[Pasado] Libertad o Muerte [María & Helena]
#1
“Algo no me huele bien, Helena”
“Uh… Yo no fui. Al menos no esta vez”
“¿Que? Oh, no, no ese tipo de olor- Y… Um ¿Oye? ¿Dónde esta tu ropa?”
“No empieces, hace mucho calor. Aparte no es la primera vez que me has visto en ropa interior, y ¿La verdad? Dudo que sea la ultima”

Ambos lobos estaban sobre una colina, pecho tierra, observando a distancia segura una especie de cajas que eran arrastradas por el lugar por unos asnos. Las cajas mismas tenían hoyos, pero sumamente chicos, hechos nada más para que lo que estaba dentro pudiera respirar.

Seguramente eso era lo que le preocupaba a Paavo, que algo o alguien se encontraban dentro. Si eran solamente animales, pues… Que tristeza, claro, pero no se puede hacer mucho al respecto.
Pero ¿Si eran personas? Eso si estaba muy mal

“Calma, Pavito. Conozco esa mirada, no puedes hacer nada al respecto. Ve bien cómo las llevan. Hay mucha gente alrededor, sea lo que sea que este dentro, es valioso- Ay no, tampoco me veas con esa mirada de perro afligido” Helena miró hacía otra parte, para evitar ver la cara patética que su compañero lobo estaba haciendo, pero eso no le sirvió tampoco. “Mira tengo un plan, pero no podemos hacer nada de día. Hay que seguirlos de cerca, y esperar a la noche. Seguramente podamos abrir las cajas para entonces”

“Gracias, Helena. En serio” la cara de Paavo cambio a una más esperanzadora “Por cierto… ¿Vas a estar en ropa interior todo el tiempo?"
“Sigue preguntando, y también me la quitó para quedar completamente desnuda”

Paavo no respondió, simplemente se sonrojó, pero no le quedó de otra más que suspirar
#2
Narrador / María Merlot

………………………….

¿Alrededor de dos años atrás?
Si, lejano en el tiempo.
¿Qué sucedió?
Conoció a un par de peluches.

El espacio era reducido, la luz del exterior apenas penetraba por los pequeños agujeros por los cuales también debía pasar el aire. Nunca había odiado los espacios reducidos pero si continuaba dentro de esa caja empezaría a hacerlo.

¿Cómo había terminado dentro de una caja?

Una respuesta muy sencilla, el barco dónde había estado viajando resultó atacado por un grupo de piratas. Las escenas son borrosas en su cabeza, fuego, sangre, gritos y saqueos. Ella fue hecha rehén, luego de varios meses siendo parte de algo… o como mínimo siendo tratada como una humana, se había acabado y con mucha sangre. Extrañaría a aquellos asquerosos piratas, eran repugnantes pero corazones decentes, nunca la habían tocado de manera indebida, la alimentaban y daban un techo sobre su cabeza. ¿A cambio de qué? De traerles información de los muelles, dónde había desarrollado la habilidad de cotilla, el chisme entretenía bastante.

¿Lado positivo?
Estaba viva, estaba sin heridas.
¿Lado no tan positivo?
La querían vender en una subasta.

— ¿Oigan? ¿Oigan? ¿Falta mucho? Tengo sed, tengo hambre, me están dando calambres. ¡Es el peor trato que he recibido jamás! No deberían tratarnos así, Asnos. Somos personas, o casi personas, privadas de libertad contra nuestra voluntad pero personas al final del día… Déjenos salir, miren que bonito se ve este pradito… inhumanos — grito la chica colocando su boca en uno de los orificios, al principio le habían hecho caso pero luego empezaron a ignorar sus divagaciones.

Cuando al fin las carretas pararon, todo pareció animarse. Habían sonidos ir y venir. Voces sobre voces, llantos y gritos, golpes, los sonidos formaban una sinfonía de terror. María ya estaba acostumbrada a tales escenarios, además siempre salía bien parada, tenía suerte y esta vez no sería distinto, su optimismo por delante.

— Hagan el campamento aquí, mañana al amanecer partiremos de nuevo. Cuidado con la mercancía — ordenó una voz masculina. Lo poco que la fémina podía ver por los orificios eran un par de carretas, máximo 5 cajas, pocos maleantes, si eran 10 exageraba. Si solo pudiera salir de la caja, intentaría huir… aunque, seguro intentaría antes ayudar a los otros rehenes, porque horas antes había escuchado una vocecita

— Mamá, dónde estás, mamá — entre lloriqueos infantiles una vocecita llegó hasta ella. No podía huir sola. Estos brutos… ¿qué prentendian con personas tan jóvenes? No lo sabía pero tampoco iba a descubrirlo. Algo se le ocurriría para crear caos y escapar con los demás rehenes, solo debía pensar y esperar la oportunidad, y tenía que ser ahora que la noche había caído porque de día sería más difícil…

Solo necesitaba un poco de suerte…
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
#3
Helena no era conocida por su paciencia, pero de alguna manera fue capaz de esperar hasta el ocaso para poner su plan en acción.
Ella y Paavo ya habían discutido que hacer. Ya sabían bien cuantos malhechores existían, eran alrededor de tres o cuatro, los suficientes para que Helena se encargará de ellos ella sola. Paavo seguramente también podía pelear, pero no tenía ni arma ni pinta de ser guerrero, por lo que Helena le pidió que se quedará atrás.

