Una historia que nos encontro :: Privado :: Pasado
#1
MUSIQUITA

Narrador / María Merlot

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¿Desorientada?
Siempre pero ahora mucho más…

Entraba y salía de la somnolencia provocada por su estado. El arrullo de la oscuridad la envolvió alejándola de la realidad, de todo lo que ocurría a su alrededor. Su cuerpo: a veces le dolía, a veces ni lo sentía. La confusión fragmentaba escenas, las voces se distorsionaban y las sombras predominaban, como si la realidad fuera un hechizo parpadeante. Si lo describiera con palabras, lo concebiría como una batalla constante… un ciclo brutal donde cada despertar se sentía como un esfuerzo heroico, solo para que el vacío la arrastrará de nuevo al abismo.

¿Qué había sucedido con Grizelda y sus secuaces?
No lo sabía.
¿Su Kami estaba bien?
No lo sabía.
¿Qué sabía?
Nada.

Su mente se fue aclarando, después de 4 días… ¡4 días! de desorientación absoluta. Los párpados le pesaban, y una voz indescifrable se escuchaba a lo lejos. Su cuerpo le dolía pero no tanto como debería. Sus orbes ámbar poco a poco fueron quedando al descubierto, lo primero que vio fue un dosel, un dosel impolutamente blanco. Blanco como las nubes, blanco como las margaritas, blanco como la espuma del mar ¿Ahora si estaba muerta y había llegado al cielo? ¿Dónde estaba su Kami entonces?

¡Su Kami!

El solo el recuerdo del hombre la hizo espabilar e intentar levantarse de dónde estaba, en el proceso su cuerpo la traiciono y todo volvió a ponerse negro, se había mareado. Volvió a recostarse, ahora que lo pensaba parecía estar sobre plumas, la cama en la que reposaba era muy suave. Sus ojos pasearon por la habitación, una realmente muy llamativa… como sería la de una chica de su edad y de alta alcurnia.

¿Dónde estaba?
No lo sabía.

La garganta empezó a reclamarle agua, estaba sedienta, deshidratada. Observó una mesita a su lado, tenía varios diales y una jarra con agua. ¡Agua! intento estirar la mano para agarrarla pero en el proceso la tumbo, causando que el cristal se rompiera en varios pedazos y el agua se esparramara. Bueno, si se arrastraba y caía de la cama no tenía problemas de lamer el agua del suelo, aunque el vidrio si sería un gran obstáculo.

La puerta se abrió y cerró — Despertaste… — la acompañó una voz, que pronto tuvo rostro. Una mujer de mediana edad acercándose a ella — Pobrecita… ¿quieres agua? —  le pregunto viendo el desastre de la jarra rota. María solo asintió con su cabeza, no sabía quién era la mujer, pero por ahora con que le diera agua bastaría, y así sucedió.

Lo siguiente que supo es que la mujer, aparentemente amable, se llamaba Zharai. Estaba ahí para cuidarla por orden de su “Jefe”. ¿Quién era su “Jefe”? No lo sabía pero cuando la interrogó por su Kami, nunca le respondió. La exhortaba a descansar, le daba esos diales de colores que había visto antes, se sentía drogada pero no había dolor… ¿Qué más podía desear? A la semana ya pudo salir de la cama, caminar, había una pequeña ventana que daba a un enorme patio, de vez en cuando veía hombres de aspecto curioso ir y venir.

¿Tenía miedo?
No, la verdad.
¿Le preocupaba algo?
La incertidumbre de su Kami.

La habitación tenía dos puertas, la primera vez que abrió aquella por dónde entraba y salía Zharai vio a dos tipos enormes a cada lado. Y uno le había hablado “El médico dijo que debes guardar reposo” y con eso la hizo, con extraña amabilidad, regresar adentro. ¿Una forma sutil de decir que no podía salir? Aparentemente si. La otra puerta daba a una habitación maravillosa… una recámara donde se extendía una especie de piscina, eso no podía etiquetarse de bañera, era una monstruosidad majestuosa dónde la primera vez que entro sintió regresar el alma a su cuerpo. Zharai la había estado ayudando a lavarse, como si fuera una fina señorita… como cuando la preparaban para venderla al mejor postor pero aquí nunca vino nadie a llevarse, y más bien le habían dado medicina, la habían cuidado y hasta ropa bonita le habían dado… lo único que no la dejaban hacer era salir de la habitación… “Porque el doctor recomendó reposo”.

¿Quién le diría que no a la suerte?

Ella no, así que lo disfrutaría… mientras durara. Tal vez durará por siempre. En especial, luego de hacerles entender que no comía nada que hubiera estado vivo, entonces solon la alimentaron con raciones de frutas y vegetales que la hacían muy feliz... pero en el fondo, estaba latente la pregunta ¿Y su Kami?

