Amores de Mercado - Priv. Sayuri (doña Salchi) (pasado)
#1
Mucho antes de que Jensen Valentine fuera un pirata era una persona normal, viviendo una vida normal en una isla tan normal como Baterilla. En esta pequeña isla tenía un amigo, el viejo Hank quien a veces le pedía ayuda con pequeños trabajitos aquí y allá, no todos eran legales, pero si todos daban una buena recompensa monetaria para poder sobrevivir tranquilamente.
 
Aquella mañana estaba en su lugar favorito de toda la isla, el faro del pueblo que ayudaba a marineros perdidos entre la neblina a encontrar su camino hasta el puerto. Jensen, vestido de negro bajo su gran capucha roja, pensaba que ser un maestro farolero no estaría tan mal para ganarse la vida.
 
Entre esas cavilaciones se encontraba el de la capucha roja cuando el viejo Hank llego con un carromato tirado por caballos. –Tengo trabajo para ti, necesito que vayas al mercado – dijo el viejo Hank abriendo la puerta del carromato. Dentro había sacos de papas, lechugas, tomates y manzanas. Naranjas, pomelos y repollo. Zanahorias, coles de Bruselas y limones. Básicamente todo lo necesario para hacer a un vegetariano muy feliz.
 
-Doña Gertrudis espera sus verduras para vender en su puesto en el mercado local, debes quedarte hasta que venda todo y te de la mitad de la paga, luego tu vuelves aquí y nos dividimos el dinero. Lo haría yo, pero me duele la espalda, tu sabes por la edad.
 
Jensen resoplo, cada vez que el viejo Hank debía hacer algo aburrido culpaba a achaques de la edad, pero para estar montando a caballo o bailando y perreando hasta el menos dos no se quejaba, convenientemente en esas ocasiones sus achaques de la edad se le olvidaban. El pelinegro partió en el carromato rumbo al mercado a entregar las frutas, y como la señora Gertrudis tenía sus años le toco cargar todo hasta su puestito en el mercado. En eso estaba cuando dejó caer una bolsa de patatas al ver la figura de una mujer hermosa.
 
Su piel era oscura como la noche mientras que su cabello era claro como la luz del faro en medio de una tormenta. Tenía alas y la cara más hermosa que Jensen hubiera visto en su vida, el de la capucha roja se acercó a ella mientras se frotaba las manos, su tic de cuando estaba nervioso, y se presentó. –Discúlpeme señorita, pero es usted la mujer más guapa que había visto en mi vida, mi nombre es Jensen Valentine, es un gusto conocerla.
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#2
Recuerdo aquel día en el mercado de Baquella con una claridad que no sorprende a nadie que me conozca. Después de todo, tengo una memoria perfecta, y sería imposible olvidar un momento como ese, yo no suelo frecuentar el mercado, me aburre la rutina de las compras, los gritos de los vendedores y el olor mezclado de pescado y verduras frescas. Pero Blue, mi guacamayo, insistía con chillidos insoportables, quería frutas frescas y, aunque jamás lo admitiría en voz alta, soy incapaz de negarle algo, así que allí estaba yo, entre sacos de naranjas y manzanas, soportando el bullicio del pueblo solo por mi compañero emplumado.

Me abría paso con la misma seguridad con la que siempre camino, dejando que mis alas negras llamaran la atención de los distraídos, era imposible que no me miraran, y en el fondo me encantaba. Estaba muy interesada en escoger unas frutas cuando lo noté, un chico vestido completamente de negro, oculto bajo una capucha roja demasiado llamativa como para pasar inadvertido, no era un pescador, eso estaba claro y se movía torpemente, cargando sacos de verduras como si fueran un peso mayor al que estaba acostumbrado, y en el momento en que nuestros ojos se cruzaron, dejó caer una bolsa de patatas.

Lo admito, yo sonreí y no porque me pareciera extraño que se quedara embobado, sino porque me confirmaba lo obvio, yo siempre tuve ese efecto en los demás, entonces el chico aparentemente valiente se acercó, frotándose las manos nervioso, y me soltó la frase más directa que podía haber elegido. 

Por un segundo pensé en dejarlo temblando sin siquiera responderle, pero mi ego siempre disfruta de estas oportunidades, entonces me giré hacia él, dejando que mi cabello suelto bailara con el viento y que mis alas se extendieran lo justo para captar toda su atención.

—Lo sé — dije con una sonrisa arrogante — No hacía falta que lo confirmaras, pero me gusta escucharlo. —

Blue graznó en mi hombro como si estuviera de acuerdo conmigo. El chico, Jensen, tenía valor para hablarme así, aunque se notaba en cada movimiento que no estaba acostumbrado a enfrentarse a alguien como yo, le sostuve la mirada, afilada y calculadora, y continue.

—Soy Sayuri Dango. Recuérdalo, porque seria una pena que olvides un rostro tan hermoso como el mio, y dime, Jensen ¿sueltas cumplidos a todas o solo a las que sabes que están fuera de tu alcance? —

Lo observé en silencio unos segundos más, disfrutando de la incomodidad que provocaban mis palabras. Recuerdo perfectamente que aún no era parte de la Marina, pero ya tenía claro que estaba destinada a algo mucho más grande que un mercado lleno de verduras y sin embargo, Jensen había conseguido algo curioso, hacerme detener el paso, aunque fuera un instante, en un lugar que normalmente me resultaba insoportable.

