[Pasado] Watching You | Social [+18]
#1
Ojos clavados en un cristal, en la planta superior de un local elegante. El humo llevaba algunos minutos volando por el cigarrillo de entre sus labios. Alguien había robado, de forma claramente visual y sin ningún cuidado, al rubio y corría entre la gente con algo entre sus manos. Por otra parte, Jin estaba allí, en una zona oculta, donde el cristal desde fuera no se veía y sí desde dentro lo que había en el exterior. Los ojos estaban clavados a un varón, previamente analizado.
 
—Jefe… — la voz a sus espaldas lo inmutó, solo apartó el cigarrillo, soplando el humo de su cigarro, cerrando los ojos a modo de calma, un vicio que dudaba seriamente poder quitarse de encima. Aquello había sido más rápido de lo esperado. Ahora sí, movió ligeramente los ojos en la dirección donde había escuchado la voz del hombre.
 
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—¿Lo tienes?
 
El hombre, un hombre probablemente o bien de su edad, o incluso algo mayor que el mismo yakuza, se acercó a él con algo pequeño entre sus manos. —Sí señor. Aquí lo tiene. — Jin tomó el objeto en sus manos, alejando la mirada de aquel rubio que podría o bien encontrarse bebiendo en la barra, o bien creyendo que estaba desaparecido entre la gente del local, algunos ya borrachos por el horario nocturno, otros sencillamente tratando de acercarse y conseguir un acompañamiento. Pese a no estar viendo aquel hombre que había divisado desde hacía algunos minutos, ahora había una fotografía del mismo entre sus manos, una documentación que uno de sus hombres había conseguido para él. Sí, había sido capaz de robarle la cartera y ahora mismo estaba retirando la identificación, si es que existía, del joven.
 
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—Buen trabajo. Puedes retirarte.
 
El hombre se inclinó, retirándose y dejando de nuevo a solas a Jin. Éste último ahora leía la documentación. —Tezca Norova… — su voz sonó baja, pese a la profundidad. No había demasiada información, volteó la identificación y la observó desde atrás. Lo había visto alguna que otra vez en el puerto, escuchado leves rumores de ser un viajero habitual. Quizás pudiera serle útil si jugaba bien sus cartas. Además… Sus ojos se elevaron hasta donde se encontraba el lugar, en una media sonrisa traviesa. No se veía tan mal. Quizás pudiera divertirse esa noche como lo hizo con el cirujano en su momento.
 
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—Habrá que probar suerte.
 
[***]
 
Y se encontraba ahora descendiendo escaleras abajo, entre la música, con la misma cartera que uno de sus hombres “disfrazados” había robado a propósito, y que por el momento pasaría desapercibido. Sus pasos lo llevaron hasta el hombre rubio, sentándose cómodamente en uno de los bancos de la barra, cerca de él. Sin preocupación alguna, retiró la cartera, aquella misma condenada cartera, solo que cerrada y en las mismas condiciones en las que se le fue entregado, para entregárselo sobre la barra. —Un imbécil parece que se encontró conmigo y perdió esto. — no era una verdad, pero tampoco una mentira del todo. Se habían encontrado, y obviamente se lo había entregado, ahora quien lo había hecho lo había perdido de vista. Siempre jugando entre verdades. Su sonrisa, maliciosa, lo contemplaba con un aire pícaro. —Espero que no le importara que viera la fotografía, pero no veo a nadie con la misma elegancia que usted en esa foto y estoy seguro de que al dueño no le importaría de todos modos recuperarlo. Y si no es usted... quizás me pueda ayudar a encontrarlo. — Acercó el cenicero que estaba en la barra, soplando el último halo del cigarrillo, y apagándolo en el mismo. Sus ojos, azul pálido afilados, con una voz profunda y cargada de seguridad, se dirigió directamente a él.
 
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—Puede llamarme Jin. Así estamos a la par.
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#2
Esta noche en especial, no era mi noche.
 
No tenía mucho aquí pero si me preguntabas cómo había llegado tampoco sabría muy bien que responder.
 
