Una suposición interesante, era curiosa cuanto menos. Al parecer si podía dejar que Hyakintos vagara solo de vez en cuando, se lo notaba como alguien mucho más entendido de su entorno de lo que parecía.
…
“El norte está hacia donde estemos mirando”
Incluso él tardó en procesar la información. Pensaba que el hombre no estaría tan desconectado de un sentido de orientación, pero al parecer el problema era generado desde la raíz. - El norte no… yo… tú… -. No podía hablar, conectar dos palabras parecía imposible. Su rostro mostraba desconcierto, como si intentara analizar cómo alguien podía llegar a esa conclusión, ¿Cómo es que nadie le había explicado nada hasta ahora? Se quedó en silencio un momento, con su mente analizando posibilidades, y su rostro demostrando que se encontraba perdido en sus pensamientos. Ni siquiera salió de su ensoñación al ser arrastrado fuera del camino principal, hizo falta de las palabras del pelirosa para “despertarlo”. - ¿Eh? Oh, claro, no hay problema -. Estaba a punto de guiar el camino, hasta que algo se hizo presente entre ellos: el hambre, el sonido de un estómago rugiendo. ¿Cuánto tiempo llevaba el médico andando sin comer absolutamente nada? Temía preguntar y que la respuesta sea un “no lo recuerdo”, lo que sería natural en ese hombre. - Tranquilo, podemos ir a comer y luego buscar tus plantas -. Le sonrió, porque no había nada de malo en la petición, y aún así ese tipo siempre parecía querer pedir disculpas. El local que el contrario eligió no parecía ser nada del otro mundo. El olor a marisco llegó a sus fosas nasales incluso antes de que abrieran la puerta para pasar, y simplemente se hizo aún más fuerte en cuanto pusieron un pie dentro del lugar. Las mesas llenas, el ambiente tranquilo, todo parecía denotar que no se trataba de ningún lugar excepcional o poco calmo, pero fueron unas palabras cantadas a voz alta las que llamaron la atención de todos. - ¿La fuente? -. No habló demasiado alto, su pregunta se perdió fácilmente entre las palabras del extraño y el barullo controlado de las demás mesas. Pero el hombre con aspecto desaliñado si oyó a Hyak, a quien se acercó y tomó confianzas con relativa rapidez. Uker no lo impidió, al fin y al cabo no iba a hacerle daño, simplemente se quedó viéndolo y escuchando el cuento para niños que el hombre soltaba por su boca. - Significa que es un lugar de crecimiento infinito, ¿no? -. Fue lo único que dijo al escucharlo terminar su narración. - Si nada muere, todo sigue “creciendo”. Las frutas nunca caen de los árboles, las plantas nunca dejan de crecer, los animales se reproducen una y otra vez sin morir antes. Creo que si existiera un lugar así sería mucho más famoso de lo que hablas -. Un lado racional, buscando cortar por lo sano cualquier intento de estafarlos, a ellos o a cualquiera que los escuche. Un mesero pareció encargarse del asunto, algo que Uker agradeció. - No se preocupe, no hay problema. Si, estábamos esperando conseguir eso -. Fuente de la juventud, una isla eterna. Si algo así existiera, el gobierno no tendría reparos en usarlo como fuente infinita de alimentos o recursos, y sabiendo eso, cualquiera podría deducir lo siguiente: que el gobierno lo tenga bajo su control, lo hacía imposible de conseguir para gente tan común y corriente como ellos. ¿Le molestaba? No, pero lo hacía sentir extraño. Parecía ser algo que buscaba, algo que podía resolver su sueño, aquello por lo que luchaba, y a la vez parecía tan lejano. Tan solo con un par de conclusiones podía desmontar la existencia de algo así, y si terminaba siendo verdad nada le decía que no fuera a ser un lugar ya ocupado por el gobierno mundial. Si ese eral el caso, de igual manera era un suicidio acercarse a algo así, necesitaría seguir su viaje y hacerse mucho más fuerte para que esas limitaciones dejen de tener peso. Por fin les fue entregada su mesa. Las opciones de la carta se veían deliciosas, al menos así lo hacían parecer sus nombres escritos en el papel. - ¿Hay algo que desees, Hyakintos? Podríamos probar la especialidad del lugar y luego ver si puedo replicarlo para nuestros viajes -. No se si decir eso es lo mejor, teniendo en cuenta que siguen dentro del local.
