Presente Relativo/ [Entrenamiento] Reclutas
#1
48 de Otoño Año 16.
South Blue.
Baterilla/Base de la Marina-Campo de Entrenamiento 
Hora 6:48 AM

El mundo aún estaba pintado en tonos de gris y púrpura cuando la primera luz del alba comenzó a besar el horizonte de Baterilla. El aire era fresco, preñado de la humedad de la noche y del aroma limpio y salado del mar en calma. La base de la Marina dormía. El único sonido era el lejano murmullo de las olas rompiendo contra la costa y el ocasional grito de un pájaro marino madrugador. Era una paz profunda, el tipo de silencio que precede a la acción.

En este lienzo de quietud, una montaña se movió.

La figura de Develio Torum emergió de las sombras del edificio de alojamientos, su paso un retumbar sordo y rítmico que era la única percusión en el silencio matutino. Llegó primero, como siempre solía hacer. La puntualidad, para él, no era una virtud, sino una necesidad táctica. Llegar antes significaba comprender el terreno, eliminar las variables desconocidas, prepararse.

El campo de entrenamiento se extendía ante él, un mosaico de oportunidades y peligros potenciales. Era, como había observado anteriormente, una instalación sorprendentemente completa para una base tan modesta. A su izquierda, una amplia zona de tierra batida anaranjada, salpicada de maniquíes de entrenamiento de madera con los torsos marcados por innumerables golpes. A su derecha, un profundo foso de arena para ejercicios de agilidad y combate en terreno inestable. Al fondo, un imponente muro de obstáculos de madera y cuerda se alzaba como el esqueleto de una bestia prehistórica. Y dispersa por todo el lugar, una colección de equipamiento pesado: esferas de piedra de varios tamaños, enormes pesas de hierro que parecían anclas de barcos pequeños y troncos de palmera pulidos para ser usados como barras.

Develio no vio un gimnasio. Vio un laboratorio.

Comenzó a caminar por el perímetro, un lento recorrido de inspección. Sus enormes botas se hundían ligeramente en la arena, y evaluó su densidad y la resistencia que ofrecería al movimiento. Tocó uno de los maniquíes de madera, notando una grieta cerca del cuello; un punto de fallo estructural. Su mirada recorrió el muro de obstáculos, no pensando en cómo superarlo, sino en los ángulos de caída y las probables lesiones por impacto: fracturas, esguinces, laceraciones por astillas.

Cada pieza del equipo era, en su mente, una causa potencial de un efecto que él tendría que tratar más tarde.
Terminada su inspección, se detuvo en el centro del campo de tierra batida. Era hora de prepararse. Lentamente, con la deliberada gracia de un glaciar en movimiento, comenzó a estirar. No eran los estiramientos rápidos y enérgicos de un hombre normal. Eran movimientos profundos, sostenidos, que parecían hacer crujir el propio aire. Inclinó su torso masivo, sus manos del tamaño de escudos casi tocando el suelo. Giró su cuello, un movimiento que produjo un chasquido sordo como el de rocas asentándose tras un corrimiento de tierras. Para un observador, sería como ver a una criatura geológica despertando de un largo letargo.

Una vez que sus músculos estuvieron listos, se sentó en la base de piedra del arsenal, la única estructura que parecía capaz de soportar su peso sin quejarse. De su bolsa, sacó su pipa de Elbaf. El ritual era el mismo: llenó la cazoleta de roca de lava con su tabaco con aroma a mango, y con un simple movimiento de pedernal, la encendió. La primera calada fue larga, profunda. El humo denso y aromático se arremolinó en el aire frío de la mañana, un cálido y exótico contraste con la esterilidad del campo de entrenamiento.

Con la pipa entre los labios, esperó. El sol ahora se alzaba claramente sobre el mar, bañando la arena anaranjada en una luz dorada y proyectando su sombra colosal a lo largo de todo el campo de entrenamiento. Su mente ya no estaba en la preparación física. Estaba en el análisis.

El combate de hoy no era una prueba de dominación. Era un procedimiento de diagnóstico. ¿Cómo reaccionaría Akira bajo presión? ¿Usaría su agilidad para evadir, o su sorprendente intensidad para atacar directamente? ¿Cuál era el umbral de dolor real de Juan Sebastián siendo un gyojin? ¿Hasta qué punto podía confiar en la dureza de su caparazón? Y él mismo... ¿cómo de bien podría controlar su cuerpo contra combatientes más pequeños y ágiles?

La brisa matutina levantó un poco de polvo a sus pies, no era silencioso, por suerte se encontraba algo lejos del resto de dependencias. Develio exhaló un anillo de humo perfecto que flotó y se disipó sobre el terreno vacío. No estaba esperando una pelea. Estaba esperando a sus pacientes. La consulta estaba a punto de comenzar, y el lenguaje de hoy sería el del combate. Estaba listo.




