[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue)
#61
Las velas y suelo de madera crujían sobre y bajo nosotros, el aire olía a sal, su característico y maravilloso olor. El ancla aún nos ataba a la dulzura del mar, o más bien a lo salado del mar, listos para zarpar y navegarlo. Me encontraba absorta admirando el paisaje que nos rodeaba mientras todos a mi alrededor se emocionaban con la idea de una boda, otros discutían por una pelea del pasado, y la Marina actuaba a su propio son. Estaba alerta pero eso no me impedía reírme bajito, pensando en la cara que puso Gwen cuando el chico la besó. Aquello sí que era valor, no enfrentarse a los mares. Aún recuerdo que cuando abandoné mi hogar, no fui capaz de enfrentarme a mi madre y ni tan siquiera decirle a la cara que la quería. Me he refugiado en la idea de que ella misma ya lo sabía, y la prueba de ello era llevar siempre conmigo su colgante. Me había quedado mirando el horizonte, absorta, jugando con mi cabello e imaginando cómo sería eso de cantar en una boda en medio del océano, cuando algo blanco rozó la cabeza de muchos de nosotros.

— ¿Eh? —murmuré, atrapando la hoja al vuelo. No era una gaviota… era papel. Mucho papel. Casi sentí que podía salir volando junto al ¿periódico? Una serie de rostros llamaron mi atención. Mas no solo fue eso: a mi alrededor, los periódicos volaban con el viento. Algunos caían sobre cubierta, otros se estrellaban contra los mástiles, y uno fue a parar justo a los pies de Varo, que ya tenía cara de haber visto un fantasma. Caminé hacia él, curiosa, esquivando pies, y asomé la cabeza entre sus pies, intentando llamar su atención.

Y entonces lo vi. Mi cara. Mi nombre. Y justo debajo, una cifra tan grande que casi me hizo doler los ojos.
— Ah… bueno —me llevé una mano a la nuca, nerviosa—. Supongo que al menos han sabido escoger mi buen lado. Aunque debo decir que tengo la nariz más grande.

La bienvenida al periódico no fue buena, y yo solo pensaba que el aire empezaba a oler distinto. A peligro. A promesas rotas antes de zarpar. Había intentado permanecer oculta entre telas y hojas, de nada había servido. No solo era mi rostro el que aparecía ahí. Mis compañeros. Varo, Mercedes y Rosse. El capitán no había querido pasar desapercibido y ¿cómo hacerlo? Si él mismo, por su propio carácter, ya llamaba la atención. Suspiré pensando un claro «se lo dije» pero ya no valía de nada: la recompensa estaba puesta— Capi, ¿estarás contento? Parece que levantas pasiones allá donde pisas —afrontar los problemas con comedia no solía ser lo más sano, lo sabía, pero no teníamos nada en nuestra mano para solucionarlo, así que me limité a quitarle hierro al asunto. Miré a nuestro alrededor y busqué miradas indiscretas que estuviesen admirando algo (o más bien a alguien) que a mí me alertase. Desde ese momento no podíamos confiar en nadie más que en nosotros mismos.

— Oye, Varo —dije, dándole un golpecito con el tobillo mientras intentaba no parecer tan asustada—. Si nos disfrazamos, ¿puedo ser la que lleva las flores en la boda? Así disimulo. Nadie sospecha de la chica con flores.

Intenté sonreír. Intenté que no se notara que el corazón me latía tan rápido que casi hacía vibrar la madera bajo mis pies. Porque los mares, a veces, no bendicen. Solo se ríen. Y nosotros acabábamos de convertirnos en su nueva broma.

En ese momento bendije mi buena idea de traer objetos curativos. Antes de llegar al puerto pensé que era bueno tener vendajes a mano; ahora, con esta nueva noticia, estaba claro que había tomado una buena decisión y que sería algo que más adelante necesitaríamos, si bien prefería no ver a mis compañeros en la tesitura de estar gravemente heridos. Sentí la necesidad de estar en alta mar, en nuestro propio barco, protegidos de todo mal, siendo nosotros nuestros propios escudos.

Me volví hacia Eros. Ya había hecho suficientes bromas, ahora tocaba estar seria. Al igual que hice con Varo, tiré de la tela de su ropa que quedase más cerca de su tobillo para llamar su atención— ¿Podré utilizar tu bolsillo como escondite fijo? Un médico tiene que ser el último en morir si queremos tener una oportunidad de sobrevivir —la experiencia me había enseñado que como médico, yo debía ser la última en caer, pues si caía la primera o poco después, no habría oportunidades para los demás de sobrevivir.

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#62
Eros rascó con nerviosismo su mejilla, primero se enrojeció y finalmente comenzaría a sangrar ligeramente. Toda la situacion social que frente a él se desenvolvía era animada, jovial, llena de personas que no había visto antes llegando al barco y manejándose con total naturalidad para con Gwen y los demás. Y eso, sin duda, lo ponía nervioso. Finalmente su mano se volvió un puño y con un profuso puñetazo en la mejilla que se estaba rascando finalmente detuvo su nervioso desenfreno. — Perdón Alana, estaba distraído —Aclaró con su típica mirada triste pese a la sonrisa serena en sus labios, asintiendo. — Me vendría muy bien, ya que me lastimo tanto, tanto... Así te ahorro el tener que ir a buscarme cada vez que me lastimo pero la condición es que tu no me lastimes también ¿Vale? —Uno podría no notarlo pues era el mismo tono parsimónico de siempre, pero eso era de hecho un chiste.

Cuando los periódicos llegaron, Eros no pudo sino mostrar la admiración por sus compañeros. Sus wanted denotaban cuan molestos estaban siendo para un gobierno mundial que según palabras de su madre eran solamente cerdos que querían perseguir al distinto y, siendo ellos precisamente lo más distinto que vas a encontrar por ahí, entonces estaban haciendo las cosas bien sin duda alguna.

