[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 1]
#41
¿Qué tanto deben hacer para someter a esta bestia? ¿Qué tan al límite de sus capacidades deben llegar para asegurar su propia vida? ¿Qué tan similares a este serán los desafíos que le aguardan en el futuro? Luego de un tiempo viajando, Kiyoshi experimenta nuevamente lo que ha intentado dejar atrás: inseguridad. ¿Está listo? ¿Podría sobrevivir si el destino no lo pusiera al lado de estos combatientes que actúan como compañeros en esta cruzada?

Los ataques a al gigante lo hacen dudar, aun cuando sus piernas son testarudas y siguen avanzando hacia el frente, específicamente cuatro metros más, queriendo entrar en un posible rango de disparo.

— Ella es mucho más grande que yo, y aun así no puede resistir sus embates. — Entonces, ¿qué puede hacer un tipo débil como Kiyoshi? Solo sosteniendo su rifle es que planea defenderse de los peligros que atenten contra su vida. Supuestamente los médicos no deben ir al campo de batalla, pues son los encargados de atender a aquellos que lo han dado todo en el frente. Pero aquí, esa regla no corre. No tiene amigos, no tiene conocidos. Cada uno de los presentes se esfuerza por ganar una pelea que le significará a sí mismo vivir un día más.

Es el topo quien da el primer paso para unir a todos más allá de un simple miedo a la muerte. Cuesta verlo debido a la oscuridad, a pesar del buen ojo de Kiyoshi, pero logra identificarlo. Y no es solo él quien entra en acción, sino la propia mujer más alta que todos decide unirse a la acción para sujetar al monstruo que tan altanero comienza a hablar. Es aquí donde Kiyoshi decide actuar y ponerse manos a la obra. Y es que con su último movimiento, ayudado del propio posicionamiento de Uosan, sumado a los agarres de sus compañeros, esto listo para recibir un nuevo balazo. El que viene te va a doler, sucio amiguito.

— No funcionó en la cabeza, tampoco en la cola. Eres un tipo al que le gusta hablar, me recuerdas a ese sujeto… — Uno de cabellos rojos que también tiene el defecto de no saber cuándo guardar silencio. Kiyoshi utiliza el factor psicológico para motivarse a sí mismo a tener perfecta puntería, obligándose a pensar que el monstruo frente a él se trata de aquel tipo tan gritón y molesto.

Sin embargo, un percance ocurre, pero uno muy breve. Kibai, cuyo nombre desconoce pero yo me puedo dar el lujo de nombrar para ser más específico, se acerca a paso veloz hacia Uosan. No es que a Kiyoshi le preocupe demasiado su seguridad, pero quedarse con un aliado menos es un factor que no piensa utilizar. Por este motivo es que da un salto de un metro, sumado a la diferencia de estatura entre Kibai y Uosan, no hay forma para que el disparo le llegue a su nuevo compañero Mink.

Una vez alcanza la altura deseada, el médico jala el gatillo y la bala sale recta apuntando a la boca del monstruo, queriendo colarse en ella debido a las palabras que muy confiado intenta soltar. ¿Se atragantará? ¿Se trabará? ¿No le pasará nada como en las dos ocasiones anteriores? El resultado es incierto. Lo que puede confirmar es que ya es la cuarta bala que gasta, siendo la tercera que se impacta en el cuerpo enemigo.

— Será mejor que aprendas a cerrar la boca, bicho sucio. No creo que te agrade el sabor a plomo, tonto.

OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
#42
El disparo estratégico que había dirigido a la gran gema del echo del gyojin impacto de lleno en ella, probablemente ya que el mounstro estaba distraído persiguiendo a la pobre Oni que trataba de escapara de el sin mucho éxito, pues aunque intento alejarse, el gyojin la alcanzo en segundos y de un terrible golpe la derrumbo en el suelo.

-Maldito- Fue lo que se me escapo entre dientes.

~El disparo no le afecto?, entonces no debe ser su debilidad, concéntrate por favor Einarr~ Trataba de mantener la calma y seguir atento en derribara a la bestia que estaba atacando a la señorita frente a mi.

Mientras la Oni caí debido al impacto del golpe, logre percatarme como de la oscuridad del suelo salió despedido nuevamente aquel pequeño ser que anteriormente ataco al gyojin, tomándolo por sorpresa lo sujeto con fuerza del cuello estrangulándolo y aferrándose a el pese a su pequeño tamaño. De un momento a otro un aura siniestra rodeo el espacio, la fuente de esa rabia casi incontrolable era la misma señorita oni que yacía en el suelo, pronunciando palabras de absoluto odio dirigidas a su atacante lo tomo con fuerzas apretujándolo como si de un muñeco de trapo se tratase.

~Esa señorita, ¿Qué le ha pasado?, parece otra persona, al parecer su fuerzas también a aumentado~ Pensaba mientras de reojo mire como el mink y el otro joven tirador se acercaban listos para atacar.

