Dharma
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C. de Haki
C. de Akuma
El mundo ha cambiado durante toda su existencia, todos han presenciado "El Fin", en alguno de esos momentos icónicos en la era humana, donde han sentido que su extinción se acerca, pero ninguna de esas veces ha sido realmente un final. Siempre sobreviven los vencedores, los más aptos, los más fuertes. Cada día y cada noche, cada gota de sangre derramada, por sus laboriosas y rudimentarias armas, los limita, se destruyen. Son tan ingenuos, creyendo que pueden dominar su propio planeta, el cual múltiples veces los ha llevado al borde de la muerte, con inundaciones, incendios, catástrofes naturales e incluso alguna que otra vez, intervenciones divinas. Quien pueda creer que crea. Pero por ahora en una estrellada noche, alumbrada por el satélite de nombre luna, se mostraba una voz con un tono grave, imponiéndose ante el silencio, el preciado silencio. Con palabras que se dirigían a un invitado, que como podía sentir se encontraba en la azotea del edificio, la forma en como habían congeniado una "reunión" era un tanto extraña.
| Bro... este mundo es igual, el siglo que sea, solo construye edificaciones más altas, prefieren derrumbar miles de arboles por construir esto, edificios, altares a su ego, pero es parte de su evolución, al menos es lo que ellos mismos mencionan. | Se mantuvo en silencio por unos segundos, mirando de reojo a donde estaba él. Aquel aliado que había encontrado hace mucho tiempo atrás. | Pienso que en este mundo solo deben existir aquellos que tengan algún tipo de valor. | Un tono oscuro en su voz y en su propia aura se puede hacer sentir. | Por eso encarne como el Dharma algo que dictamina la existencia, sino sería tan simple solo destruir todo ¿no crees? .|
Con un poco de energía propia de sus habilidades, el hombre de ojos esmeralda comenzaba a moverse entre la cúspide de uno de los edificios más altos de la ciudad, observando desde la azotea de este mismo, sus manos se recargaban tenuemente en una barandilla, mientras estiraba sus músculos como de costumbre pero de manera sutil, todo se reduce a una verdad, su poder, ese poder que tanto necesita tanto el como su compañero, tomara tiempo conseguirlo, pero cada paso estarán mas cerca, su presencia se revelaba un hombre alto un tanto mas alto de lo usual, con sus cabellos desordenados y una apariencia como si el mismo infierno hubiera engendrado su campeón en la tierra.
Sin duda alguna la vista era interesante y podía sentir el ego y la ambición de todos los humanos, el odio, la ansiedad, el temor a la muerte y el de la soledad. Todo eso permitía el nacimiento constante de todo aquel terror que siempre ha inundado este mundo, era un pirata, concebido así por la libertad con la que vivía, pero el prefería llamarse un mediador entre los pecados de la propia humanidad ante el regalo divino que han estado maltratando con el tiempo. Mismo tiempo que ahora le ha servido para evaluar que tan merecedores son de su propia existencia y que si no es mejor un juicio real.
Sanemi Toge
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C. de Haki
C. de Akuma
19-10-2025, 07:59 PM
(Última modificación: 19-10-2025, 08:00 PM por Sanemi Toge.)
El mundo cambia en un flujo constante, es una era acelerada donde las cosas pueden girar de un momento a otro como si un dios lo dictaminara con el simple chasquido de sus dedos, como si de un juego se tratase. Los seres vivientes, sin un fin o propósito están destinados a ser actores secundarios, el tener un poco de sentido común y querer luchar por sus ideales o sueños los pones dentro del juego, pero no muchos están decididos a tomar ese rol.
De noche estrellada y sobre la azotea de un elevado edifico se encontraba Sanemi. Este llevaba una capa que le cubre parcialmente el cabello y parte de su torso. Su rostro se deja ver, mientras unos mechones de cabello le interrumpen de vez en cuando la vista. Sus manos las tiene posadas sobre una barandilla metálica mientras observa desde lo alto. Sus ojos estaban, como extrañas veces pasa, con un fulgor serio -Oe... El que no conoce su historia está condenado a repetirla… -Un leve silencio lo acompañó- La inacción está arrastrando a todos -Si bien Sanemi suele ser un personaje sociable, entiende que tiene un papel que cumplir y por muy gracioso que sea o divertido, existen momentos en los cuales tiene que mantenerse sereno y no dejarse llevar por un simple acto de desinterés o diversión momentánea.
