[Social][Pasado] Conflicto de intereses
#1
Día 19 de Otoño, Año 16

La madrugada del diecinueve mantenía un buen ambiente en la isla. Akira estaba de libranza, era fin de semana, y no había ninguna tarea compleja que requiriera de la presencia de un soldado raso. Así que, precisamente por ese mismo motivo, había dejado a un lado el régimen de nocturnidad, y no se encontraba durmiendo a pesar de ser la una de la mañana. Estaba en la zona de la playa, no muy lejos del pueblo. Varios chiringuitos estaban abiertos, y la gente de la isla, como buena isla tropical que es, se encontraban tomándose algo a la luz de las antorchas, de la luna y de las luces multicolor de que tenían algunos garitos. Se respiraba buena energía. Gente alegre, disfrutando.

El joven marine vestía con una camisa hawaiana, un bañador color azul pastel y unas chanclas de playa. Estaba bebiendo un cóctel de mango en un vaso de coco, y por suerte o por desgracia, su oreja indiscreta no pudo evitar entrometerse en la conversación de un par de hombres que se encontraban prácticamente en la orilla. Estaban comentando algo acerca de una "mercancía". Pero no parecían criminales ni nada parecido. Es más, de la manera en la que lo estaban hablando, sin preocuparse de que nadie les escuchara, solo le hacía darse cuenta de que se trataba de otro par de curiosos como él.

Se mantuvo a la espera, sin mirarlos directamente, dando pequeños sorbos al cóctel a través de aquella pajita de color amarillo fosforescente, hasta que por fin, cuando dijeron el dato clave que le interesaba, se levantó y se encaminó hacia aquel par de sujetos—. Buenas noches, amigos míos. Me ha parecido escuchar algo acerca de un personaje que no es trigo limpio. ¿Sabrían decirme de quién se trata? Siento especial curiosidad por los finales felices —se volvió a meter la pajita en la boca mientras les regalaba una sonrisa. Era una persona confiada. Apenas había empezado a entrenar y apenas llevaba nada siendo un marine, pero la confianza con la que se expresaba, la confianza en sus gestos y la confianza en su postura, achantarían a cualquiera. Y más si se trababa simplemente de un par de civiles.

—Ah pues... —estaban fríos, sorprendidos. La intromisión del pequeño artista marcial en su conversación les había pillado de improvisto—. Verás... Es que andan diciendo por ahí que hay alguien vendiendo, ya sabes... —comentó el primero, llevándose la mano derecha al cuello—. ¡Para animar la noche! —se rio el segundo de una manera demasiado nerviosa—. El problema es que está intentando que algunos de los niños de la isla quieran acercarse al puerto —terminó la frase—. Pero todavía no ha conseguido que se interese ninguno... Justo acabamos de enterarnos, íbamos a acercarnos al cuartel cuando has—. ¿Sabríais describirme a este sujeto? —les cortó Akira, esta vez con seriedad y preocupación. No parecían estar mintiendo, y se trataba de un tema bastante serio.

No eran horas para que los niños se encontraran por la calle, así que aquel hombre bajito y gruñón debía de encontrarse merodeando por la isla, estudiando cuales eran las mejores rutas para atraer a los niños al muelle. ¿Se acercaría a los colegios? ¿Se quedaría alrededor de los parques? ¿Iría a la playa o a los parques infantiles? Akira empezó a caminar con decisión, cóctel y vaso de coco en mano, en dirección al puerto. Si tomaba como punto de partida el de destino, tendría una mejor panorámica de los callejones por los cuáles podría actuar.
—Hablo —. ”Pienso”
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#2
Estaba estacionada en Baterilla por el momento, era un lugar mas o menos tranquilo, lo suficiente como para poder atrapar ciertos delincuentes y quitarles ir el dinero a la vez que les daba una paliza, de cierta forma, haciéndole un favor a la gente al deshacerse de aquellas personas molestas por ellos, antes de que cualquiera tenga que preocuparse y llamar a los marines por un asunto tan insignificante, además, nadie les importaba si le quitaba el dinero a unos delincuentes y lo usaba para su conveniencia para comprar un poco de comida, razón por la cual estaba comenzando a prestar atención lo que decían las personas.

En ese momento estaba comiendo una zanahoria que compro en el mercado, caminando por los barrios bajos del pueblo, intentando encontrar a su próxima victi-Que diga, a la gente que tiene que detener antes de que lastime mas personas, aun así, mientras caminaba, su mirada se desviaba hacia algunos niños que estaban comiendo de la basura y intentando robar a las personas, sin embargo, ella misma no los detuvo, mas que nada porque ella también había experimentado lo mismo, el vivir en las calles sin nadie con quien contar, sobreviviendo de sobras o de basura, si no tuviera un estomago tan resistente como el suyo, pudo haber muerto por infección alimentaria.