Los días se convirtieron en semanas, estaba recuperada de todo el daño causado por Grizelda. Sus huesos se llenaron de carne, y su semblante recuperó su belleza, o bueno, gran parte de ella porque aun el ojo tenía una sombra oscura de la terrible hinchazón. Zharai la había peinado con una clineja que recogió su largo cabello dejando algunos mechones sueltos adelante. La ropa de hoy se parecía mucha a la que usaba su bondadoso vagabundo (ver imagen de referencia) y de muy buena calidad. Aunque le gustaba estar ahí, porque ser privada de libertad no le molestaba, necesitaba salir para buscar a su Kami, investigar que estaba bien… porque debía estar bien y ella lo encontraría, comerían esa comida pendiente. Así que solo quedaba una opción, distraer a los guardias, y escapar de esa hermosa y divina habitación.

— Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah —grito de pie sobre la cama —  AYUDAAAAAAAAAA —  lo acompañó e inmediatamente se abrió la puerta y entró el guardia A, el guardia B se quedó en la puerta — Ayuda ayuda ayuda… ahi, ahi… es horrible, me cayó encima, quiero morir, vomitar, resucitar y volver a morir…. ahí, ahí… — hablo fingiendo pánico señalando la puerta del baño como si el mismísimo hombre de moco estuviera ahí — … por favor, deténganla rápido, antes de que escape o regrese y traiga a sus secuaces, y nos hagan daño… por favor, maten a esa asquerosa cuchara. Si la dejan vivir no podre dormir mas nunca aqui, no podre pegar ni un ojo, preferiría lanzarme por la ventana que estar aquí — informaba rápidamente, y dado que en las últimas semanas habían observado el comportamiento de la desequilibrada pero hermosa mujer, decidieron ayudarla. Guardia A se internó en el baño, mientras Guardia B veía desde la puerta, dejando la salida de la habitación despejada. Y era ahora o nunca, la mujer se bajó de la cama y corrió, ágilmente cerró la puerta, que se podía bloquear desde afuera — Lo siento pero debo encontrar a mi Kami — se disculpó con los hombres.

No sabía a dónde ir pero los golpes en la puerta en algún momento llamarían la atención de alguien, así que mejor moverse rápido. Un pasillo aquí, más ventanas, ese lugar era enorme, tan enorme como sobrio, elegante y muy lujoso. Llegó a unas escaleras, daban a la planta baja… ¿Dónde estaba ella? ¿Dónde estaba su Kami? ¿Qué era ese lugar tan fastuoso?

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Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
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#2
Las casualidades son infinitas, oh y tan infinitas que eran… Tanto que unos inútiles a los que había contratado para encontrar un nuevo “producto” se habían encargado de no solo estropearlo todo, sino que para colmo empeorar toda la condenada situación. La información le llegó desde el Den-Den Mushi de su propia oficina en un domicilio propio. Tres palabras, una de ellas para dirigirse a él, y las otras dos para que supiera qué hacer.

“Jefe… Ha escapado.”

El tic en su ceja solo era algo que nuestros espectadores podían ver. Un hogar, vacío, espacioso y solitario ahora solo parecía un agujero negro del que quería destruirlo todo. No era siquiera suyo… No del todo al menos, sino uno de los tantos hogares a los que había podido descansar. Aún así habló, respondió y, sin embargo, su tono lento y pausado hizo temblar a los del otro lado de la línea. Aquella voz profunda, seria, capaz de hacer temblar dependiendo del tono empleado.

[Imagen: N4uqfHz.jpg]
—Informadme de la última ubicación.

La respuesta llegó concreta, en un tono tembloroso, antes de dejar el Den-Den Mushi a un lado y caminar hasta el armario para prepararse. Inútiles que no sabían hacer nada si él mismo no intervenía. Para colmo su jefe ya le había dado advertencia de la urgencia del producto. No fallaba, lo sabía, pero ese tipo de errores ajenos le sacaban de quicio, todo lo quería perfecto, meticuloso. ¿Qué esperar si en otro momento lo abandonaban cuando fuera a cumplir con su objetivo principal? Por eso no podía contar con cualquier inútil. Hyákinthos por otro lado ahora solo conseguía mejores productos desde que trabajaban juntos, y menos mal. 



—¿Jefe…? — la voz femenina de una mujer desnuda a la que obviamente había dejado a medio “trabajar” asomaba por el umbral de la puerta, con un tono coqueto, sus piernas todavía temblando por la actividad sexual previa a la información.

—Vístete. Se ha acabado el juego por hoy.

—Oooww, qué lástima… Todavía no conseguí que usted pudiera terminar. No es justo que solo yo lo consiguiera. — la sonrisita divertida de la mujer mostraba la satisfacción, aunque solo fue necesaria una mirada más seria del hombre para que cubriera sus labios de forma juguetona. —Está bien, está bien. Ya me voy. Estaré encantada de recibirlo de nuevo cuando regrese.

[…]

Ahora sus pasos ya lo estaban acercando más a la zona que le habían comunicado que se había perdido. La nicotina aliviaba el mal humor. No es que fuera una gran pérdida, pero sí era molesto que cuando se les enviara a algunos a hacer un trabajo, lo hicieran mal. No todos los días se podía encontrar un Mestizo de buena calidad…

¿Recuerdan las primeras palabras? Exacto, las casualidades son infinitas, tanto que pudo escuchar pasos correr, desde alguna parte. Algo inevitable en un lugar lleno de peligros. Unos huyendo de otros y, oh de nuevo casualidad, por una vez él no estaba acompañado de sus hombres, los mismos que posiblemente ahora rastreaban a la Mestiza y al hombre que lo acompañaban pero, sí, no se lo creerán, pero sí, OH CASUALIDAD, justo allí, frente a él, justo frente a una intersección se encontró no solo el producto en brazos de otra persona sino que, para más inri, la persona era alguien que previamente conocía. Por una vez, la sorpresa se dibujó en su rostro en forma de dilatación de sus propios ojos, viendo lo que jamás esperaba ver en ese mismo instante.

