[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 3]
#11
Es por todos bien sabido que el infierno está lleno de buenas intenciones. Pero la verdadera pregunta es: ¿será Bai quien aumente la hueste ardiente del Averno?

Lección primera: Sobre la disposición de los medios.

Bai se encontraba junto a Han cuando una sombra hedionda apareció desde la más profunda oscuridad.
De hecho, se hallaba con el Den Den Mushi en la mano y los pulmones ardiendo por el grito de rabia e impotencia, cuando, igual que un miasma vivo, el ser se abalanzó primero sobre el pelirrojo Owen y luego contra su compañero al grito de: «¡Monkey Business!».

Y Bai, que jamás se tuvo por veloz ni por diestra en los reflejos, solo pudo presenciar la caída de su compañero al tiempo que su agresor se alejaba.

—¡Han! —su voz salió tan pronto como su rostro se transfiguró en sorpresa y su cuerpo, impredecible por lo que acababa de ver, le instaba a que corriera hacia su compañero.

Mas tan pronto como torció el torso, una voz habló en su cabeza: «Sé tan rápido como el trueno que golpea tus oídos».
Aquellas habían sido las sabias palabras de su maestro de armas cuando, en su juventud, la había instruido en el camino del filo. «Y trata de no continuar por mucho tiempo. El desgaste es tu enemigo, Bai».

—Lo siento, Han —murmuró para volver a mirar al ser que se reía de forma estridente—. Aguanta un poco más.

Pues, si aquel anciano tenía razón —y sospechaba que así era—, aquel ser ediondo se daría prisa en acabar con ellos antes de que pudieran contraatacar.

«Mira lo sutil. Usa al enemigo para que se destruya a sí mismo. Pero antes, conócete, aguarda… y conócelo a él».

Respiró hondo intentando calmar el temblor de sus manos, presas por la contención y la adrenalina. Debía analizarlo, conocerlo y, siendo consciente de sus propias deficiencias, encararlo.

Por suerte para ella, parecía una criatura de soberbia desbordante, que se reía del daño como un niño incapaz de discernir entre el bien y el mal.

Así que Bai esperó.

Dejó que el ser hablara, que su risa llenara el aire y su arrogancia construyera su propia trampa. Lo observó, lo midió, lo comprendió. Y comprendió, también, que el enemigo era tan fuerte como frágil: impulsivo, narcisista, esclavo de su propia vanidad.

Y en esa vanidad hallaría su senda.

Lección segunda: Sobre el terreno.

Entonces observó el terreno con perspicacia: liso, yerto, sin un ápice de polvo o irregularidad que pudiera usar. Nada con qué protegerse y demasiados metros que recorrer.
Sus alas se batieron inquietas e inseguras, presintiendo antes que la mente el desenlace:
si saltaba, no llegaría;
si corría, quedaría corta;
y si intentaba ambas cosas...

Lección tercera: Sobre la iniciación de las acciones.

Tres certezas ardían en su interior como brasas que el viento no puede apagar.

Primera: estaba en desventaja.
No debía buscar el enfrentamiento directo, sino la apertura del otro al tiempo que mantenía la guardia.
Segunda: entre los presentes solo conocía a Han —quien, además, ni siquiera la entendía—; los demás eran sombras sin rostro, posibles aliados o, en el peor de los casos, peligros disfrazados.
Tercera: para sobrevivir debía engañar. Fingir debilidad, torpeza, duda y desorganización. Convertir su aparente flaqueza en la máscara que encubre la intención.

Ahora que lo tenía claro, solo quedaba tomar parte de la acción.

Lección cuarta: La vía del sable largo.

Tiempo: el preciado tesoro que todos buscan con fervor.
Tiempo es lo que un par de personas le habían regalado.

Bai se mantuvo quieta por un instante, aprovechando que el hombre rubio parecía sacrificarse al lanzarse de golpe contra el enemigo en común, y con calma, con toda la calma que podía tener en ese momento, sacó el arma intentando no hacer ruido. Después, como el hombre que nunca ha blandido un arma, empuñó mal su reciente adquisición —una estrategia más para que no sospecharan de su condición—. Y dejó que el filo de su arma estuviera bajo para que, en caso de necesitarlo, pudiera hacer un juego de manos y ponerse en guardia baja.

Después, esperó un poco más, lo suficiente para que una segunda persona —la oni—, con sus piruetas fanfarronas, le permitiera calcular en qué momento debía salir corriendo.

Y entonces el mundo pareció detenerse.

Bai salió corriendo describiendo una parábola, ahora agarrando correctamente el arma con ambas manos y manteniendo la guardia baja. Aunque, a decir verdad, era una guardia sin guardia: un movimiento que no era fijo y que le permitiría, en cualquier momento, subir a una media.

Buscaba un solo compás, el momento en el que el otro aún piensa, y asestar un golpe con todas sus fuerzas.

Y así lo hizo.

Había calculado lo suficientemente bien como para que su recorrido, más corto, le diera tiempo a la otra para retroceder. Al fin y al cabo, ella, Bai Mudai, sabía que una vez se lanzara no iba a poder hacer nada más. Y, poco después de que la mujer saltara hacia atrás... saltó hacia adelante usando toda la fuerza de sus músculos, dispuesta a lanzar su Imbrocata Cíclea al plexo solar.

