[T3 - Presente Relativo] Protegiendo al Mundo de la Desvastacion
#11
La lluvia, que hasta hacía poco caía con furia, ahora se había convertido en una llovizna constante. El aire olía a barro y a ese tipo de olor a humedad pegajosa que se filtraba en cada rincón de Little Garden. Ubbe caminaba al lado de Sigurd con las botas pesadas, hundiéndose en el barro, dejando huellas profundas que no tardaban en rellenarse parcialmente de agua. Su respiración seguía algo acelerada por el combate contra los pequeños dinosaurios, pero sus labios esbozaban todavía esa media sonrisa que no se borraba ni después de partir en dos docenas de criaturas.

De pronto, entre las rocas calizas que se alzaban como colmillos de la propia isla, apareció ante ellos el escenario que los había traído hasta allí: los cráneos colosales de dos antiguos reyes marinos. Blanqueados por el sol, erosionados por lluvias eternas, y viento incesante. Eran tan grandes que parecían templos esculpidos por dioses olvidados. Ubbe se detuvo un instante, echando la cabeza hacia atrás para observar la inmensidad de aquellas calaveras.
—Joder, baby… —murmuró, recolocándose las gafas oscuras, aunque apenas servían con la luz de la luna—. Ojalá haber visto los bichos de estos cráneos...
Sus ojos, acostumbrados a la penumbra, no tardaron en captar lo importante: un nido enorme, hecho de ramas gruesas y barro, en el interior de la mandíbula abierta de uno de los cráneos. En el centro, dos huevos. No cualquier huevo, sino gigantescos, de medio metro de alto, rugosos y de color crema. A Ubbe se le iluminó la mirada de forma inmediata, como la de un niño viendo un tesoro.
—Míralos… —dijo entre dientes, más para sí mismo que para Sigurd—. ¡Tremenda tortilla saldría de ahí! GAHAHAHA - Exclamó un poco más alto. 
El brillo de codicia, pero también de emoción sincera, se podía ver en su cara. Por un instante olvidó el cansancio, olvidó la sangre de los parvicursores pegada a sus brazos. Lo único que existía eran esos dos óvalos perfectos, promesa de fuerza, dinero o simplemente una anécdota imposible de igualar. Pero entonces, la ilusión chocó con la realidad. Desde la oscuridad profunda del cráneo, dos ojos amarillos se abrieron, brillando como brasas en el barro.

Ubbe frunció el ceño. Su sonrisa se mantuvo, pero se volvió más salvaje. El rugido bajo de la madre T-Rex recorrió sus huesos como un tambor de guerra. Sintió un escalofrío en la espalda, no de miedo, sino de reconocimiento. Aquello no era un simple animal. Era una puta fuerza de la naturaleza, y estaba delante de él, lista para matarlo por atreverse a mirar lo que protegía.
—Esto sí que es el premio gordo, por fin te encuentro, bestia...—masculló, y el sonido de sus nudillos tronando al cerrarse en puños se perdió entre los truenos lejanos. Ubbe llevaba ya tiempo en esta isla buscando un monstruo que fuera un oponente a su altura. Había tenido algún que otro encontronazo, pero nada que con entrenamiento no hubiera podido superar, pero esto, esto sí que parecía por fin un rival digno. 

La mayoría de la gente se habría congelado. Habría esperado el primer movimiento de la bestia, tal vez rezado por encontrar una abertura. Pero Ubbe no era la mayoría de la gente. Él no tenía reflejos finos ni paciencia para medir un combate de ese calibre. Su instinto siempre había sido el mismo: atacar primero, atacar fuerte, atacar como si el mundo dependiera de ello.
Cuando la hembra bajó la cabeza, mostrando hileras de dientes capaces de partirle en dos, Ubbe ya no estaba quieto. 
"Vamos hostia, dame un buen espectáculo"  Pensó Ubbe justo antes de avanzar. Sus músculos se tensaron y, con un rugido que intentaba competir en potencia con el de la propia criatura, se lanzó hacia adelante.

El barro saltó bajo sus botas mientras aceleraba a toda velocidad, como una bala humana de carne y furia. Sentía cómo los músculos de sus piernas ardían al impulsarlo, cómo su pecho bombeaba sangre a un ritmo brutal. No había estrategia, no había cálculo: solo pura determinación animal. Saltó, saltó lo más alto de lo que era capaz, Tras esto, aprovechando la velocidad del salto y el impacto de la caída sobre la bestia, cargó su puño derecho hacia atrás y pegó un golpe con todas sus fuerzas en el cráneo de la dinosaurio. 
—¡¡¡C’MON, BABY!!! —bramó, y el eco resonó dentro del cráneo como una maldición prehistórica.
El puñetazo descendió con la fuerza de un martillo que busca un hierro para templar, buscando tumbar a la bestia con toda su fuerza. 
El golpe retumbó como un trueno propio, mezclándose con el sonido lejano de la tormenta. El contacto con la piel escamosa fue como golpear roca viva.
El barro se levantó en todas direcciones. Los ecos del combate entre gigante y bestia llenaron el valle. Ubbe jadeaba, los ojos brillándole como brasas, las venas del cuello hinchadas. No había esperado a ser cazado. Había saltado a por la cazadora.

—Hoy no, reina… Hoy el cazador soy yo. 

Posado encima de la bestia caída, miraba esperando que esta se levantase de nuevo a por él. 