[Imagen: JbTHvLG.png]
—¿Han?

No sabía si agradecer haber encontrado lo que buscaba, o maldecir por si habían visto a algunos de sus hombres en ese momento. Chasqueó la lengua. La situación era demasiado obvia para omitirla y su conocimiento era demasiado para no comprender de dónde salían. Lo único bueno era que él mismo conocía la ubicación de todos y cada uno de los buscadores de la Mestiza. —Ven conmigo. — sus palabras eran firmes, con el mismo tono que parecía sonar amenazante, pese a que realmente no era así. Todo se le había juntado de golpe. Suspiró largamente y aligeró el paso. Ahora las cosas se complicaban mucho más. —Ponme al día de qué diantres te ha pasado y por qué estás con alguien en brazos.

[…]

Y ahora, después de cuatro días, había conseguido médicos. Se había planteado la idea de llamar a Hyákinthos, pero probablemente lo fascinaría la idea de abrir el cuerpo de la muchacha y con Han en un domicilio que, pese a obviamente ser exageradamente grande, dudaba que fuera idea traer en ese momento. Recurrió por el momento a uno de los médicos de su propio jefe. Fue complicado explicarle la situación sin que hubiera obvias razones de “limpiar testigos”, sin embargo lo mejor era no tentar a la suerte, logró convencerlo de alguna u otra forma. Por supuesto, la llamada fue privada, en un lugar solitario y después de que la Mestiza estuviera siendo tratada y que el mismo Han ahora fuera guiado a un dormitorio para él para que pudiera reposar y ponerse al día, o acompañar a la muchacha de ser necesario.

Ahora mismo estaban en una mesa, quizás demasiado grande para lo que realmente era útil. Cierto, tampoco esa era su casa, pero tampoco le agradaba la idea de que invadieran su privacidad de ese modo. Pocas personas tenían conocimiento de su propio domicilio, solo su propio jefe, quien fue el que en su momento lo ayudó con todo el domicilio. Aquella “mansión” era una de las tantas que usaban para realizar tratos privados, donde parecía un domicilio para varios visitantes. El desayuno estaba servido, su ropa como siempre estaba impecable, pese a que no se había peinado demasiado. Al tener cabello liso, de todos modos, no se le veía para nada raro. Quizás estuviera teniendo una conversación con Han, en medio de la comida, o quizás sencillamente solo se limitara a comer tranquilamente. Habían hombres también en el domicilio que formaban la seguridad, por supuesto no eran los mismos que inicialmente los habían estado perseguido y él mismo se había encargado de que todo quedara en orden sin que tuviera que lidiar con cosas innecesarias.

Y qué poco duró la tranquilidad, en la planta superior, pese al gran tamaño del lugar, ya parecía haber algún tipo de problema. Jin sencillamente cerró los ojos, cansado, y soltó los cubiertos sobre la mesa, interrumpiendo su alimentación y poniéndose en pie.

—Ya vuelvo. — si Han quería o no seguirlo sería elección suya, no iba a impedirle nada, pero sospechaba qué era lo que había ocurrido. Y, desde luego, en el momento que alcanzó las escaleras inferiores, se topó con la mirada de la mujer que había visto como “producto”. Se mostró calmado, los ojos no se apartaban de la muchacha y, además, tomaba el paquete de cigarrillos de su bolsillo, abriéndolo con el pulgar y acomodándolo entre sus labios. —No te recomiendo salir de aquí si no quieres problemas, muchacha. — su voz, en tono lento y calmado, sonaba casi como una amenaza. —Por ahora estás a salvo aquí y hasta que no sanen tus heridas no te recomiendo seguir haciendo la locura que estás haciendo. — el mechero se encendió frente a sus labios, iluminando más su rostro pese a que ya de por sí la mansión ya estaba bien iluminada.

[Imagen: tYBpJip.jpg]
—No fue fácil estabilizarte cuando estabas tan gravemente herida.
Y desde luego, quienes "dañaron el producto" ya estaban o habían sido ya castigados. La cosa no era dañarla, sino traerla aunque fuera inconsciente, pero algunos inútiles deben limpiarse. Eso era algo que había realizado en la privacidad, en alguna noche en la que sospechaba Jin que Han se había quedado profundamente dormido. 
—Jefe, la chica... — Oh, sí, apenas llegaban los dos supuestos guardaespaldas que había pedido que cuidaran de la Mestiza... y obviamente había vuelto a ser decepcionado. Realmente parecía que todo tenía que hacerlo por su cuenta para que se hiciera una maldita cosa bien. Sus ojos afilados se elevaron tras los hombres que ahora estaban bajando las escaleras... y frenaron a medio camino, tragando saliva seriamente. 
Karma
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#3
Ya habían pasado semanas desde que Jin decidió, con todo su buen corazón, acogernos en su casa, una casa inmensa y elegante. No tenía porque hacerlo, pero cuando vio que una mujer muy malherida estaba inconsciente en mis brazos su bondad no pudo quedarse inmovil, sabía que podía confiar en él. Cierto era que apenas le conocía, solo lo había visto una vez compitiendo por comida, pero en aquel momento pude ver su alma caritstiva, aunque fuese solo en el fondo.