Al percatarme de sus movimientos yo también entre en accion, recargue rápidamente mi rifle con un movimiento suave de manos casi como si el rifle fuera una extensión de mi propio cuerpo, centre mi vista en el objetivo, levante la mirilla y la coloque con el ojo del gyojin como la diana.

~Esta es la oportunidad, no puedo hacer mucho pero puedo hacer esto~ Dispare directo al ojo derecho del gyojin aprovechando que ahora estaba inmovilizado, mis ataques no serán muy efectivos pero si podía limitar sus acciones todo lo posible, estaría mas que satisfecho.

Resumen


Belico
#43
Lo que salió detrás de mí fue una sorpresa pequeña y asquerosamente eficaz: el bicho que había osado pegarme en la cola se enroscó alrededor de mi cuello como una víbora de juguete, apretando con la terquedad de quien sabe que un abrazo bien colocado puede desconcertar al más grande. Al principio noté la presión como un roce frío que se hacía insistente; la respiración se volvió un poco más trabajosa, pero no era nada que me obligara a humillarme o a suplicar. Apoyé la barbilla con esa mezcla de desdén y curiosidad que siempre me acompaña cuando no quiero que me interrumpan el juego, y dejé que el animalillo hiciera su pequeño acto de valor. Podía oír sus patitas arañando la carne de mi cuello, el ruido mínimo y decidido de su respiración, y hasta sentir el calor de su cuerpo diminuto contrayéndose; todo eso, en vez de enfurecerme, me pareció ridículamente entretenido. No hice el menor esfuerzo por arrancarlo de allí con violencia; sabía que si tiraba con fuerza podría romperle algo, y me agradaba más observar las consecuencias que infligirlas como castigo sin sentido. Además, existía un placer perverso en la espera: dejar que mis atacantes se acercaran convencidos de tener ventaja y luego recordarles lo equivocados que estaban cuando yo decido moverse. Mi voz aguda, apenas un susurro cruel, salió entre dientes. -Si queréis jugar, jugad de verdad-uo.- Y la frase flotó como una invitación y una amenaza a la vez. Sentí la mirada de los demás sobre mi, y eso me dio más razones para no precipitarme. Mis protuberancias se tensaron bajo la piel azul como cuerdas afinándose, la cola latió con la calma de un tambor distante, y aunque la carne de mi garganta protestó en un pequeño quejido, la mente se mantuvo clara y afilada.

Pude ver como aquella gigantona se levantaba torpemente, el suelo tembló ligeramente bajo su peso, y ese sonido sordo de pies grandes arrastrándose por la tierra me hizo sonreír. La gigantona volvía a intentarlo. Era casi enternecedor ver cómo insistía. En un parpadeo, sus brazos enormes me rodearon desde atrás, aplastándome el pecho con una fuerza desmedida, como si quisiera romperme o aprisionarme de una vez. Su respiración era ruda, temblorosa, y pude escuchar el rechinar de sus dientes a pocos centímetros de mi oreja. Sentí su piel caliente contrastando con la mía, fría y lisa como la de una criatura marina, y por un instante me imaginé que creía tenerme bajo control. La ilusión de los débiles siempre es bonita antes de romperla. Giré mi cabeza despacio sobre mi propio cuello, sin prisas, dejando que mi sonrisa tonta se estirara hasta lo grotesco. Mis ojos rojos se clavaron en los suyos, llenos de un esfuerzo inútil y algo de miedo reprimido. Quise que lo sintiera, que comprendiera que no servía de nada. Con un leve movimiento de mis hombros y un impulso de mi torso, abrí los brazos, rompiendo su agarre con la facilidad con la que se aparta una red vieja. Los músculos de mi espalda se contrajeron, y escuché un crujido en sus muñecas mientras la apartaba, empujándola con la ligereza de quien se sacude el polvo. Ella retrocedió, tambaleante, y creí identificar en sus ojos una mezcla de sorpresa e impotencia. Yo me quedé quieto, de pie, erguido, dejando que mi sombra la cubriera. -No eres rival para mí… ni aunque quisieras, mujer-uo.- Murmuré con esa voz aguda y burlona que retumbó más fuerte de lo que esperaba. Mi cola serpenteó tras de mí, marcando el ritmo de mi respiración entrecortada por el bicho que me apretaba. La miré una vez más, ladeando la cabeza como un niño aburrido con su juguete roto, esperando a ver si tenía el valor de atacarme otra vez, aunque en el fondo sabía que ya estaba vencida.