Con quien se encontraba en ese lugar era Dharma, alguien que manifestaba ser el yugo que podría, bajo su propio concepto, cambiar y alterar las cuerdas que dominan y por qué no cortarlas -Nada será simple, ni mucho menos sencillo -Sin darse cuenta un comenzó a apretar la baranda con fuerza. Sus pensamientos eran firme, desde que pudo encontrarse con gente que puede llamar nakama ha conseguido coincidir en pensamientos y formas, por muy distintas formas de actuar que tengan cada uno de los involucrados. Hacer una diferencia para la actualidad sería cuanto menos difícil. Eso lo hacía emocionante, tendrían que moverse estratégicamente, ambos piratas que, poco a poco, comienzan a labrarse un nombre en tan caótica actualidad ¿Cuál es el siguiente paso? -Terminaremos con este sistema -Levantó su puño derecho en señal de fuerza.
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C. de Haki
C. de Akuma
20-10-2025, 02:50 AM
(Última modificación: 20-10-2025, 06:15 AM por Dharma.
Razón: error de letra
)
Un poco de filosofía, la necesaria para comprenderse entre seres que tienen propósitos parecidos, aquel que dominaba el poder de las artes del cuerpo a cuerpo, como si fuese su propia forma de andar, era un gran aliado que, si bien por algunos años el contacto no fue tan continuo, tuvo sus épocas donde incluso llevaron ciertos entrenamientos, convirtiéndose en personas de confianza el uno para el otro. La noche se establecía con más oscuridad y las estrellas tintineando con egoísmo, sin importarles la situación de este mundo. Un par de seres de un potencial enorme, mantenían una conversación muy interesante, como único testigo la luna y la oscuridad que reinaba en los cielos.
| Creo que lo entiendes Sanemi... y por eso es que lo comparto contigo... no es locura, ni maldad, ni crueldad la que salen de mis ojos, es hastió. | Sentenciaba con tu tono de voz habitual casi siempre mostrando una arrogancia natural y un desdén solemne. | Cada vez falta menos para que comencemos a estar en contra de todos y todo o casi todo jahjah... | Se colocaba a un par de metros de su aliado, su cuerpo de gran tamaño y fortaleza física, eran sinónimos del poder que yacía en su interior, portando a la vez su prominente espada Rudra, el arma no tenia ningún valor sentimental como tal, era el nombre el que le daba la intención, esa misma que tienen desde hace mucho tiempo, la de sobresalir como el verdadero poder, el único poder, el que se ejerce y ya. | Hemos pasado cosas complicadas e incluso entrenado... para este futuro que se avecina. | Sus ropajes negros y ligeramente holgados dejaban ver la figura de un hombre que sobrepasaba los 2 metros de altura, era imponente sin lugar a duda, más esa cabellera desordenada, hacían el juego de ver a un ser diferente. En el caso de su compañero, el misterio y enigma salían de él cómo sus palabras. Dharma estaba al tanto de las grandes capacidades de su aliado, la ferocidad y el valor que residían en Sanemi, se podrían comparar con el del oriundo de Wano.
Cruzando los brazos, mirando hacia los edificios alrededor de menor tamaño, la figura de Dharma se mantenía impávida, este día iban a recoger un encargo especial en el puerto, actuando como meros traficantes de objetos antiguos y demás cosillas extrañas. Lo que no sabían aquellos vendedores del mercado negro, era que el par de piratas tendrían las intenciones no solo de hacerse de la mercancía, sino de evitar el cargo y así quedarse con algunas otras cosas más. Sin embargo, aún faltaba un poco menos de una hora para el encuentro en uno de los almacenes y bodegas que rodeaban de ese lado de la isla.
Sanemi Toge
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C. de Haki
C. de Akuma
20-10-2025, 04:37 AM
(Última modificación: 20-10-2025, 06:02 AM por Sanemi Toge.)
