[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 1]
#21
La oscuridad invadía mis ojos como si una penumbra de maldad se cerniera sobre las 6 pobres almas que compartíamos está jaula de piedra, mi vista aún permanecía difusa por el ataque de aquel monstruo que había salido de aquella misma penumbra, la sangre escurría por mi rostro como si de una fuente se tratase, el simple echo de mantenerme en pie hacia que cada fibra de mi cuerpo gritaste de dolor, sin embargo, eso no impidió que presenciara el choque entre los dos individuos que se encontraban en el centro de la arena.

Mi vista recupero justo su fuerza para observar como del choque de estos individuos resultaba en que uno de ellos saliera despedido hacia atrás debido al golpe, fue en ese instante cuando recobre por completo la concentración y mi mirada se percato que esos 2 individuos eran el mounstro que había mandado a volar, el cual había atacado a un mink marino que intento hacerle frente sin mucho éxito.

De forma casi instintiva tome mi arma en manos y arranque de un salto impulsado por mis alas en dirección al mounstro que ahora se dirigía a una chica con cuernos del otro lado de la jaula, no fue algo premeditado, simplemente sentía la necesidad de parar a esa cosa.

~Mierda, no me di cuenta que había alguien en el centro, es mi culpa que lo hayan herido~ Fue lo que pensé mientras me desplazaba en diagonal directamente hacia mi objetivo.

Mientras seguía impulsado por mi salto logre escuchar un disparo a mi derecha, al parecer se trataba de otro tirador, su tiro no estaba dirigido a mi por lo que supuse era un aliado, aunque no lo había visto ya que estaba concentrado en mi objetivo, aun así logre escuchar como lo que creía eran el tirador y la chica mono que había visto al inicio, empezaban a insultar a la criatura.

~E?, eso es algo gracioso~ Ese era el pensamiento que me provoco mi típica sonrisa y me saco por un momento de la tensión. 

Aun así recobre rápidamente la concentración y terminando de caer del salto que me había impulsado al inicio, empecé a correr tratando de posicionarme a rango para dispararle a mi objetivo. Fue en ese instante en el que observe como una criatura surgía del suelo detrás del gyojin y al mismo tiempo el mink que había atacado recobraba la compostura y se acercaba a el listo para atacar de nuevo. 

~¿Que carajos es esa cosa?, al parecer también quiere atacar al Gyojin, ese mink Leopardo también, es tan genial. Es mi oportunidad, no podrá esquivar tantos ataques al mismo tiempo~ Es lo que pasaba por mi mente mientras frenaba de mi recorrido, ya con rango suficiente para disparar levante mi rifle que ahora se encontraba manchado por la sangre que brotaba de mi cabeza, con la mira apunte directo a un costado de su dorso y sin dudarlo jale el gatillo.

-Toma esto maldito hijo de puta- Fue lo que dije en tono bajo, tanto que el ruido de la bala opaco las palabras.

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#22
Tras golpear al tipo de manchas y soltarle aquel comentario que aún resonaba divertido en mi cabeza, escuché el seco estallido de un disparo. El sonido rebotó en las paredes del lugar como un trueno en una cueva, y sentí un impacto en la cabeza, justo en la sien derecha. Fue un golpe más molesto que doloroso, un picor ardiente que me hizo parpadear un par de veces y fruncir el ceño, como si un mosquito hubiera tenido el descaro de picarme. Alcé la mano por instinto, palpándome el sitio, y al ver que no había sangre ni grietas, solté un bufido casi burlón. -¿Eso fue todo-uo?- Musité con mi voz aguda, arrastrando las palabras con una mezcla de fastidio y diversión. El de cabellos negros seguía apuntándome, temblando un poco, tal vez esperando que cayera de rodillas o que empezara a gritar. Qué decepción debió llevarse cuando recibí aquel golpe y seguí corriendo tan campante, como si me hubiera lanzado una piedra de juguete. La bala, o lo que fuera, apenas me había hecho cosquillas, y eso me hizo sonreír de nuevo, esa sonrisa mía tan tonta y tan perturbadora que a muchos les da ganas de huir. Giré el cuello, haciendo sonar las vértebras, y continué mi camino hacia la gigantona de cuernos que descansaba contra la pared. Su cuerpo era enorme, su sombra me cubría parcialmente, y por un momento me recordó a una montaña dormida. No parecía tener intenciones de moverse, lo cual me intrigó más que cualquier amenaza. Mis pasos resonaban en el suelo con un ritmo constante, pesado, y cada vez que exhalaba, el aire silbaba entre mis dientes. Tenía la mirada fija en ella, fascinado por esa mezcla de fuerza y desgana que emanaba. -Gigantona…- Murmuré, ladeando la cabeza con curiosidad infantil. -Veamos si te despiertas o si te rompes-uo.- La adrenalina seguía danzando en mi cuerpo, caliente, espesa, y sentía que cada músculo vibraba, ansioso por volver a moverse, por jugar un poco más con mis presas.