OFF
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#2
Todavía no se habían despertado ni los pájaros cuando Akira, aún con algo de sueño, abrió un ojo acompañado de un bostezo. La alarma le había sonado y casi de manera instantánea la apagó de un manotazo. No era un chico madrugador, pero la situación era perfecta para despertarse con toda la energía del mundo. Aunque seguía sin entender porqué tan pronto. Tenían entrenamiento en su agenda, podrían haber entrenado en ese momento. Aunque quizá no con la misma libertad, tal vez ese era el motivo por el que estar allí, en el campo de entrenamiento, a tan cortas horas de la mañana. Se levantó, se lavó la cara, y sin apenas darle tiempo a desayunar echó a correr al punto de encuentro mientras todavía se terminaba de poner la camiseta. Si cualquier superior le veía vistiéndose por los pasillos le caería una sanción buena, pero no le quedaba tiempo, habían quedado a las 7am.

Respiró profundamente con los ojos cerrados, sus pulmones se hincharon a su máxima capacidad y se deshincharon lentamente. Mentalmente estaba listo, físicamente le faltaba estirar. De pronto, pudo escuchar aquel retumbar de pasos tranquilos y rítmicos en la lejanía, Develio. Veloz como un rayo atravesó todo el edificio donde dormían y llegó al campo de entrenamiento. Era tan temprano… La isla era calurosa, pero a esas horas se podía apreciar una ligera brisa agradable. Las hojas de los árboles bailaban con suavidad y el cielo, de colores púrpura y naranja empezaba a dejar que se asomara el sol. Era un buen día. Era el día de las tortas.

Los maniquíes de madera se encontraban a la izquierda, el foso de arena para ejercicios de agilidad y combate en terreno inestable a la derecha, y al fondo, un enorme muro de obstáculos de madera y varias cuerdas. Se acercó con calma y decisión al lado de su amigo, que estaba sentado en una piedra del arsenal enorme, y le puso su diminuta mano en la pantorrilla una vez terminó de estirar—. Buenos días amigo, ¿Juan aún no ha llegado? He visto que estabas estirando, ahora me toca a mi… ¿Llevas aquí mucho tiempo? —expresó Akira con curiosidad viendo como la sombra de su amigo casí hacía caer la tarde sobre el campo de entrenamiento. No había llegado tarde, sino en el minuto exacto, y tal y cómo notaba a Develio, él ya llevaba allí varios minutos.

Siguió los pasos de su compañero y se puso a estirar todo el cuerpo, los brazos, las piernas, el cuello. También empezó a mover sus articulaciones para que entraran en calor, las muñecas, los codos, las rodillas, la cadera. Y después, unos pocos saltitos soltando el cuerpo entero—. Nunca he peleado en serio… Soy más de hablar que de llegar a los puños… Mi entrenamiento ha sido el básico que nos dan aquí, en la academia… Aunque a mi estilo de combate creo que le puedo añadir alguna cosilla que he ido aprendiendo, ya sabes… Giros rápidos, impulsos de cadera, de hombro… Siempre he hecho muchos deportes acuáticos, surf, wake, natación, salto… Quizá eso me pueda ayudar a la hora de combatir —le comunicaba a su amigo mientras continuaba con sus estiramientos. A simple vista, estaba combinando el yoga con la calistenia, una forma extraña de poner el cuerpo a punto, pero sorprendentemente era efectiva para Akira.

—Dime Develio, ¿tienes experiencia combatiendo? Los semigigantes se dice que tenéis una fuerza y resistencia envidiables —se acercó para sentarse a su lado. La imagen era graciosa, Akira parecía un chihuahua a su lado, un chihuahua hablador y nervioso. Vio como de la boca de su compañero salía un anillo perfecto de humo con aquel característico olor a mango. Nunca le había llamado la atención fumar, pero aquello que echaba en esa pipa de madera no llegaba a oler mal, de hecho hasta a veces le resultaba agradable. Miró de nuevo al horizonte, notando como el sol ya estaba ascendiendo, y notando aquella ligera brisa fresca en el rostro. Y de pronto, llegó aquel al que se le habían pegado las sábanas, el señor cangrejo, Juan Sebastián.
—Hablo —. ”Pienso”
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#3
Juan se levantó lentamente, a su ritmo, no importaba el tiempo que llevase en la Marina o trabajando en el taller, madrugar no era lo suyo. Una vez incorporado se vistió y fue al baño, ni siquiera se molestó aún en mirar la hora. Al salir tranquilamente de su habitación un recuerdo aterrizó en su mente como si fuese un meteorito —¡Mierda que hoy era el entrenamiento!— 