No recordaba cuanto tiempo no veía a Dharma, la verdad que desde el primer momento que se conocieron habían pasado incontables cosas juntos, cosas que les han servido para formarse una visión clara del mundo y poder comprender que tienen una meta bastante parecida. Su compañero, la verdad es que es un tipo bastante más espiritual, pero con fuertes convicciones y con una visión clara sobre lo que quiere lograr; Sanemi, por su parte, es más sociable, pero no dejaba que esa parte se interponga entre lo que desea lograr. Ambos, si la situación lo amerita, dejarían de lado esa parte que los limita por el bien general.
-Es cierto, parece que ese día está cada vez más cerca -No se planeaban una vida caótica y llena de pleitos al iniciar como piratas, no son tan tontos para ir destruyendo todo lo que ven. Buscarían de cumplir objetivos en distintas líneas de tiempo. Conocen sus límites, pero, así como tienen en cuenta estos, saben que su verdadero potencial está todavía dormido. Paso a paso.
Sanemi notó como Dharma se posó a su costado, con esas ropas de color rojo carmesí que le llamaban poderosamente la atención, valga verdades, un traje que le agradaba bastante.
-¿Nos vamos? -De momento empezarían con la primera parte de su plan de vida, por así decirlo. Sin esperar respuesta levantó su pierna para ponerse por encima del muro del edificio y lanzarse del mismo. Iba bajando a buena velocidad, hasta que antes de impactar contra el suelo se sujetó con su mano derecha de una barandilla que sobresalía del edifico lo que amortiguó todo su peso y evitó se estrellara. Son piratas y para que ese título sea creciendo, junto con todo lo que los define, sus acciones deben estar a la altura. No planeaban ser piratas buenos.
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C. de Haki
C. de Akuma
El ambiente, aunque ligero, podía comenzar a sentirte un tanto más serio, Dharma era consciente de que su compañero pirata era un tipo de persona un tanto más sociable, aunque se tomaba con seriedad los momentos importantes. Por su parte el de ropajes negros, se mantenía casi siempre en un estado de quietud, ahora estirando con ligereza los músculos de su espalda y también sus brazos, parte de su rutina, sus brazos se encontraban libres en una camiseta negra de manga corta, mientras sus ropajes inferiores eran un estilo de pantalones negros holgados y muy cómodos, no había rastro de lo que era un guerrero samurái, pues él había elegido otro camino. Su gran espada la llevaba en la espalda en sujeciones de cuero que se ajustaban a su cuerpo. Un instrumento apenas suficiente para solventar la habilidad del pelinegro, aunque era un espadón común, era suficiente para ser la herramienta del caos predilecta. Aunque trataba de aprender cada vez mas sobre sus propias habilidades, así como las de otros, ese conocimiento que tiene, le permite comprender algunas cosas del mundo. Estando de pie escuchaba atento a su símil, el cual exponía ya encontrarse, más que preparado.
| Quizá ese día comienza hoy... creo que sabemos el valor de las cosas y sin tristeza lo menciono... el oro no vale lo mismo que el cobre. | Una sentencia que hacía analogía a algo más profundo ¿a qué? la respuesta era la vida, la vida de ellos y la vida de otros, un mundo caótico, no daba espacio para titubear, el pelinegro de ojos esmeraldas, apenas y visibles en esa mirada afilada; era consciente y ya había hecho actos infames por propia conveniencia, el concepto de maldad era algo superfluo desde hace mucho tiempo atrás. | Bro… andando. |
Pronuncio y observó los movimientos agiles de su compañero, se movía con singular gracia, haciendo demostración de sus habilidades físicas. Dharma sin embargo se apoyaba de sus habilidades un tanto mas bruscas, las cuales iban mejorando con el tiempo de una manera bastante activa. El espadachín, se deshizo con agilidad y soltura del edificio donde estaban, cayendo en el siguiente aprovechando sus habilidades adquiridas en la infancia, desapareciendo del lugar en la azotea y apareciendo en unas casas más adelante, moviéndose entre las diversas edificaciones de menor altura, que lo llevarían a su destino. Al estilo “parkour mirando a Sanemi de reojo, ambos llevarían a cabo el plan que ya tenían desde hace unos días. Por su parte el de orbes verdes, se movería por arriba usando sus habilidades un tanto más directas. Así encaminándose hacia la zona portuaria de almacenes, el camino no era tan largo, dadas las cualidades de ambos.