Entonces Varo le dio sus guantes, y el funebrero no dudó en vestirlos inmediatamente pues la apuesta con el mink era algo casi seguro para el tirador. — Ojalá que sí ganes Varo, es mucho más fácil pegarme con gente que charlar con gente... Así se entienden más rápido los malos entendidos y todo eso. Mi mamá decía que cuando alguien está siendo malo con un débil, está bien que seamos malos con él y eso no nos haría malos... Yo no pienso tan así pero tengo que ser malo con todos los que molesten al Crimson Stage —Finalizó acariciando la madera de la cubierta con cariño, pues el extraño muchacho no parecía tener noción de los pies sociales, para variar.

Entre la ruidosa declaración de amor de Owen, el abordaje de su tripulante y el romántico desenlace de Gwendolyn se preguntaba ¿Era eso quizas lo mas emocionante antes de su llegada a la Grand Line? El amor era hermoso ante sus ojos, pues era un preludio de la muerte más súfrida.


Resumen

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#63
No tenía dudas de que el muchacho, Owen, sería un buen esposo para Gwendolyn. Se notaba en su forma de hablar, en cómo la miraba, en la manera en que se le quebraba la voz cuando prometía cosas imposibles. Tiene ese aire de los hombres que aman hasta desgastarse, de los que se parten en dos antes de rendirse. Lo vi llorar delante de toda la tripulación, sin miedo al ridículo, y por un segundo el ruido del puerto se detuvo. Dijo que buscaría y encontraría a su estrella de la paz, sin importar lo que costara. Eso no es algo que se diga a la ligera, y menos frente a un grupo de piratas que viven entre promesas rotas.

Cuando se marchó junto al otro hombre que vino por él, el aire quedó quieto. Solo se oía el golpe del mar contra el casco. A bordo no quedaba mucho por hacer, las cajas ya estaban apiladas, el barco listo para zarpar, las provisiones aseguradas. Todo lo que faltaba era que Rosse tomara el timón y, con ese dramatismo que le sale natural, diera la orden de izar las velas y claro, tratándose de él, nada podía ser tan simple.

Antes de partir, algo curioso sucedió. Un hombre desde el muelle con una sonrisa de esas que uno no sabe si agradecer o temer, lanzó un periódico que aterrizó justo en la cubierta. Cayó cerca del vicecapitán, y Varo, como buen paranoico profesional, lo tomó al vuelo. Su expresión cambió tan rápido que pensé que había leído su propia esquela.

—¿Disfrazarnos? —pregunté, arqueando una ceja mientras me acercaba. Varo sostenía el periódico como si ardiera. —¿De qué estás hablando ahora? —

No respondió de inmediato, solo me lo mostró. Las páginas estaban arrugadas por el viento, pero bastó una mirada para entender por qué se había puesto tan pálido. Era una edición especial del Boletín del Gobierno Mundial. Titular en letras enormes, tinta fresca, y un par de retratos grabados con el detalle suficiente como para helarle el alma a cualquiera y allí estaban ellos, los rostros de Rosse y parte de la tripulación, acompañados por números que no deberían acompañar a nadie cuerdo. Cifras altas, insultantemente altas y mi primera reacción fue quedarme en silencio, luego solté un suspiro largo.

—Beeeh — mascullé mientras pasaba el dedo por la fotografía de Rosse. —¿Qué demonios hicieron mientras no era parte de la tripulación? —  empecé a imaginar teorías. Que si habían hundido un barco del Gobierno, que si habían “inspirado” a medio puerto a rebelarse, que si Rosse había cantado en una gala de nobles y terminado incendiando el escenario. Ninguna versión parecía más creíble que la otra, lo cual, tratándose de esta tripulación, solo significaba una cosa, probablemente todas eran ciertas.

No supe qué sentir. Parte de mí se tensó, alerta, recordando lo que significa que tu nombre aparezca impreso en tinta negra. Otra parte, más resignada, pensó que era inevitable, si alguien tenía el talento de llamar la atención del mundo, era nuestro capitán.Sabía que estar a bordo del Crimson Stage  significaba caos, y que donde estaba Rosse, las cosas nunca seguían el rumbo lógico, pero quizá eso mismo era lo que me había traído de vuelta. No podía decirlo en voz alta, ni siquiera admitirlo del todo, pero había algo en ese brillo impredecible que me empujaba a quedarme.

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#64
Entre tanto caos lo único que podía calmarlo era el sonido del mar. Incluso en momentos tensos como este. Pero por alguna razón sentia que el silencio del oceano esta vez no traia sola paz, lo sentia. La anticipación flotaba en el aire, cual si el horizonte trajera una advertencia entre el cielo y la tierra misma. Ashveil se mantenía a bordo, tenía su mirada fija en la línea donde el mar comenzaba a confundirse con el cielo. En sus alrededores la tripulación se acomodaba con la típica torpeza de quienes apenas comenzaban a convivir en cubierta; algunos más interactivos como Maria, otros más analíticos, pero al fin y al cabo en esa amalgama se hacia la unión. «Todos para uno y uno para todos». ¿Habían zarpado antes de lo previsto? Se preguntó, sin encontrar respuestas. No lo cuestionó frente a los agentes del gobierno mundial, pero de igual manera era incapaz de sacudirse de la sensación de que algo en aquel embarque no encajaba.

