El tigre, el feo y el monje [Pasado-Social]
#1
Día 47
Verano Año 16
10:00am

Los dias posteriores al torneo pasaron antes de que nos dieramos cuenta. Habíamos dedicado ese tiempo para entrenar y para planificar nuestro siguiente destino y ya solo quedaba ultimar los detalles finales para abandonar aquella marcial isla que, en sus extensos bosques de bonsais gigantes, había visto el nacimiento de aquella extraña pareja destinada a sacudir los cimientos del mundo.

Durante esos dias, tanto Krysser como yo aprovechamos para conocernos mejor. Yo, por mi parte, le conté mi historia y como mi búsqueda por acabar con la esclavitud se debía a que, de niño, fui vendido como esclavo por mi propia familia biológica, sin mencionar su estatus social, siendo encerrado durante años en una fabrica de munición para, al final, acabar siendo tirado como basura después del ataque que sufrí por parte de un miembro del ejercito revolucionario y que deformo mi rostro. También le conté como me salvó la vida la que yo considero mi autentica madre y como estuve hasta hace unos meses viviendo con ella y mis hermanos en su orfanato, siendo el desencadenante de mi partida el ataque de unos bandidos que, debido a que me encontraba fuera, acabó con la muerte de mi madre y varios de mis hermanos.

Ese día, el más cálido desde que había llegado a aquella isla, la lonja del pueblo pesquero en el que nos encontrábamos se encontraba abarrotado de mercaderes que querían hacerse con las peculiares pescas del Argosy, uno de los barcos pesqueros más famosos de aquellas aguas. Los gritos de los vendedores trataban de sobreponerse al bullicio de una multitud que, instintivamente, se abría ante la imponente presencia de Krysser.

Yo, por mi parte, iba paseando tranquilamente a su lado, con mis grandes alas negras plegadas para evitar chocar con la gente, teniendo mi pistola oculta por mi gabardina y llevando en una mano una bolsa de papel con lombrices y en la otra mi calavérica mascara.

-Al final eres un gato grande... – Empecé antes de tragar un puñado de lombrices de un puesto de carnada que, como era normal viendo nuestro caracteristico aspecto, nos había reconocido de la pelea contra los hermanos Matsu. - Elige tú los pescados que seguro que tienes mejor gusto. – Concluí mientras volvía a colocarme la mascara, notando las miradas de miedo y desaprobación de las personas que nos cruzamos en ese breve lapso de tiempo y a las que dedicaba una amplia sonrisa llena de trozos de gusanos a medio masticar.

Ya teníamos preparados los botes para abandonar aquella isla, pero, antes de partir, teníamos que hacernos con las suficientes provisiones como para poder llegar a la siguiente isla y, teniendo a un mink de casi 3 metros de altura, íbamos a necesitar una cantidad importante.
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#2
Su llegada a la isla karate había sido como todo en esta vida una abrupta llegada con posibilidades de muerte, por casi acaba en el fondo del mar, sin embargo ahora se encontraba paseando por sus calles con la tranquilidad de alguien que había logrado sobreponerse a la adversidad y la paciencia que esgrimía en prácticamente todos los instantes de su vida.

Parece que mi herida se ha cerrado pero es molesta... Musitaria para sí mismo, la marca en su espalda de había vuelto prácticamente permanente, Ugubugu le había dejado un recuerdo peculiar pues la cicatriz en su espalda parecía un caballito de mar, suspiró y sacó su pipa encendiéndola mientras le daba una calada a esas hierbas relajantes que tanto le gustaban , dejando a su palo un olor exótico de melocotón su aroma natural y hierbas. 

Su paso por las calles de había visto interrumpido cuando en la distancia observo a Krysser al lado de otro Lunarian enmascarado, ya había conocido uno por lo que diferenciarlos era algo sencillo, todos poseían llamas en su espalda y unas enormes alas negras, aunque no estaba seguro de si la tez de este era negra puesto que la llevaba tapada por una máscara, con su singular capacidad para interrumpir conversaciones sin ser mal visto algo que muchos podrían llamar como alguien extrovertido, paró a aquellos seres de gran tamaño.

