[Presente Relativo] Bienvenidos a Loguetown, el Alfa y el Omega.
#1
17:21 Día 1 del año 11, Primavera
Loguetown

El buque en el que nos encontrábamos era grande, lo que provocaba que por sus enormes dimensiones apenas se notara el vaivén del oleaje agitando su casco de no ser cómo ocasionalmente las velas prendidas en los candelabros que decoraban la estancia del salón restaurante se mecían por acción física ligeramente a los laterales.

Acompañar a estos dos muchachos, Legan y Mihasy era algo que todavía me sorprendía tras aquél inicial encuentro en el restaurante itinerante llamado Barolé, pero lo cierto es que habían generado suficiente atención como para querer conocer más de ellos mientras podía realizar aún mi agenda, aunque no terminaba de hacerme del todo a esa sensación de aparente compañerismo. Los vínculos son algo que usualmente genera vulnerabilidad, y aunque todavía no podía nombrarlos como tal, me sorprendí a mi mismo utilizando esa palabra para definirlos.

Legan era un hombre cuya perspicacia era solo equiparable a su cercanía, a veces incómoda, y a su enorme envergadura física. Era paciente y bonachón, aunque a veces excesivamente competitivo, algo que producía cierta disrupción conmigo.
Por otro lado, Mihasy era callado, frío como un témpano y de apego evitativo, lo cual era mucho más cómodo para mí, aunque sentía que desconfiaba de mi constantemente. Probablemente era algo motivado por algún tipo de hecho no evidenciable del pasado, pero todo lo que yo tenía eran simples conjeturas.
A estas alturas no es un crimen reconocer lo mucho que me gusta tasar a los diamantes en bruto que pueden llegar a encontrarse ¿No?

Esta duda empezaba a invadir mi mente, pero tal cual solía hacer, la aparté de mis pensamientos de manera forzosa orientándome en repasar mentalmente el mapa mental que tenía de la ciudad algo que, probablemente estuviera totalmente discordante con la realidad, pero que al menos provocaba tener una corriente de pensamientos ordenados con los cuales podría conseguir mis objetivos desde una perspectiva más práctica.

Proferí un último y carnívoro bocado al solomillo que perecía ante mi presencia, que desde fuera podía atisbarse como si comiera papel, pues pocas cosas podían palidecer el estoico gesto perenne en mi mirada, que analizaba con la curiosidad de un niño, pero el semblante de un anciano todo lo que sucedía en la cercanía.

Según terminé mi nutrición, coloqué los cubiertos de forma protocolaria, y me levanté de la mesa, ajustando una corbata blanca que resaltaba sobre la camisa rayada en patrones morados y negros que, a su vez, estaba arremangada sobre sendos antebrazos, y que a su vez combinaba con un chaleco de tono gris marengo, y combinado con unos pantalones de traje también negros y rematado por unos botines oscuros con unas pequeñas espuelas de tono metálico.

Al tiempo que esto sucedía, no pude evitar mirar a algunos de los ilustres comensales que nos acompañaban: un extraño pollo decrépito de forma antropomórfica que cacareaba mientras engullía algo similar a cereales, un aldeano ciego con un perro viejo que gruñía de forma ahogada, que bebía mientras se relajaba, y un grupo de soldados provenientes de algún reino cercano, donde algunos aún portaban sus cascos y otros los reposaban encima de la mesa o el suelo.

- “¿Es esto un restaurante o una granja?” - comenté de pasada a uno de los camareros que se cruzaba en mi camino, al tiempo que le detenía poniendo el brazo izquierdo en horizontal tras verle cruzar el umbral del pórtico que yo me disponía a atravesar para abandonar el lugar.
La atónita mirada del señor al que había detenido lo decía todo, uno de esos idealistas que cree que todos somos iguales y que existe una igualdad de oportunidades entre todos. Otro necio que no entiende que la vida no es más que una enorme y funesta pieza musical dirigida por unos pocos y que el fin último del ser humano es ser el director de esta orquesta infernal y guiarla hacia los propios objetivos.

Otra persona totalmente irrelevante ante el mundo. Tristemente y ofreciéndole una mirada vaga, casi triste incluso, cesé en el gesto de mi brazo y le dejé continuar con sus quehaceres laborales, sintiendo lástima por otro esclavo que jugaba a no serlo.
Tras dejar el lugar, paseé por un corto corredor oscurecido por la falta de ventanas en dirección a la cubierta del navío, ajustándome la ropa y dando grandes zancadas en mis pasos firmes y henchidos de decisión.

En cierto modo, la piratería representaba muchas cosas incontrolables y a menudo carentes de sentido, pero, por otro lado, el ideal de libertad absoluta que ofrecía contrastaba firmemente con la idea de ser un esclavo voluntario. No eran un compendio de subnormales con ideas irreales decorados con piruleta como resultaba ser la Facción Revolucionaria de la que ocasionalmente se podía saber en los periódicos, aunque algunos si exploraban ese conjunto de niñerías acerca de los sueños.
Fútil, irremediablemente. En este mundo solo existen dos tipos de individuos, la masa manipulable y los gobernadores, y cualquier otro pensamiento era fruto de un autosabotaje por parte del incauto que buscara contentarse con pueriles ideales.
El reconocible sonido de los Den Den Mushi altavoces que se situaban en algunos puntos del buque perturbó mi pensamiento y, en silencio lo agradecí por no iniciar una nueva espiral de odio gratuito.  

- “Pasajeros, en dos minutos llegaremos al puerto de Loguetown. Recuerden revisar sus pertenencias y esperamos hayan tenido un buen viaje”- comentó una voz computarizada a lo largo del barco.

Mientras cesaba mi paseo y llegaba finalmente a la cubierta para encontrar al discreto Mihasy y al campechano Legan, me acerqué a ellos e intervine en su conversación, interrumpiendo ligeramente e intenté adaptarme a su lenguaje más cordial, algo que hacía casi ya de manera pasiva tratando de disimular mi estoicidad.

- “Bueno… ¿Qué tipo de aventuras esperáis de esta gran ciudad?” - comenté, al tiempo que, de manera pasiva, comenzaba a juguetear en mi mano derecha con un pequeño dado de color negro con los números en punto rojo que había tomado por prestado en una de nuestras aventuras pasadas por el mero hecho de serme visualmente y tangiblemente agradable.