La voz de Odeth fue lo que le despertó de su trance mental. Una voz profunda y apacible. Ella le agradeció la capa que le otorgó, y Ash apenas sonrió, sin apartar la vista. — No tienes que agradecerme — Dijo en un tono sutil y bajo, solía usarla cuando el cansancio se le notaba en la garganta. — Es el deber de un capitán proteger a quienes aprecia y ama — Le miro de reojo rápidamente, sus seis metros de completa belleza cubiertos bajo la tela. Un alma que no debería esconderse, pero que igualmente agradecía el hecho de hacerlo. — Pronto comeremos — Miro a Thyrm, esperando que el gigante terminara su labor con el equipaje. — ¿Puedes conseguir comida? Te desplazas mas rápido y necesitamos comprar algo para saciarnos — Obviamente aprovechar el crucero para ello. El boleto no era gratis. — Perdona por no haberte preguntado si tenias hambre —, susurro cuando esta hizo mención del hambre « Y espero que esta travesía nos dé algo más que alimento. »

No tuvo tiempo de decir más, una voz externa comenzó a abrirse paso entre la tripulación. María se había agachado en la cubierta, recogiendo algo del suelo; un periódico. Desde donde estaba, Ash notó su expresión cambiar. Primero la sorpresa, luego una chispa de alarma que le conocía demasiado bien. Merlot se acercó, rápido, los pliegues de papel se desordenaban por su correr. Notaba como le miraba fijamente y cuando esta simplemente se detuvo, noto en su tono de voz la indignación y la decepción.

—Hay un problema… — dijo Merlot, tendiéndole el periódico. Lo tomo sin prisa, sintió el presagió cual demonio a su lado. Sus ojos bajaron hacia las páginas y logro verlo; su propio rostro, dibujado en tinta y una cifra al pie que marcaba un número que ni siquiera necesitó leer dos veces. Vaya que la recompensa tenía una jodida elegancia cruel. Respiro hondo lentamente mientras María mascullaba algo sobre "algodón de azúcar" y la imposibilidad de que alguien pudiera ponerle precio. Solo soltó una sonrisa.

— Haha... — Una mueca leve con tintes de ternura, se perdía entre el viento. La devoción de la peli azul era reconfortante. María era todo corazón, incluso cuando el mundo le mostraba los dientes. Y luego; el olor a tabaco. Jin estaba cerca, su figura alta y tensa se alzaba con su típica mirada afilada. En dirección al mismo periódico que Ashveil sostenía. Se lo arrebato, no se movió, lo dejo hacer. El humo le regaño un poco mientras el yakuza leía, el fruncir de su ceño decía más que mil palabras. “¿En qué os metisteis para que el periódico reconozca vuestra bandera?”, preguntó Jin finalmente en un enorme reproche sin tapujos.


El capitán guardó silencio. Ciertamente cualquier respuesta quedaría como excusa. La tensión subió a la par que el Yakuza encontraba más caras conocidas en el periódico. Y más aún cuando reconoció ql suyo. Y allí, su tono cambió; la cortesía se tiñó de amenaza. Reproches, advertencias, el humo dando estocadas cual si fueran golpes. Le recordó a Maria que debía callar, algo lógico, pero no de la manera que a Ash le agradaba. Estaba usando ese filo que más de una vez solía utilizar para controlar el miedo e los demás. finalmente le miro directamente a los ojos, sin pelos en la lengua dijo;

—Basta, Jin. —

No hubo dureza en su forma de hablar, pero si la firmeza de quien no necesitaba levantar la voz para ser escuchado. No aparto la vista. — Nadie aquí busca complicaciones y menos ella. Merlot solo hizo lo que cualquier persona habría hecho al ver esto —- Señalo hacia el periódico que Jin tenía, sin apuro. — Y si alguien está aquí levantando sospechas no es quien protege, sino quien amenaza. — No le devolvió el gesto con agresividad, pero si con bastante serenidad. Una calma cansada que era tan típica en él. — Nos mantendremos discretos — E incluso ignoro las amenazas del opuesto.

—Pero no a costa del respeto, no le vuelvas a hablar así — Y no lo repitió, no necesito hacerlo. Dejo caer el tema, se asomó a la baranda y pensó en un plan para salir ilesos. O al menos ellos. — El crucero no es seguro, tendremos que usar eso — Eso a la par en que Maria hablaba de llevar pepinos a Cara Melo.  Y uso su fruta, para abrir un portal a su interior, un portal para que todos entraran. — Los que tengan precio a su cabeza viajaran dentro de mí, Thyrm usare tu tamaño para esconderme en cuanto lleguemos y evitar miradas. —


—Y Hyak… tienes razón… un capitán no debe dudar jamás frente a su tripulación. — Recalco, porque él sabía que aun valía la pena navegar en nombre de la libertad.

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#65
Fui a saludar, la verdad, cuando escuché algo, alzando suavemente ambas cejas ante lo que parecía ser el periódico. Nunca he sentido demasiada curiosidad por ello, casi toda la vida encerrada en un laboratorio te aleja bastante de la realidad de fuera.

Pero he escuchado pocas veces en mi vida maldecir a Cao, y eso si que llama mi curiosidad.

-¿A ver?-Ella miró por encima del hombro del hombre, viendo los carteles, Cao empezó a moverse rápidamente y ella alzó ambas cejas.- Vaya, a él le conozco, me ofreció unirme a su tripulación.-Señalé a Rosse, no, Little Bunny…¿En qué problemas se había metido exactamente para que su espectáculo causara semejante catástrofe? Negué de forma suave, volviendo a la realidad.

Ahora no es momento de pensar en ello.

-Ya, bueno, el gobierno tiene su propia forma de llamar a la libertad Zhang, desgraciadamente no coincide demasiado con la nuestra.-Arrugué el gesto ante aquello, antes de quitarme la chaqueta y dejarla en algún lado, preparándome para lo que me pide Zhang sin mucho problema.

