[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 1]
#31
¿De qué diablos está hecho ese monstruo? Nuevamente su bala no causa ningún efecto notorio. Tanto en la cabeza como en la cola ha sido inútil, al menos a simple vista. ¿Será que aquella peculiar habilidad giratoria también le otorga una resistencia más allá de la comprensión humana? Kiyoshi desconoce, pero ya empieza a impacientarse. Odia que sus balas no funcionen, pues significa que en el caso de que vaya a por él, no podrá hacer nada para defenderse. No podemos creer que físicamente podrá bloquear un golpe o parecido, porque ni chance. — Y esos tontos todavía no llegan.

El que tampoco llega hacia su enemigo es Kiyoshi, quien tras sus últimos movimientos, vuelve a avanzar. Es más, no se detiene. Cinco metros en diagonal, siempre siguiendo en línea recta al tonto de Uosan. Aquí es donde escucha las palabras de sus compañeros, quienes se esmeran en insultar al pobre monstruito. Si bien Kiyoshi es alguien que trata de tonto a todo el mundo, cree que sus compañeros se están pasando un poco. Y es que claro, desconoce si tienen un plan oculto o algo por el estilo. Simplemente no conoce la forma de ser de nadie aquí.

— No hagan tanto ruido, tontos, ¿no ven que me desconcentran al apuntar? — Un regaño que va tanto para los suyos como para Uosan, quien grita amenazas como si no hubiera un mañana. ¿Es que acaso nadie en este lugar sabe guardar la compostura? ¿Tanto es pedir que se comporten como personas medianamente civilizadas? El rostro del médico solo expresa más y más molestia, aunque no puede verse mucho debido a la mascarilla que siempre usa. Aunque al ver sus ojos debe ser más que suficiente.

Tras dar los pasos correspondientes, da un salto que le permite ir aún más al frente, cuatro metros para ser específicos. Ojalá pudiera seguir y entrar en rango para disparar, pero recordemos la debilidad física que tiene este hombre. Cuando corre y se mueve mucho, como en este momento, su pecho se agita. Se eleva y contrae constantemente al igual que tose dos veces. Su respiración también se acelera y le obliga a frenarse, situándose frente a frente. Pero lejos aún, pues comparado con él, Uosan realmente es un portento físico.

Para peor, la gigante que hasta ahora no ha estado apartada de la acción, es la víctima del enemigo. Nuevamente Uosan enseña esa capacidad giratoria que no deja de llamar la atención de Kiyoshi como médico, aumentando en él deseos de examinar su cuerpo para llegar a alguna conclusión de cómo eso es posible —pues no ha llegado a su cabeza el pensamiento de que pueda ser una Akuma no Mi—, así que ojalá se pudiera dar la oportunidad. — Soy un tonto pensando esas cosas, primero debo ver cómo salir vivo de aquí.

— ¿Un escudo humano? — Aunque no debería llamar humana a Odeth. — Solo eres un tonto cobarde. — Finalmente, la distancia que lo separa del rival de turno es de 22 metros. Está demasiado lejos.

— No seas tonto. Si quisieras matarnos, ya lo habrías hecho en este encierro. No engañas a nadie, tonto. — No busca provocarlo como el resto, es solo que Kiyoshi habla así… — Ya haz algo o dinos cómo salir de aquí. Debo ir a trabajar o romperé mi contrato. Si luego no me pagan, me enfadaré. — Llama contrato a ser compañero pirata de Los Olvidados. No le gusta llamarse pirata a sí mismo, así que solo dice que presta servicios médicos a ellos como a cualquier otra persona.


OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
#32
Atributos Personaje


Intente separarme algunos metros de el ya que venia hacia a mi , unos dos metros. Justo oi el grito hacia dos de mis compañeros que estaban en el mismo sitio que yo.
Antes de ver su cola, mi mano, en forma de puño intento dirijirse a el para poder darle. justo cuando se giraba para hablar, le di , conseguí darle.
Pero noté su golpe también y caí; fue como si el mundo me escupiera fuera de su eje. Caí al suelo con un ruido seco, el aire escapando de mis pulmones en un gemido breve. Por un instante, todo fue silencio, un eco sordo en mis oídos que sólo dejaba espacio para el latido de mi propio corazón. Lo miré desde abajo. 
Sus palabras me atravesaron sin dejar marca. Ya no dolían. Me habían dicho cosas peores, me habían hecho sentir menos que nada, y aun así seguía aquí, respirando. Las palabras... solo eran aire. Y yo ya estaba acostumbrada a ese tipo de comportamientos; la crueldad ajena y familiar se había convertido en una melodía de fondo que aprendí a ignorar.
Pero la impotencia pesaba, una losa fría sobre mis hombros. No podía hacer nada… o al menos, eso creía. Cerré los ojos por un segundo y lo pensé, con la garganta apretada:
—¿Capitán Ash...? ¿Dónde estás? —susurré casi sin voz—. Los extraño a todos… quiero irme con mis nakamas.
El recuerdo de sus rostros me dio la fuerza que necesitaba. Me incorporé lentamente, sintiendo cómo cada músculo protestaba con un ardor punzante. El dolor era real, pero también lo era mi decisión.
Levanté la vista, fijé mis ojos en aquel asqueroso ser y, antes de avanzar, escupí las palabras como una bofetada:
—Estoy acostumbrada a mierdas como tú. Si te crees que me vas a dañar el ego, lo tienes claro... zarrapastroso de mierda.

La insulté sin rastro de duda; las palabras me calmaron. Luego, sin pensarlo más, eché a correr hacia él felino para poder acercarme a aquellos seres que me acompañaban y que obviamente pareciamos todos estar en el mismo bando. Mis piernas se movían solas, impulsadas por algo más fuerte que el miedo o el dolor. No me importaba el riesgo. No me importaba caer otra vez. Lo único que quería era demostrar que seguía en pie… que aún no había terminado.

  resumen



 
estadisticas- 5%
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 667 - 100 = 567
Energia: 652 + 0 = 652
Espiritu: 51 + 0 = 51
#33
Poco a poco, los esfuerzos comienzan a dar resultado. Tal vez esté jugando con fuego, pero si los demás están dispuestos a luchar con todas sus fuerzas, ella no piensa quedarse atrás. Dos disparos resuenan a lo lejos, que no logran más que molestar a Uosan, pero siguen siendo aportes más valiosos de lo que Mahou puede hacer en su estado actual. A eso se suma el regaño del doctor mono (Kiyoshi), ante el cual no duda en replicar con un gruñido — ¡Él empezó-uki!

Realmente no logró hacer otra cosa que no fuera acercarse durante todo el encuentro. Quiere provocarlo, atraer su atención, no teme a ser el blanco de su furia, pero Uosan no se detiene por nada, es un movimiento astuto, aunque Mahou lo interprete de otra manear. — ¡Hablas demasiado, mono con cabeza de berenjena, pero no has hecho más que huir de mí-ukiki! — suena irónico, porque ella tampoco ha parado de hablar desde que se golpeó la cabeza en su aterrizaje. Su cola azota el aire de un lado a otro remarcando su impaciencia, aún con el peso del dolor en su cuerpo siente su pulso acelerado y los músculos tensos. No solo su paciencia comienza a agotarse, sino también la de Uosan en cierta forma, y esto la motiva. No niega la inmensa fuerza de su oponente que podría hacer valer sus amenazas en cualquier momento si así lo desea, pero eso no significa que Mahou vaya a dejarse amedrentar, ni ahora, ni nunca. Porque si empieza a dudar de sus propias capacidades, entonces perderá. 