Desde que me desperté, había podido notar que mi cabello estaba más enredado que de costumbre y fue un error no tomar eso como un presagio de mala suerte para el resto del día. Primero, el desayuno, Aunque habia traído el dinero suficiente para esta pequeña aventura propia; la fruta del pequeño cottage que había decidido visitar estaba ciertamente fermentada y no pude comer más, claro, me ofrecieron otro plato pero honestamente mi apetito había muerto. En la tarde, cuando intenté coquetear con una linda chica pelinegra, con la que por cierto, ya comenzaba a caer ante los encantos de Tezca;  su novio apareció de la nada y casi recibo una paliza por ello.
 
Para la noche necesitaba ahogar mis penas; En cuestiones de alcohol siempre he sido un acompañante barato, no necesito tanto para que la sangre se me suba a la cabeza y me quite los lentes de rostro para “observar a todo color la vida “ o ese tipo de cosas que los borrachos atractivos y elegantes hacemos. Me senté en la atiborrada taverna y pedí mi primera cerveza: clara, ligera y cuando estaba apunto de pagar.
 
Revisé mi bolsillo, mi chaqueta y pasé mis palmas por cada parte de mi torso.
 
Absolutamente. Nada.
 
Simplemente esto no podía ponerse peor.
 
Me levanté de banco donde me encontraba sentado, dando la vuelta sobre mi eje mientras miraba al suelo en cierta desesperación, si me la quitaron, que era lo más probable en este tipo de sitios ¿Cómo es que no me di cuenta? Yo. Tezca. Un pirata de lo más inteligente que podrían ver estos lares. No, no. Se tenía que haber caído.
 
Al final volví a sentarme, dándole un sorbo a la cerveza, supongo que esta noche la bebida saldría a cuenta de otro más; A mi lado una de las bancas sonó, alguien se había sentado y pude observar a un hombre atractivo, apenas unos centímetros más alto que yo, pero de un porte bastante elegante, por lo que no pude evitar darle un largo vistazo, tal vez más largo de lo que debería. El hombre tenía mi cartera y no pude evitar sentirme un tanto aliviado al respecto, al parecer mi
suerte estaba cambiando en este momento, tomé mi cartera, abriéndola para revisar que todo se encontrara en orden y en ese momento habló, no pude evitar sentirme ciertamente intimidado por su voz, aun y cuando sus palabras no eran hostiles, pero no hay forma que lo dejara ver. Nunca.
 
 
Entonces le sonreí ladinamente, acomodándome uno de los mechones detrás de la oreja, oh, me había halagado y la forma tan segura con la que se expresaba; podría jugar con ello un rato e incluso sacarle la cerveza que ya estaba tomando. — Me parece que no es necesario decirte mi nombre, a menos que quieras escucharlo directamente de un servidor. — Comenté con el tono más ligero que tenía, casi suspirando al terminar la oración, aunque quería jugar un rato no le mentiría con respecto a como me estaba sintiendo en ese momento y esperaba que el tono de mi voz fuera más que suficiente para hacerlo saber. — Te agradezco que seas un ciudadano decente, cualquier otro personajucho sin escrúpulos se la hubiera quedado y supongo que no necesito decirte que tan trágico hubiera sido, Solo pobre de mi… solo por este lugar y sin dinero, sin poder acudir a nadie ¿Me entiendes? — Me incliné, apoyando mi codo sobre la barra y mi cabeza sobre la mano sin dejar de verlo, a un lado de la cerveza casi entera, bajando levemente el tono de mi voz. —Así que… espero que sepas que estoy realmente agradecido, Jin ¿Deberíamos celebrar? Aunque me he adelantado un poco. —
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#3
La conversación parecía funcionar. Ni siquiera se apartaba. Su sonrisa, cargada de picardía, solo se ensanchó todavía más y más. El coqueteo parecía funcionar bien. No esperó a que prosiguiera, solo dio un par de toques con su dedo índice sobre la barra, captando la atención del camarero. —A mi cuenta. — Su voz sonó profunda, más intensa, mientras señalaba la cerveza de su acompañante.

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—La verdad, no estaría mal escuchar su nombre directamente de esos labios.

Su tono volvió a la picardía, la diversión, sus ojos ahora enfocándose en el varón que lo acompañaba, un acompañante inesperado… y a la vez no demasiado. Ese encuentro que había sido calculado, pero preparado. Él mismo acercó más su rostro hacia el contrario, sin eliminar su sonrisa traviesa, manteniendo sus ojos en la mirada ajena.