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#12
Outfit ---- Sigurd de Little Garden

El ataque de la horda de lagartijas diminutas me sabe a poco. Apenas eran una marea mal coordinada y desesperada por echarse algo a la boca. Incluso Ubbe, que pelea con las manos desnudas, no tiene más que algún lijero arañazo y mordisco sobre la piel, nada significativo. -Veo que estás bien, grandullón . Sigamos, no hay tiempo que perder y vamos empapados...- comento mientras guardo los martillos ensangrentados, que poco a poco se aclaran con la tormenta torrencial que nos cae. Recojo a Yggdrasil y la cargo con ambas manos, al frente, barriendo cualquier obstáculo que nos corta el camino, liderando la marcha.
Avanzamos lentamente, atravesando lodo y peleando contra vientos ferozes. Con el tiempo, el clima va relajándose y da pie a momentos más calmados y agradecidos, con chalas diáfanas entre Buccaneers de diferentes partes del mundo y acelerenado el paso con una lluvia más suave y mejor visibilidad. Poco pasa hasta llegar al destino, los enormes cráneos de monstruos legendarios, de cuando los dioses caminaban junto a los hombres. Lo que hace horas eran puntos blancos en la legania, ahora eran monumentos que dejan mudo a cualquiera. La simple idea de poder enfrentar algo así... Excita a cualquiera. Mi compañero está igual de emocionado que yo y con las mismas ideas, con ese deseo de haber podido ver a estas bestias en acción. -... No solo los bichos, Ubbe... Sinó lo que los mató... Que puta locura de cacharros...- respondo fascinado a lo que comenta, espectante, mirando cada rincón como quien mira al cielo dentro de una capilla o una obra de arte.

Estoy tan embobado en lo colosal de los huesos, que si no es por el comentario de mi negro sureño, no soy ni consciente de que tenemos el premio que buscamos frente a nosotros. Los huevos de dinosaurio que nos abrirán las puertas del mercado negro en el futuro. Sin embargo, antes de que los pueda observan con detenimiento, mi oído capta algo que no está bien... Y el peligro no tarda en volver a hacerse presente. Desde las sombras, un lagarto enorme se interpone en medio de nuestro premio. Y para rematar la jugada, otro similar nos corta el paso desde la retaguara. Dos monstruos que me duplican en tamaño buscan bronca de la buena.
Ya sabes lo que dicen. No acorrales a un Buccaneer o te convertirás en su vía de escape. Y así es. Espalda contra espalda, nos cubrimos mutuamente los flancos como verdaderos hermanos de armas. Sienta demasiado bien tener a alguien con quien poder pelear y jozarse una buena batalla, JARUL JUL JUL JUL JUL... Ubbe, con ese estilo tan explosivo, antes de que me pueda dar cuenta a saltado a la acción con todo. No espera a que nadie le quite la iniciativa y sorprende a su respectiva presa con una fuerza digna de la tribu más fuerte del mundo. Yo me niego a ser menos.
Un golpe devastador se dirige hacia mi por parte del lagarto mayor, un ataque con una cola tan grande como un árbol y que arrastra todo lo que pilla. La fuerza del mismo es descomunal, pero insuficiente. Con chulería y una sonrisa malévola, observo al dinosaurio de frente, sin prestar mucha atención a lo que me va a impactar. Sostengo a Yggdrasil con ambas manos frente a mi, por el pomo, mientras las hojas del arma reposan en el suelo, como si sostuviera un bastón. Y con un gesto rápido, mando un mensaje. Levanto el hacha desde el pomo y la azoto contra el suelo con violencia como quien clava la espada en la roca o como quien grita "NO... PUEDES... PASAR...". 
Permanezco inmóvil y la cola choca contra mi hombro con violencia, creando un estallido a mi alrededor que levanta fango, piedra y polvo. Nada, no logra si quiera moverme del sitio o generar un dolor significativo. Admito que pica, pero ni que esto fuera un latigazo de fuego. Mi cara ahora expresa seriedad, decepción. No tardo medio segundo en responder de vuelta con un ápice de mi poder, suficiente para demostrar que hay una diferencia abismal entre los monstruos de la isla y yo. Agarrando la propia hacha que reposa como bastón, ahora ejecuta un giro brutal de casi 360 grados para pillar todo el impulso del movimiento pendular y... -De nada te sirve correr, insensato...- desciende de forma letal contra la propia cola, seccionando la extremidad por completo. En animal, que ya parece estar malerido, empieza a sentir un dolor agónico y a sangrar de forma exagerada hasta que fallece frente a mis pies.
Sigurd disappoinment


En efecto, cajita feliz
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#13
La lluvia había cesado casi por completo, reducida a una bruma fina que flotaba en el aire. La luna llena, libre ya de nubes, iluminaba la escena con una claridad casi excesiva. Cada detalle era visible, la sangre mezclándose con los charcos de agua, el vapor saliendo de los cuerpos, los huevos en el centro del nido.
 
El puñetazo de Ubbe impactó en el cráneo de la T-Rex hembra. El sonido fue seco, definitivo. La bestia, ya debilitada por las marcas de quemaduras que recorrían todo su costado derecho (el patrón inconfundible de un rayo durante la tormenta) se desplomó instantáneamente. Sus 8 toneladas cayeron como un árbol talado, estrellándose contra la pared del cráneo. Muerta antes de tocar el suelo. El hacha de Sigurd cercenó la cola del macho. La sangre brotó a presión mientras el dinosaurio, también marcado por quemaduras eléctricas desde la espalda hasta las patas, se tambaleó una vez y cayó de frente. 15 metros de músculo y escamas se estrellaron contra el barro con un estruendo sordo. No hubo agonía. No hubo lucha. Solo muerte instantánea. El silencio fue absoluto. Dos depredadores apex yacían muertos después de un solo golpe cada uno. Las marcas de Lichtenberg (esos patrones ramificados que deja la electricidad) decoraban ambos cuerpos. La tormenta había hecho el trabajo real. Los Buccaneer solo habían dado el golpe de gracia. Un crujido de rama resonó a 25 metros en línea recta a la izquierda del nido entre la vegetación. Probablemente algún carroñero atraído por el olor a muerte.
Contenido Oculto

