Gwendolyn
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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Le gusta estar en la cubierta del barco, porque se mece con suavidad, mientras la briza del mar acaricia su rostro. Puede estar horas ahí, en silencio o tarareando una canción, tranquila por elección y obligación, aunque eso no se lo ha dicho a los demás. Las enseñanzas de la iglesia siguen ahí, aunque no se de cuenta, susurrándole el cómo debe ser, porque aquel que se llama demonio se ha ido, por lo tanto ya no necesita hacer malas acciones.
Aun así ha decidido dar un paso más allá. Piratas, esos que roban besos, corazones y zarpan por el mar. Se rió por lo bajo, dándose cuenta que muy lejos de eso no está, porque trae uno que no le pertenece consigo, cuidándolo con cariño.
El sonido de alguien acompañándola la hizo voltear, aunque no pueda verlo. Sonrió con suavidad y lo reconoció, son tonos, ritmos e incluso aromas que le dan pistas de quién es — Giyuu — lo nombró estirándose atrás, dejando colgada ligeramente parte de su cuerpo — Hace un buen día hoy ¿No? — pero seguro cuando partan, el mar traerá malas noticias, pero no tiene como saberlo. El futuro es incierto, por lo tanto se quedó con el regalo del presente, disfrutando de él.
—¿Saldrás a comprar? Rosse dijo que eras comerciante — se soltó finalmente y acomodó su ropa, para luego hacerlo con el cabello. Porque el viento se ha encargado de despeinarlo al jugar con él — ¡Conocí a otro! Me enseñó un par de cosas y pensé que sería bueno aprender, ya sabes… para no depender de la buena voluntad de los demás — de la caridad de otros, porque aunque la gente le ofrece cosas, una parte de ella se preguntó ¿Hasta cuándo pasará? ¿Y si no ocurre más? — Podrías enseñarme tú también ¿Qúé te parece? No… no puedo ver el valor de los billetes — se rió con suavidad — Pero seguro debe haber un truco para reconocerlos.
O quizás no, tal vez siempre necesitará de alguien más, aun así ¿No es mejor intentarlo a no hacerlo nunca? — Antes la gente creía que el mundo iba a aprovecharse de que no podía ver. Por eso me daban cosas — tocó su propio rostro, subiendo a sus ojos, esos que no funcionan y no lo harán nunca más — Pero… yo no creo que la gente sea tan mala como todos dicen.
Se sonrió con suavidad, avanzando con cuidado, usando su mano para encontrar puntos de apoyo — Así que… ¿Me dejarías acompañarte hoy? Tómalo como una ayudante — finalmente se encontró con el bastón que ha dejado en un punto específico para cuando tenga que necesitarlo — Rosse como le dice a Varo… ¡Su mano derecha! Algo así, pero con las compras.
Y con lo que venga a futuro.
Giyuu Ramhorn
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
60
40
12
12
43
40
19
30
0
53
Después de mi rutina mañanera de ejercicios y una ducha rápida, tomé mi bolso dispuesto a ir al mercado. Antes de zarpar quería vender todo lo que tenía y, si el día me sonreía, comprar buena mercancía para el viaje: provisiones, materiales útiles, quizá algún capricho que nos sirviera más adelante. Pero al subir las escaleras del barco hacia la cubierta, ahí estaba Gwendolyn. A pesar de su ceguera, me reconoció al instante; no sé si fue por mi olor, por el ritmo de mi respiración o por simple intuición, pero esa muchacha, sin duda, tiene una forma muy suya de ver el mundo.
—¡Hola, Gwendolyn! Por supuesto, el día está bastante bonito —le respondí con una sonrisa mientras la observaba acomodarse con esa calma que siempre la acompaña. —No puedo negar que me sorprende cómo siempre sabes quién se acerca a ti en el barco. —No lo dije con duda, sino con genuina curiosidad. Seguro tiene sus propios trucos, pero no puedo evitar sentir una profunda admiración por ella. Es una mujer fuerte, de esas que enfrentan la oscuridad con una sonrisa… y, de algún modo, siempre me recuerda a mi madre: viendo el lado bueno incluso cuando todo parece gris.
—Más bien saldré a vender —le respondí con un tono tranquilo, ajustando el bolso al hombro — Aunque claro, al final del día siempre termino comprando también. —Solté una leve risa, porque era verdad. —Mi familia ha tenido durante mucho tiempo el negocio del comercio de pieles, por eso sigo haciendo lo mismo, incluso estando lejos. —Porque lo que la familia enseña, uno no lo olvida, sea bueno o no, al final de cuentas, siempre terminamos usando aquello que alguna vez prometimos dejar atrás.
—Por supuesto que sí, ven conmigo —añadí, al ver su expresión curiosa —Siempre viene bien una ayuda cuando se está en el mercado. Y eso de que no puedas ver el valor de los billetes no es problema para que un ciego compre o venda, te lo mostraré. —Le di una pequeña palmada en el hombro. Todo tiene una razón de ser y un método para hacerse, y si algo tengo claro, es que incluso alguien como Gwendolyn puede entender eso mejor que muchos con los ojos abiertos.