-Pero no se preocupe navegante Zhang, ¡Se que saldremos de esta!-Le dije divertida, guiñándole un ojo, esperando animarle un poco, ya que se que mi burro amigo está algo afectado.-¡A sus ordenes!- No me gusta verlo así, pero la situación ahora mismo no depende demasiado de nosotros.

Escuché a Han, alzando ambas cejas, intentando esconder la sonrisa más traviesa al notar su preocupación por Lan…Digo, por todo el mundo claro.-Si te sirve de consuelo, no es la primera vez que estoy rodeada de gente con valor en sus cabezas, y yo no, y salí bien parada.-Palme suavemente la espalda de Han, esperando que eso le tranquilizara un poco o al menos, le sirviera para ver que no tiene porque salir mal la cosa.

Me ahorré el dato, eso sí, de que había sido la única que había sobrevivido.

-Silencio, ven aquí cariño, vamos a seguir preparando las cosas.- Me agaché para que el mono se subiera a mi espalda, dejando que se mantuviera agarrado en ella. La verdad es que él se quedaba allí algunas veces, no se si porque mi frío le recuerda al de Zhang o si simplemente le gusta estar pegado a mi.

De esa forma, mono en espalda y todo, termine de preparar las velas, atarlas para que permanecieran abiertas y Zhang pudiera maniobrar mejor.

Escucho la tonada de Han con algo de nostalgia…Había escuchado antes aquella canción, en un barco también mientras zarpamos de un lado a otro. Pero ahora es diferente, no vamos a ir de un blue a otro, a una visita, vamos un paso más adelante.

A un lugar al que nunca había ido antes.

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#66
Mahou recuesta los brazos sobre la barandilla, juega con la cuerda de su cola mientras el reflejo de la iluminación del puerto desliza sobre el agua. Cerca de ella vio llegar los periodicos, y no tardó en tomar uno, o por lo menos se acerca para inspeccionarlo, movida mas por el aburrimiento que un interes genuino y empezó a ojearlo.

Entre noticias que no se le graban en la mente, nombres que le entran por un oido y le salen por el otro a medida que lee, atrapa su atención en los nuevos carteles de recompensa llena de rostros serios, intimidantes, y otros mas siniestros, pero ninguna cara le resulta familiar. — ¿Quienes son todos estos monos-ukiki? Algunos se ven muy raros-ukiki…— murmuró ladeando la cabeza, ingenua respecto a sus compañeros que figuran en los carteles. 

Dado a que su memoria le estaba imposibilitando registrar las fotos y nombres de los carteles, le resulta una idea mas divertida asignarles nombres a cada uno. — A ver… este tiene cara de albondiga ¡Dango-ukiki! — y señaló el cartel de Dong — Y este… ¿Cao? ¡Cacao será! Y este otro, Han, será… ¡Jamon-ukiki! — intercala su dedo indice a medida que los nombra. — Al burro le voy a dejar Burro… ¡Ukikikikiki! — una carcajada se le escapa, y mientras rie por su propio ingenio, escuchó una voz familiar cerca de ella: otra vez, era el hombre pajaro que anteriormente se habia burlado de su cola y en esta ocasión traía una propuesta peculiar.

Aún con la mirada en el periodico, arquea una ceja y bufa con fastidio. — No entiendo que quieres mono pajaro ¿Quien querria ser tu pareja-ukiki? — molesta al mismo tiempo en que se gira a mirarlo, y entonces… se congeló. El hombre pajaro ya no está, en su lugar, la mira un gato. 

— ¿Eh? ¿Y el mono pajaro-ukiki? — parpadeó con incredulidad. —
¿Y tu de donde saliste-ukiki? — agregó, acercándose a verlo de cerca.

— ¡Bueno, si tu quieres acepto-ukiki! Pero tu tendrás que cargar con Nyoibō-ukiki. — ahora sonrie, entregando su bastón entre las manos, o patas, del gato. Fue un gesto diferente al que hizo con Dong en su forma original, esto debido a que no relacionaba a ambas caras al mismo sujeto. Por su parte, aligera su peso para sostener el martillo que le entregó anteriormente enredandolo con su cola.

Seguido a ello, dejó caer su brazos otra vez sobre la barandilla. — ¡Quedarse en cubierta es taaan aburrido-ukiki! Todavia tengo muchos sitios por explorar-ukiki. — Tardó unos segundos, pero sonrió con picardia, como si un foco de idea se acabase de encender sobre su cabeza.

— ¡Ukikikikiki! — sin agregar mas, corre en cuatro patas por la cubierta del barco, la noche aún era joven para ella, y queria aprovechar cada momento para divertirse.

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Mahou Chikao
¡DIVERSIÓN Y ÁNIMO!
? La Intrépida Sakura
฿ 20,000,000
?Nv.10 — Espíritu Alegre
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#67
La palabra estupefacto se quedaba  absolutamente corta para describir el sentimiento que me invadió el echo de ver como el alocado y sumamente arriesgado plan de Kelvin había sido un completo éxito y sin ninguna complicación. Kelvin había conseguido 2 pases para subir abordo completamente gratis y sin ninguna otra petición por parte de uno de los encargados del puesto.

~¿Como diablos a funcionado?, ¿Sera que ese agente es un infiltrado revolucionario?, no conozco mucho de las tretas que tienen los revolucionarios para hacer funcionar la organización, ¿Sera que me hace falta mucho para entender el truco? ~ Fueron dudas que surgieron dentro de mi cabeza luego de ver semejante despliegue de habilidad departe de mi líder.

Aun así con todo lo que me había pasado por la cabeza las únicas palabras que logre pronunciar con mi cara rebosando de confusión fueron...