Asi que, una vez más, se impulsa con fuerza golpeando el suelo con sus pies para dar otro salto hacia el mono leopardo (Kibai), esta vez abarcando más distancia gracias a la inercia acumulada. Siente como el viento le revuelve el cabello, y agita su cola para mantener el equilibrio al caer. 

resumen


bélico


karmas
Mahou Chikao
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#34
Mientras el suelo rocoso se deslizaba bajo sus poderosas zancadas, la mente de Kibai funcionaba sin parar, de tal manera de que si alguien mirase a través de su cráneo, casi podría ver las chispas saltando de sus neuronas.

"Vale, Kibai, cálmate. Repasemos todo lo que hemos observado hasta ahora. El enemigo es un Usuario, parece que es capaz de torcer y hacer girar su cuerpo, de modo que debe de ser una Paramecia. Es fuerte, demasiado fuertecomo para atacarlo de frente. Y también es ágil, incluso más que yo corriendo a toda velocidad..."

El mink se sacudió la cabeza, con cuidado de que la hoja de Raimei, cuya empuñadura seguía firmemente encajada entre sus dientes, no rozase el suelo con el movimiento.

"Pero no todo puede ser malo. Aunque finja no inmutarse, tanto el humano como el birkaniano le han disparado varias veces, y ese topillo también le ha golpeado, todos esos ataques han tenido que irle haciendo daño por fuerza. No deja de ser alguien mortal, por muchas capacidades que haya demostrado, sangra igual que cualquiera. Si conseguimos seguir desgastándolo, haciendo que vaya de unos a otros mientras le seguimos golpeando acabará por caer."

No obstante, en un rincón de su mente, una vocecilla interna le recodaba a Kibai que aquel plan tenía un fallo, o más bien un gran dilema. 

Conseguirían hacerle el suficiente daño antes de que aquel monstruo los eliminase a todos? 

Procurando apartar esos pensamientos de su mente, Kibai se enfocó en la enorme mujer Oni que tenía enfrente, la cual había recibido un ataque del ser y continuaba corriendo en su dirección.

"Pobrecilla, su tamaño la hace un blanco demasiado lento y fácil" pensó el mink. "Además, parece incapaz de usar su arma por algún motivo."

Sin embargo, justo cuando aquellos pensamientos se materializaron en su mente, una luz, una tenue y débil luz de esperanza se le apareció a Kibai. Un plan tan descabellado, que tal vez, solo tal vez, pudiese llegar a funcionar.

El mink resistió la tentación de soltar una carcajada que hubiese alcanzado un punto agudo de locura mientras redoblaba su ritmo, dando un gran salto hacia la joven Oni, enfilando su dirección para usar su enorme cuerpo y las holgadas vestiduras a modo de cobertura .

"Contramaestres, si esto sale bien y vuelvo con la División 84, os pienso exigir una maldita medalla..." 

RESUMEN

BÉLICO


Stats con debuff
[Imagen: gvCFAP2.png]
#35
Las amenazas de Uosan retumbaron en los adentros de mis oídos como tambores que presagian la llegada de una catástrofe, un sentimiento indescriptible recorrió todo mi cuerpo como un escalofrió gélido que anunciaba peligro, aun así no me detuve, mi cuerpo se movía ignorando por completo ese sentimiento, la cara de esa señorita, no podía abandonarla a su suerte, sin embargo todos mis esfuerzos para desviar su atención hacia mi fueron en vano, el se acerco a la señorita y aunque ella trato de defenderse el mounstro dando un giro en el aire le propino un gran golpe en su bello rostro.

-tch- ~Maldición, no sirvieron mis provocaciones, ese hijo de puta, como se atreve a atacar a alguien que esta huyendo~

Con un rápido y ágil movimiento el gyojin se posiciono detrás de la oni como una sucia rata, al percatarme del movimiento del gyojin, di un salto en dirección hacia el muro este para no perderlo ni un segundo de mi vista, era importante descubrir su debilidad si quería salir vivo de este lugar. 