Giré lentamente la cabeza, todavía con esa satisfacción tonta dibujada en mis labios. El aire se había vuelto más denso, cargado con la tensión del momento, y mis ojos rojos se clavaron en el mink leopardo que se acercaba con una espada en la mano, la hoja amenazandome como una promesa de violencia. Se movía con agilidad, eso no podía negarlo, su cuerpo felino parecía fluir entre los pasos con una elegancia que contrastaba con la torpeza de la gigantona. Me relamí el labio inferior con cierta expectación, dejando que la sonrisa se ensanchara hasta volverse grotesca, una mueca llena de confianza y provocación. Lo esperé quieto, con los brazos a medio abrir, el pecho adelantado y la cabeza ladeada, como si lo invitara a intentar algo que sabía que no funcionaría. Sin embargo, antes de ver que haría el mink, sentí el aire cortarse entre nosotros, un silbido limpio y fugaz, y luego el golpe seco en mi mandíbula. Fue un destello, un instante en el que todo se comprimió en un dolor punzante y breve. Escuché el crujido de mi propio colmillo al partirse, una vibración que resonó hasta el fondo de mi cráneo. Instintivamente, mi lengua buscó el hueco, sintiendo el sabor metálico de la sangre mezclado con saliva. El dolor no fue nada insoportable, más bien una molestia, una picadura de orgullo. Me quedé quieto, sin retroceder ni un paso, dejando que la sangre cayera por la comisura de mis labios. Mi sonrisa no se borró, al contrario, se hizo más amplia, más torcida. La vibración del golpe aún zumbaba en mis huesos, pero lo único que sentía realmente era una mezcla de furia contenida y entusiasmo infantil. Apreté los puños, la cola se movía lenta y pesada detrás de mí, marcando el ritmo de mi respiración. No estaba derrotado. Ni siquiera estaba herido de verdad. Ese colmillo perdido era un precio insignificante por el placer de un buen enfrentamiento.

Hice un amago de hablar, dejando que la frase mordiera el aire como quien tortura una carcajada, cuando un silbido agudo cortó mi voz y sentí algo chocar contra mi ojo derecho; lo cerré de inmediato como si una piedrita traviesa se hubiera incrustado en mi pupila, un picor seco que no llegó a ser insoportable pero sí lo bastante molesto como para fruncir el ceño y escupir un juramento agudo. El mundo se volvió borroso un segundo, la luz se partió en astillas en mi cabeza. Palpé mi cara con la mano temblona y noté calor, una línea roja que corría desde la esquina del ojo hacia la mejilla, mezcla de sangre y rabia en un mismo trazo. A pesar del golpe, no hice más gesto de protección. Abrí los brazos otra vez con la indiferencia de quien ofrece el pecho a una tormenta solo para comprobar si la lluvia tiene talento. -Sigo sin moverme del sitio-uo.- Declaré, dejando que mi voz aguda se estirara como un látigo; me encantaba ver cómo sus caras se torcían buscando respuesta y no encontrando más que mi calma burlona. -Mirad si sois débiles que os he dejado que me atacarais y no habéis hecho nada-uo…- Dije, saboreando cada palabra como quien muele sal entre los dedos, y noté cómo la furia se hacía juguetona en mi interior, pícara y orgullosa. -¿Este es vuestro nivel? ¿Así queríais llegar al Grand Line-uo?- Pregunté, con esa sonrisa tonta que se abre cuando veo a alguien creerse más listo de lo que es. La idea me divertía tanto que sentí ganas de aplaudir. Di un paso hacia adelante, acercando la sombra de mi cuerpo como si fuera a reasignarles roles. -Depredador versus presas. ¡UOUOUOUOUO! ¡Vais a ser mi comida hoy-uo!- Grité, divertido, dispuesto a ver quién tenía el valor de intentarlo de verdad en lugar de esconderse tras palabras y plumas.

RESUMEN


BÉLICO


SIGUIENTE TURNO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 697 - 63 = 634
Energia: 613 - 2 = 611
Espiritu: 150 + 0 = 150
#44
Era fuerte. No su enemigo, parado frente a ellos hablando sin cesar. Él. Escuchando la charla sin sentido de aquel que se le dificultaba hablar por la presión que sus músculos estaban ejerciendo alrededor de su cuello, en un instante una serie de recuerdos similares a cristales pasaron por su mente ¿Era esto la claridad de la batalla? Podía sentir el cuerpo de su oponente tensándose alrededor de sus brazos, el aire que buscaba pasar por su cuello a medida que hablaba ¿Cuánto dolor estaba escondiendo? Eros recordó cuando su padre le decía que él siempre debía proteger a esos que no se podían cuidar a si mismos, y que por eso ellos cuidaban de los muertos. Niños, ancianos, difuntos, débiles, desprotegidos, desamparados. ¿Qué le ofendía? Pues su sangre ahora mismo estaba hirviendo, y pensándolo en retrospectiva: Todo se trataba de eso. Él, era fuerte, y Uosan lo estaba subestimando incesantemente. Quizás era su tamaño, quizás era que no respondía a las provocaciones.

Pero la sangre hervía, ejerciendo mayor presión contra el cuello y las cervicales de la criatura. Sabía que podía hacer girar su cuello, inclusive todo su cuerpo en cualquier momento, solo necesitaba aguantar un momento más. Debía permitir que su atención se fijase en él, solo en él, porque él era un jugador de equipo ¿O no es así? Sentía el sabor metálico de la furia a medida que sus dientes se mantenían firmemente sellados usando toda su fuerza para sostener al monstruo.

Sus garras dispuestas a los lados del cuello de Uosan buscarían hundirse, hacer presión, cercenar, cortar, perforar. Sosteniendo el agarre que efectuaba sus manos querían destrozan aumentando la firmeza que estaba efectuando contra la criatura que ahora veía como un enemigo, un enemigo ante todo lo que él se posicionaba y para ello había un remedio: La muerte.

