Cuantas historias se cuentan en el trópico. Aventuras legendarias de aquellos que vienen y van a la isla Samba. ¿Cuantas leyendas del mar habrán caminado por estas calles, disfrutado de estos paisajes y se habrán deleitado de la gastronomía local y el ritmo de la fiesta? Ritmo. Esa es la clave. Un ritmo frenético, marchoso e hipnótico que envuelve a la isla de una atmósfera única. Quizás es por eso que todo lo que sucede aquí, sucede a lo grande. Que el mundo entero sabe que lo que nace en Samba, resuena por todos los rincones del planeta. Y esta noche... Esta noche está a punto de ver nacer a verdaderas estrellas. Estrellas del crimen, el saqueo y el pillaje. Pero, sobretodo... Estrellas del espectáculo.
La nocturnidad en Samba es curiosa. Mientras que las calles están vacías, los edificios están a rebosar de garitos clandestinos que no dejan a los ciudadanos dormir. Es una fiesta constante donde nadie tiene permitido retirarse y participan desde los más ricos, nobles y justos hasta los más rateros y malnacidos del lugar. Aquí estamos precisamente. En uno de tantos locales que propones una alternativa adulta al descanso. Es un segundo piso de un edificio de 3 plantas. Una gran sala, como si de un centro cívico se tratase. Para acceder hay unas escaleras que dan desde la calle a una puerta que insonoriza por completo la estancia. Una vez dentro, se puede ver de todo.
Una gran pista de baile preside la sala. Amplia como ella sola. Todos caben ahí, pero está tan abarrotada de decenas y decenas de personas que apenas cabe un alfiler. El suelo de la pista es pegajoso, víctima de cientos de bebidas derramas y vidrios rotos. Por encima de la gente, una bola de disco y media docena de focos de luces estroboscópicas. Una iluminación que hace parecer que la gente baila por fotogramas.
A la izquierda, una barra que ocupa lo largo de la pared. La gente se presenta ahí para pedir cualquier tipo de refrigerio o consumición... No tan legal. Tras la barra, un puñado de trabajadores para arriba y para abajo, a destajo y sin parar. Su sueldo se basa en propinas, así que son amables y rápidos con todo aquel que se les acerca, por mucho que varios impresentables pidan las cosas de mala manera.
En el fondo del todo desde el acceso principal, un puñado de mesas con sillas. Parecen reservados para clientes VIP. Todos los que se sientan ahí tienen pinta o de tener más pasta que el resto o de tener demasiados contactos. Todos llaman la atención, pero nadie destaca de forma significativa. Algunos parecen reunidos por negocios. Otros por consumo ilícito. Y los peores parecen pasarlo bien en compañía de hombres y mujeres con ganas de marcha. Hay una mesa libre. Un último reservado por si alguien quiere reunirse.
A la izquierda, un pequeño escenario formado por múltiples plataformas. Cada plataforma con una barra central que conecta hasta el techo. Ahí los más atrevidos suben para bailar y dar espectáculo a los de abajo. Hay quien baila mejor y es realmente agradable de ver. Otros solo hacen el ridículo y son rápidamente desterrados al centro. Todos son libres de subir, pero no todos son dignos de mantenerse.
Sin duda, un antro donde la noche vulgar se convierte en anécdota para toda una vida. Un sitio que recoge a mundanos y a aquellos que buscan ser algo más.
Aquí, en este mismo garito, se encuentran un conjunto de protagonistas de lo más variopinto. Algún ya se conocen. Otros están por hacerlo. Todavía no son conscientes de que sus destinos están entrelazados y de que... La noche es joven. ¿Así que porque no un poco de samba?
Datos de interés
Comienzo
Bienvenidos a la nueva aventura. Una aventura grande que os reúne a todos como grupo desconocido.
Ahora mismo no encontramos en un garito de gran tamaño en Isla Samba. Todos estáis aquí por alguna razón personal. Aunque la noche va a dar un giro que os va a involucrar a todos.
Como proceder ahora
Ahora mismo todos debéis de postear a continuación. El orden que sigáis se ha de mantener en medida de lo posible para respetar lo sucedido en cada post.
Para empezar, algo sencillo. Cada uno puede escoger como reaccionar y que hacer en este sitio. El como ha llegado y las razones de porque estáis aquí son cosa vuestra. Disfrutad de este turno más libre y fiera de peligro para adentraros en la fiesta o estar maquinando en algún rincón.
A partir de este post, el siguiente tiene 24 horas máximas para postear. Y así, sucesivamente. Evidentemente, cuanto antes poseéis, más tiempo tendremos para el siguiente paso en la aventura.
Cualquier duda, estoy 100% disponible vía discord. Of sin miedo y ya iremos corrigiendo a medida que avancemos para los más nuevos.
Off
Bueno, sobran las palabras con muchos. Tengo mucha ilusión por narrar a este grupo y pasarlo genial.
Con algunos ya tengo recorrido, así que de locos. Con los nuevos, espero que disfrutéis un montón y hagamos de esto una experiencia inmersiva increíble y que dure mucho más que esta aventura.
Siempre me he sentido mas a gusto en las noches, dónde yo era el que acechaba en busca de víctimas a las que robar. Aunque sería más apropiado decir que era como un carroñero, me colaba en sus madrigueras para tomar aquello de valor que tuviesen allí. Ahora, las noches me han convertido en un incauto roedor que sale a por comida, sin saber si tiene sobre él los ojos de un búho, esperando el momento exacto para clavar las garras en su espalda. Los días son aún peores, pues no se cuántos de esos ojos pueden delatarme, o cuales de ellos me andan buscando. Es por ello que ya solo salgo con la luna, rapiño los contenedores del puerto con rapidez y vuelvo a mi rincón oculto sobre la lonja. Pero lo sucedido hace un par de noches me ha hecho volverme algo paranoico. ¿Puedo ya estar seguro allí? ¿Cuánto tiempo tardarán en aparecer los compañeros de aquella chica? ¿Trabajaría para Reena? ¿Cómo de grande será el grupo que envíe esta vez a por mi? Después de lo que le hice a aquellos chicos seguro que no escatima en fuerzas...
Mis pensamientos se habían convertido en una cárcel, ya que por ellos me había recluido en mi guarida los últimos días. Pero ya no aguantaba más. Allí nunca encontraré aliados con los que poder huir de esta isla, con los que intentar sentirme a salvo. Sin embargo, no era una tarea fácil; la única persona con la que había hablado en los últimos días no dudó en sacar una navaja e intentar clavármela en el pecho sin apenas haber cruzado dos frases. Estuve horas meditando, tal vez días. Pensaba que mi situación no tendría solución, que debería buscar una opción de huir de aquí yo solo. Pero entonces, lo recordé. Aquel sitio del demonio en el que acabé la noche que toda mi vida se torció. Aquella en la que creía que comenzaba mi libertad, y en la que lo acabé perdiendo todo, o bueno, casi todo, pienso mientras agarro el colgante que me dio mi madre.
