Una pequeña grieta. [Lan - Presente relativo]
#1
Un violáceo cielo se cernía desde lo alto de la isla Karate, Ashveil se quedaba perplejo ante aquel ocaso que parexia haber sido pintado por un artista sin paciencia. Brisa humeda desde altamar, incienso, arroz recien hervido, aromas combinados en lares que latian al compas del pulso del combate, enérgicos eran los gritos de aquellos que quisieran desarollar sus capacidades físicas a su apogeo.

Ashveil descendió del barco que lo había traido desde aguas pasajeras, piso la arena y se relajo ante el aire tranquilo, sereno, sosiego, una oleada de relajación. Se separo un poco de su tripulación para disfrutar un poco de su soledad. Llevaba un traje negro, contrastaba por completo en ese entorno donde la prenda usual eran harapos, gi y vendas. «Bonita isla» Pensó, de manera intrusiva, esa isla no era un lugar cualquiera después de todo; Era un templo donde se honraba a la violencia convertida en un espléndido arte.

Aunque Ashveil no venia por el karate, seria abandonar su amado arte de la espada por los puños. Algo impensable. Pues en es isla se estaban reuniendo jovenes promesas de la pirateria, algunos por fama otros por riquezas, en ese lugar se hallaban las estrellas que iluminarian el firmamento en un futuro cercano. « ¿Y por qué no estaría él? » Era un jugador listo para apostar lo necesario. En esta ocasión se desplaza por los mercados atestados, desde vendedores ofreciendo fideos hasta trozos de carne tan grandes que seguro satisfacerian el apetito de Thyrm. Las personas le observaban, el contraste, su arma era una ovación a lo opuesto. El sonido del gong marcaría el inicio de una demostración pública. Dos Gyojin, en posiciones. Varios habitantes y aventureros se posaron alrededor del lugar. Y él se detuvo.

Pero no por el incidente, no por el evento que transcurría como hecho fortuito.

Sino por ella

Allí, en medio del bullicio, la vio.

Era una mujer pelirroja, su postura era serena pero su presencia pareció cortar el mismísimo aire. No llevaba uniforme de dojo, sino ropa propia. En cada hebra se formaban mechones encendidos como fuego al viento. ¿Y que hablar de su ojos? —Aunque donde estaba, a duras penas podia distinguir — Estaban atentos, analíticos, pero como una hermosas perlas carmesí que destellaban un espíritu como nunca. Su mirada tenia mas filo que cualquier técnica mostrada en esa confrontación bañada en improvisación.

Era hermosa, pero no como una rosa, mas bien como una tormenta; imposible de ignorar, peligrosa para quien no la entendiera. Su mirada hacia temblar certezas. Y él lo supo, tenia una postura que evidenciaba disciplina, como la de alguien capaz de reaccionar a cualquier amenaza ante el mas mínimo estimulo. — No pareces de aquí — Le dirigió la palabra, su cabello rojo era un frenesí danzante que parecía perderse cual fuego etéreo. — Y eso, en un lugar tan formal... Es interesante — Sostuvo su mirada, con naturalidad.

—¿Sabes algo ironico? El orden sin una pequeña grieta perece ante el hecho de ser demasiado perfecto. — Diria, pero aun sin dejar observar como los gyojin luchaban entre si. — Los rumores hablan de que en este lugar se entrena el cuerpo y alma. Que la fuerza nace de la quietud — Carraspeo, ligeramente balanceándose hasta levantar su vista. Ella era mas alta. Mucho más.
—Pero personalmente prefiero una fuerza que venga del caos. Tiene mas personalidad — Decidió introducirse en una conversación atípica, queriendo no pecar de muy simple ni muy soberbio. — Ashveil... Un placer, estoy seguro que tú tampoco eres de por acá. Sino de otras tierras —

—¿Hay problema con que quiera hablarte? No ve o ningún letrero que diga "prohibido a los curiosos" — Añadió, con una sonrisa divertido. Al mismo tiempo petalos caían, el silencio imperó en su entorno. Pasando a segundo plano. — Y creo que nadie seria tan tonto como para rechazar a una invitación a beber té y comer fideos —. Dijo, para luego hacerse el tonto. Disfrutaba un poco de salir de su entorno habitual. Además...