De hecho, de vez en cuando aun tenia que recoger algunos ingredientes que eran nada mas que sobras, pero, con lo que pudo aprender cocinando en Isla Karate, al menos podía hacer que el sabor fuera mucho mejor que antes, cocinando con nada mas que sobras y si se sentía generosa, incluso compartía un poco de su comida con otras personas que también viven en las calles. Estaba terminando su zanahoria, para continuar explorando hasta que escucho una conversación de los niños a su alrededor.

Normalmente no era una persona chismosa, pero, cuando escucho que al parecer una persona sospechosa estaba intentando atraer niños a los muelles, supo que no podía quedarse quieta, además, seguramente alguien así valga algo de dinero, ¿Verdad? Estaba bien arriesgarse un poco. Con esa intención se acerco a los niños sentándose cerca de ellos-Disculpen, pero, ¿Estaban diciendo que alguien quería traerlos a los muelles?-los pequeños se mostraron recelosos al principio, inseguros de confiar en ella, pero, después de compartir un poco de su experiencia y darles un poco de comida, accedieron a contarle lo que estaba sucediendo.

Al parecer un hombre misterioso y sospechoso había comenzado a acercarse a ellos y a otros niños de la zona para llevarlos a algún lado, haciendo promesas de pasarla bien y demás, algunos niños pobres de otros barrios incluso estaban pensando en aceptar y ir a los muelles, mientras que aquellos con padres ya sabían sobre no acercarse a extraños. Después de escuchar el relato, les recomendó que no se acercaran a los muelles, ella misma se iba a encargar de investigar y por mientras, los niños de los barrios bajos tenían que mantenerse escondidos. Seguramente el mejor lugar para investigar sea el misterioso puerto, por lo que partió a ver de que se trataba.
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#3
Una vez en el puerto, el joven marine decidió situarse en el espigón más céntrico, permitiendo tener controladas las áreas de carga y descarga, la zona de los astilleros, las zonas de embarque y el muelle, ubicando este último a sus espaldas junto con los rompeolas y los canales de acceso. Ya se había asegurado al llegar que en esos tres puntos no existía amenaza alguna, así que el problema no venía de fuera de la isla, sino de su interior.

Las terminales a un lado, los almacenes a otro, y las principales vías que conectaban la tierra con el mar las tenía al frente. Las calles anchas que conectaban el muelle con la plaza principal del puerto estaban despejadas, y en los callejones, aquellas vías secundarias más estrechas que unían la zona portuaria con el tejido urbano, lo que se encontraba era escasez de luz.

Enseguida pudo diferenciar entre tanta oscuridad voces de niños, no jugando, sino de preocupación. Agudizó su sentido del oído e identificó algo más. No veía mucho y desde tanta distancia se le dificultaba un poco identificar que era lo que decían exactamente, así que acortó distancia para descifrar aquellas palabras. Oculto entre las sombras, el joven marine pudo además de las voces de los niños, identificar una voz femenina que compartía su misma curiosidad acerca de aquel sujeto que buscaba atraer a los niños al muelle. Sacar a menores en barco era una tarea complicada si tenían familias, pero aquellos niños… Eran un pequeño grupo de supervivientes que se alimentaban de lo que iban encontrando en la basura. Esto Akira no lo podía consentir, y menos aún teniendo orfanatos en los que podrían tener una buena infancia, no solo viviendo bajo un techo y teniendo comida cada día, sino pudiendo ir a la escuela y a jugar como cualquier niño debía de poder hacer.

Esperó a que aquella figura con extrañas orejas y extraña cola se alejara del callejón para presentarse a los menores como una especie de héroe amigable y con su picardía en el habla convenció a aquel pequeño grupo de chiquillos para que se quedaran junto a uno de sus compañeros. Quien patrullaba las calles principales, algo alejadas del muelle, y los llevó al cuartel de la Marina junto con el aviso de Raito acerca del supuesto secuestrador de niños. Por suerte, a este grupito les dio de cenar y los tumbó en las colchonetas de la zona de entrenamiento para que a la mañana siguiente pudieran ser registrados en el censo de niños sin tutelar y así poder darles cuidados y con ellos, una mejor vida.