Es por eso que acabé aquí. Un lugar lleno de gente que viven fuera de la ley, o que, como poco, prefieren que sus actividades pasen desapercibidas. Luces de colores, música a gran volumen y de ritmo acelerado, gente sudada frotándose unos con otros. Unos vienen para dejar a un lado la rutina, otros para olvidarla por completo bajo el influjo de diferentes sustancias. Otros en cambio, vienen para hacer negocios, como bien pude comprobar la noche que huía de la mansión Reena. Si bien algunos eligen una apartada azotea para intercambiar fajos de billetes por bolsas llenas de pastillas, otros prefieren realizar sus actividades comerciales donde está la acción, en locales en los que el público es más extenso, y en los que cuentan con el paraguas de que todo lo que sucede a su alrededor tenga también un carácter poco legal. Sin duda, un sitio como este es el mejor para encontrar compañeros en una situación parecida a la mía; prófugos o delincuentes, me da igual. Solo me importa que no sean ni marines ni hombres de Reena.
Los destellos golpean mis ojos y hacen difícil distinguir las caras de la gente que baila en el centro del local entre tanto movimiento parpadeante. No pienso entrar ahí, demasiada gente, demasiado roce. La enorme bola que pende sobre ellos reparte haces de luz por toda la sala, como si intentase atrapar nuevas víctimas que quedarán atrapadas a sus pies, pegadas a un suelo cubierto de cristales y mugre, tanto que me cuesta creer que no pierdan el calzado en cada bote que dan. Yo prefiero quedarme a un costado, sin llamar la atención, analizando la gente que hay disfrutando de la fiesta, buscando algún posible compañero futuro. Camino despacio hasta llegar a la barra, la cuál está llena de gente pidiendo bebidas y algún otro tipo de «especial de la casa». Me deslizo hacia la esquina, a una zona más resguardada, menos expuesta, y apoyo mi codo sobre la madera. Gran error, pues noto como la manga de mi chaqueta se frena y queda adherida al más mínimo contacto. Tendré que buscar una fuente más adelante en la que pueda quitar la mancha que seguro se está formando en ella. Ordeno una bebida, un San francisco, un combinado de varios zumos de frutas y siropes. El camarero me mira y arruga su frente nada más escucharme. Veo como se acerca a su compañera y le dice algo al oído. Ella encoge sus hombros y él decide coger un par de botellas de zumo y mezclarlas en un vaso directamente, sin hielos ni nada. Me acerca el vaso y mi gesto de confusión debe ser tal, que puedo ver cómo el camarero comienza a buscar algo de lado a lado, hasta que finalmente coloca una sombrillita de papel en mi bebida y sonríe de manera forzada. Asiento y tomo la bebida, pues no estoy aquí para deleitarme y esto es mucho mejor que lo que he podido tomar desde hace días. Pago y entrego algunos berries extra al camarero, el cual se guarda a toda prisa en el bolsillo como si de ellos dependiera su vida.
Busco la zona algo más sombría tras de mi y me apoyo en la pared para establecer mi torre de vigilancia improvisada. Desde aquí pienso revisar la sala en busca de gente interesante a la que poderme unir. No amigos, eso no creo que vaya a encontrarlo en un lugar como este. Tan solo compañeros.
Al fondo de la sala puedo ver una zona de sillas y mesas algo apartadas del bullicio. Me recuerdan a aquellas que había la otra noche, esas dónde había gente apostando a las cartas. Siento un impulso irrefrenable por ir a ver si alguien quiere jugar a algo o si me dejan unirme a alguna de sus partidas, pero rápido recuerdo lo que me pasó la última vez y decido que estoy bien donde estoy. Es más, viendo la gente que se encuentra allí diría que estoy más seguro alejado de ellos. Los hay que parecen tener el dinero por castigo, de los que buscan nuevas formas en las que derrocharlo puesto que no saben ya en qué hacerlo. Y luego un segundo grupo, uno que me trae malos recuerdos, pues varios de ellos tienen la misma actitud que sostenía Reena con todos sus subordinados. Esa creencia en que eran superiores al resto solo por tener más poder, más contactos.
Continúo con mi barrido visual. Veo muchas personas que podrían ser ciudadanos de lo más normal, gente que me hubiese cruzado yendo a por el pan, de haber sido otra mi vida. Pero entre la multitud, haciendo un buen esfuerzo por destacar individuos entre toda esa masa de cabezas brincando, puedo ver varias personas que llaman mi atención. ¿Será alguno de ellos un posible compañero?
Info
Resumen
Varo reflexiona sobre los motivos que le han llevado hasta la fiesta. Luego entra y decide no meterse en el medio, ya que hay demasiada gente. Va hasta la barra a pedir una bebida y se coloca en una zona algo más sombría junto a la barra para observar a unos posibles compañeros de viaje.
Off
Tenía ya muchas ganas de comenzar nuestra primera aventura juntos y sé que de la mano de Sigurd vamos a poder disfrutarla todos. Mucho ánimo y a por todas!
El calor del lugar me abrazó como fuego apenas crucé la puerta. El aire estaba cargado de ron, perfume barato y sudor, pero yo lo respiré como si fuera brisa marina. Caminé con paso firme hacia los reservados, y aunque las luces estroboscópicas parpadeaban de mil colores, mi memoria me capturaba cada rostro, cada gesto, cada vaso alzado. Sé qué copa pidió ese hombre en la barra, sé cómo se le escapó la risa falsa al gordo de la mesa de la derecha, y sé que el camarero con la camisa rota escondió una botella bajo la barra. No olvido nada.
Las miradas no tardaron en caer sobre mí. Mi bufanda morada ondeaba sobre mi vestido, marcando mis curvas con descaro, y el brillo de mis pendientes hacía que algunos se quedaran embobados. Yo solté una carcajada fuerte, inconfundible. —WUAWUAWUAWUAWA—. Más de uno giró la cabeza, claro, ¿cómo no iban a hacerlo? Soy demasiado ruidosa para pasar desapercibida, y demasiado alegre para que alguien me odie al primer vistazo, además soy tan hermosa que incluso cocinando soy una obra de arte como mis platillos.
Me acomodé en el reservado vacío, dejando que los demás VIP me observaran de reojo. Ellos tenían compañía comprada y risas ensayadas, yo tenía mi exceso de confianza que me envolvía como armadura. Me senté con una pierna cruzada y el pecho firme, como quien no necesita presentación, un camarero se me acercó casi tartamudeando, y yo le sonreí amplia, extrovertida, como si lo conociera de toda la vida. —Tráeme un roncito de esos fuertes con miel de caña. —Le pedí ron, uno de esos que dejaban caer un como un golpe en la garganta. —Casi lo olvido chiquitin, tráeme un plato e’ frutas frescas pa’ aliviar el ambiente — Él me miró dos segundos de más, y yo lo dejé, hehe. ¿Quién le va a negar un vistazo a esta belleza?
El vaso llegó pronto, y lo levanté en alto antes de probarlo. El fuego del ron bajó por mi garganta, pero mi cuerpo ya está acostumbrao’, yo bebo como pez en agua, y todavía sigo de pie, mon. Bebí otro sorbo sin pestañear, disfrutando el calor en el pecho mientras el ruido del lugar crecía.
El escenario se llenaba de torpes que trataban de brillar, y la pista se movía como un mar humano, y yo solo miraba, con esa seguridad desbordante de que nada ni nadie me intimida, podían llenarse de lujos, de diamantes falsos o de compañía barata y yo, sola en mi mesa, ya estaba brillando más que toitos’ ellos. Me recosté contra el respaldo, tamborileando los dedos en la mesa y dejando que mi risa volviera a reventar contra las paredes. —WUAWUAWUAWUAWA—. Que Samba entera se entere, esta noche, el silencio no es una opción.