Después, aprovechando la inercia, trató de retroceder unos metros más allá mientras levantaba el arma para protegerse.
Off
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#12

La tensión del pelirrojo era claramente palpable; No solamente estaban encerrados en aquella cárcel pétrea tan extraña e irreal, sino, que la propia Mercedes, también, reaccionaba a los Marines posteriormente de haberlo alzado de la cabeza como si se tratase de un balón, pero lo que más le sorprendió al muchacho no fue la confrontación con su ceño fruncido, sino, las palabras de aquel uniformado que, con un tono que parecía imposible de variar y pese a estar a unos quince metros, pudo escuchar con claridad: "No tenemos motivos para detener a nadie" -¡No los tendrás, déjame en paz solamente!- su exclamación, ruidosa, volvía a demostrar que seguía a la defensiva. Una situación así, ciertamente, hace dificultosa la confianza con prácticamente ningún individuo, pero...¿Qué más quedaba? Aquellos dos se veían tan maltrechos y heridos como él lo estaba, ¿Acaso el haber caído en esta cárcel no distinguía "de buenos o de malos"?.

Sin abandonar su posición ni un milímetro y aún atrapado por la mano de su compañera, alzado hacia arriba, buscó prestar atención al que parecía ser un posible alto cargo de las fuerzas de la autoridad, pero...¿Aquello estaba a punto de torcerse rápidamente? Mercedes sugirió que buscarían a "Gwendy", un apodo que podía adaptar extremadamente bien a los cientos que le había dedicado a su mujer favorita, pero...lo que sí fue dedicado para él, fue exactamente aquello que le hizo voltear instantáneamente producto de un griterío muy legible a sus espaldas -¡!- y, cuando viró su cuerpo hacia atrás,

¡Hyakumaigawara seiken!

¡PUM!

-¡¡¡!!!-

Un puñetazo con una velocidad totalmente criminal impactó directamente contra el centro de su pecho -¡BOAGH!- haciéndole liberar una bocanada de saliva, aire, y dejar sus ojos tan saltones como si fuesen a escaparse de las cuencas de la impresión. Por suerte para él, gracias a su agudo sentido del oído, llegó a reaccionar para voltearse y que el golpe no le diese directamente en la columna que, ciertamente y con la potencia que venía, podría haberlo dejado en sillas de ruedas para el resto de sus días como actual pirata que era. Fue tan así el golpe que ni el agarre de Mercedes permitió que se mantuviese en el lugar; Owen salió directamente despedido seis metros hacia adelante en un derribo tan bestial en el que comenzó a rebotar una y otra vez como una pelota y, con desesperación, rodaba una y otra vez hasta detenerse justo a un metro de donde se encontraba el sujeto que divisó hacía no demasiado tiempo, mirando hacia el techo de aquella enorme cárcel de roja -...Qué...- el estómago picaba a unos niveles demenciales, una sensación de pulsar que ardía hasta hacerle jadear y respirar con dificultad. El dolor era tan intenso que podía escuchar un tono de voz bastante similar al previo al recibir el impacto. De su nariz empezó a brotar sangre, un poco escandalosa, debido a haberse lastimado con el impacto de aquel suelo que, por muy falso que fuese, seguía comportándose como tal.

Escuchaba la voz de mercedes.

La voz del miembro de la marina.

Incluso con su tan excelente oído, estaba tan aturdido que solo sentía cómo el techo frente a él le daba una cantidad enorme de vueltas. ¿Iba a morir? ¿Se había terminado todo, y no sabía cómo? ¿Gwen...se quedaría sin él para siempre?

No.

[Imagen: f5271e15e9e459dda1f33519e303ad6d.jpg]
-No moriré.-

El ardor en su estómago era fuertísimo, casi capaz de poder desconcentrar. Un poco de sangre había caído sobre sus ropas. Era incapaz de poder ver detrás de su ropa pero, ciertamente, tenía un moratón redondo que casi parecía negro en su centro, el golpe había sido bestial. Todavía el sujeto parecía estar en su discurso lleno de soberbia. El rostro del pelirrojo había cambiado: Ese brillo tan lleno de alegría y energía, brillo y explosividad, se habían esfumado. La ira empezó a incrementarse en su ser, hormonas que explotaban en su cerebro y en su cuerpo hasta crisparle los pelos hasta erizárselos, al igual que lo hacía con su aspecto que dejaba de parecer simpaticón, y ser algo infinitamente más salvaje mientras se iba reincorporando, poco a poco, en el medio del discurso de aquel individuo al cual le centró la vista en el instante que Owen utilizó su mano izquierda para apoyarla sobre la rodilla del mismo lado y, al impulsarse, erguirse de pie a exactamente un metro a la derecha del sujeto de cabello atado y a unos nueve de la pared a su lateral -...- la vista del muchacho se llenó de un odio visceral, como si el que tenía delante no hubiese dejado claro que iba a por él: "Primero a los humanos, los mataré primero" -No moriré.- balbuceó, viendo a esos nueve metros al enorme y musculoso individuo que, además de alto, veía como parte de su rostro estaba siendo sustituida por la forma de una monstruosidad parecida a un primate. Su mente voló en un recuerdo fugaz, uno que le hizo acordar a aquel muchacho, Eros, calificado como "Post Morten", habiendo visto que había hecho algo muy parecido pero en un híbrido con una bestia de uñas largas, bigotes y similitudes a un topo -No moriré.- erguido, el discurso del sujeto finalizó, uno que el pelirrojo no prestaba atención por cómo quemaba todo su cuerpo producto de la explosión de hormonas, un rostro endemoniado, un ceño fruncido y un corazón que se empezó a desarmar de los latidos que emitía, bombeando sangre a litros mientras se limpiaba el manchón carmesí de su rostro con el antebrazo.