Los cadáveres bloqueaban parcialmente el acceso al nido. El macho a 8 metros de la entrada, la hembra a 4 metros de la plataforma rocosa de 2 metros de altura donde descansaba el tesoro. Y allí, en el centro del nido, estaban los huevos. No dos como esperaban, sino cuatro. Dispuestos en un patrón cuadrado. Diez metros separaban a los Buccaneer del nido quienes tendrían que rodear el cadáver de la hembra (o simplemente saltarlo) y trepar la plataforma de 2 metros de altura. Cada huevo pesa 20 kilos y, a pesar de ser más de los esperados (el doble para ser exactos), esto podría significar una oportunidad de obtener doble de ganancia, posiblemente, aunque otros podrían pensar que la avaricia rompe el saco. La fauna de la zona hizo que un helecho gigante (de más de 20 metros) se moviera a 35 metros en línea recta a la derecha de donde se encontraba el nido de los huevos. Los cuatro huevos esperaban bajo la luz plateada. El premio estaba ahí, al alcance. Solo faltaba tomarlo.
Contenido Oculto

El nido medía 4 metros de diámetro exactos, una obra de ingeniería instintiva. Las ramas exteriores, cada una del grosor de un brazo humano, estaban entrelazadas las unas con las otras. Barro mezclado con saliva de T-Rex actuaba como una especie de cemento el cual mantenía la estructura firme incluso después de la tormenta. La forma era un círculo perfecto con las paredes elevándose 50 centímetros, creando una cuba protectora. Los cuatro huevos estaban dispuestos en un patrón cuadrado preciso. Cada uno medía 50 centímetros de alto y 35 de ancho, con esa forma ovalada característica de los huevos de reptil. La superficie no era lisa sino texturizada, cubierta de pequeñas protuberancias que formaban patrones únicos en cada huevo. El color base era crema, casi blanco bajo la luz lunar, pero vetas marrones oscuras recorrían cada cáscara. Dos huevos en la parte frontal del nido estaban perfectamente verticales, separados por exactamente 30 centímetros. Sus bases estaban enterradas 10 centímetros en un lecho de musgo verde y hojas frescas que todavía despedían calor por la descomposición controlada. Los otros dos huevos, ubicados detrás, mostraban una disposición ligeramente diferente, uno perfectamente vertical, el otro inclinado 15 grados hacia su compañero, tocándose en un punto a 35 centímetros del suelo del nido.
 
El interior del nido era una maravilla de capas. Primero, la base de piedras de río pulidas, cada una del tamaño de un puño, creando drenaje perfecto. Sobre estas, una capa de 5 centímetros de arena gruesa. Luego ramitas finas entrecruzadas. Encima, plumas de aves gigantes formaban una especie de aislamiento térmico. Finalmente, el lecho de musgo y hojas donde descansaban los huevos. Alrededor del nido, en un círculo de 3 metros de diámetro, huesos de presas anteriores formaban una barrera simbólica. Fémures de herbívoros medianos, costillas de criaturas no identificables, incluso lo que parecía ser el cráneo de un Parvicursor que seguro traería recuerdos a ambos Buccaneer. Todos dispuestos con cierto orden obsesivo, los más grandes hacia afuera, los pequeños hacia adentro. Los cuatro huevos esperaban bajo la luz plateada, prometiendo riqueza pero también complicaciones para los que se atrevieran a tomarlos.
 

 
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#14
Outfit ---- Sigurd de Little Garden


La batalla ha terminado. El dinosaurio es incapaz de mantenerse en pié, fatalmente herido y cae sin más remedio, junto a un charco de su propia sangre. Me giro en dirección a mi compañero, a ver si ha tenido más suerte que yo y el monstruo al que se enfrenta todavía le da pelea. Pero para nada. Él también se ha reventado al lagarto con un solo ataque y a una velocidad pasmosa, así que poco que rascar. Sin embargo, si que soy consciente de un detalle sutil. Mi reptil es probablemente el doble de grande que el suyo, así que yo gano. -¡Jarul Jul Jul Jul...!- me río, mirando su presa con el cráneo deformado, probablemente de un golpe monstruoso de mi pana. -¡Menudo guantazo, hermano! Aunque no me jodas... el tuyo parecía más una mascota que una bestia. ¡Jarul Jul Jul Jul...! El mío rugía como una tormenta, el tuyo chillaba como una gaviota borracha. Pero oye, no todos los días se ve a un Bucanero dándole con la mano desnuda a un lagartijo gigante, así que algo de mérito tienes.- me mofo con brula, aunque con camaradería y buen rollo mientras lo señalo con el hacha.

Una vez acabadas las risas y tras la réplica de Ubbe, me acerco lentamente a nuestro premio, rodeando a la bestia. En el nido, en un estado perfecto, contenía no uno ni dos, sino cuatro huevos de dinosaurio intactos. Eran enormes, más grandes de lo que pensaba a raíz de los comentarios de los bailarines del mercado negro. Capaz cada uno pensará un par de decenas de kilos por lo menos, y de seguro son frágiles como su puta madre. Aunque fijo mucho más valiosos. -Fijate, loco. Son la polla. Y son cuatro... ¿Que te parece si vendemos un par y nos quedamos quedamos uno cada uno? Siendo tan grandes, fijo los vendemos al doble de precio. Y como de aquí nazca un cacharro como el que he matado... Nos ha tocado la lotería, ¡Jarul Jul Jul Jul...!- me río con la idea de montar a un T-Rex de 15 metros mientras cargo contra una ciudad. Es la mejor fantasía de mi vida. 