Sanemi Toge
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C. de Haki
C. de Akuma
Cuando los dos se juntaban es como si las cosas, en pro de sus objetivos, comenzaran a tejerse, lentas, pero con un crecimiento notable. Ante la vista de cualquiera podrían parecer personas que no tiene bloqueos al momento de realizar sus acciones, sin embargo, estas no son aisladas, responden a ellos. No atacan indiscriminadamente, sus movimientos siempre son pensados, involucrar a terceros o inocentes no está dentro de sus parámetros. Estando ya sobre el suelo Sanemi se acomodó la túnica que lleva, más que por ser enigmático es porque se sentía cómodo portando esa prenda.
En su mente retumbó lo que Dhamar, su compañero, dijo sobre el cobre y el oro, algo totalmente cierto. Mirando a lo alto pudo ver como el originario de Wano comenzaba a desplazarse por las azoteas de los edificios con suma habilidad. Sanemi emprendió carrera moviéndose por el muelle, usando las sombras como refugio y evitando la precaria luz pública. La verdad es que esa parte de la ciudad seguía siendo la misma zona descuidada desde hace muchos años, una zona poco patrullada y donde el sentido de justicia parece alterarse según el beneficio propio.
Tras unos cuantos minutos se encontraban cerca de su objetivo. El pirata de cabello blanco se paró a exactamente cien metros de su destino final. Desde donde se encontraba ver todo con claridad, la cantidad de personas y como estas transportaban cajas y costales. Marchaba todo según lo previsto. Buscó con la vista a su compañero que debería estar sobre lo alto. Hizo un gesto con su mano derecha, en forma de señal. La idea es que sea Dharma, quien por sus habilidades, sea el que rompa el hielo. Nuestro pirata estaba atento, en cuanto su compañero comience a moverse, haría lo propio.
Dharma
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C. de Haki
C. de Akuma
La noche acompaña cosas diferentes, únicas a veces con gran diferencia a cuando la luz se esparce, la oscuridad se proyecta con mayor facilidad entre las fauces del tiempo que obligan a la existencia del mismísimo sol, sea indiferente, así formando el mundo nocturno. Dentro de este mundo hay variedad de situaciones. Las tinieblas eran su aliada en esta ocasión, sus orbes indistinguibles por los movimientos veloces que llevaba a cabo, se movían entre los edificios, hasta llegar a la zona en la cual tenían que actuar. Sanemi quizá era muy diferente al oriundo de Wano, pero de cierta forma compartían el mismo sentido de la búsqueda de la gloria y el poder, en diferentes versiones, pero al final tenían que sobrepasar a otros de forma metafórica o no.
Dharma se encontraba en posición en lo alto del almacén oculto entre la oscuridad, sus cabellos ondeaban con el viento al mismo tiempo que se preparaba para actuar, observando con detenimiento y ligeramente agachado, la oscuridad era su aliada, pero tenia que saber usarla. Sus sentidos como el oído y la vista fungían de forma mas que perfecta. Mientras tanto el poseedor de estas habilidades, podía observar con mejor detenimiento todo los movimientos de aquellos mercenarios y vendedores de mercancía "especial". Mientras tanto con su mirada "real" veía de lejos a Sanemi, el cual ya estaba listo. Confiados ambos, pero él al tanto también de cuantos enemigos tenían que sortear o quizá mas fácil, acabar con ellos. De repente el cuervo que había creado se difuminaba ante la vista de nadie.