[Imagen: mf0aiIa.png]
-¡NO MORIRÉ, VEN A POR MI, HIJO DE PUTA!-

Un grito totalmente desaforado, con la voz rota, se expulsó de la boca del pelirrojo que parecía hasta poseído por la adrenalina que le hizo entrar en ebullición, con el cuerpo ligeramente anestesiado de dolor solamente por la locura que corría por sus venas. No le sacó ni un solo instante el ojo de encima al musculoso ser que, fardando de sus capacidades, activó los sentidos del muchacho a tal punto de sentir un pequeño rastro de olor a sudor, uno muy marcado, distinguido, fuerte y hasta rancio -¡NADA ME MATARÁ HASTA QUE VEA A GWEN OTRA VEZ!- su grito fue desaforado, llamativo, pero algo estaba ocurriendo en el medio: Los ataques de sus compañeros que, ciertamente, el pelirrojo observó como buena distracción. Agazapado y utilizando la oscuridad sin que siquiera pudiese ser visto, empezó a movilizarse por el lateral derecho (Izquierdo hacia el frente del monstruoso ser) por cuatro metros sin sacarle ni un ápice de segundo de encima la vista al individuo mientras el crujir de sus propios guantes le hacía sentir le hervor en su interior; La oscuridad, aunque fuerte, con la debida atención y concentración, era capaz de poder ver debido a la luz que bañaba levemente la zona: Iba a salir con vida de aquel cárcel de roca si o también, encendidísimo por un combate que sería histórico para él.

Abrime el librito
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
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#13
Aquel lugar era de todo menos tranquilizador: en medio de la nada, encerrados por quien sabe quien en un cuadrilátero de... A saber de qué estaba hecho; y para colmo de males, con compañías desconocidas y conflictivas. Tan rápido como los demás integrantes se levantaron, dos de ellos comenzaron una trifulca verbal, Bai mientras tanto estaba intentando no morir ahogada por hiperventilar "Poco a poco su respiración se tranquiliza" Pensé mientras le miraba de pie, sosteniendo el caracol que Cao me regaló, aunque parecía estar estropeado, pues no lograba contactar con Lan, tan solo soltaba ruidos incomprensibles e interferencia. "Será por la tormenta, quizás genere interferencias en la linea" Medité en silencio mientras guardaba el aparato.

Todo parecía relativamente calmado, al margen de esos dos hombres, el pelo de fuego y el cabalga mareas, esos dos polos opuestos, fuego y agua, siempre destinados a luchar incansables entre si, sin embargo, algo logró detener su disputa, un enemigo mayor se acercaba a paso galopante. Sin previo aviso escuché el sonido de un impacto seco y, justo después, un quejido y un cuerpo caer, miré de donde venía el sonido, con un rostro de preocupación mientas intentaba ponerme en posición de combate -Si es que yo tenía algo de eso- Por desgracia ya era demasiado tarde, antes de darme cuenta vi caer del cielo un cuerpo grande, que digo grande, parecía un carromato completo por si solo; y golpeó con su brazo en mi pecho. -MIER...- Aquello fue lo único que pude decir antes de recibir el golpe, sintiendo como mis costillas se doblaban y mis pulmones encogían liberando el aire. Mi cuerpo no aguantó la potencia, cayendo al suelo por inercia. 

Nadie perdió el tiempo, Bai se recuperó rápidamente al ver la amenaza, el tipo golpeado antes que yo comenzó a luchar con desesperación y los demás actuaron en consecuencia, atacando a ese hombre, si es que era un hombre y no un monstruo. Tenían un gran espíritu de combate, lo que no tenía tan claro era si tenían posibilidades de vencer, pues yo ya había sufrido un golpe de ese ser, y no eran flojos precisamente. Por mi parte, decidí actuar con la mayor premura que pude, caí al suelo de espaldas, pero no era la primera vez que me tiraban al suelo, aquella experiencia con Cao me enseñó a caer con estilo, cuando mi espalda tocó el suelo, aproveché la mochila que llevaba, abultada, y la usé como un balancín haciendo una rápida voltereta hacia atrás, en dirección opuesta al creciente peligro que se cernía sobre nosotros, y salté todo lo que pude hacia atrás, alejándome de la escena todo lo posible mientras acababa de pie, con las piernas semi flexionadas para bajar mi centro de equilibrio y poder pivotar con relativa facilidad y velocidad en caso de ser necesario. Me llevé una mano al pecho, apretando la caja torácica para liberar el poco aire que me quedase y que el pulmón no sufriera demasiados daño por el golpe, pudiendo respirar sin demasiados percances. -Menudo golpe...- Forcé mi tosido para escupir una flema, rojiza, ese tipo logró causarme daños, por suerte yo tenía un arma secreta contra ello. 

Claramente no tenía posibilidades de victoria yendo de frente, no si golpeaba con la misma fuerza que el cañón de un buque de guerra. Tenía que utilizar otro método si quería salir de allí con vida, el problema es que Bai estaba allí, no podía irme de aquí sin ella sana y salva, y ella estaba dispuesta a pelear hasta el final. Apreté los dientes mientras comencé una carrera circular alrededor de mi oponente, por su izquierda para ser exactos, manteniendo una distancia constante de diez metros con el, a la par que observaba la escena con atención supina. "Prácticamente todos lo estamos atacando a la vez, no podrá detener todos los golpes " El plan era perfecto, solo quedaba que no se torciera todo de manera inesperada. Mientras corría saqué con mi diestra del lateral de uno de los bolsillos de mi mochila una gran bola de arroz, un plato que había preparado la noche anterior en las tierras de Samba, sabía que sería útil, sin duda. Al llegar a la trasera del hombre, mientras me comía aquel pequeño manjar, observé con atención cual sería el siguiente movimiento de el cornudo. 

info
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Vitalidad: 1714 - 702 = 1012
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#14
[Imagen: 9vmRGF4]
Moja respira aún con cierta dificultad mientras espera una respuesta del contramaestre. Se incorpora un poco más, apoyándose en una roca. Su tono sigue tan firme como siempre, aunque algo más bajo.