- “Yo tengo un…asunto que tratar y me llevará a la parte oeste de la ciudad. ¿Dónde os encontraré luego?” - continué, sonriente y ocioso al tiempo que lanzaba el dado al aire y lo tomaba de un rápido movimiento de nuevo en mi mano.

En cierto modo era real, pues sentía cierta curiosidad e inquietud dentro de mi. ¿Qué sucederá en esta gargantuesca ciudad?.
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#2
- No hay nada como sentir la brisa marina en el rostro ¿¡Verdad!? – Dije en voz alta con una risotada.

Cerré los ojos para centrarme en sentir el viento marino acariciando mi cara, me encantaba. Extendí los brazos a los lados e inspiré, como si tratase de inhalar todo el aire que me fuese posible. Acto seguido lo solté con energía y me reí un poco mientras abría los ojos. Quizá me viesen como un loco, o incluso como un niño, pero no me importaba, he pasado toda mi vida anhelando esto, y ahora que lo tengo pienso disfrutarlo antes de que se vuelva algo normal o rutinario para mí. Forma parte de sentirse realmente vivo.

Confieso que también el sonido del mar me relajaba, podría pasar horas escuchándolo mientras conciliaba el sueño o simplemente me relajaba. Sin embargo en esta ocasión había otro sonido menos agradable, el graznido de las gaviotas. Esto se traducía inequívocamente en que estábamos llegando a Loguetown, probablemente la isla más importante que hemos pisado nunca.

Miré entonces a mis compañeros de viaje, Mihasy Junsho y Terence Blackmore. Ambos estaban comiendo en silencio, Mihasy sin grandes sobresaltos, y Blackmore igual, sin mostrar gesto alguno acerca de su comida. Él cada vez me recordaba más a uno de esos reptiles que tiene la mirada inquieta en cada lado. Estoy seguro que si por él fuese, probablemente tendría diez ojos más para que nada escapase de su análisis.

Continuando con el tema, tengo que admitir que mi idea de compañeros de aventuras no se acercaba a ellos ni por asomo, pero ciertamente sí que son muy interesantes. Blackmore analizaba todo casi en exceso, siempre tenía en mente algo que hacer, un plan, o tantear el terreno para sacar información. Aunque estuviese sentado no podía permitirse estar con la guardia baja. Él no era alguien problemático, sin embargo recomendaría siempre tener un ojo sobre él, a pesar de que él se percataría de ello al instante. No obstante, tengo que admitir que de una extraña manera sentía que podía confiar en él. Quizá se deba a intereses comunes, o que no éramos tan diferentes en el fondo, lo desconozco, pero su presencia aportaba mucho a nuestro extraño grupo.

Por otro lado, Mihasy Junsho era alguien reservado, demasiado para mi gusto. Alguna vez he llegado a pensar que no le gustamos, que no está cómodo con nosotros, pero de ser así ¿Realmente seguiría viajando con nosotros? Descarto esa posibilidad. Simplemente es una persona que valora mucho su espacio personal, y sobre todo, tiene una gran lucha interna que resolver. Es probable que no quiera relacionarse mucho para no dañar a las personas que le rodean. De ser así, eso habla muy bien de él, aunque eso no quita que en primera instancia sea mejor guardar distancias.

Siendo mis dos compañeros tan peculiares ¿Cómo será el siguiente miembro del grupo? Espero que sea alguien agradable y con quien poder hablar un poco sin tener que leer entre líneas o procurar tener cuidado con lo que se dice, puede llegar a ser agotador.

En ese momento llegó a la mesa mi pedido, un gran costillar con salsa barbacoa. Nada más verlo mi estómago resonó fuerte, algo que provocó mi risa algo avergonzado. Blackmore ya estaba comiendo desde hace poco, y tengo que admitir que su solomillo tenía muy buena pinta, pero no lo cambiaría por mi costillas. Al primer bocado me quemé un poco, aunque continué casi como si nada, me moría de hambre. Estaba jugoso y la salsa embadurnaba toda mi boca potenciando todo el sabor de la costilla.
- Efto etta delicioso. – Dije con torpeza para tener algo más de conversación.

Para ese momento Blackmore ya había terminado su plato, colocando los cubiertos en el plato de una forma concreta que yo desconocía, pero que quizá luego imitaría. Se había levantado para ajustarse la corbata cuando su mirada se redirigía a las mesas de alrededor. Posteriormente se marchó tras decirle algo a un camarero. ¿Qué tendría en mente este muchacho?

- Creo que la cabeza de este chico debe ser un continuo dolor de cabeza – Le comenté a Mihasy. -  No para de sobre pensar todo. No se puede vivir tan amargado. – Terminé diciéndole mientras mi mirada quedaba fijada en él.

- Claro, que ¿Tú que vas a decir? Si eres el alma de la fiesta ¿Verdad? – Esperaba de corazón que algún día una de mis bromas le hicieran mostrar aunque sea una leve sonrisa.

Sabiendo que mi conversación con Mihasy no iba a ser especialmente fructífera y mi plato limpio decidí colocar los cubiertos igual que los había colocado anteriormente Blackmore. Posteriormente, saqué un libro con idea de pasar lo que quedaba de viaje leyéndolo. Este trataba sobre un gran pirata del pasado, el cual tenía una akuma no mi de ácido y llegó a ser un Yonkô. Para mi sorpresa, según cuenta el libro, fue un buen amigo del capitán Legan Legim, motivo por el cuál quise saber más de él. Para conocer a alguien también tienes que conocer a sus amigos y sus enemigos.

El tiempo pasó sin darme cuenta mientras me perdía entre las páginas de aquél libro cuando la voz de un Den Den Mushi me sacó del trance de la lectura.

<< Pasajeros, en dos minutos llegaremos al puerto de Loguetown. Recuerden revisar sus pertenencias y esperamos hayan tenido un buen viaje >>

Pegué un pequeño salto en la propia silla por el susto ya no me esperaba semejante interrupción.
- ¡Vaya! Jajajaja, ¡Parece que ya hemos llegado Mihasy! – Dije mientras me levantaba dando dos toques a la mesa a modo de énfasis o señal para ponernos en marcha.