27-09-2025, 07:25 AM
—La fuente de la juventud —. Agachó su cabeza y elevó sus manos apenas un poco para poder mirarlas desde arriba, aún conservan la piel tersa, firme. Siempre se ha visto más joven de lo que es, no es difícil mentirle a alguien con respecto a su edad y; sin embargo, un escalofrío lo recorre con el solo hecho de pensar en perder esa belleza tan típica de la juventud y, con ello, su fuerza y todo lo que es. Baja sus manos, la ilusión de una fuente no es tan mala, pero…Si existe un lugar como el del relato del supuesto arqueólogo, seguro sería muy codiciado y no una simple leyenda.
Suspiró y se encogió de hombros mientras veía como el flacucho parecía desilusionado; otra persona tal vez le habría dado una palmadita en el hombro como consuelo, pero el pelirosa solo lo miró con curiosidad antes de avanzar a la mesa junto con el cocinero pelinegro.
Su expresión ida no se fue ni siquiera estando sentado ya en su mesa, algo dentro del relato le hizo click, algo intentaba recordar sobre ese tema de la juventud, pero su mente ahora mismo no cooperaba y tal vez no lo haría en los próximos minutos, no cuando la voz de su compañero lo sacó de su ensoñación.
—¿Uh? Ah sí, la comida —. Le echó un vistazo rápido al menú y, para su decepción, ningún platillo tenía a las tortugas como ingredientes, una lástima porque le habría gustado probar una, ya se tendría que conformar con otra cosa. —Pulpo en salsa de coco…sí…eso estará bien para mí y un tarro así de grande —señaló una mesa cercana en donde un tipo tenía un vaso casi del tamaño de su cara —de cerveza con coco —dijo antes de entregar el menú, además de tomando una pésima decisión, después de todo, su tolerancia al alcohol no era la mejor, pero la curiosidad de probar esa bebida fue más fuerte que él.
Dejó que el otro hombre pidiera y solo cuando el mesero se retiró sintió que podía hablar en paz. —¿Sabes? No tienes que decirme Hyákinthos…sé que mi nombre es largo, además lo estas pronunciando mal —. Lo dice la persona que no puede recordar ni el nombre de quien tiene en frente. —No es “tos” es “thos”, pero no te compliques, puedes llamarme Hyak o Cherry —. Tomó un mechón de su propio cabello cuando dijo eso. —Ya sabes...por el color de mi pelo.
Apenas terminó de hablar cuando el mismo chico de antes se acercó a la mesa, sus manos estaban al frente, jugaba con sus dedos y parecía nervioso o, más bien, avergonzado. El médico alzó una ceja al verlo ahí y se aseguró de mirarlo directamente para que entendiera que le prestaba atención, pero que también le intrigaba su presencia repentina.
—Disculpen… ¿Puedo sentarme? No comeré de lo que ustedes ordenen, yo ya había pedido algo del menú, solo que estaba en esa mesa —Señaló a una mesa llena de tipos que a simple vista eran hombres del mar. —, pero alguien más llegó y ocupó mi silla.
—Jmmm…a mí no me molesta, además, así responder a la pregunta que el cocinero —Miró a Uker cuando dijo esa palabra. —te hizo antes.
El chico agradeció varias veces antes de sentarse y en ese instante, el médico supo que había metido la pata, porque vio como el muchacho tomó aire como si estuviera a punto de soltar el discurso más importante de su vida…mientras que él…él solo deseaba una comida tranquila. Le dedicó una mirada de disculpa al pelinegro justo antes de que el desconocido empezara a hablar.