Aquellos días fueron extraños, Jin fue rápido en su actuar, no solo nos dejó un lugar donde descansar y que la chiquilla se recuperase, tambien trajo un medico que trato las severas lesiones de la muchacha de pelo azul. Incluso permitió que me quedara allí viviendo en mis propias carnes los lujos y comodidades de las estancias, camas mullidas, cojines y tapizados de coñores burdeos, muebles de madera maciza bien conservada, no escarimaba en gastos el hombre. Jamás me había visto envuelto entre tanto oropel, yo acostumbraba a un entorno mas humilde, incluso antes de que acabase mendigando, realmente me sentía un poco fuera de lugar. Sea como fuere, lo importante es que la chica se recuperase y saliese de ese caserón por su propio pie, aí que acepte todos esos cuidados hacia mi en silencio y de manera agradecida y respetuosa. 

Cada uno de aquellos días fue un sin vivir, la mujer no despertaba, por suerte aún respiraba y tenía pulso. Por mi parte no pude hacer nada mas que quedarme a su lado por horas, observando su magullado y amoratado cuerpo durmiendo entre las sábanas de seda. Día y noche, las únicas veces que salia de aquel cuarto era cuando el medico entraba para seguir su tratamiento y cuando Jin lograba sacarme a comer y entretenerme, aunque la verdad es que lo vi poco y las escasas veces que lo veía parecia distraído, se notaba que era un hombre muy ocupado con su trabajo. 

Guardaespaldas vigilaban la puerta del cuarto en el que lanpaciente se encontraba, escudriñando atentos para que nadie sin autorización pasase a visitarla. Esos calurosos días terminaron al vigésimo octavo amanecer, donde el hombre de buen ver y yo escuchamos gritos durante una comida conjunta, una comida deliciosa en un cuarto inmenso que se sentía vacío y sin alma, aunque enormemente hermoso el comedor. Él se preocupó y se levantó para ver que era lo que ocurría. Lo seguí sin oensarlo dos veces, habia reconocido la voz de esos alaridos, era ella de nuevo, necesitaba mi ayuda de nuevo. Mi paso fue rapido y nervioso, hasta que llegamos a la escalera, donde esa mujer estaba bajando apresurada y gritando, se le veía nerviosa y desesperada ¿Acaso alguien le había importunando? No parecía mas magullada de lo que ya estaba, tal vez tuvo una pesadilla. -Tranquila pequeña, todo esta bien.- Sonreí lo mas afable y tranquilo que pude acercándome a ella para tomarle de las manos, ambos pudimos notar la piel del otro, yo pude apreciar la susvidad de sus dedos y ella, por desgracia, sentiría los callos de mis palmas. El hombre elegante encendía un cigarro, que mala manía, y advirtió a la muner de su estado fingiendo indiferencia. A mi no me engañaba, hasta él estaba preocupado y sorprendido a partes iguales. 

La verdad es que Jin parecía sorprendido y escamado desde que le expliqué que sucedio para llegar a oedirle ayuda, y de todo lo que tuve que hacer para llegar ambis vivos. Era cierto que yo no parecía un gran guerrero, pero… ¿Tan sorprendente resultaba que yo fuese capaz de tumbar a tres mujeres inexpertas? Si que inspiraba vulnerabilidad. 
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#4
Narrador / María Merlot

…………………………………….

¿Hacia dónde iba?
Ni ella lo sabía.
Solo tenía una idea en mente.
Encontrar a su Kami.

Las escaleras majestuosas se extendieron bajo sus pies. ¿Si bajaba encontraría la salida? ¿Si encontraba la salida… encontraría a su Kami? En su mente, él no podía estar muerto así que hasta que no viera su cadáver, no aceptaría esa idea. ¿Por qué barajaba la posibilidad de su muerte? Porque ella misma había presenciado la crueldad de Grizelda, y él era solo un indefenso hombre de postura desgarbada, sonrisa amable y ropas raídas.

PAM PAM PAM

Varios golpes retumbaron por aquel piso, y posiblemente el piso inferior también. Era una puerta siendo derribada, vendrían por ella, y la experiencia le indicaba que cuando “Intentaba Escapar y La Agarraban” las consecuencias eran muy malas, tanto como para evitar que la idea de la fuga volviera a cruzar por su cabeza, en semanas como mínimo.

Entonces, sin dudarlo, empezó a descender con la rapidez que sus pies lo permitieron, sin embargo, toda idea de continuar se desvaneció al toparse con ÉL. ¿Quién era ÉL? ¿O, más aterrador aún, QUÉ era ÉL? Ella no quería descubrirlo, no cuando su mirada ámbar se posó sobre sus ojos azules sin vida, instintivamente dio un paso atrás, subiendo un escalón. Y en su piel  una mezcla confusa de miedo e intimidación se hizo presente.