Con un respiro profundo y aun con la sensación de mi rifle en las manos, fije mi mirada atreves de la mirilla, mi vista se clavaba a su ser como si de una misma bala se tratase, el mundo a mi alrededor se nublaba y lo único que miraba era mi objetivo, repase con la mirilla cada una de las partes del cuerpo de este ser, buscaba algo, un indicio, una pista, lo que fuera que me ayudara a poder derrotar a ese mounstro. 

~Concéntrate Einarr, fija el objetivo, lo único importante en este momento es derribarlo, ¿Pero como?~ En eso un brillo antinatural lleno mis cuencas, un brillo celeste y cristalino iluminaba el cuerpo del Gyojin.

~¿Que es eso?, no parecen ser joyería, deben de ser parte de su cuerpo, ¿Sera algo importante?~ Analicé las gemas de su cuerpo con sumo detalle y trace un plan.

Me posicione cerca del muro este mientras seguía con la mirada fija al Gyojin, aproveche para recargar mi arma, de reojo logre divisar como la gigante se dirigía en dirección al mink que asumía continuaba moviéndose hacia ella, con el camino despejado apunte directo a la gema central del pecho de Uosan, tenia claro que con su velocidad era probable que lo esquivara con facilidad, aun así mi objetivo no era dañarlo.

~Esta cosa se la a pasado recibiendo balas como si fueran piedrecitas, pero si esas gemas tienen alguna función vital para el, por puro instinto intentara protegerlas~ Fue la hipótesis que surgió en mi cabeza al momento de apretar de nuevo mi gatillo contra el, no estaba seguro si acertaría, pero por lo menos esperaba conseguir información en este disparo.

-Quien diría que alguien que alardea de su superioridad tenga que esconderse detrás de una mujer para sentirse seguro- Volví a tratar de llamar su atención para intentar que dejara a la señorita en paz y viniera por mi.

Resumen


Bélico


Karmas utilizados

#36
No me fijé en que, cuando me preparé para darle mi propio puñetazo, ella ya tenía el brazo tensado y el puño listo, y por ello el impacto vino como un encontronazo seco que, sorprendentemente, apenas dejó marca en mi piel dura. No sentí el golpe ni siquiera como una molestia, la sentí como si fuera una especie de cosquilleo que recorrió las protuberancias de mi torso y me sacó una mueca media divertida y media enfadada. En cambio, el golpe que lancé con la rabia contenida por mis hermanos y la intención de demostrar quién manda, le perturbó el equilibrio por completo. La vi tambalearse, los ojos enormes perdiendo foco por un instante, y luego su enorme cuerpo cayó al suelo con un estruendo que hizo vibrar el polvo bajo mis pies. La sensación de poder fue inmediata y burbujeante, como si algo dentro de mí se hinchara y me hiciera creer que era capaz de partir rocas con la punta de un dedo. Tal vez es que yo era extremadamente fuerte, o al menos eso sentí, una certeza que me hizo sonreír tonta y peligrosamente, o tal vez ella, a pesar de su tamaño de gigantona, era en realidad una soberana debilucha que había engañado a su propia estatura con falsa solemnidad. Miré su caída y noté que el silencio que siguió tuvo la textura del asombro; algunos ojos se abrieron como platos, otros bajaron la mirada con vergüenza, y yo me permití reírme, una risita aguda que sabía a triunfo y a infancia. Ni siquiera me acerqué a ella. No me moví de donde estaba, pero dirigí a ella con voz burlona. -Mujer y débil. Parece ser que algunos dioses sí castigan dos veces-uo.- La frase salió filosa, machista y provocadora, exactamente lo que quería para incendiar la escena y recordarles a todos quién tenía la lengua más afilada y la cola más rápida.