Resumen
Entro al local con una ropa elegante, feliz de haber participado anteriormente en un concurso de comida y sobre todo solventando la idea de que ya tengo que salir de esta isla despues de tanto tiempo, pero queria que esta noche fuera la noche final, me senté en el VIP que quedaba vacio, al final aun tengo plata para estar ahi y pido alcohol y fruta para celebrar la noche.
Había seguido el murmullo de la gente como quien sigue un hilo invisible; seguir un sonido así en Samba era como seguir a la nada. Quizás después de tanta tensión necesitaba comprobar que el corazón de Samba latía en otra cadencia, menos violenta, más humana, y la gente en Samba solo iba allá a donde iba la fiesta. Además, sabía bien que en lugares así se encuentran los secretos que nunca aparecen en un informe oficial: experimentos, contactos, tratos sucios, e incluso rumores sobre médicos caídos en desgracia o investigaciones robadas. No creía que el caso de Herber fuese el único en aquel aparente lugar de alegría y jolgorio.
Y también estaba, claro, el puro impulso de vivir. Por mucho que me vistiera de princesa o que cargara con la cruz de mi pasado, seguía siendo alguien que sabía moverse entre antros y cabarets. No había entrado al local como “la tontatta médico”. Me había tomado mi tiempo antes de subir esas escaleras: me había agenciado un pañuelo de seda raído y lo había enrollado en torno a mi cuerpo a modo de vestido improvisado. El color era un rojo opaco, apagado por el uso, que la hacía confundirse con las alfombras, luces y sombras del lugar. Me convertí en una más de las sombras que pululaban por la sala. Desde abajo, si alguien reparaba en mí, lo más probable era que me confundieran con una rata o un gato curioso correteando entre botellas y tacones. En realidad, ese era el truco: nadie mira dos veces a algo tan común. Y, sin embargo, yo creía verlo todo.
Así que ahí estaba. Caminando por la barra con la seguridad de quien mide quince centímetros pero se comporta como si midiera dos metros. La música me golpeó en cuanto crucé la puerta, como si el aire mismo estuviera hecho de percusión y sudor. Miraba a la pista de baile con cierto deseo, el deseo de quien anhela ciertas cosas que por uno u otro motivo no puede obtener. Ser una más. Quizás suba a una de esas plataformas, quizás no. Pero por ahora lo mío es observar. Ver quién se reunía en las mesas VIP, qué manos cambiaban bolsitas sospechosas o qué labios soltaban información sin darse cuenta.
El suelo pegajoso me obligaba a calcular cada paso, pero nadie parecía notarlo: la gente bailaba con una energía tan caótica que uno podía jurar que se alimentaban del mismo ruido. A mi alrededor, demasiadas caras, demasiadas sombras que iban y venían, cada una con su propio secreto. Mis pasos eran medidos, casi minuciosos, como si no quisiera dejar huella entre la marea de cuerpos que rebotaban y chocaban a mi alrededor.
“Si algo tiene la noche de Samba, es que nunca sabes si volverás a casa con un secreto o con un enemigo...”, pensé con una sonrisa torcida.
Pocos eran los que no bailaban, bebían, charlaban, reían o lo hacían todo junto a la vez. Dos extremos de la misma moneda en el mismo local: el silencio vigilante y el estruendo descarado. Me abrí paso entre ambos mundos, buscando no perderme en ninguno. Pero en este caso, si lanzabas la moneda, tenías más probabilidades de sacar una cara que la otra. Una moneda evidentemente trucada. ¿Cuántas trampas podía haber en aquel lugar? Lejos de eso, sabía de alguien que podía llegar a pasárselo muy bien en ese antro y, con suerte, brillar.
Me movía con los ojos abiertos de par en par, absorbiendo los detalles que podía: vasos con sombrillas, risas que retumban por encima de la música, el olor a alcohol y perfume barato que se mezclaba con el sudor y la adrenalina de la multitud, y aunque sentía un hormigueo de alerta recorriéndome el cuerpo, también había algo que me fascinaba. Cada gesto, cada movimiento, cada expresión decía más de lo que las palabras podrían. Yo no bailaba, no gritaba, no pedía atención, pero mi mente absorbía todo con la misma precisión que un médico estudia un síntoma: analizando, decodificando, sintiendo. Por un instante, me descubrí sonriendo por dentro. Entre tanto ruido y locura, me sentía viva y alerta. Como siempre, entre la multitud, invisible y presente al mismo tiempo.
info
Resumen
Alana, disfrazada con un pañuelo raído, se mezcla entre las sombras del bullicioso antro de Samba. Invisible y alerta, observa, absorbiendo la locura y el ruido.
karmas
• Adaptación ambiental: Mediante algún tipo de disfraz muy sencillo no desentonas en una isla o entorno nuevo.
Me había invitado a una salida en búsqueda de diversión, ya que hace un par de días una de esas salidas había terminado en combate. No pude divertirme para nada. Pero esta vez, con fe, tenia la esperanza de poder divertirme como se debe. Solo tenia que seguir el sonido de la música. A estas horas de la noche las calles estaban vacías, al igual que los locales, pero en alguno de ellos la música rompía el silencio de los callejones.
—Hey Ryuu ¿Tienes en mente algo para hoy?
—Mmm… buscar alguna ¿fiesta? o lo que salga, la verdad, tengo ganas de ¡divertirme! Esta isla tiene algo que me calienta la sangre.
—Vale! Yo te guío, mira gira por aquí ¡estoy escuchando algo! ¡Vamooos!
Giramos por una esquina y entramos en una calle donde se alzaba un edificio de tres pisos. Del segundo se podía se podía sentir un leve vibrar al ritmo de la música. Si o si tenia que ser una fiesta clandestina. Desde afuera no tenia ninguna señal. La puerta no estaba resguardad por nadie —de seguro solo se entra con invitación o solo para los que saben donde es— por lo que sería fácil de entrar.
—¡Te lo dijeeeee! Mi instinto fiestero ¡nunca falla!
—Es leve el sonido, pero si, parece que hay una ¡fiesta adentro!
—¡Vamos entremooooos! Di que eres el dueño si alguien te pregunta quién eres, ¡Shishishishi! A ver si conseguimos engañarlos y llevarnos tragos gratis toda la ¡noche!
—Muahahahahaha ¡Esto será divertido!
Llevaba puesto mi ropa de siempre, mi chaqueta azul con capucha ploma, sin polo —obviamente— con unos pantalones que hacían juego con la chaqueta. No llevaba nada más encima. Solo buscaba diversión y algo de caos. De ser posible más caos que diversión, pero con lo que salga voy a estar conforme.
Llegamos a la entrada y empujamos la puerta como si viviéramos ahí. Una pequeña ráfaga de viento, lleno de olores y sabores, nos dios en toda la cara. Luego el sonido de la música exploto de golpe. Seguimos el camino por las escalares hasta llegar a segundo piso.