—Verás —El arqueólogo miró al cocinero directamente. —, la fauna y flora de la isla no funcionan como la que conocemos, sí se reproducen, pero su libido no es tan alto como el del resto de las especies, así que la población de la isla se mantiene controlada, eso sí…de todos modos los animales necesitan comer, así que los herbívoros comen de esos árboles que siempre dan fruto y los carnívoros se alimentan de otros animales, incluso necesitan beber agua y ahí está el secreto…se dice que en el centro de la isla hay una fuente que alimenta el resto de núcleos de agua de la isla, es el agua de esa fuente la que hace que todo sea imperecedero en la isla. Se dice que quien beba al menos un sorbo de esa agua, podrá ser inmortal —. Terminó su discurso con una sonrisa en la cara.
—¿Y si la isla es real por qué los ricos no han puesto sus manos sobre ella? O el gobierno —Para su propia sorpresa, el pelirosa terminó escuchando todo con interés, más que nada porque si un sitio como ese resultaba ser real, las oportunidades de investigación médica serían infinitas. —… ¿Si quiera hay pruebas de su existencia?
El muchacho contuvo el aliento por unos segundos, como si hubiera estado esperando toda su vida a que alguien le preguntara eso. —¡Es bueno que preguntes! Sí, he reunido apuntes de varias islas, mapas, diarios, bitácoras de antiguos exploradores…bueno…esas las he estudiado y copiado para conservarlas, además, mi bisabuelo y mi abuelo también hicieron su investigación…
—Entonces ¿La locura viene de familia?
—¡No es una locura! Tenemos documentos genuinos de que antiguamente llegaron a ese lugar…de hecho, estoy organizando un grupo de exploradores para lanzarnos a buscar la fuente… ¿Alguno de ustedes quisiera unirse? No parecen de por aquí de todos modos, así que asumiré que son viajeros…
El médico sonrío ampliamente al escucharlo, sí que parecía decidido a encontrar ese sitio perdido entre las leyendas que se esparcen de boca en boca, una fantasía.
—No, gracias, ni siquiera sé quién eres…
—Soy Otto Hart…
—Mucho gusto, soy Hyákinthos...pero presentarnos no cambia nada. De todos modos ¿Tan empeñado estas en buscar la juventud eterna? —El pelirosa ladeó su cabeza. “Juventud” es la única palabra que le interesa de todo el discurso, pero no se arriesgaría a perderse en el océano por algo que podría conseguir con ciencia. —…Inmortalidad…Jmmm… ¡Medusas! —El médico chasqueó sus dedos, como si el pensar en esos animalitos lo hubiera iluminado de repente. —No tienes que aventurarte a sitios peligroso para encontrar la inmortalidad, hay un tipo de medusa que es capaz de regenerar su ciclo vital, cuando se enfrenta a situaciones de riesgo baja a las profundidades para empezar un proceso llamado “desarrollo reverso”, es decir, es capaz de volver a una etapa juvenil…Con eso empieza su vida de “cero”, además, puede repetir ese proceso cuantas veces quiera, así que si te interesa la inmortalidad…tal vez necesites a alguien que investigue como podría hacer que el material genético de esa medusa pueda usarse en humanos —. Volvió a mirar sus manos al terminar de hablar como si sus propias palabras lo hubieran hecho entender que tal vez él mismo podría encargarse de ese miedo a envejecer. ¿Qué tan demente sería si quisiera investigar algo como eso?
Sin embargo, lejos de que el otro chico se emocionara, movió su cabeza de lado a lado, como si la idea le resultara nefasta. —No, no, no…no estoy interesado realmente en la inmortalidad.
—¿Ah? ¿Entonces por qué la obsesión?
—Solo quiero encontrar un lugar único…un sitio ancestral que no ha sido pisado por ningún humano en siglos…es mero interés arqueológico.
El pelirosa suspiró, apoyó sus codos en la mesa y su mentón sobre uno de sus puños. Murió ahí su interés, si no había un interés de su área científica, no le interesaba escuchar más sobre esa historia, incluso se lamentó tener que compartir mesa con alguien más que no fuera el cocinero pelinegro.
—Perdón —. Movió sus labios para que el otro pudiera leerlos y entendiera que se disculpaba por haber aceptado que el rarito se sentara con ellos.