Por las barbas del padre destino, pero si eres el formidable Krysser , al final tal parece que vamos a coincidir más de lo que esperábamos Cao deslizó su mirada de esclerótica negra e iris dorado hacia el otro ser, levantó una ceja, Dong no era tan tenebroso como ese hombre, ¿Qué querría ocultar bajo esa máscara? Supongo que eres amigo de mi felino camarada, soy Cao Guojiu es todo un placer  para mí 
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#3
Aquel día el mink tigre caminaba entre la multitud con paso seguro, ignorando el bullicio como quien ignora el zumbido de insectos en una tarde de verano. Su altura y musculatura lo convertían en un faro de atención inevitablemente, pues allí por donde pasaba, el gentío se abría. Algunos con ojos de asombro, otros con el miedo instintivo que despertaba una bestia como él, pero todos incapaces de quitarle el ojo de encima. Sus orejas felinas se movían constantemente, captando cada murmullo, cada susurro que su nombre o su raza provocaba. No era agradable para el tigre ser el foco de atención de aquel modo, un problema que era demasiado habitual. En la selva había monstruos mucho más feroces y grandes que él, pero allí, él destacaba como una montaña en un claro.

Cuando Fyodor habló, con su tono burlesco habitual, Krysser giró ligeramente la cabeza hacia él, mostrando una media sonrisa que dejó asomar un par de colmillos.

-Un gato grande, ¿eh? -Repitió con un gruñido gutural, que se confundió entre las voces del mercado. -Si soy un gato, entonces tú eres un cuervo quemado. -Comentó, entrando en el juego del lunarian. -Uno muy hablador.

El comentario fue acompañado de una carcajada profunda, sincera, mientras su cola se agitaba detrás de él. El contraste entre ambos era evidente, pero también lo era la complicidad que había nacido desde aquel primer encuentro y que se había reforzado en su primer combate.

Tras varias semanas juntos, ambos habían llegado a conocerse mejor. Krysser descubrió la historia del tirador, y se abrió a este, contando cómo fue raptado de pequeño junto a varios minks más, y cómo solo una tormenta los salvó del destino de ser vendidos como esclavos. Desde aquel día supo que debía romper las cadenas de aquellos con la desgracia de no ser salvados por una tormenta, y su odio por aquellos que usaban a los demás como objetos creció. Explicó cómo había ido a parar a aquel lugar tras años de vida salvaje en los bosques de una pequeña isla vecina, la Isla Rucuro, y cómo habría aprendido varias cosas durante su vida salvaje, desde el conocimiento de flora hasta el de la fauna, así como a crear trampas de toda índole. 

Al pasar más de cerca frente a los puestos de pescado, Krysser se detuvo un instante. Su nariz se movió levemente, olfateando el aire saturado de sal y de especias. A diferencia de Fyodor, no necesitaba ver etiquetas ni escuchar a los vendedores, bastaba con el instinto y el olfato para discernir qué pescado estaba fresco y cuál había pasado demasiado tiempo al sol. Tomó uno de los atunes más grandes, alzándolo con facilidad como si fuese apenas un saco de tela, y lo examinó con ojo crítico antes de asentir.

-Este servirá. Y varios de esos también. -Con una de las garras de sus nuevas armas, un presente que cierto maestro de artes marciales había tenido a bien entregarle tras su desempeño durante el torneo, señaló a una pila de barracudas plateadas que un mercader trataba de ofrecer sin atreverse a levantar la mirada. 

El comerciante apenas balbuceó un “sí, señor” mientras empaquetaba apresuradamente los encargos, mirando de reojo a la bestia rayada que le hablaba como cualquier cliente más.

Krysser pagó con calma, dejando caer sobre el mostrador unas monedas que resonaron con un tintineo metálico, y tomó los bultos con la naturalidad de quien estaba acostumbrado a cargar mucho más peso.