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—Vaya, ha sido una fortuna entonces haber dado con usted, Tezca.

Una pausa, su voz, pese a mantener su tono grave, ahora era más lento, suave en la medida que le era posible y, por supuesto, pícaro. No tenía vergüenza alguna en demostrar qué podría querer y, maldita sea… ¿cómo rechazar una cara bonita? Su mano, lentamente, descendió, pasando de encontrarse sobre la barra a su propio muslo y, de allí, al muslo ajeno, apretándolo un poco, sin ascender demasiado, al menos no por el momento. Los rostros casi se podían tocar entre sí, solo con una escasa distancia.

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—Siempre es buena idea celebrar algo positivo.

Elevó la mirada hacia el camarero, sin alejar la mano que tocaba directamente al contrario. —Un whisky con hielos. No escatime y sea generoso. Estoy de buen humor. — y tan bueno que ahora mismo, cuando pudiera, sabía bien qué decirle. Sus ojos regresaron mientras esperaba la copa hacia el rubio. —Así que, dígame… ¿Qué le trajo aquí esta noche? — Elevó la mirada, viendo que el whisky ya estaba sobre la barra. La tomó con la zurda, ahora acercando sus labios al oído ajeno, sin eliminar la parte divertida.

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—Podríamos seguir la conversación en privado… Tengo reservado un VIP para mí solo. ¿Qué opina?

Estaba con ganas, desde luego. ¿Cómo rechazar una cara bonita? Y de paso, quién sabe, quizás incluso podría serle útil para algún trabajo extra. Por el momento, quería conocer más, ver más del joven. Mientras esperaba, elevó su copa, dando un trago, tranquilo.

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—Por supuesto, no está obligado, pero sí estoy interesado en una conversación con usted.

Su mano, ahora sí, tomó distancias, dejando de tocarlo directamente. Por una parte por ver cómo reaccionaría y, por otra, preparándose para ver qué tanto se interesaría en él en caso de que realmente se estuviera interesado en ser su acompañante nocturno. Ganas, desde luego, no era algo que le faltara al yakuza.
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#4
Now playing: Don´t Give by Loco, Hwasa

Este hombre parecía un total jugador.

Oh, eso nunca sería malo, mucho menos para mí, pero esas sonrisas que me daba se me hacían tan familiares: Me estaba coqueteando y ni siquiera parecía querer esconderlo, por suerte yo tampoco. Me había salido con la mía: una bebida gratis, pero podía percibir que eso solo era el inicio.  Noté la pícardia en su tono, moviendo ligeramente la cerveza como si de una bebida aún más cara y elegante se tratara, mirándolo directamente a los ojos, aquellos lentes naranjas como mis intermediarios; No sabía si era el filtro de estos, la presencia del hombre o el efecto de la cerveza, pero mi mundo se notaba ciertamente cálido. — Creo que escuchar tu nombre sería más placentero. Jin es un nombre que rueda fluidamente en la lengua… ¿Qué opinas? — Era un descarado, nunca pretendí esconderlo.
 
 
Escuché sus palabras y con una ligera risa le di un sorbo a mi bebida, sabía que era un placer conocerme, así como probablemente iba a serlo conocer a alguien como el pero no se lo haría saber: Su voz era terciopelo y cuando parecía imaginar su tacto lo volvió realidad, sintiendo el calor de su palma sobre mi muslo y como este ascendía por el resto de mi cuerpo, estaba tan cerca que podría besarlo, incluso observé sus labios con cierto deseo antes de darle otro trago a la cerveza, necesitaba enfriarme un poco.
 