-Estoy bien, señor. Solo un poco aturdido… y con algunos rasguños.- Hace una pausa breve, evaluando su propio estado. - Nada grave.-

Moja sigue su mirada, ajustando la posición para tener un mejor ángulo. Gracias a su visión felina puede distinguir mejor los rostros de cada uno. Al más cercano que reconoció fue a Han Xiangzi su wanted era el más alto de los que vio, apenas superaba los cien millones si no recordaba mal, pero había ganado fama últimamente. Junto a él había otra persona, o más bien debería de decir una birkaniana, que no reconocía, o por lo menos, no había visto en ninguno de los wanteds que estuvo mirando hacia horas.

Detrás de estos se encontraban las otras dos personas, un joven de pelo rojo y una oni de enormes senos. El pelirrojo no paraba de gritar, pero el eco de la cueva hacía que Moja tuviera que afilar su oído para llegar a entenderle. Apenas logró reconocerlo, pero el pelirrojo era Owen Yang, con una recompensa alrededor de cincuenta millones. La oni era Mercedes Benz con una recompensa alrededor de los cuarenta millones. 

-Cuidado contramaestre, algunos de ellos son piratas.- dijo Moja con un leve susurro.

En un entorno sin salida y con enemigos a pocos metros, su instinto de soldado se mantiene alerta. Incluso algo dentro de él le decía que era el más débil de todos los presentes.

Un ruido seco, como un paso firme sobre la piedra, resuena desde la oscuridad. Moja levanta la cabeza de inmediato, sus orejas girando hacia la dirección del sonido. Antes de que nadie reaccione, una figura emerge de las sombras, moviéndose con una velocidad sorprendente.

Dos de los piratas apenas alcanzan a girarse cuando el recién llegado los derriba con sendos golpes precisos al abdomen. Los cuerpos caen sobre la roca.

Moja se incorpora de inmediato, en completo silencio, mientras sus manos van hacia el cinturón. Por suerte, aún tiene allí sus guanteletes de combate. Los toma con rapidez, ajustándolos con un clic metálico. El sonido del cierre resuena brevemente en el aire. Las placas encajan con firmeza sobre sus nudillos.

El recién llegado acaba en el centro del espacio, parece una forma hibrida entre un Gyojin y un Gorila. Eso sin duda indicaba que era un usuario de Akuma no mi, al igual que Moja.

Stroud se lanza hacia el medio gorila, Moja decide hacerle una cobertura mientras este ataca. Avanza unos tres metros para estar a rango de su tecnica aprendida no hace mucho tiempo. *Aro aro cross* piensa Moja. La pantera hace un gesto con sus manos y de cada una sale una flecha que acaban cruzándose en la posición del gorila a la par que el contramaestre golpea al gorila. Lo hace con la intención de ocultar su técnica mientras su compañero ataca al enemigo.

Tras realizar su técnica da un salto hacia atrás de unos tres metros para volver a su posición original e intentar mantener la distancia con aquel extraño personaje. Comenzaba un combate que se sentía que no iba a ser nada fácil.



Offroll
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 742 + 0 = 742
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Espiritu: 153 + 0 = 153
#15
Mis ojos deslumbrados por la figura de la oni seguían fijos en ella. Todas las células de mi cuerpo gritaban que debía probarla, poseerla, comerla, un cosquilleo recorría mi cuerpo, note como empezaba a salivar y el sudor de mi esbelto y tonificado cuerpo comenzaba a brotar. Para mi sorpresa la Oni empezó a hablarme, pidiéndome que dejara de mirarle los pechos y que me partiría la cara de una patada, sonreí complacido al ver como la saliva brotaba de su boca. No me pude contener y le dije. – Los Fluidos no son para desperdiciarlos de esa manera…. - Pero algo o alguien corto mi charla con mí presa, un grito, un golpe, cuando me percate de este, ya lo habia recibido directamente en el lado derecho de cara, parpadee un par de veces, y mire hacia mi derecha y lo vi a mi agresor a solo 2 metros , un humano, el rubio de la otra punta, me habia confiado, me habia dejado llevar por la oni, la rabia, el desprecio y la ira me volvieron a invadir, su voz monótona y sin alteraciones, solo me hizo fruncir el ceño, como se atrevía ese simio de mierda a dirigirme la palabra, ya se enteraría quien soy y  lo haría por las malas.

Sin embargo, volvi a centrar mi mirada sobre la Oni y agucé mi vista, pues esta habia salido como un rayo hacia mí, pero podia verla sin problemas, cuando vi que se agacho y quedo a un metro de mí dije encolerizado. – Stingray Irwin – Y realice un barrido derribando a la Oni.

Para mi nula sorpresa la mujer de las alas que acompañaba al pelinegro tambien se lanzo hacia mí, esta vez por mí lado izquierdo, me lazo un espadazo, con desdén alce mi brazo izquierdo, tense mis músculos y soporte el golpe, sin perder tiempo con mi cola aprece a la Oni por la cintura.