Mientras corría, la adrenalina me mantenía caliente por dentro, casi eufórico, como si el mundo entero se estirara ante mí para ser cazado. Pero en medio del estrépito de mis propios pasos, la voz chillona de aquella mujerzuela con cara de mono volvió a taladrarme los oídos. Su tono era desesperado, y me resultaba insoportable. Chasqueé la lengua con un sonido seco, de pura desaprobación, frunciendo el ceño mientras dejaba escapar un resoplido impaciente. -Calla ya, que se te va a caer la mandíbula-uo.- Mascullé, sin perder el ritmo de la carrera. No tenía intención de detenerme por algo tan trivial como sus chillidos. Sin embargo, el universo parece tener un sentido del humor cruel cuando se trata de probar mi paciencia. De repente, sin previo aviso, sentí un golpe seco en mi cola, justo en la base donde se une con la espalda. Fue como si algo pequeño pero rápido hubiera impactado con una fuerza inesperada. El movimiento me desequilibró de inmediato. Mis talones chirriaron contra el suelo, y mi cuerpo se inclinó hacia adelante, obligándome a frenar de golpe. Una sensación de ardor recorrió mi espina dorsal, y una punzada de furia me encendió la vista. Giré la cabeza con lentitud, los ojos rojos entrecerrados, buscando al responsable. Y allí estaba: aquel pequeño animalito que había visto al principio, el mismo que había huido asustado cuando llegué. Ahora estaba fuera de su escondite, con el cuerpo temblando y los ojos brillantes, como si hubiera reunido el valor solo para molestarme. La sorpresa me detuvo durante un instante. Parpadeé, incrédulo, con una sonrisa que se curvó lentamente en mis labios, esa mueca tonta que tanto irrita a los demás. "Así que el bichejo insignificante que corría por las sombras se atreve a golpearme la cola-uo" Podía sentir las protuberancias de mis brazos tensarse, deseando moverse. Era casi tierno. Casi. Pero nadie toca mi cola y se va caminando.

Sin apenas moverme del sitio, dejé que la extraña fuerza que me habita hiciera girar mi torso en contra de las agujas del reloj, como si fuera el latigazo de una marea contenida, lenta al principio y luego violenta. Sentí cómo las placas de mi pecho y las protuberancias de los brazos se alineaban con el movimiento, todo mi cuerpo vibró con un latido frío y mi brazo se estiró como un hilo hasta el punto donde el bichejo aún flotaba, atónito y diminuto, después de su patética osadía. La energía se compactó bajo la piel azul, pesada y densa, como una roca esmaltada que quiere caer. Mis músculos tensaron; todo mi cuerpo se convirtió en un arco listo para disparar, y en ese instante el ruido del lugar se volvió un murmullo lejano, filtrado por el eco de mi propia respiración aguda. Observé el movimiento del animalillo con la calma de quien calcula la distancia exacta para que el golpe sea contundente y fuerte. El tiempo pareció ralentizarse cuando mi puño describió la trayectoria: un fósforo despedazando la espera y encontrando su blanco. Sentí el golpe transmitirse por la muñeca, por el antebrazo, hasta la raíz de mi cola, y una risa corta, infantil, se me escapó al comprobar la precisión. El bicho recibió el golpe de lleno, un punto minúsculo que ahora conocía el sabor de mi fuerza, cayendo sobre el suelo con un pequeño chasquido, aturdido pero no destrozado, y volviendo a su forma original, la forma de humano, lo que me complació por una razón extraña y dura. Di un paso atrás, dejando que la gravedad hiciera su trabajo, como si el juego hubiera terminado y yo recuperara mi calma observadora, aunque el borde colérico seguía a punto de saltar si alguien más osaba tocarme.

El aire me golpeó con fuerza cuando mis piernas se impulsaron con violencia, despegando del suelo en un salto de siete metros en dirección hacia la gigantona, que me hizo sentir por un instante, la ingravidez de las corrientes marinas que tanto añoro. Mi cuerpo, pesado y ágil a la vez, trazó una curva en el aire. Caí con un golpe seco, las rodillas flexionándose por instinto, y sin darme un respiro, eché a correr otros siete metros, las aletas dorsales vibrando por la tensión del esfuerzo. Cada zancada levantaba un poco de polvo; el ritmo de mis pisadas se mezclaba con el zumbido del viento que se colaba entre mis cuernos. Aquella gigantona, que me miraba con desdén estaba en mi cabeza con insistencia, empujándome hacia adelante, un faro invisible en medio del caos. Giré la cabeza apenas un instante, lo justo para echar un vistazo por encima del hombro, mis ojos rojos brillando con una mezcla de precaución y desprecio. No confiaba en nadie a mis espaldas. El instinto del cazador me decía que en cualquier momento sentiría el filo o el golpe, que alguien intentaría aprovechar mi movimiento para atacarme como hizo el animal enano de antes, pero solo el silencio respondió, un silencio denso, expectante. Volví a mirar al frente, mostrando los dientes en una mueca que parecía sonrisa, aunque no tenía nada de amable. “Si quieren alcanzarme, que lo intenten-uo” Pensé, dejando que la furia me impulsara aún más. Mi cola azotó el aire detrás de mí, marcando el compás de mi avance. El terreno se inclinaba levemente, y el esfuerzo me hacía crujir los músculos de los hombros. El aire sabía a hierro y polvo, y cada respiración era una bocanada de rabia contenida. No pensaba detenerme, no mientras la gigantona siguiera allí, delante a siete metros de mí, esperándome o provocándome, no importaba cuál fuera la intención. Seguí corriendo, dejando que el peso de mi propio cuerpo se transformara en fuerza bruta, en un impulso animal que me recordaba quién soy, y lo que soy capaz de hacer.