“Claro que no, estamos juntos en esto”
“Bien, pero habrá un cambio de plan entonces. Intentaremos ser sigilosos, asi que quitate la ropa para no hacer ningun ruido”
“Esta bien, no haré ruido y-… Espera ¿Qué fue eso último que d-dijiste?”

La mujer lobo le regresó una sonrisa juguetona “Ya oíste, si quieres acompañarme, vas a tener que sacarte el pilín. Ya sabes, para no hacer ruido”

Paavo no se movió de momento, solamente observaba a Helena con cara de pena y sonrojado. No pasaron muchos segundos antes de que Helena riera “Eso creí. Así que se un niño lindo, y mejor te quedas aquí, vigilando en caso de que algo pase”
Ya estaba ella a punto de irse cuando tuvo una tremenda idea, definitivamente no una buena idea, pero usó sus neuronas “¿Sabes? Tengo una mejor idea, solamente para hacer más emocionante la cosa” no le dio tiempo a Paavo de responder, cuando la mujer, muy sinvergüenza, se quitó toda la ropa. Enseñando su trasero a su compañero a proposito mientras se bajaba su última prenda interior.

De inmediato, el hombre se tapó los ojos y se giró. Dio un gemido patético casi silencioso.

Con mucha risa, “Aww, eres adorable. Eres mayor que yo, y te da pena ver un cuerpo desnudo” Helena tomó su mandoble, lista para salir en su misión de abrir esas cajas, a estilo comando “Observame bien desde aquí, y avísame si algo pasa”

Sin más, ahora que los malvados estaban durmiendo, se acercó a la primera caja que vio, intentando ver cómo abrirla. Había poca luz, por lo que no se distinguía muy bien lo que ella hacía aunque la vieran ¿Qué era esto? ¿Un candado, o solamente una cadena? No veía bien ella tampoco.

El problema fue cuando al intentar descifrar lo que tocaba con sus manos, dejó caer una pieza metálica, haciendo el suficiente ruido cómo para alertar a uno de los que vigilaba

“Ups...”
#4
Narrador / María Merlot

……………………………………………………

¿Cuál era el plan?
Sencillo, crear caos y escapar.
¿Cómo lo haría?
Aún estaba pensándolo.

Con la caída de la noche, el ajetreo anterior pareció calmarse. Podía oler madera quemándose (una fogata), también comida (carne) lo que le revolvió el estómago. Estaba hambrienta pero nunca comería (en plena facultad de su mente) carne de ningún tipo, claro tampoco se la estaban ofreciendo pero no era el punto del asunto, ella era vegana. Si pudiera pedir algo, sería agua, estaba sedienta y eso nunca le había gustado.

Por los agujeros vio pasar más hombres. ¿Eran los mismos? ¿Distinta ropa? No lo sabía… ¿Estaría contando dos veces a los malhechores? No tenía buena visión dentro de la caja pero sea lo que sea, lo descubrirá cuando lograra salir de ahí, y en función de ese estudio de campo rápido desarrollaría alguna estrategia que le permitiría huir con los demás rehenes. Igual, siempre tendría el twerking de arma secreta.

— Oye… tu… si tu… señor… amable señor… — llamó a uno de los brutos cuando pasó cerca de su caja, su voz melosa e inofensiva la acompañó. — ¡Agua, por favor! Mi garganta es un desierto y mi cuerpo es un cactus que está a punto de convertirse en arena. Si no me das un sorbito, mi futuro es ser un pez deshidratado.… — le pidió con su característica alegria melodramática —… hasta los malvados más malvados  de la historia del mundo le han dado agua a sus víctimas, está en su código de deshonor escrito, resguardo en la isla más septentrional del planeta… quizás por eso no lo sepas pero yo sí lo sé porque me lo contó alguien que sí lo sabía — le susurro como si le contará un secreto.

— ¿Estás loca? Tendremos que amordazarte para que tu valor no baje ante el comprador al pensar que tienes defectuoso el cerebro — dijo el hombre luego de un suspiro, se alejó.

— Me volveré loca si no me das agua, malvado cara de asno… espero que el mar se trague tus entrañas y luego te vomite hacia la tierra dónde los carroñeros te coman y te vomiten también, es más, que todo el ciclo de tu nueva vida sea ser engullido y vomitado… — le maldijo, no sabía si algún día una de sus maldiciones se haría realidad pero valía la pena intentarlo.

La noche siguió avanzando,  y no quedaba mucho por hacer, imposible salir de la caja sin ayuda externa. Plan B, esperar a llegar a dónde sea que los llevaran para intentar la huida. Claro, la mujer no contaba que cuando todo el campamento quedó en silencio… algo se acercó a su caja… sea lo que sea que estaba ahí afuera... estaba manoseando la caja como si sus ojos estuvieran en sus manos. Por uno de los agujeros la peliceleste vio… vio… ¿Unas garras? ¿Pelo? La garra movió la cadena, un leve sonido metálico resonó… nada para despertar a nadie…

Era el momento.
Como decía el dicho: Mejor bueno por conocer que malo conocido… ¿no?