Quizá porque, entre todas esas voces, por primera vez escuché una que no me sonó tan común.
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#3
Jensen Valentine miro a la mujer color ébano sin saber si hablaba en serio o estaba bromeando. El de los negros cabellos suspiro mirándola fijamente. -Creo que cuando volaba con esas alas tan bonitas suyas se le quedo el ego en alguna parte del cielo, porque, aunque sea increíblemente bella se ve que también es bastante creída – dijo el de la capucha roja mirándola con una sonrisa de autosuficiencia. Era cierto que era la mujer más hermosa que había visto en mucho tiempo, pero eso no significaba que estuviera fuera de su alcance, después de todo él también era hermoso.
 
- ¿Ese es un guacamayo? Me gustan los guacamayos, tengo algo para ti pequeño – dijo volviendo a donde estaban los sacos con frutas y verduras y deteniéndose en el de manzanas. Las estudio por unos segundos y luego escogió la que mejor se veía devolviéndose hasta la chica de piel morena. –Esto es para ti, espero que te guste – dijo dandole la manzana a la chica, pero observando al ave. – En cuanto a usted señorita, tengo trabajo que hacer, pero me desocupare en un rato. Sé que piensa que este humilde servidor es solo alguien común y silvestre, pero podría sorprenderla, tal vez soy lo mejor que le podría pasar en la vida y usted no lo sabe aún… Si decide que quiere averiguarlo por si misma nos vemos en un rato – dijo Jensen con confianza devolviéndose a donde estaban los sacos de frutas y verduras los cuales cargo hasta el local de doña Gertrudis.
 
Cuando termino sus tareas miro hacia el mercado, la mujer seguía ahí lo cual le dio buena espina. Jensen puso su mejor cara seductora y se volteo hacia doña Gertrudis. –Mi bella dama, en vista que ya he acabado mis quehaceres por el momento ¿le molestaría si voy a dar una vuelta? – dijo con carisma a la anciana quien le sonrió y asintió con la cabeza. Jensen soltó una risita mientras se acercaba a la chica calculando que debía tener al menos unas cuantas horas para poder conquistarla o morir en el intento.
 
– ¿Le gusto la manzana a nuestro amiguito guacamayo? – pregunto saliendo sorpresivamente de su espalda, con una sonrisa y portando una flor, un girasol para ser más específicos. –Esto es para usted, es una flor bonita para una mujer igualmente bonita.
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#4
Nunca me habían dicho algo tan descarado en el mercado de Baquella. Normalmente bastaba con desplegar mis alas o sonreír de lado para que cualquiera bajara la mirada, intimidado. Pero este tal Jensen Valentine no. Él me devolvió la mirada con una autosuficiencia que me sorprendió, y hasta se atrevió a insinuar que yo era “creída”. Lo dijo con una sonrisa tan confiada que por un segundo me hizo dudar si estaba bromeando o si en verdad pensaba que podía estar a mi altura.
 
Levanté una ceja y solté una risa breve, esa que siempre uso cuando quiero dejar en claro que alguien me divierte, pero que sigo teniendo la ventaja. —No confundas seguridad con ego, Jensen —respondí —Si me ves así es porque sé exactamente quién soy y de lo que soy capaz, tú apenas estás intentando convencerme de lo mismo. —
 
Mientras decía eso, Blue movía sus alas inquieto sobre mi hombro, observando con atención al chico de la capucha roja, fue entonces cuando Jensen tomó una manzana de entre los sacos y me la tendió, aunque su atención estaba puesta en mi compañero emplumado. El gesto me desconcertó un instante, nadie solía fijarse primero en Blue; la mayoría lo veía como un simple adorno, pero Jensen no, eso, admito, sumó puntos a su favor.
 
Blue aceptó la fruta con un graznido satisfecho, y yo lo observé con los brazos cruzados, tratando de mantener mi fachada de superioridad intacta. —Cuidado, Jensen —dije con tono burlón —Si sigues consintiendo a mi guacamayo, terminarás conquistándolo a él antes que a mí. — El chico habló de sorprenderme, de que tal vez era lo mejor que podría pasarme en la vida. ¡Qué audacia! Yo, que siempre me había creído fuera del alcance de cualquiera, me encontré sonriendo sin querer, no era una sonrisa de rendición, claro, sino de intriga. ¿Quién demonios era este muchacho que se atrevía a lanzarme frases así, sin miedo a quedar en ridículo?
 
Me giré, fingiendo que no me importaba demasiado, pero en el fondo estaba esperando a ver si regresaba y, por supuesto, lo hizo, cuando reapareció, lo hizo de forma sorpresiva, justo a mi espalda, con una flor en la mano, un girasol. Me la ofreció con esa misma sonrisa confiada, diciendo que era “una flor bonita para una mujer igualmente bonita”. Tomé el girasol entre mis dedos y lo giré lentamente, dejando que el tallo descansara contra mi palma.

—Tienes agallas, Jensen Valentine —admití, mirándolo fijamente con mis ojos oscuros —Muchos se achican antes de intentarlo, pero tú no. Eso me gusta. Aunque no te confundas, no significa que ya hayas ganado. — Sonreí de lado y acaricié el pico de Blue, que seguía disfrutando de su manzana, en el fondo sabía que este chico tenía algo diferente y aunque jamás lo admitiría en voz alta, una parte de mí ya estaba ansiosa por ver hasta dónde se atrevía a llegar.
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