RESUMEN


BÉLICO


SIGUIENTE TURNO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1008 - 200 = 808
Energia: 845 - 109 = 736
Espiritu: 150 + 0 = 150
#23
Sangre, el enemigo podía sangrar, es mortal y ser mortal era algo hermoso para Eros que como un pequeño topo sintió el aroma de su sangre inundando sus fosas nasales. No obstante, su sonrisa fue borrada tan súbitamente como habia aparecido al ser impactado de lleno por el movimiento giratorio de la criatura. Todo su cuerpo fue golpeado por la técnica, pese a que el daño que el mismo topo causó fue suficiente para interrumpir en seco el avance del enemigo en ese momento, de poco habría servido a la larga cuando el impacto lo hizo caer al suelo. El mundo comenzó a girar a su alrededor, como si un barco lo hubiese impactado de lleno, un pitido agudo perforó sus timpanos, todo se vio borroso. El suelo debajo de sus patas... Manos... Contempló sus manos. Todo estaba pasando en una fracción de segundo, de repente podía ver el mundo nuevamente. Estaba herido, convertido nuevamente en un humano. Infló su pecho con aire tratando de respirar nuevamente tras el impacto, su diafragma se contraía haciendo que el oxigeno entrase en sus pulmones mecánicamente. Sentía la gloria de la batalla a través del dolor que colmaba su cuerpo, el flagelante muchacho se levantó observando fijamente como la criatura nuevamente se dirigía hacia la gigante que aun no parecía dispuesta a dar batalla ¿Es que acaso no valoraban sus vidas? Él valoraba la suya, porque su tripulación lo necesitaba.

Nuevamente haciendo alarde de sus habilidades, Eros se abofeteó quizás debido a ese tic que lo acompañaba desde siempre. Necesitaba despabilar, no podía dejar que nadie sufriese en su guardia, era quizás su instinto protector más tenía que hacer algo. Nuevamente uso toda su entereza para convertirse en esa pequeña criatura que momentos atrás había sido subestimada por la bestia, era momento de darlo todo en pos de enfrentarlo. Sabía que la fuerza del oponente frente a él era mayor a la suya, pero no podía rendirse, despues de todo él no era una presa. Él no se iba a dejar vencer. 

Uno de los suyos era un médico, quizás podría usar ese momento para recuperar el foco, para buscar otro punto ciego. Un segundo que pareció una eternidad. En cuatro patas el topo podía sentir el aroma del oponente, su sangre, su olor, la cadencia de su voz ridícula. Pero estaba enojado, furioso. Iba a darlo todo para asesinar a quien intentaba depredarlos.

OFF ROL
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 650 - 267 = 383
Energia: 539 - 24 = 515
Espiritu: 87 + 0 = 87
#24
Nada, su disparo no le hace nada. Kiyoshi traga saliva y sus dedos, aún listos en el arma, tiemblan un momento. Le ha dado directamente en la cabeza, pero la bestia ni se inmuta. ¿Cómo se supone que debe sentirse luego de eso? — ¿Dónde diablos están esos tontos que no han llegado a ayudarme? No limpiaré más el tonto barco si no se apuran. — Aunque, poco a poco, comienza a perder un poco la esperanza de salir vivo de esta prisión.

Pero no hay tiempo que perder. No puede simplemente echarse a morir y bajar los brazos. Si algo le enseñaron en las clases de disparo, que fueron tomadas especialmente para la defensa personal, es que jamás debe dejar de apuntar. Si tu cerebro se apaga, el reino animal te cazará y te devorará. Eres tú quien debe tener siempre el control de la situación. Por esto es que sigue avanzando, corre y corre queriendo estrechar distancia con el monstruo.

Kiyoshi busca reducir los 12 metros iniciales de distancia que hay con Kibai, punto del cual Uosan ya se fue, queriendo alejarse 9 más. Si recorre todo esto y más, saldrá del rango de Kiyoshi, pero la aparición del amigo topo salva todo. Si bien a cambio de detenerle un momento se lleva el golpe de la vida que le quita la transformación y todo, la tardanza en el movimiento giratorio ayuda a que el médico se quede dentro de su zona de disparo.