-Provisiones listas. -Murmuró, girándose hacia Fyodor. -Aunque, si tu estómago aguanta esas cosas, no hay que preocuparse demasiado por el estado de la comida. -Añadió, aludiendo a las lombrices aún a medio masticar en la boca de su compañero.

Mientras hablaban, alguien llamó su atención en la distancia. Su elegante porte y su actitud noble rápidamente trajeron un recuerdo a la mente del felino, quien miró de arriba abajo a su antiguo conocido.

-¿Cao? -Preguntó al aire, mientras se acercaba. Sin duda era él, en cuanto estuvo más cerca, su aroma fue inconfundible, un aroma a melocotón que difícilmente podría olvidarse. Al escuchar a aquel recuerdo vuelto a la vida hablar, Krysser sonrió. -Siempre es agradable coincidir con un amigo. -Comentó, pues aquella era la imagen que tenía del monje, la de alguien justo que luchaba por ideales similares a los suyos.

Al ver que no conocía a Fyodor, se apresuró a hacer las presentaciones.

-Este es Fyodor, mi compañero. Es un buen hombre. -Comentó, casi dudando al llamarlo solo hombre dada su ancestral raza, pero finalmente decidiendo esas palabras en pos de su integración. -Compartimos ciertos ideales y cierta forma de ver el mundo, que creo que no está alejada de la que mostraste aquel día en Sorbet. Siempre viene bien contar con algo de ayuda cuando se trata de arreglar el mundo. -Era un órdago simple, una forma de ver si Cao quería unirse a ellos, o si por el contrario prefería seguir solo o, tal vez, en algún grupo del que ya formara parte.
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#4
-Fyofyofyo. Como buen cuervo no puedo rechazar un manjar así. - Reconocí tras soltar una carcajada, haciendo alusión al mote que me había puesto hace escasos minutos y sabiendo que mi costumbre de comer insectos era algo que no muchas personas podían tolerar.

Mientras hablábamos, la afilada mirada de Krysser se detuvo en un hombre de ojos extraños y de noble porte que, al contrario que el resto de gente, se dirigía con paso decidido a nuestra posición mientras yo, tranquilo al lado de Krysser, guardaba mi bolsa de snacks en el interior de mi oscura gabardina, dejándolas listas para dentro de un par de horas que me volviese a dar hambre. Segundos despues descubrí el motivo de aquel acercamiento, siendo aquel desconocido un viejo amigo de mi peludo compañero, que no tardó en hacer las presentaciones.

-Cualquier amigo de Krysser es amigo mío, por lo que el placer tambien es mío, Cao. Ya te lo ha dicho el grandullón, pero puedes llamarme Fyodor. – Saludé de forma amigable mientras me acercaba para unirme a aquel reencuentro, contrastando mi actitud alegre y simpática con mi tenebroso aspecto. Las palabras de Krysser dejaban en claro que Cao era un hombre con ideales afines a los nuestros y que, como nosotros, buscaba cambiar el mundo para que fuese un lugar mejor. Esto, como era obvio, ya había conseguido que ese desconocido de peculiares ojos de negra esclerotica e iris dorado llamase de forma positiva su atencion. - Toda ayuda es poca para lo que queremos lograr Fyofyofyo. -Contesté a Krysser al mismo tiempo que, oculto detras de mi mascara, observaba a Cao con mis rojos ojos, esperando su respuesta y viendo si, aquella calurosa mañana en el mercado, acabaría concluyendo con una nueva incorporacion a nuestro variopinto y necesitado de recursos grupo de 2 integrantes.