- Bueno… ¿Qué tipo de aventuras esperáis de esta gran ciudad? – Comentó Blackmore, quien había aparecido a nuestro lado de la nada dándome otro pequeño susto. - Yo tengo un…asunto que tratar y me llevará a la parte oeste de la ciudad. ¿Dónde os encontraré luego? – Continuó sin esperar respuesta a la anterior pregunta, pero sonriente. Algo no tan común con él.

Acompañó sus palabras con una tirada al aire de un dado rojizo. ¿Era una sutil forma de comunicarnos que iba a estar apostando dinero en juegos de azar? No era muy fan de aquello, pero cada uno es libre de usar su tiempo y dinero como quiera.
- Pues… ¡La verdad es que no lo he pensado Blackmore! Aunque esta es una ciudad muy importante, hay que tener cuidado. Hay mucha gente interesante, pero no te quepa duda alguna que esto estará repleto de marines también. – Le comenté a modo de advertencia tanto a él como a Mihasy. Sé de sobra que no son tontos y ya lo saben, no obstante prefería pecar de prudente en ocasiones como esta.

- Me gustaría encontrar una manera de poder a travesar la Reverse Mountain y llegar al Grand Line, así como conocer la ciudad a fondo. No creo que sea nuestro momento de llegar al Grand Line todavía, pero estaría bien tener información cuando vayamos a dar el salto ¿No creéis?

Llegar al Grand Line son palabras mayores, muchos han fracasado en el intento, e incluso llegando al Grand Line existen riesgos aún más peligrosos. Ir ahora mismo podría ser un suicidio, pero también podría serlo ir sin preparación previa y con prisas. A lo mejor la próxima vez que estemos aquí nuestras cabezas tienen precio y nos quedamos sin mucho margen de maniobra.
- Podemos encontrarnos en la taberna más cercana al centro de la ciudad si os parece, justo antes del anochecer. Y si en algún momento nos encontramos en problemas estaría bien que todos estemos cerca del centro. Así podemos alertarnos los unos a los otros y echar una mano.

No conocíamos el lugar y siendo sinceros este es el mejor plan que se me ocurría en el momento. Quizá podamos elaborar un mejor plan la próxima vez que estemos aquí.
- Por cierto Blackmore ¿Tú a dónde vas? El oeste es muy general y si necesitamos buscarte para reunirnos podemos vernos en problemas.

Aunque era cierto lo que decía, me gustaría saber dónde va. Es una persona muy misteriosa y que quizá no confía en nosotros demasiado. No pretendía traicionar su confianza si nos lo decía, pero si nos lo dice y no acudimos puede que ganemos un poco más de su confianza. Con respecto a Mihasy, estaba dando por hecho que íbamos a permanecer juntos, sin embargo desconocía si se quedaría conmigo o si se largaría a ocuparse también de algún asunto personal.
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#3
Loguetown, una ciudad que por suerte o por desgracia, no era la primera vez que visitaba. El hecho de que estuviera tan cerca del Red Line, implicaba que también estaba cerca de su hogar, así que Loguetown fue de las primeras islas que visitó una vez abandonó la isla Gyojin. Pensar en eso siempre le daba morriña, le hacía pensar en su casa, en su familia y en lo mucho que les echaba de menos. Sin embargo, siempre miraba el lado positivo, y es que a pesar de la distancia, sabía que estaban bien, a salvo.

Aunque esta vez solo se encontraba allí de paso, su plan era estar un par de días, lo suficiente para, a lo mejor, reponer un poco sus existencias o incluso comprarse algún caprichito, y luego nadar hacia isla de Dawn. ¿O sería mejor ir en barco? Esa era una de las incógnitas que también quería resolver. Por suerte, Loguetown se trataba de un paraíso en cuanto a la navegación se refiere: si te hacía falta algún mapa náutico, era bastante probable encontrarlo allí. Así que un poco de información antes de seguir su camino no le iría nada mal.

Se encontraba en el puerto. Le gustaba ver a la gente que llegaba, y a la gente que se iba. Ver grandes multitudes de gente siempre le hacía reflexionar, no me preguntes por qué. Entonces, entre toda la muchedumbre, visualizó a un par de gyojins que acababan de llegar. Sin pensárselo dos veces, con aquella actitud extrovertida que la caracterizaba y su simpatía natural, se acercó a los dos jóvenes. - ¡Hola! - Saludó mientras movía su mano y sonreía de oreja a oreja, enseñando sin problema esa hilera interminable de afilados dientes. - Me llamo Derya, ¿qué os trae por aquí? - La idea era mantener una conversación cordial y sencilla, con aquella alegría que la gyojin desprendía, y luego intentar encauzar la conversación para preguntarles si era viable ir a su destino a nado o si era mejor idea el convencional barco.

Los gyojins a los que se acercó no parecieron contrariados ni molestos, más bien todo lo contrario, serviciales y amables. Era la energía que Derya solía despertar en la gente, y es que incluso a un cabrón le costaba ser borde si la persona a la que se dirige es un ente de pura positividad y buen rollo. Estaban tan concentrados en la conversación, que uno de ellos chocó con alguien sin querer. Se trataba de un chico de cabellos morenos, muy bajito al lado de un gyojin como él, trajeado y también acompañado. - ¡Oh! ¡Lo siento mucho! - Se disculpó enseguida. Derya le echó un vistazo rápido al humano contrariado, sonriéndole. Seguramente eso querdaría en una anécdota, ¿verdad?
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#4
La dupla que me acompañaba se sorprendió al verme, antes de comenzar nuestro camino y no es para menos, pues ya se estaban habituando a mis ausencias injustificadas que ellos respetaban sorprendentemente.

El fornido de la eterna sonrisa que nos acompañaba, Legan Zaid era un muchacho peculiar. La fortuna había querido que nos juntáramos personas con edades similares y algunas afinidades muy únicas, pero también formábamos un grupo variopinto. El muchacho de aspecto feral, cuernos incluidos, era uno de los pocos demihumanos que se habían ganado mi respeto pues a pesar de que no aprobaba demasiado sus métodos poco lógicos, eran soluciones que demostraban ser eficientes.