Antes en la cabeza no sirvió, y como médico decide realizar una investigación. Un punto débil, alguna zona tiene que ser más suave que el resto, al menos en teoría. Decide elegir la cola en esta oportunidad, mismo lugar en donde golpeó Eros y parece haber molestado a la bestia, pues por algo se vengó de esa forma. Cuando el enemigo ya se va de nuevo, Kiyoshi —en movimiento— jala el gatillo para impactar una nueva bala en él, ahora en la cola, como dijimos antes. — Ningún ser vivo es inmortal, eso lo sé mejor que nadie. 

No es que crea que de esta forma lo vencerá, ni mucho menos. Ya se vio la fuerza y resistencia que posee, pero dejar de acribillarlo no es un plan. Tal como ha ido pegándole a todos, en algún momento puede ir a por él. Huir no es una opción debido al encierro, así que la única chance es seguir adelante, cueste lo que cueste, acierte o falle. No quiere ni imaginarse la cara o risa de Owen si se entera que cayó en esta primera pelea. En ese caso Kiyoshi estaría muerto, pero tampoco desea imaginar que verá eso desde el otro mundo. Debe sobrevivir y evitar que abra esa tonta bocota que tiene.

— No se detengan tontos. Si vamos uno por uno, solo recibiremos una paliza. Avancen, avancen. — Kiyoshi hace caso a sus propias palabras, ya que no se ha detenido en ningún momento. Cuando se cansa de correr debido a su asma, da un último salto que le permita ir más hacia adelante, siempre buscando acortar distancias con el ser de la voz graciosa. Claro, sucede que el otro es más rápido y deja atrás al señor Maeda, mas no importa. No hace que se rinda, que frene y acepte que la debilidad que siempre ha aceptado tener, le ha plantado un muro inquebrantable apenas al comienzo de su viaje. 

El plan ejecutado es sencillo. Por mucho que se canse, quiere seguir entrando en un rango en el que su puntería sea certera. Primero se movió 6 metros, luego saltó 4 más, siempre siguiendo al rival. Para cuando esta etapa finalice, la distancia entre Kiyoshi y Ueda debe ser de 25 metros. Muy lejos aún, fuera del rango deseado, pero ya seguirá luego. Por ahora, es todo.

OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
#25
El disparo que había encendido una chispa de esperanza para Mahou resultó no ser tan efectivo, pues Uosan ni siquiera soltó un quejido al recibir el impacto en la cabeza. - Aunque se vea como una berenjena, ese mono es un cabeza dura-ukiki... - muerde su labio mientras agita la cola con irritación detrás de ella. Ve como el enemigo se mueve hacia la mujer con cuernos (Odeth), y escucha la voz ridícula de Uosan mandándola a callar.

Abre su boca para dar una respuesta rápida, pero antes de hacerlo, el topo aparece de repente y golpea la cola de Uosan, solo para terminar en un intercambio con un ataque tan brutal que lo devolvió a su forma humana. - ¡Mono topo-uki...! - pese a la ferocidad del contraataque, Mahou se percata de lo mismo que todos, que este había sido el primer ataque exitoso del equipo contra Uosan. Una pequeña victoria, si, pero suficiente para devolverle el ánimo.

El doctor mono toma la iniciativa para avanzar para perseguir a Uosan que no detiene su paso por nada. - ¡La paliza será de él en cuanto lo alcance-ukiki...! - Mahou nota que está siendo rezagada por el dolor en su cuerpo que le impide moverse, y ella no piensa permitir quedarse atrás mientras el resto pelea. Aunque cada paso le pese, aprieta los dientes entre la emoción de luchar y la frustración de su cuerpo. 

Con otro rugido, se impulsa desde el suelo y da un tercer salto hacia adelante, usa su cola para mantener el equilibrio mientras se aproxima al mono leopardo (Kibai) y el mono topo (Eros), que ahora luce más humano que animal. Aterriza con dificultad, el impacto del mismo le sacude las piernas, pero logra estar de pie apoyando la cabeza del martillo en el suelo. Lo usa como soporte mientras sujeta el mango con fuerza. 

