[Pasado] Libertad o Muerte [María & Helena]
#11
“Hey, viejo shaman!” Helena no se veía muy contenta con el plan que el curandero tenía “Mira, ella ha pasado por mucho, la han obligado a hacer cosas que no quiere durante mucho tiempo. Si no quiere tomarse la medicina, no podemos forzarla...”

El shaman no estaba de acuerdo, pues su deber era atender al enfermo; María, en este caso. Suspiró, y desistió, pero pareció entender, dándole la medicina verdosa y mocosa a Helena. “Estaré afuera atendiendo a los demás” Y si que tenía mucho que hacer. La ultima vez que María vio a los otros esclavos, estaban sucios, con sed y con hambre. Y Paavo pepino bonito, tenía un orbe morado, seguramente el shaman loco también le dio de beber algo raro.

Helena se acercó a María, y puso la medicina cerca de la mesa de la cama donde la peliazul se encontraba. “Los doctores dan miedo ¿Verdad?” le dio una sonrisa tierna, tratando de ser gentil con la enferma “¿Te cuento un secreto? La primera vez que me quisieron poner una vacuna, vomite del miedo. No me gustan las agujas, ni las medicinas que saben y se ven raras” dio una pequeña risilla, algo apenada de compartir el susodicho secreto “Pero el hombre viejo semi desnudo ese parece buena persona. No se hubiera animado a ayudar a tanta gente por tan poca paga” con mucho cuidado, puso su palma sobre la frente de María “Vaya, si que tienes fiebre...” la cara cambió a una preocupada rápidamente “Se que tienes miedo, hermanita, pero es por tu bien. Te lo juro que no es ningún veneno, Paavo y yo vimos cómo preparaba el… Um, zumo medicinal. Pavito es muy listo, y sabe que los ingredientes que utilizó no son tóxicos ¿Quieres que tomé yo un poco primero?”  No se escuchaba muy entusiasmada con la idea de probarlo, pero si con eso lograba que María se sintiera un poco más animada a beber el mejurge.

Helena intentó olfatearlo, pero se arrepintió de inmediato. Hasta los ojos le lloraron un poco por el hedor “Uff… Okey, bueno, igual y podemos convencer a Pavito que lo pruebe por nosotras. Y así después le damos un pequeño cumplido a su pepino ¿Eso le gusta a los hombres, no?” Helena rio un poco ante la idea, para después suspirar “Realmente se lo quiero ver, pero le da pena enseñármelo. Me gustaría que él fuera un poquito más valiente con su cuerpo, y su cosita de hombre”

La mujer movió la cabeza de un lado a otro “Perdón, quizás no es el mejor momento para andar hablando de penes. Pero, pues supongo que me dio un poco de miedo ver cómo lo golpearon” eso explicaba por que tenia el ojo morado “O cuando te dispararon en el brazo cuando me distraje” Bueno, María no tenía pene, al menos hasta donde Helena sabía. Pero seguramente no se refería a eso. Helena se desinfló, sus orejas planas, y sus ojos enfocados en el brazo vendado de María “Fue mi culpa que vosotros dos salieran lastimados” si que estaba triste y arrepentida. “Por mi culpa tienes que tomar esta cochina medicina para sentirte mejor” quería aventar el plato donde estaba el moco que supuestamente iba a curar a María, pero sabía que no podía, o haría peor la situación.

“¿Estas enojada conmigo?” su voz se cortó al momento que terminó la pregunta, cómo si quisiera tragarse el enunciado “¿Q-quieres que te deje sola? Puedo traer a Paavo para que cuide de ti… Bueno, con el ojo que si pude ver. Te ofrecería llamar a otra persona, pero dices que tampoco las conoces” tomó la mano de María, esperando a que le respondiera que quería. O si se animaba a tomar la medicina. O si estaba enojada. O… O algo.[/color]
#12
Narrador / María Merlot

……………………………………

¿La loba la había escuchado?
¿Entendía su recelo con el brebaje?

Al parecer si, ella no se veía muy contenta con el plan del viejo shaman de obligarla a beber el viscoso líquido verde. Esa expresión de molestia la hizo sonreír, no porque disfrutará de ver a otros en ese estado sino porque significaba que la fémina de otra raza realmente la estaba cuidado, velando porque nadie ni nada le hiciera daño, una heroína en toda la regla y por eso la había bautizado como Inari.