Pero antes de que María lograra pedirle ayuda a lo que fuera que estuviera tanteando su caja, un sonido aún más fuerte resonó, esta vez tan ensordecedor que sería imposible no escucharlo.

“Ups…”

Una voz, una voz claramente femenina… ¡Es ahora o nunca! —  Ayudame, ayudame… sacame rápido, hay que salir de aquí antes que vengan… rompe la cadena, rompe la caja, lo que sea, haz algo… escuche a unos niños, si quieres dejame pero salvalos a ellos… sea lo que seas ayúdanos, por favor, son tan joveneves... así el Dios del Mar llenara de bendiciones tu camino — le indico a la bestia que estaba afuera, esperaba que por lo menos… salvará a los más pequeños, después de todo, ella ya estaba acostumbrada, siempre sobreviviría…

CAOS

— ¿Qué fue eso? — se escuchó a lo lejos.

— Rápido, revisen la zona — dijo otra voz.

— Viene de allá — hablo otro hombre señalando las cajas.

— MIERDA..., son m-miink — su voz sonó atenuada y llena de algo de temor.

— Busquen las armas. Capturenlos, vivos o muertos... de cualquier forma pagaran bien por ellos — ordenó el que claramente estaba al mando…
Karma Fanático: Hyakinthos. 
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#5
La verdad era que se esperaba que un animal estuviera dentro, no que eso dejara de ser malo, pero al momento en que escuchó la voz de un ser racional viniendo de dentro de la caja, Helena se tensó mucho. Su pelaje se erizó, y gruñó sumamente molesta. Lo que más le cabreaba era que eran hombres inútiles quien habían capturado a la mujer que se encontraba dentro.

“¡Romperé la caja, hazte hacía atrás y cúbrete!” la caja no era muy grande, y desconocía la apariencia de las niña atrapada, pero no tenía muchas opciones. Tenía que sacarla de ahí, y rápido.

El sigilo no era lo suyo a final de cuentas, así que el plan original obviamente quedaba descartado. Tomó su mandoble, lo alzó, y con un gritó llenó de furia, lo dejó caer violentamente hacía la prisión de madera.
La caja quedó con una abertura amplia cómo para que la persona dentro de ella pudiera salir. Solamente tendría que evitar las cadenas de metal, las cuales obviamente Helena fue incapaz de romper con el poder que tenía. “Tengo una mejor idea, que tal si nosotros nos convertimos en las bendiciones de otros ¿Puedes pelear? Liberemos a los demás”[/b] le ofreció su mano para que ella saliera.

Para entonces, los hombres ya los habían rodeado. En cuanto a sus armas, parecían ser de lo más común. Un bate de beisbol de madera, una espada con poco filo, y un arco mal cuidado.
Dicen que el tamaño no importa, pero si se veían sumamente frágiles a comparación de la espada gigante de Helena.

“¿Saben? Me encanta pelear, pero creo que esta vez es personal. Les partiré el culo de tal manera que no podrán volver a ejercerla de esclavistas” Helena se veía aún más grande de lo que era por el pelaje erizado. Esa furia sin embargo, fue contenida de momento, cuando la joven Mink lobo volteó a ver a la pelizazul “Yo me encargó de estos tíos, tú libera a tu gente ¿Vale?” tenía una sonrisa tierna, digna de un corazón caliente- Digo, valiente.

Obviamente ese plan no les gustó a los malhechores, pues dos se abalanzaron contra de Helena di inmediato.
Ella, tomando nuevamente su estancia de pelea, comenzó a pelear también.
El del bate de beisbol era demasiado lento y obvio con sus movimientos, por lo que ella simplemente esquivó su ataque, y con el pomo de su espada le dio en el esternón, noqueandolo de inmediato.

El de la espada vieja parecía un poco más problemático, siendo una arma de filo debía de mantener la distancia. Esquivó la primera vez, para medir la habilidad del espadachín, pero al darse cuenta que solamente hacía cortes aleatorios, era obvio que no tenía mucha experiencia en combate. Espero a que él atacara de nuevo con su espada, solamente para desviar el ataque, y desarmar al enemigo al chocar armas.
La muñeca del enemigo sufrió daños, no iba a poder empuñar su arma durante unos días. Helena aprovecho el aturdimiento del oponente, y le dio un tremendo golpe con la parte lisa de su espada en el cráneo. Dejando al pobre viendo estrellas y cayendo al suelo.
En el amor y la guerra todo es valido, o eso dicen. Usar un arma de filo cómo una contundente era apropiado para Helena.

“Y así es cómo lo hacemos en esta zona” cantó victoria, mientras veía el progreso de la pelizaul.