Reúne todo el aire de sus pulmones, sonríe con un poco de descaro, y sin perder el aliento grita una nueva burla que se le acaba de ocurrir contra Uosan. 
- ¡Al que se le va a caer la mandíbula es a ti, de tanto cargar con esa cabezota-ukiki! ¡Seguro tus hermanos son casi tan feos y se oyen tan ridículos como tú, y por eso no quieren jugar contigo-ukiki! 

resumen


bélico


karmas
Mahou Chikao
¡DIVERSIÓN Y ÁNIMO!
? La Intrépida Sakura
฿ 20,000,000
?Nv.10 — Espíritu Alegre
#26
Atributos Personaje



 Lo miré. Mis provocaciones no habían servido de mucho. Aquel ser seguía ahí, avanzando con esa calma extraña que solo tienen los que saben que van a ganar. Mis compañeros intentaban detenerlo, o al menos distraerlo, pero yo… yo apenas podía moverme. Sentía el cuerpo pesado, los músculos tensos, y el miedo apretándome el pecho. Aun así, lo intenté. No podía quedarme quieta esperando a que viniera directo hacia mí. Miré a mis compañeros, buscando algo. No sé si era protección, una señal, o simplemente la confirmación de que no estaba sola. En mi cabeza todo era ruido, un torbellino de pensamientos que no podía ordenar. Supongo que buscaba ayuda, o tal vez una razón, una explicación de por qué todo esto estaba pasando. Pero no la encontré. Solo vi rostros cansados, miradas perdidas, gente que también estaba intentando no romperse. Así que corrí. O al menos lo intenté. Mis piernas se movieron antes de que mi mente lo decidiera, como si el instinto me empujara a sobrevivir un poco más. Quería alejarme de esa criatura, de su mirada, de esa sensación de que disfrutaba con nuestra desesperación. Cada paso que daba me recordaba que no quería morir. No hoy. No ahora. Sentía que el aire me ardía en los pulmones, que el miedo me raspaba por dentro. Pero seguí. No podía permitir que más gente saliera herida, no después de todo lo que ya habíamos perdido. No quería que nadie más sufriera por culpa de esto. Y, sobre todo, no podía morir. No todavía. Le debo al pequeño Erick una buena vida, una oportunidad que no tuve yo. Él no tiene la culpa de nada, y aunque el mundo se esté cayendo a pedazos, quiero creer que aún hay algo que puedo hacer bien
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  resumen

 
estadisticas- 5%
#27
El sonido de mi rifle retumbo contra las duras paredes de roca causando un eco ensordecedor, el disparo fue tan malditamente débil que ni siquiera le tomo importancia, al mismo tiempo la pequeña criatura que había salido del suelo le propino tal golpe en la cola al gyojin que este detuvo su avance de inmediato, este mismo se giro con la única intención de atacar al pequeño topo. Sin explicación aparente, el gyojin empezó a girar su torso sobre su propio cuerpo de manera antinatural, como si sus articulaciones no estuvieran conectadas entre si.

~¿Como diablos se mueve de esa forma?, es antinatural, nunca escuche hablar de un gyojin como este, ¿Sera obra de una fruta del diablo?~ Fueron mis pensamientos cruzados mientras observaba sin poder hacer nada como el gyojin estampaba contra el suelo al pobre topo que lo había atacado.

Para mi sorpresa el topo se empezó a transformar frente a mis ojos en una persona, como si de magia se tratase, aunque obviamente no era este el caso.

~¿Otro usuario de fruta?~ Fue la pregunta obvia que surgió en mi cabeza.

Mas no hubo tiempo de pararme a analizar la situación de la persona que ahora permanecía herida en el suelo, pues el gyojin retomo su recorrido rumbo a la chica que permanecía en la pared este, que ahora que lo notaba mas de cerca, la chica parecía mucho mas grande de lo normal. El gyojin se impulso con un enorme salto hacia adelante por lo que sin quedarme atrás me impulse con un salto aun mayor  tratando de predecir su ruta para poder interceptarlo.

~Como puedo derrotar a este tipo, mis disparos apenas le afectan y no creo poder resistir un ataque mas de su parte~ Era lo que pasaba por mi mente mientras seguía en el aire debido al impulso del salto y la sangre que aun brotaba de mi cabeza dejaba un rastro de sangre por donde pasaba.

El gyojin cayo antes que yo aterrizara y siguió su trayectoria sin falta ahora a pie, poco después aterrice levantando una nube de polvo a mis pies, justo en ese momento a la distancia logre escuchar las dos voces que ya había escuchado con anterioridad.

"No se detengan tontos. Si vamos uno por uno, solo recibiremos una paliza. Avancen, avancen."

~Parece que todos están dispuestos a pelear, aun no estoy seguro de confiar en ellos pero no tengo otra opción si quiero salir vivo de esta~ 

" ¡Al que se le va a caer la mandíbula es a ti, de tanto cargar con esa cabezota-ukiki! ¡Seguro tus hermanos son casi tan feos y se oyen tan ridículos como tú, y por eso no quieren jugar contigo-ukiki!"

-Puff- . Solté una risa ahogada ~Maldita sea Einarr concéntrate en la presa~ ¨Pensaba para mi mismo para evitar reirme con los insultos de la chica mono. 

Retome rápidamente la carrera sin perder en ningún momento de vista al gyojin y siguiendo la misma ruta diagonal para poder interceptarlo.

~Piensa Einarr ¡Piensa!, debe de tener alguna debilidad, todo ser vivo la tiene~ Me concentro en analizar la estructura del gyojin en busca de una debilidad mientras voy recargando mi arma para un segundo tiro y levanto el cañón en dirección a mi presa.