Mi sueño es interrumpido por un sonido de movimiento en la lejanía, algo que nos vigila desde las sombras pero que mi oído ha sido capaz de percibir. Las risas se acaban pronto y me pongo en alerta, cargando con Yggdrasil al frente con ambas manos. Entonces le propongo a Ubbe el plan para volver. -Hagamos una cosa...- comienzo a hablar, serio, pero sin dejar de prestar atención a mis alrededores. -Carga tú con toda la mercancía, por muy engorroso que sea. Yo iré al frente, bien pegadito a tí, y estaré atento a todo lo que se aproxime. También puedo destruir el terreno para que nos sea más fácil el camino. En caso de estar bajo ataque, corres sin mí hasta poner los huevos a salvo, que eres más rápido que yo.- la actitud es casi imperativa, aunque siempre estoy dispuesto a opiniones si vienen de un hermano de armas. -La prioridad ahora mismo es llegar con toda la mercancía posible y en el mejor estado. Ya dejaremos nuestra "competencia de bajas" para después del pago.- 
Una vez de acuerdo y con las opiniones y cambios de Ubbe, avanzamos a través de la selva en dirección al campamento de donde partimos. Dinero fácil. Mejores contactos.

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#15
La calma tras la tormenta tenía algo irreal, casi insoportable, y más despues de los golpes definitivos de ambos Bucaneers. El aire olía a hierro, a ozono y a carne recién rota. El vapor salía de las heridas de las bestias muertas y se mezclaba con la bruma que flotaba sobre el barro. Ubbe se pasó una mano por la cara, apartando el agua que aún le chorreaba del pelo, y dejó escapar una risa ronca, breve, que sonó más a gruñido que a alegría.
-Una gaviota borracha… -murmuró para sí, haciendo referencia a las palabras del melenas mientras observaba los cadáveres gigantescos- GAHAHAHA - Rió a continuación. 

Aún le temblaban los nudillos del golpe. No era dolor, era pura vibración. El impacto contra el cráneo del T-Rex seguía retumbándole por dentro, como si el puñetazo hubiera abierto una grieta en su propio cuerpo, de la emoción, de los nervios. Miró al monstruo caído a sus pies y luego al de Sigurd, el doble de grande. Sí, podía admitirlo: el del norte se había llevado el espectáculo más gordo. Pero lo importante no era el tamaño, sino la sensación. Esa mirada entre ambos, mezcla de desafío y orgullo, valía más que cualquier premio.

Avanzó entre los restos humeantes y el barro ensangrentado hasta el nido. Cuando lo vio, se detuvo. No dos huevos, como habían pensado. Cuatro. Cuatro perfectos óvalos color crema que brillaban bajo la luz de la luna, dispuestos con un orden casi sagrado. Se agachó, dejó que la yema de los dedos rozara la superficie rugosa de uno. Aún estaba caliente. Vivía.
-Cuatro, joder… -susurró, con una media sonrisa que le cruzó el rostro- Hemos triunfado colega.
Escuchó las risas de Sigurd a su espalda, el tono confiado con que hablaba del mercado negro, de vender un par y quedarse los otros. Tenía razón: cada uno debía pesar más de veinte kilos, pero su valor sería brutal. Y cabalgar a lomos de tremendas bestias... - ¡Tío, sería la cosa más épica que he hecho nunca, si conseguimos tener a esto de mascota, será brutal!
El crujido llegó entonces. Sordo, lejano, pero claro. Una rama rota. El helecho gigante, a unos treinta metros a la derecha, se movió apenas un instante, como si algo lo rozara. No había viento suficiente para eso. La mirada de Ubbe se endureció. El instinto habló más rápido que el pensamiento.
Escuchó el plan de Sigurd, y mientras él hablaba, Ubbe ya estaba preparándose agarrando los cuatro huevos. Se quitó la camisa e hizo un petate improvisado, cargando dos de los huevos a la espalda, y llevando los otros dos, uno en cada mano, podría llegar a buen puerto sin problema. 
Cuando Sigurd terminó de hablar, Ubbe levantó la cabeza. La lluvia le corría por la frente, los ojos le brillaban con esa mezcla de calma y locura que siempre aparecía justo antes de un combate.
-Tu plan me gusta, hermano -dijo finalmente, con voz grave—. Pero si algo sale mal, no pienso correr con los huevos y dejarte atrás. Si muero, será con los puños, no como un burro de carga GAHAHAHA
Se colgó dos de los huevos a la espalda, bien sujetos con nudos cruzados, y los otros dos a cada mano, como había pensado. 
-Tú abres camino. Yo llevo el botín. Vamos a por todas, joder. -añadió, ajustándose los nudos sobre el pecho- Si algo se mueve, no discutimos: golpeamos primero, preguntamos después.
Echó una última mirada al nido. Los cadáveres de los T-Rex aún humeaban, y la luna plateaba los cuatro huevos como si los reclamara para sí. Ubbe sonrió, aquella sonrisa salvaje que nacía entre la cordura y la barbarie.
-Y si aparece otro más grande… -murmuró, mientras el eco de su voz se perdía entre los árboles- Me lo pido, así estaremos en paz GAHAHAHA
Ajustó las gafas oscuras, ya inútiles bajo la noche cerrada, y dio el primer paso sobre el barro. La selva volvió a tragarlos en silencio, y solo el sonido de las botas hundiéndose marcaba el ritmo de su retirada.
-Vamos, Sigurd. A ver si la suerte todavía está de nuestro lado, ¡baby!