05-10-2025, 10:29 PM
Miró el menú varias veces, repasando de arriba a abajo. Muchas cosas ya sabía hacerlas, otras nunca lo había intentado o había tenido la oportunidad de intentarlos. El médico pareció estar seguro de su respuesta, por lo que el cocinero le siguió los pasos. - Probaré lo mismo, pero con un vaso de agua -. Un día tan caluroso necesitaba de un buen vaso de agua fría, y luego debía entrenar, no podía emborracharse ahora.
La conversación comenzó en cuanto el camarero se retiró, momento en el que el pelirosa aprovechó para corregir un pequeño error que él había estado teniendo al decir su nombre. - Oh, ya veo, lo tendré en cuenta. Si me lo permites, te llamaré Hyak de ahora en más -. Al fin y al cabo, si era algo mucho más fácil que su verdadero nombre, pero tampoco le gustaba poner apodos a la gente. - Por cierto, ¿buscabas esas flores para algo en especial o…? -. No pudo terminar su frase antes de que el hombre que antes habló sobre ese cuento de hadas se acercara a ellos. Uker le prestó atención, también movió su mirada hacia la mesa que el tipo apuntaba, donde esos marineros o viajeros se reían y alzaban sus vasos llenos de alcohol. - Claro, no hay problemas -. No vio el gesto que Hyak hizo en su dirección, al fin y al cabo no le importaba que el recién llegado quisiera hablar sobre sus pensamientos o “descubrimientos”. - Te escucho -. Así hizo, con una sonrisa en la cara. Atendió a la explicación del hombre sobre el porqué la isla podría existir, el porqué pensar que se expandirá hasta que no haya espacio para más nada no era algo posible. Lo entendía, pero aún así no desmentía su segunda incógnita, una que el pelirosa se encargó de remarcar. El hombre era investigador, al menos había estudiado y dejado registros de cada cosa que lo llevara a ese lugar del que habla. - Otto Hart… -. Su apellido le sonaba de algún lado, tal vez un habitante de su pueblo natal que también lo portara, porque no creía conocer a ese hombre o alguien relacionado a él. El ánimo de Hyak disminuyó al escuchar lo que todo amante de la ciencia teme escuchar, que la búsqueda de eso impresionante no era por encontrar y compartir algo que ayude a la humanidad, si no por un mero logro personal. - Cuando era niño, mi madre me contaba historias sobre un lugar como el que describes. Me habló sobre una isla en el cielo, sobre una especie que no miden más que un pulgar, sobre una isla completamente habitada por gigantes -. El hombre parecía feliz recordando todo eso. - Soy un viajero, es verdad, pero tengo una tripulación que cuidar. Tu investigación, de ser cierta, me llevaría a encontrar eso que deseo, la inmortalidad, pero… -. Miró al investigador con una sonrisa en el rostro. - Mi viaje me llevará a lo más alto de este mundo, algo dentro de mí me lo dice, y si esa isla tan maravillosa de la que hablas se encuentra en ese camino… ¿Estarías dispuesto a compartir información a cambio de cualquier pista que yo pueda obtener de las islas de más adelante? -. No podía sumarlo a la tripulación, se notaba que no se trataba de alguien preparado para algo así, y aún tenía que ayudar al resto a cumplir sus objetivos. - Aún creo que el gobierno ya debe estar en poder de algo como eso, si es que existe, pero… tal vez tu obsesión por lo asombroso pueda llevarme más cerca de mi meta -.
12-10-2025, 07:13 AM
¿No le había preguntado algo el cocinero?
Sí…podía estar seguro de que una pregunta llegó a él justo antes de que el loquito historiador se apareciera en su mesa a interrumpirlos con su historia fantasiosa, pero… ¿Qué era?
Dejó de prestar atención al intento de explorador y su mente empezó a divagar entre los recuerdos más recientes creados con el cocinero con el que ahora compartía mesa: lo encontró en la plaza…no…en el mercado…no…bueno…lo encontró en la calle, se supone que lo acompañaría a comprar insumos, pero terminaron en este restaurante y…y… ¿Qué más? Nada…No hay rastros de la pregunta que sabe que le fue formulada.