El futuro que nos aguardaba era incierto pero, lo que si estaba claro, es que, si queriamos cambiar ese podrido y corrupto mundo, necesitaríamos un grupo de aliados que tuviesen nuestros mismos ideales y en los que pudiésemos confiar.
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#5
Parecía que el tigre era capaz de reconocer aún a su viejo amigo el monje, aquellos dos parecían compenetrarse de una manera superior a la que Cao había tenido con Krysser diría incluso que este estaba siendo mucho más cordial de lo que solía recordar, quizás la compañía del tal Fyodor estaba siendo indispensable para el crecimiento del propio Krysser como ser vivo, Cao hizo un gesto cordial de saludo al segundo, aunque no podía evitar fijarse en su máscara, además podía ver claramente gracias a su mejorada visión como el rojo de los ojos de Fyodor se clavaban en los dorados suyos.

Curioso cuánto menos, veo que tus objetivos se han vuelto ambiciosos amigo, pero no soy la misma persona que conociste en aquella iglesia, quiero seguir ayudando a que el mundo sea libre pero primero ansío serlo yo, he logrado reunir un grupo de aliados, de piratas y buscamos apoyarnos mutuamente en nuestro crecimiento, algo como lo que estáis haciendo vosotros por lo que me temo que no puedo unirme a vuestro grupo 

Las palabras de Cao estaban cargadas de dolor pues había aprendido que en ocasiones sí quieres hacer algo no se puede solucionar por la vía de la paz, debes mancharte las manos y el recuerdo de cierto marine aún estaba impregnado en su mente y cuerpo, dió una larga calada mientras exhalaba soltando humo sí, pero también los pensamientos negativos que le asfixiaban. 

La gente comenzó a mirar con cierta incredulidad a Cao pues hablaba con tono amable a dos humanoides extraños, quizás estaban acostumbrados a ver otro tipo de actuación de la gente noble. Pero es bueno y reconfortante ver qué has logrado obtener un aliado de un valor incalculable, quizás sí que podamos ayudarnos mutuamente en el futuro, nunca está demás tener aliados mas si me permitís el consejo, acumulad poder o tendréis que sufrir en vuestras carnes y almas perdidas que no queréis tener que afrontar Cao para no variar esgrimía las palabras con la entonación adecuada para llamar la atención y despertar interés, entonces observó a sus alrededores durante un breve segundo la mayoría en aquella isla parecían artistas marciales, quizás era un buen lugar para hacerse fuerte, entonces miró nuevamente a Krysser y vio aquellas armas, eran caras de eso estaba seguro, su ojo de comerciante no se podía engañar para estas cosas.
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#6
Krysser escuchó en silencio la breve presentación entre sus dos camaradas, mientras su cola marcaba el ritmo del momento, agitándose con un vaivén lento. Sus orejas se movieron levemente al captar los murmullos de la multitud que aún se apartaba a su paso, pero esta vez no se centró en ellos. Sus ojos felinos, dorados y profundos, se posaron primero en Fyodor, sabiendo percibir su sonrisa torcida bajo la máscara, y después en Cao, con aquel porte imperturbable que tanto recordaba de aquel día en el lejano pasado.

Sin embargo, allí se había quedado el inocente monje de su recuerdo, pues este que estaba ante él estaba lleno de una resolución mucho mayor. Lo que entonces pretendió arreglar solo con palabras hoy parecía haber aprendido que solo podía arreglarse con actos.

El tigre dejó escapar una carcajada grave, mostrando los colmillos con esa sonrisa que parecía mezclar fiereza y camaradería a partes iguales. Su cola se agitaba con calma detrás de él mientras observaba a Cao, scuchando atentamente hasta que terminó de hablar, ideando una respuesta acorde a su interlocutor.

-No necesitas navegar en el mismo barco para llegar a la misma orilla. -Trató de decirlo con naturalidad, como si fuera una verdad evidente que no requería discusión, aunque sabía que sonaba a palabras prestadas, y matizó con las suyas propias. -Ambos buscamos lo mismo. Siempre fuimos aliados.

Con un leve movimiento de cabeza, Krysser respondia así la sugerencia del monje, y en un momento dejó el asunto zanjado. No hacía falta insistir ni explicar más, estaba claro que, en la visión del mink, Cao ya era parte de esa lucha común contra las cadenas del mundo, aunque sus caminos fueran distintos.