Un sepulturero nunca le escapa, la ve como una vieja amiga pero también es una aliada. El monstruo iba a aprender a respetar antes de morir, esperaba que creyese en algo pues pronto iría a ver a su creador.

OFF ROL
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 389 + 3 = 392
Energia: 487 - 4 = 483
Espiritu: 87 + 0 = 87
#45
Kibai resollaba con el esfuerzo de la carrera que había realizado, pero en lugar de atacar inmediatamente a su adversario, se obligó a mantenerse tranquilo, conteniendo su aliento mientras la mano que sostenía a Raimei apretaba la empuñadura de cuero. Aquel maldito ser con su voz ridícula seguía riéndose y riéndose, provocándolos a todos con su estúpido tonito petulante. Pero el mink, armándose de paciencia, se forzó a esperar. Solo tenía esta oportunidad.

"Aún no, aún no..."

La joven Oni ya había cerrado su presa alrededor del monstruo. A pesar de su enorme tamaño, el mink comprobó que los hombros de su rival apenas se encogían por la presión del abrazo. Estaba claro que la joven no era lo suficientemente fuerte como para lograr su objetivo.

"Vamos" pensó Kibai mientras se agazapaba levemente y sacaba las garras traseras, con su cola agitándose a un lado y al otro, buscando darse la mayor estabilidad posible. "Ya te hemos oído todos antes cuando la has atacado, eres demasiado egocéntrico como para no regodearte en la situación, maldito idiota. Muerde el cebo."

Y por suerte, en esta ocasión, su apuesta salió bien.

OST



El ser, que apenas si había reaccionado para intentar zafarse del ataque de la joven, sonrió de manera confiada, girando su  cuello sobre su propio eje (Kibai quería pensar que usando su fruta) para mirarla directamente, quitándole la vista de encima a él. Y como tantas veces había experimentado con anterioridad, el mink notó ese cambio en el aire, esa pequeña vibración que recorría cada fibra de su ser y despertaba su instinto más primario. Su presa al fin estaba distraída, y su oportunidad se hallaba delante de él.

"Ahora"

Kibai se lanzó adelante como una exhalación, recorriendo los dos metros  que le separaban de su rival en un suspiro, mientras comenzaba a realizar una maniobra de giro a la vez que notaba como sus pies abandonaban el contacto con el suelo. apuntando a la parte superior de la cabeza para no arriesgarse a darle al pequeño animalillo que seguía firmemente agarrado a su cuello, el mink aprovechó tanto la inercia del giro como la fuerza del impulso para liberar su técnica.

¡Getsui Zangeki!
¡Getsui Zangeki!

Kibai notó como los golpes impactaban, a la vez que dos secos estallidos indicaban que los tiradores habían realizado sus disparos pero ni se paró a mirar el resultado. Sabía de sobra que no iba a ser suficiente, ni muchísmo menos. Ahora estaba al otro lado  de su rival, entre él y la pared.

"Mal sitio para quedarse", pensó. No obstante, una ligera sonrisa se le dibujó en el rostro al observar de nuevo el muro de roca: resistente, alto, y perfectamente liso. Ya iba siendo hora de que aquella maldita prisión les beneficiase a ellos y no a su perseguidor.

En lugar de girarse hacia el monstruo, el mink dio un gran salto en dirección a aquella gigantesca pared que componía el cubo dónde los habían encerrado, apoyando las piernas y la garra izquierda en la superficie rocosa. Durante un increíble y breve instante, la gravedad pareció no existir. Levantando la mirada, comprobó como la joven Oni trastabillaba hacia atrás al no poder sostener más su presa. Como Kibai había supuesto, no era lo suficientemente fuerte, pero había cumplido su parte. Y la seguía cumpliendo, porporcionándole una cobertura perfecta para su plan. Las piernas del mink, comprimidas como un resorte contra la pared, arrancaron pequeños fragmentos de roca con las garras traseras cuando Kibai se impulsó de nuevo hacia su rival usando la pared a modo de trampolín, apuntando en un tajo horizontal hacia el talón de Aquiles de su pierna derecha.

¡Gekko no Issen!

Por fin, notó como el cuerpo de aquel monstruo crujía bajo sus golpes, y su fino olfato captó el olor de su sangre derramada. Apoyándo una mano en el suelo para mitigar la caída, Kibai aterrizó con una pirueta a un metro de su rival, sosteniendo a Raimei delante de él.

El monstruo había perdido un colmillo, y por fin estaba sangrando ya por numerosos cortes, tanto en el cuello como por los que Raimei le había ocasionado. Con una mueca de satisfacción, Kibai observó la sangre correr a lo largo del filo del sable antes de dirigir la vista hacia aquel ser, que continuaba con el pequeño animalejo firmemente enroscado alrededor de su cuello.

"No eres tan invencible..."