¿No le recomendaba salir de ahí? Eso no sonaba como un consejo, sino como una amenaza disfrazada de advertencia.

¿Sanar sus heridas? ¿Acaso fue él quien la salvó? ¿Qué había sucedido con su Kami?

Cuando lo vio encender el cigarrillo dio otro paso atrás, no quería estar cerca de ÉL. ¿Qué tipo de energía invisible rodeaba a ese hombre? ¿Este sujeto era acaso Paltear Von Karst? ¿Y si corría al piso de arriba y saltaba por una de las ventanas? Fue el pensamiento que cruzó su cabeza pero se esfumó cuando los guardias hicieron su apariención en la cima. ¡Estaba jodida, muy jodida! Trago saliva, y sopesó sus opciones, por ahora mejor estar tranquila y sumisa, y cuando ese hombre peligroso no estuviera cerca… intentar nuevamente escapar… porque solo un milagro la salvaría de sus garras, no tenía pruebas y tampoco dudas de que estaba en la cueva del lobo.

“Tranquila pequeña, todo está bien”

La voz, la suave y reconocible voz del vagabundo, se sintió como agua bendita sobre sus problemas. Cuando su mirada viajó hasta su estampa, sintió su cuerpo relajarse y soltar la tensión que “ÉL” le causó. Un suspiro de alivio que contenía el saberlo vivo, el saberlo aún cerca de ella. María se llevó ambas manos a la altura de su corazón, y empezó a reír, una risa delicada y nerviosa que exteriorizaba el remolino de emociones que sintió en pocos segundos.

— ¿Kami? — dijo entre la risilla apretando fuertemente su pecho. ¡ERA UN MILAGRO! Él estaba vivo, él estaba ahí. Muchas preguntas inundaron su mente pero las barrio lejos mientras la risita se transformaba en una amplia sonrisa que desbordaba felicidad… ¿el miedo de antes? Ese hombre pasó a segundo plano, en ese momento su Kami era todo su mundo — Estás vivo, estoy viva… estamos vivimos — pronunció descendiendo un escalón, y luego otro, cuando pisó el suelo de la planta baja corrió hacia él y le saltó encima, con sus piernas alrededor de su cintura y sus brazos alrededor de cuello mientras enterraba su cara en su pecho — ¡Estás vivo! ¡Estás vivo! ¡Estás vivo! ¡Estás vivo! ¡Estás vivo! — repitió con mucha emoción porque en su cabeza, y aunque lo negara con su optimismo, se imaginó el peor destino para el bondadoso hombre — Cuando desperté y no te vi tuve tanto miedo de que estuvieras muerto. Todo por mi culpa, lo siento tanto por hacer que tu camino se cruzará con mujeres taaaaaaaan feas y solteronas. También siento mucho todo lo que dije, no creo en nada de lo que pronuncie solo quería que te fueras para que no resultarás herido porque a mi ellas no iban a matar pero contigo hubiera sido diferente. Tu color de piel tiene el tono perfecto, y tu altura es maravillosa, y el cabello negro me gusta mucho, y no me importa que no lleves zapatos. Si fueras una mercancía no le alcanzaría a nadie para pagar por ti porque eres una edición única y especial, sin repeticiones ni iguales… ¡Eres lo mejor de lo mejor de esta isla! — sus palabras salieron como un torrente descontrolado, disculpándose por todos los adjetivos negativos que dijo frente a Grizelda para que lo dejara en paz, ella en realidad lo tenía en muy alta estima, tanto como para llamarlo Kami, por eso y por el Halo de Luz que lo rodeo cuando lo conoció en la fuente. Se separó de su pecho y con sus manos tomó la cara del hombre con suavidad — Lo siento, Kami, yo solo quería salvarte de sus pezuñas asquerosas, por eso dije cosas malas pero… yo no quiero ser odiaba por ti, no ahora, no nunca. Te quiere mucho Kami — la celeste era de fácil trato, de fácil encariñarse con aquellos que la trataban bien y más si percibía que venía de intenciones puras, como el mendigo de Sober, por eso quería aclarar el cómo lo menosprecio frente a las brujas de sus captoras.
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
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#5
Desafortunadamente, era de esperar la reacción de Han. Y más cuando escuchó la voz de la muchacha. Por el momento, solo lo sujetó de la zona inferior del codo, manteniéndose firme, calmado pese a la situación que se estaba dando. La seriedad se dibujaba claramente en su rostro.

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—Si aparece de golpe podría confundirla más. Sea paciente, Han.

Le dio escasos segundos antes de soltarlo, dejarlo ir y seguir retomando el camino hasta el tan esperado reencuentro.

[***]

Lo único positivo que había sacado de allí era que Han se había realmente creído el papel de “persona buena que ayudaba”. Tampoco es que fuera malo del todo, pero acostumbraba a lo opuesto, precisamente actitudes de rechazo similares a las de la mestiza. El reencuentro fue claramente emotivo, tanto que al propio Jin le asqueó. Siempre le dio la sensación de que ese tipo de reencuentros eran forzados, inservibles. Por lo que habían hablado, apenas se conocían de hacía poco, eso solo daba mayores razones para un apuñalamiento por la espalda, y ninguno de los dos era consciente de ello. Quizás porque prácticamente era a lo que él estaba habituado realmente. Si Han creía en bondad, que así fuera, es lo único que por el momento le vendría bien.