La calma perfecta de la isla ya no era tan perfecta.
Había encontrado su grieta.
Y planeaba abrirla.
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#2
Hace dos semanas había asistido a una reunión de lo que se podría considerar formar parte de una banda… Habíamos decidido que, luego de tres semanas, sería el día para partir a la isla de Samba.
—¿Te lo imaginaste alguna vez, Coa? Yo, siendo parte de un grupo —le decía a Coatl, mi serpiente hermana, que reptaba a través de mi torso y mis brazos para finalmente posar su cabeza a la altura de mi oído, como si me susurrara; aunque esta simplemente rozó su lengua con mi mejilla mientras atravesábamos el mercado, cuando iba a ponerse el sol. —Sssssss… —siseó en un tono audaz, como si me regañara, lo cual me hizo soltar una risita—. Paciencia en la forja, gracias por recordármelo.

Comenzaron a prenderse las iluminaciones artísticas de la isla: las lámparas de aceite y las velas, las luciérnagas que alumbraban los caminos que aún tenían algunos árboles en cada esquina y terracería por calle; mis pies pisaban el suelo descalzos y Coatl se acurrucaba mientras paseaba por aquellas calles, sacando la pipa de los pliegues de la piel y vertiendo un poco de hierbas. Me dirigía hacia la plaza del mercado, donde entonces el escenario se tornó diferente: había una arena improvisada y un gong marcaba la salida de dos gyojins a punto de pelear entre ellos en una demostración.
Me acerqué colocándome la pipa en la boca y dándole una calada profunda que sostuve unos segundos y luego dejé escapar. Coatl volvió a asomarse, esta vez a través de la piel de lobo que me cubría la espalda. Algunos se alejaron de mí al notarla.

No pasó demasiado cuando noté una mirada ajena; mi vista se dirigió inmediatamente a los ojos amarillos que se posaban en mí como la llama de un horno, y él no esperó demasiado para dirigirse a mí. Regresé la vista a la pelea, pues él hizo lo mismo. Admiré en secreto el traje que llevaba; olía a mar y a sal.
—Interesante —dije, dando un pequeño golpe con la punta del pie en el piso mientras cambiaba mi peso a la otra pierna.

Sus palabras me hicieron esbozar una sonrisa. Le di otra calada a la pipa, para soltarla unos segundos después. Me reí entre dientes y solté un resoplido divertido pero gentil, mientras giraba un poco mi torso para observarlo mejor de pies a cabeza, mientras él tenía la vista fija en el combate.

Este había iniciado de manera cautelosa, solo había intentado golpear a uno de ellos, midiendo la fuerza de su oponente.
—Es un placer, joven Ashveil —dije, correspondiéndole con una sonrisa—. Tienes razón, no soy de aquí al igual que usted —y al decir esto, inhalé cerca de él discretamente, pero estaba segura de que el movimiento no pasaría desapercibido ante el conocido, un poco más bajo que yo, pero elegante y con un aura que respiraba salvajismo—. Mi nombre es Lan Caihe, un placer —y tras decir esto volví a girarme.

—No hay problema, de hecho, yo también soy de esas personas que piensan que el caos tiene más personalidad —
“Además, ¿por qué no divertirnos antes de partir?”, pensé, en el momento en el que no solo yo, sino también Coatl, se asomó, estirándose para percibir el cuerpo del moreno a través de su lengua.
—Coatl, cuidado —dije mientras observaba de nuevo y movía suavemente a la pequeña—. Perdona, ella es bastante curiosa —en ese momento, el otro gyojin logró acertar un golpe a su contrincante, aunque ese también había sido para medir la resistencia del otro.
—Definitivamente, las curiosas somos nosotras, buen joven, y no, no negaremos el tomar ese té con usted —comenté, mientras Coatl se movía nerviosa sobre mis hombros y se enroscaba en el brazo más alejado de Ashveil.