-!¿Pero que carajo!?-
[Imagen: unnamed.jpg]

Después de esa impresión inicial logre recobrar mi compostura y pasado un tiempo, Kelvin se acerco a mi con los pases y procedimos a abordar juntos hacia el navío que nos llevaría por las aguas en dirección a los cabos. Mientras esperábamos en la fila para abordar, logre visualizar entre una multitud a una cara familiar, una chica alada y hermosa que había conocido en una de mis tantas expediciones en la isla Karate, al parecer le habían atrapado tratando de colarse entre una multitud de gente descontrolada que se dirigía a los barcos y era muy obvio ver que no funciono, pensé en ayudarle por un instante, pero rápidamente un tipo enmascarado y de alas negras se presento en su ayuda pagando por su abordaje.

~Eso estuvo cerca...~ Pensé mientras exhalaba aliviado.

~Que suerte la aparición de aquel hombre, aunque parecía un poco nervioso luego de actuar de esa forma tan heroica~

Con esa situación ya zanjada redirigí mi atención a la fila y procedí a embarcar  junto a Kelvin. Al momento de llegar a la cubierta del barco le advirtieron a Kelvin que no se permitían animales en la cubierta, por lo que procedió a sacar un pequeño animal peludo que salia corriendo y despidiéndose de el se dirigió rumbo a las bodegas del barco.

~¿Que clase de animal peludo y adorable era ese?. No tenía idea de que Kelvin tuviera una mascota~ Me surgió la curiosidad inmediatamente, pues cualquier especie nueva para mí desataba mi más sumo interés, lo cual hizo que surgiera mi típica sonrisas tétrica de costumbre.

Al dirigir mi mirada hacia Kelvin para poder preguntarle por su pequeño amigo note su cara de preocupación, muy probablemente por la seguridad de su amigo, así que me abstuve de preguntas por el momento. Justo cuando el barco se disponía a zarpar llegaron cajas con los periodicos nuevos, cosa que me parecía curioso pues se suponía que saldrian al día siguiente. Logré ver cómo Kelvin se apartaba a un lateral del barco y trataba de buscar un periódico para leer.

~No debe ser fácil leer este tipo de cosas debido a su tamaño y aún más con esta pobre iluminación~ Entonces decidí dirigirme a una de las cajas con periódicos y tomar uno para posteriormente dirigirme al lado de Kelvin colocándome sentando y recargado en el lateral del barco.

-Se que es difícil para ti leer el periódico, yo lo leeré por ti no te preocupes- Le digo a Kelvin mientras me acomodaba mejor y abría el periódico para empezar a relatarle las distintas noticias dentro de el. 
[Imagen: Gemini-Generated-Image-rpy1kqrpy1kqrpy1.png]


~El líder debe estar al tanto de las noticias del mundo, sería problemático que ignorara la situación actual ~

Después de un rato de leer lo que más me llamo la atención fue el ataque del ejército revolucionario por parte del Comandante del Oeste hacia una isla remota y el surgimiento de nuevas bandas piratas en el south blue.

~Al parecer el ejército revolucionario está haciendo realmente un desastre por aquellas aguas, aunque a mí me hace falta mucho para llegar a ser tan relevante. Probablemente los barcos que ví sin bandera en el puerto algunos les pertenezcan a cualquiera de estas bandas, si es cierta mi suposición entonces este viaje será más agitado de lo que creemos~ Reflexionaba mientras terminaba de leerle el periodico a Kelvin.

-Deberíamos estar atentos y no bajar la guardia Kelvin, seguimos en el terreno del enemigo y algo me dice que este viaje no va a ser tan fácil- Le comento a Kelvin mientras guardo el periódico y me centro en analizar lo que sucede en el barco y en el mar por si acaso.

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#68
Las palabras que salían con fuerza de los labios de aquel chico realmente llenaban the whole atmosphere of such a beautiful feeling, honey, porque el amor, aunque muchos no lo sepan valorar, siempre termina por colarse en los corazones más rotos y hacerlos latir al mismo compás. It’s a divine chaos, darling, una danza entre el cielo y el infierno, una locura dulce que pocas veces tengo el privilegio de presenciar. No había visto en mucho tiempo a un hombre como Owen, tan decidido, tan enamorado, tan dispuesto a arder por la mujer que ama. Y claro, Gwendolyn tiene lo suyo, devota, apasionada, pura, juntos son como un vals entre la calma y la tempestad. Pero, oh honey, el amor también tiene su castigo, y lamentablemente hoy deben separarse sin saber cuándo volverán a encontrarse, ni si el destino los volverá a unir bajo el mismo cielo.

—It’s a spectacle, the greatest spectacle the world can give us. A love, a separation, a mystery, darling— exclamé, dejando que mi voz se mezclara con la brisa marina mientras observaba a Owen descender del barco junto a su apuesto compañero. Mis ojos recorrieron al resto de mi tripulación, cada uno de ellos brillaba bajo la luz tenue del puerto, como estrellas listas para surcar el firmamento.

Caminé hacia Gwen con mi habitual elegancia, los tacones resonando con fuerza sobre la madera del barco, marcando mi presencia como una melodía. —Así que me lo tenías bien guardadito, ¿eh? ¿Comprometida con un hombre guapo y ni una palabra, darling?— dije con una sonrisa traviesa, sabiendo que mi comentario provocaría en ella esa dulce mezcla de sorpresa e inocencia que tanto adoro.

No pasó demasiado tiempo antes de que otro rostro apareciera en escena. Un hombre se acercó al muelle, dejando caer un periódico enrollado que rodó hasta los pies de Varo. Normalmente, honey, no me interesan esas cosas, a menos que hablen de mí, por supuesto, pero la reacción de mi querido vicecapitán captó mi atención. Su rostro pálido, su voz temblorosa, y ese “tenemos un problema” fueron suficientes para encender mi curiosidad.