RESUMEN


BÉLICO

Stats con debuff
[Imagen: gvCFAP2.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 466 + 0 = 466
Energia: 548 - 167 = 381
Espiritu: 126 + 0 = 126
#46
Es un tanto extraño, Uosan parece disfrutar del dolor cuando sonrie con cada ataque que recibe con los brazos abiertos, invitando a todos a seguir golpeandolo. Puede que no sean heridas mortales, su actitud solo demuestra la soberbia y ese aire de superioridad que lleva teniendo desde que apareció. Hasta ahora, no ha esquivado ningún ataque, de hecho, en este ultimo tramo del combate ni siquiera ha contraatacado como hacia anteriormente, solo se deja alcanzar, como si quisiera hacerles creer que están muy por debajo de él. Puede que tenga razón, pero no cuando unen fuerzas. 

Ese exceso de confianza es justo lo que Mahou esperaba, le indica que su plan podria funcionar, pero para eso necesita entrar en el alcance de su enemigo. Si él está dispuesto a soportar cualquier golpe, ella tambien lo está, y si la mayoria de sus compañeros ya están heridos, Mahou quiere compartir su dolor, pese a que no los conozca y probablemente olvide sus rostros y nombres para el dia de mañana, sabe que ahora mismo forman parte de un mismo equipo, unidos por un enemigo en común. Ella quiere hacer su parte, está decidida a pelear tanto como los demás, por eso, desde el inicio no ha hecho más que lanzarse de lleno a la batalla. Quiere ayudar a su nuevo grupo, y de paso, cerrarle la boca a ese cabeza de berenjena que se ha dedicado a insultar desde que apareció.

Otra vez, y aunque parezca inusual en ella, permanece en silencio. Mahou ya se hartó de las palabras vacias y quiere demostrar todo lo que ha dicho con hechos. Así, llena de determinación, sostiene su martillo con su cola, enrollada firmemente alrededor del mango para cargarlo sin perder la libertad de sus manos, porque sabe que el arma es demasiado pesada para mantenerla por tanto tiempo, por lo que solo tiene una única oportunidad que deberá crear por si misma. 

Sin detenerse, continúa su avance con otro salto largo impulsandose en la misma dirección que venía siguiendo, sin embargo esta vez no busca reunirse con el mono leopardo, sino que tiene su mirada fija en el verdadero objetivo, el mono con cabeza de berenjena (Uosan).

resumen


bélico


karmas


debuff de stats
Mahou Chikao
¡DIVERSIÓN Y ÁNIMO!
? La Intrépida Sakura
฿ 20,000,000
?Nv.10 — Espíritu Alegre
#47
Sangra. El bicho sangra. Y Kiyoshi lo experimenta como una primera victoria de su parte.

No es indestructible, no es invencible. Pueden derribarlo y salir vivos de esto. Este es el impulso anímico que Kiyoshi tanto necesitaba para creer que podrá salir de aquí y salir adelante. Si algo le podemos dar es que es un hombre realista, no se genera falsas esperanzas ni vive de ilusiones que no tienen fundamento base. Se mostró reacio a lanzarse al mar como pirata por saber que es un hombre débil y, hasta ahora, esta pelea le ha mostrado que siempre tuvo la razón.

El hecho de verlo sangrar por la boca es un aliciente de que potencial hay, de que a largo plazo puede ser capaz de conseguir algo por su cuenta. Si bien ha trabajado relativamente en equipo en esta pelea, nadie ha estado específicamente centrado en defenderlo, lo que siempre le exige a la gente con que trabaja. Quizás este sea el primer paso para que su mente evolucione un poco, que su persona dé pasos hacia el frente por sí mismo, no buscando depender del resto.

Por más que Uosan intente hacerse el fuerte y dar a entender que nada le afecta, que tiene todo bajo control, Kiyoshi es un médico, un tipo que se basa en la comprobación científica. En este caso, las pruebas están a la vista y se remite a ellas. La sangre, el diente menos (aunque esto no logra verlo del todo), significa que hay forma de derribarlo y el ego como tirador que posee florece más que nunca.

Suceden varias cosas, pero lo principal es el ataque de Kibai. El Mink se ha asegurado de ir a por todas ahora que ha encontrado la oportunidad debido a la excesiva atención que Uosan le da a Odeth. Sus movimientos son veloces, inspiran peligro. Kiyoshi de inmediato entiende que, probablemente, él nunca pueda moverse de esa forma, pero entiende que no es momento para gastar tiempo quedando boquiabierto por el talento ajeno.

Si antes optó por saltar para que su disparo no concluya en un fuego aliado que lo perjudique, ahora coloca una rodilla en el suelo para situarse a una altura menor. Odia ensuciarse la ropa, pero un tirador debe ser capaz de abarcar distintas posiciones para encontrar el mejor ángulo posible.

Consideremos que Uosan dio un paso hacia el frente, lo que podría traducirse en un metro de avance. Esto significa que la distancia entre ambos se ha reducido a 15 metros, y es aquí donde el índice derecho jala el gatillo, pues sostiene el arma en ese mismo costado de su cuerpo. Desde una altura inferior a lo común, tomando una línea recta en diagonal hacia arriba, apunta nuevamente a la boca del ser que tanto disfruta de hablar. ¿En algún momento cerrará la boca? ¿O es de esos tipos que creen que les pagan por hablar? Un buen locutor de radio podría ser.