—Yo no prometo darte cosas, pero puedo enseñarte a conseguirlas por ti misma —le dije con un tono sereno, sincero. Al principio, cuando supe que Roosevelt había permitido que una ciega se uniera a la tripulación, me pareció algo fuera de lugar, pero después, con el tiempo, vi su valor. Día tras día, comprendí por qué el capitán hace las cosas que hace, siempre hay un motivo detrás, aunque no lo parezca a simple vista.
—Sí, sé mi mano derecha en el comercio, Gwendolyn. Confío en que me ayudarás mucho —añadí con una sonrisa que, aunque ella no pudiera ver, se notaba en mi voz. Entonces, justo cuando tomó su bastón, le extendí la mano y la sujeté con cuidado. —Vamos, yo te ayudo a bajar del barco —dije finalmente, guiándola con paso firme mientras descendíamos hacia el muelle, el sol bañando la cubierta y el murmullo del puerto dándole la bienvenida a otro día de trabajo.
Gwendolyn
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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30
15
15
40
15
75
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—A vender, huh — porque no es lo mismo que comprar, pero es parte del intercambio del negocio. Es dar en busca de encontrar una recompenza del mismo valor. Sonrió, porque le recordó a viejos paseos en Karate que deseó revivir — ¡Oh! Familia — esa palabra que le trae alegría, siempre lo hizo, pero cada vez más. Porque lo que antes eran personas para no estar sola, ahora es gente que la aprecia más. Más, más, más, tanto como para con tan solo un pensamiento empaparse del aprecio y sacarle una risa suave que se escapa en el viento — ¿Cómo era tu familia?
¿Cómo es?
Es la pregunta que siempre hace, porque nada puede ver y poco conoce, pero mucho aprende, como si la ceguera la obligara a ir más allá. A avanzar a lados que los demás no tienen necesidad de observar ¿Cómo es el cielo? ¿Cómo será estar junto a una estrella? No solo es observar arriba y quedarse tranquila, porque el primer paso no puede hacerlo.
—¿De verdad crees que no es problema? — se sorprendió y juntó sus manos, para luego llevar el espacio que se forma entre ellos a su nariz, escondiéndola, mientras la palmada la hizo reírse, como si fuese el empujón necesario para saborear la idea y llevarla a cabo — Quiero… quiero aprender de este mundo. He escuchado que hay formas de conseguir cosas, la primera es por la fuerza — mostró una mueca de disgusto, porque incluso si poseyera esa posibilidad, no la tomaría — La segunda es con esfuerzo — pero ¿Hasta cuándo se consigue de esa manera? A veces parece que no es suficiente, que es camino que más piedras tiene — Y la última es con dinero.
Es el truco, ese punto que jamás ha considerado y que ahora aparece, tentándola a tomarlo.
—Claro que te ayudaré, en lo que necesites — subió sus brazos unos segundos, mientras los ánimos quizás se contagian — Menos… en algunas cosas, ya sabes — su mano libre, esa que no tiene el bastón, tocó sus ojos bajo la tela. No mostró ni un ápice de tristeza, simplemente se rió — Pero es lo de menos.
Se dejó guiar, fue obediente y demostró que se ha acostumbrado al barco, a la eterna oscuridad también. Todo es una rutina que repite, aunque en donde están ya no lo es, no lo conoce y el sonido a veces la confunde.
—¿Qué piensas vender? Oí que Varo vendía antes objetos antiguos ¿Será uno de esos? — porque aunque no quieran… todo se conecta, como si el estar juntos fuese una treta curiosa del destino. — Cuando iba a comprar y vender con alguien, siempre buscaba una razón para que el precio fuese menor. El problema es que yo no puedo ver esas cosas ¿Qué consejo me darías, Giyuu? — su rostro se ladeó y no dudó en tomarle el brazo para avanzar, incluso si sus alturas no son las más adecuadas para eso — Él me decía que cómo era la chica más linda que había visto, pues usara eso ¡Que era espectacular! — se rió al soltar eso, porque recordarlo le pone de buen humor, tanto como para que vea una faceta que aparece de a ratos en el mar, pero que se apacigua con la parsimonia que siempre carga.
—Pero suena a hacer trampa ¿No? Quiero que sea por mi, porque hice algo, no porque tuve la suerte de que mi rostro es de una manera — no quiso que sea un golpe de suerte o la bendición de Dios — Debe haber alguna manera en la que pueda lograrlo. Quizás practicar el don de palabra ¿Qué crees?
Se volteó como si pudiese verlo, pero sus ojos no se abrieron ni un centímetro.
—Necesito consejos de un experto.
Del hermano mayor que nunca tuve o el padre que no me crió.
Lo que tú quieras.
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