Junsho Mihasy era un tipo silencioso y frío, aunque todavía no sabía medirle bien del todo. Ocasionalmente tenía ademanes toscos y asociales, algo que en cierto modo compensaba la extrema efusividad de Legan, y otras veces algo de humanidad parecía brotar de aquel individuo. Le había observado mirar a los animales, y era cierto que parecía gozar de una afinidad mucho mayor con la naturaleza de lo que quizá yo era capaz de comprender. Su barba de aspecto tosco, aunque no del todo desaliñada le hacía parecer bastante más mayor de lo que sus rasgos finalmente mostraban, y era una persona que, a diferencia de mí, buscaba la comodidad sin importar la estética… ¿Criado en una condición límite de supervivencia quizá?

- “Pues… ¡La verdad es que no lo he pensado Blackmore! Aunque esta es una ciudad muy importante, hay que tener cuidado. Hay mucha gente interesante, pero no te quepa duda alguna que esto estará repleto de marines también” – comentó perspicaz Legan- “Me gustaría encontrar una manera de poder a travesar la Reverse Mountain y llegar al Grand Line, así como conocer la ciudad a fondo. No creo que sea nuestro momento de llegar al Grand Line todavía, pero estaría bien tener información cuando vayamos a dar el salto ¿No creéis?”- finalizó dejándose llevar por el pulso de la conversación, visiblemente ilusionado y con la mirada que tendría un niño dentro de una tienda de golosinas.

-“Este es el punto comercial por antonomasia de todo el East Blue muchachos, pues aquí el flujo marítimo es tan inmenso que incluso contando con el que se dice que es el mayor Cuartel General de la Marina, podemos encontrar cualquier mercancía ilícita a nada que escarbemos un poco en sus mercados”- comenté de forma natural y algo interesada, mientras dedicaba una mirada al puerto al cual nos acercábamos y señalaba con la mano tendida y la palma hacia arriba a una zona en especial, correspondiente al mercado –“Tengo también entendido que no muy lejos de aquí se encuentra uno de los astilleros más amplios de este mar, quizá sería una buena idea si queréis que nuestra relación mutuamente beneficiosa pase a un nuevo nivel de comodidad y dejemos de navegar en buques ajenos. Si quieres cumplir tu… sueño… quizás deberíamos priorizarlo” – sentencié con una voz un poco hastiada, pero al mismo tiempo ofreciendo toda mi visión del espectro que pudiera aportar algo a mis camaradas.

Me disponía a abandonar el barco, pues estábamos ya atracando y guardé el dado en el interior de mi bolsillo derecho tras juguetear con él unos instantes, cerca del lugar donde portaba mi fiel látigo, el cual se encontraba recogido en forma de lazo, formando una suerte de número ocho y haciéndolo parecer más pequeño y manejable de lo que era.

- “Podemos encontrarnos en la taberna más cercana al centro de la ciudad si os parece, justo antes del anochecer. Y si en algún momento nos encontramos en problemas estaría bien que todos estemos cerca del centro. Así podemos alertarnos los unos a los otros y echar una mano”- contempló el hombre del pelo argénteo, sabiamente – “Por cierto Blackmore ¿Tú a dónde vas? El oeste es muy general y si necesitamos buscarte para reunirnos podemos vernos en problemas”- finalizó, como quitándose un peso de encima al juzgar por su cara.

Saqué una pequeña carta negra lacrada con un sello rojizo en el que se dibujaba una letra ‘B’ de caligrafía soberbia del interior de mi chaleco, al lado del corazón, y a continuación la volví a guardar.

- “Negocios familiares me temo. Hay personas con las que a veces se es más difícil que tratar que otras” – dije pronunciando aún más mi sonrisa, y reprimiéndola a los segundos pues había mirado inconscientemente al señor Mihasy y había encontrado la mirada de Legan a medio recorrido de la retirada – “Pero no tardaré mucho. Es la zona baja del barrio oeste próximo al mercado, pero me temo que si os cuento más tendría que mataros” -bromeé falsamente quitándole hierro al asunto, pero lo cierto es que conocer esa información si podía traer potenciales problemas y el mejor recurso para ellos ahora mismo era la ignorancia.

Comencé a caminar entonces apenas saliendo del barco por la zona habilitada, mientras dejaba tras de mí una última frase – “Nos encontraremos entonces en dicha taberna”- susurré para predisponerme al camino.

-“Pero qué co…” - maldije, al tiempo que al voltearme y caminar apenas un metro más allá entre la muchedumbre, un demihumano con olor a sardina se chocaba contra mí y se disculpaba.
No podía contener una mirada mezcla de furia y asco, con ganas de aprehender a aquel trío de sirenos que se situaban entre mis pasos y mi objetivo, mientras la muchacha de rasgos similares a un tiburón rayado llena de alegría sonreía intentando restar hierro al asunto.

- “De donde yo vengo por menos os habrían colgado de los pulgares y os hubieran abandonado al sol. Yo tendría más cuidado la próxima vez”- me limité a susurrar al oído de la rosada figura femenina, que, si bien me sacaba altura, lo más llamativo era un musculoso apéndice en forma de cola y finalizada como aleta caudal, en un tono que no era del todo amenazante, pero sí tosco y frío.

Puede que sintiera profundo asco por esos seres, pero por el bienestar de mis objetivos y también por cierta responsabilidad y fidelidad con mis camaradas, que apenas se encontraban a un par de metros decidí obviar dicha insolencia y proseguir con mi camino.
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#5
Loguetown... Para algunos, el epicentro del comercio. Para otros, la meca de la diversidad, donde piratas, revolucionarios, marines y civiles de todas las razas aprendían a convivir. Para mi, un basurero donde se escondía la peor calaña de estos mares.
Había llegado de manera extraoficial a la ciudad, tomando 2 de mis días libres para visitar a familiares. Pero sin familiares, nada tenía a nadie a quien visitar.

Llegué con el objetivo de reunirme con alguien, pero primero debía llegar al punto de encuentro. Salí del barco turístico a las 15 de tarde, después de comer. Fue un viaje tranquilo. Supongo que nadie me molestó porque vestía con mi traje de marine. Era importante llevarlo puesto, no solo porque así evitaba asaltos indeseados, sino porque la persona con quien debía citarme, me reconocería por ello. Por ello y por el pelo naranja y las gafas de sol.
Salí del puerto sin pararme a visitar nada. No tenía tiempo para ello. No porque llegara tarde, la reunión era a las 19 horas, sino porque sabía que pararse a ver algo aquí, significaba charlar. Y si no eres lo suficientemente pícaro, te estafan o te asaltan. No era plan de meterse en problemas hoy.