Escuche los balbuceos del pelirrojo, pero no le preste atención y para mi sorpresa el otro mierda, el pelinegro tambien se desplazó describiendo un arco, estos estaban intentando rodearme, luego sentí otro golpe en mi costado derecho, no se quién me golpeo, seguro fue el mierda del rubio, ya lo habia hecho dos veces y ya habia colmado mi paciencia, asi que alce el dedo índice de mi mano derecha y lo dirigí hacia donde estaba el rubio y con todo firme dije. – Uchimizu – Una gota de agua se formo en este y salio disparada hacia el humano impactándolo en el hombro derecho y encolerizado les hable. – Se van a morir hoy-uo, todos ustedes se van a morir hoy.

A pesar de saber que me querían rodear, no me movi de mi sitio, pues les demostraría que con los Sakana y en especial con Uoni, no se juega.

Contenido Oculto

Resumen

Toda la Info

Akuma

Karmas Involucrados

Inventario

Gastos, Regeneraciones daño infligido y recibido

Para los Participantes

Siguiente Turno
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2430 - 655 = 1775
Energia: 1509 - 432 = 1077
Espiritu: 300 + 0 = 300
#16
Música de ambientación
Tras inicialmente alejarse del monstruo, del tal Uoni Sakana, Stroud permaneció en posición de combate, en guardia, recuperando la compostura tras su ataque y contemplando la reacción de la criatura. Esta, sin embargo, más allá de aparentar molestia y frustración, no pareció inmutarse, y, para sorpresa de Stroud, devolvió su atención a lo que parecía acapararla con mayor facilidad: la oni del grupo. El joven Marine respiró hondo, y, mientras, los demás fueron coordinando sus ataques uno a uno. La estrategia, por burda que fuese, parecía estar surtiendo, al menos, cierto efecto, y daba la impresión de que, con algo más de coordinación, y contra todo pronóstico, podrían tener una oportunidad de abrumar a aquella abominación. Se preguntó qué diantres era aquella criatura. ¿Qué pensarían los mismísimos Tenryuubito si supiesen que algo como aquello caminaba libremente por el mundo? Su mente, que parecía estar ya engrasada y funcionando con su velocidad habitual, empezaba a contemplar nuevas vías de acción, examinando el espacio y la distribución de los combatientes, intentando pergeñar una nueva táctica que lo pillase por sorpresa o, al menos, se acercase. Se volvió a ceñir los guantes, apretándoselos firmemente contra los nudillos.

Fue entonces, para sorpresa de Stroud, cuando unas extrañas flechas pasaron zumbando por encima de su cabeza, dejando un silbido tras de sí. Las reconoció al instante. Si Moja no hubiese atinado, o si la trayectoria de los proyectiles hubiese variado en tan solo unos pocos centímetros, se hubieran incrustado en su cabeza sin demasiadas dificultades. En su interior, sin embargo, aprobó el arrojo del mink, quien, lejos de dejarse avasallar, aportaba una ofensiva a distancia. "Bien hecho, Moja," pensó. Volviendo a ceñirse el abrigo, y preparándose para volver al ataque, Stroud esbozó una sonrisa para sí. El optimismo empezaba a abrirse camino. Sí, ganarían. Saldrían de allí viv...

"¡T-Argh!," masculló repentinamente el Marine, dejando escapar un bramido, llevándose la mano instintivamente a su hombro derecho. Todo se volvió borroso, todo pareció ir más lento. Por un segundo, se hizo patente el instinto, defensivo y primario, de caer al suelo para ponerse fuera de tiro, pero lo reprimió. La Justicia no entendía de instintos. La criatura dijo alguna gilipollez con aquella vocecilla, pero Stroud la ignoró, si es que la oyó en primer lugar. En su camisa, de un blanco casi brillante, empezaba a crecer rápidamente una mancha roja, como si una hermosa flor carmesí hubiera empezado a abrirse sobre su hombro. Jadeando, y haciendo un esfuerzo por no entrar en pánico o en shock, retiró la mano por un instante, también cubierta de rojo, y volvió a colocarla sobre la herida inmediatamente, intentando que la hemorragia no se saliese de control. Sudores fríos. Tragó saliva, percibiendo cómo había empezado a temblar, y sus fosas nasales se ensancharon mientras exhalaba con fuerza. Apretó la musculatura de su torso, conteniendo el dolor, reduciendo los instintos de temblar, echarse al suelo o huir. La Justicia no entraba en pánico, y él tampoco. La Justicia no dudaba, y él tampoco. La Justicia no temía, y él tampoco.

Música de ambientación

En su lugar, apenas unos segundos después de haber recibido el disparo, apuntaló su postura, irguiéndose aún más que antes y adoptando una pose formal, militar, con la firmeza propia de un soldado que se cuadra al ver a un superior. De no ser por la sangre que chorreaba ya por toda su camisa, cualquiera hubiera pensado que acababa de ver a un oficial. Sobre su rostro, algo pálido y salpicado por pequeños goterones rojos, volvió a esbozarse una sonrisa. El optimismo volvía a abrirse camino. Sí, ganarían.

Confió en que los demás sabrían aprovechar aquel hueco. En la penumbra, el Marine, ataviado de blanco y manchado de un rojo brillante, refulgía como un faro de esperanza. Aprovechando que la criatura volvía a mirar en la misma dirección que anteriormente, y que, en lugar de vigilar a Stroud, había optado por centrar su atención en el grueso del grupo frente a él, el Marine se lanzó contra la criatura y, sin dudar, cargó un potentísimo uppercut izquierdo contra su mandíbula, volviendo a castigar el lado derecho de su cráneo. "¡Jawbreaker!," exclamó, su voz retumbando entre las paredes de piedra.