Justo cuando el gyojin se encontraba a unos metros de la chica oni, mi mirada se cruzo con su rostro, un rostro completamente sumido en el terror, esa mirada en ella expresaba, no, gritaba que no quería morir, aunque ella no pronunciara ni una palabra yo lo sabia, yo reconocía esa mirada perfectamente, ya había abandonado todo por una mirada así antes, QUE CUESTA HACERLO UNA VEZ MAS???.

-¡¡¡VEN POR MI MALDITO PEZ DE MIERDA!!!,¡¡¡¡¿¿¿ ACASO ERES TAN DEBIL QUE NECESITAS PROBARTE CONTRA UNA MUJER ASUSTADA?????!!!!, ¡¡¡ERES MUCHO MAS QUE PATETICO, ERES SIMPLE BASURA QUE NO PUEDE ELIMINAR A SU PRIMERA PRESA!!!- 
Grite con todas mis fuerzas cuando la bala de mi rifle ya había salido despedida de la boquilla, sabia que era una jugada estúpida, pero no podía dejar a una niña con esa mirada, nunca e sido capaz y nunca lo seré.  

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Bélico


Karmas Utilizados




 
#28
Atributos Personaje


Kibai se sacudió la cabeza tras el fuerte topetazo que había recibido, retrocediendo varios pasos hasta acabar hincando una rodilla en tierra mientras se llevaba la mano a la ceja, donde el fuerte topetazo de aquel monstruo le había impactado. Al retirarla, vio que la palma estaba manchada de rojo por la brecha que el choque le había provocado.

Maldita sea, aquel bicho era aún más rápido de lo que pensaba. Ni siquiera había podido arreglárselas para golpearle teniéndolo de frente. Y ahora, aquel ser se dirigía hacia la mujer Oni, la cual ni siquiera había hecho amago de desenvainar el arma.

“Maldito cobarde…”

Lo que estaba claro es que necesitaba moverse más rápido si es que quería mantenerse a la par con su adversario, o al menos tener la oportunidad de llegar a poder golpearle. Sacando una de las garras de la mano izquierda, Kibai cortó las ataduras de su capa,dejando caer la tela blanca al suelo rocoso. Desde allí, el símbolo de Justicia pareció dirigirle una mirada de reproche. No era lo bastante hábil, al menos aún no.

El agarre alrededor de Raimei se le crispó por la rabia. No iba a permitir que aquel monstruo siguiese haciendo de las suya, no mientras él siguiese consciente. Con decisión, Kibai se llevó la empuñadura de su sable a la boca, sujetándola firmemente entre sus colmillos. Si quería alcanzar a su adversario, iba a necesitar las manos libres para moverse. Apoyándose en sus cuatro extremidades, se lanzó hacia delante de un salto, notando como su velocidad se incrementaba notablemente, aunque en esta ocasión se abstuvo de hacer algún ruido. Casi de forma cómica, aquella postura le trajo al mink recuerdos de su infancia, cuando corría junto a otros jóvenes en la noche de las selvas de Zou.

“¿Así que eres un cazador?” pensó “Pues bien, veamos si llevas tan bien el que te acechen a ti…”

Alzando la vista hacia el frente, comprobó como aquel ser se disponía a atacar a la mujer oni que continuaba intentando huir. Apretando más las mandíbulas alrededor de Raimei, Kibai se forzó a aumentar el ritmo de su carrera, desconocedor de si finalmente conseguiría llegar a tiempo…


RESUMEN

BÉLICO


Stats con debuff
[Imagen: gvCFAP2.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 561 - 95 = 466
Energia: 381 + 167 = 548
Espiritu: 126 + 0 = 126
#29
Seguía corriendo tan rápido como mis piernas y mi orgullo me lo permitían. El aire me golpeaba la cara con fuerza, silbando entre mis cuernos, mientras el suelo temblaba bajo cada zancada. Mis músculos ardían, pero mi mente seguía fría, concentrada en una sola dirección: la gigantona de cuernos. Era lo único que importaba, lo único que me mantenía en movimiento. Entonces, un cosquilleo me recorrió la espalda y sentí un leve golpe en la cola, apenas una molestia, como si un insecto atrevido hubiera osado probar mi piel. “¿Un mosquito? ¿A mí? No quiero pensar que hayan sido mis presas-uo...” pensé para mis adentros, y una sonrisa torcida se dibujó en mi rostro. No iba a girarme por una tontería así. Si querían picar al gyojin equivocado, que lo hicieran, pero ya tendrían su castigo después. Seguí avanzando sin mirar atrás, decidido a no perder ni un segundo. La humedad del aire me recordaba al fondo del mar, y por un instante deseé estar allí, donde los golpes se vuelven lentos y las palabras no llegan. Pero estaba en tierra firme, rodeado de presas que hablaban demasiado y hacían poco. Escuché entonces la voz chillona de aquella mujer mitad mono. Sus palabras me rozaron los oídos como un graznido molesto, tan ridículo que me dio risa. “Tch... mejor cállate antes de que lo haga yo-uo” Me decía a mí mismo en mi propia cabeza, sin detener mi paso. No valía la pena gastar energía en responderle, no todavía. Pero en cuanto tuviera un momento, en cuanto acabara con esa cuernuda que se creía intocable, le iba a enseñar lo que era quedarse sin aliento por algo más que correr. La rabia me recorría el cuerpo como una corriente eléctrica, mezclándose con la adrenalina. Cada golpe del corazón me empujaba a acelerar, a no ceder ni un centímetro. El mundo se reducía a un solo pensamiento, claro y cortante: acabar con la gigantona, y después ajustar cuentas con todos los insectos que habían osado tocarme-uo.

