¡Chip, Chop, Baby! - [Aventura T3, Presente Absoluto]
#1
Día 56 de Otoño,
11:34 A.M
Algún rincón de Little Garden


El sol caía pesado sobre la espesa selva que era aquel "pequeño jardín", como en su día bautizaron los colosales gigantes, un lugar donde los árboles se alzaban tan altos que sus copas se perdían entre las nubes y todo parecía haber crecido en consecuencia. El aire olía a savia fresca, barro húmedo y fruta madura caída ya de los árboles, los insectos zumbaban como un coro constante, y a lo lejos se escuchaban los rugidos graves de criaturas enormes, tan antiguas como el propio mundo.

Pero no eran los colosales monstruos habituales los protagonistas, o antagonistas, de esta historia.

Entre la hierba alta, tan alta que cubría por completo a nuestros dos amigos, sus figuras diminutas se abrían paso, saltando de hoja en hoja con una energía desbordante. Ellos eran Ocra Chip y Laded Chop, exploradores tontatta recién llegados a la isla, cada uno no mucho más grande que una manzana, y en aquella isla, apenas del tamaño de las briznas de césped del suelo. Iban cargados con mochilas tejidas con fibras vegetales y armas minúsculas que más bien parecían juguetes decorados o utensilios comunes. Uno de ellos, por ejemplo, portaba un arco que parecía tallado de una ramita y que disparaba mondadientes. El otro, vestía un par de guantes con un alambre de espino que a pesar de su delgadez se veía contundente en comparación, coronando su atuendo con un dedal que le hacía de yelmo de combate.

-¡Chop, Chop, mira eso! -Gritó Chip, señalando hacia una loma suave que sobresalía entre las flores gigantes, a unos trescientos metros, bañada por la luz del mediodía.

-¡Chip, Chip, lo veo, lo veo! ¡Es una colina perfecta para subir y ver toda la isla! -Respondió Chop, con un entusiasmo contagioso, corriendo sin pensarlo un instante.

La “colina” tenía forma extraña a todas luces, pues no era redondeada, y contaba con un color más pálido que el resto del entorno. Al acercarse, los tontatta notaron que la superficie no era de piedra ni tierra, sino algo más suave.

-¡Chip, Chip, esto es raro! Tiene como... ¿¡Piel!? -Dijo, confundido, el pequeño Chop, dándole un golpecito con su guante, que rebotó como si hubiese chocado contra una cuerda tensa.

-¡Chop, Chop, y mira esos montículos allí al frente! ¡Qué graciosos, si casi parecen dos pies gigantes! -Sin dejar de reír, el pequeño Chip corría de un extremo al otro observando la silueta de aquella extraña formación.

Subieron con su agilidad característica, resbalando a veces por la superficie cálida que olía vagamente a madera y cuero. A medida que escalaban, se dieron cuenta de que la “colina” tenía proporciones cada vez más extrañas. Unos pliegues regulares, una forma curvada, y al final, una gran extensión que terminaba en una... ¿Cabeza?

-¡Chop, Chop, mira eso! ¡Tiene nariz!

-¡Chip, Chip, y boca! ¡Y eso parecen unas gafas de sol! ¡Qué gracio...! -Antes de acabar su frase, un movimiento de sobra conocido por ambos los detuvo. Estaba respirando. No, incluso, se escuchaba el latido de un corazón. Entonces, lo supieron.

Se quedaron mudos por un instante, observando aquel rostro gigantesco y tranquilo que respiraba pausadamente. Los árboles cercanos se mecían con el ritmo de su pecho, y cada exhalación levantaba una brisa suave que hacía tambalear a los dos tontatta.

Pero aquello, lejos de amedrentar a nuestros pequeños amigos, los envalentonó aún más...

-¡Chip, Chip, debe ser un gigante dormido! ¡Un coloso de las historias antiguas!

-¡Chop, Chop, seguro que sí! ¡Y está dormido! ¡Debemos despertarlo y demostrarle que los tontatta no tememos a nadie por muy gigante que sea!

Sin pensarlo más, comenzaron a corretear sobre el cuerpo del coloso. Golpeaban la piel con sus diminutas armas sin intención de dañarlo sino de molestarlo, gritaban con todas sus fuerzas, e incluso uno de ellos intentó hacerlo desde el interior de sus oídos, internando casi por completo su desproporcionadamente grande cabeza y soltando un sonoro grito.