Separó el cigarrillo de entre sus labios, soplando el humo, dejando que éste se desvaneciera en el propio aire, cerrando sus ojos en un aire calmado, sin alteraciones. Le importaba poco y menos cómo se llevaran, o si en unos días fueran a traicionarse entre sí, eso ya era asunto de ellos. Ahora tenía cosas que solucionar, como que la propia mercancía ahora parecía ser un desperdicio con piernas. Halagaba incluso con tan poca gracia que si buscaba ligar, dudaba seriamente que lo lograse. Una lástima, hubiera preferido juntarla con Hyákinthos, estaba seguro de que al menos sabría apreciar la calidad del producto. Cuando ya sintió el aburrimiento del reecuentro, solo carraspeó, dejando caer las cenizas del cigarrillo en el suelo despreocupadamente.

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—Ahora que habéis terminado, ¿qué tal si charlamos un poco?

Sus ojos ascendieron, afilados, cargados de impasibilidad y, como bien describió la muchacha, sin un atisbo de vida en ellos. Podría haberle dicho a la chica que fue él quien la puso a salvo, quien logró encontrarle un médico que la tratara y, sin embargo… ¿el protagonismo? Nah, no era lo suyo. Si quería hacerlo Han, era asunto suyo. Reacomodó el cigarrillo entre sus labios, dando una nueva calada, el gris volviéndose anaranjado, el humo todavía con más intensidad en forma de zigzag pasando frente a su rostro. —Han, sería mejor no apretarla demasiado si no quiere que se reabran las heridas de la chica. — agh, qué inútiles habían sido sus hombres al fallar en un trabajo tan básico como traer a alguien. Irónico que, incluso así, pareciera mostrar la preocupación por la que Han parecía tener convicción. —Quiero ver también el punto de vista de la señorita e investigar si es necesario saber que haya alguien más detrás de ustedes. Si tanta energía tiene para gritar sin sentidos, señorita, creo que tiene fuerzas más que suficientes para dejar de actuar como un cachorrito asustado y hablar de persona a persona.

No esperó respuestas, acomodó su mano en el bolsillo, caminando de vuelta hasta el comedor, mirando de reojo a los hombres que habían frenado a medio camino.

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—Llamen al médico, que venga al Gran Comedor y revise a la señorita.

—S-sí jefe… — No esperó, solo se adelantó, ya fuera que lo siguieran o no, hablando con un tercer hombre para una nueva mesa para que la mujer pudiera alimentarse, frenando a media conversación para volverse a ella, apartando el cigarrillo de entre sus labios.

—¿Qué le gusta comer? Pida lo que quiera, estoy seguro de que nuestro cocinero lo tendrá. Si quiere terminar de recuperarse necesitará alimentarse adecuadamente. — Una vez más, su rostro no mostraba emoción alguna, como era de costumbre, como si solo estuviera hablando del tiempo. Fuera que le respondiera o no, le daría una información y caminaría de vuelta, caminando por los enormes pasillos, cargados de cuadros y elegancia. Era un dolor de huevos pensar en qué decirle otra vez a su jefe, eso solo lo tenía de peor humor. Elevó su mano, volviendo a dar una calada, mirando al frente.

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—Así que, cuénteme señorita María. ¿Cuál es su versión? Solo escuché la parte de Han.

Por supuesto, tenía exactamente planeado qué hacer con ellos después del primer encuentro y, obviamente, tras esos días transcurridos en la inconsciencia de la mujer, ya había preparado más que suficiente para llevarlos a donde él mismo quería. Un hombre calculador, preparado, siempre atento hasta el más mínimo detalle. Además, el que diera su nombre no era casualidad, quería hacer ver que sabía bien quién era, ya fuera que se lo tomara o no como amenaza. Suspiró, soltando nuevamente el humo del cigarro de entre sus labios al momento que entraba en el mismo comedor, solitario, enorme, de la entrada, y la comida había quedado a medias, en el asiento de Han y el suyo propio. Tomó su asiento, calmado, acercando el cenicero que había estado cerca de él, dando el último soplido del humo antes de apagarlo allí mismo. Se cruzó de piernas, con los ojos fijos en la mujer, ahora que estaba despierta, analizándola con mejor atención.

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—Han, tendrá los debidos cuidados, en breves vendrá un médico a analizarla.

Volvió de nuevo el rostro hacia la mujer, ya que la atención había vuelto al vagabundo, su calma sin verse afectada en lo más mínimo. Se mostró calmado, ambas manos sobre la mesa con la elegancia que ya de por sí lo caracterizaba.

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—Y me gustaría que no tuviera prejuicios, señorita.