Con la intención de arrancar otro de sus dientes y provocar un sangrado aún mayor dentro de su boca, la bala sale disparada. El ángulo se escogió para que no le dé a Kibai, y mucho menos a Eros. Claro, esto puede variar según como quiera reaccionar nuestro amiguito proveniente de los Demonios del Frío, aunque por sus acciones y palabras, pareciera no tener muchas intención de pasar al contraataque.

Aunque tampoco es bueno confiarse, y es por eso que Kiyoshi sigue manteniendo la distancia.

— No bajen las manos tontos. Es cuestión de tiempos para que este sucio tonto quede limpio y podamos ver cómo irnos de aquí. — Porque es lo que desea. El encierro y la oscuridad tarde o temprano le pasarán factura a todos, al menos eso es lo que cree debido a sus conocimientos médicos.

La pregunta es: ¿saldrán vivos o muertos? Parece que el clímax de este enfrentamiento está próximo. — Le volaré la cabeza para que así sea.

OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
#48
Atributos Personaje


El golpe me dejó inmóvil unos segundos, con los músculos agarrotados y un dolor que me recorría entera. Me costaba incluso ordenar mis propios pensamientos; todo era una mezcla de cansancio, tensión y esa sensación desagradable de ser más frágil de lo que quiero admitir. Me dolía cada respiración, cada pequeño movimiento, y aun así había algo peor que el dolor físico: esa punzada de sentirme inútil, como si cualquier intento por mantenerme en pie fuera un esfuerzo vacío.

Aun así, debía intentarlo.

Me obligué a mover los brazos primero, notando cómo me temblaban sin que pudiera evitarlo. Luego llevé fuerza a las piernas, torpe y lenta, como si cada articulación pesara el doble. El cuerpo protestaba, pero poco a poco conseguí elevarme. No de forma elegante ni firme, simplemente… estar de pie. Aunque fuera a duras penas. Aunque pareciera que iba a caer en cualquier momento.

La respiración seguía irregular y mis manos estaban ligeramente tensas, buscando estabilidad donde ya no quedaba mucha. Aun así, me mantuve. No quería caer otra vez. No quería dar esa imagen de debilidad, aunque por dentro me sintiera exactamente así.

Fue entonces cuando percibí que alguien se acercaba. No hizo falta mirar para saberlo; era una presencia suave, contenida, pero lo bastante clara como para que mi cuerpo reaccionara con un leve sobresalto. No sabía si era mi compañero felino o alguien más, pero la cercanía se sintió inmediata, casi necesaria después del golpe que me había dejado tambaleante.

No hice ningún gesto exagerado ni intenté apartarme. Simplemente dejé mi postura abierta, permitiendo que quien fuese pudiera acercarse sin encontrar resistencia. No quería admitirlo, pero ese pequeño recordatorio de que no estaba completamente sola me sostuvo más de lo que mis piernas podían hacerlo por sí mismas.

Mire al felino cerca mío, sonreí. Cuando conseguí algo de aire alce mi puño y corrí de nuevo hacia el enemigo, quería volver a darle una vez más.

Golpee su cuerpo y le mire…solo quiero que muera ya.

  resumen


 belico

estadisticas- 5%
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 567 - 267 = 300
Energia: 652 + 0 = 652
Espiritu: 51 + 0 = 51
#49
Me repugnaba esa maldita criatura, pero me repugnaba mas mi propia debilidad, apenas había podido rasguñar al maldito, mis disparos eran débiles, flojos a lo mucho, no era suficiente para dañar al objetivo ni mucho menos, los demás estaban batallando con todo y lo único que había podido lograr hasta ahora era rasguñarlo.

~Pudo haberme matado si lo hubiera querido~ Reflexione sobre como fui emboscado por el al principio, lo cual provoco que un escalofrió recorriera mi espalda y un sudor frio descendiera por mi frente mezclándose con la sangre que previamente la cubría.

Note como los agarres de la Oni y la pequeña criatura, parecían importarle poco al gyojin, estaba confiado en que nuestra resistencia seria inútil, una sonrisa macabra iluminaba su rostro, entonces de un solo movimiento el gyojin se libro fácilmente del agarre de la oni y asiendo alarde de su fuerza nos invito a atacarlo abriendo los brazos de par en par.

Fue en ese momento que reaccione, pues mientras la oni intentaba levantarse y la pequeña criatura atacaba aferrada todavia al cuello del objetivo, logre visualizar al mink de antes quien seguía a toda velocidad hacia el gyojin, se veia listo para atacar y con arma en mano

-Maldita sea- ~Si no puedes hacer algo tu mismo por lo menos ábrele paso a los que si Einarr~ Fue lo que pensé mientras aun sostenía el rifle entre mis manos.