Una muy mala decisión, pues se olvidó que aún quedaba un enemigo, y ¿Lo peor? Poseía un arma a distancia. Helena fue incapaz de escuchar cómo la flecha se estiraba en el arco del malvado.
#6
Narrador / María Merlot

…………………………………………..

Hay que arriesgarse.
Y no podía ser peor que la situación actual.
 ¿Cierto?
Después de todo, estaba dentro de una caja.

La posición ya era incómoda la verdad, quería estirar sus piernas, tronar todos sus huesos. Sería una de las primeras cosas que haría cuando dejara ese cubo de madera. Si tenía suerte, la bestia en el exterior la ayudaría… o como mínimo, a los niños de las otras cajas. La voz de alarma ya habia sido dada, hasta ella misma la escucho.

“¡Romperé la caja, hazte hacía atrás y cúbrete!”

Su afirmación la hizo sonreír. ¡Saldría de ahí pronto! Así que siguió las instrucciones de su heroína, porque era una voz de mujer, y se arrimo lo más que pudo al lado contrario de dónde provenía la orden… aunque la verdad sea dicha, no se pudo mover mucho; era un espacio muy reducido. Un grito, o más bien un rugido, después, un golpe brutal rompió parte de la caja lanzando astillas aquí y allá, que bueno que antes se había cubierto. No había roto las cadenas, había destrozado parte de la prisión de pino… ¿Qué tan fuerte tenía que ser la bestia para lograrlo? Estaba a punto de descubrirlo.

“Tengo una mejor idea, que tal si nosotros nos convertimos en las bendiciones de otros ¿Puedes pelear? Liberemos a los demás”

Fue la voz que la recibió cuando tomó su mano (pata) fuera de la pequeña prisión, cuando sus ojos se encontraron con su salvadora… una mink. Tan peluda como alta, majestuosa como poco sigilosa, con ojos café y cuerpo atlético. Si no fuera porque fue quien la sacó de la caja, ella regresaría obedientemente a la misma, un zarpazo de sus garras y terminaría en varios pedazos. Fue entonces cuando una sonrisa se dibujo en los labios de María, ella no estaba sola, pudo ver a uno de color marron más allá… — ¿Bendiciones de otros? Me parece una idea tan arriesgada como imprudente y me fascina. No sé pelear pero no saber cosas nunca me ha impedido intentarlo y más cuando esos asquerosos esclavistas hijos de la tierra merecen que pateen sus pepinos de mar — le respondió con optimismo y alegría levantándose en sus 1,70 cm, y aun así se veía pequeña ante la blanca mink.

Los tres hombres de antes la tenían rodeadas… así que ella solo agarró un pedazo de caja rota que podía pasar como un chuzo. Al pasear sus ojos por el improvisado campamento, vio tres cajas más como la suya, una fogata… y muy pocos hombres, claro que podrían lograrlo, ganarles… y sino, siempre podía usar el twerking.  Claro, con el tamaño de los mink y la enorme espada de la salvadora peludita, quizás ni siquiera necesitarían que María calentara sus caderas.

“¿Saben? Me encanta pelear, pero creo que esta vez es personal. Les partiré el culo de tal manera que no podrán volver a ejercerla de esclavistas. Yo me encargó de estos tíos, tú libera a tu gente ¿Vale?”

Sus palabras tan poderosas como su estampa la hicieron sonreír. Y hubiera reído a carcajadas si el tono de la Mink no fuera de ira pura. ¡JA! Ellos se lo habían buscado, e iban a averiguar que es estar del lado débil de la ecuación. Sujetando con ambas manos el chuzo de madera, la peliceleste estaba lista para apoyar a la loba pero cuando volteo y giro otras instrucciones con la sonrisa más lobuna que había visto antes (literal), y calidez en cada sílaba… quiso hacerle piojitos en su cabecita y rascar su pancita como con un cachorrito… pero eso sería suicida… y también sería algo que haría si salían vivas de ahí — Liberar a la gente, si… yo me encargo. Y ustedes, ustedes gusanos de tierra, viles excretas de humanos espero que nunca encuentren un baño cuando tengan dolor de estómago, o mucho peor que no tenga agua o papel… — les maldijo apuntandolos con su chuzo sin miedo, porque quien tenga miedo a morir que no nazca.

María se iba a ir a sacar a los rehenes pero había un detalle, sin las llaves no podía abrir los candados. Así que luego de dar dos pasos se detuvo, si lograba obtener una de las armas de los esclavistas, sería más fácil romper las cajas. Fue entonces cuando vio la danza de guerra de La Peluche… y también vio como se los comía, de forma figurativa, aunque de manera literal… posiblemente también podría. Dos estaban en el suelo, pero también había uno más allá, el que tenía el arma a distancia: Un Arco.

No, no… no.
Si ella caía estaban condenados.

A grandes males, grandes soluciones… y la verdad, ella era inútil, así que lo único que podía hacer era proteger a la Salvadora… con su cuerpo, y justo hizo eso cuando lo vio tensar el arco y disparar la flecha… Corrió y se interpuso entre la Mink y el fatal destino — Augh — farfulló con dolor, se había clavado en su brazo derecho la flecha. La sangre empezó a salir, tan roja sobre su piel de porcelana — … rápido… antes de que cargue de nuevo… — la instó mirandola a sus preciosos ojos café en el segundo después del impacto mientras sujetaba el brazo con miedo de sacar la flecha. Dolía, y dolía muchísimo.