Suspira. Se rinde. La comida llega.
El mesero acomoda los platos en la mesa con la maestría de alguien acostumbrado a ese tipo de trabajos. El tintineo de los cubiertos y del vidrio de la vajilla resuena al chocar con la madera y, aún así, su mente se niega a prestar atención a su alrededor. Cualquier respuesta del historiador pasaba a segundo plano.
Comió por inercia y bebió un sorbo de su cerveza antes de que sus oídos si captaran algo interesante en medio de aquella conversación.
—¿Isla del cielo? ¿Especies miniaturas? ¿Gigantes? —Algo que si logró hacerlo salir de su trance y silencio autoimpuesto. Sus ojos brillaron…Lo que daría por estudiar especies como esas y lo que pagarían en el mercado negro por órganos tan extraños…quizá no para trasplantes, pero seguro algún aficionado o coleccionista pagaría muy bien por ello. —Sería muy interesante conocer a un gigante ¿No lo crees, cocinero? —Si su memoria fuera mejor, sabría que en su propia tripulación viajaba un coloso de cabellos rojos como la sangre y si pudiera recordar algo de su pasado sabría que esas personas miniatura eran “endémicos” de una isla cercana a la isla en dónde él había nacido. —¿Sabes como encontrar especies así, Otto?
—¡Ah! Por supuesto…Los gigantes viven en el Reino de Elbaph y esos pequeños seres de los que te habló tu madre —habló mientras miraba ahora al cocinero —…supongo que deben ser los tontattas, se supone que viven en una isla del Nuevo Mundo, aunque admito que no he investigado mucho más sobre ese reino y no crean que son solo historias, son lugares reales…muy reales, incluso las islas del cielo —. La voz del historiador se alzó lo suficiente como para que las personas de las mesas su alrededor se rieran, algunos disimuladamente y otros a carcajada limpia, una acción que logró que el chico se hundiera en su asiento, avergonzado y refugiándose en la comida que el mesero trajo antes.
—Jmmmm…—Sin embargo, no fue una risa ni una burla lo que consiguió del pelirosa, solo una mirada de curiosidad que se amplió aún más cuando escuchó la propuesta del pelinegro a su lado. —El cocinero tiene razón…si lo que dices es cierto ¿Estarías dispuesto a compartir ese conocimiento? No somos personas que se vayan a quedar mucho tiempo en esta isla, hay mucho del mundo aún por recorrer y tu…por más que parezcas tener entusiasmo, no pareces alguien listo para surcar los mares… ¿Alguien si quiera se ha unido a ese grupo de exploración? —El chico siguió comiendo, aún más avergonzado ante la pregunta y, sin una palabra que saliera de su boca, el doctor pudo comprender que tal vez no le iba a tan bien en el proceso de reclutamiento. Suspiró. —Lo supuse…Te ves inocente, ingenuo, cualquiera allá afuera haría lo que quisiera contigo, te despojarían de todo lo que tienes y terminarías en una zanja —. Se encogió de hombros como si la crudeza de sus palabras no significaran nada…no era su culpa hablar así…solo…era culpa del alcohol que empezaba a desinhibirlo.
—Yo…eh…
—Escucha…si quieres hacer que tu investigación valga la pena…Jmmm…deja que otros investiguen el campo por ti antes de arriesgarte a una aventura que podría matarte —. Lo decía en serio, porque por la pinta que tenía ese chico, sería una víctima perfecta para él si se lo hubiera encontrado en otras circunstancias. —Si compartes esa información que tienes podríamos intentar encontrar ese lugar o pistas que te lleven al mismo… ¿Tienes un den den mushi? Supongo que sí… ¿Por qué no dejas que nos encarguemos de…enviarte pistas? —El pelirosa dio un trago a su bebida… ¿Cómo es que la cerveza de coco tostado podía saber tan bien? Debía pedir más de ese elixir, pero entonces…
—¡BIEN! —Las manos del historiador golpearon la mesa y sus ojos brillaron con emoción, como si en lugar de desanimarse hubiera encontrado un nuevo aire. —Los llevaré a mi estudio…tienes razón, no puedo viajar aún y nadie ha aceptado ir conmigo, pero si consigo pistas de personas que recorren el mar, tal vez…solo tal vez…alguien podría creerme y podría partir hacia el Grand Line…
El médico, quien en medio de ese discurso se llevaba una cucharada de comida a la boca, dejó esta a medio camino para mirar al chico con la boca abierta, era imposible disimular su cara de sorpresa… ¿Tan fácil confiaba? Razón tuvo al llamarlo “ingenuo” antes.