No podía dejar de ser tentador ni por un segundo ¿verdad? Fingí ignorar lo que su toque me hacía sentir, por supuesto, mientras escuchaba como pedía un whisky, tenía cierta elegancia, lo debía admitir. — Whisky es una gran bebida para celebrar ¿Me entiendes? Era de mi conocimiento que Sorbet es un lugar interesante, sin embargo, no esperaba que su gente fuera tan cálida. — No le diría que estaba aquí por negocios, eso sería ciertamente aburrido; Ni que este día había sido un desastre hasta que llegó, eso le daría demasiado crédito,
 
Escuché su propuesta, justo lo que estaba esperando; llevar esto a un lugar más privado comenzaba a surgir en mi piel como una necesidad, no le haría esperar: Al dejar de sentir su tacto sobre mí, me levanté del asiento como si mi piel siguiera a la suya, dando un par de pasos mientras lo observaba. —Te sigo… Debo admitir que no eres el único interesado. — Si claro, admitir, como si hasta el bartender no lo hubiera notado y mientras caminábamos no pude evitar seguir hablando usando ese tono coqueto y melodioso. — ¿Qué trae a alguien como usted en este lugar y a estas horas? Parece un hombre ocupado. — Bajé mis lentes para mirarlo, aquellos penetrantes ojos azules intentando seguir los suyos, quería que me viera y nada más a mí. Mientras continuábamos en el camino, como si fuera un cuervo en una joyería me sentí atraído por las riquezas a mi alrededor, disimulando con ligeras miradas y alguna que otra sonrisa al pensar cómo podría obtenerlas.
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#5

Una enorme sonrisa de oreja a oreja se dibujó en sus labios, manteniendo tanto la picardía como cierto toque de maldad. El coqueteo estaba siendo, cuanto menos, efectivo. Se relamió los labios, fingiendo saborear el whisky, cuando en su propia imaginación ya se estaba haciendo una buena imagen de fantasía de lo que pudiera llegar a transcurrir esa noche. Cierto era que tenía otros planes… ¿quién iba a ser el imbécil que fuera a rechazar unas buenas vistas?

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—Repetir mi nombre toda la noche... Me encanta la propuesta.

En forma de gemidos, desde luego. Lo haría ver lo que ya había logrado en otros, solo que a saber si alguien más le haría sentir como él. Ya tenía su experiencia y aparentemente no había rechazos. De hecho, podía percibir la enorme tensión, sus miradas en sus propios labios, solo logrando que la sonrisa se mantuviera por más tiempo, deleitándose de aquella provocación que lograba tener éxito. Llegó a voltearse, ahora de cara directamente al hombre. Acortó más las distancia, apenas a milímetros de sus labios con semejante diálogo. Con su mano izquierda, mantuvo el whisky sobre la barra, los ojos mirándole fijamente a los ojos, con aquella tensión que ellos dos ya parecían haber aceptado.

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—Y puedo ser más cálido si lo desea, Tezca.

Su voz sonó grave, más lento, más provocativo, buscando una mayor reacción, una que sabía que, pese a estar ocultándolo, él podía percibir. De hecho él mismo la estaba sintiendo también. ¿Miradas ajenas? No podía importarle menos. Ponerse en pie, verlo acercarse y la respuesta ante la oferta que había tanteado… cayó tanto como él mismo había caído en su elegancia. Elevó su mano derecha, la cual había soltado su muslo, para dar un toque suave a aquellas gafas amarillentas.

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—Me alegra ver que el interés es mutuo.

Se puso en pie, tomando la copa entre sus dedos. Los pasos lo fueron guiando escaleras arriba, por donde irónicamente había pasado antes del encuentro, con la misma cartera que ahora ya poseía el dueño original. Sus pasos, lentos y deliberados, eran seguros y firmes, sus zapatos caros apenas hacían un solo ruido, por no mencionar que la música de por sí ya lo estaba camuflando todavía más. Volteó parte de su rostro, para buscar la mirada de su acompañante ante dicha cuestión.

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—No se equivoca, suelo ser un hombre ocupado.

Frenó en seco en la puerta, una de madera con unos grabados dorados que ponía claramente “VIP”. Había dos hombres, uno a cada lado de la puerta, quienes inclinaron la cabeza educadamente la cabeza al ver al propio Jin. El pelinegro no parecía inmutarse, como si no les hubiera visto, estaba acostumbrado ya a estas alturas, su atención estaba más enfocada en el rubio de gafas. —Quizás si me divierte lo suficiente, pueda contarle un poco más. — Los ojos, ahora afilados y la mirada más seria se volvió hacia sus hombres al momento de terminar de abrir por completo la puerta.

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—Que nadie entre sin mi permiso.