Mientras se incorporaba con ese gesto torpe que la hacía parecer más enorme y menos peligrosa a la vez, soltó una palabra que retumbó con gracioso veneno: "zarrapastroso de mierda". Arqueé una ceja, más por pura curiosidad que por ofensa. ¿Qué demonios querría decir "zarrapastroso"? No lo sabía pero la entonación y la rabia en su voz me dijeron todo lo que necesitaba: era un insulto dirigido a mí, y los insultos sirven como combustible para ciertos juegos que mis hermanos disfrutan cuando me vigilan. Dejé que un retazo de sonrisa tonta se curvara en mi boca, esa misma que a veces asusta a los demás, y noté cómo la sangre me empezaba a hervir con la precisión de una caldera a punto de pitar. Ella dio media vuelta y, con sorprendente poca rapidez para alguien de su tamaño, comenzó a huir. Dos metros fue todo lo que tardó en intentar buscar refugio entre las sombras o entre el resto de mis presas, como si creyera que la distancia curaría su orgullo. No contaba con mi temperamento ni con mis piernas, ni por supuesto, con mi velocidad. Sentí el impulso animal de perseguirla: no por necesidad de aplastarla hasta el silencio, sino porque la escena pedía una lección clara, un recordatorio de que provocar a un gyojin suele acabar mal para el provocador. Alcancé velocidad con la soltura de quien ha corrido mil veces por terrenos irregulares; cada zancada levantaba un pequeño abanico de polvo que se pegaba a mi piel azul. Cuando estuve a un metro de su espalda, todo se volvió cuestión de gesto y tiempo: giré mi torso sobre la cintura con la suavidad implacable de una ola que decide romper en un punto preciso, y preparé el puño derecho como si fuera la punta de un arpón, cargándolo con la inercia de mi propio cuerpo para que el golpe no fuera sólo fuerza sino propósito. Apunté a la zona lumbar, buscando un impacto que la hiciera doblar la voluntad antes que el cuerpo, para que entendiera que burlarse de mí tiene consecuencias prácticas, no solo palabras.

El golpe la mandó directo al suelo, con un ruido seco que me resultó tan satisfactorio como el estallido de una burbuja en el agua. Su cuerpo se desplomó hacia adelante, las manos tratando inútilmente de amortiguar el impacto, y por un instante pensé que había terminado todo; pero el aire a mi alrededor cambió. Una vibración cortó la calma, ese zumbido agudo y reconocible, y antes de poder girar del todo, sentí el impacto en el pecho, justo en la gema celeste que centelleaba en mi piel. El disparo no fue tan potente como el que un gyojin de guerra podría temer, pero sí lo suficiente como para dejar una marca en mi orgullo. Cuando mis ojos se alzaron hacia el tirador, lo vi: el alado que había golpeado antes, con las plumas desordenadas y la mirada llena de ese valor torpe que da la estupidez o la desesperación. Escupió palabras que, para mi desgracia, sí entendí perfectamente. Dijo que sólo me sentía seguro escondiéndome detrás de una mujer. Una mujer. Otra vez esa palabra, dicha con el mismo filo inútil con el que un pez pequeño intenta intimidar a un tiburón. Sentí la rabia colarse por mis venas, esa furia caliente que se mezcla con una risa que no se puede contener. Sonreí, dejando que mis labios se estiraran hasta mostrar los dientes, esa mueca que algunos llaman sonrisa tonta y otros simplemente evitan mirar. Extendí los brazos lentamente, como quien ofrece el pecho al destino mismo, y mi voz, aguda y burlona, se elevó entre ellos. -¡Vamos entonces-uo! Si piensan que una piedra lanzada puede tumbar a una corriente, los invito a probar todos juntos. ¡Golpeadme-uo!- —dije, abriendo los brazos de par en par. Quería ver si eran capaces de más que palabras. Quería sentir si alguno merecía llamarse enemigo.