Recorrí tres metros más hacia la gigantona con cuernos, sintiendo cómo cada paso hacía vibrar el suelo bajo mis pies y hacía latir mi corazçon en mi pecho con un pulso sordo; por fin, como si la gravedad o el aburrimiento la obligaran a moverse, la gigante tomó acción y comenzó a correr hacia mí, aunque sólo dos metros, con la lentitud de quien no tiene ganas de pelear ni de molestarse en matar, y ese gesto me irritó más que cualquier amenaza directa, como si me lanzara un reto envuelto en pereza que yo debía aceptar. Justo entonces, noté otro toque en la cabeza, más leve que el anterior, un golpecito en la cabeza que me recordó a la molestia de un mosquito persistente: un pinchazo frío y luego la costumbre de tener que seguir adelante sin darle importancia a los pequeños insultos del mundoo. El ruido a mi alrededor cambió; el hombre alado no cesaba de berrear, intentando picarme, buscando que mis movimientos se convirtieran en una rugida perdida; lo escuché, agudo y estridente, como un pájaro con demasiada lengua, y no pude contener un gruñido que brotó directo desde mis entrañas, una advertencia que no pedía razonamiento, sólo reacción, uo. Giré la cabeza mientras seguía corriendo, calibrando con ojos rojos quién podía intentar un golpe por la espalda. Y entonces lo vi, inflamado de provocación, y mi voz estalló en un rugido agudo que llenó el espacio entre nosotros, un canto oscuro y juguetón a la vez. -¡¡MALDITO PÁJARO!! ¡¡EN CUANTO ACABE CON LA GIGANTE TE VOY A MATAR!! ¡¡Y LUEGO A ESA DE LA COLA DE MONO QUE NO HACE MÁS QUE GRITAR!! ¡¡VOY A ACABAR CON TODOS!! ¡UOUOUOUOUO!- Lo dije con toda la furia concentrada, con la risa tonta lista para romperse, y sentí cómo la tensión me empujaba a acelerar; las palabras eran cuchillos suaves que quería clavarlos en su orgullo, no por necesidad de sangre sino por deseo de demostrar que nadie me molesta impunemente.

Salté con el ceño fruncido y la rabia apretada como una piedra en el estómago, sintiendo cómo el aire me daba la bienvenida con un silbido afilado que me rasgó la garganta en un pequeño gruñido. Mientras ascendía, ordené a mi torso que permaneciera firme y, con la sutileza de quien ha aprendido a mover el cuerpo como una corriente, hice girar la mitad inferior de mi cuerpo, de cintura para abajo, como si fuera la hélice de un viejo barco que busca romper la calma; mis protuberancias vibraron un poco, transmitiendo la tensión hasta la gema de mi pecho, que latió levemente. La cola se convirtió en la extensión de mi voluntad: la posicioné hacia adelante con precisión, rígida y con la intención fría de un látigo afilado. Vi a la gigantona allí, grande y ahora preocupada, su rostro una máscara de desconcierto que me supo a desafío. El tiempo se volvió una franja fina en la que se concentraron todos mis instintos infantiles y coléricos. Pensé en mis hermanos, en lo que dirían si me vieran dudar, y esa sumisión a su mirada fue gasolina que avivó mi furia. Sentí el viento en la piel azul, la humedad pegada a mis escamas como cuando nado cerca de la superficie, y disfruté del pequeño cosquilleo que antecede al impacto, ese que te recuerda que estás vivo y que puedes infligir orden. La cola golpeó su cara por el lado derecho con un ruido sordo, un contacto que me devolvió el eco de la piel al chocar, un sonido que vibró por todo mi cuerpo. Noté su voluntad quebrada, la sorpresa en sus ojos enormes, y una satisfacción instantánea, tonta y perversa, subió por mi garganta, obligándome a gritar con la voz aguda y cortante que me sale cuando me cabreo de verdad. - ¡TU PEREZA DE MUJER TE VA A HACER LLORAR-UO! ¡DEBERÍAS HABER ESTADO CUIDANDO NIÑOS! ¡VAS A PAGAR POR TODOS-UO!- El grito rebotó en las paredes como un martillo en un yunque, y mi risa, esa sonrisa tonta que asoma siempre, se mezcló con la ira mientras caía preparado para la siguiente jugada.