Juan salió corriendo al campo de entrenamiento, el sol ya había salido completamente y tanto el suelo como las paredes del cuartel habían empezado a calentarse por este. De camino Juan intentó pensar en una escusa, era un manitas, la agilidad mental y la creatividad eran su fuerte, debían ser su fuerte... —¿He tenido que ayudar a una anciana? No, maldita sea no hay ancianas en el cuartel ¿El Sargento me ha puesto a fregar y no me he podido negar? Tampoco sirve, Develio y Akira saben perfectamente que yo me negaría a fregar... ¡¡Piensa Juan Sebastián piensa!!— 

Al llegar al campo de entrenamiento a las ocho y cuarto, pudo contemplar el panorama, pero lo primero era lo primero, debía disculparse, algo que iba a acabar siendo común. Con una sonrisa dijo —Perdón, me perdí en el sendero de la vida, buenos días— Era una frase que leyó en un cómic hace mucho tiempo ¿Pero acaso no era una verdad incuestionable? ¿Acaso la vida no te lleva por caminos desconocidos? Juan se quedó dormido, como de costumbre, pero no tenía sentido mirar al pasado, era el momento de mirar al futuro que tenía delante, el entrenamiento.

Después de escuchar lo que tenían que decir sus compañeros, dirigió su mirada al campo de entrenamiento, no, al campo de batalla, la tierra era perfecta, la temperatura agradable y el entusiasmo estaba por las nubes —¿Habrá que ir empezando no? Yo he estirado de camino así que estoy listo— Mientras los tres se colocaban en la zona de combate Juan dijo —Somos 3 así que no podemos hacer peleas uno contra uno convencionales, podemos luchar todos contra todos, al final es lo más cercano a un enfrentamiento real— El terreno era accidentado, los tres se colocaron a siete metros uno del otro. En el centro de la formación se encontraba una gran roca que impedía que se viesen mutuamente y a los lados habían numerosos troncos con lianas colgando, un escenario adecuado para que todos pudieran mostrar sus cualidades —Que pena no tener un lugar donde sumergirme— Pensó el gyojin. El momento había llegado y Juan grito —¡¡Dev, a la de tres das la señal!!— 

Código:

Caparazón forjado en el Mar

Pasiva

Dada tu naturaleza como un Gyojin crustáceo tu cuerpo esta cubierto por un resistente caparazón, esto te transforma en un bastión natural, ganando así un +20 de Resistencia de manera permanente. Además uno de tus brazos derechos posee una imponente pinza con la cual todo golpe que hagas será catalogado como "Daño Contundente". Asimismo al aplicar un "Agarre" ganaras un bono de +10 al requisito mínimo para liberarse.


Código: capformar001

Código:
Atributos Personaje
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
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#4
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El alba había cedido por completo el paso a una mañana clara y brillante. Develio observó la llegada de sus dos compañeros, cada uno un reflejo de su propia naturaleza. Primero, el torbellino de energía rubia que era Akira, contestó a su pregunta de forma tranquila y sonriente-Sí, luché, pero no son luchas de las que salí bien parado nunca..- Recordó los viejos dueños en Elbaf, apenas pudo luchar como Marine. 

Llegando en el último segundo, su cuerpo vibrando de impaciencia y curiosidad. Luego, con un retraso predecible, el estruendo arrepentido de Juan Sebastián, cuya disculpa poética sobre "perderse en el sendero de la vida" fue recibida por Develio con una casi imperceptible inclinación de cabeza. Para un semigigante, unos minutos de espera eran un parpadeo.

Escuchó la propuesta del gyojin: un "todos contra todos". Era el método más eficiente para el diagnóstico que Develio tenía en mente. Un duelo ordenado era una prueba de laboratorio; un caos de tres vías era una simulación de campo. Asintió de nuevo, una aprobación silenciosa y definitiva.

Mientras sus dos amigos se posicionaban a los lados de la gran roca central, Develio permaneció donde estaba. Dejó su pipa de Elbaf, ya apagada, descansando sobre la base de piedra del arsenal. Su humo con aroma a mango se había desvanecido, dejando solo el olor limpio y salado del aire matutino y la tensión creciente de la anticipación.

Se irguió, no con tensión, sino con la deliberada calma de un cirujano preparándose para entrar en el quirófano. Este combate no era sobre la victoria. Era una disección. Un procedimiento para entender las fortalezas, las debilidades y los instintos de las dos personas que se habían convertido, sorprendentemente, en lo más parecido a una familia que tenía. Debía calibrar su fuerza, su velocidad. Y, lo más importante, debía calibrar la suya propia. Contener el poder de un semigigante en un combate amistoso era el verdadero desafío. Él no sería el bisturí en esta operación. Sería la mesa de operaciones. Inamovible. La superficie contra la que se probarían las verdaderas herramientas.