Resumen

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#16
Dos horas y media atrás
 
La lluvia golpeaba el pequeño campamento mientras las figuras de Sigurd y Ubbe desaparecían entre la vegetación. Jessie esperó exactamente 60 segundos, contando en silencio mientras observaba el punto donde habían desaparecido los gigantes, luego hablo – “Ya están fuera de rango” – dijo con voz completamente diferente. No había rastro del tono teatral de antes. James se quitó de inmediato la peluca violeta, revelando cabello negro corto pegado al cráneo – “Pensé que el grandote rubio nos había detectado. Tiene el oído más agudo de lo que esperaba.” – alado de él, Meowth respondió – “Pero no lo suficiente” – su voz había perdido todo rastro del acento caricaturesco – “Claramente son fuertes, pero no inteligentes.” – Jessie sacó un Den Den Mushi, el dispositivo era completamente blanco, sin los rasgos habituales de caracol, diseñado para evitar que las comunicaciones fueran interceptadas – “Control, aquí Equipo Carmesí. Sujetos han mordido el anzuelo. Procediendo a fase dos.” – sin esperar respuesta guardo el dispositivo y comenzó con las preparaciones. James ya estaba empacando el equipo real. No las cuerdas y herramientas de escalada que habían mostrado, sino rifles de francotirador desmontados, cuchillos de combate, y demás armas y utensilios dignos de un asesino profesional – “¿Cuánto les damos de ventaja?”
 
“Quince minutos” – decidió Jessie mientras se cambiaba de ropa al igual que sus dos compañeros por una útil para mezclarse con el entorno selvático de la isla lo cual servía a modo de camuflaje. Meowth desenrolló un mapa topográfico detallado del área el cual tenía rutas de escape marcadas, puntos de francotirador identificados, y posiciones de emboscada señaladas – “Hay cuatro huevos, no dos. Si son codiciosos, tomarán más de lo acordado. Si son leales, tomarán solo dos.”
 
“Y si son inteligentes, sospecharán que es una trampa” – añadió James mientras ensamblaba su rifle con la agilidad de quien realiza esta tarea diariamente – “Pero no lo son.”
 
“¿Y si solo toman dos?” – preguntó Meowth mientras afilaba sus garras.
 
“Entonces tendremos dos nuevos activos útiles” – respondió Jessie – “Músculo obediente siempre es valioso” – concluyó mientras cargaba su rifle.

Tal como habían planeado, se movieron con eficiencia militar, borrando todo rastro del campamento teatral. En menos de 5 minutos, no quedaba evidencia de que hubieran estado allí. Se separaron, moviéndose silenciosamente a través de la selva empapada. Años de entrenamiento en asesinato y espionaje guiaban cada paso. Meses de preparación y mapeo de las rutas de la isla les permitieron llegar 30 minutos antes que Ubbe y Sigurd a los cráneos de los reyes marinos. La presentación ridícula había sido perfecta, nadie sospecha de los bufones. Todos tomaron sus posiciones, James a 25 metros en línea recta a la izquierda del nido donde reposaban los huevos, Meowth a 35 metros en línea recta a la derecha del nido. De Jessie no había rastro, pero tanto James como Meowth sabía que la líder del equipo se mantenía cerca, vigilante. Y esperaron. Observando. Evaluando. Los cazadores creían ser los depredadores. No tenían idea de que sus acciones podrían convertirles en presas.
Contenido Oculto

Luego de dos horas y media de la llegada de Sigurd y Ubbe al campamento terminaba la batalla contra los dinosaurios que protegían su nido contra los Buccaneer de forma airosa para la pareja de piratas. La codicia de aquellos piratas fue mayor a cualquiera de sus impulsos de prudencia – si es que acaso tenían alguno – quienes trazaron un plan por demás simple: Ubbe cargaría con todos los huevos mientras que Sigurd abriría paso por la selva. Fue en el instante en cuanto Ubbe empezó a quitarse la camisa mientras Sigurd aún estaba hablando terminando de contar su plan que se escuchó un fuerte disparo y al instante siguiente una explosión calculada de forma experta alcanzó a ambos piratas, el radio de la misma (de 2.5 metros) manteniéndose en el limite de hacer daño a los huevos, pero siendo aprovechado de la forma mas eficiente para alcanzar a ambos piratas que se encontraban a solo un metro de separación el uno del otro. El disparo provenía de James quien se encontraba a 25 metros a la izquierda del nido donde estaban los Buccaneer, escondido detrás de un árbol, y fue apuntado al piso a 2 metros de ambos piratas. La explosión llego a alcanzar al nido, pero no a los huevos que ahí se contenían.
 
Saliendo de su escondite, alejándose 1 metro del árbol y apuntando firmemente con su rifle el cual había recargado con la siguiente bala explosiva a ambos piratas se dirigió a los mismos con su voz real, no aquella falsa de fanfarria y circo, si no la voz de un profesional a quien no le temblaba el pulso para hacer lo que fuera necesario para llevar su misión acabo – “Parece que no estaban preparados para los problemas” – bromeo, sabiéndose superior a sus posibles adversarios – “verán, podemos hacer esto por las buenas o por las malas” – prosiguió explicando lo que podría, o no, suceder en los minutos siguientes – “nos dan los huevos, les damos el dinero base pactado y cada quien sigue con su vida o se atienden a las consecuencias.”
 