—Sí, jefe. — La actitud ante los hombres era total y completamente distinta a la ofrecida al joven, algo que pudo percibir incluso con el tono de voz empleado y el cambio de expresión más serio. Con eso quizás pudiera dar una pequeña pista a la pregunta del rubio, esperando a que entrase y, apenas segundos después, cerrar la puerta tras de ellos, con el seguro incluido. Lo tomó del antebrazo, empujándolo contra la puerta, a escasa distancia de ambos, mirándolo con más intensidad, su respiración un poco más ansiosa, su propia pelvis apretando la ajena, mostrando que estaba más que preparado para soltar su propio cinturón allí y ahora. Jin era más alto por unos pocos centímetros, pero no impidió que se mantuviera a la altura de su rostro.

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—Estoy seguro de que será una noche inolvidable.
La habitación no se había quedado atrás. Vitrinas con alcohol de todo tipo, incluyendo de los más caros. Vinos, licores, mezclas, una nevera incluso preparada para los que se quedaban, sofás de la más alta elegancia, cuero en un tono rojizo, iluminación más tenue. Elevó una de sus manos hasta la cintura ajena, pegándose más si es que era posible a él, apenas respirando entre sus labios.
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#6
Esas palabra, cálido: Ese hombre de tacto cual fuego parecía incluso burlarse en mis ojos. Ya estaba siendo aún más que cálido con sus acciones y aún así se atrevía a decirlo como si la situación pudiera quemar aún más… supongo que de cierta forma eso esperaba. — Creo que me ha dado una muy cálida bienvenida. — Respondí con suavidad y en efecto, sentí su tacto quemar mi pómulo al tocar el armazón de mis lentes. Por supuesto que el interés era mutuo: Ambos somos guapos y la temperatura subía con constancia, había una atracción notoria y no sabía que quería más: Si destruirlo o que me destruyera.
 
Estaba muy intrigado por el hombre: No solo su porte era elegante, además de lo obvio, no solo parecía un demonio atrapándome con lujuria para devorar mi alma por completo; Asistí la frialdad con la que parecía hablar con su personal, personal que ciertamente parecían la clase de gorilas que cuidarían de alguien con una extrema fortuna o influencia y eso me emocionaba en demasía. Parecía un hombre cruel y crueldad era lo que quería sentir esa noche.
 
Había algo que me gustaba aún más que el contacto corporal, que el dinero y eso era el juego del poder; Como puedes encontrarte en la gloria un segundo y al siguiente en la total y burda miseria, la fortuna y la pobreza, la fuerza y la debilidad, la fama y la infamia, el placer y el dolor ¿A quién mentiría? Podrías encontrar belleza en todas esas, sobre todo en las últimas dos.
 
Sentí su activo actuar, encerrándome entre su cuerpo y la pared, sintiendo su masculinidad contra la mía, en esta cercanía su perfume me llegaba a marear ligeramente, bajé ligeramente la cabeza a un costado para quitarme los lentes y poder mirarlo directamente a los ojos; En los míos podía notar el crudo deseo, que a este punto solo resistía para hacerme el difícil, para hacerlo esperar, pero eso se acabaría pronto, como hombre también tenía necesidades.
 
Guardé mis lentes en el bolsillo, pasando mis manos por su abdomen trazando con mis dedos los surcos de su trabajado cuerpo, bajando hasta su cinturón. Creo que finalmente había resuelto mis pensamientos acerca de este hombre: Lo quería todo. Sentir absolutamente todo.
 
Mordí ligeramente mi labio inferior antes de hablar, pasando mis delgadas y largas manos alrededor de cintura para atraerlo hasta que nuestros pectorales se juntaran y nuestros labios estuvieran rozándose; No pude evitar querer sentirlo más, mi cuerpo reaccionando prematuramente al mover mi pelvis lentamente contra la suya. — Creí que me invitarías una copa primero, que descarado… pero no puedo culparte ¿verdad? — Mi tono era mucho más bajo, intimo, sin quitarle la vista de encima, sonriendo altaneramente, retándolo. —Te haré sentir tan bien que querrás contarme toda tu maldita vida. —
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#7