No había pasado mas de unos 10 minutos, Sanemi parecia estar atento, Dharma ya había contabilizado 10 enemigos, incluyendo los de la pequeña embarcación que intentaba pasar desapercibida, que era de donde descendía la mercancía, eso era lo que esperaba, que nadie mas quedara dentro del barco, sino podría ocasionar problemas si huían o alertaban a otros mercaderes de su índole. | Bien creo que son todos... | Daba un salto de manera muy natural, solo un paso, desde donde estaba una caída de de no mas de cinco metros, que al impactar comenzaría a moverse entre las cajas viejas y barriles de la zona, nadie veía nada, todo ocurría con demasiada armonía y calma para esos delincuentes del bajo mundo. Pero en cuanto su compañero no le viera arriba, esa era la señal para comenzar a moverse. Al mismo tiempo que los ahí presentes comenzaban a gritar "¿¡fuego, fuego!" entre otras palabras, el área de pólvora del almacén parecía incendiarse, no de manera caótica, pero si para que unos cuantos se entretuvieran en eso. Ahora a su aliado le tocaba deshacerse de los que pudiera de ese lado, mientras el de orbes carmesí, se comenzaría a mover para ir eliminando a más estorbos.
El incendio era algo fortuito, típico de aquellos que ya están destinados al fracaso, esta pequeña banda de traficantes que habían elegido rastrear, estaba a punto de llegar a su fin.
Sanemi Toge
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C. de Haki
C. de Akuma
21-10-2025, 03:49 PM
(Última modificación: 21-10-2025, 03:53 PM por Sanemi Toge.)
La vida, tal cual como la vemos muchas veces se resume a un tablero donde quien mueve mejor las piezas es quien sale triunfante, algo así es lo que tramaban Dharma y Sanemi. Si lo pensaban fríamente es este uno de sus primeros golpes que harían juntos, pero que iniciaba la mecha de lo que podría ser su futuro. Ambos con habilidades que, dominados correctamente, pueden conducirlos por un camino bastante interesante. Se desconoce si existe algo así como el destino, sin embargo, los humanos y todos los seres son manifestación de sus acciones, pequeñas o grandes, todas cuentan.
Sanemi observó con detenimiento como se movía su compañero hasta que, de un momento a otro, cayó del tejado usando su habilidad. Segundos después se activó la señal, ese ruido, instante, movimiento que daba inicio a su accionar. Sin dudarlo comenzó a correr, usando las sombras como refugio, lo suficientemente rápido para ubicarse cerca de una de las ventanas del edificio, para aprovechando el pánico abrirla haciendo el menor ruido posible. Entrar por aquel lugar le permitió ubicarse cerca donde comenzaba a ocurrir todo el desastre inicial, el área de la pólvora del almacén, un lugar que obligaba a concentrar una gran cantidad de personas dada su peligrosidad si se descontrolaba.
Siguiendo el mismo movimiento de carrera, pero algo ya más descuidado, el pirata de cabellos largos buscó enfrentarse a sus primeros obstáculos. Eran cinco personas que trataban de apagar la pequeña llama que, poco a poco, iba creciendo, constante. Para cuando uno de ellos pudo darse cuenta fue porque Sanemi pasó entre dos de sus compañeros a los cuales sujetó de la parte trasera de su cabeza para llevarla contra el suelo, un fuera de combate inmediato. No fueron objetivos al azar, fueron los que estaban terminando con el incendio, no podían quedarse sin el factor de la desesperación, pero esto se volvía como un cronómetro, salir antes de que todo el lugar se incendie y llame la atención de pobladores y otros grupos.
-Intru… -Uno de los bandidos intentó gritar, pero el sonido se le apagó al recibir un golpe en su garganta, lo que lo dejó bastante adolorido. No fue suficiente para detener a los otros dos personajes restantes, los cuales pudieron completar la frase a todo pulmón. El alboroto comenzaba, lidiar con fuego y un pirata… dos.
Dharma
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C. de Haki
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La oscuridad era su aliada como siempre, sus movimientos bien medidos, le permitían moverse con su forma más ágil entre cajas y costales. Podía ver a su aliado moverse con gran sigilo para ingresar al almacén, justo a la parte donde un grupo de reunía, algunos que murmuraban por la entrada principal se hacían visibles, aunque no entendían que sucedía, dada la hora en la que se encontraban, uno pensaría que habría poco ruido alrededor, pero al ambiente aún era movido, incluso barcos a lo lejos y algunos de estos mismos, platicando o escuchando música, como si fuera otro día más en sus vidas de delincuentes. La costumbre a veces desconcentra, eso lo sabía Dharma, que, para el este tipo de situaciones, aunque ya experimentadas mas de una vez, nunca le desmeritaban seriedad, más que nada para evitarse retrasos innecesarios, lo mejor era atender de manera puntual lo que ocurría, sin distracciones.