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James

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#17
Misión cumplida y trabajo bien hecho. Comer, dormir, follar y ganar dinero fácil. Pequeños placeres de la vida que hay que permitirse a menudo. Y si encima vienen acompañados de un poco de violencia y sangre, mejor, eso que te llevas de gratis. Solo queda recoger la mercancía y llevarla a buen recaudo, que es frágil. Por tener, hemos tenido tanta suerte, que no solo hemos encontrado los huevos sin apenas dificultad, sino que hemos encontrado un buen montón y de un tamaño más que considerable. Los traficantes estarán contentos al ver la cantidad que llevamos, como nos dijeron, cuantos más lleváramos, más extras nos pagarían. Espero que estén tan satisfechos con el curro, que ojalá se queden con nuestra cara y nos pidan más encargos a futuro. Los pensamientos felices van y vienen, al igual que las fantasías de tener contactos fiables en el bajo mundo y en el mercado negro. Esa gente tiene enchufe y recursos para todo, y es mil veces mejor tenerlos de aliados que de enemigos. A pesar de todo, me mantengo alerta y con la mente fría. Está tierra inhóspita es indomable y no somos bienvenidos. La carga no aguantará un impacto directo y nosotros somos muy torpes, así que hay que andarse con cuidado. ¿Quieres cuidado? Toma dos tazas.

Sin previo aviso, una poderosa explosión. Nos están emboscando desde las sombras de la jungla, en un ataque furtivo que me impacta de lleno tanto a mí como a mí compañero. Una mala sorpresa que nos coge con la guardia baja, pues uno se espera más dinosaurios o monstruos enormes, no artillería pesada salida del culo de alguien. El fulgor de la explosión me abrasa la piel y me causa quemazón severa. Puedo sentir el dolor de una forma distinta a los cortes o los golpes. Es un dolor profundo, intenso. La razón se pierde por unos segundos, confuso, con un pitido en los oídos y esa presión muscular de haber resistido un bombazo con el pecho al descubierto. Pero no es momento de flaquear, no ahora. Estamos bajo fuego enemigo, como en Whisky Peak y si nos rendimos al dolor nos matarán a ambos. Sin caer al suelo, agarro a Yggdrasil con ambas manos, con fuerza, y miro a un lado y a otro en busca de quien ha tenido los cojones a atacarnos por la espalda. 
Este no tarda en aparecer, decidiendo no jugar más a las escondidas. Con aspecto distinto pero misma cara de sopla pollas, aparece James, nuestro "supuesto" benefactor y aquel que se supone que nos tiene que pagar. Mis ojos se abren como platos y muestran una expresión de incertidumbre, sin entender muy bien que está pasando. ¿Tal vez todo es una trampa y no nos piensan pagar? Sería estúpido. Si se ven con cuerpo para matarnos, ¿Porque pedirnos el favor de matar dinosaurios? Y si no pueden matar dinosaurios, ¿Para que traicionarnos e intentar matarnos a nosotros después? Nunca me he considerado el lápiz más afilado del estuche, pero no le veo el sentido a todo esto.
La explicación se da deprisa, con tonos altaneros y fanfarrones. Cosa que no me gusta. Pero me intento quedar más en el mensaje que en las formas. Y aún así, mi cara debe de ser un poema o un cuadro. No entiendo nada. De hecho, no parece querer traicionarnos, sino llevarse los huevos y pagar lo acordado. ¿Por buenas o malas? Que tonterías está diciendo, si ya íbamos para allá. Miro un segundo a Ubbe, ladeando la cabeza a ver si él ha entendido algo que a mí se me escapa, pero entonces caigo en cierta carrera que hicimos al conocernos...

Doy un par de pasos al frente y me interpongo entre James y Ubbe, cubriendo a mi compañero con mi inmenso tamaño. Cualquiera que viera la escena desde fuera y sin consciencia, podría asumir que lo estoy protegiendo, ya sea por diferencia de alturas, por veteranía o por la razón estúpida que se pase por la cabeza. Pero no hay que confundirse. Conozco lo suficiente a mi hermano Buccaneer y sé que no solo es más veloz que yo, sino que también tiene un pronto agresivo y que de un salto puede darle matarile al comemierda del pistolero. Estoy protegiendo a James y al éxito de la misión. Nos interesa mantener el contacto con esta gente.
-¿Es que acaso eres idiota?- insulto con tono firme, alzando la voz. Así llamo su atención y consigo que se centre en mí. - ¿Ves a alguien con ganas de romper el pacto que teníamos? Vienes aquí, nos atacas por la espalda como una rata y casi te cargas la mercancía. ¿Y a cuento de qué?- continuo, enfadado, aunque con un tono más negociador. Diplomático. -Somos tan buenos en lo nuestro que no solo hemos encontrado un huevo o dos. Sino cuatro. Y de un tamaño mayor al que buscabais. Ahora podéis cumplir con vuestra parte y comprarlos todos con los extras que propusiste o solo un par y quedarnos nosotros con los que no podáis pagar para tener el recuerdo.- mi tono es honesto, pues solo verdades como puños estoy hablando. De ahí mi desconcierto. Ellos pusieron las normas. Nosotros estamos jugando a su juego. -¿Pero que necesidad tienes de abrir fuego? Que te aviso ya, te lo perdonamos porque no dejamos de ser piratas y entiendo vuestro miedo a posibles traiciones, pero como vuelvas a hacerlo, te voy a peinar con la raya del medio que tenías antes de forma permanente. Así que deja de hacer el idiota, baja el arma, terminemos la transacción amistosamente. Como vosotros pactasteis.- ya se me nota mucho más relajado. Con una sonrisa forzada y actuando más con cabeza que con bíceps. La paciencia se me agota rápido, pero si la recompensa es jugosa, valdrá la pena el dialogar. Ahora, un remate amistoso para cerrar este caos injustificado. -No hay porque hacer sangre cuando todos vamos a salir ganando. Venid, nos hacemos una barbacoa de trabajo bien cumplido con los cuerpos de los padres y sin rencores, ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL!!!- me río de forma estridente a la espera de una respuesta positiva. Por el bien de todos que sea positiva. O destripo al hombre, comparto a la mujer con Ubbe y secuestro al gato para usarlo de cebo.