Me incliné, vi el papel desplegado con la gracia de quien abre un regalo prohibido. Y ahí estaba, mi hermoso rostro en un cartel de recompensa, mi nombre gritando desde los titulares como si el mismísimo mundo se rindiera a mis pies. Una carcajada escapó de mis labios, sonora, descarada, deliciosa. —¿Un problema? No, no, no, honey, esto es un espectáculo.— Sentí cómo una corriente eléctrica de euforia me recorría el cuerpo, mi sonrisa se torció en algo entre orgullo y locura.

—¿Escondernos? ¿Viajar otro día?— murmuré, arrebatándole el periódico a Varo y alzándolo como si fuera una bandera.—No, mis amores. ¡Este es el momento!—

Me giré hacia mi familia, mis estrellas, mi tripulación. —¡Alana, a mi hombro derecho, darling, quiero verte brillar! ¡Mercedes, prepara algo hermoso y rico, que esta noche merece un banquete! ¡Varo, revisa los cañones, que quizás el mundo quiera saludarnos con fuego! ¡Giyuu, Eros, izad las velas, honey, que el Crimson Stage no espera a nadie!—

Entonces mi mirada se posó en nuestra dulce estrella de la paz. —Y tú, Gwendolyn, canta. Canta como nunca lo habías hecho, deja que el mundo escuche tu voz y sepa que los Piratas Cabaret han vuelto al escenario.— Levanté una mano al cielo, el viento ondeó mi abrigo carmesí y una sonrisa traviesa curvó mis labios. —¡ICEN LAS VELAS, HONEYS! ¡QUE EL MUNDO ES NUESTRO! JUSUSUSUSU!—

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#69
Cualquier intento de mirar al cielo para contemplar las nubes fue impedido por la visión del colosal pelirrojo que entró al barco junto con el resto de sus compañeros ¿Cuál era su nombre? Después lo descubriría, por ahora le bastaba saber que, gracias a la familiaridad con la que trataba a María Merlot, seguro era ese miembro del grupo al que no lograba aún ponerle nombre ni rostro.
 
—Es curioso que haya dos gigantes en estos mismos mares —. Antes vio a uno en la fila y ahora a su compañero pelirrojo. —Debe ser complicado…todo lo que usamos nosotros deben ser como juguetes para ustedes —. No sabía si podía escucharlo hasta allá arriba, pero de todos modos intentó hablarle. —Yo también estaría triste si tuviera que dormir en la cubierta…pero…Merlot tiene razón, este no es el tipo de barco en el que precisemos camarotes —. Habría intentado darle una palmada en el hombro, pero no hace falta decir que aquello sería imposible, así que terminó el mismo encogiéndose de hombros mientras que ahora su poca atención se desviaba hacia una criatura del porte de un caballo, para ellos, pero que al lado del gigante se veía como si fuera uno de esos pequeños perros de orejas grandes y ojos saltones, aunque no fue eso lo que llamó la atención del médico, si no… ¿De dónde se supone que había salido esa cosa?
 
—¿Venderlo? —Miró al animal, examinándolo, se veía exótico y bien cuidado. —Si van a venderlo no deberían ponerle nombre, aunque me gusta…Cara Melo le queda bien —. Miró hacia arriba y, de nuevo, no vio nubes, solo una barba y cabellera pelirroja. —Si necesitas encontrar compradores, te acompañaré, aunque creo que a nuestra sirena no le hará gracia.
 
Observaba desde su sitio como la semi sirena jugaba con el animal, para luego reclamarle a ¿Thrym? Bueno, así lo llamó, sobre la propuesta. —Jmmm…piénsalo un poco, Merlot linda, seguro pagan bien por él, necesitaremos un barco y seguro querrás que tu camarote o celda, como prefieras, tenga cosas bonitas, además… ¿No te parece triste que Cara Melo quede aprisionado en un barco con nosotros? Pasaremos mucho tiempo en alta mar y él se ve como una criatura más terrestre…no podría correr con libertad ni conseguir interactuar con otros de su especie…una tragedia —. Por supuesto que sus palabras, aunque suaves y de tono casi melancólico, no tenían tristeza real, solo estaban ahí para quitarle a la peliceleste el peso de la posible venta de Cara Melo.
 
Alguien llegó para llevarse a la Montura y nadie más que María dijo algo. El médico, en cambio, se recostó de la borda, ensimismado e ignorando cualquier cosa momentánea que hicieran sus compañeros, incluido su capitán, en cambio, sus ojos fueron a parar de nuevo al puerto, para observar el movimiento apresurado, el cómo poco a poco la masa de gente parecía disminuir, bien…eso indicaba que muchos estaban en sus barcos, tal vez pronto zarparían…tal vez…Mordió el interior de su boca y alzó su cabeza para poder mirar al cielo encapotado. No parece un buen momento para navegar.
 
El viento sopló, agitó sus cabellos y tuvo que arreglarse unos cuantos mechones rosas detrás de su oreja antes de que la voz de María lo sacara de ese trance autoimpuesto.
 
Problemas.
 
Esa palabra retumbó en su cabeza, haciendo que su corazón se acelerara y le dedicara a la chica una mirada de preocupación, aunque no se atrevió a preguntar nada de inmediato, más que nada porque con la mención de “grave y catastrófico” su garganta se resecó… ¿Qué cosa tan mala podía haber ocurrido?
 
Y entonces, la noticia le cayó como balde de agua fría.
 