Crucé la calle portuaria, un lugar donde todos venden sus productos frescos y todo tipo de transeúntes compran los alimentos. Los capitanes de barcos almacenaban provisiones en el otro lado de la calle, para abastecer sus embarcaciones. 
Dejando la calle atrás, entre en una calle estrecha y en mal estado. No habían más de dos metros entre un lado y otro de la calzada, las paredes de los edificios adyacentes estaban rasgados y golpeados de peleas anteriores y se oían gritos de placer y dolor por algunas ventanas altas y maltrechas.
Cuando llegué a la zona comercial Oeste, me sentí aliviado. Por fin estaba allá. Por fin iba a dar mi primer paso en contra de la piratería. La zona estaba llena de gente, pero destacaba entre la multitud a causa de mi peculiar aspecto y atuendo. Me senté en la terraza de un bar, en un rincón de la zona. Un local pequeño y poco concurrido, donde poder esperar un par de horas tomando un café. 

"Espero que lo haya entendido" - revisé la copia de la carta que había enviado, mientras tomaba un sorbo de mi bebida- " Y sobre todo, que vaya a aceptar"

La carta decía :
Buenas. 
No sabes quien soy, pero yo sé quien eres. Yo te necesito y tu vas a querer ayudarme. Tengo un objetivo entre manos y eres el indicado para colaborar conmigo. Vas a sacar una gran tajada, te lo aseguro.
Nos vemos en Loguetown, en la zona comercial Oeste, a las 19 del dia 1 de primavera. Iré con gafas de sol, uniforme de Marine y me reconoceras por mi pelo naranja.
Un saludo, tu futuro amigo. Firmado: B

Ahora me encuentro en la misma terraza. Me he tomado 3 cafés y un croissant. Quedan 20 minutos. Estoy tenso, pero decidido. Espero que no se me note.

"Sonríe, todos te miran" - me digo recordando a mi madre y la importancia de esta reunión -
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#6
Todavía con cierta incomodidad, finalmente salí del barco y miré al reloj que presidía uno de los techos pertenecientes a uno de los edificios circundantes anexos al puerto. La hora se acercaba.

Tenía una cita con una persona misteriosa que había cometido varios errores, como hablar de su descripción física sin dar su identificación nominal, o ir con uniforme de la Marina a un concilio de esta tesitura.  Muchos en mi negocio declinarían la invitación solamente por este último punto.
¿Falla de novato, o quizá un plan en mente? ¿Quizá alguien que lo arriesgaba todo?
Por suerte para él, es cierto que los miembros del Gobierno Mundial se encuentran entre los habituales clientes del negocio familiar, pero era sumamente extraño que un miembro de la Marina abiertamente buscara algo de nosotros, y siempre venía bien tener uno o dos contactos allí.

Crucé la zona portuaria mientras contemplaba a paso firme y ciertamente presto, como los barcos mercantiles se proveían de todo tipo de bienes, especialmente comida y mercancías de venta como tejidos varios, especialmente seda o maderas de lo más exótica sin contar por supuesto, con mobiliario hogareño, todo aparentemente lícito.
No era la persona más conocedora de una metrópolis como Loguetown, básicamente porque era una ciudad sumamente viva y como tal, evolucionaba a pasos agigantados variando sus calles, comercios y habitantes, pero decidí atajar por la zona más solitaria en virtud de ganar esos minutos que había perdido con aquel roce estúpido por parte de aquellos dos tritones infectos.

La calle que se abría ante mi era estrecha y apestaba a alcohol, orines y humo de tabaco, pero era la vía más directa y que ahorraba más tiempo, y es cierto que a cualquier persona le hubiera preocupado caminar por allí, pero eso que se veía era el rastro de la pobreza y no de la criminalidad, y para el ojo poco entrenado solían confundirse.

- “Hm… material futuro”- susurré hacia mis adentros con una sonrisa ladeada, mientras sacaba el sobre negro lacrado de nuevo desde el interior de mi chaleco sondeando su interior y finalmente abriendo su contenido, aunque ya lo conocía, pues trucar un falso lacrado era una de las primeras labores que uno debía aprender en el negocio.

Consistía en abrirlo con una navaja calentada ligeramente al fuego pasando en paralelo la hoja por el lacre, y cerrarlo creando tu propio lacre de nuevo, y dado que esta carta me había llegado a la Hacienda Blackmore, fue introducida en uno de nuestros sobres para garantizar mayor privacidad, pues el papel era tan opaco que evitaba cualquier tipo de espionaje que no incluyera abrir la endemoniada cerradura de cera.
Si alguien hubiera interceptado o hurtado el sobre, hubiera sido tan simple como negar mi vinculación con ello, dada la irrefutable prueba de no haber abierto el contenido.

El interior de la carta rezaba lo siguiente:


‘Buenas.
No sabes quién soy, pero yo sé quién eres. Yo te necesito y tú vas a querer ayudarme. Tengo un objetivo entre manos y eres el indicado para colaborar conmigo. Vas a sacar una gran tajada, te lo aseguro.
Nos vemos en Loguetown, en la zona comercial Oeste, a las 19 del día 1 de primavera. Iré con gafas de sol, uniforme de Marine y me reconocerás por mi pelo naranja.
Un saludo, tu futuro amigo. Firmado: B’

Poco más tardé en cruzar la callejuela de mal aspecto y signos de trifulca y suciedad, pensando acerca del tipo que me encontraría, ya que firmó en masculino.
¿Qué clase de negocio querría hacer un Marine? ¿Por qué había elegido un lugar como una zona comercial? ¿Acaso tenía miedo de que las cosas se torcieran y por ello había elegido un lugar con muchedumbre, o por el contrario era una trampa hacia mi persona?
Lo primero era una probabilidad, pero lo segundo era increíblemente difícil de atestiguar, pues había sido cauto con mis movimientos.
Si todo salía mal, siempre podía recurrir a mis nuevos aliados, y además tenía un entrenamiento básico de combate que quizá pudiera superar al de algunos marines rasos pues, al fin y al cabo, es necesario en mi negocio el saber defenderse.