Cada vez los veía más cerca, esos rostros deformados por el esfuerzo y la rabia, moviéndose como si creyeran tener alguna posibilidad. Pero dentro de mí sólo había una certeza fría y arrogante: ninguno de ellos era rival para mí. Mis ojos rojos se clavaron en sus figuras, observando los detalles mínimos de su torpe coordinación: los pasos desacompasados, las armas mal empuñadas, las miradas llenas de miedo disfrazado de valor. Todo eso me resultaba... divertido. Sí, esa era la palabra. Divertido. Como ver a un grupo de crías jugando a ser cazadores cuando ni siquiera saben distinguir el olor de la sangre en el agua. El aire a mi alrededor vibraba con la tensión de la batalla, el suelo temblaba bajo los pasos de los idiotas que venían a intentar su “gran ofensiva”, y yo simplemente me quedé de pie, relajado, sin una pizca de miedo. No tenía la menor intención de moverme ni un paso atrás. ¿Para qué? Sería insultante para mi orgullo. Me limité a reír, esa risa aguda y molesta que siempre irrita a los demás, dejando que resonara entre los gritos y los pasos apresurados. -Estoy seguro que aunque no levante un solo brazo, aunque me quede quieto como una roca, no podrían ni siquiera tirarme al suelo-uo.- Sentí una oleada de fuego recorrerme el pecho, no por la adrenalina, sino por la emoción de ser el centro de esa escena. La sangre de mis venas hervía con superioridad, mi cola se movía lentamente de un lado a otro, marcando el ritmo de mi provocación. -¡ESTE ES EL PODER DE LOS SAKANA! ¡UO UO UO UO!- Grité con el pecho inflado, dejando que el eco retumbara en el aire. Mis palabras eran una declaración, una burla y una invitación a la humillación. Que vinieran. Que probaran suerte. Ninguno saldría intacto.

RESUMEN


BÉLICO


SIGUIENTE TURNO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 735 - 38 = 697
Energia: 722 - 109 = 613
Espiritu: 150 + 0 = 150
#37
Tras unos segundos pudo sentir como su cuerpo se sentía nuevamente hábil de responder con la presteza que la situación lo requería, podía escuchar rebotando entre las cavidades del pequeño hueco que había cavado anteriormente como el bicho hablaba condescendientemente contra la muchacha que previamente estaba agazapada en un rincón. Ciertamente parecía tener algo personal en contra de las mujeres, Eros por su parte no lo comprendía ¿Qué tenía que ver el género en un combate? O eres fuerte, o eres débil. Finalmente escuchó el retumbar de una caída, ¿Sería acaso el momento de atacar? La paciencia se le estaba agotando a Eros pues la verdad era una: Ese pescado no se callaba. Era incesante su chachara, y eso que el sepulturero era alguien que tendía a hablar de más por su nerviosismo.

Apenas sintió el impacto de la muchacha contra el suelo, se movió dos metros y medio más por debajo del suelo finalmente emergiendo de las tinieblas subterráneas con un salto que se movería exactamente a cincuenta centímetros de la espalda de la criatura para abalanzarse contra su cuello en un movimiento diagonal que buscaría aferrar sus garras con fiereza alrededor del cuello del mismo, precisamente rodeando sus patas por debajo de sus cervicales y clavando sus garras contra su glotis cortando sus vías respiratorias.

Efectivamente el enemigo podía girar, ¿Más podría contorsionar sus articulaciones dislocándose para sacarse al topo que ahora estaba buscando asfixiarlo con la fuerza de sus patitas a todo lo que daba? Era un rodeo, y él topo de 25 centímetros no se achicaría por más que ese cuello girase, y girase.

Los musculos del pequeño animal se tensaron con fiereza endureciendo su cuerpo para resistir un embate consciente de lo que la criatura era capaz no solo debido a su fruta del diablo, sino también su cola. No obstante, Eros era alguien que debía proteger, y debía poner su cuerpo para ello pues era la única forma que concebía. Así su vida resultase marchita en el proceso, estos desconocidos merecían vivir y él daría todo para que así fuese.