Había planeado retirarle él mismo las gafas, alzárselas para ver mejor esos ojos y no fue necesario. Él mismo lo había hecho, revelando al completo el rostro que podía apreciar ahora con más claridad pese a la tenue iluminación de la enorme habitación. Qué irónico, con el tamaño del lugar, y lo tenía atrapado entre una puerta y su propio cuerpo. ¿Qué mejor que eso para ascender la temperatura? Lo tenía siempre todo listo para este tipo de situaciones. Su expresión era perfectamente perceptible además, buscando mayor diversión. Sus labios se acercaron más a los ajenos, en una sonrisa cargada de malicia y deseo, sus ojos afilados firmes, serios y casi apagados, si no fuera por el deseo que lo estaba invadiendo en ese mismo instante.

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—Veo que te está gustando mi calurosa bienvenida.

Por el momento dejó que sus dedos viajaran en su propio cuerpo, elevando su mano izquierda para dejar caer su corbata a un lado del suelo, sin cuidado alguno, desabrochando un par de sus botones, dejando entrever parte de su pectoral ya trabajado.

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No tuvo más tiempo que desabrocharse un par de botones, sus cuerpos ahora estaban pegados, los propios jadeos salían de entre sus labios. No escatimó en cuidados ni vergüenzas innecesarias. Sus manos lo sujetaron de los costados de su cintura, manteniendo sus labios a una corta distancia, su mirada firme sobre él, cargado de deseo. La travesura y picardía estaba más que aclarada entre ellos.

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—Hay varias formas de beber, ¿no lo sabías?

Sus manos rodearon ahora la cintura, paseándola hasta los glúteos ajenos, apretándolos hacia sí mismo, moviendo su pelvis al compás del movimiento, pudiendo percibir con más claridad el movimiento, el roce entre ambos sexos y cómo su propia tela estaba siendo una molestia en ese momento, doloroso incluso debido al crecimiento de su propia dureza. Se imaginó a sí mismo lamiendo el cuerpo ajeno después de verter una buena cantidad de alcohol sobre el torso ajeno. La sola idea le hacía palpitar el pecho, y su propia entrepierna.

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—Serás el primero si consigues que esta boquita suelte algo de mi maldita vida.

No esperó, ahora apretándolo entre sí, abriendo sus labios, descendiendo ligeramente su rostro para alcanzar la altura de sus labios, besándolo con intensidad. Primero un beso suave, lento, labios, moviendo y retrocediendo sus pasos hacia atrás, apenas palpando con sus pasos hacia dónde se dirigía. Una cosa tenía clara; esa noche ambos serían los únicos en el mundo.

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Lo volteó, lanzándolo contra uno de los sofás de cuero más grandes, terminando de desabrocharse por completo la camisa, revelando ahora su pecho al completo, tomando la mano ajena para que pudiera seguir explorando su cuerpo. Abrió las piernas ajenas, posicionándose entre ellas, contemplándolo desde su posición. Su largo cabello rubio ahora estando desparramado por los laterales del sofá.

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—Más te vale estar preparado para lo que te espera esta noche.

Se agachó, posicionándose sobre él. Sus rodillas justo detrás de él, desabrochándole el pantalón al contrario como le había hecho él, acercando sus labios en el cuello ajeno, sin temor, dejando un mordisco que inició suave, como un beso, solo para apretarse un poco más a medida que el calor incrementaba, lamiendo la marca que acababa de dejarle para suavizar el posible dolor si es que realmente existiera.

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—Porque no suelo ser especialmente suave.
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#8
“Serás el primero si consigues que esta boquita suelte algo de mi maldita vida.”
 
Ese es un muy interesante reto, uno que tomaría como secundario ya que cuando sentí sus labios sobre los míos, me quedé en blanco, correspondí al beso con la desesperación que mi suave tocar escondía, sus labios sabían a whisky y eso me excitaba aún más, con ganas de beberlo por completo: El marcaba el ritmo, me guiaba, por lo que sentía que me limitaba ligeramente, como queriendo tomarse su suave tiempo conmigo: Mi primera y gran debilidad, la paciencia
 
Solté un suspiro al sentir como me empujaba contra el sofá de cuero, olía caro, sin duda el cuero era de verdad y era de las cosas más cómodas que había sentido en mucho tiempo. Admiré el espectáculo sin quitarle los ojos de encima, parecía irreal: Comenzaba a pensar que este hombre no era humano y al sentir el calor de su cuerpo contra el mío me di cuenta de lo incomodo que me quedaba el pantalón, necesitaba quitármelo y pronto. Al parecer había escuchado mis pensamientos, estando a punto de responderle cuando sentí que desabrochaba mi pantalón, quitando parte de la tensión que sentía y provocando el primer quejido de la noche, el bulto en mi entrepierna aún más notoria de esta forma e incluso lograba observar parte de mi ropa interior negra.
 