***
No tardaron mucho más en el restaurante. El almuerzo fue rápido y luego de pagar y de ganarse unas miradas de pesar por parte de los otros comensales, como si sintieran pena por ellos al verlos acompañados del historiador, salieron del sitio en dirección hacia una zona más tranquila de la isla.
—Solo prométanme que en verdad enviarán cualquier cosa que pueda ser útil para la investigación, les daré mi den den mushi cuando entremos al estudio —dijo el chico antes de abrir la puerta de una modesta y solitaria casa en la que solo un gato se tomó la molestia de salir a recibirlos o, mejor dicho, se tomó la molestia de recibir a Otto. —Bienvenidos, pónganse cómodos.
Hyak entró de inmediato, aunque sus pasos eran erráticos y tuvo que sostenerse del marco de la puerta para no tropezar con el quicio que separaba el patio de la entrada de la casa. ¿Por qué todo giraba a su alrededor?
—Cocinero…soy yo o… ¿las cosas están dando vueltas? —Se sostuvo la cabeza y no tardó en sentarse en un sillón de cuero café en cuyos brazos reposaban unos apuntes.
—¡Ah! Cuidado con eso…son notas que he tomado de los diarios de un explorador que fue amigo de mi abuelo…contienen una ruta que lleva a una isla cuyos habitantes humanos viven más que el resto…se dice que pueden ser el efecto de que sean cercanos a la isla de la fuente de la juventud —. Le pasó los apuntes al pelinegro antes de tomar al médico de la mano y arrastrarlo a una habitación llena de libros, papeles, mapas, planos y uno que otro mapamundi. —Ahora sí… ¡Bienvenidos!
El doctor ajustó sus gafas —unas que solo usaba para verse interesante y no por necesidad real — y miró a su alrededor, pero su estado no cambió, incluso cuando se acercó a un mapa vio como las islas se movían y las letras se desordenaban…era inútil…no podía ayudar así, de hecho, cuando se acercó de regreso al cocinero, tuvo que apoyar su mano en el hombro ajeno para evitar caer.
—Ugh…lo siento… —Un sonrojo cubrió sus mejillas y solo atinó a mirar hacia otro lado, molesto por como habían resultado las cosas y ansioso…cada vez más ansioso… ¿Por qué? Porque necesitaba oler algo de la esencia de menta que llevaba consigo y la última vez que metió su mano al bolsillo para encontrarla, el frasco estaba casi vacío, así no se servía…en cualquier momento estallaría.
—¡Ah! De todos modos… ¿Qué importa? ¿Qué harás si encuentras la isla? Seguro el gobierno la usará y quien sabe que cosa te harían a ti…además ¿Inmortalidad? No necesitas magia para obtenerla…déjenme investigar un poco a esas medusas o esa gente con larga vida y les aseguro que la obtendría antes de que encontraran esa dichosa fuente —. Intentó cruzarse de brazos, pero eso consiguió que su equilibrio se viera en peligro y terminó de nuevo aferrándose al cocinero para no caer.
El historiador parpadeó, mirándolo desde el escritorio en donde rebuscaba mapas que pudieran ayudar al cocinero en su investigación. Lejos de ofenderse por la reacción del pelirosa, pareció notar lo obvio.
—¿Te emborrachaste con una sola cerveza?
—N…no —. Sí.