Hizo una pequeña y corta pausa, dejando que las palabras fluyeran lo suficiente no solo para ella, también para él, aunque en el caso de Han ya había demostrado que no los tenía en el momento que se conocieron tiempo atrás. Descendió la mirada hacia los alimentos que estaban todavía a medio terminar, antes de elevar de nuevo la mirada hacia la mujer, con mayor convicción. —Solo nos entorpecerá a todos, y dudo que quiera que el señor Han siga en peligro. Como dije, hay que investigar qué pasó, por qué iban detrás de usted, o ustedes. He hecho que algunos investigaran mientras usted estaba inconsciente. No la conozco de nada, pero sí a Han, y obviamente me niego a que él esté en peligro y, si dio tanto por protegerla, significa que también tengo que cuidar de usted, señorita Merlot. — la voz empleada, de nuevo, era lenta, profunda, usando su ya tan característica voz que hacía temblar a sus hombres. A veces, como en ese momento, se volvía un movimiento involuntario, inconsciente. Así era como lograba que la atención se dirigiera en su dirección.—Para que pueda ver que soy de confianza, me presentaré. — Una nueva pausa, para dejar que la mujer adquiriera todo lo que estaba hablando.

[Imagen: ztPXA2k.png]
—Soy Onizuka Jin.
Karma
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#6
Al fin María había despertado y parecía estar bien, aunque sus heridas aún no habían sanado del todo y su rostro todavía tenía alguna hinchazón y hematoma por la tremenda paliza que había sufrido por parte de aquellas mujeres. Sí, había sufrido grandes daños y llevábamos ya un tiempo en el hospedaje que Jin nos había proporcionado, pero al fin, con paciencia y cuidados médicos adecuados, logró ponerse de pie otra vez. Me alegraba oír de nuevo la dulce voz de aquella muchacha, no parecía merecer todo el sufrimiento a la que esa tripulación le sometió. 

Antes de que llegase yo Jin la frenó en seco, parecía tenerle miedo, aunque no podía imaginar el porque, Jin parecía un villano sacado de alguna historieta, pero solo por su alma atormentada, no me había demostrado tal maldad nunca, aunque tampoco es que nos conociésemos en profundidad. Por suerte cuando me vio a mi comenzó a ser la dulce y vivaracha mujer que conocía, hablando sin parar, a veces tan rápido que costaba seguirle el hilo, pero en término generales parecía agradecida de verme y de seguir viva. También se disculpaba incansablemente por decirme aquella cosas horribles previas al combate. Sonreí a la chiquilla de azulado pelo mientras relajaba mi postura y posaba una de mis manos en su cabeza. -No tienes que disculparte, mujer. A decir verdad no es que estuviese prestando demasiada atención a lo que decías, me preocupaba mas librarme de esa chusma.- Ella podía apreciar que no tenía rasguño alguno, no porque hubiera sanado, sino porque había salido totalmente ileso de ese enfrentamiento. Yo no era un gran guerrero, eso era cierto, y mi imagen destacaba mi faceta menos combativa, pero lo que pocos sabían es que en las calles tienes que aprender a defender coas tan simples como tu comida, tu saco de dormir o tu propia ropa, incluso tus órganos. Realmente ser mendigo tenía sus peligros intrínsecos. 

Quité la mano de su testa y coloqué los brazos en jarra mientras le miraba el rostro, pero no sus ojos o algo por el estilo, sino las lesiones que aquellas tristes piratas le habían dejado. -Ahora mismo céntrate en recuperarte. El medico nos dijo que no debería quedarte secuela alguna.- Volví a sonreír, pero esta vez con un aire esperanzador. La verdad es que María había empezado su camino a la libertad de manera dificultada, pero logró salir de la opresión de ese proyecto de bucaneras, aunque fuese con un poco de ayuda. Poco después Jin intercedió con su voz profunda y algo ronca por todo lo que fumaba. -En serio, fumaba demasiado.- Parecía preocuparse por su estado, no quería que mi efusividad empeorase sus heridas. -Descuida Jin, no es que tenga demasiada fuerza jeje...- Aunque no se necesitaba fuerza para hacer daño a alguien, la verdad. -Si, vayamos todos al gran comedor y comamos algo, la verdad es que me muero de hambre...- Miré a Jin de reojo e un tono un poco burlón y sonriente. -Me pregunto si tu cocinero podrá saciar mi hambre jejeje...- Dije recordándole aquella noche de competencia sana mientras caminaba tranquilo al gran comedor para llenar un poco la panza, que uno nunca sabe cuando va a comer en la calle.

-Dime, querida niña, hay algo que me tiene intrigado. ¿Cómo acabaste con esa gente? Claramente no eran trigo limpio.- Le miré algo curioso y confundido, era extraño ver personas como María con gente así, sin escrúpulos ni remordimientos. Por lo poco que había escuchado en la calle cuando estaban le golpeando, pude deducir que tomaban a la niña como una mercancía que vender ¿Serían esclavistas? No hay personas mas despreciables en este mundo, aquellos que usan su libertad para quitársela a los demás 
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#7
Narrador / María Merlot

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¿Alegría?
¿Felicidad?
¡Alivio!

Esa era la palabra buscada en el revoltijo de sensaciones que embargaban a la mujer de cabello celeste: Alivio. ¿Por qué? Porque después de todo el buen hombre que la “vio” en la fuente, que le hablo como una persona y que posteriormente la ayudo a zafarse de las garras de las piratas estaba sano y salvo. Su abrazo la hizo sentir tranquila a pesar de que su alrededor aun era un misterio, y el personaje central emanaba una presencia que ella había visto muchas veces y por lo tanto sabía que debía mantener su distancia.