Llegando ya a una enorme plaza circular de edificios amarilleados por el ritmo de la ciudad y una deficiente limpieza, probablemente debido al continuo vaivén de esta megalópolis, contemplé un pequeño local, en cuya terraza se encontraba un hombre con grandes lentes oscuras y un cabello pelirrojo y gesto inquieto y, por supuesto, vestido de marinerito.
Caminé, lentamente hacia él con porte elegante atravesando la plaza, tasando que clase de persona era mientras tomaba todo el tiempo del mundo para observar su reacción. Él probablemente me hubiera visto y no traté de ocultar en ningún momento mi presencia.

Con cautela y gran parsimonia, me senté en su mesa, en la silla que le enfrentaba, mientras hacía un gesto para indicar que me trajeran un té, señalando al cartel que lo anunciaba.
- “Demuéstrame quién eres y probablemente la fortuna te sonría” – comenté ocioso, al tiempo que abría las manos y realizaba un gesto de alzar los dedos con un ademán un poco altivo –“Enséñame algo que no sea la copia y marcharé” – finalicé.

Si no era quién pensaba que era, solo vería a una persona arrogante frente a él y no entendería el protocolo, pero si este era la persona que me había contactado, haría caso a mi exigencia.
En cualquiera de los dos casos, no tenía nada que perder, y tras medir la plaza durante mi caminata, me cercioré de la dificultad de elaborar una trampa aquí, pues era un espacio abierto lleno de gente y con numerosas callejuelas por las que escapar. Todo bajo control.
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#7
Tres cafés y un croissant. Tres cafés con leche y un croissant relleno de mermelada de fresa, para ser exactos. Delicioso, cabe decir. Una última merienda excesiva, antes de reunirme con la persona más indicada para ayudarme en mi entramado plan.
Se me notaban los nervios. Yo mismo era capaz de darme cuenta. Quien narices me mandaría a mi, un recluta alistado hace 4 meses, reunirme con un tipo reconocido y de influencia en tramas y trabajos de dudosa moralidad? Saqué la carta de nuevo. La releí

-"Joder, vaya put* mierda de carta, co*o." - admití en el momento, en un tono más alto y agresivo del apropiado para ese momento, golpeando la mesa con el puño. -" Va, va, va... Calma. Todo va a salir bien y voy a darlo todo"- me dije a mí mismo para convencerme, esta vez más moderado y observando si había llamado la atención con mi primer gesto nervioso.

Tome una respiración profunda. Quedaban unos minutos. Tenía las ideas claras. Era todo o nada. Total, que podía salir mal? Mi objetivo seguiría ahí y no estaba haciendo nada de lo cual arrepentirme. Si que es cierto que si lo de hoy salía bien, mi pequeña locura iba a avanzar a buen ritmo y tendría una base solida. Estos pensamientos me habían conseguido apaciguar. Estaba calmado...

Estaba calmado hasta que lo vi llegar. Desfiló lento, orgulloso de sí mismo. Marchaba con toda la elegancia que un hombre de negocios en traje, puede presumir. Me miraba. Me miraba al nivel de que analizaba cada movimiento y gesto mío. No tenía miedo en mostrarse, pero era perro viejo y no se iba a fiar de cualquiera, eso era más que comprensible. 
Yo no debía actuar de burda o explosiva, si no, iba a espantar a mi cita. Y no porque me tuviera miedo personal, más bien por precaución y falta de información.

-"Bien, me voy a levantar y voy a presentarme" - pensé con la mejor de las intenciones. 

Pero antes de que pudiera hacer nada, él tomo asiento frente a mi, decidido, y con un gesto grácil, hizo su comanda en el bar. Sin duda, tenía más clase que yo, pero eso no importaba para la oferta que debía proponerle. Debía mostrarme desafiante, a su nivel. Dejar claro que esto era una reunión de gente con grandes metas y objetivos. Estaba calmado...

Estaba calmado hasta que antes de mi saludo de cortesía, me interpeló de manera abrupta y directa con una danza de manos altanera:

- “Demuéstrame quién eres y probablemente la fortuna te sonría. Enséñame algo que no sea la copia y marcharé” – 

Mi cara en ese momento debía ser de asombro. Intenté disimularlo de la mejor manera posible, pero si hablaba con el mismo Terence Blackmore, de seguro ya me había leído la cartilla. Pero esa idea me ayudo... Debía tener valor para llevar mi meta a buen puerto, así que me llené de determinación y, con exceso de confianza, puse toda la carne en el asador. Total, yo sabía que, de esta, saldríamos ganando los dos. Así que me metí en la boca del lobo sin tapujos:

-"Terence Blackmor, un placer conocerle" le extendo mi mano amablemente mientras demostraba seguridad con mi mirada- " Mi nombre es Vulkan, Soldado raso de la Marina. Reitero que es un gusto saber de usted. Sobre la carta, aquí tiene una reproducción exacta"- hago resbalar un trozo de papel, de formato carta, tal cual la copia que revisaba hace unos minutos.- " Y ahora si está conforme, me gustaría proponerle algo que le va a interesar, se lo aseguro" - me planto con decisión en mis palabras mientras me acomodo en el respaldo de mi silla y apoyo los antebrazos en los respaldos con seguridad.
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#8
La frase que le había dedicado, fruto de la actitud más corporativa y laboral que había granjeado durante estos años en el negocio, le había dejado claramente perplejo, pero sin vacilación y con tono firme contestó de manera quizá excesivamente respetuosa para mi gusto. ¿Halagüeño en exceso quizás?
Dediqué una sonrisa algo pilla, al tiempo que le escuchaba.

"Terence Blackmore, un placer conocerle. Mi nombre es Vulkan, soldado raso de la Marina. Reitero que es un gusto saber de usted. Sobre la carta, aquí tiene una reproducción exacta. Y ahora si está conforme, me gustaría proponerle algo que le va a interesar, se lo aseguro"

Dediqué una mirada nueva hacia la plaza a la que había dado la espalda, tomando cierta previsión de ver que no hubiera nadie sospechoso y lo cierto es que más allá de unas cuantas parejas, niños jugando, mercaderes ofreciendo su especia y compradores agitados, no parecía haber nada peligroso, aunque siempre era difícil medir zonas tan ajetreadas.