—Bueno, por lo menos este grupo estará a salvo… ¿Dónde se encontrará a aquella mujer? —regresó sobre sus pasos y vislumbró a lo lejos a aquella muchacha, que ahora se encontraba justo en el punto de partida de Akira, en el puerto. Analizó su apariencia, no era una humana cualquiera, tenía características equinas, debía de ser lo que se conocía como un humink, orejas y cola de caballo, y pelaje grisáceo, perfecto para ocultarse bien entre las sombras, aunque su piel era bastante clara, algo que haría que con un poco de luz pudiera identificarse con mayor facilidad. Le resultaba curiosa, pero le transmitía buenas sensaciones, así que con gran confianza, y sin apenas dudar, el joven marine decidió presentarse ante ella—. Me han dicho que tú también andas buscando al hombre del saco. Me presento, Solaris, un placer —le estrechó la mano como quien se la ofrece a un amigo y sonrió—. ¿Le gustaría colaborar conmigo para encerrar a ese hijo de puta?
—Hablo —. ”Pienso”
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#4
Estaba aquí sola en los muelles, mirando hacia la nada, la verdad era que no tenia ninguna pista, pues se encontraba yendo a ciegas, se suponía que un tipo misterioso estaba atrayendo niños hacia los muelles, o incluso se podría decir que seguramente quería llevar los niños al mar, ¿Qué motivación podría tener una persona así? Seguramente algo siniestro, tal vez queriendo secuestrarlos y venderlos como esclavos, hacerlos trabajar para piratas, o quien sabe que otras cosas horribles.

No creía que fuera una buena persona dispuesta a darle dulces a los niños o algo de ese estilo, era demasiado sospechoso para algo de ese estilo, se escuchaba como algo siniestro, razón por la cual quería detenerlo, los niños de las calles ya han sufrido suficiente, incluso si no pudiera hacer mucho, al menos seria bueno quitarles alguna posible amenaza, pero, no podía salvarlos de las calles, ella misma había pasado por lo mismo, incluso peor, pues estaba constantemente pagando deudas por padres que nunca había conocido, pero, eso le ayudo a forjar su carácter, por supuesto, ella salió bien, pero, existían posibilidades de que los niños que ahora a penas estaban sobreviviendo terminen convirtiéndose en piratas al buscar una vida mejor.

A ella realmente no le importaba demasiado como terminaran sus vidas, en las calles, cada uno va por su propia cuenta, incluso si ella a veces compartía su propia comida, no significaba que otros hagan lo mismo o que recomiende que otros lo hagan. Soltó un suspiro, mientras pateaba una piedra hacia el mar, viendo como los deliciosos peces se alejaban, ¿Qué estaba haciendo? No tenia ninguna pista, ¿Se suponía que debía investigar todo Baterilla para buscar a ese tipo? Al menos sabia algunos lugares probables, pero, no era seguro, ¿Y si se diera cuenta de ella y escapara?

Estaba por irse a buscar a otro lado, al menos hasta que escucho una voz llamándola, sus orejas se irguieron mientras se daba la vuelta, mirando al desconocido con sospecha, mientras se acercaba, lo primero en lo que se fijo fue en su cabello rubio dorado, haciendo que su rostro se sonrojara levemente, pues era un cabello precioso, la forma en la que iba hacia arriba de una forma que desafiaba la gravedad, su color llamativo y bien cuidado, ¿Cómo seria tocarlo? ¿Acariciarlo? ¿Usaría algún tipo de shampoo especial? ¿A que olería? Miles de preguntas se pasaron por su cabeza antes de alejar aquellos malos pensamientos.

Se centro mas en la persona, un hombre de veintitantos, en buena forma y vestido como alguien que parecía recién salido de unas vacaciones, miro su mano con sospecha, pero, aun así le dio un fuerte apretón, la gente siempre decía que tenia músculos de hierro o algo así, realmente nunca lo entendió-Un gusto, soy Gray.-su oreja se inclino hacia la izquierda, no confiaba en este tipo para darle su verdadero nombre todavía-Si, siempre estoy dispuesta a tener un poco de ayuda, ¿Tienes alguna pista que pueda llevarnos hacia ese "hombre del saco"?-Puede que no confiara en el, pero, esto era mejor que ir a ciegas, al menos.
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#5
Estaba en el puerto, con el brazo estirando y ofreciéndole la mano a aquella mujer de apariencia pseudo-equina. Analizó sus rasgos, sin duda era alguien de quien no se iba a olvidar fácilmente. Pocos mink había visto en esta isla, y menos aún con rasgos de caballo. En este caso de yegua. Notó como se fijaba en exceso en su pelo, algo que le hizo arquear levemente una ceja, desconocía si era algo entre caballos, que los pelos brillantes les llamaran la atención, o simplemente a la muchacha le gustaron sus mechones puntiagudos que le hacían parecerse un poco a Sonic, pero en rubio.