“…me preocupaba más librarme de esa chusma”


Esas palabras calaron en lo más profundo de su corazón. ¿Por qué? Sencillo, porque, aunque tuvo conocidos antes, y posiblemente tendría conocidos después, al final del día las personas solo velaban por si misma, y si un sacrificio era necesitado no dudarían en tirar a cualquiera al foso. Pero ese hombre, de aspecto desaliñado, se había preocupado por ella, le había abierto las puertas a una libertad… que no sabría como manejar pero que seguro entendería como hacerlo… con el tiempo. Luego del intercambio de palabras intervino el fumador, María se bajo de Han… y se oculto detrás de este. ¿Llamar de nuevo al médico? ¿Terminar de cuidar sus heridas? ¿Para qué? Ella se sentía bien, había estado en condiciones peores la verdad sea dicha.

¿Una investigación?
¿Su punto de vista?
¿Qué le gustaba comer?
¿Jin Onizuka?

María se sujeto al brazo de Han, como un accesorio más de su vestuario. Ahora mismo él era su ancla y norte, no tenía nada más en el mundo; por eso tildarlo como “Kami” quedaba corto para lo que significaba el hombre en esa etapa de su vida. ¿Debería hablar? Intento abrir la boca, pero cuando el mendigo dijo “saciar su hambre”, ella cerro la boca y se fue tras él, al comedor. Sentándose a su lado, el lado más lejano del hombre de ojos sin vida. Había comida… ¿demasiada? ¿poca? Ella no tenia con que compararlo así que la cantidad realmente le daba igual, lo que si no podía darle igual era la cantidad de… animales muertos sobre la mesa. Su estomago se revolvió, si tuviera algo en su interior lo hubiera expulsado por la carne que se extendía delante de sus ojos e invadía su sentido del olfato. No era realmente tiquismiquis con los gustos de otros pero venia de estar enferma, por supuesto que estaría sensible.

— No soy un cachorro, si fuera un cachorro andaría en cuatro patas… — pronuncio con alegría, haciendo la observación obvia a las palabras del sujeto. Luego, tomando entre sus manos un vaso con agua, lo único que le apetecía en ese momento de la mesa, lo bebió poco a poco al finalizar procedió — … ¿Una investigación? ¿Es usted un Marine? ¿Dónde está su uniforme? ¿Cuántas estrellas lleva pegadas del pecho? ¿Duelen cuando se las pegan?  — interrogo con su habitual forma extrovertida de ser, viéndolo desde la distancia. ¿Si él resultaba ser un hombre de la marina, eso la haría sentir más tranquila o intranquila? — … Es una historia muuuuuuuuuuuuuuuuy larga, Kami… — le respondió pensando en cómo termino con Grizelda, luego dio otro sorbo al agua — … estaba en esta isla haciendo mis cosas, yendo de aquí para allá, con este Pezti y Pulpun que me hacían compañía, entonces un día en pleno alba… pero antes, del alba había recordado que no había comido nada desde hace dos días, y fui a buscar comida de noche, pero me perdí en el camino. ¡Todos los caminos son iguales! Y claro estaba oscuro pero no haría diferencia porque igual esos caminos eran iguales… — empezó a contar con emoción, metiéndose en la historia que le habían pedido mientras dejaba el vaso con agua y su mano comenzaba a jugar con un tenedor — … entonces fue cuando me encontré con el arbusto de frutillas, aun estaban verdes pero yo tenía hambre, me puse a rebuscar entre sus hojas, hasta que di con un par que estaban comestibles o eso había pensando yo porque sabían horrible y cuando me las trague me dieron nauseas y termine vomitando una cosa toda verde amarillosa… ¿Han vomitado alguna vez algo así? — continuaba su relato esta vez llevando el tenedor a su cabello y peinándolo distraídamente — … luego de ahí regrese con Pezti y PulPun… y fue cuando comenzó el alba, y sentí un golpe en mi cabeza y cuando desperté ya estaba con Grizelda, en su barco… habían más chicas, ellas compraban, secuestraban y vendían mujeres a tipos malos. Una noche, decidí escapar por decimoquinta vez, por eso salte del barco, termine en la playa, luego en la fuente, luego te conocí Kami… y ahora estamos aquí. ¿Ya quedo? — finalizo preguntando si su cabello ya se veía bien luego de peinarlo con el tenedor — … habían hablado de un tal Paltear Von Karst. Él quería a un espécimen como yo… ¿Saben no? Con los ojos ámbar… — descifro una razón absurda, pero para que decir lo obvio de la trata de blancas y más de mestizas — … la transacción se iba a dar en esta isla, el cuarto día después de la luna nueva… ¿Ya paso la luna nueva? — comento ignorando por completo el tiempo que había transcurrido ya…

Luego de su parloteo, se quedó ahí viendo si algo de la mesa podía ser comido por ella, el agua había aliviado un poco las náuseas… pero eso no quitaba que comer algo solido fuera buena idea, no sabía cuándo podría de nuevo. Ojala el medico se tardará más, no quería ser tocada por nadie…
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
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