Le di otra calada a la pipa y se la ofrecí mientras sacaba el humo hacia la izquierda y lo observaba de reojo para ver si la tomaba. Aunque fue por inercia, me di cuenta de que le había ofrecido la pipa con el brazo en el que estaba Coatl.
—¿Supongo que una calada antes de ese té estaría bien? Ah, cuidado, el metal está muy caliente —pregunté y advertí con una sonrisa y ojos curiosos, ofreciéndole la pipa desde el pocillo donde estaba la hierba, pues para mí no estaba caliente. Mientras tanto, la serpiente trató de deslizarse hasta el cuerpo de Ashveil con una elegancia fría. —Ssssss... —
“¡Qué divertido!”, pensé, mientras mi sonrisa se tornaba un poco pícara al observar las intenciones de mi hermana serpiente.
[Imagen: dtilbUBl_o.gif]
Hablo #e82a1f | Pienso #E86E04 | Narro
Karmas
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#3
La observo incluso antes que su presencia fuera anunciada por el mismísimo viento. Las lámparas de aceite pasaron a segundo plano ante la silueta femenina de quien se posaba a su frente. Un foco más reluciente. Su manera de andar era rítmica, lindo vaivén, la tierra misma cambiaba bajo su pisar; el polvo se alzaba con rapidez para besar su piel y desparecer en vestigios, obediente.
«Peligrosa» Pensaría. Pero en su mente, traicionera. Añadió algo más; «Hermosa».
No tardo en encontrarse con la serpiente que fungía como acompañante de la pelirroja. Se movia con gracia, fluyendo, sus escamas brillaban al eco del reflejo de los estímulos lumínicos alrededor; sol, lámparas y hasta su propia dueña. Ashveil no era particularmente un animalista, fue criado en una isla de babuinos asesinos asi que... Agradecía no tener que alertarse ante una presencia animal. Su instinto, sin embargo, le dictaminaba que aquella mujer y su criatura eran distintas.
Ambas conformaban una figura que no encajaba con el ambiente. Una pequeña probada del mundo de las Kuja.
—Lan Caihe — Murmuró, varias veces, tratando de pronunciar correctamente aquel nombre. Aunque era exótico no era mas complicado del de su susodicho médico de cabecera. — Suena bien, es simple. Algo no tan difícil de olvidar —.
Y lo pensaba con sinceridad, habia nombres grabados por mera costumbre. Pero quizás el suyo se lo aprendería por instinto. Simple, si, pero no añadió que también indomable. El humo de su pipa formaba espirales que luego se disolvían en el ambiente. 
— ¿Que es eso? — Intrigado, no siendo familiarizado con ese tipo de instrumentos... Si se le puede llamar asi.
Ella se acercó lo suficiente como para que Ashveil lograra sentir el calor tenue de su cuerpo. Noto el mirar de Coalt sobre él. Pero ya estaba acostumbrado a ese tipo de experiencias, si algo aprendió esos años en Kuraigana es que los seres peligrosos, « Hombres, mujeres u animales » respetaban por alguna razón la quietud. Y esa misma le hizo sobrevivir en ese ambiente hostil hasta sus dias por venidos.
Trago humo. Si, ella era caos. Uno que habia aprendido a vestirse con calma y seda beata. Y el caos, a él le encantaba. — ¿Sabes? Si el caos tuviera rostro seria como el tuyo — Frunció el ceño antes de esbozar una sonrisa. — Tranquilo, sereno... Pero algo me dice que escondes algo salvaje —. Y cuando ese mismo caos tentador le tendió su pipa aceptó sin mucho apuro. Lo rozo, ese toque breve fue suficiente para sentir el calor del fuego, tan indomable como de costumbre. Se llevo rápidamente la pipa a los labios y aspiro de manera a imitación. El humo tenia un sabor terroso, salino y un toque dulce al final. Se aguanto un poco las lagrimas y tosió al no estar acostumbrado.  Le miro con ojos llorosos—Creo que lo caliente fue lo de menos — Die, dándose palmadas. «Como lo puede inhalar con tanta facilidad? ». — Si cierta persona  estuviera aca se burlaría de mi — bromeó, por debajo... Hasta recuperarse de los efectos del humo. Devolvió la pipa, pocas cosas habían sido tan elegantes para él que verla fumar con tanta gracia, el humo danzaba alrededor de ella como un amante dócil y a él lo regañaba.
Y antes de darse cuenta ya Coalt se deslizaba por su torso. Se quedo clavado en sus ojos ovalados y reptilianos. Quizás ambas le estaban midiendo. No con hostilidad, sino con curiosidad, esa tan tipica de los depredadores conceden antes de decidir si el otro merece confianza o juego. — Mientras no sepa usar armas estare bien... — Justo al terminar el gong sonó, y aunque el combate quedo a segundo plano fue lo que en primer lugar causo el encuentro fortuito. Un ruido distante. Porque lo unico que ahora podia escuchar era el siseo leve de Coatl.
Bajo la mirada apenas un leve segundo, no acostumbrado a perder el equilibrio por nada ni nadie. Con un ligero temblor en sus dedos. — El té que quiero ofrecerte no es humeante, es cálido y tranquilo. Pero te aseguró que hara que quieras repetir. — Hablaba del té o quizas no tanto.
Porque despues de todo, el caos le miraba directamente a los ojos en esta ocasión. — Por cierto, estas muy en forma —. Procede a volverse Ashveil chiquito (?).
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#4
—Bueno, seguramente si las aguas son favorables volveremos a encontrarnos —dije; él olía a mar, y así como yo, tampoco era de esta isla. Así que quién sabe, cualquier cosa podía pasar.
Regresé a una postura más relajada mientras él tomaba la pipa y aspiraba de ella. Su pregunta me hizo sonreír de oreja a oreja y entrecerrar un poco los ojos. —Es una pipa… la hice yo misma. Se usa para fumar, era popular en mi pueblo entre los viejos, aunque adquirí el gusto cuando me fui de allí —en mis ojos hubo un poco de pesadez por recordar y disfrazar parte de la verdad ante un extraño. Aunque, técnicamente, no había mentido ni ocultado información, pero él no tenía por qué saber aquello, no lo conocía y tampoco confiaba en él, aun.