A continuación, depositó con suavidad los grandes bultos de pescado sobre el suelo, liberando sus manos. Flexionó apenas los brazos y, con un movimiento firme, dejó que las nuevas armas que portaba brillaran a la luz del día. Eran una especie de garras de metal, un obsequio entregado por cierto individuo de un Dojo local tras sus victorias en la isla, un símbolo de su fuerza y de su resolución salvaje. Aquellos guanteletes dorados acabados en cuchillas eran claramente armas de gran valor, y Krysser había notado que la mirada del monje se había posado en ellas, sintiendo una necesidad imperiosa de presentarle sus armas a su amigo.

-Por cierto… -Murmuró en voz baja, pues se sentía algo ridículo hacer algo así, pero algo le decía que debía hacerlo. -Creo que también debería presentarte a estas dos, seguro nos ayudarán también en el futuro. Son Mika y Gege. -Señaló sus armas con la mirada, primero la izquierda y después la derecha.

Con ese gesto, el tigre no solo compartía parte de la alegría de su nuevo presente con el monje, sino que también reafirmaba la promesa tácita de que, tarde o temprano, volverían a luchar codo con codo.


Off
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#7
Los gestos, la actitud, la forma de expresarse, su forma de vestir... Todo lo que rodeaba a Cao le recordaba de forma muy vaga a su familia biológica, aunque al amigo de Krysser le faltaba ese aire de infinita superioridad y despreció por los demás que caracterizaba a los nobles mundiales que había conocido en mi corta estancia en la tierra sagrada de Mary Geoise. Siendo así, me parecía curioso como era posible que alguien de alta cuna hubiese acabado siendo amigo de Krysser, aunque yo era el vivo ejemplo de que no importaba quien fuese tu familia que el destino era caprichoso con sus decisiones.

Cao, por su parte, rechazó cortésmente nuestro sutil ofrecimiento de unirse a nuestro variopinto grupo. Por suerte, eso se debía a que, en su búsqueda de la libertad del mundo, había conseguido rodearse de un grupo de compañeros que tenían ese mismo objetivo y que se ayudaban unos a otros. Pero, pese a haber conseguido ese buen grupo, el dolor atenazaba las palabras de un Cao que, para haber madurado de esa forma en tan poco tiempo, debía haber pasado por un evento traumático lo suficientemente duro como para provocar eso.

- Tú y tus compañeros podéis contar con 4 manos y un par de alas extras cuando necesitéis ayuda. -Concluí de esa forma con aquella parte de la conversación, manteniendo el tono amistoso, mientras analizaba sus últimas palabras sabiendo en mis propias carnes que, si queríamos cambiar el mundo, necesitábamos más poder.

Después de eso, tanto Cao como Krysser empezaron a hablar de las nuevas y relucientes armas de Krysser, Mika y Gege. A mí me parecían bastante bonitas y con un diseño atractivo y funcional, pero se encontraban muy lejos de la belleza que yo podía apreciar y que llegaban a tener las armas de fuego... La complejidad de su diseño, la dificultad a la hora de dominarlas para sacarles el máximo partido, el dominio táctico que te aportaban en un campo de batalla... Eso era algo que, a no ser que fueses un enamorado de ese tipo de armas como era mi caso, era casi imposible que pudieses llegar a apreciar.
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#8
Ambos habían decidido mostrar una sincronía en decisión pues con total tranquilidad y certeza afirmaron que en caso de un problema severo ambos ayudarían al grupo de los monjes a enfrentar cualquier tipo de adversidad , en cierto modo era tranquilizador saber qué se iban formando ciertas alianzas pues aquel mundo que habitaban era tan hostil que no tenía piedad con aquellos que decidían caminar por senderos distintos a los que los grandes peces querían. 