Las piernas de María cedieron, el sudor empezaba a empapar su frente, y el dolor a nublar su mente. Era una herida en el brazo, cierto, pero ella siempre era tratada como una muñeca, no estaba acostumbrada a esos umbrales de dolor, no tan… profundos en su piel. También estaba el hecho de que tenía días sin comer ni beber agua. ¿Acaso moriría sin tomar agua otra vez? Eso sí lo lamentaría y mucho. Terminó acostada en el suelo, sujetando su brazo, ajena a lo que sucedía alrededor, mirando el cielo estrellado, tan hermoso y distante como siempre… entonces, solo pudo empezar a cantar, con su suave voz de sirena llena de un matiz doloroso…

Tal vez estés a mil millones de años luz
Tal vez te has ido, tal vez ya ni existas tu
Pero a lo lejos veo tu destello azul
Que va atrasado en el tiempo
Muestra un pasado más bello.
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
#7
“Bueno, si no fuera arriesgado ni loco, supongo que no sería divertido tampoco” vaya, pero parecía que habían hecho click de inmediato las dos mujeres. Helena le regresaba con cariño la sonrisa dentona. Si, daba miedo un poco que enseñara esos dientes filosos, pero por suerte la pequeña peliazul sabría que la Mink frente a ella era un peluche andante- Bueno, con excepción de que a diferencia de un juguete felpudo, Helena era anatómicamente correcta, estando sin prenda alguna frente a María. Según esto porque quería ser sigilosa en sus acciones, pero esa idea se había esfumado rápidamente.

“¡Esa es la actitud! Gente cómo ellos ni merecen ser llamados hombres” al menos Helena creía que ese era el eufemismo que María usaba de momento “Si sus pepinos no son amistosos, que caso tiene que los tengan” cómo siempre, haciendo comentarios de subida de tono… “Si salimos vivas, te presentaré a mi mejor amigo Paavo. Es un buen chico, y me imagino que su ‘pepino’ también ha de ser bonito y amistoso” basta Helena…

“Tú lo has dicho, hermana” el insulto de que les diera chorro y no encontraran ni baño ni papel se le hizo bastante apto. “Te encargó a los demás, recuerda que ahora vamos a ser las heroínas de tu gente” ahora hacía obvio que ser llamada una ‘santa’ le había agradado mucho, pues era lo que ahora llamaba a María también.

Pero bueno, cómo siempre, los hombres decepcionan, y al final quedó sola Helena de pie. O al menos eso creía, pues en el combate se le olvidó cuantos oponentes tenía realmente.

“¡Cuidado!” Ah, pero era la voz de su compañero, Paavo, quien gritaba desde lejos, pero Helena no podía descifrar a que se refería. Ya había vencido a todos los enemigos ¿De qué había que cuidarse? Ja, Paavo seguramente exageraba, cómo siempre...

¿N-no?

Fue entonces cuando sintió cómo todo se puso en cámara lenta. Vio a María cambiar su expresión neutral a una de horror, y no fue capaz de entender que es lo que pasaba hasta que fue muy tarde.
Era raro ver a Helena con otra cara que no fuera una mueca feliz, pero esta vez, hasta el mismo color pareció que le desapareció.

“¡NO! ¡NO, NO!” gritó, de manera desgarradora, cómo si la flecha le hubiera dado a ella. Cómo era que alguien se atrevía a dañar a una mujer tan bonita cómo María. Se acababan de conocer, pero sentía que le habían arrebatado a una persona muy importante de toda su vida.

No había tiempo que perder, intentó atrapar a María mientras caía al suelo, pero ni la misma adrenalina que sintió al ver tanto rojo sobre ella fue suficiente para que la alcanzará. Sin importarle mucho lo demás, la tomó cuidadosamente entre sus brazos “¿Por qué hiciste eso?” si apenas y se conocían, ¿Por qué se sacrificaría por ella de esa manera?
Tenía ganas de llorar y seguir gritando, pero pronto se dio cuenta de que el enemigo ya había recargado, el miedo que María tenía.

“¡Atrévete, canalla!” Helena lo retó, mostrando sus dientes de manera agresiva, y gruñía ferozmente.

Se escuchó la risa malvada del arquero, y ya estaba a punto de disparar, cuando fue embestido por otra criatura. Fueron salvados por algo o alguien “¡Paavo!” gritó Helena, mostrándose un poco menos agresiva esta vez. Aprovechó el momento, para cargar a María y llevarla rápidamente detrás de una caja “Quédate aquí ¿Okey?” la peluche se veía realmente preocupada por su nueva amiga, pero ambas sabían que no se podía quedar con ella.

La voz de María los guiaría a la victoria.