Sabía que el gyojin podía usar su cola, y de hecho, así lo esperaba preparándose para lo peor. Cada segundo contaba, cada oportunidad era una ventana de esperanza y ante todo: Su voz ya le estaba haciendo doler la cabeza, el mundo le seguía dando vueltas y aun estaba mareado aunque cada vez recuperaba poco a poco el sentido del tiempo y espacio.


OFF ROL
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 386 + 3 = 389
Energia: 501 - 14 = 487
Espiritu: 87 + 0 = 87
#38
Atributos Personaje


Caí al suelo y reboté después de aquel golpe; la espalda me ardía como si me hubieran marcado con hierro. No grité, pero dolió, dolió de verdad. Me quedé ahí un segundo mirando el polvo, la luz me hacía trazos en la vista; sentí que el mundo giraba y que todo estaba demasiado lejos. Detrás de él, encogida, miré a mis compañeros con los últimos retazos de fuerza que me quedaban; uno se había subido encima, intentando asfixiarlo, como si su peso pudiera rematar lo que yo no pude. Ver eso me encendió, fue como echar gasolina a algo que ya estaba ardiendo.
La furia me alcanzó de golpe: un calor brutal que empezó en los dedos y subió por la columna hasta la nuca. La rabia no era solo por el golpe; era por la humillación, por ver sus ojos burlándose mientras yo caía. —Hijo de la gran puta— escupí entre dientes, y la palabra me salió áspera, corta, como un latigazo. Me incorporé torpemente; el mundo daba vueltas pero dentro de la cabeza todo estaba clarísimo: o lo sacaba de ahí o los dejaba con la vergüenza pegada al cuerpo.
Corrí hacia él por detrás con paso pesado, sintiendo cada músculo encenderse y el aire golpeándome la cara. Me lancé y me enganché a él como si fuera lo único que tenía; agarré sus brazos, su cola, sus piernas entre mis brazos como un abrazo que quiere ahogar. No era cariño; era guerra. Su piel bajo mis manos y cuerpo estaba áspera y caliente, y por un segundo pensé en cosas antiguas que me hicieron así: manos que no aflojan, lecciones que marcan. Le apreté con toda la fuerza que me permitía mi tamaño;
—Muérete, asqueroso ser— le dije al oído o a la nuca, no sé, la rabia me salió en monosílabos. No supe si me escuchó, pero las palabras salieron como saliva y fuego. —Vete al infierno, que es de donde vienes—. Las escupí con asco, con la intención de que cada sílaba le picara la piel. Luego, como si no bastara, le solté algo más, filoso y frío: ;espero que despues de esto friegues todo el suelo de lucifer con tu lengua.

  resumen


estadisticas- 5%
#39
Los ojos de Kibai se agrandaron al ver como el rostro de la joven Oni, que había caido al suelo con un leve quejido ante el ataque de aquel ser se crispaba en una mueca de absoluta furia. Casi pareció perder su humanidad. Las pupilas le desaparecieron y casi le pareció ver colmillos saliendo de su boca cuando su mandíbula se tensó, deformando sus facciones a una máscara de ira. La joven se incorporó, dándole la espalda al mink para enfrentar al gyojin, el cual ahora se carcajeaba a todo pulmón, alardeando de su fuerza mientras se golpeaba el pecho, recordándole a Kibai alos jóvenes Mink gorila que se peleaban en Zou por ver quien aguantaba más tiempo sobre una roca en medio de un río.

Nunca le habían caído bien aquellos malditos simios.

La joven Oni parecía compartir su opinión, porque tras soltar una maldición, se arrojó a por aquel monstruo, abrazándose a su espalda y rodenadolo con todo su enorme cuerpo, como si pretendiese triturarlo todos los huesos del cuerpo con un abrazo de oso a la vez que su boca no dejaba de escupir insultos sin parar hacia su adversario.