Son absolutamente impresionantes... No entiendo de forjado pero si algo tengo claro es cuando salgo es caro y de valor y estoy lo es. Mencionaría Cao ante las armas que ahora le mostraba su conocido Krysser, el trabajo de las mismas era tan fino que no podía ni imaginar el forjado de las mismas, este la había puesto nombre supongo que era costumbre de los guerreros que portaban armas hacer algo como eso, Cao le daría una última calada a la pipa dispuesto a hacer lo mismo y mostrarle su poder desde que nos conocimos yo también he tenido algunos cambios en mi, no son armas pero ... Tomó su pipa y la presionó contra su frente mientras está empezaba a formar fango y comenzó a introducirse dentro de él guardando la misma dentro de sí como solía hacer habitualmente, entonces sacudiría sus manos y sonreiría Es difícil de explicar o entender pero ahora soy una especie de hombre pantano , y es todo un gusto veros y saber que seremos futuros aliados pero tengo mucho que hacer en esta isla llegué hace relativamente poco, así que cuídense mis queridos y extraños amigos. Exhaló el humo de su última calada y les tocó los brazos a ambos como despedida pasando por el medio de los mismos, habría tocado sus hombros pero ambos eran sustancialmente más grande que el, se fue caminando con la tranquilidad que siempre le acompañaba.
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#9
Krysser observó en silencio la extraña demostración del monje, aquel fango vivo que parecía formar parte de su cuerpo, actuando casi como una extensión natural. 

Era algo verdaderamente fascinante. ¿Qué más cosas podían atravesar su cuerpo sin dañarlo? ¿Cómo podía estar hablando mientras algo atravesaba su cabeza? ¿Era inmortal? Dudas demasiado complejas para Krysser, cuyos ojos dorados se entrecerraron, no con desconfianza, sino con la misma curiosidad que sentiría un tigre al encontrarse con un depredador de otra selva. 

Cuando Cao terminó su despedida, el mink se repuso del shock inicial, e inclinó levemente la cabeza, devolviendo aquel gesto como despedida.

-Nos volveremos a ver, Cao. -Dijo con absoluta seguridad y una voz grave, mientras la resonancia de sus palabras se imponía incluso sobre el bullicio del mercado. 

Sus ojos siguieron al monje hasta que se perdió entre la multitud, y el aroma a melocotón y del humo de su pipa iban disipándose poco a poco en el aire salino. Entonces, soltó un leve gruñido que parecía una mezcla de nostalgia y aprobación, y recogió de nuevo los bultos de pescado.

-Es un buen hombre. -Comentó hacia Fyodor, aunque más bien lo dijo para sí mismo, como quien confirma en voz alta un pensamiento interno. Caminó un par de pasos y, tras un silencio breve, añadió con un tono más serio. -Por cierto, Fyodor. Si algún día me sucede algo… Mika y Gege serán tuyas. No para usarlas, no parecen ser de tu estilo. Sino para entregarlas a alguien que tú consideres digno. No quiero que se oxiden sin propósito.

El tigre mantuvo la mirada fija en su compañero, esperando que comprendiera el peso de sus palabras. No eran simples armas, ahora eran una parte de él. Confiárselas a Fyodor era darle un fragmento de su propio ser, un legado de su alma.

Finalmente, la seriedad se disipó con un bufido casi divertido, y señaló con el mentón hacia la salida de la lonja.

-Ahora, lo que necesitamos es irnos de esta maldita isla. -Por más que el lugar fuera tranquilo y sus gentes apacibles y entusiasmadas, llevaba demasiado tiempo allí, y sus ansias de aventura empezaban a poder con él. -Busquemos un puerto desde el que zarpar con los botes. Ah, pero antes de eso, tenemos que comprar ese par de Den Den Mushi que me dijiste hace tiempo... -Sus colmillos brillaron en una sonrisa breve al recordar el consejo del lunarian de hacía varias semanas. Nunca estaba de más poder comunicarse, sobre todo, si sus caminos eran separados.

Con paso firme, empezó a abrirse camino entre la multitud, marcando el rumbo hacia la próxima etapa de su viaje. La alianza tácita con Cao quedaba atrás, y por delante aguardaba el incierto mar.
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