La pista de baile se abría en gran tamaño apenas entramos. Las luces estrambóticas que se prendían y apagaban como flashes, acompañadas de las bolas de disco y las docenas de luces que iban y venían, hacían que todo fuera una locura visual. Mis ojos no tenían idea de lo que veían, gente detenida en el tiempo como fotos, pero solo por segundos, algunos elevados en el cielo o a veces hundidos en el suelo.
Antes de avanzar al centro de la pista de baile me percate de una bufanda que ondeaba por entre las personas, pasando por entre la pista de baile en dirección a la barra —y encima es de color morado, mi color favorito— tendríamos que buscarla luego para resolver algunos asuntos.
—¡Por las sombras más oscuras del universo! ¡Esto es una locura!
—¡Wuuuuuuuu! Esto es lo mejor que hemos hecho en mucho tiempo
—Bailemos un rato y cuando se acabe la música ¡buscamos algo de tomar!
—¡No olvides mencionar que eres el dueño! ¡Shishishishi!
—Si me lo recuerdas a cara rato ¡como lo voy a olvidar!
—Shishishishi y a lo mejor antes de irnos, les bajamos ¡la palanca de la luz! ¡Y nos vamos corriendo!
—Muahahahaha! Brillante pero espeluznante si salen todos en grupo a perseguirnos, al menos hasta que salgan nosotros ya estaremos ¡bien lejos!
Nos quedamos bailando hasta que la música terminase o cambiaran a otra. Nos dejamos llevar por el ritmo de los sonidos. Pegados como un oso a un tarro de miel. Los sonidos sintéticos acompañados de las luces hacían que mi cerebro viera toda clase de formas y figuras. Me deje llevar hasta perder el sentido del tiempo por unos minutos. No me importaba estar apretado en tanta gente, solo quería divertirme y dejarme llevar por la música. Bailar era mi especialidad y lo demostraba con cada paso de baile.
INFO
Resumen
Entro al local muy confiado, dispuesto a todo. Me percato de Mercedes Benz. Me quedo bailando en la pista de baile. —Y mi vestimenta es tal cual mi avatar—
La puerta del local se abrió de par en par como si fuera el mismísimo telón de un teatro y, ¡voilà, cariño!, ahí estaba yo. Una estrella nacida del caos y la miel, honey. Apenas di un paso dentro, el estruendo de la música me golpeó el pecho y me sentí vivo, vibrante, como si cada nota fuese hecha solo para mí.
Caminaba rápido, casi danzando, mis botas repiqueteando contra el suelo pegajoso sin importarme que se quedaran pegadas un segundo en cada paso. ¿So what if the floor was dirty? Yo lo convertía en pasarela, darling.
Con mis ojos carmesí recorrí el lugar como un gato curioso: los focos de colores iluminaban los rostros sudorosos de los bailarines, las luces estroboscópicas los cortaban en fotogramas, y todo parecía un improvised show donde yo era la estrella invitada. Y claro, no podía caminar sin dejar huella, mi cuerpo se movía con gracia felina entre la multitud, y mis manos, oh, mis preciosas manos adornadas con anillos brillantes, se encargaban de explorar lo que se cruzara.
—Ay, pero qué pecho más duro, honey — reí, deslizándome con descaro sobre un hombretón de torso descubierto que no tuvo ni tiempo de reaccionar antes de que mi risa se perdiera entre la música, otro, con camisa abierta, recibió una caricia fugaz en el pecho y uno más, al que atrapé por la cintura, se volteó sorprendido y confundido, pero yo ya me había escabullido con una reverencia burlona y un beso lanzado al aire.
Avanzaba con velocidad, como si un fuego me quemara los talones, y cada segundo dejaba un rastro de perfume dulzón a miel, era imposible no notar mi paso, cada mirada que se cruzaba conmigo recibía un guiño, cada hombre alto y fornido que encontraba recibía una caricia, cada grupo de borrachos escuchaba un “darling” cantado como si fueran mis más fieles espectadores.
Llegué a la barra con la energía de una tormenta tropical. Me apoyé de espaldas contra el mostrador, una mano en la cadera y la otra en el aire, saludando a cualquiera que me mirara como si fueran viejos amigos, porque tengo que ser the sexiest of the stars, entonces el camarero se me quedó mirando, dudando de si debía atenderme primero o atender a los demás, but i love being the drama queen.
—Cariño, si no me sirves ya, voy a desmayarme aquí mismo en tu barra, ¿ You want an angel like me to die of thirst in front of all these gentlemen, honey? —exclamé, elevando la voz para que media pista escuchara, varias risas se escaparon entre la multitud, y yo, feliz con mi público, rematé con una risa excéntrica —Jusususu, Jusususu— que brilló más que la bola de disco sobre nuestras cabezas.
—Un trago fuerte, honey. Lo que tengas que me haga olvidar la rutina y me recuerde que estoy vivo —pedí, deslizando mi dedo sobre el borde de la barra como si estuviera acariciando la piel de un amante. A mi alrededor, algunos hombres me observaban con mezcla de intriga y deseo, otros con desdén, oh Darling y cuanto me encanta que me deseen, o que me critiquen, igual asesinaré a todo aquel que no respete mis hermosos y preciados besos, pero por ahora todos posaban sus ojitos en mi, y eso bastaba. No soy alguien que pasara desapercibido, cariño. Where I am, there is a show, that's always the case.
Con la copa finalmente en la mano, levanté el vaso hacia la pista abarrotada y declaré con voz clara, en medio del estruendo, —¡A la vida, a la locura y a los hombres con pecho de guerreros, cariño! — Y bebí de un solo trago, dejando que el alcohol incendiara mi garganta mientras mi risa se mezclaba con el ritmo frenético de Samba. La noche era joven, y yo más escandaloso que nunca, honey.
06-09-2025, 03:50 PM (Última modificación: 07-09-2025, 12:16 AM por Sigurd Haakon.)
Uno por uno, nuestros protagonistas van llegando. Cada uno a su ritmo, cada quien con su pasado y con sus ganas de vivir la noche. Varo, por ejemplo, decide ser sigiloso y desconfiado. Vuelve donde una vez su vida se truncó para encontrar refugio en un mundo criminal que le pueda proporcionar aliados. Tenemos a gente como Ryuu y Alana, que buscan disfrutar de la fiesta, aunque de forma comedida y sin llamar la atención. Y luego vemos casos como el de Mercedes o Rosse, que directamente se convierten en el centro de atención de todos con su carisma estelar. Gente nacida para destacar, sin miedo a las consecuencias y con hambre de fama. Un grupo diverso, pero con un destino común, aunque todavía no lo sepan.
El garito está abierto para todo aquel que quiera quemar la noche. Sin distinción. Sin impedir el paso a nadie que se atreva a cruzar esa puerta y consumir. Eso a veces trae cosas muy buenas. Gente variopinta, llegada de todas partes del mundo dispuestas a pasarlo bien y a desinhibirse. Pero en este mundo tan podrido, lo que suele traer son cosas malas. Personas que se sienten en el derecho de juzgar al resto, gente que busca peleas o trabajos sucios... Es el precio de la libertad absoluta, y el local se lucra con la promesa de encontrar eso, en este lugar.