El de Wano se “materializaba” entre la oscuridad y algunos reflejos lunares, en la parte de afuera del almacén cuya puerta era algo amplia, y toda su demás estructura solida en material entre aluminio y metal. La puerta o las puertas pues era una de esas puertas dobles con pequeña ventana, se mantenía abierta por el ajetreo de los "trabajadores” una forma de decirle a este tipo de criminales.| Sus vidas al fin encontraran calma | Musito, palabras suaves y frías, cual parca dictando el destino de un par de hombres que pensaban ingresar al almacén, cada uno cargando un costal, para cuando escucharan las voz de Dharma, el cual tomaba su arma con su mano derecha y en un solo movimiento, elegante y piadoso originaba el deceso de sus existencias, cortando sus gargantas con brevedad. Había 5 personas afuera y 5 adentro para ese momento. Sanemi era el encargado de hacer lo suyo, los lugares cerrados le iban mejor. Mientras tanto el poseedor de armas de filo, se movía por la explanada afuera del almacén, la cual tenía tumultos de cajas y algunos contenedores de gran altura estorbaban la visibilidad de todos los ahí presentes.
Lo que ocurría dentro iba por cuenta del otro ser de cabellera gris. Sus habilidades en el arte del combate cuerpo a cuerpo eran muy buenas, si se le podían decir así únicamente, para abreviar su arsenal, serian lo suficientemente útiles, si es que le apetecía usarlos. Por otro lado, el otro ser, se movía con suma confianza por el lugar externo al almacén, aun nadie se había percatado del todo de lo que sucedía. Dharma acechaba con calma, su arma se hacía presente, las sombras de aquellas cajas lo protegían, aunque no era tan fácil ocultar a alguien de su tamaño y estilo, sin embargo, sus ojos esmeraldas brillando tenuemente entre la oscuridad, vislumbraban otras presas, así con cuidado se acercaba ante lo que parecían ser otro hombre reunido alrededor de una caja y sobre estas algunas botellas de cerveza y alimentos de medio pelo. Dormitando tras una jornada larga del bajo mundo y de lo mucho que ganarían vendiendo esas "antigüedades".
Sanemi Toge
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C. de Haki
C. de Akuma
El telón se levantó y la obra dio inicio. El fuego fungía de las luces iluminando el improvisad estrado. Los actores principales Sanemi y Dharma, los de reparto los bandidos del lugar. Esta actuación tiene tiempo límite y el reloj arrancaba, imparable. No se preocuparía por su compañero, conoce de sobra sus habilidades y lo bien que se desempeña, especialmente de noche, es letal. Un usuario singular y devastador. Él, en cambio, luchador cuerpo a cuerpo. Dos fuerzas unidas en el mismo bando. Mala suerte para quienes, sin tener el nivel necesario, levantaban su mano.
Por un instante, Sanemi soltó un suspiro, dejando escapar un leve vaho. Su mirada se clavó en un hombre que, entre gritos desesperados, desenvainó su arma. Torpe, furioso, pero determinado. Mientras que Sanemi, sin titubear se movió y levantó su puño derecho con rapidez hasta impactar en la cara de quien buscaba dispararle, quería evitarse el problema que el sonido de las balas provocaría delatando así su ubicación.
Sin mediar palabra, el de apellido Toge escuchó los pasos de otras personas. Siguiendo con la estructura del plan trazado, lo idea es buscarlos para darles caza antes de que pudieran agruparse ¿cuántos eran? No lo podía distinguir con claridad, pero seguro un par más. Con la agilidad que lo caracterizaba, se deslizó entre las sombras, esquivando cajas y saltando obstáculos como si el terreno fuera suyo. Entretanto, las llamas seguían avanzando, y el lugar, en cuestión de minutos, dejaría de ser un escenario de combate para convertirse en una antorcha descomunal, desagradable y fatal.
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