Al quitarse de en medio de la línea de visión de Kibai, este advirtió una cosa más. Alrededor del cuello de aquel ser, el pequeño topillo se aferraba con decisión a su cuello, apretando todo lo que podía el gaznate de su rival cortando su flujo de aire. Y entonces, mientras observaba por el rabillo del ojo como los tanto el birkaniano como el humano apuntaban sus rifles hacia el monstruo, Kibai lo comprendió.

Aquello era la apertura que necesitaban.

Redoblando sus esfuerzos, el mink se lanzó hacia delante, notando como sus extremidades le quemaban por la acumulación de ácido láctico y su mandíbula amenazaba con acalambrarse de suejtar con tanta fuerza la empuñadura de Raimei.

"Esta es la nuestra, tiene que ser esta... Maldita sea, TIENE QUE SER ESTA."

El mink se plantó de un último salto a apenas dos metros de su rival, abriendo por fin las mandíbulas para dejar que la empuñadura de Raimei volviese a caer suavemente en su mano, mientras sus ojos se entrecerraban con una repentina frialdad calculadora. Su acecho había terminado, tocaba cazar. 


Contenido Oculto


RESUMEN

BÉLICO

Stats con debuff
[Imagen: gvCFAP2.png]
#40
Atributos Personaje

Una vez más, el enemigo hace un espectáculo de su poder, en donde cada intercambio de golpes entre él y la gigante sacude el suelo, y la balanza se inclina inevitablemente a favor de Uosan. Con un fuerte estruendo que sacude el suelo, la Oni yace en el suelo. Si ni la mona gigante, ni el mono leopardo, ni el mono topo pudieron contra él cara a cara... ¿Qué esperanza podía quedarle a Mahou? Cuando piensa en ello, es cuando lo oye — Mujer y débil. Parece que algunos dioses sí castigan dos veces-uo. — Otra provocación entre tantas, pero que es suficiente para que Mahou muerda el anzuelo sin pensarlo, apretando sus labios con los dientes y agitando su cola violentamente. 

La gigante vuelve a ponerse de pie, buscando mantener distancia, pero Uosan no le da tregua en una persecución que culmina en un disparo que corta el aire e impacta contra la gema en su pecho. Mahou esperaba un rugido de furia, pero en lugar de eso, él se abre de brazos y lanza un desafío para todos, lo que solo puede significar una cosa... ¡La oportunidad que tanto esperaba ha llegado!

El corazón de Mahou late con fuerza, su adrenalina sube como fuego en sus venas, y ella no es la única que lo entiende, porque el mono topo reaparece para aferrarse al cuello de Uosan, intentando contenerlo, mientras la Oni se alza de nuevo, ahora consumida por la ira, y lo busca atrapar aprovechando su fuerza y tamaño. La emoción de la batalla es contagiosa, que hasta incluso el mono leopardo adopta una postura más agresiva. Mahou cree que su momento está cerca.

Intenta alzar su martillo con ambas manos... pero apenas logra levantarlo unos centímetros antes de sentir un tirón en los músculos. Un dolor que le atraviesa los brazos como un relámpago, es una advertencia de su cuerpo diciéndole que necesitará todo lo que le queda de fuerza si quiere usar esa arma, y quizás... solo tenga una oportunidad para hacerlo. Con un gruñido de frustración, enrolla la cola alrededor del martillo para liberar sus manos, porque las necesitará para lo que planea hacer.

Esta vez no dice nada, no serviría seguir gritando si su oponente se empeña en no escuchar a las mujeres. Pero eso no significa que vaya a quedarse callada, porque la palabra 'silencio' no existe en su vocabulario. Así que, en lugar de palabras, deja escapar un sonido salvaje como un aullido de un verdadero mono para descargar la emoción que la consume mientras salta hacia adelante yendo tras Kibai, que también tiene su destino en dar con Uosan.

- ¡UH UH UH!

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