No pude evitar proyectar mi presencia de manera pasiva un poco más al tiempo que me acomodaba y le miraba con una cara que trataba de ocultar un potencial ataque de risa.

- “¡Fuhahahahahaha!”- carcajeé tratando de ocultar parte de mi sonrisa con el dorso de la mano –“¿Sabes poco de negociación eh? Se supone que esto es un trato entre iguales, deja de tratarme con pleitesía” – continué mientras de un ágil movimiento tomaba la copia de la carta y la tomaba en mis manos.

Una muchacha atractiva, pero de una belleza madura que tenía unos ojos algo rasgados, algún achaque de la edad que se mostraba quizá más presto de lo que debía, probablemente fruto del estrés, y tez morena.
Esta, irrumpió en la conversación, trayéndome un té de aroma con tintes cítricos, algo caliente y que tenía un color poderosamente anaranjado.  Pese a la tensión de su labor, dedicó unos segundos a mirarnos a ambos, dedicando un último vistazo a mi presencia, momento en el que aproveché para guiñarle el ojo izquierdo, en un gesto de buen ver que simbolizaba tanto un posible flirteo, como la necesidad de continuar una conversación privada.
La mujer accedió dedicando otra sonrisa y marchó a realizar el resto de sus quehaceres laborales, dejando una vela ancha con vaso decorativo bulboso en la mesa, ya que comenzaba a oscurecer, algo que fue repartiendo por el resto de comensales que compartían terraza con nosotros.
Rápida y profesionalmente, volví al ámbito de la conversación, con pulso dialogante.

- “¿Cómo conoces mi nombre? No es algo usual reconocerme y tampoco es que sea deliberadamente un personaje mediático. Quiero entender que alguien te habló de los servicios de mi familia… ¿Me equivoco?”- desglosé con un matiz de perspicacia mientras le miraba intensamente a los ojos –“Pero por suerte o por desgracia aquí estás delante de mí, solicitando los servicios y material que ofrecemos. ¿Qué necesitas Vulkan, soldado raso de la bienaventurada Marina, y de qué manera puede beneficiarme?” – espeté rápidamente con un ligero tono irónico pero desapasionado, centrándome en lo importante –“Te recuerdo que no tengo todo el día y mi tiempo es bastante caro”- sentencié, dedicando un gesto aburrido.

Tras esto y aguardando respuesta por parte de mi nuevo amigo, como bien había autoproclamado el muchacho que se encontraba enfrentado a mí, ataviado con anteojos y pelo con rubor anaranjado, gesto impaciente y uniforme oficial, tomé ambas cartas y las junté, comenzando a quemarlas por medio de la vela hasta que prendieron en su mayoría, momento en el que las solté en el interior del continente, y veía como se deshacían en cenizas pasto de las llamas.  Hasta donde yo lo sabía, solo era un Marine raso, pero cierto es que tener a alguien que no llame la atención de las altas esferas, es una buena manera de obtener información, y además siempre se puede ayudar a que este… prospere en el escalafón vertical de la gloriosa y obsoleta fuerza que protegía al ciudadano promedio, también llamada Marina.

- “Esta conversación nunca ha sucedido. ¿Eres consciente verdad?” – sugerí de manera casi amenazadora, esperando su petición mientras finalmente daba un sorbo del té que acompañaba la mesa y dejaba que el refrescante aunque caliente sabor del limón se deslizara suntuosamente por la garganta.
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#9
Estaba siendo todo lo amable posible. Era mi mejor estrategia a la hora de conseguir algo de los demás, mi "simpatía natural". Al final, tantos años ayudando a mi madre en la consulta, hicieron mella en mí y aprendí que la forma más rápida para alcanzar el favor de otro, era con la buenas formas de uno mismo. Pero con este tipo nada funcionaba. No sé si era su previa experiencia en este tipo de actividades, que no dejaba de mofarse de mi y de tratarme como un novato. 
Tras mi comentario, empezó a observar su alrededor. Y lo que parecía una ronda de reconocimiento, acabó en una mofa elegante de tipo poderoso, para nada sutil y con la firme intención de dejarme claro que el tenía la sartén por el mango:

- “¡Fuhahahahahaha! ¿Sabes poco de negociación eh? Se supone que esto es un trato entre iguales, deja de tratarme con pleitesía” –

- " Que? Perdona?"- pensé con frustración- " Este tipo me quiere dar lecciones de algo? Tanto él como toda su família deberían de estar..." - frene mis pensamientos agresivos antes de que se me vieran en el rostro reflejados.

Pude guardar las formas, y antes de que pudiera responder, se me adelantó la camarera del local con la comanda de té que había ordenado Terence.
Él aprovechó el tiempo muerto para dejar caer todo su peso sobre mi. Sacó todas sus inquietudes y proclamó que no estaba allí para perder el tiempo:

- “¿Cómo conoces mi nombre? No es algo usual reconocerme y tampoco es que sea deliberadamente un personaje mediático. Quiero entender que alguien te habló de los servicios de mi familia… ¿Me equivoco? Pero por suerte o por desgracia aquí estás delante de mí, solicitando los servicios y material que ofrecemos. ¿Qué necesitas Vulkan, soldado raso de la bienaventurada Marina, y de qué manera puede beneficiarme?"