-¡Oye, gigante dormilón! ¡Despierta! -Gritó Chip, tan fuerte que acabó rojo del esfuerzo.

-¡Sí, sí, levántate! ¡No puedes dormir mientras los valientes exploradores tontatta te retan a un duelo! ¡No es justo! ¡No es divertido!

El sonido de sus voces se perdió entre los rugidos lejanos de la selva. Pero el gigante respiraba, eso era seguro. Y cada respiración era como una ola tibia que hacía vibrar el suelo a su alrededor.

En ese momento, el coloso, que no era sino un pobre individuo de algo más de unos cuatro metros de altura descansando plácidamente bajo el sol, finalmente hizo ademán de moverse. Abrió los ojos, encontrando sobre su torso a los dos pequeños héroes, o villanos, de nuestra historia. ¿Qué haría Ubbe ahora?




Off
#2
Atributos Personaje


El calor del sol sobre la piel, el murmullo lejano de la selva y la calma de la digestión tras haber comido demasiado… Ubbe estaba disfrutando de una de esas siestas que parecían hechas por los mismísimos dioses. Todo tranquilo, todo perfecto, hasta que algo empezó a molestar. Primero fue un golpecito en el pecho, como si un insecto se hubiera empeñado en hincarle las patas. Después, otro en el brazo. Y luego, un eco extraño que se le metió por la oreja y lo sacó de ese sueño plácido.

Frunció el ceño, gruñó entre dientes y giró un poco la cabeza para espantar lo que creyó que eran mosquitos. Pero los ruidos no cesaban. Al contrario: cada vez eran más claros, como chillidos estridentes que se mezclaban con risitas agudas.

Ubbe abrió un ojo. Parpadeó varias veces, cegado por la luz, hasta que la vista se le aclaró lo suficiente para ver dos figuras diminutas correteando por su torso. Uno estaba golpeándole con algo que parecía un palillo, y el otro se había metido medio cuerpo en su oreja para gritarle dentro.
-¿Pero qué cojones…? -murmuró con voz ronca, incorporándose un poco.

Sus gafas de sol se deslizaron por la nariz mientras los observaba incrédulo. Dos hombrecillos, no más grandes que una mano abierta, brincaban sobre él como si fuera un parque de juegos. Uno llevaba un dedal en la cabeza, el otro agitaba un arco ridículo.

Ubbe parpadeó otra vez, confundido, pensando que eso no podía ser real, sino que seguía medio dormido y estaba soñando; pero se percató de que no era así y luego soltó una carcajada breve y grave, esa risa que resonaba como un tambor.
-GAHAHAHAHA… Vale, vale, me habéis despertado, cabroncetes. ¿Quién coño sois? ¿Duendes? ¿Bichos con ropa? -dijo, alzando la mano lentamente sobre ellos como si fuera a atraparlos de un manotazo.

Los tontatta siguieron dando saltos, gritando que era un “gigante dormilón” y que debía levantarse para un “duelo justo”. Ubbe arqueó una ceja, divertido y a la vez mosqueado, dejando que la sombra de su manaza cubriera a los dos diminutos retadores.
-¿Un duelo, eh? Con estos cuerpecitos de broma… -chasqueó los dedos, su habitual gesto, señalándolos con un gesto burlón- Venga, baby, convencedme. ¿Por qué no debería aplastaros aquí mismo como a dos mosquitos pesados?

El Buccaneer se terminó de incorporar, apoyando un codo en la rodilla y observando a los pequeños con esa mezcla de sorna y curiosidad. No todos los días se encontraba con criaturas así en medio de Little Garden. Al fin de cuentas le habían retado a un duelo, y eso era algo que nunca dejaba pasar.

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2419 + 1745 = 4164
Energia: 1821 + 880 = 2701
Espiritu: 585 + 0 = 585
#3
El eco de aquella risa profunda retumbó en la selva como un trueno. Las aves cercanas alzaron el vuelo entre chillidos, y hasta un par de dinosaurios herbívoros al fondo giraron la cabeza, alzando la vista del riachuelo del cual bebían agua, desconcertados por el sonido. Frente al "gigante", sin embargo, reinó el desconcierto momentáneo en los rostros de los pequeños exploradores. Al principio reaccionaron riendo a la forma y la teatralidad de la respuesta de Ubbe, hasta que aquella palabra fue pronunciada.