La barra es un lugar sagrado para todos aquellos que buscan una anécdota de fiesta. Es un lugar por el que tarde o temprano pasan todos, ya sea para consumir o para ver cómo está el panorama. El mink y la tontatta, por ejemplo, se cruzan por ahí de los primeros, más con una intención contemplativa que con la de pillar un pedo de morirse. La señorita Benz decide que la barra tiene demasiada poca clase, pero sin embargo, acaba cayendo en el juego del local y desde la zona VIP ordena algo. Rosse cumple, pero con un protocolo distinto. Primero un poco de marcha y pavoneo antes de recargar pilas con una bebida bien cargada. El único con una práctica distinta es aquel que habla solo, que no deja de darlo todo en la pista. Cada uno acaba en una zona u otra, acorde con su ritual.
Varo, Mercedes ----- Sector Zona VIP
Nos centramos en la zona más privilegiada del garito. Un lugar reservado para aquellos que buscan exclusividad y privacidad a partes iguales. Mesas de madera de calidad, cubiertas por manteles verdes de terciopelo. Sofás de cuero negro y acolchados. Y una atención distintiva de los camareros con prioridad al detalle. Cada mesa está separada con un biombo de las del resto, aunque todas tienen vista perfecta del resto de la sala.
Y es ahí, en esa mesa libre que queda esquinada, donde nuestra diva y carismática Oni se planta frente a todos. Ya en su paseo era un espectáculo con vida, como si le hubieran hecho desfilar por una pasarela de moda y captara la atención de todos los presentes. Pero su actitud altiva no acaba ahí. Con el mismo desparpajo, ordena su bebida y observa atentamente al resto. Desde su trono, impone sensualidad y seguridad a partes iguales. En la otra cara de la moneda, oculto entre las sombras como un cazador acechando a su presa, se encuentra Varo. Este reposa tranquilo en una esquina, alejado de los focos y las luces. Toma su bebida mientras analiza con quien juntarse o con quien no meterse. Lo ve todo, pero nadie presta atención en él.
El conflicto no tarda en servirse rápidamente, pues las personas con un magnetismo tan fuerte, atraen rápido a los envidiosos y los problemas. Cruzándose la pista hasta llegar a la mesa de Mercedes, una pareja se cruzan el local entero. Van trajeados, incluso con gafas de sol en plena noche y dentro de un antro así. Casi que destacan más por lo ridículo de sus vestimentas que por la elegancia de las mismas. Van encaradas a por la oni, sin quitarle el ojo de encima. Ella los ve llegar de lejos, y sabe perfectame que se tratan agentes del Gobierno Mundial. -¡¡¡Eh tú, furcia barata...!!!- Comienza a hablar la mujer de la pareja. Su tono de voz es agudo y se nota la envidia y el enfado. El hombre de los dos apenas es incapaz de dejar de mirar tus atributos y se esfuerza por no sonrojarse y ceder. La mujer prosigue con la ofensiva -... Ahora mismo está por llegar un alto cargo a esta mesa, así que vete a llamar la atención a otra parte o te las verás con nosotros.- culmina golpeando la mesa con un puñetazo.
Ayuda visual de Agente Miss.K y Agente Mr.J
Evidentemente la mujer busca pleito. Es agente del Gobierno, se cree con la superioridad moral de faltar a quien le dé la gana. ¿Que hará la Oni? ¿Obedecerá la orden y se resignará o no dejará que nadie la eclipse y demostrará su valía?
Varo, por su parte, es consciente de todo lo que acaba de suceder. Los ha visto llegar y como han increpado a la mujer sin mediar. ¿Se quedará en las sombras a la espera o saltará a defender a la mujer y lo que es justo?
Alana, Ryuu, Bellecour ----- Sector Pista y Barra
Nos encontramos en la zona más poblada del garito. La esencia de la fiesta nace y muere aquí. La pista y la barra. Ryuu, un bailarín como pocos quedan, lo está dando todo. Al principio era uno más de la multitud, pero poco a poco se ha abierto algo de hueco y ha empezado a sacar "los prohibidos". El joven le sabe a esto y empieza a ser relevante entre los presentes y a destacar. Alana, aunque con menos suerte por su tamaño, también ha decidido adentrarse en la pista para ser una más, para sentirse viva. Aunque su manera de vivirlo es... A lo grande, no duda en disfrutar del momento y de la noche de Samba. Tal vez ha de cuidarse de algún pistón de torpes, despistados o borrachos, ¿pero que tiene de malo un poco de riego si la recompensa es una noche inolvidable?
El que si que no tiene miedo al riesgo y destaca un montón, quizás demasiado, es Rosse Bellecour. Con su actitud atrevida y aura indomable, se frota y seduce a todo varón que se encuentra en su camino. La vergüenza para los que se la permitan. Él ha venido a pasarlo bien y no se va a sentir nunca más preso de lo que siente. En una de estas interacciones, un joven apuesto de pelos alocados cae víctima de los encantos y el olor a miel. Pese a querer seguirle el juego, Rosse no tiene tiempo para uno ni para dos, así que danza y se aleja, dejando un rastro de víctimas encandiladas como de asqueados intolerantes. -¿Has visto que chavala tan increíble? Debería de decirle algo...- le dice el joven a su grupo de amigos. Sin embargo, todos empiezan a reírse de él. El chaval, incrédulo, se cuestiona que pasa. -¿Chavala?- -Es un pavo, tío.- -¿Ahora te molan los pitos?-
-HahHAhAhHaHAha...-
Las burlas y las risas se apoderan de él, y sin vacilar mucho, humillado y dolido, se gira a buscar al que cree culpable de su ofensa, que ahora bebe orgulloso en la barra. Un grupo enorme se le une, formando un corrillo que rompe la pista de baile y asusta a varias personas. Los murmullos corren como la pólvora. Los Reena boy's, los matones personales del mafioso criminal Destructore Reena están buscando bronca contra un tipo.
Ayuda visual de los Reena boy's
De un minuto a otro, el pirata es rodeado por una veintena de chavales y matones en busca de saldar cuentas, sacando navajas y armas sencillas para hacerle daño. No hay por donde salir, solo queda enfrentar el problema. -Tú, pedazo de basura. Discúlpate por lo que eres o prepárate a sufrir la violencia de los jefes de Samba.-
¿Rosse se disculpará y cederá ante las amenazas?¿O se enfrentará al los matones con más violencia y les demostrará quien manda?
El corrillo de bravucones ha generado algo de caos en la pista de baile, desplazando a muchos asustados por el nombre de Reena. Esto ha roto el momentum de Alana y Ryuu, que buscaban pasarlo bien. Ambos son testigos de lo que sucede y son conscientes de los comentarios de estos impresentables.
¿Decidis mirar a otra parte y buscar la fiesta en otro sitio o haréis pagar a aquellos que os han amargado la diversión?¿Seréis testigos de lo que está por suceder o formareis parte del asunto sean cuales sean las consecuencias?
La noche es joven y larga. Aún quedan cosas por ver y por vivir. Y por desgracia, en este lugar es ser cazado... O cazar. En vuestra mano está el ceder y ser pacíficos y espectadores o el poneros en el lugar que os corresponde y destacar por encima del resto con fuerza.
Ayuda visual de mapa y posiciones
RO. Rosas
A. Alana
RY. Ryuu
M. Mercedes
V. Varo
Datos de interés
Resumen
La fiesta transcurre. Todos tienen su manera de proceder y unas consecuencias distintas. Al ser los más llamativos, Mercedes y Rosse son increpados por diferentes grupos.