—¿Vale…52.200.000 berries…? —Sonrió, nervioso, seguro había escuchado mal. Podía ver el periódico en las manos de Ashveil y algunos carteles de recompensa, pero…ese tal “Algodón de Azucar” al que se refería su compañera no podía ser él, debía ser algún criminal desdichado con un apodo que coincide con el que Merlot lo llama a él…sí, debía ser eso…—Je…debes…debes referirte a…a…es que…el valor…eso…—Se estaba haciendo un lío, no podía articular nada decente. Tomó aire, cerró los ojos y volvió a inhalar el aroma a menta en su muñeca, con eso, algo pudo tranquilizarse —No sé de que hables Merlot, pero el valor de alguien depende de que parte de ese alguien estes vendiendo…y de lo que el comprador este dispuesto a dar, pero…
 
Si su olfato hubiera sido mejor, habría percibido el aroma a nicotina, pero, en ese instante, lo único que escuchó fue el sonido de su den den mushi y luego unos pasos cercanos para que frente al pequeño grupo apareciera un hombre de cabellos negros que, francamente, sentía que conocía, pero no podía deducir de dónde…de todos modos, lo conociera o no, su actitud le hizo fruncir el ceño, cruzarse de brazos y morderse los labios para no decir nada de momento. ¿Quién se creía para hablarle así a Ashveil?
 
No.
 
No duró mucho su contención.
 
—Ella no te lo trajo a ti, se lo trajo a Ashveil ¿Quién te crees para llegar ante nosotros con esa actitud de mierda? —Soltó mientras lo miraba desde arriba, con un brillo en sus irises más altanero de lo que pretendía, aunque en parte eso era cubierto por sus gafas transparentes. —¿Y de qué hablas? ¿Qué bandera está en el periódico? —Acercó su cabeza para ver lo que el pelinegro leía y la preocupación que se borró por un momento con la presencia del mafioso regresó de golpe, haciendo que el médico palideciera y sintiera sus piernas débiles, de hecho, tuvo que apoyarse en Ashveil para no terminar de rodillas en el suelo.
 
—Debe…debe ser una broma…creí que…habíamos pasado desapercibidos…no…no…entonces…los 52 millones son reales —. Ojeó las páginas que el otro hombre miraba y, entre ellas, alcanzó a ver una con la cara del sujeto frente a él. No supo porque, pero es lo hizo sonreír de manera burlesca.
 
—¿Qué hiciste tu para que te reconocieran con…tan pocos millones? ¡Ah! De seguro ha de ser por esos pulmones dañados, nadie pagaría tan bien por alguien a quien puede darle cáncer en cualquier momento —. Soltó con un tono más entretenido de lo normal, como si buscara provocar al sujeto de alguna manera o, tal vez era su modo de hacerle entender que su actitud inicial le había caído como patada de mula. —Tampoco es que pueda reírme demasiado…tsk…—Volvió a su habitual seriedad, incluso tragó saliva antes de sentarse en el suelo, aunque no sin antes haber tomado un par de carteles, el suyo entre ellos y otro de un hombre pelinegro de cabello largo y bandana roja (Jensen Valentine). Entrecerró sus ojos por un momento...lo reconocía.

—¿Rojo? ¡Merlot! ¿Este no es tu hermano jurado? 57 millones...—. Sorprendido, abrió sus ojos de par en par al caer en cuenta de la cifra...aunque, ni siquiera sabía porque le sorprendía...con la cantidad de crímenes que recordaba haberlo visto cometer, no debía ser algo loco que tuviera un cartel de "se busca"...¿La habrá tenido desde antes o después que se conocieran? Solo podía saberlo si se encontraban de nuevo. —Eso es...tsk...él debería cuidarse ahora tanto como nosotros...aunque estoy más que seguro que puede hacerlo —. De repente no le hizo gracia que gente a la que podía recordar fueran criminales...El pánico volvió.

Su corazón se aceleró y de repente sintió muchas ganas de gritar… ¿Cómo le había pasado esto? Hace años hacía el trabajo, siempre fue discreto, ¿cómo es que ahora estaba en el mapa? Respiró, contó hasta diez, cerró los ojos…no debía alterarse, no ahora, por más que le temblaran las manos, debía encontrar un modo de pasar desapercibido…tal vez Ashveil tendría más capuchas o tal vez la mujer grande (Odeth) podía guardarlo bajo la de ella, sí…el cabía, a fin de cuentas, con su tamaño, él no era más que un niño ante sus ojos.

—Hey...chica…—Llamó la atención de Odeth y, aunque su intención era hablar con ella para llegar a un acuerdo para que nadie notara su presencia, la voz de Jin nuevamente lo interrumpió. ¿No había dicho antes que era de su trabajo? ¡Claro! Onizuka Jin, tal como decía el cartel…si…podía recordar ahora al tipo, pero…su actitud, por más que estuvieran trabajando juntos, no podía tolerarla.
 
—Tienes suerte de que Ashveil sea tan pacífico —. El médico se levantó y se acercó el pelinegro, para poder hablarle de modo que solo él pudiera oírlo. —No me gusta que le hables así a Ashveil, te lo dije antes… ¿Quién te has creído? Que trabajes conmigo no significa que puedas tratar como tus empleados a las personas con quienes viajo —No lo dice por estima, si no porque sin un grupo que lo ha aceptado y que pueden protegerlo, así los ve. —Ash tiene razón, no le vuelvas a hablar así a Merlot y tampoco a él…¿Sabes? Conozco bien el cuerpo humano y también sé como castigarlo, no es algo que le agradaría —. Se alejó unos cuantos pasos y sonrió como si nada hubiera pasado, cambiando de tema rápidamente,
 
—Ashveil… ¿No tendrás otra capa? O…—Volvió su vista hacia Odeth. —¿No puedes llevarme bajo la tuya, chica? —Habría esperado que la muchacha le respondiera, pero su capitán mencionó que debían usar “eso” y, francamente, no tenía idea de que es lo que hablaba.
 