Sus palabras calaron hondo en mí, y no pude evitar reír abiertamente. —¡HUHUHYYAAA! —casi se desborda una pequeña lágrima desde uno de mis ojos. El gyojin que iba perdiendo le devolvió el golpe al otro, los vítores comenzaron y de repente la muchedumbre se vio envuelta entre gritos de aliento y algunos otros de molestia—. Gracias por el cumplido, aunque no pretendo esconder mucho más de lo que debe ser protegido —contesté con voz profunda y aterciopelada, siendo totalmente sincera con el extraño.

Me coloqué a su lado entonces, y le di dos palmadas firmes (aunque no fuertes) en la espalda, como si quisiera ayudarle a pasar el mal trago de humo, y volví a esbozar una sonrisa de oreja a oreja. —Lo siento, esta era de la fuerte, a veces olvido que es más pesado que el tabaco normal —Coatl siseó—. Bueno, nosotras no nos burlaremos, siempre hay una primera vez para todo —contesté. —Por cierto… lo que acabas de fumar son hierbas especiales, no es tabaco común. Puede que te sientas extraño en unos minutos, pero no te asustes, confía en esta extraña.

Coatl parecía curiosa con el chico; su olor era diferente y ella lo percibía también, era interesante. —Jajaja, no, es mi compañera, mi hermana… aunque sí que es venenosa —comenté, solo para ver su reacción; por supuesto no era cierto, Coatl no tenía veneno ni mucho menos. Volvió a sisear, moviéndose por el torso del invitado, a quien podía ver temblar un poco. Lo miré a los ojos con aquellos orbes carmesí, intrigada.

—La verdad es que un té nos vendría bien. —Di un paso hacia él con gracia y agilidad, acercándome a su torso y quedando a escasos centímetros de su cara, invadiendo su espacio personal por un momento. Mis manos trabajaron simultáneamente: con una casi rocé su camisa con la yema de mis dedos, llamando a Coatl para que reptara por mi mano hasta mi brazo; con la otra, rozando suavemente su muñeca, me detuve un segundo para que supiera que quería tomarla de vuelta. Finalmente la puse en mi boca y di una calada, exhalando el humo despacio mientras volvía a dedicarle una sonrisa lobuna tras el cumplido.
—Gracias, tú también estás muy bien físicamente. ¿Esgrima? —pregunté, haciéndole una seña entonces para que me mostrara el camino a seguir para tomar esa taza de té.
[Imagen: dtilbUBl_o.gif]
Hablo #e82a1f | Pienso #E86E04 | Narro
Karmas
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#5
✘
TEMA: CERRADO

STAFF DE NAKAMA NO MI
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