Bélico
SZV
Mercedes ha sido increpada por dos agentes del Gobierno que buscan problemas. Podéis obedecer o podéis responder. En caso de respuesta, aquí están las estadísticas:
Atributos iguales de ambos agentes
Nivel: 1
Raza: humano
Facción: CP, Gobierno Mundial
Vitalidad:89
Energía: 93
Fuerza: 10
Destreza: 3
Precisión: 3
Resistencia: 3
Agilidad: 10
Reflejos: 10
Inteligencia: 3
Voluntad: 3
SPYB
Rosse es atacado por una Horda de nivel 2. Por este ataque de 20 individuos, son afectados Alana y Ryuu.
Horda nivel 2
Horda Rango 2
Formada por 20 personas.
Tienen 200 PV (10PV cada miembro).Si llega a 0 PV serán derrotados.
Dañan el 50% de su PV total por turno. Su velocidad de movimiento/ataque es 20 puntos.
Se pueden derrotar de una sola vez a cambio de 200 energía.
Rosse está obligado a intervenir. Ryuu y Alana podéis participar en la derrota o estar al margen. Mi consejo es que habléis cuánta energia hasta cada uno por privado
Para derrotarla os aconsejo la lectura de la guía avanzada y se hace en una narración libre. Disfrutad
Como proceder ahora
Cada grupo, por el momento y hasta nuevo aviso, actúa de forma independiente y no participa en el sector de otro.
Respetando el orden que se ha preestablecido de posteo, iréis roleando acorde y tomando vuestras decisiones. Mi consejo es hablar entre vosotros antes de postear. En caso de que alguien se quiera adelantar, que lo comunique vía discord y sea de forma orgànica.
Como la última vez, hay 24 horas entre posteo de cada usuario.
Off y tips
Varo, tan guay como siempre. Me gusta ver como tú personaje, tras lo vivido, decide ser más precavido ante los peligros de Reena. Muy Lore acurated. Igualmente espero que intervenga y formes parte de la tripulación de forma activa
Alana, es la primera vez que te leo y me encanta como llevas a un personaje tan complejo. He podido ver a la tontatta subirse a la mesa. Mis dieces
Mercedes es un personaje que derrocha carisma. Me ha encantado. Me va a flipar la interacción con Rosse por ver quién es la reina del barco
Me ha gustado mucho el como hablas con el diablillo. Es muy original. A ver qué tal ahora en el combate. Como consejo, decirte que solo apuntes los karmas que usas, no todos.
Derroche de carisma y estilo. Un personaje de los que me gustan. Épico, único y pirata de verdad, no de bromita. Me va a encantar el ver como llevas al grupo. Aunque eres consciente, no olvides los karmas y detalles para justificar tus acciones
07-09-2025, 01:28 AM (Última modificación: 09-09-2025, 03:39 PM por Mercedes Benz.)
El puñetazo de la mujer contra la mesa me sacó una sonrisa torcida y el ron todavía me ardía en la garganta, pero mi sangre ya hervía más que cualquier trago, entonces alcé la mirada, tranquila, dejando que mis pendientes tintinearan con el movimiento, mis ojos se posaron en la mujer, que tenía un traje que me recordaba a los idiotas del gobierno mundial.
—¿A mí me hablaste, muñeca? — solté con voz suave, casi cariñosa, aunque quedaba muy claro que detrás de mis palabras había filo, ira y muy muy poca paciencia.
El hombre de los lentes seguía clavado en mi pecho como si jamás hubiera visto dos razones tan grandes pa’ perder la vergüenza y pues en ese maravilloso evento no había nada mejor que hacer que soltar una risa atronadora.— WUAWUAWUAWUAWA—. El eco se tragó cualquier intento de murmullo, incluso la música pareció bajar el ritmo un segundo para darle paso a mi risa.
Con un movimiento lento, me puse de pie, tenía que darle drama a esta maldita noche. La luz me bañó completa como si de un espectáculo se tratase y, como siempre, recordé cada gesto de la mujer frente a mí, su ceño fruncido, los labios tensos, las venas palpitando en la sien, memoria de elefante, mon, pa’ que después no digan que la malinterpreté, ella vino buscando un lío y eso tendrá.
Era más baja que yo, mucho más, era tan pequeñita que tuvo que alzar la barbilla para mantenerme la mirada y yo, mon, incliné la cabeza y sonreí como quien mira a un cachorro que ladra demasiado. —Tú quieres trono, pero elegiste la mesa equivocada, mon. —
Dejé el vaso a un lado con toda la calma del mundo y, sin previo aviso, levanté mi pierna derecha con la gracia de una bailarina y la fuerza de un toro, dejando ver solo por un segundo todo lo que había debajo de mi vestido, más drama y sensualidad para mí y ¡PAM! La patada le estampó la cara contra la misma mesa que había golpeado segundos antes, el elegante mueble crujió con el impacto, y su nariz dejó un rastro rojo sobre el terciopelo verde.
—WUAWUAWUAWUAWA—. Reí de nuevo, más fuerte, mientras me sacudía el vestido como si nada hubiera pasado. —¿Querías atención? Pues ahora la tienes, mon. —
El tipo se tensó, pero no se movió. Sus gafas de sol brillaban bajo las luces, pero su vergüenza se notaba más que cualquier reflejo, yo le lancé un guiño juguetón.—Y tú, deja de mirar tanto que se te van a secar los ojos.— Esperaba que no molestaran más en lo que pasaba mi hermosa velada en este bar, y ojalá que sus planes sean esos.
El lugar entero había clavado la vista en mí durante un momento, pero no me importaba. Es más, creo que me encantaba la mirada de todos viendo a una Oni tan preciosa como yo. El ron me mantenía tibia y mi exceso de confianza hacía el resto, no habia más que pensar y no iba a dejar que dos payasos disfrazados de agentes me robaran el escenario.
Me senté de nuevo, como si nada, ignorando por completo al hombre que veía mis pechos como un premio consolador, cogí mi vaso y lo levanté en alto, habia escuchado a un tipo raro desde la barra brindar por varias cosas así que también lo hice. —¡Por Samba! Que la fiesta siga, y que nadie olvide que aquí manda Mercedes, mon. —
—WUAWUAWUAWUAWA—.
Resumen
Escucho las palabras y amenazas de los dos miembros del gobierno, las tomo mal pero con calma, tras el golpe a la mesa me paro lentamente y con una patada dejo fuera de servicio permanentemente a la fémina de los dos antes de volver a sentarme.
Belicozo
Utilizo la técnica Versace Heel que hace un daño de 40 + Fuerza x 1.3 siendo esto 40+58 el daño de la técnica que le sumamos el daño de mis botas 225 = 98 + 225 = 323.
Termino matando a la agente del gobierno y destrozando la mesa.
Versace Heel
Propio
2
Información
Requisitos: Cuerpo a Cuerpo 1 | 50 Fuerza
Daño: 40 +1,3 x Fuerza
Coste: 86 de Energia
Efecto:
Causa Mareo por 1 Turno
Enfriamiento:
Dos Turnos.
Estando frente al enemigo Mercedes levanta una pierna y conecta una patada descendente con el tacón de su bota.