Los tontatta eran extremadamente honestos, rozando la estupidez, y la literalidad de sus palabras acostumbraba a ser excesiva. Por ello, una comparación para cualquier otro inocente podía verse como una descripción muy ofensiva a sus ojos. Eran comúnmente confundidos con hadas, duendes y demás entidades, que entendían como algo propio del desconocimiento ajeno y no de la maldad. Pero, cuando eran comparados con pequeños animales, se sentían doblemente ofendidos. Primero, subestimándolos por su tamaño. Segundo, faltando al respeto a su raza al compararla con una especie animal. Pero, si algo odiaban especialmente, era ser comparados con insectos.

Chip y Chop se quedaron paralizados, mirándose el uno al otro con los ojos muy abiertos, como si no pudieran creer que aquel gigante se estuviera riendo de ellos. Luego, casi al unísono, fruncieron el ceño con teatral indignación, cruzando los brazos.

- ¡Oye, oye, Chip! ¿¡Ha dicho que somos mosquitos!? -preguntó desconcertado el luchador al arquero, casi incrédulo por lo que acababa de escuchar.

- ¡Sí, sí, Chop! ¡Lo ha dicho, lo ha dicho! -replicó este, igualmente enfadado.

Entonces ambos, que vieron cómo el coloso chasqueaba los dedos frente a ellos, con ese gesto entendido por ellos como una provocación, se miraron, y de inmediato imitaron el gesto con sus diminutas manos. El sonido, un "tic" apenas audible, se perdió entre las hojas, pero ellos lo hicieron con toda la convicción del mundo. Entonces, ambos gritaron al unísono.

- ¡Chip y Chop, Baby!

Sin mediar más palabra, ambos salieron disparados tan velozmente que desaparecieron de la vista del grandullón.

Chip se alejó rápidamente, posando su vista sobre el antebrazo del coloso, mientras tensaba su minúsculo arco, formado por una ramita flexible con una cuerda hecha de hilo vegetal. Sin vacilar, apuntó con toda la concentración del mundo, soltando el proyectil a una velocidad endiablada, que se perdió de vista nada más salir disparada. La flecha, que no era más que un mondadientes afilado y endurecido al fuego, silbó por el aire y se clavó en el antebrazo de Ubbe con un sonido seco. Apenas un pinchazo, incapaz de dañar de gravedad a su adversario, pero suficiente para marcar su orgullo.

- ¡Así aprenderás...!

Al mismo tiempo, Chop corrió con sorprendente velocidad cargando contra la pierna del gigante, dio un salto acrobático y descargó un golpe directo en su espinilla, justo con el alambre de espino enroscado en su guante.

- ¡...a respetar a los Tontatta!

El impacto de ambos fue leve, pero la intención desafiante de los pequeños era clara. Ese grandullón aprendería a respetarlos, por las buenas o por las malas.

Off
#4
Ubbe se quedó quieto tras los ataques diminutos, con la misma calma con la que alguien soporta el zumbido de una mosca. El pinchazo del mondadientes en el antebrazo apenas fue una cosquilla, un rasguño ridículo para alguien de su tamaño. Lo arrancó con dos dedos, lo miró un instante y lo lanzó al barro con desdén. El golpe de Chop en la espinilla sí le arrancó un gruñido, no de dolor, sino de fastidio, como cuando una piedra se mete en la bota.

- Tks… os estáis pasando de listos, baby -dijo con la voz ronca, entre divertida y molesta.

Se levantó despacio, dejando que su sombra enorme los cubriera por completo. Flexionó el cuello hasta hacer crujir las vértebras y se recolocó las gafas con el dorso de la mano. Sus ojos, ocultos tras los cristales oscuros, apuntaban hacia abajo como los de un depredador que decide si merece la pena seguir jugando con su presa.

- Os daré un aviso antes de que os arrepintáis. Si seguís por ese camino no os saldrá bien la jugada. Estoy en esta isla buscando presas que estén a la altura, y me sabe mal porque me habéis caído bien, pero no lo sois. Hay que tenerlos bien puestos para pegarle a alguien que te saca 100 veces tu tamaño.

Chasqueó los dedos señalándoles, su gesto característico, como si con ese sonido diera por iniciada la represalia. 
Y en el mismo instante en que el eco del chasquido se perdió entre los árboles, su cuerpo se tensó y pasó al ataque.