- - - -

Lo que pareció ser un abrir y cerrar de ojos, Helena ya estaba de vuelta, en cuclillas, frente a María. Estaba un poco manchada de tierra, y juntó a a ella, otro Mink lobo, con pelaje café, y un ojo morado. Detrás de ellos, varias personas, sucias y con cara de que no habían comido en algunos días, ni bebido nada en horas.

“Vamos, debemos llevarte a alguna parte para que te atiendan esa herida” dijo Helena, señalando a donde se encontraba la flecha “Quería sacártela, pero mi amigo me ha dicho que podría ser peor” Helena dio una sonrisa cansada, preocupada por María “Oh, el es Paavo, mi mejor amigo. El que te decía del pene bonito”
“¿E-el del que?”

Helena solamente rió, acercándose a María para susurrarle algo: “Nunca se lo he visto, pero cómo él es un pan de cielo, me imaginó que así de lindo lo ha de tener” Dicho eso, cuidadosamente  decidió cargar a María en sus brazos fuertes y felpudos. La llevó para que viera que habían hecho con los esclavistas.

“Siguen vivos, creo...” era obvio que la gente que Helena liberó después de vencerlos, se habían desquitado con los malhechores. Tenían moretones en los cachetones, la ropa rasgada, y estaban con la cara completamente hinchada.

La expresión de Helena era un poco sombría “No soy fan de acabar con la vida de otros. Pero si los dejamos ir, seguramente regresaran a hacer exactamente lo mismo que andaban haciendo contigo y con tu gente” la multitud, Paavo, y la Mink guerrera esperaban a que María dijera que hacer.

¿Santidad, o Venganza? ¿Misericordia, o Justicia?

Todo dependía de la respuesta de María...
#8
Narrador / María Merlot

…………………………………

¿Duele?
Si.
¿Cuánto?
Mucho.

La herida en su brazo sangraba y latía, y latía y sangraba. La solían tratar como una flor, porque si estaba maltratada perdía su valor. A los compradores de personas, en especial de mujeres, les gustaba que su mercancía estuviera ilesa y en buen estado, por esa razón ella no solía estar herida o maltratada. Contrario a una vez que obtenían el producto, porque el dueño podía hacer lo que quisiera… en un par de ocasiones, habían resultado ser muy sádicos. Sin embargo, no es el tema que nos compete.

La peliceleste veía el hermoso manto escarchado, le gustaba mirar el cielo… de noche, de día, al atardecer, al amanecer, a cualquier hora porque le hacía pensar en la libertad, en la inmensidad del mundo, en que había un lugar dónde sería acogida alguna vez, por primera vez. Ella era muy optimista en relación a eso, y cuando veía el cielo, esa convicción afloraba, encontraría un hogar, encontraría una razón de vivir… ¿y como lo haría? No lo sabía, pero si sabía que su corazón y mente, estaban enfocados en no dejarse vencer por el dolor, ni ceder a la oscuridad del alivio. Necesitaba estar despierta, lo suficiente para pedirle ayuda a la Mink…

Mientras su voz salía en forma de canto suave, recordaba los segundos atrás, la lobuna sonrisa llena de dientes tan afilados como cuchillos. La forma en que reiteró sus palabras cuando les deseo el mal a los bandidos, la invitación sincera de conocer a su “amigo” cuando salieran de esa situación, un tal “Paavo” con un pepino amistoso; esa parte la hizo sonreír ¿Acaso la quería casar con su amigo? ¿Por qué otra razón conocería su pepino amistoso? Tenía que resistir para poder descubrirlo, y más aún cuando la llamó “hermana”. Esa sola palabra, llena de sinceridad la hizo sentir bien, la hizo elevar su optimismo porque ahora tenía una animada y alegre aliada, un ser con una personalidad tan amigable como la suya… definitivamente, iba a sobrevivir y serían hermanas; y por supuesto, conocería ese pepino amistoso del que tanto habla.

“¿Por qué hiciste eso?”

Le pregunto, luego de su rugido negatorio. ¿Por qué lo había hecho? Sencillo, si la loba caía todo estaría perdido, los niños y demás rehenes no conocerían la libertad… en cambio si caía la peliceleste, no había gran pérdida bélica, porque ella no peleaba. Solo le sonrió, no supo cómo explicarle que entre las dos, en ese momento, ella era la más valiosa. Luego se desató la batalla, o más bien masacre, porque la fémina peluda tuvo siempre la ventaja sobre el endeble hombrecito.

Unas melodías después, la heroína de esa noche se interpuso en la línea de visión de la sirena. La vio llena de tierra y algunas gotas de sangre; a su lado otro Mink de pelaje castaño, y más allá los otros prisioneros, siendo libres.

“Oh, el es Paavo, mi mejor amigo. El que te decía del pene bonito”
“¿E-el del que?”

Así que ese era Paavo… el del pepino bonito — Ho-hola Paavo Pepino Bonito. Nunca se lo he visto a un peluche pero creo firmemente en las palabras de nuestra Salvadora. Dijo que rompería la caja, lo hizo. Dijo que se encargaría de los tipos malos, lo hizo. Dijo que me presentaría a su amigo, lo hizo. Creeré en todo lo que diga Inarichan… de aquí hasta… ¿Sorbet? No sé qué tan lejos quede pero espero sea muy lejos porqu... Auugh — cortó sus palabras producto de un gemido de dolor.