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#18
La explosión lo sacudió antes de que pudiera entenderla. Ubbe se quedó aturdido durante unos segundos. Un fogonazo blanco, el calor mordiendo la piel, el rugido dentro del pecho. Por instinto, su cuerpo reaccionó antes que su cabeza: los músculos se contrajeron, las piernas se flexionaron y el corazón empezó a latir como un tambor de guerra. Ya estaba a punto de saltar, de lanzarse hacia la dirección del disparo, de arrancar el arma de las manos del que había osado atacarlos y destruirlo por completo. 
El barro se agrietó bajo sus pies. Todo su cuerpo temblaba de pura energía contenida. Pero antes de que su impulso se volviera acto, su compañero buccaneer se cruzó frente a él. Un muro de carne y acero. El aire caliente que había estallado a su alrededor aún zumbaba, y, sin embargo, bastó con la voz grave de su nuevo hermano para cortarlo todo.
Ubbe lo miró desde atrás, respirando por la boca, con el cuerpo aún tenso, los brazos marcados por la sangre y el barro. Por un segundo, no supo si gruñir o reír.
"¿Qué haces, melenas? Si me dejas ahora, lo parto en dos y nos ahorramos el sermón." Pensó Ubbe en sus adentros. 
Pero no se movió. Solo escuchó.
Las palabras del rubio lo alcanzaban como una cuerda echada en mitad del fuego. Lo oía hablar con calma, negociar, incluso bromear… y aunque por dentro su instinto pedía venganza, algo más profundo se impuso. Confía en él. Aunque se conocian desde hacía poco, poca gente había dejado una marca tan grande en Ubbe. Quizá Kal, su antiguo mentor y compañero. De hecho, en cierta manera, este Bucaneer le recordaba a Kal, quizá por eso su instinto le decía que podia confiar en el.
En este momento su enorme compañero era el ancla, el que sabía cuándo apretar y cuándo morderse la lengua. Y si decidía que este no era el momento de matar, entonces no lo era.
Ubbe inspiró hondo, dejando que el aire húmedo le llenara los pulmones. Sentía el sabor del metal en la lengua, la sangre seca en la boca, y aun así se obligó a soltar la tensión. Bajó los hombros. Lentamente.
No apartó la vista de James ni un segundo. Su mirada era fija, felina, calculando cada pequeño movimiento del pistolero. Si el tipo llegaba a pestañear con mala intención, si movía el dedo hacia el gatillo, si respiraba más rápido de lo debido… le destrozaría el cráneo ahí mismo.
Pero no lo hizo. Se quedó detrás de Sigurd, quieto, sólido, respirando lento. Por dentro, el pensamiento se repitió como un mantra que lo mantenía firme:
"Confío en ti Sigerd. Tú llevas el timón. Pero si alguien dispara otra vez… yo seré la tormenta."

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3914 - 1395 = 2519
Energia: 1807 + 0 = 1807
Espiritu: 585 + 0 = 585
#19
El humo de la explosión todavía flotaba en el aire cuando las palabras de Sigurd resonaron en el cráneo del rey marino. Su figura de siete metros, chamuscada pero firme, se interponía entre James y Ubbe. La postura era clara, y no mostraba sumisión alguna, sino de alguien capaz de darle la vuelta a la situación si así fuera necesario. Pero algo más se hizo evidente cuando el humo se disipó. Detrás de ellos, en el nido, el daño colateral de la explosión era visible. Dos de los cuatro huevos estaban destruidos. Las cáscaras de 3 centímetros de grosor habían cedido ante la onda expansiva, y el contenido - un líquido amarillento mezclado con tejido embrionario medio formado - se derramaba lentamente sobre el musgo del nido. Los fragmentos de cáscara color crema estaban esparcidos en un radio de 2 metros, algunos todavía goteando. Los otros dos huevos habían sobrevivido, protegidos parcialmente por la posición de sus hermanos destruidos. James mantuvo el rifle apuntado, pero algo en su expresión cambió. No era sorpresa por la destrucción, pues había sido calculada, aunque no perfectamente ejecutada. Los Buccaneer no habían caído. No habían entrado en pánico. No habían atacado ciegamente a pesar de ver destruida la mitad de su potencial ganancia.
 
“Interesante” – respondió James, su voz profesional, pero con un matiz diferente. Ya no era condescendiente – “Mantienes la cabeza fría incluso viendo 60,000 berries evaporarse por mi... descuido calculado.” – dio un paso lateral, manteniendo los 24 metros de distancia, pero cambiando ligeramente el ángulo. El rifle seguía apuntando al espacio entre los dos Buccaneer – “Verás, gigante elocuente” – continuó – “cualquier idiota con músculos puede matar dinosaurios medio muertos por rayos. Pero mantener la compostura después de una emboscada y pérdidas financieras... eso tiene valor.” – James bajó ligeramente el cañón del rifle, aunque el dedo seguía en el gatillo – “Quedan dos huevos, es decir, sesenta mil berries para cada uno por el trabajo base, más treinta mil extra para cada uno por haber conseguido más de uno, aunque ahora solo podamos aprovechar dos” – hizo una pausa, observando las quemaduras visibles en la piel de ambos gigantes. Rojas, con ampollas formándose, pero ellos seguían firmes – “En total noventa mil berries para cada uno” – explicó – “Nosotros nos quedamos los huevos, ustedes se quedan el dinero. Y tal vez... futuros trabajos, si demuestran que pueden mantener la compostura como lo están haciendo actualmente.” – el viento movió las hojas, trayendo el olor a huevo podrido mezclado con carne quemada de los T-Rex muertos. El líquido de los huevos destruidos seguía goteando, formando un charco viscoso que se mezclaba con la sangre seca en el nido – “Pero aquí está el dilema” – James continuó, su tono volviéndose más frío – “Intentaron tomar dos de los cuatro huevos para ustedes. Eso no estaba en el acuerdo original. Por lo que no me disculpo por destruir aquellos dos huevos. El valor en el mercado se derrumbaría si no controlamos toda la oferta, ¿entienden? Así que la pregunta es: ¿aceptan los noventa mil por cabeza y cortamos por lo sano, habiendo aprendido que los acuerdos se respetan? ¿O insisten en complicar las cosas?” - Levantó el rifle unos centímetros, no apuntando directamente a ellos, pero sí a un punto entre ambos donde otra explosión los alcanzaría a los dos – “Porque debo advertirles, mi error con los huevos fue... desafortunado. Pero el próximo disparo no fallará en lo que busque destruir.”
 