Encadenándolo con el golpe que acababa de propinar, Stroud volvió a saltar hacia atrás, volviendo a situarse en su posición inicial, a apenas un par de metros de Uoni, y lo observó con queda firmeza, sus ojos llenos de ira silenciosa, su rostro impertérrito, su postura firme, erguida, orgullosa. Tenía aquella actitud de sigo aquí, no he terminado contigo. "¡En nombre de la Marina y del Gobierno Mundial!," exclamó finalmente, con formalidad, alzando ligeramente la cabeza. Su voz sonaba tan fría, monótona y llena de autoridad como de costumbre, pero también más alta que antes, "Te he preguntado qué eres, criatura. No pareces el tipo de cosa que merezca caminar sobre el mismo mundo que los mismos dioses, ni que deba respirar el mismo aire que los meros humanos."

Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1536 - 365 = 1171
Energia: 1240 - 65 = 1175
Espiritu: 204 + 0 = 204
#17
Lección quinta: Sobre el filo que retorna.

Había blandido el mandoble con toda la pericia de la que era capaz, mas no fue suficiente.
Uoni había absorbido el golpe con la majestuosidad de un verdadero combatiente, lo había hecho suyo, y aunque podía notar el resentimiento del cuerpo ajeno, por un instante dudó de sus habilidades.

Estaba asustada.

Quería cerrar los ojos y respirar, usar sus otros sentidos y lanzar un ataque tan brutal como el del marine rubio, pero, si le había hecho una parada con golpe, si le había golpeado con fuerza el filo del arma y lo había logrado desviar, ¿qué le quedaba?
Su pecho se agitó sutilmente ante ese pensamiento y un suave cosquilleo lo recorrió. Sus alas se replegaron, se encogieron y, en sus ojos, se reflejó un ápice de duda.

Pero ese no era el camino del sable largo.

Apretó con fuerza la espada, recordándose que, mientras ella permaneciera a la ofensiva —al igual que sus compañeros— podría hacerlo retroceder.

Lección sexta: Guardia media.

Los gritos del pelirrojo se rebotaban contra las paredes cuando los nudillos de Bai se pusieron blancos. Han corría cuando sus muñecas se movieron al compás de sus brazos. Y Moja… Moja se mantenía lejos cuando sus movimientos habían terminado.

Apenas había espacio entre ella y Uoni, el justo como para que la punta de su espada amenazara con hundirse en su pecho, cuando sus pies se alinearon para poder dar un rápido paso hacia atrás cuando lo necesitara. Y es que hacer una finta, agacharse o intentar algo más le era imposible con aquella diferencia de altura.

Debía dominar el centro.
Sólo podía dominar el centro.

En ese momento su visión periférica notó un rápido movimiento; sus ojos se desviaron del monstruo y el rubio, tan rápido como un relámpago, cruzó distancias al grito de: Jawbreaker. Y, aprovechando el momento, apuntó directa hacia Uoni, como si se tratara de una estocada, y corrió hacia él.

El sonido del rubio al moverse llegó a sus oídos justo cuando Bai estaba por llegar al enemigo.

La punta brillaba bajo el leve influjo de la luna y, cuando parecía que iba a estocar, posiblemente ante la sorpresa de nadie, en el último momento inclinó la espada para hacer un tajo lateral; el filo se deslizó por el aire siguiendo un camino invisible, cambiando de dirección sin perder su centro y mostrando que un movimiento sin forma ni escuela era la respuesta natural de todo buen espadachín que no desea revelar su ataque, sino fluir entre guardias.

Lección séptima: Sobre la doctrina.

El Tao no es un líder que se muestre ante tus ojos; es una mano invisible que empuja hacia una dirección sin imponerse, dictar u obligar. Puede ser una persona, claro, pero, en realidad, es un impulso que surge desde dentro —igual que el latido de un corazón o el flujo de un río— para guiarte hacia la utopía de tu deseo cumplido.

Y el Tao había sido su guía.

Había sabido enseñarle sin verdaderamente actuar, enseñarle sin hablar, incluso transformarla con su sola presencia, como en aquel momento.

Pues sintiéndolo fluir a través de ella, silencioso en su camino como un impulso natural y paciente, decidió que el momento de retirarse había llegado. No hacía falta volver a atacar. Eso solo le dejaría muchos espacios abiertos.
Sí, algunos podían llamarla cobarde, pero… ¿no era mejor retirarse a tiempo y poder embestir una segunda vez?

Y con eso, saltó hacia un costado retrocediendo un par de metros, pero mirándolo fijamente como el animal que observa a su presa. A su espalda quedaba Mercedes.

No, no podía soltar la espada. ¿O sí? Entonces le lanzó su arma hacia la mujer mientras balbuceaba un rezo a sus propios dioses para que ella la cogiera en lo que se abalanzaba sobre la cola de Uoni buscando ayudarla.

Se aferró a ella como una garrapata a un sabueso y, sintiendo cómo un mechón rebelde de su flequillo caía lentamente sobre su rostro, rezó una vez más para que Fortuna le favoreciera.