Por suerte para mis oídos, no trascurrió mucho tiempo hasta que comenzaron a aparecer algunos candidatos para mí peculiar concurso. El premio: la increíble posibilidad de huir conmigo de la isla. Quién iba a rechazarlo? Solo traía consigo la pequeñísima letra pequeña de ganarse unos cuantos enemigos, dentro y fuera de la ley. Mis ojos se fijan primero en un tipo grande que baila entre la multitud. Su cabeza afeitada resalta por encima de la multitud y su envergadura lo hace rebotar con todos los que estan a su alrededor, como alguien demasiado grande y torpe que entra en una tienda con pasillos demasiado pequeños. Su cara poco avispada y sus formas rudas me recuerdan a los matones que ayudan a descargar los barcos de Reena en el puerto. Sí tienes algo que ver con los estibadores prefiero no involucrarme con él, pues las posibilidades de que los largos tentáculos de Reena hayan llegado hasta él son muchos más altas de lo que quiero asumir.
Mi mirada, oculta bajo el ala de mi sombrero, sigue recorriendo la pista de baile. Los cuerpos sudorosos chocan unos con otros en lo que parece un mar de descontrol, con olas saciadas de alcohol y desenfreno. Entre la multitud, no puedo evitar fijarme en alguien. Es extravagante y salta de unos a otros para recorrer sus cuerpos con sus largos dedos. La invasión del espacio de uno no es de mi agrado, pero hay algo en su actitud que me divierte, como si se deslizase por el local siendo el protagonista de un espectáculo. Continúa con su actuación, de un cuerpo sudoroso a otro, hasta que, finalmente llega hasta la barra a pedir una bebida. Las reacciones a su alrededor me dejan claro que seguro que es alguien que acumula enemistades, alguien que tarde o temprano deberá salir de esta isla; porque lo persiguen o para buscar una nueva parada en su "gira espectáculo".
Y no es hasta este momento, en el que aquel actor decide tomarse un descanso, que me percato de la presencia de otra estrella principal. Un cuerpo que sobresale por encima del resto, su estatura es el doble o el triple que el del resto de bailarines, pues muchas de las cabezas apenas le llegan a la cadera. Avanza acaparando miradas que se dirigen hacia el pronunciado escote de su provocativo vestido morado. Llega hasta la zona de mesas, la que parece estar reservada para gente de alto estatus social, ya sea por dinero o por contactos. Tal vez sea una peligrosa jefa de la mafia que rivalice con Reena, una poderosa enemiga. Se sienta sin complejos en la única mesa que queda libre en aquella zona y le hace un pedido al titubeante camarero que se le aproxima. El chico volvió a toda prisa con su bebida y un plato de frutas, sin quitar ojo de sus prominentes atributos. Ella, sin reparar en dicha actitud, levanta el vaso y bebe como si fuese agua. Pobre de mi si intentase hacer lo mismo, puedo sentir el dolor de cabeza del día siguiente solo de imaginarlo. La chica está allí con una seguridad como quien es dueña del lugar, aunque rápido veo como aparecen un hombre y una mujer. Sus trajes dejan ver que trabajan como seguridad de alguien importante, o eso quieren hacer parecer, pues el hecho de llevar las gafas de sol puestas a estas horas y aquí dentro me hacen pensar si no serán más apariencia que otra cosa. En un instante comienzan a increpar a la chica, insultando de mala manera e indicando que esa mesa es para un alto cargo. El golpe que da la mujer sobre la mesa deja claras sus intenciones, agresivas, pero la chica del cuerno no se amedrenta. Se pone en pie, con calma, como si supiese que no tiene nada que tener, que la situación está controlada. La mujer del traje sigue sus ojos con la mirada y la hermosa joven deja su consumición a un lado, y como si de un parpadeo se tratase levanta la pierna y la deja caer con fuerza, como el hacha de un verdugo. Y es así como debe sentirlo la mujer cuando el pie de su contrincante impacta en su cara y la lleva a empotrarse contra la mesa. La madera cruje y se llena de sangre. La mujer no vuelve a moverse. Puede que la chica de gran tamaño se haya metido en un lío, pero no parece importarle, pues tan solo se sacude el vestido y se permite el lujo de retar al hombre que aún la mira con una mezcla de deseo y pavor. Ella se sienta con la misma parsimonia y toma su vaso para lanzar un brindis al aire en honor al reino de Samba.
Puede que no sea la mejor de las decisiones, ya que la chica no parece necesitar ayuda, pero pienso que si consigo que crea estar en deuda conmigo, podré lograr una aliada poderosa. Lo hago todo en un segundo; meto mi mano por dentro de la chaqueta para agarrar una de mis agujas y lanzarla con fuerza al cuello del hombre, aprovechando la confusión y su obsesión por el escote de la chica de morado. La aguja vuela rápido e impacta en el objetivo. El hombre se tambalea y yo salto hacia él para recuperar mi arma.
-Disculpe, señorita. No quiero meterme donde no me llaman, pero viendo la gente que se reúne por aquí -hago un gesto hacia una mesa de hombres con mal aspecto con la palma de mi mano mirando al techo-, creo que deberíamos escapar antes de que sea demasiado tarde. Se bien el poder que puede tener esta gente.
Permanezco de cara al hombre trajeado pendiente de si recupera la consciencia, mientras con mi mano instó a la hermosa mujer a que me acompañe para escabullirnos de la fiesta. Jamás pensé ser tan atrevido, pero se bien las consecuencias que puede traer jugar con determinadas personas.
Info
Resumen
Varo observa la escena entre Mercedes y los dos agentes y ve cómo derrota a una de ellos con tan solo un golpe. Tras esto piensa que ella podría ser una gran aliada y ataca al otro hombre para ganarse su confianza. Luego la insta a huir de allí juntos antes de que sea tarde
Belico
Varo ataca con una de sus agujas al agente del gobierno. Puesto que el ataque se produce a una velocidad igual a la precisión de este, al tratarse de un ataque a distancia, y ya que los reflejos del agente son de 10, podemos asegurar que no podría reaccionar ni aunque estuviera mirando al ataque fijamente. Por lo tanto el ataque impacta. El daño sería igual a 20+(0,4xDES)+(0,5xPREC) = 20+(0,4x28)+(0,5x59) = 60'7. Según lo especificado en las guías se redondea a la alza por tener decimal mayor de 5, así que el daño final sería de 61. Ya que su resistencia es menor a 50, no cuenta con resistencia pasiva por lo que no habría disminución del daño. El daño de 61 es mayor a 5x Voluntad del agente, por lo que aplicaría todos los efectos de superar los 5 umbrales del dolor. Al superar el cuarto umbral, el agente entra en un estado de desorientación/confusión, por lo que roleo que puedo acercarme rápidamente en ese lapso para recuperar mi aguja.
Off
Ya comienza la acción! Vamos a por el nacimiento de los Piratas del Cabaret. Disculpad por la tardanza a la hora de postear. Quedo a la espera de ver cómo reaccionan los demás PJ y a donde nos lleva la aventura.
La fiesta estaba en su punto, buena música, un montón de gente y el ambiente poco a poco se cargaba de energía. Movimiento tras movimiento me fui abriendo un lugar entre la multitud. Mis pasos de baile sacados desde las mismísimas profundidades del océano me hacían ver como delfín en el mar. Sumado a eso, mi cuerpo siempre ágil me permitía moverme con total soltura, dando pequeños saltos que parecían que tocaría el techo.