“Estaré afuera atendiendo a los demás”

El semidesnudo hombre salió de la habitación, lo que permitió a María relajarse y regresar a la cama, después de todo tenía aún la herida palpitando en el brazo aunque no tan dolorosamente como cuando se la clavaron. La medicina verdosa ahora descansaba en las manos de su amiga y salvadora. Cuando se acercó a ella y dejó el menjurje en la mesa cercana solo pudo suspirar aliviada, si ella la forzaba dudaba que pudiera resistirse, la superaba en tamaño y muy posiblemente en fuerza.

La conversación provino de la loba, con una sensación de gentileza algo graciosa pero adorable viniendo de un ser que con un mordisco podría matarla ipso facto. Le empezó a contar su miedo sobre las agujas y como vómito a causa de una vacuna. Su risilla la hizo sonreír a ella también, imaginarse esa escena en su cabeza fue muy divertida. Cuando la enorme pata tocó su frente, el frío de su tacto la refresco y le hizo recordar que se estaba sintiendo muy caliente, quizás producto de la fiebre que intentaba combatir su estado actual.

Al ver su cara de genuina preocupación y argumentos sobre cómo prepararon el medicamento, Maria frunció el ceño… había preocupado a su heroína, y también había dudado involuntariamente de su cuidado, al catalogar la infusión color verde moco como veneno. Ahora la que se sentía el doble de mal era la celeste: física y emocionalmente. Cuando se ofreció a probarlo primero, los orbes ambares se abrieron, pero luego al verla olfatearlo y darle la razón de que no era nada apetitoso no pudo más que reír ante su ocurrencia y la postulación del lobo marrón pepino bonito como conejillo de indias. La risa de María era suave y encantadora como su misma presencia sirenezca.

Lo siguiente que continuó fue un lamento sincero de la loba, un lamento que no debía azotar su corazón porque ella lo había hecho todo bien: La rescato, la salvo y ahora la cuidaba. 

“¿Q-quieres que te deje sola? Puedo traer a Paavo para que cuide de ti… Bueno, con el ojo que si pude ver. Te ofrecería llamar a otra persona, pero dices que tampoco las conoces”

— No, no hace falta… — le susurro aceptando el apretón de manos, una mano y una pata unidas en un gesto de amistad — Inarichan es la mejor Mink que he conocido hasta ahora, valiente, fuerte, decidida, amable… estoy segura que Paavo Pepino Bonito es un gran ser como tu pero a mi me gusta mucho es Inarichan, por favor quédate a mi lado, lo prometiste… — suspiro para soltar su pata y tomar de la mesita la bebida — … yo he actuado inmaduramente, lo siento, Inarichan, luego de toda tu ayuda y sacrificio… rechace egoístamente la medicina, aunque de aspecto repulsivo, confío en ti, y si dices que me hará bien, la tomaré… pensaré que es la más dulce miel, de las abejas de Baterilla, recolectada luego de mucho, muchoooo recolectar polen en sus traseritos… las abejas, por supuesto… — se fue llenando de valor y de un solo sorbo se trago aquel brebaje que sabia tan mal como se veia, quiso vomitarlo pero llevo su cabeza hacia atrás evitando que saliera, luego de unos minutos se dejo caer de espaldas sobre la cama… — … espero solo sea una dosis porque no se si pueda tomar nuevamente tan… peculiar medicina… — sonrió cerrando los ojos mientras pasaba el desagradable sabor — Soy María Merlot… y estoy muy encantada de conocerte, Inarichan, a ti y a Paavo Pepino Bonito… — se presento al fin, la bebida parecía tener un somnífero porque se estaba adormeciendo… — … espero podamos ser buenos amigos, en cualquier mar, en cualquier isla, en cualquier situación, en nuestros corazones… — canturio con delicadeza siendo atrapada de nuevo por el sueño… y quedando bajo resguardo de la loba…

…………………………..

Semanas después María Merlot partió de esa isla… ¿Qué buscaba? No lo sabía pero lo descubrirá cuando lo encuentre pero por ahora había hecho dos peludos amigos.

Fin del Tema…


OFF ROL :: Gracias Peluchita.
Karma Fanático: Hyakinthos. 
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#13
Protocolo: Moderación.
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Bip-Bip

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