El chico soltó una risa genuina y siguió enfrascado buscando mapas y, luego de unos segundos, ordenó varios sobre su escritorio.
19-10-2025, 10:02 PM
- Deberías sentarte un momento -. Fueron las palabras del cocinero en cuanto el pelirosa le preguntó si el mundo giraba así como sus ojos lo hacían parecer, mientras que una de sus manos sostenía su hombro para que no se fuera de cara contra una pared. El hogar del investigador parecía cómodo, incluso con todos esos papeles, libros y notas desperdigadas por el lugar. Tuvo que medir sus pasos antes de tumbar una columna de libros que se alzaba hasta su cintura, mientras que el médico se sentaba en un sofá tan ocupado como el resto del lugar.
Le fueron entregados unas anotaciones, las leyó con cuidado mientras avanzaban hacia otro lado de la casa. Registro de gente viviendo más de 110 años, en varias islas cercanas entre sí. ¿Dónde se encontraban? Si tuviera su ubicación podría apuntar su búsqueda hacia ese lugar, tal vez incluso la tripulación aceptara tomar un pequeño desvío. - Interesante… -. La sala a la que el investigador los llevó no cambiaba mucho en comparación al resto de la casa. Los mapas, diversos y desordenados, adornaban las paredes y mesas como si fueran una decoración algo extraña. Uker se fijó en varios de ellos, sus anotaciones, los caminos marcados, comparándolos también con las notas que les dio el muchacho antes. Vio un problema con tan solo un vistazo. - Las islas no se encuentran en la misma corriente -. Algunas islas que habían sido marcadas como posibles lugares de interés se encontraban repartidas por corrientes diferentes del Grand Line. No podría investigarlas todas, y tampoco sabía aún que ruta tomarían, así que las posibilidades decrecen de manera drástica. - Eso complica las cosas -. Incluso mientras seguía concentrado en los diversos mapas, su cuerpo no se vio afectado por el agarre del médico, quien lo ocupaba como su apoyo. Aún así, las palabras de Hyak eran inteligentes. Incluso si encontraban la fuente, nada aseguraba que el gobierno no la tuviera ya en la mira, o que se pongan a cazarlos ni bien se enteren. Entendía las ganas del muchacho por descubrir algo impresionante, el simple hecho de ser quien ponga un pie sobre ese lugar desconocido, pero podría provocar problemas muy, pero muy, grandes. Pero, el explorador ofreció una solución al problema inicial, mostrando una ruta que le dejaba un poco más de posibilidades. Una que avanzaba luego del Grand Line, extendiéndose al nuevo mundo, pero perdiendo la pista de cual de todas las islas era la correcta. - Hmmm… -. Estaba claro el porque la duda azotó al pelinegro, no había certeza. Eso no importaba, al fin y al cabo sabía que su búsqueda no iba a ser tan sencilla, pero claramente era algo decepcionante. - Es una buena manera de iniciar, y puede ser una ruta perfecta para investigar -. Aún así, no perdía la esperanza. Tener toda esa información era mejor que no tener absolutamente nada, al menos eso lo calmaba. - Todo esto es muy útil, y muy increíble. Me sorprende cuanto pudieron investigar tu abuelo y tú -. Al fin y al cabo, él no había conseguido ni siquiera un poco de toda esa información, aunque tampoco la buscó activamente. - Será genial trabajar contigo, Otto -. Le extendió su mano, como si ambos estuvieran firmando un trato de palabras. - Te conseguiré esa información mientras viajamos -. Tras hablar, observó al médico, quien no parecía ya estar con ellos en ese plano, y aún debían comprar esas cosas que había salido a buscar. Se despidieron del hombre desordenado luego de compartir sus den den mushis, mientras que Uker se encargaba de sostener parado a Hyak, ayudando a caminar. - Dime, ¿prefieres ir al barco o necesitas esas plantas con urgencia? -. No sabía que tan necesarias eran esas cosas que había salido a comprar por su cuenta, por lo que mejor preguntar antes que dirigirse directamente al barco. - Aunque puedo ir a comprarlas para ti luego de llevarte al barco si lo necesitas -.
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