“No soy fan de acabar con la vida de otros. Pero si los dejamos ir, seguramente regresaran a hacer exactamente lo mismo que andaban haciendo contigo y con tu gente”

Sabía lo que decía, a veces no era blanco o negro, se trataba de evitar males mayores. Los ojos de todos estaban sobre ella, parecía que querían que María tomará la decisión final. Al mirar a los pequeños, quiso matarlos ella misma pero…  —... Inarichan… — le bautizó con un apodo hermoso, como ella se lo merecía —...No puedo hacerles esto, amigos. No puedo... lo siento, lo lamento mucho, pero creo que a veces el destino es como la justicia. Es mucho más sabia. Hay veces que las cosas solo tienen que hundirse por su propio peso en el mar… ¿Y qué mejor peso que el de la Marina? ¿Qué mejor que ellos para cargar con este desastre causado por su inoperancia? Son como el gusanito que comió la manzana roja del cuento. Ya verán, no nos juzgarán ni lamentaremos ser mejor que estos cerdos de tierra... que la Marina se los lleve... — comentó paseando su mirada por todos ellos, no quería que nadie llevara esas muertes en su espalda… mejor que otros cargaran con esa desdicha —  Cof cof… no son mi gente, ni los conozco… —  tosió pero respondió a la cachorra, no conocía a esos niños — Yo… necesito un médico… Inarichan… yo… espero verte… al despertar… pro-prometemelo... —  le dijo con una gran sonrisa, María era optimista, no tenía miedo de esa herida porque no quería ni iba a morir, y sabía que la voluntad de la loba… tampoco dejaría que ella muriera.

Sus ojos se cerraron, la penumbra la abrazó…

OFFROL :: Cachorra salvame D:
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#9
“Oh no, parece que el dolor la ha hecho alucinar. Cree que soy un pepino...”
“Pfft, si, es exactamente lo que esta pensando”
“Detecto el sarcasmo en tu comentario...”
“No no, eres un pepino muy bonito”

Siendo que María había sido la más afectada por los esclavistas, con eso de tener una flecha en el brazo, Helena creyó que era la mejor para decidir el destino de los malhechores. Parecía que a pesar del dolor, y el sufrimiento, la peliazul seguía creyendo en las segundas oportunidades. O al menos, prefería que no se derramara más sangre.

“Vale, tienes un corazón de oro, hermana. Me aseguraré de que la Marine los juzgue cómo es debido” tanto Helena cómo Paavo parecían satisfechos con la decisión de María de no matar a los esclavistas.

A Helena le dio algo de risa cuando María dijo que la gente con la que estaba ni la conocía “Bueno, me refería que estan en el mismo bote, osea, pasaron por lo mismo. Los esclavistas se aprovecharon de vosotros, y eso los hace compartir cierto vinculo. Cómo con nosotras, peleamos juntas, tomaste una flecha por mi, eso nos hace hermanas” una lógica rara, pero algo simple de explicar para Helena al menos.

“Descansa por ahora, niña. Te lo ganaste después de ser tan valiente”

Hubo un silencio, mientras María se encontraba entre la consciencia e inconsciencia.

“¿Quien será Inari? ¿Una amista de ella?”
“Creo que te estaba llamando a ti de esa manera
“Pero si mi nombre es Helena, es no tiene sentido”
“¿Te presentaste?”
“¡Claro! Fue la primera que saqué de la caja, y entonces- Oh… No, no le dije mi nombre. Ni siquiera me se el suyo ahora que lo pienso… Lo que si le dije es que tenían un pene muy lindo”
“¡H-Helena!”

- - - - -

“Parece que ya esta despertando” se escuchó una voz que María no sería capaz de reconocer de momento.

La temperatura había cambiado un poco, el lugar se sentía un poco más cálido, y no frío cómo en la caja o la intemperie cuando Helena la liberó.
Lo primero que vería la pobre María al abrir los ojos sería a un hombre semi-desnudo, viéndola, revisando sus reflejos, pues tronó los dedos frente a sus ojos algunas veces.

“¡Hermanita!” esa era la voz de Helena, la cual se escuchaba sumamente feliz. Con mucho cuidado le dio un suave abrazo a la humana. Para bien y para mal, parecía que la Mink lobo ya estaba vestida.

María todavía podría sentir un ligero dolor en el brazo donde la flecha le había dañado. Pero ahora esa área se encontraba limpia y vendada. Fuese donde estuviera, parecía que un médico la había atendido de manera apropiada ¿Habrá sido el anciano con el taparrabo?