La petición de Juan le devolvió al presente. El momento había llegado. Su mirada se encontró primero con la de Akira, y luego con la de Juan, un reconocimiento silencioso, un pacto.

-La consulta va a comenzar.- anunció, su voz profunda y clara, sin ser un grito. -Tres.

Tomó una profunda bocanada de aire, sus pulmones expandiéndose como fuelles.

-Dos.

Flexionó ligeramente sus rodillas, bajando su inmenso centro de gravedad. Sus pies se anclaron en la arena batida, convirtiéndolo en una parte inamovible del paisaje.

-Uno.

En lugar de lanzar un grito o moverse, su acción fue un suspiro. Exhaló con fuerza, y la palabra "Ahora" retumbó a través del campo de entrenamiento, una onda de sonido grave y pesada que fue, en sí misma, la señal de inicio.

Develio no avanzó. No cargó. Su primera acción de combate fue la inacción deliberada. Se mantuvo en su sitio, adoptando una postura baja y ancha, sus brazos enormes ligeramente levantados a los lados, las palmas de sus manos abiertas. No era una pose de lucha agresiva. Era una invitación. Era una muralla esperando su primer impacto. Su cabeza se movía lentamente, sus ojos detrás de las gafas desplazándose de la roca que ocultaba a Akira al espacio donde estaba Juan, no anticipando un ataque específico, sino abriendo su percepción, esperando que los síntomas se manifestaran por sí mismos.


RESUMEN ACCIONES

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#5
Juan se colocó en su lugar correspondiente, podía sentir como la adrenalina recorría su cuerpo mientras esperaba la señal. El iría a la ofensiva, ese era su estilo, directo, sin titubear, pero ¿A por quien debería ir primero? En un primer vistazo Develio parecía el más difícil de derribar, mientras que el enérgico Akira podría volverle loco con sus movimientos. Finalmente tomó una decisión, no parecía muy buena idea darle la espalda a un gigante de once metros, así que lo encararía de frente.

La cuenta atrás fue calmada, sentía como si cada palabra de su compañero acelerase su corazón hasta que finalmente terminó. Juan había mentido hace un rato, no había calentado de camino y lo notó claramente, sentía sus pies pesados, aún tenía en su cabeza la comodidad de su cama, no dijo nada a sus compañeros para no atrasar más el entrenamiento por su culpa, bastante tarde había llegado.

Como pensó durante la cuenta atrás fue directo a por Develio que se encontraba 7 metros a su derecha, primero se impulsó con un salto horizontal de 2.85 metros para acortar distancias y en cuanto aterrizó siguió corriendo otros 1.9 metros restantes hacia él, lo vio preparado, con una postura baja y los brazos abiertos, estaba preparado para recibirlo, justo como esperaba del analítico gigante. El no haber estirado le pasó factura y a sabiendas de que no sería buena idea llegar a él en malas condiciones decidió esperar un poco para dejar que su cuerpo se aclimatase. Juan sabía que no debí perder a Akira de vista, pero la imponente imagen del gigante que ahora tenía al lado necesitaba de toda su atención.


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mapa
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#6
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Ya estaban los tres, ya era hora de comentar el entrenamiento. Aquel extraño combate a “no” muerte contra sus compañeros. ¿Harían rondas de 1vs1? ¿Sería un todos contra todos? Que desastre, no habían acordado nada. Pero el cangrejo tomó la iniciativa y con una mirada al campo de arena, explicó tanto a Akira como a Dev su idea de entrenamiento, y a ambos les resultó adecuada. A fin de cuentas, todavía no conocían la manera que tenían de combatir ni cómo se movían o reaccionaban ante la incertidumbre. Y eso era genial, cada uno podía lucirse o hacerle ver a sus compañeros cuál era su estilo de combate. ¿Será el semigigante realmente un muro inquebrantable? ¿La pinza del gyojin de verdad haría tanto daño como el que parecía poder hacer? Con una gran toma de aire fresco de la mañana, Akira se colocó en su posición.