Sintiendo el calor del cañón todavía en mis manos, recargue rápida y fluidamente el rifle y sin despegar la mira de mi objetivo dispare una vez mas directo al mismo punto, directo al ojo del mounstro.

~Al menos eso entorpecerá la vista, dale con todo marino~ Mencione finalmente en mi cabeza al percatarme del símbolo que ondeaba en su ropaje, aunque para mi era un dato irrelevante ahora mismo.

Resumen


Bélico
#50
Poco a poco empecé a notar cómo el aire se me escapaba entre los dientes, una sensación punzante que trepaba desde el cuello hasta los pulmones, haciendo que cada intento de respirar sonara más como un silbido agudo que como una inhalación. El bicho aquel, una masa de músculos húmedos y piel áspera, se había enroscado en torno a mi cuello como si quisiera fusionarse conmigo, apretando con una desesperación animal. Su fuerza no era la de un humano, no; era la fuerza de algo que no entiende de límites ni de miedo. Cada vez que intentaba moverme, sentía las fibras de su cuerpo tensarse más, estrujándome como si mi garganta fuera una presa que debía romperse a toda costa. Noté cómo sus uñas o garras, o lo que demonios fueran esas cosas, arañaban mi piel, abriéndola en cortes finos que ardían como si me hubiesen vertido sal marina encima. Me dolía, y no solo el cuello, sino la impotencia de no poder respirar con libertad, de tener esa criatura pegada a mí como un parásito que disfrutaba del sufrimiento que causaba. Intenté soltar una carcajada, una risa aguda y nerviosa que apenas salió como un jadeo, porque la situación tenía algo de absurdo: yo, un gyojin con fuerza suficiente para romper rocas, siendo estrangulado por una cosa tan insignificante y pegajosa. La rabia me empezó a hervir por dentro, mezclándose con un sabor metálico que se me acumulaba en la lengua; podía oler mi propia sangre, y eso me despertó un instinto que hacía tiempo no sentía. Cerré los ojos un segundo, no por miedo, sino para concentrarme. Sentí la presión en el cuello aumentar, el aire escapando, los músculos tensos, la piel ardiendo. Y aún así, una sonrisa se me dibujó en la cara, esa sonrisa tonta y perturbadora que tanto detestaban mis enemigos.

Cuando giré la cabeza lentamente, dejando que mi sonrisa se ensanchara con esa calma enfermiza que solía sacar de quicio a los demás. Mis ojos rojos se clavaron en la gigantona, la miré con desprecio mientras el aire se llenaba de esa tensión eléctrica que precede a la violencia. Mi pecho quedó expuesto, confiado, casi burlón, como si estuviera provocando a cualquiera que se atreviera a desafiarme. Pero no tuve tiempo ni de terminar de inflar el pecho, ni de soltar una palabra. Sentí un golpe brutal que me sacudió de repente, seco, violento, tan rápido que ni siquiera vi venir de dónde venía. Todo mi cuerpo se estremeció; el impacto del mink leopardo me detuvo en seco, cortando cualquier intento de mantener la compostura. Mi sonrisa se torció, no de miedo, sino de rabia contenida. Mis músculos se tensaron como los de un depredador que acaba de ser mordido por su presa. Apenas tuve tiempo de fijar la vista en aquel desgraciado cuando volvió a moverse, su cuerpo saltando con agilidad desde la pared como una bala viva. Su espada brilló un instante antes de caer sobre mi pierna derecha. El corte fue limpio, preciso y certero, como si conociera el punto exacto para hacerme gruñir. Sentí el filo abrirse paso entre la carne, una corriente ardiente subiendo por la pierna, y la sangre brotó tibia, escurriéndose entre mis escamas. Apreté los dientes, dejando escapar un gruñido ronco que se quebró por el esfuerzo. Mi instinto gyojin me pedía destrozarlo, arrancarle la garganta de un zarpazo, pero mi mente se mantenía helada, observando cada movimiento del mink, calculando. Su cuerpo en tensión, su respiración agitada… y yo, aún sin caer, sonreí de nuevo. -Tch… te mueves bien para un gato… uo- Mascullé, con voz aguda y cargada de irritación infantil, mientras la rabia se encendía como fuego bajo mi piel azulada.