Los fragmentos de cáscara crujieron bajo una brisa suave. Pedazos de lo que habrían sido crías de T-Rex goteaban entre las ramas del nido. Noventa mil berries cada uno era una fortuna, pero menos de lo que habrían ganado con cuatro huevos intactos. Era una amenaza velada pero clara. Había más jugadores en esta partida que solo James. Y los Buccaneer, a pesar de su fuerza, estaban en desventaja táctica. El silencio que siguió fue tenso. Solo el goteo constante del contenido de los huevos destruidos marcaba el paso del tiempo. La luna iluminaba la escena con crueldad. Dos gigantes quemados, dos huevos destruidos, dos supervivientes, y un francotirador esperando una respuesta.
 

Detalles Importantes

Belico

James

OFF
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
#20
Ubbe se mantuvo en silencio durante buena parte del discurso del francotirador, la mirada fija en el arma mientras el humo todavía serpenteaba entre los árboles. Sentía el calor del fuego aún pegado a la piel y el olor a carne quemada en el aire. Dos huevos destrozados, sesenta mil berries evaporadas y un trabajo a medias, aunque en el fondo seguía siendo un día más de supervivencia.
Cuando James terminó de hablar, el buccaneer soltó el aire por la nariz, giró el cuello con un crujido y dio un paso al frente. El barro le cubrió los tobillos y las brasas se apagaron bajo sus botas.
Por un momento, el impulso volvió.
Ubbe notó cómo los músculos se le tensaban solos, el cuerpo pidiéndole saltar y partirle el cráneo al tirador por pura inercia. Podía ver el recorrido en su mente: tres zancadas, un salto, un golpe, y el rifle hecho añicos junto a la mandíbula del tipo. La idea le quemaba por dentro, casi placentera. Pero entonces miró de reojo a Sigurd, plantado entre ambos con esa calma que habia mostrado, y el impulso se disolvió. Confiaba en su hermano buccaneer. Si Sigurd decía que el trato valía más que el combate, Ubbe aguantaría el golpe y le haría caso... por ahora.
-Vale, vale… entiendo lo que dices, baby -empezó con tono grave pero tranquilo, levantando una mano abierta-. Que si los acuerdos, que si el mercado, que si el control de la oferta… todo eso suena muy serio. -Hizo una pausa y ladeó la cabeza-. Y supongo que tiene sentido, aunque sinceramente no tengo ni puta idea de lo que significa eso del bajo mundo que decís siempre.
Por dentro, pensó que quizá se referían a alguna cosa de alcantarillas o monstruos subterráneos; lo cierto era que no le importaba demasiado, pero sonaba lo bastante importante como para asentir con la cabeza y fingir que lo entendía. Aunque si fueran monstruos subterráneos, la verdad es que podría molar bastante. 
-Lo que sí entiendo es que nosotros hicimos el trabajo, cumplimos con el trato, y aun con tus… fuegos artificiales -dijo, señalando con un gesto el charco amarillento de los huevos reventados- seguimos de pie y sin tocarte un pelo. Eso, en mi mundo, también vale algo.
Ubbe sonrió apenas, esa mueca torcida suya entre amenaza y camaradería.
-Así que no voy a discutir los números. Si son noventa mil, pues noventa mil será. El dinero nunca ha sido mi pelea favorita, pero no me gusta que el curro se quede sin pagar. -Levantó el brazo y señaló el rifle de James-. Lo único que te pediría, baby, es que bajes un poco eso. No por miedo, ¿eh? -añadió con un deje de burla- sino porque a estas alturas todos sabemos que si quisieras reventarnos, ya lo habrías hecho, así que de alguna manera, aún te somos útiles. 
Se encogió de hombros, casi despreocupado.
-Yo digo que cogemos lo nuestro, vosotros lo vuestro, y seguimos siendo amigos. Si de verdad hay más trabajos, como dices, me gustaría verlos. No somos los más listos, pero somos jodidamente buenos.
Ubbe giró ligeramente la cabeza hacia Sigurd, como buscando su aprobación.
-Y tú, grandullón, seguro que puedes decirlo mejor que yo. Yo ya he hablado demasiado para ser el bruto del grupo. -Le dedicó una sonrisa de lado, divertida, y volvió la vista a James-. ¿Qué dices, baby? ¿Trato hecho?
El aire seguía oliendo a azufre y muerte, pero su tono sonó más cercano que hostil. El buccaneer mantenía la calma, la mirada fija, listo para lo que viniera, aunque en su interior todavía palpitaba la idea de que “el bajo mundo” era algún tipo de laberinto subterráneo lleno de ratas con maletines. O quizá algún sitio en las alcantarillas. 

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2519 - 100 = 2419
Energia: 1807 + 14 = 1821
Espiritu: 585 + 0 = 585


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