Sentí su encantador calor sobre mí y llevé mi mano a su nuca para motivarlo a que mordiera más fuerte, presionando ligeramente mi pulgar contra el costado de su cuello. —Soy bastante resistente ¿me entiendes? Así que… No te preocupes. — Suspiré eso último, separándolo un poco de mi para mirarlo a los ojos, también quería darle un espectáculo, no podía ser el primero en ceder, no al menos sin dar batalla.
 
—… Carajo. — Me quejé por el calor, desabrochando mi camisa más rápido de lo que me hubiera gustado, dejando ver mi delgado torso; Sin un lunar o imperfección, ni siquiera la más ligera cicatriz. Sin duda un lienzo en blanco para su disfrute, para marcar como quisiera: No podía quitármela como quisiera al estar contra el sofá así que me quedaría así por el momento.
 
Era mi momento.
 
Coloqué ambas manos a los lados de su rostro, trazando ligeramente con el índice el final de su cicatriz, me intrigaba demasiado. — Esta debe ser una historia interesante... — Comenté, pero no le di tiempo de respuesta al acercarlo a mis labios para besarlo con intensidad, pasando mi lengua por sus labios intentando invadirlo mientras mi mano derecha bajaba a su cuello, intentando cerrar ligeramente el agarre para provocarlo. No sé porque volvía a insistir tentativamente, lo hacía por puro instinto: No sé si deseaba que me inmovilizara como lo había hecho contra la puerta o tentar que tanto me dejaría actuar antes de detenerme.
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#9

La media sonrisa no hacía más que incrementar, igual que el ascenso de su temperatura corporal. Lo invitaba a más, incluso cuando sus dientes habían dejado una marca en aquella perfecta piel que no poseía más que la que acababa de ofrecerle. No rechazó la invitación, apretándose más a él, juntando su propia pelvis con la ajena. La ropa interior rozaba con la ajena, con una respiración más profunda, intensa y cargada de pura tensión.

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—Bien… porque no pienses que te soltaré fácilmente.

Su cuerpo iba a descender, pero fue frenado en seco. Elevó ligeramente ambas de sus cejas, sonriendo con cierta malicia. Le encantaba jugar de ese modo, ver cómo su “presa” se desesperaba más, provocaciones que él mismo disfrutaba. No perdió detalle en ver cómo las prisas lograban revelar el torso del joven, su mano descendiendo lentamente hasta el pantalón ajeno, apretando directamente, por encima de su ropa interior, el miembro ajeno, pudiendo así apreciar la dureza que había provocado. Sintió el orgullo invadir todos sus huesos, el ascenso de la temperatura empeorar… No podía evitarlo. Cerró sus ojos cuando sintió el toque de su dedo dirigirse directamente hacia el límite de su cicatriz y escuchar esas palabras. Su rostro tomando un aire más calmado, distante incluso.

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Incluso si hubiera querido responderle, la fortuna de la fogosidad y la situación en la que se encontraban ya lo silenció. Aceptó el beso, contemplando con la misma expresión calmada a su acompañante nocturno, jugueteando con su propia lengua, una batalla silenciosa en la que a veces ganaba, otras perdía, pero todo estaba perfectamente calculado. La mirada, fría, afilada, lo observaba con atención sin perder.

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Cerró los ojos, sus manos volviendo a ascender lentamente, recorriendo un camino lento, torturoso, solo con la yema de sus dedos rozando su pelvis, su abdomen y, finalmente, apretando el pecho ajeno, pudiendo sentir su anatomía desde dicho gesto. Sus labios no dejaron de besarlo en todo momento, llegando a cerrar los ojos para tener mejor la sensación del tacto ajeno.