Ubbe se movió de golpe, un manotazo seco dirigido a Chop, que aún estaba demasiado cerca de su pierna. No fue un golpe calculado para matarlo, sino un azote poderoso contra su costado. El tontatta salió despedido rodando por el barro un par de metros. 
Sin perder tiempo, giró el otro brazo y lo dejó caer en un golpe corto de nudillos contra Chip, directo al pecho. El pequeño arquero apenas tuvo tiempo de entender lo que pasaba antes de salir volando hacia atrás, cayendo sentado con el arco torcido y las manos temblando por el impacto.

Ubbe no los remató. Se quedó de pie, los brazos sueltos, hombros relajados, pero su voz retumbó como un trueno en la calma momentánea de la selva:

- Eso ha sido flojo, para que lo entendáis. Si seguís, no habrá medias tintas, y os romperé los huesos de verdad. Decid ya si queréis un duelo o una tumba, baby.

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4164 - 189 = 3975
Energia: 2701 + 0 = 2701
Espiritu: 585 + 0 = 585
#5
Fue una advertencia clara, para aquellos dispuestos a escucharla. Por desgracia, no parecía ser el caso de aquellos dos pequeños guerreros, que lejos de oír tus palabras, volvieron a centrar su atención en tu gesto, devolviéndolo al unísono.

En ese momento, aquella enorme masa poco antes confundida con una colina desapareció de su vista, golpeando a ambos con una velocidad endiablada y una colosal fuerza propia de las historias que se contaban sobre los gigantes, aunque este no fuera uno realmente.

-¡Chop, Chop, el gigante es duro...! -Vociferó el arquero, aparentemente dolorido tras haber recibido aquel golpe, del cual se repuso en el aire cayendo con elegancia. Había saltado al momento de sentir el impacto, poniendo algo de distancia entre ambos, consciente de la diferencia de fuerza existente.

-¡Chip, Chip, pero los Tontatta lo somos aún más! -Replicó su amigo, dándole ánimos. El luchador era más duro, y aunque había sentido algo de dolor, no se había amedrentado lo más mínimo por el aviso de Ubbe, nada más lejos. Estaba entusiasmado. -¡Chip, Chip, hay que hacerlo caer! ¡Hay que ponerlo a nuestra altura! -Incluso de rodillas, aquel "gigante" aún sería diez veces más alto que ellos dos. Sin embargo, casi parecía algo más metafórico que con sentido figurado, y Chip asintió al momento entendiendo el sentimiento.

-¡Chop, Chop, eso es! ¡Que no nos mire por encima del hombro! -Aunque aquello era algo ridículamente imposible de conseguir, ambos tenían claro que iban a intentarlo con todas sus fuerzas. Asintieron al unísono, separándose como dos rayos de luz fugaces, desapareciendo de la vista del gigante.

Un instante después, su rodilla sentiría un ligero impacto, seguido de otro increíblemente fuerte en la parte posterior. Habían sido dos puñetazos, podría reconocer el primero con la misma fuerza que el que Chop le había lanzado antes, pero aquel segundo parecía muchísimo más pesado. Un golpe con toda la fuerza conjunta del pequeño, sin duda.

Del mismo modo, a la altura de la otra rodilla, sentiría cómo una primera flecha, por llamar de algún modo a aquellos mondadientes afilados, se clavaba con fuerza. Pero nada comparado a cómo una segunda flecha impactaba de nuevo con mucha más fuerza en la parte posterior de su rodilla derecha, habiendo recibido casi al unísono ambos ataques de los pequeños en sendas fosas poplíteas, buscando sin duda hacer caer al gigante.

No pensaban rendirse, no sin demostrar que aquellos pequeños guerreros eran realmente formidables, verdaderamente grandes.