Por ratos podía sentir como algunas manos pasaban ya sea rosándome o tocándome no tan discretamente. No lo podía evitar, el cuerpo que mantenía siempre atraía las miradas. Para mi era lo de menos, yo solo venia por la fiesta y el caos.
La música ya había cambiado, igual de buena que la anterior, así que mi cuerpo ya me pedía algo para tomar y subir las energías al máximo. Me gire para observar en todas las direcciones donde estaba la barra o algún lugar donde podría aprovecharme de alguien para conseguir tragos. Tenia el bar al bar a un costado, cerca, y un poco mas lejos estaba una zona vip con alguien que nos llamó la atención de golpe.
—¡Miraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Que locura! Nunca había visto a alguien tan ¡enormeeee! ¡Mira, mira, mira!
—Calma aqui no existen los gi —mis ojos no lo podían creer—gant…! ¡DIOS MIOOOOOO!
—¡Seguro le llegas a la rodilla, pedazo de enano! ¡Shishishishi!
—Hahahaha ¡mierda! Si tal vez o quizás ni a la rodilla llego ¡Muahahahaha!
—¡Se me ocurren miles de ideas en la que podemos aprovechar su tamaño para conseguir cosas! ¡Hasta podríamos acabar con el gobierno mundial! ¡Muehehehehe!
—Oye ¡Así no me rio! ¡Pero es una buena ideaaaaa! Pero primero vayamos a la barra a tomar algo, perece algo ocupada con es dos tipos medios raros, —mire de reojo tratando de ver algo— ¿Trabajara con ellos?
—Luego lo averiguamos, vamos a tomar algo, ¡yo también me muero de sed!
—Me quedaré con la duda…
—No importa ¡Vamos, vamos, vamos!
Al voltear en dirección a la barra me pude percatar que alguien más se estaba divirtiendo a sus anchas. No podía llegar a ver bien quien era, parecía alguien de una estatura muy pequeño como para fijarme bien —o será que estoy alucinando— o al menos eso era lo que se podía notar en la pista de baile.
No pude dar ni dos pasos cuando me topé con un grupo de “chicos” que estaban, al parecer, fastidiando a alguien. Solo pude escuchar las últimas palabras del tipo.
“—Tú, pedazo de basura. Discúlpate por lo que eres o prepárate a sufrir la violencia de los jefes de Samba—”
Me acerque por detrás justo cuando todos la tenían rodeado. No pude contar con exactitud cuántos eran, pero de seguro más diez. Trate de buscarla con la mirada para ver quien era, pero las cabezas de los tipos no me dejaban ver bien. Mi mente estaba procesando todo como una máquina, no iba a iniciar una pelea que no pudiera ganar. Si todo salía de acuerdo con el plan, sería una completa locura.
Tome aire en los pulmones antes de gritarle con toda mi fuerza al tipo ese.
—¡HEY TU! ¡PEDEZA DE IDIOTA!
—¡Eso Ryuu, déjame al de cabello rojo! ¡A ese lo mato!
—¿Como lo vas a matar? ¿Con la mente? ¡Muahahahaha!
—Shishishishi ¡concéntrate en el tuyo mejor! ¡Luego dios sabe dónde tiraran tu cuerpo al matarte!
—Ni empezamos y ya me deseas le mal…
Apenas volteara por el grito me acercaría lo mas posible hasta estar cara a cara, con la mirada puesta en sus ojos como un enfermo que solo quiere matar. Las palabras saldrían de mi boca como dardos envenenados, mientras mis manos aplaudirían como tono burlón de sus actos.
—Muy “machitos” para ir en grupo molestando a los demás… NO! ¿jefes de Samba? ¿Vas a llamar a tu dueño o qué? “PERRO”… O no me digas que tu eres el jefe ¡MUAHAHAHAHAHAHA! No me hagas reír… patéticos, al menos métanse con alguien de su tamaño.
Sin darle tiempo a responder y esperando llamar la atención del resto para que la chica de atrás pudiera actuar, seguí increpándoles. No me importaba recibir un par de golpes si esto conlleva a que se desate el caos en el lugar.
—¡CA – BE – ZA – ZO MOR – TAL!
En un movimiento ágil y al ritmo de la música cargue de lleno con un cabezazo a toda potencia hacia la cara del tipo. Al impactar sentí el crujido de su nariz al quebrarse contra mi frente. Tenia que enseñarle una lección que nunca olvidaría. Sin darle tiempo a reaccionar mi pierna derecha ya estaba recorriendo a toda velocidad hacia las bolas del tipo. Aun con la bulla de la música se pudo escuchar el sonido de una campana al recibir el golpe. Cayó de costado, convulsionando, lo empujé con el pie para que todos sus compañeros lo vean.
—!Ahora ni pito tendrás!
—!Buen golpe Ryuu! !Ten cuidado ahí vienen!
—Muahahaha !esto se pondrá sabroso!
Sabía que los otros tipos no se quedarían quietos. Cuatro de ellos se venían encima por los costados, como perros sin amo sueltos en una plaza. El primero corrió directo hacia mi con los puños levantados. Lo deje venir, midiendo la distancia, y en el último segundo me agache. Mi hombro golpeo en su estomago y lo levante por lo aires, dejándolo caer sobre su cabeza. El segundo aprovecho que estaba distraído y me lanzo una botella vacía hacia la cabeza. Logre esquivarlos a las justas, —mala suerte al que le cayera la botella allá atrás— no le di tiempo a nada más. Me abalancé a toda velocidad y con salto potente le estame la rodilla en toda la cara. El tercero era un poco más grande, con brazos gruesos como troncos. Intento abrazarme por la espalda para aplastarme contra él. Sus brazos rodeaban mis pechos, podía sentir la presión. Con toda mi furia le mordí el antebrazo, arrancándole un pedazo de carne y haciéndolo gritar de dolor. Aproveche que se retorcía de dolor y lo empuje con los hombros para liberarme. El cuarto dudo en venir. Su mirada parecía perdida viendo caer uno a uno a sus compañeros. No le di opción de pensar más, si no venia yo iría a por el. Avancé con un rugido a toda velocidad, lo agarre del cuello y lo empuje a al centro de la pista de baile. Cada golpe que le daba parecía que estuviéramos bailando.
—!Quien más quiere bailar!
—!Eso Ryuu! !No dejes a nadie vivo!
Me quedé de pie, con la respiración media agitada, el sudor empezaba a recorrer por mi frente. Mire al resto a la espera de que vinieran o tal vez algún vendría a ayudarme. En cualquiera de los casos estaba preparado y mas que dispuesto a seguir luchando hasta el final.
INFO
RESUMEN
Me divierto un rato en la pista mientras observo el lugar. Me percato del tamaño de Mercedes. No logro ver bien a Alana pero noto que esta ahí bailando como yo. Noto que rodean a Rosse y me meto de lleno a generar el caos!
BELICOZO
Doy 50 puntos de energía para derrotar a los Reena boy's
Karmas
Peso pluma, Gruñón, Beligerante y Amante de los combates
OFF
Edit: Gracias por las aclaraciones, ahora si con todo