“¿Cómo te sientes? Nos encontramos con un Shaman mientras buscábamos regresar a la civilización. Estuvo de acuerdo con ayudarnos con un poco de provisiones a cambio de ciertos materiales de la selva, y cortar un poco de nuestras garras y pelaje. Oh, y también me pidió un poco de mi saliva, eso fue raro, pero todo por ayudarte. Quien diría que un Shaman podría utilizar cosas de los Mink cómo ingredientes. La verdad hubiera preferido que pidiera que Paavo se desnudara, hubiera sido más divertido” A Helena le ganó la risa “Pero no todos son tan pervertidas cómo yo ¡Se vale soñar!"

“Ten, bébe. No dejes ni una sola gota” el dicho Shaman se acercó a María, dándole a tomar de un pequeño plato ¿Era agua? Si, y no al mismo tiempo. Era definitivamente un líquido, pero con aspecto verdoso.
#10
Narrador / María Merlot 

…………………………….

¿Por qué todo estaba oscuro?
Porque sus ojos estaban cerrados.

La inconsciencia le ganó al saberse segura entre los nuevos amigos mink que hizo luego de una experiencia peculiar con esclavistas. Lo cierto era que a sus 17 años, ya había pasado por situaciones similares… desde que despertó sin recuerdos a sus 13 años como prisionera en un barco pirata, había sido el pan de cada día por lo que llevaba de vida. Soñó con el mar, con las olas ir y venir, con la brisa fresca y salada. Como deseaba volver al agua, nadar por largo y tendido tiempo. El dolor en el brazo la hizo ir despertando poco a poco, el ardor la hizo salir de su hermoso sueño azulado.

“Parece que ya está despertando”

Una voz que no reconocía se internó por sus oídos, no podía deducir si se trataba de un amigo o enemigo pero con el paso de los minutos lo descubriría, y fuera lo que fuera tenía siempre el optimismo de que todo saldría bien. Al abrir sus pesados párpados, sus orbes ambarinos apareciendo, primero la luz luego la claridad, y en su rango de visión un hombre semidesnudo… ¿Si la habían vendido a otro depravado? El sujeto trono los dedos frente a su mirada, ella solo pudo arrugar la cara muy confundida por el recibimiento a la conciencia.

“¡Hermanita!”

La voz femenina si lograba reconocerla. María intentó levantarse para sentarse pero en el camino la blanquecina Mink la abrazo con evidente cariño. La de cabellera celeste le devolvió el abrazo con un brazo, el otro aun le dolía  — Inarichan… volviste a cumplir tu promesa, estás aquí conmigo al despertar. Definitivamente siempre creeré en tus palabras, solo las cumples y las recumples… —  le respondió con alegría como si fueran dos grandes y viejas amigas. Luego la hembra de lobo explicó todo lo que había sucedido, a lo que María solo asentía con su cabeza afirmando cada palabra que salía por su hocico con un “Woow” suelto por aquí y un “Aaaah” suelto por allá. Debe confesar que la parte de los ingredientes fue muy peculiar, la celeste necesitaba saber más del supuesto Shaman y sus habilidades que incluían quitarle partes inertes de sus amigos.

“Ten, bébe. No dejes ni una sola gota.”

Antes de poder responderle el “Catalogado como Shaman” le pidió beber algo. Ella no era del tipo timisquimis pero… esa cosa parecía moco, verde y viscoso. Lo sostuvo entre sus manos, luego levantó su mirada hacia Inari y pasó al del taparrabos; su expresión claramente decía que no se tomaría ese menjurje de dudosa procedencia —... ¿Segura podemos confiar en él?… —  le pregunto directamente a la mink, no le importaba que el Shaman escuchara sus palabras llenas de dudas —... esto parece salido de un gigante, pero no un gigante de cuentos lindos y amables, sino uno de esos titanes olvidados, uno que ha estado hibernando en un pantano musgoso durante eones... y se despertó con la peor gripe aviar que jamás haya asolado los mares. Un resfriado cósmico que infecto cada célula de su masa gargantuesca. Y entonces, en su desesperación, ese monstruoso enfermo, debió de haberse tragado una botella enterita de un expectorante muy efectivo y… y ahora... ahora estamos presenciando el gran éxodo de mocos plasmados en la supuesta medicina… Gracias pero no, gracias. Yo pasoooooooooooo — sentenció luego de su diatriba, nadie ni nada la obligaría a tomarse esa medicina.

— Tiene que beberlo, sino no se recuperara por completo… — dijo el anciano pero no a ella, sino a la loba nivea.

— No quiero beberlo, se ve horrible… y asqueroso… y flemático — susurro la dama de cabellos celeste levantándose de la cama, no iba a beberlo.

— Tu la agarras, yo le cierro la nariz y la hago beberlo… — dio instrucciones el anciano mirando a la mink.

— No, Inarichan, no… eso parece veneno… veneno viscoso… veneno verde… veneno — hizo pucherito la sirena recostándose en la pared más lejana a ellos, estaba débil, mareada.

¿Qué haría la Mink? Porque María sin duda ibas a patalear si la agarraban, y la obligaban a tomarse esa medicina. También estaba el hecho de que su cuerpo, a diferencia de la habitación, estaba caliente, la fiebre la estaba haciendo delirar más de lo normal… quizás si necesitaria que la obligarán a tomarselo.
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]


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