Off
#18
El mink pudo observar cómo su técnica impactaba en Uoni, pero aquello no fue más que un rasguño superficial para el enorme gorila. El golpe, que en cualquier otro adversario habría causado un daño considerable, apenas logró hacer que el coloso retrocediera un paso. Aun así, fue suficiente para que Moja confirmara lo que ya había presentido desde el inicio del combate, estaba muy por debajo del nivel de su oponente. Por un instante, la frustración amenazó con hundirlo. Había dado todo lo que tenía, había lanzado su mejor técnica… y no había servido de nada. La diferencia de fuerza era abrumadora. Cualquier otro en su lugar habría perdido la esperanza, pero Moja no era alguien que se rindiera con facilidad. En lugar de caer en la desesperación, su determinación ardió con más fuerza.
 
No importa si ahora soy débil… lo que importa es seguir en pie.
 
El mink apretó los dientes. Ya no le quedaban demasiadas opciones: su mejor ataque no había tenido efecto. Aun así, su mente seguía trabajando, buscando una forma de ser útil, aunque solo fuera como distracción para dar una oportunidad a sus improvisados compañeros.
 
Mientras elaboraba un plan, sus ojos felinos seguían cada movimiento en la pelea. El poder de Uoni era descomunal. Moja lo vio derribar a Mercedes, la oni, con un rápido movimiento de su cola, deteniendo su ataque antes de envolverla por la cintura como si fuese un muñeco de trapo. Un instante después, la birkaniana logró conectar un golpe certero. Su mirada se desvió bruscamente hacia el contramaestre Stroud, al que reconoció como una amenaza más seria. Sin pensárselo, Uoni cargó su brazo y lanzó una técnica gyojin, una compacta bola de agua que salió disparada con una fuerza tremenda en dirección al hombro de Stroud.
 
-¡Contramaestre!- alcanzó a gritar Moja.
 
Sin dudar, el mink se impulsó hacia delante, su cuerpo felino respondiendo al instinto antes que al razonamiento. Saltó entre las rocas húmedas del suelo de la cueva, avanzando hasta quedar a apenas tres metros de Uoni. Al aterrizar, agitó sus brazos con un movimiento firme, canalizando la energía a través de sus brazos. Intentó crear dos flechas, pero nada apareció. Su cuerpo aún no estaba en condiciones óptimas. Las heridas del impacto que sufrió al llegar a aquel lugar extraño seguían pasándole factura, y el control de su energía se desestabilizó.
 
El mink frunció el ceño, respirando con frustración. *Mierda… me temía que no funcionaría.* pensó
 
Aun así, no se echó atrás. Se mantuvo en pie, flexionando las piernas, con los puños en guardia, preparado para reaccionar ante cualquier movimiento de Uoni. Su ataque había fallado, pero mientras respirara, no dejaría que el contramaestre ni los demás cayeran sin luchar.
 
Offroll
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 742 + 0 = 742
Energia: 722 + 5 = 727
Espiritu: 153 + 0 = 153
#19

El calor corporal de Owen se había incrementado de forma tan exponencial que, sin quitarle ni un solo segundo el ojo de encima a aquel sujeto, observaba como aquel que había acusado como alguien que podría poner en peligro su libertad, en ese momento, parecía estar combatiendo exactamente contra aquello mismo que le había golpeado tan duro como para abatirlo al suelo y con un moratón en todo su ombligo tan gigante que acaparaba casi hasta las costillas. No sabía si se había roto algo, pero la adrenalina, la intensidad y los deseos de salir de allí para volver a buscar a la mujer de la que estaba tan enamorado, ciertamente, parecía sacarle fuerzas hasta de donde no tenía.

[Imagen: 7c287f75ebbc8ce5908cd42fd0b65ddd.jpg]
-Nadie me va a matar, NADIE.-

Su mente parecía hacer una sinapsis tan violenta que le mantenía los sentidos totalmente agudizados, tanto, que podía prestar atención dentro de la inminente oscuridad y todos aquellas personas que, en un rápido análisis, parecían tener el mismo objetivo: Detener a aquella bestia como sea. No habían buenos, malos, villanos o héroes, solo había que detenerse como diese lugar.

Parecía tener un clarísimo enfoque hacia Mercedes, la misma que se había envalentonado todo este tiempo que Owen había estado batallando para incorporarse (Al igual que lo hacía el posiblemente rango superior Marine) y la misma muchacha que había estado tumbada y en el suelo, siendo cuidada por el sujeto de largo cabello negro y coleta al que el pelirrojo le pasó exactamente por al lado, parecía, también, estarse enfrentando a aquella enorme bestia que manejaba unas proporciones corporales y musculares totalmente animales, selváticas. Le resultó imposible no pensar en Eros durante una décima de segundo, otra vez, por la enorme cantidad de similitudes en lo híbrido de un animal y un hombre.

El monstruoso ser, ciertamente, parecía estar sumamente distraído por el fuerte combate que estaba manteniendo; La fijación por la gigantesca muchacha no era solamente verbal, sino, también, física, pero Owen había visto una apertura gigantesca: El sujeto, luego de realizar un barrido con su cola, parecía tener su atención fijada en el rubio Marine que se había envalentonado a aquella situación, más al escucharlo decir una palabra completamente inentendible, "Uchimizu" -Se la pasa hablando.- y su mente, extremadamente ágil cuando la adrenalina le quema por dentro, siguió en su marcha mientras se mantenía tan agazapado como un lince, aprovechando la posibilidad de camuflarse ligeramente en la oscuridad.

Aquel sujeto parecía tener una necesidad imperiosa por estar demostrando constantemente lo mejor que era contra aquel grupo que, realmente, parecía estarle dando la suficiente guerra como para hartarlo. El chico, habiendo corrido cinco metros más de lo que lo había hecho, no dudó en realizar un salto que le permitiese elevarse un poco del terreno: Necesitaba alcanzar una zona que, debido a la altura del monstruoso ser, no iba a alcanzar sin brincar y desplazarse en el intento.