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La formalidad había desaparecido ahora que ambos se estaban entregando. Su mano alzándose hasta el pecho, apretando mejor su cuerpo, sobre él.

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—No te ves nada mal.

Apenas lo susurró tras separarse un poco de sus labios. Su sonrisa cargada de malicia se dibujaba, moviendo su mano izquierda, la cual había apoyado a un costado del joven, para lograr alcanzar un lateral del sofá. Ya había aprendido de la última vez, elevando ligeramente una pequeña palanquita oculta, logrando que la zona del reposacabezas descendiera, simulando una cama improvisada del propio sofá. El espacio ahora daba más invitación a más cosas. Elevó su cuerpo, relamiéndose, contemplando desde encima de él el cuerpo que ahora se dibujaba. Sonrió una vez más con malicia, volviendo a descender su torso, sus labios ahora entre los pectorales del hombre. No escatimó en cuidado alguno, mucho menos en pudor. Sus dientes mordieron con firmeza uno de los pectorales ajenos, rodeando su pezón, con una nueva marca. Su mano derecha descendió de vuelta, paseándose a su antojo, introduciéndose en la ropa interior del contrario, tocando directamente la dureza ajena. Él mismo jadeaba, pero prefería sufrir un poco más, la paciencia era una gran virtud de la que no muchos podían gozar… Y él parecía entregarse a él con toda la naturalidad. Su lengua paseó por la zona del mordisco, incluyendo el pezón, elevando sus afilados ojos pálidos, buscando ver la expresión ajena, iniciando un vaivén con su propia mano en el sexo ajeno.
[Imagen: bTjgVIr.png]
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#10
“No te ves nada mal.”
 
Escuché del hombre encima de mí y pretendía quejarme; No solo no me veía nada mal, soy un maldito Adonis, pero todos esos pensamientos desaparecieron cuando sentí el cambio en el sofá y sobretodo cuando sus dientes y lengua apretaron mi rosado pezón, arqueé la espalda en un impulso de sentir sus labios aún más cerca de mi piel: Quería besarlo, morderlo y que me mordiera con más fuerza y una de mis manos pasó a su nuca y subió a su cabellera, dejando un par de caricias para que continuara y el tacto ajeno solo provocaba que cerrara los ojos, me estaba haciendo sentir bien y quería regresarle el favor con prontitud, Nunca he sido paciente, ni tampoco me ha gustado quedarme de brazos cruzados mientras la otra persona me trata como su muñeco personal.
 
Mi boca no se cerraba; entre jadeos, respiraciones entrecortadas y un gemido ocasional al sentir sus dígitos cerca de la punta y cuando me miró sentí el corazón latir a mil por ahora, la necesidad de quitarme el pantalón y sentirlo: Mantuve mis ojos directamente mirando los suyos mientras mis mejillas ardían y tomé una ligera decisión.
 
Dejé su cabellera, tomando la mano que me tocaba para entrelazar sus dedos con los menos, sintiendo la ligera humedad pegajosa sobre estos, acerqué su mano a mis labios y lamí sus dígitos para limpiarlos sin quitarle los ojos de encima. —Tienes tanta suerte… quiero cogerte tanto. — Me inspiraba a ser vulgar, no solo tenía el éxtasis a “flor de piel” pero en carne viva, completamente famélico por él, miré a mi costado, si daba la vuelta quedaríamos al borde… Me daba lo suficiente.
 
Retiré su mano de mis labios no sin dejar antes un suave beso y con una sonrisa maliciosa, encogí la rodilla derecha y cona la pierna izquierda me impulsé para quedar encima suyo, apresando la mano que entrelazaba encima de su cabeza, mientras mi cabello caía por el costado de mi rostro. — Vaya… Como cambian las cosas, Ansiaba complacerte primero ¿me entiendes? — murmuré con un tono burlón, verlo debajo de mi era ciertamente interesante y encantador. Aproveché la situación para quitarme el pantalón poco a poco, tentándolo y entonces me acerqué a besar sus labios, mordiendo el inferior con cierta dominancia, intentando que sangrara, mientras mis agiles manos bajaban hasta su pantalón, bajándolo poco a poco.
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