Estaban formando un triángulo rodeando a un enorme monolito del tamaño de Develio. Eran tres, así que cada uno podía ver perfectamente lo que harían los demás, a menos que se escondieran detrás de aquella enorme piedra. Juan había escogido bien aquel modo de juego, ni siquiera Develio podría verlos si se colocaban detrás de la piedra, a menos que diese un salto para ver su superficie, claro. Pero se podía decir que partían en igualdad de condiciones. Aunque a ojos de Akira, aquello no era así… Ya le habían dicho anteriormente sus compañeros que había humanos como el vicealmirante Joe, que aun siendo humano tenía un poder inmensamente superior a muchos otros que pertenecían a las razas de sus compañeros. Pero Akira todavía no había empezado a entrenar en serio. Debía ponerse una meta. Y esta, por el momento sería la de no quedarse atrás y seguir siempre avanzando. Frotó ambos pendientes con ambas manos, aquellos pendientes que le había regalado su familia y que, en efecto, eran un recordatorio de que lo realmente valioso era seguir adelante sin perder el rumbo. Estaba preparado.

Echó un rápido vistazo al campo de disputa. La roca en medio, sus compañeros a izquierda y derecha, y entre unos y otros numerosos troncos con lianas colgando. ¿A por quién debería de ir primero? No parecía poder alcanzar a Juan, desconocía su velocidad, pero a simple vista parecía rápido. Akira había pasado muchas horas en la playa como para saber que atrapar a un cangrejo en una roca era demasiado complicado. ¿Y Dev? Era tan alto que resultaba complicado poder hacerle daño golpeándole las piernas, de una patada podría mandarlo a volar fácilmente—. Piensa Akira, piensa… —y la cuenta atrás llegó a cero.

Por un lado, el gigante se quedó inmóvil, esperando, cosa que hizo que Akira se replanteara la situación en un instante. Y cuando vio como Juan echó a correr como loco hacia él, se le iluminaron los ojos, radiantes de energía positiva, le dejó vía libre para poder llevar a cabo su siguiente movimiento. Quizá sí que tenía opciones. Tal vez no les hacía daño, pero solo con conseguir darles un golpe ya habría merecido la pena aquel entrenamiento.

Perdió de vista a Juan tras la roca y escuchó como se acercaba a la posición de Develio con una decisión implacable. Acto seguido y sin perder un solo segundo más, Akira echó a correr unos 4 metros en diagonal a la roca, tomando la dirección en la que se encontraba Juan en su punto de partida, cogiendo tantos troncos y lianas como podía hasta llegar a aquella enorme piedra gris. Todavía escuchaba al otro lado cómo Juan avanzaba, era perfecto, Develio debería de prestarle atención o de lo contrario se llevaría un buen golpe.

Se tomó una milésima de segundo en mirar hacia arriba. Aquel muro era imponente, pero probó a rascar un poco aquella piedra y se desconchaba, era una mezcla entre una roca caliza y yeso, compuesta principalmente por conchas y corales. Tenía sentido siendo una isla tan pequeña y con tanta conexión con el mar. Rascando un poco la roca se podían clavar los troncos, así que se ató las lianas al tronco y la cintura, como si llevase una bandolera y un nuevo cinturón. Entre las cuerdas, también ató todos los troncos que pudo, y los dejó enganchados a una de las lianas que tenía atadas al cuerpo para poder subirlos a peso muerto más adelante. Salvo uno.

Se sacudió las manos, sonrió, y susurró—. ¿Me dará tiempo a subir hasta arriba antes de que se den cuenta? Vamos a intentarlo… ¡Vamos! —se dijo para sí mismo. Agarró un tronco con fuerza, flexionó las rodillas, y con un fuerte impulso consiguió dar un salto de casi 4 metros hacia arriba, en concreto un salto de 3,75 metros. Cuando notó que había alcanzado su altura máxima de salto, clavo de una patada el tronco en la piedra y se enganchó con los brazos. Se podía permitir hacer una dominada y tenía equilibrio suficiente como para poder mantenerse en pie. Pero se sentó con el tronco entre las piernas, ganando así una mayor estabilidad par poder subir el resto de troncos.

Cogió aire, aquello había sido atrevido. Empezó a tirar de la liana donde los tenía enganchados y cuando los tuvo a su altura, los ató en el tronco en el que estaba con un nudo sencillo de marinero. Era navegante, quizá no el mejor de todos, pero los nudos sí que los controlaba bastante bien. Y con este en concreto, cuando con el siguiente salto se enganchará al nuevo tronco, de un tironcito podría liberarlo y seguir subiendo el resto de troncos. Así hasta llegar a la cima de la roca. Todavía le quedaban 7,25 metros, quizá menos si en el último tramo conseguía enganchar algún tronco con liana a alguna grieta de la piedra y subir sumándole su capacidad de desplazamiento. Por otro lado, también hizo otro nudo que le servía como línea de vida por si se caía, de esta manera quedaría su cuerpo suspendido sobre el último tronco y evitaría esclafarse contra el suelo como un huevo frito. De momento, Akira se encontraba de pie en un tronco que tenía enganchados más troncos, mirando hacia arriba a la espera de pegar el siguiente salto.