Off
#6
Ubbe se quedó un momento en silencio, la sombra aún proyectada sobre los tontatta, esperando alguna reacción sensata por su parte aprovechando esa extraña amabilidad por parte del buccaneer. Pero en lugar de eso, los pequeños replicaron su gesto con descaro, chasqueando los dedos al unísono como si le estuvieran devolviendo la provocación.
- ¿En serio, baby? -masculló entre dientes, ladeando la cabeza.
Su sonrisa se torció apenas un instante antes de que los perdiera de vista. Un parpadeo, y los dos diminutos guerreros habían desaparecido.
El silencio de la jungla se hizo pesado, roto apenas por el zumbido de algún insecto y la respiración del Buccaneer.
- Tsk… -murmuró, girando un poco el cuello, alerta.
Entonces los sintió.
Primero, un pinchazo en la rodilla izquierda, tan leve que apenas lo notó, seguido de un ataque en la misma mucho más punzante. Pero antes de que pudiera mirar hacia abajo, otro impacto, mucho más fuerte, le golpeó justo por detrás, en la otra pierna. El cuerpo de Ubbe se balanceó apenas un par de centímetros, y el golpe reverberó como un eco sordo en su pierna. No dolía de verdad, pero bastó para que la mandíbula se le tensara.
Giró la cabeza con un gruñido bajo.
- Vale, me habéis tocado los cojones, enanos de mierda... -susurró, mientras el tono grave de su voz se volvía más denso-. Ya está bien.
El gigante se giró sobre sus talones con una velocidad sorprendente para su tamaño. El barro salpicó alrededor de sus botas al rotar, y en cuanto la vista alcanzó la silueta diminuta que se movía entre las sombras a su espalda, su cuerpo ya estaba en movimiento.
- ¡C’MON BABY! -rugió, y el aire pareció estallar junto a su voz.
El puño se tensó, los músculos del brazo se contrajeron como si fueran cuerdas de acero y toda su fuerza se descargó en un único golpe horizontal, directo hacia el tontatta que acababa de atacar. El impacto llegó como un trueno, seco, pesado, levantando una nube de hojas y tierra al chocar contra el suelo.
El golpe no fue un castigo, fue un recordatorio.
Ubbe se quedó con el brazo extendido, respirando con calma, los nudillos aún marcados por la vibración del impacto.
Antes de que el Tontatta pudiera volver a reaccionar, le atacó con el otro puño con una velocidad pasmosa, tras esto, se irguió y buscó al otro con la mirada, sin necesidad de decir nada más.
Su voz, cuando volvió a hablar, sonó grave, firme.
- Se ha acabado el juego, baby, ahora empieza lo bueno.
El tono no era de amenaza. Era promesa.

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3975 - 1173 = 2802
Energia: 2701 - 408 = 2293
Espiritu: 585 + 0 = 585
#7
El estruendo del golpe de Ubbe sacudió el aire, un trueno seco que se expandió entre los árboles. La primera embestida impactó de lleno en el costado de Chop, y el diminuto guerrero salió elevado en el aire por la potencia del golpe. Su cuerpo rebotó contra el suelo y quedó suspendido un instante en el aire incapaz de reaccionar y habiendo escupido sangre por la boca, con el pecho agitándose en un vaivén corto, irregular. Apenas alcanzó a levantar la cabeza cuando el segundo puño del coloso cayó, golpeando el suelo a escasos centímetros de donde había aterrizado, levantando una lluvia de tierra y dejando un cráter que habría bastado para sepultar a varios tontatta juntos.

Por un instante, todo pareció detenerse, incluso el mismo bosque parecía contener el aliento. Solo se oía el jadeo entrecortado de Chop, el rumor de los insectos y el latido sordo de la tierra bajo el peso del gigante.

A unos metros, Chip vio la escena con los ojos muy abiertos. La imagen de su compañero inmóvil le heló la sangre, pero solo un segundo. Luego, su pequeña mandíbula se apretó con una determinación obstinada. Tensó el arco, tembloroso, apuntando a la figura enorme que se alzaba entre el polvo.

-¡Chop, Chop…! ¡Aguanta, baby! -Gritó, con la voz aguda y llena de furia contenida.

La primera flecha salió como un destello, recta, brillante, impulsada con más fuerza de la que parecía posible para su cuerpecillo. Voló rozando el aire caliente y se clavó en el antebrazo de Ubbe, justo cuando este aún mantenía el brazo extendido tras el golpe. Un pequeño pinchazo, un dolor casi insignificante para el aguerrido "gigante", pero suficiente para obligarlo a girar la vista.

La segunda flecha fue distinta. Chip echó una pierna atrás bajando su centro de gravedad, tensando la cuerda hasta el límite, hasta que sus manos temblaron. La soltó con un rugido diminuto, y el proyectil silbó describiendo un arco bajo, que se curvó con precisión para impactar en el hombro contrario del gigante, desviando su atención unos segundos más.

-¡To… Toma eso, grandullón! -Dijo, casi sin creerse que estuviera peleando con un ser legendario y fueran capaces de plantarle cara. -¡Chop, Chop, ahora! -Chilló de nuevo, jadeando entre la tensión.