Enfocó toda su atención en las reacciones de su nueva compañera. Se había presentado con el apodo familiar, no quería decirle su nombre, aunque fuera bastante fácil que lo descubriera, a fin de cuentas, casi todo su círculo lo llamaba Akira, y si por algún casual se cruzaba a alguien, iba a ser bastante sencillo acordarse. O no. Aunque por el momento, quería ganarse la fama bajo el apodo de su familia, Solaris.

Aquella chica le ofreció un fuerte apretón de manos, una energía que a Akira le gustó, si al final iban a colaborar a atrapar a un delincuente, quería tener cerca a gente con potencia. Notó como inclinaba su oreja a su izquierda y se presentó bajo el nombre de “Gray”. Algo en su interior le dijo que tampoco era su auténtico nombre, pero no podía echarle nada en cara, ya que, a fin de cuentas, él había hecho lo mismo.

—Pues si te soy sincero, lo único que sé es lo que te han contado los niños en aquel callejón… Puse la oreja, con perdón. Y que además se mueve por ahí ofreciendo sustancias —le explicó la situación. Un hombre ofreciendo caramelos a unos niños con intención de acercarlos al muelle. Nada bueno podía salir de ahí. Debían de tener mil ojos. Apenas salía el sol y los niños que serían víctimas de este sujeto eran el perfil de niños que acababa de acercar al cuartel, aquellos sin familia que hacían lo que podían por vivir en las calles.

—Los niños con los que estuviste hablando antes… Se los acerqué a un compañero para que les cuiden en el cuartel hasta que en un par de días les asignen una casa de acogida. Desconocía que en Baterilla todavía había algún que otro niño perdido, pero si te cruzas con alguno más, por favor, acércalo al cuartel de la Marina. Nosotros nos haremos cargo de encontrarles un hogar y darles una buena educación —quería hacer esta puntualización porque mucha gente desconocía que una de las principales funciones dentro del cuerpo de la Marina, era proteger también a los desamparados, a los olvidados, y con mucho más motivo si estos eran niños, incapaces de decidir su destino con claridad o de darle a su vida un giro de 180 grados.

—En cuanto al “hombre del saco”, imaginé que se encontraría por esta zona o por las calles que conectan con el puerto. Si su objetivo es traerlos aquí y llevárselos en barco a alguna parte, tal vez deberíamos echar un ojo a los barcos que están preparados para zarpar en un abrir y cerrar de ojos —señaló al muelle.

Casi todos los barcos estaban con las velas recogidas y las luces apagadas, bien amarrados al puerto. Debían de fijarse bien en aquel que tenía las velas levantadas, eso era señal de que iba a zarpar en breves, de que estaba preparado. Quizá no tenía luz para evitar llamar la atención. Preparar un barco para zarpar llevaba su tiempo, y alguien que tenía en mente secuestrar niños no se iba a permitir perder ni un solo segundo en izar las velas.
—Hablo —. ”Pienso”
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#6
El hombre conocido como Solaris parecía no inmutarse demasiado por su fuerte apretón de manos, pues o era lo suficientemente fuerte como para no sentirlo o tal vez era un buen actor, aunque tal vez ella misma sea mas débil de lo que había pensado, de todas formas no importaba, al menos, si era capaz de aguantar, entonces seria alguien a quien no tendría que preocuparse si la situación se volvía peligrosa por cualquier motivo. Le soltó la mano y asintió con la cabeza escuchando sus palabras.

Entonces, eres un chismoso.-mas que una pregunta, era una afirmación, pero, realmente no le encontró nada de malo, era útil para esta situación, tener a alguien capaz de escuchar la conversación de alguien mas sin miramientos y captar información importante era algo bastante útil, al menos para ella que realmente no se sentía muy cómoda espiando a los demás, o por decirlo de otra manera, era demasiado torpe y brusca para espiar sin que la descubran. Por lo que tener a alguien un poco mas sutil para ayudarla, era muy bienvenido.