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#7
El eco de la señal de inicio de Develio aún no se había disipado del todo cuando el campo de entrenamiento cobró vida. El mundo del gigante, un momento antes un lienzo de calma expectante, se dividió en dos diagnósticos simultáneos y contradictorios.

A su derecha, un síntoma agudo y predecible: Juan Sebastián. El gyojin, fiel a su naturaleza, se había lanzado hacia él en una carga casi lineal. Develio observó el movimiento, su mente analítica registrando la biomecánica: un salto para acortar la distancia, seguido de una carrera. La aproximación era poderosa, pero directa. Predecible.

A su izquierda, un síntoma más preocupante: la ausencia. Akira Raito había desaparecido. El borrón rubio que había estado en el borde de su visión se había desvanecido, presumiblemente detrás de la enorme roca central. Develio no podía verlo, no podía oírlo. Y eso lo convertía, con diferencia, en la amenaza más peligrosa de las dos. Un patógeno invisible es siempre más letal que una herida abierta.

La ecuación era simple. Tenía una amenaza conocida y presente, y una amenaza desconocida y oculta. La solución quirúrgica era clara: neutralizar el problema inmediato de la forma más rápida y eficiente posible para poder volver a centrar todos sus recursos sensoriales en localizar la incógnita. No podía permitirse un combate prolongado con Juan mientras Akira preparaba su propio "procedimiento" desde un ángulo ciego.

Juan Sebastián llegó a su zona de operaciones, a escasos metros, su cuerpo tenso y listo para atacar. Era el momento de la intervención.

Develio no retrocedió. No se preparó para un bloqueo. En lugar de eso, flexionó sus enormes rodillas, bajando su centro de gravedad hasta que el suelo pareció quejarse bajo su masa. Los músculos de sus piernas se tensaron como los muelles de una catapulta de asedio.

-La proximidad es un error táctico, Juan Sebastián,- murmuró haciendo que el gyojin cangrejo lo escuche, su voz un retumbar bajo que pareció hacer vibrar el aire entre ellos.

Y entonces, la montaña se movió.

Con una explosión de fuerza que arrancó trozos de tierra del suelo, Develio se lanzó hacia adelante y hacia arriba en un salto corto y brutal. No fue un salto ágil; fue una erupción de masa, un corrimiento de tierras intencionado para aplastar la distancia que los separaba. Mientras estaba en el aire, por una fracción de segundo, una decisión consciente recorrió su mente. Era el momento.

Los músculos de su brazo derecho se hincharon, las venas de su antebrazo sobresaliendo como gruesas cuerdas de acero. Estaba aunando mucho poder, pocas veces lo hacía, pero la ocasión lo ameritaba, este Juan Sebastián tenía pinta de ser más duro que una roca de granito. Una oleada de poder puro y controlado recorrió su extremidad, apretó los dientes.

Su trayectoria descendente coincidió con la posición de Juan. No apuntó a la cabeza, un objetivo móvil. No apuntó a la pinza, un arma peligrosa. Su objetivo, como siempre, era el centro de masa. El esternón. El punto de anclaje de toda la estructura torácica del gyojin.

Su puño, ahora cargado con el peso de un gigante y una fuerza antinatural, descendió. El aire silbó a su paso.
Sonó un BOOM sordo y profundo, el sonido de un ariete de asedio golpeando una puerta de roble macizo. El puño de Develio descendió a la posición de Juan Sebastián.

Develio aterrizó con la pesadez de una roca, sus botas hundiéndose en la arena batida. No se detuvo a admirar nada. Su cuerpo no había terminado de absorber el impacto de su propio aterrizaje cuando su cabeza ya estaba girando, su mirada barriendo la parte superior de la gran roca central, buscando el más mínimo signo de movimiento, la más pequeña pista del paradero de Akira. Pero no vio nada. Es entonces cuando el brazo libre se cruzo por la posible represalia del gyojin cangrejo, estaría preparado para su contraataque.


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#8
Develio saltó frente a él con decisión. Juan no había calentado y por supuesto que se percató de ello tratándose de su compañero Gigante —¿Cómo he podido pasar por alto que un médico como él tomaría ventaja de esto? Por supuesto que se daría cuenta de que no he calentado— Este pensamiento fue bruscamente interrumpido por el golpe al torso propinado por su oponente. Juan pudo ver venir el golpe, un golpe veloz de un puño inmenso que ocupaba casi todo su cuerpo, pero sus brazos, aún cargados por el peso de madrugar, no fueron capaces de seguir el ritmo, por lo que se mentalizó y recibió el golpe de lleno. El golpe dejó una leve sensación de hormigueo, nada grave, todo el entrenamiento enfocado en endurecer su caparazón luego de su encontronazo con piratas había dado sus frutos —No está mal como presentación Dev, pero vas a necesitar más que esto para atravesar este caparazón.— Dijo, mirando con confianza a Develio.