El pequeño luchador, cubierto de barro, tosió una y otra vez y se incorporó tambaleante. Su respiración seguía entrecortada, pero en sus ojos había un brillo testarudo, ese orgullo tontatta que ni el dolor ni el miedo conseguían aplastar. Se limpió con el dorso del guante, apretó los puños y sonrió con la boca manchada de tierra.

-¡Chip, Chip…! No necesitas decírmelo... ¡Lo tengo…! -Respondió el pequeño, recuperándose del golpe gracias a la ayuda de su compañero, pero aún casi sin aire.

Entonces echó a correr. Sus pasos eran veloces, ligeros como chasquidos en la hierba húmeda. Se movía tan rápido que apenas dejaba una estela de hojas flotando en su camino. Bordear al gigante era como rodear una muralla, pero lo hizo sin dudar. Y cuando alcanzó su espalda, flexionó las rodillas, impulsándose con toda la fuerza que le quedaba en un portentoso salto.

Saltó tan alto que el gigante parecía estar por un momento a sus pies. Por un instante, su silueta diminuta se recortó contra la luz que se filtraba entre las copas de los árboles. Sus guantes, cubiertos de espinas metálicas, relucieron.

–¡Chip, Chip… Prueba eso, gigante! -Gritó con toda la voz que tenía, y lanzó el ataque más poderoso que conocía, llevando más allá su capacidad. 

El golpe cayó directo sobre la nuca del coloso. Fue un impacto minúsculo comparado con la mole que tenía delante, pero llevado con toda la fe del guerrero tontatta. Un eco leve, seco, resonó en el aire, seguido del sonido de las hojas agitadas por la onda del movimiento. Chop rebotó y cayó al suelo rodando, no sin antes impactar una patada mientras se impulsaba que aprovechó para llegar más lejos. El gigante seguía erguido, ni aquello bastaría para hacerlo caer, pero aún desde debajo en el suelo, Chop le miraba con una sonrisa satisfecha en el rostro, mirando hacia su amigo.

-¡Chip, Chip… Estoy seguro de que no subestimará de nuevo a los Tontatta! -Dijo, entre jadeos, mientras el polvo aún flotaba a su alrededor.

Ahora la selva parecía expectante, cada hoja temblando bajo la tensión. Habían golpeado al gigante de verdad, por primera vez en toda la pelea. Y ambos sabían que, fuera cual fuera la respuesta de Ubbe… Aquello apenas acababa de empezar.

Off



#8
El primer pinchazo no fue nada. Un roce, casi una caricia. Pero el segundo… ese sí que le hizo girar la cabeza;
La primera flecha se había clavado en el antebrazo, apenas unos milímetros, como si intentara recordarle que estaba vivo.
Ubbe bajó la mirada hacia la diminuta astilla incrustada en su piel y luego levantó la vista hacia el arquero, Chip. La sonrisa volvió a su rostro, lenta, ladeada, peligrosa.
- ...¿De verdad, baby? -susurró, con un tono que era más divertido que enfadado.
La segunda flecha impactó en el hombro, y el cuerpo del gigante se ladeó levemente por pura reacción, no por daño. El aire se cargó. Se podía sentir. No era rabia lo que emanaba de él, sino una especie de energía salvaje, una reacción animal de pura adrenalina, la cosa se estaba empezando a torcer, el peligro le rodeaba.
Ubbe se encorvó apenas un poco, los músculos del cuello tensos, y soltó una carcajada corta, grave.
- Heh… vamos a tener que cambiar de marcha, baby, espero que no os arrepintáis...
Entonces lo sintió detrás. El impacto le golpeó en la nuca con un ruido seco, como una piedra chocando contra una pared. La cabeza del buccaneer se inclinó apenas unos grados hacia delante, y el silencio volvió a extenderse por la jungla.
Durante un segundo eterno, no se oyó nada. Solo la respiración de los pequeños y el viento filtrándose entre las hojas. Luego, un sonido bajo empezó a vibrar en la garganta de Ubbe. Un murmullo que fue creciendo, retumbando, hasta convertirse en una carcajada ronca, profunda, que llenó todo el claro.
- ¡GAHAHAHA! ¡Eso sí que ha sido un golpe, baby! Esa sensación volvió a su ser, no era miedo a perder, ni siquiera era un sentido del peligro, era pura adrenalina, adrenalina que llevaba este combate a un nivel superior.
Se incorporó despacio, estirando los hombros como si nada hubiera pasado. Con un gesto rápido, arrancó las dos flechas de su piel y las observó entre los dedos antes de dejarlas caer al barro.
- Habéis hecho sangrar al gigante… Eso no pasa todos los días. No os voy a matar todavía. -Su voz sonó baja, casi suave, como si estuviera hablando con viejos amigos—. Sería una pena que algo tan valiente se extinguiera sin disfrutarlo un poco.
Entonces, se movió. Un golpe directo a Chop, más rápido de lo que parecía posible para un cuerpo tan grande, cayó como una guillotina sobre el tontatta. Era un golpe con la mano abierta, el cual en cuanto impactó, se cerró completamente envolviendo al tontatta, dejándolo completamente atrapado dentro de su puño.