—Sé que debemos ser discretos…pero… ¿Puede ser más claro? ¿Cómo se supone que entremos? —El barco empezó a moverse apenas dijo esas palabras, ni siquiera le dio tiempo de pensar en algo más, de preguntar más o de decir alguna estrategia…Suspiró y se acercó a Ashveil, contemplando el “portal” creado para que pudieran entrar. —Merlot, ven conmigo, tu también chica grande —. Tomó solo la mano de la peliceleste y, dudoso, decidió entrar al espacio que ofrecía su capitán, aunque no sin antes mirar al hombre a los ojos…¿De verdad funcionaría el plan? Suspiró y se dejó arrastrar por el portal, entrando en él en cuestión de segundos.
Estar en la fortaleza, algo que no recordaba haber hecho antes, era como estar en otro mundo. No tenía más palabras para describirlo.

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#70
—WUAWUAWUAWUA— ¡Y así se fueron los novios! Bajo los nubarrones más feos que he visto desde Isla Karate, Owen y su amiguito se perdieron entre la neblina con el dramatismo de una telenovela de media tarde. Si eso no era amor, entonces no sé qué diablos era. Me crucé de brazos en la borda, el viento despeinándome el flequillo mientras el muelle empezaba a vaciarse poco a poco.

—Mira tú, la vida tiene un sentido del humor jodidamente curioso —murmuré, medio riéndome. —Uno promete amor eterno, y los otros cargamos cajas y esperanzas rotas. — La madera del barco crujía con ese sonido que me encanta, ese estamos vivos que hace eco bajo los pies. Todo parecía calmarse, hasta que vi el papel volando por el aire, revoloteando entre la brisa marina como si el mismísimo destino hubiera decidido lanzarnos una broma pesada, uno, dos, tres periódicos que caen como palomas con mensaje.

Varo fue el primero en atraparlo, claro, siempre con su rifle en mano, tan tenso como un cable mojado. Cuando vi la cara que puso supe que no eran buenas noticias, me acerqué con paso ligero, el taconeo resonando sobre cubierta, y me asomé por encima de su hombro. —¿Qué pasa, mi amor? ¿Por qué esa cara de haber visto un fantasma? —pregunté con tono burlón, aunque algo en su mirada me detuvo un segundo.

El viento abrió las páginas y ahí estaban. Las malditas cosas, los carteles, recompensas, nuestras caras. Reconocí la de Alana de inmediato, porque su fotografía tenía la misma mirada dulce que pone cuando intenta convencernos de que no estamos en peligro (aunque siempre lo estemos). Luego la mía, ah, la mía era gloriosa, no lo voy a negar. ¡Salí preciosa! Hasta el cabello se me veía bien, y eso que en la foto debía estar peleando o gritando.

—WUAWUAWUAWUA ¡Coño, mírenme esa pose! Ni el fotógrafo de los periódicos del North Blue me habría sacado así de bien. — Rosse, por supuesto, tenía la recompensa más alta, casi el doble que la de Varo y eso solo podía significar una cosa el Gobierno Mundial nos teme, y no hay mejor cumplido que ese.

—Bueno, supongo que ya somos oficialmente famosos. ¿Viste eso, Giyuu? ¡Me superó el capitán! No es justo, yo cocino mejor y bebo más —dije con una sonrisa traviesa, aunque mis ojos no dejaban de repasar cada cifra. Varo temblaba, el pobre. Yo podía escuchar cómo su respiración se aceleraba mientras trataba de razonar una salida lógica y claro, él y la lógica nunca fueron amigos, empezó a hablar de esconderse, de disfrazarse.

—WUAWUAWUAWUA, ¡qué ternura, Varo! ¿De verdad crees que puedes esconder esa cara de “más buscado del South Blue”? Ni poniéndote el vestido de Gwendy pasas desapercibido —bromeé dándole una palmadita en la espalda. Fue entonces cuando Rosse habló y cuando Rosse habla, el aire se detiene, su voz llenó la cubierta, dulce y peligrosa como una copita de ron con veneno. Dijo que esto no era un problema, que era un espectáculo, que el mundo nos acababa de dar un escenario y nosotros, las estrellas, debíamos brillar.

Sus palabras encendieron algo en mí. Esa chispa que siempre me hace querer cantar, gritar, vivir, cuando el capitán alzó el brazo y ordenó izar las velas, supe que no había vuelta atrás. —¡Un banquete, dice!— repetí con energía, chocando las manos y girando sobre mis tacones. —¡Pues claro que sí, capitan! Si el mundo nos llama criminales, que al menos nos recuerde por tener buen gusto. — Bajé a la cocina como un relámpago. El barco se movía con cada ola, pero mis manos conocían el ritmo del Crimson Stage. Encendí los fogones, lancé un par de ollas al fuego y abrí las cajas recién cargadas, el olor a especias, a carne curada, a frutas tropicales llenó el aire.

—Hoy cenamos como reyes del pecado —murmuré, removiendo una olla mientras tarareaba una canción vieja de mi isla—. Si el mar nos quiere devorar, que al menos lo haga con buen sabor en los labios. Subí de nuevo a cubierta, sosteniendo una botella en una mano y una sartén en la otra. La tormenta se cernía sobre nosotros, el cielo sin luna rugía, y el barco se preparaba para zarpar, Rosse ondeaba su abrigo carmesí como si fuera un estandarte y el viento lo obedecía.

Me planté junto a él, sonriendo de oreja a oreja. —WUAWUAWUAWUA ¡Capi, la cena estará lista pronto y el infierno también! Que el mundo se prepare, porque los Piratas Cabaret no huyen, mi amor, sino que brillamos. —Alcé la botella, brindando con el aire salado.

—¡Por el amor, por el peligro y por las recompensas! ¡Que nos busquen, que nos encuentren, pero que nunca nos olviden!— El barco comenzó a moverse, cortando las olas como una nota de jazz en mitad de la noche.

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