Todo esto fue adornado con una mirada de desafío y claras intenciones de sacar toda la información posible. Y por si fuera poco, agarró la copia de la carta y procedió a quemarla junto a la original, regalando en el proceso una advertencia:

 -"Esta conversación nunca ha sucedido. ¿Eres consciente verdad?” – 

Había llegado a mi límite. Se reía de mí, me pedía información y me amenazaba. Todo sin vacilar ni un segundo ante la figura de autoridad de un marine, con la elegancia de una persona de su estatus y con la cortesía de hombre de negocios. Pero era el momento de dar el golpe en la mesa.
Empecé a rascar mi mejilla derecha con la mano izquierda. Apuntaba con la cabeza gacha y los ojos cerrados. Un amplio suspiro salió de mi boca con fuerza. No solo quería marcar mi desagrado, quería que se notara que aún estaba aguantando, que el tema a tratar era de más importancia que mis ganas de aguantar a nadie.
Me puse firme y me reconstruí. Tocaba soltarlo todo, para eso había organizado todo esto:

- "Vale... Primero de todo, esta conversación y futuras conversaciones privadas, quedan entre nosotros, te lo aseguro. A ninguno le conviene revelar nuestros encuentros." - Levanté la mano izquierda marcando un 1 con el dedo, y así progresivamente antes de empezar cada punto. No iba a dejar de hablar hasta soltarlo todo. Y aunque no fijaba la mirada con él  más de 2 segundos, cada palabra salía con toda la fortaleza que era capaz de trasmitir.- " Segundo, tengo un trabajo para alguien como tú. La marina es fuerte, pero es lenta y tiene muchos recursos invertidos en la lucha de alta mar. Tengo la intención de "civilizar" diferentes regiones no habitables. Y esa es la parte que te interesa. A cambio de progresar juntos en este proyecto, las ciudades necesitarán algún representante a la altura, con cerebro y picardía. Detalles más adelante y tercero y último..." - procedí a bajar la mano, levantar la barbilla con soberbia y poder y a desafiar a mi visita con la mirada. Con la confianza de mi justicia absoluta y mis objetivos en mente solté un último mensaje seco.- " Soy un soldado raso por el momento. Pero tengo mis trucos y estrategias. La manera en la que pude hacerme con tu nombre y dar contigo son cosa mía. Pero quiero dejarte clara una cosa. La Marina esta llena de vagos, pero hay otros que están dispuestos a dar la vida por lo creen. No pienses por un segundo que soy de los primeros."

Al decir esto, me volví a acomodar en el asiento, planté los codos en la mesa y crucé mis dedos en alto. Esperaba respuesta atento.
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#10
Noté como el joven Marine torció un poco el gesto ante mi respuesta y tras serenarse de rabia durante unos segundos y signo de desagrado, comenzó a soltar una retahíla de sus demandas.

- "Vale... Primero de todo, esta conversación y futuras conversaciones privadas, quedan entre nosotros, te lo aseguro. A ninguno le conviene revelar nuestros encuentros. Segundo, tengo un trabajo para alguien como tú. La marina es fuerte, pero es lenta y tiene muchos recursos invertidos en la lucha de alta mar. Tengo la intención de "civilizar" diferentes regiones no habitables. Y esa es la parte que te interesa. A cambio de progresar juntos en este proyecto, las ciudades necesitarán algún representante a la altura, con cerebro y picardía. Detalles más adelante, y tercero y último, soy un soldado raso por el momento. Pero tengo mis trucos y estrategias. La manera en la que pude hacerme con tu nombre y dar contigo son cosa mía. Pero quiero dejarte clara una cosa. La Marina está llena de vagos, pero hay otros que están dispuestos a dar la vida por lo creen. No pienses por un segundo que soy de los primeros."

Me tomé unos largos segundos para pensar en la propuesta, pues el chaval, que apenas tendría unos años menos que yo, se había trabajado bastante el valor para espetármelo así a la cara.
Una persona interesante, sin duda, pero aún no me había demostrado nada más que unos valores férreos, y un sentido del honor muy en armonía con el de la mayoría de marineritos.

Me recosté ligeramente en la silla, y di un sorbo largo al té, le miré a la cara tras ello, y luego comencé a hablar.

- “¿Qué es peor, un pirata o un revolucionario?"- contesté desinteresadamente jugueteando a hacer equilibrio con el vaso de té medio vacío que tenía entre manos.

Comencé a ver una mirada impaciente, donde el anaranjado compañero se encontraba con los codos sobre la mesa, cruzado de manos.

- “¿Sabes que esa postura tuya denota impaciencia y disconformidad? Es junto con la postura de guardia de espada, o cruzarse de brazos una de las mayores muestras de ir a la defensiva” – continué muy pacientemente, con toda la calma del mundo y tasando cada expresión que se formulaba sobre su rostro al tiempo que el día pasaba para dar paso a una noche dada vez más marcada - "Nunca hagas eso en una negociación, pues mostrarás debilidad y falta de experiencia y sinceramente, poca gente quiere trabajar con débiles y novatos".

Di otro sorbo al pequeño vaso con té.

-“Espero que entiendas que no me vale una absoluta mierda una promesa intangible cuando no puedes darme nada más que futuribles que dependen en gran medida de lo que yo haga con tu solicitud, y pese a tu tentativa de ‘civilizar’, aún no me has contado absolutamente nada de que necesitas” – finalicé, arqueando una ceja y con un gesto dónde ya no se encontraba ninguna sonrisa,  y dejando caer mi cabeza hacia el lado derecho sobre mi mano cerrada y a su vez apoyada con el codo en la mesa en vertical. Mi tono era claro y frío.

- “Seguro que esta vez puedes hacerlo mejor. Cuéntame el plan que tienes en tu mente, a qué lugar te refieres, y todos los demás entresijos que maneja la idiosincrasia de lo que comentas… ¿O es que tienes miedo de mover un poco de más el avispero del Gobierno Mundial?” – expliqué sin vacilación.

Dicho esto, oteé el horizonte un poco más buscando algún tipo de potencial problema, pero no lo encontré. Todo estaba despejado y tranquilo y los niños comenzaban a abandonar el emplazamiento.
Mejor, nunca he soportado a los críos.

Ajusté mi chaleco un poco, y golpeé ligeramente la solapa derecha con el dorso de la mano izquierda, como si me quitara el polvo de ella, y volví a mirar al muchacho, esperando una respuesta, que si no obtenía, sería todo el tiempo que perdería en aquella nefasta empresa.

La noche finalmente eclipsó al sol, dejando ver un firmamento apenas estrellado y con alguna nubosidad viajando por el cielo. Iba a ser una noche tranquila, puede que algo fresca, pero no tendríamos precipitaciones, aunque tampoco ninguna constelación que pudiéramos observar. Esto era lo malo de las grandes urbes, la ausencia total de estrellas debido a la contaminación de los barcos.

-"Y no, no te preocupes. Los consejos de antes son gratuitos, ¡Fuahahaha!"- comenté para descolocar aún más el porte del cliente.
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