Antes de besar de nuevo el suelo con los pies, giré la cintura con la precisión de quien conoce su propio cuerpo como una herramienta afilada y, en ese giro, recolocé cada músculo, cada protuberancia, como quien prepara las velas antes de una tormenta. Caí de pie, apoyando la cola un instante para amortiguar el choque, y sin darme tiempo a saborear la estabilidad, me lancé a correr otra vez, impulsado por una mezcla de rabia juguetona y esa sumisión extraña que siento hacia mis hermanos, que siempre esperan que yo haga el espectáculo. Desdoblé a la gigantona por su derecha y me coloqué a un metro justo detrás de la ella, sintiendo el calor de su sombra y el temblor de la tierra bajo sus pies gigantescos. Desde esa posición podía ver todo el campo de juego como si fuera un tablero y yo la ficha más molesta, observador y listo para moverme. Miré a todos los presentes, con esos ojos rojos que parecen sondear el alma de los demás como si buscara insectos entre la arena. Vi al mink leopardo acelerando hacia mí, los músculos tensos como cuerdas, su cara mostraba hambre, o prudencia, o tal vez ambas cosas mezcladas, y eso me agradó porque significa que el juego continúa. Sonreí con una sonrisa tonta y perturbadora que siempre me sale cuando mi diversión sube como una marea, y sentí en la garganta esa risita corta que significa que quiero más, mucho más. El pulso latía con fuerza contenida, y el eco de mis gritos y risa me pareció una música de fondo perfecta para la escena. Me incliné levemente hacia adelante, preparando mis hombros para cualquier embestida, mientras posicionaba mis brazos entre mis sienes, buscando protección. No buscaba matar por gusto, sino marcar territorio, recordarles a todos que no se juega con un gyojin que tiene lengua afilada y cola veloz. Y entonces, sin pensarlo demasiado, lancé mi grito en un estruendo que salió acompañado de risa. -¡VOY A ACABAR CON TODOS! ¡VENID CON TODO! ¡UOUOUOUOUO!- Una amenaza juguetona, violenta y sincera, porque cuando me cabreo, el mundo entero parece un tablero que merece ser barrido.

RESUMEN


BÉLICO


SIGUIENTE TURNO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 808 - 73 = 735
Energia: 736 - 14 = 722
Espiritu: 150 + 0 = 150
#30
El mundo seguía dando vueltas a su alrededor como si se tratase de un carrusel de la muerte, aciaga más bienvenida para aquel topo. Sus aliados seguían dándolo todo, el leopardo avanzó frente a él en dirección a la criatura a la vez que pudo percibir el aroma de la aterrada muchacha dirigiéndose hacia el monstruo que iba a su encuentro ¿Por qué lo hacía? No era momento de ponerse a indagar en la psique de esa mujer, solo esperaba poder salvarla. Antes de volverse nuevamente la victima de un ataque, Eros en su escasa inteligencia decidió que era momento para reponerse en donde mas seguro se sintiese. Así tendría tiempo para pensar, replegarse era una estrategia táctica y él debía hacer uso de todo a su disposición.

Inhaló por ultima vez el aroma del veneno, la sangre y la piel de la criatura antes de meterse bajo tierra nuevamente. Escarbó un túnel de aproximadamente un metro de profundo y usó el resto de su movimiento con su pequeño cuerpo entumecido para posicionarse tan cerca como pudo por debajo de donde sintió el retumbar de la caída del oponente.

Si bien Odeth estaba a seis metros de distancia, pudo percibir que el temblor en la tierra sucedió aproximadamente un metro por detrás cuando el oponente aterrizó. Quedó a dos metros de distancia de poder llegar a él, con un metro de profundidad entre ambos. Esos tres metros diagonales podrían ser un peligro, o una ventaja si Eros lograba respirar para reponerse. El enemigo despues de todo no sabía la posición de Eros, siquiera le estaba prestando atención y ello era una ventaja.

Era momento de tomar decisiones, pasase lo que pasase, en su siguiente momento lo daría todo. Sabía que no podía aguantar un golpe más de esa manera, debía ser duro y buscar el momento justo para golpear. Claramente el enemigo estaba preparando un ataque, quizás esa misma rotación total con la que lo había golpeado previamente, éste vez el topo sería precavido.

"Respira Eros, respira. Escucha, huele, siente."

El topo ciego confío en sus sentidos aumentados para buscar la apertura perfecta mientras su cuerpo entumecido poco a poco se recuperaba, la desorientación no obstante seguía ahí, pero ese era su secreto: El siempre estaba desorientado.

OFF ROL
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 383 + 3 = 386
Energia: 515 - 14 = 501
Espiritu: 87 + 0 = 87


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