El gigante exhaló despacio, dejando salir una columna de vapor de su boca, y giró el cuello hacia un lado. Su mirada se clavó entonces en la dirección donde sabía que estaba el otro: Chip. A unos veinte metros, su silueta apenas visible entre la vegetación, el arco aún en las manos.
Se movió a por él, cada paso que daba resonaba como una sentencia.
El suelo temblaba ligeramente bajo su peso, la humedad se mezclaba con el olor a hierro y savia. Avanzó en línea recta, con toda su velocidad, pese a su gran tamaño. Cada paso era un golpe de tambor en medio de la selva.
Cuando se detuvo, Chip estaba justo delante. A prácticamente  un metro. Podía verlo perfectamente ahora: el brillo del sudor en su frente, el temblor de los dedos tensando la cuerda. Ubbe inclinó la cabeza, ladeándola apenas, con esa sonrisa torcida que era su marca.
- Tu amigo no está, veremos ahora lo que duras tú. -Su voz salió baja, casi un ronroneo.
El aire que los separaba era una línea invisible de presión y miedo. Ubbe no necesitaba atacar todavía. Solo estar ahí, llenando el espacio, dejando que el tontatta sintiera lo que significaba tener una montaña respirando frente a él.
La mano libre del gigante se cerró lentamente, haciendo crujir los nudillos. Su otra mano, cerrando por completo cualquier vía de escape para Chop.
Un paso más, y el mundo se encogería alrededor del arquero.
Ubbe sonrió, el gesto apenas visible entre las sombras.
- No te vayas a quedar corto, baby. Es tu turno.

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2802 - 1703 = 1099
Energia: 2293 + 14 = 2307
Espiritu: 585 + 0 = 585
#9
La enorme mano de Ubbe cayó sobre Chop como una sombra viva. El pequeño tontatta apenas alcanzó a girar la cabeza antes de que los dedos del coloso se cerraran por completo a su alrededor, atrapándolo entre la carne dura y caliente del puño. Se oyó un leve eco, como el sonido de algo pequeño hundiéndose entre las capas de carne y piel, y después solo hubo silencio. Solo lo rompía el respirar lento, profundo y poderoso del gigante.

La mirada perdida de Chip daba cuenta del miedo que sintió al observar aquella escena, como una mole de músculo había absorbido a su amigo con aquella facilidad.

Pero dentro del puño aún se respiraba más terror, lo único que se podía respirar de hecho, pues todo era oscuridad hermética rodeando el cuerpo del pequeño luchador. Chop apenas podía moverse, y el aire era espeso, sofocante, cargado con el olor metálico del sudor. Cada vez que Ubbe apretaba un poco más, el pecho del tontatta crujía, el aire se escapaba de sus pulmones en jadeos cortos, pero incluso así, su espíritu no cedía; y no dejaría que el de su compañero lo hiciera tampoco.

-¡Chip, Chip…! ¡Yo estaré bien...! ¡No… No te atrevas a rendirte! -Gruñó, con la voz ahogada, apenas audible desde dentro del puño.

El tontatta retorció su diminuto cuerpo, buscando el más mínimo hueco entre los dedos. Sus piernas se apoyaron en la base del pulgar, sus brazos se tensaron, y sin pensarlo dos veces mordió con la furia de una chinche enfadada.

El mordisco fue feroz para su tamaño, desesperado. Sus dientes se hundieron en la carne dura del gigante, dejando una marca tan leve como el pinchazo de una espina, pero suficiente para que Ubbe sintiera el cosquilleo de la resistencia.

Desde el suelo, Chip escuchó las palabras de su compañero. El pánico le recorrió el cuerpo de inmediato, pero lo transformó en movimiento. Su diminuto corazón latía tan rápido que parecía querer escaparle del pecho. No podía dejar que Chop quedara aplastado.