El instante en el que miró al muro de carne que tenía delante, un pensamiento furtivo atravesó su mente —¿Donde está Akira?— Esperaba que Akira, haciendo gala de su energía y entusiasmo fuese el primero en hacer su movimiento, pero no parecía estar a la vista. Sabia que debía ser cauto con su primer movimiento, pero no podía permitirse el lujo de desviar su atención. Si quería que su compañero saltarín no le sorprendiese debía encargarse primero del gigante, aunque era consciente de que la situación era igual para ambos. 

Llegó el momento del contraataque, el golpe recibido había logrado que entrase en calor y estaba listo para la acción. Lo preferible era atacar a la cabeza para tumbarlo pero era demasiado alto, no llegaba, así que optó por atacar a su rodilla. Atacó con todas sus fuerzas, no era solo un golpe, debía devolverle la cortesía a Develio, así que le devolvió un golpe con todas sus fuerzas con su pinza derecha, un golpe directo a la rodilla izquierda con la esperanza de hacerle tambalear. —Mejor tarde que nunca ¿verdad?—  Dijo con una sonrisa.

Después del golpe miró hacia los lados para ver si detectaba a Akira, pero no había señales de su compañero, así que optó por acercarse a la roca para reducir la posibilidad de que le viesen desde un punto ciego, colocándose con la espalda contra la roca y mirando a Develio.

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Karma

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 660 - 23 = 637
Energia: 591 + 0 = 591
Espiritu: 93 + 0 = 93
#9
Atributos Personaje

Akira seguía a lo suyo. Mientras sus compañeros Develio y Juan estaban encarándose a puño descubierto, este parecía estar en una expedición al campo. Le faltaba el bocadillo y un casco para convertirse en un autentico escalador de montaña, y que menos que esa fuerte espalda para que cualquiera se creyera de verdad que se trataba de un escalador auténtico. Aunque más que un alpinista, lo que parecía era un macaco. Se detuvo a escuchar a sus compañeros al otro lado de la roca. Seguían ocupados.

De entre aquel montón de troncos decidió que la mejor manera para no perder el tiempo de subida era sacrificar uno de ellos en pedazos más pequeños. Con esta acción ahora podía ir clavándolos como si fueran presas y avanzar trepando como si pudiera adherirse a la pared con ventosas. Se aseguró de tener bien atada la liana al cuerpo por si se caía, y con maña y fuerza empezó la escalada hacia la cima de la montaña, consiguiendo desplazarse en vertical un total de 3 metros.

Estaba trepando por la roca clavando palos, apoyando las piernas para poder descansar los brazos en alguno que iba dejando, hasta que sus músculos no le dieron para más. Debía descansar los brazos algún que otro minuto, pero el tiempo corría en su contra.

Ignorando el cansancio de su parte superior del cuerpo, realizó el mismo movimiento anterior, se puso de pie en el último tronco que había clavado, y tensando todos los músculos de sus piernas para mantener el equilibrio, volvió a flexionar las rodillas y se impulsó hacia arriba, dando un salto de 2,75 metros.

No estaba cansado, pero podía notar como su agilidad había disminuido considerablemente a pesar de haber hecho tan pocas acciones. Clavó de nuevo un tronco de una patada, y se enganchó exprimiendo las fuerzas de sus brazos para subirse de nuevo encima. Ahora, la cima la tenía únicamente a 2 metros. Estaba hecho. Se tomó unos segundos para respirar profundo, y lanzó una liana con un tronco enganchado, esperando poder hacer tope con algún trozo de roca levantada de la superficie, y poder llegar lo más rápido posible en el siguiente turno. Por el momento, debía de recuperar fuerzas. No podía seguir cargando con su peso si no se permitía un respiro.

Sus compañeros seguían a lo suyo, podía escucharlos, notar cómo Develio le advertía a Juan que el combate cerrado era un error táctico contra alguien de su tamaño, y cómo Juan dejaba claro la increíble dureza de su caparazón. Akira tenía que ingeniárselas demasiado bien para poder hacerles algo a cualquiera de esos dos. Tal vez podía distraerlos con el resto de troncos y lianas si se los subía consigo, o tal vez podía clavarlos en la cima de aquella roca y utilizarlos como anclaje de las lianas para saltar de una a otra y poder mantenerles una distancia mientras se acercaba y se alejaba a ellos, sin necesidad cansarse demasiado y asegurándose una vuelta rápida para evitar golpes.