Miren que Owen habla hasta por los poros, este individuo lo hacía hasta por las axilas. Incluso la intensidad del momento no le evitó achicharrar la nariz en cuanto lo tuvo exactamente justo delante de él y, habiendo cerrado el puño con fuerzas mientras que un destello rojo aparecería de la vista periférica del ojo izquierdo musculado del individuo, hizo crujir sus guantes. No dudó, ni temió: la punta de sus nudillos voló directamente hacia la cien libre del monstruo.

 – Se van a morir hoy-uo, todos ustedes se va
¡PASH!
[Imagen: HLoY0wl.png]
-¡CÁLLATE JODER!-

¡TUMB!, el sonido de su cuerpo cayendo para proceder a rodar sonó un metro más lejos, realizando un movimiento rodado con su persona mientras volvía a erguirse: Estaba tan encendido, las hormonas estaban tan a flor de piel y el corazón tan desbocado que, aquello, era lo que mantenía una especie de anestesia natural ante el colosal dolor en el pecho que, aunque mitigado, palpitaba con intensidad propia. Como el sonido de su voz fue tan rápido como su movimiento, ciertamente, aprovechó para recorrer otros dos metros para quedarse justo a espaldas del sujeto, buscando imitar sus movimientos y, aprovechando la oscuridad, el sonido de las pisadas y todas sus distracciones delanteras, volver a arremeter sin piedad sin fuese necesario -Es la primera puta vez que estoy feliz de tener un miembro de la Marina cerca.- pensó de forma fugaz mientras que, sin quitarle la mirada de encima ni por un ápice de segundo al ser del que podía ver con ligera dificultad, pero sentir de manera precisa debido a su fétido olor, escuchaba a aquel Marine que parecía no rendirle pleitesía, ni siquiera, a este ser del averno.

Abrí el librito
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 851 + 0 = 851
Energia: 1404 - 133 = 1271
Espiritu: 480 + 0 = 480
#20
Como era de esperar, aquellos hombres de duro temperamento atacaron, incluso Bai, ni corta ni perezosa, actuaba en contra del desproporcionado gyojin que amenazaba nuestras vidas. El primero en golpear fue aquel marine cubierto de... ¿Eso era mochi? En fin... El marine cubierto de mochi arremetió primero contra la bestia, golpeando con toda la fuerza que podía en ese momento, su felino compañero decidió esperar, pue parecía tener algo entre manos. Bai aprovechó ese fugaz momento para arremeter con su mandoble, una guerrera que esperaba al momento adecuado, de imponente tamaño y un arma que acompañaba a sus dimensiones, daba auténtico terror verle tan decidida con una hoja en las manos. El fogoso pirata de cabellos rojizos también aprovechó para golpear por otro flanco, viéndose el gigantesco y subacuático enemigo abrumado por tres direcciones diferentes.

"Todavía no..." pensé mientras apretaba los dientes y un puño por el nerviosismo, aún no era el momento de atacar. Sabía que tendría que atacar y por la posición en la que estaba podría tener cierta ventaja ya que el tipo no parecía tener ojos en la nuca, o eso esperaba al menos. Así que solo tendría que ser paciente y esperar a que no pudiese responder con facilidad, y ese momento llegaría pronto. En un alarde de valor, mi alada aliada le agarró por la cola, su quinta extremidad, para intentar soltar a la corsaria que tenía aprisionada. Mis ojos se abrieron de par en par. "Ahora" pensé mientras mis piernas se accionaban como un muelle y saltaban con toda la potencia posible hacia el oponente, quedándome a menos de medio metro de distancia de él, así pude aprovechar para dar un pequeño paso mientras levantaba mi puño y lo preparaba cogiendo potencia y lanzándolo hacia su espalda.

- ¡Puñetazo! -procuraría golpear con todas mis fuerzas mientras mis pulmones se vaciaban de aire por la épica del momento. Tal fue la emoción y mis ganas de salir vivo, más lo segundo que lo primero, que no medí la fuerza que empleaban mis músculos, sobrecargándose de tensión e incluso generando cierto dolor. Esto no era la primera vez que me pasaba, pues yo no era un experto luchador que conociese mil técnicas de combate, pero si algo sí tenía eran ganas de vivir y no me importaba lesionar mi cuerpo si eso me permitía salir de allí de una pieza.

El combate comenzaba a tornarse hacia nuestro favor aunque pareciese imposible y el dolor que ese hombre me causó poco a poco se iba mitigando, como siempre mi cuerpo "portentoso" ya estaba curándose, se curaba a una velocidad mayor a la de los demás. Sin embargo, aún no era lo suficientemente fuerte ni mi cuerpo lo bastante resistente como para decir que estaba bien, pues en un sentido figurado aún sentía cómo mi cuerpo se recolocaba y sanaba de las lesiones.

Tras propinarle aquel puñetazo recto con la diestra, como un jump, volví a saltar hacia detrás, intentando marcar la mayor distancia posible entre la amenaza y yo, un momento perfecto para sacar de mi mochila un pequeño pincho con tres dango puestos y comérmelos rápidamente de un solo bocado. Aún así procuré mantenerme lo más atento posible al combate.

resumen
bélico
inventario usado


Akuma
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1012 + 47 = 1059
Energia: 1560 - 555 = 1005
Espiritu: 330 + 0 = 330


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