-¡Chop, Chop, aguanta! ¡Voy a sacarte de ahí, baby! -Chilló, y dio media vuelta, echando a correr sobre el barro húmedo. A pesar de sus palabras, seguía teniendo miedo, o cuánto menos, respeto a aquel gigante.

Sus diminutos pies se hundían en el fango mientras avanzaba, pero su velocidad era endiablada. Corría en línea recta primero, luego dio un salto y rodó entre raíces, manteniendo la mirada fija en el brazo que sujetaba a su amigo. Al mismo tiempo, tensó el arco. La cuerda vegetal vibró con un sonido agudo, y en apenas un instante, soltó la flecha.

El proyectil cruzó el aire rozando la humedad, silbando el viento hasta clavarse en el antebrazo de Ubbe, justo entre los nudillos y la muñeca. Fue un pinchazo leve, insuficiente para liberar a su amigo como parecía su intención, pero tal vez sirvió para que el gigante desviara por un momento su atención.

-¡Suéltalo, grandullón! ¡Chip y Chop no se rinden, baby! -Gritó el arquero, jadeando entre disparo y disparo mientras seguía retrocediendo para ganar espacio.

El aire a su alrededor vibraba con tensión. Cada paso que daba atrás hacía crujir el suelo húmedo bajo su peso liviano, y los árboles parecían inclinarse ligeramente ante la magnitud del momento. El contraste era grotesco, una montaña de músculo de más de cuatro metros, y a sus pies, un ser que no llegaba al tobillo de un hombre normal, apuntándole con un arco hecho de ramitas y cargado de valentía.

Dentro de la mano, Chop seguía resistiendo, mientras se oía su voz ronca resonando débilmente desde el interior del puño entre quejidos y gruñidos de rabia e impotencia.

Cada mordida, cada movimiento, cada flecha disparada formaban parte del mismo acto desesperado. La voluntad tontatta de no rendirse, ni siquiera frente a una montaña viva.

El siguiente movimiento quedaba ahora en manos del gigante. ¿Reaccionaría con furia al mordisco y los proyectiles? ¿Apretaría el puño, o cedería un instante ante la resistencia diminuta pero incansable que le desafiaba?

Off
#10
La flecha le dio en el antebrazo con fuerza. Sintió un pequeño estallido seco en el brazo, el impacto vibrando en los tendones. Pero Ubbe apenas bajó la mirada, sin soltar el aire, con los dientes apretados. La punta del proyectil tembló incrustada en su piel y una gota de sangre rodó hasta el puño cerrado.
- Heh… Buen intento, baby.
El suelo se hundió bajo sus pies cuando dio el primer paso. Fue como si toda la selva contuviera la respiración. Un segundo después, el gigante ya estaba lanzado hacia adelante siendo una masa viva de músculo y furia. Avanzó como una bestia que rompe la jaula: hojas, barro y raíces volaron por los aires en una línea recta de pura destrucción.
Su voz sonó en mitad del salto:
- ¡C’MON BABY!
El puño que tenía libre se cargó hacia atrás, el cuerpo entero se dobló en un arco perfecto, y la descarga cayó sobre Chip como un trueno contenido. El golpe buscaba aplastarlo de lleno, con toda la potencia del cuerpo completo de Ubbe canalizada en un solo impacto. El aire explotó alrededor, una nube de barro y hojas ascendiendo con el estallido.
Pero no paró ahí.
Sin detener el impulso, giró los hombros y descargó otro golpe, esta vez con el mismo brazo que tenía atrapado a Chop. El tontatta prisionero estuvo que notar el movimiento, incrustado dentro del puño. Fue un golpe circular, brutal, que buscó arrasar con todo lo que quedara delante.
Ubbe se quedó quieto unos segundos, con el pecho desnudo aún manchado de sangre y polvo. Respiraba despacio, el brazo derecho aún extendido, el puño firme. Su mirada buscó a Chip entre la nube de tierra y hojas agitadas.
- Vamos, pequeño… Quiero ver si aún puedes disparar. Al final esta pelea me está molando, cabroncetes...
Y esperó. El aire vibraba. Cada músculo estaba listo para responder si el tontatta intentaba siquiera moverse.

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1099 + 0 = 1099
Energia: 2307 - 408 = 1899
Espiritu: 585 + 0 = 585


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