Sería como un goteo constante, se acerca, golpea y se aleja con el impulso aún enganchado a la liana. Una y otra vez. Era demasiado arriesgado… Si enganchaban la cuerda podrían hacerle girar como una peonza, pero... ¿Qué otra opción tenía? La fuerza de Dev y la resistencia de Juan podía tonarlas a lo lejos gracias al ruido que estaban haciendo y a los comentarios que se lanzaban entre sí. Dejando esto a un lado y con la vista aún fija en aquel par de metros que le quedaban por subir, en el siguiente turno, la aparición de Akira sería desde las alturas.



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Posiciones
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#10
El dolor en su rodilla fue un destello blanco, una notificación urgente de daño estructural. La retirada táctica de Juan Sebastián hacia la roca lo confirmó, el gyojin había tomado una posición defensiva, invitando a Develio a un enfrentamiento directo en un terreno que ahora quería usar a su favor. Y en algún lugar, la amenaza de Akira Raito, una variable sin localización, permanecía latente.

Un ataque frontal era imprudente. La pasividad era suicida. Lo que se requería era un reinicio, un cambio forzado de las reglas del combate.

Una lenta sonrisa ladeada, casi una mueca de concentración clínica, apareció en el rostro de Develio. Su mirada bajó de la silueta desafiante de Juan a la superficie sobre la que todos se encontraban, la arena batida anaranjada y polvorienta, apenas tenía mantenimiento. Un arma sin explotar.

-El procedimiento ha cambiado.- su voz retumbó, más tranquila y ominosa que nunca. -Pasamos del diagnóstico invasivo a la anestesia general por inhalación Juan.

En lugar de retroceder,  avanzó unos pasos hacia Juan Sebastián, Develio flexionó las rodillas, apoyando la mayor parte de su peso en su pierna derecha. Se inclinó hacia adelante desde la cintura, y sus dos enormes puños, del tamaño de pequeñas rocas, se levantaron a la altura de su pecho, con los nudillos apuntando hacia el suelo.

Su objetivo no era Juan. Su objetivo no era Akira. Su objetivo era el tablero de juego.

Con un gruñido gutural que fue la única expresión del dolor en su pierna y del esfuerzo que estaba a punto de desatar, Develio saltó levemente cargando el peso en sus piernas. No fue un simple golpe, fue un impacto sísmico con su tonelada y media de peso, como si un martillo pilón golpeara la superficie de toda aquella arena compactada que lógicamente se levantó.

El impacto fue un THUMP sordo y resonante que hizo temblar visiblemente la tierra en un radio de varios metros. El suelo de arena compacta se fracturó bajo la fuerza, y la capa superior de polvo y arena suelta erupcionó hacia arriba como el rocío de una explosión subterránea.

No era un pisotón. No era un lanzamiento. Fue una detonación deliberada de polvo. Una masiva y sofocante nube de polvo anaranjado se levantó instantáneamente, formando un muro opaco justo delante de la posición de Juan Sebastián y la base de la roca. Develio no sabía dónde estaba Akira con exactitud. No sabía cómo afectaría el polvo a la fisiología de un gyojin tampoco. No importaba. El propósito de la acción no dependía de esas variables; era crear caos controlado.

Los objetivos tácticos eran claros y universales:

Oscurecimiento Total: La nube densa y repentina negaría la visión a cualquiera que estuviera cerca o sobre la roca. Juan se vería forzado a actuar a ciegas o a abandonar su posición fortificada para buscar aire limpio.

Negación de la Iniciativa: La tormenta de arena obligaría a ambos oponentes a reaccionar defensivamente, interrumpiendo cualquier plan que estuvieran a punto de ejecutar. Le robaba la iniciativa a Akira y ponía a Juan en una situación comprometida.

Creación de Oportunidad: Dentro de la nube, todos eran iguales, pero Develio tenía una ventaja crucial: sus gafas protectoras. Mientras sus oponentes estaban quizá cegados y posiblemente tosiendo, él podía ver. La nube de polvo no era solo una defensa, era su campo de operaciones ideal.

Mientras la cortina anaranjada se extendía, engullendo la base de la roca en un torbellino sofocante, Develio usó esa fracción de segundo. No para retirarse, sino para atacar. Cojeando ligeramente pero con una tranquilidad helada, se desplazó unos centímetros a un lado, utilizando el velo de polvo que él mismo había creado para atacar por el lado hacia donde estaba Juan. Se convirtió en el cirujano que opera detrás de la cortina estéril, observando las siluetas borrosas de sus pacientes, esperando el momento exacto para colocarle la anestesia. 

RESUMEN

BÉLICO
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 695 - 32 = 663
Energia: 646 + 0 = 646
Espiritu: 102 + 0 = 102


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