El cuerpo me tembló por un instante, una vibración que recorrió mi columna hasta el final de la cola, como si el golpe en la pierna hubiera hecho resonar toda mi estructura ósea. Me incliné levemente hacia adelante, el aire escapando de mis pulmones en un jadeo ronco y agudo. Mis manos, casi por reflejo, se aferraron a la herida en la pierna derecha; sentí el calor de mi propia sangre resbalando entre los dedos, pegajosa, con ese olor metálico que me llenaba las fosas nasales. Solté un rugido corto, medio grito, medio protesta, el tipo de sonido que solo nace de una mezcla de dolor y furia contenida. Todo lo infantil en mí se desdibujó por unos segundos, reemplazado por un instinto más crudo, casi animal. Fue entonces cuando otro impacto me sacudió la cabeza. No fue una bala que atravesara, ni un disparo que me arrancara nada… más bien, se sintió como si alguien me hubiera lanzado una piedra con una puntería endemoniada. Rebotó en mi cráneo con un chasquido seco, haciendo que mi cabeza girara levemente hacia un lado. -Tsk… eso dolió-uo…- Gruñí entre dientes, con la voz aguda quebrándose entre la rabia y la sorpresa. El golpe me hizo parpadear varias veces, los ojos rojos nublándose unos instantes. Sentí un zumbido persistente, una vibración en el oído derecho que me hacía perder por momentos el equilibrio. No era dolor lo que me preocupaba, sino la sensación de que mi cuerpo comenzaba a responder más lento, mis músculos tensándose sin fuerza. ¿Era cansancio? ¿O acaso… había subestimado a esos miserables? Me quedé quieto, respirando con pesadez, el pecho subiendo y bajando en un ritmo desigual. La sonrisa tonta que solía dominar mi rostro se desvaneció apenas unos segundos, sustituida por un gesto más serio, casi incrédulo. -Quizá… los infravaloré-uo…- Pensé, apretando los dientes, mientras el sabor salado de la sangre se mezclaba con mi saliva. Y ese pensamiento me ardió más que la herida.

Volví a intentar inhalar con todas mis fuerzas, como quien busca hundirse en la marea para recuperar el aliento; erguí el torso con un esfuerzo que me quemó los músculos y llevé las manos torpes y húmedas hacia el bicho que tenía enroscado al cuello, dispuesto a arrancarlo con un movimiento seco y definitivo para volver a ser yo mismo, para volver a repartir orden y miedo en la misma medida. Noté mis dedos enfangados de sangre caliente y salada, el olor metálico que me pegaba en la nariz y convertía cada respiración en una operación militante; por un instante la esperanza fue un latido: si lo quitaba, si lo apartaba, podría recomponer la respiración y erguirme como siempre, con la sonrisa torcida que asusta y la calma que engaña. Pero cuando el impulso se organizó en mi cuerpo, algo pesado me alcanzó por detrás: la gigantona, con esa torpeza de montaña, me dio un golpe seco en la nuca que se sintió mas como un golpe amistoso que como un golpe agresivo. Me giré al instante, instinto puro, dispuesto a aplastar la molestia humana que se atrevía a tocarme, pero antes de que pudiera completar el giro un nuevo impacto como una piedra arrojada vino a estampar su presencia contra la sien izquierda; el crujido seco del golpe se extendió por mi cabeza y el mundo se convirtió en una acuarela desigual, con sonidos que llegaban lejanos y una presión sorda que me ordenaba detenerme. Sentí cómo la fuerza que tanto había dado por sentada empezaba a flaquear, una rendija pequeña que se agrandaba con cada respiración que me costaba más tomar; mi corazón palpitaba de manera rara, un latido que no obedecía y que me gritaba que quizás, sólo quizás, había subestimado a todos estos insectos que ahora me aprietan la vida. La rabia burbujeó en mí, infantil y colérica, buscando un estallido final, pero la niebla en los ojos y la punta afilada del dolor me obligaron a reconocer algo que me escuece admitir: me estoy debilitando.

No podía hacer mucho más… el aire me entraba a trompicones, cada respiración suena como un silbido ahogado dentro de mi garganta, y sentía cómo mi pecho se contrae sin control, buscando oxígeno donde ya no hay nada. Una rodilla, la derecha, se hundió en el suelo con un golpe seco, levantando un poco de polvo y salpicando sangre que ya no sé si es mía o de los otros;  sentía el suelo frío, áspero, y la vibración del impacto me recorría en el cuerpo hasta la punta de la cola, haciéndome temblar. Seguía con las manos clavadas al bicho que me estrangulaba, sus garras siguen hundiéndose en mi cuello, y el sonido de su respiración cerca de mi oído se mezclaba con el latido desesperado de mi propio corazón. Intenté apretar los dientes, pero el hueco donde faltaba el colmillo roto me dolía con cada intento de rabia. La piel del cuello me ardía; sentía cómo la presión aumentaba, cómo la vista empezaba a nublarse en los bordes, como si el mundo se cerrara en un túnel de luz azul y ruido. Por primera vez en mucho tiempo, me doy cuenta de que el cuerpo no siempre obedece a la voluntad. Yo, un Sakana, mitad beluga y mitad manta, un depredador del océano… reducido a esto. Mis brazos temblaban, las venas se me marcaban, y apenas logré aflojar un poco el agarre que tengo en el cuello. El pensamiento se deslizaba lento, pesado: ”¿Será este mi fin, uo?” Me negaba a aceptarlo, pero la mente se llenaba de imágenes: mis hermanos riéndose de mí, llamándome débil, una burla que me dolería más que la muerte misma. ”No… no pienso caer aquí, no pienso morir rodeado de estos insectos terrestres.” Pero el cuerpo no escuchaba, el aire no llega, y mientras la presión en el cuello me consume, solo alcanzo a mascullar entre dientes, en un hilo de voz aguda y rota: -No… todavía no…-uo-

RESUMEN


BÉLICO


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