Hmm, no creo que lo encontremos en el muelle, no veo nada realmente importante a menos que decidamos esperar a la noche que es donde la mayor parte de la gente sospechosa camina, aunque, seria buscar una aguja en un pajar, por decirlo de alguna manera.-como sabrían que el hombre que capturaban realmente era el hombre del saco y no un tipo cualquiera que también tenia tendencia a vender sustancias, si fuera un marine realmente no tendría tanto problema, pero, realmente no le importaba demasiado, los adultos sabían que hacían con sus vidas al consumir esas cosas, niños por otro lado, estaban muy mal, ella misma recuerda las veces que había visto a otros niños en su infancia en las calles consumir esas cosas y terminar hechos un desastre...Fue una mala experiencia que le enseño a ser cuidadosa con eso.

Al escuchar como Solaris había tratado a los niños, no pudo evitar hacer una mueca-Es...Una buena idea, la mayor parte del tiempo, al menos.-se cruzo de brazos sin saber si decir lo que tenia en mente-Es solo...No deberías confiar tanto en el sistema, es cierto que algunos de esos niños podrían llegar a hogares de acogida o orfanatos y eventualmente ser adoptados, en el caso de los mas pequeños y tranquilos, pero, alguno de esos niños ya han sido moldeados por las calles o poseen alguna peculiaridad que los hace destacar, a veces pueden llegar a terminar en las calles otra vez, pero, estas vez, sus sueños y esperanzas quebradas, los hace desconfiar en el sistema y esa desconfianza...Puede hacer que terminen volviéndose piratas.

Soltó un suspiro-No digo que tus acciones hayan sido incorrectas, de hecho, que hayas hecho eso me hace admirarte un poco, pero, a veces, vivir en las calles no es tan malo como suele parecer.-hablaba por su propia experiencia, siendo abandonada por el orfanato por su terrible apetito, termino en la calle y sobreviviendo de la basura, usando su físico mas fuerte para sobrevivir y no padecer de enfermedades. 

Miro los barcos que Solaris le había señalado-Entonces, ¿Eso no seria allanamiento? Bueno, supongo que mientras no nos llevemos nada si nos equivocamos y dejemos todo en su sitio, supongo que no habrá problemas.-comenzó a caminar a uno de los barcos, vigilando que no hubiera nadie vigilando y salto aferrándose al borde, no parecía haber nadie en la cubierta lo que le permitió aterrizar sin problemas, haciendo un gesto al hombre de cabello dorado para que se uniera.
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#7
La afirmación de la mujer sobre que era un chismoso no le pilló de sorpresa. No lo negó, es más, se cruzó de brazos con orgullo y asintió con los ojos entrecerrados. Era un cotilla en toda regla, y si podía estar en la conversación de al lado iba a estarlo. No solía poner la oreja, pero tenía un oído tan fino que le era inevitable escuchar conversaciones ajenas, y más si tenían chicha o un hilo del que después tirar para descubrir algo. Normalmente lo que decían no era muy relevante y acababa haciendo oídos sordos, pero aquello que escuchó hablar a la joven con los niños no era algo que pasara desapercibido, y al poner la oreja acto seguido puso su atención.

—Sí que sería un poco buscar una aguja en un pajar… Aunque bueno, en este pueblo la gente suele dormir bastante a gusto, los que merodean a altar horas de la noche suelen ser personas solitarias, marginados o gente que no trama nada bueno. No estoy contando a la Marina, que por supuesto patrulla las calles para dar seguridad —dijo con una sonrisa ladeada, de nuevo con ese rostro que afirmaba orgullo.

—Además, si por lo que sea atrapamos a otro vendedor, nos quitamos otro problema de encima. No me preocupa especialmente que sea camello, ¿sabes? Lo que realmente me remueve por dentro es que pueda hacerle algo a los niños. A fin de cuentas, los adultos hacen lo que quieren y cómo quieren, pero los niños no suelen saber diferenciar —sentenció con confianza.

—Y claro que confío en el sistema. Esos niños que dices que han sido moldeados por las calles también son capaces de decidir si hacer el bien o el mal. Por muy mal que te hayan tratado, uno tiene capacidad de decisión. Tal vez un niño perdido que vive solo en las calles sea incapaz de diferenciar eso, pero una vez crezca y conozca las distintas caras de la gente, estoy convencido de que será capaz de diferenciar las cosas y de elegir, con motivos o sin ellos, que camino seguir —respondió con tono amable. Sabía que era perfectamente posible que muchos de estos niños acabaran convirtiéndose en piratas si nadie les daba el amor de una familia o un lugar acogedor en el que poder ser niños—. En cualquier caso, si terminan volviéndose piratas sabrán que podrán acabar entre rejas. Hacer daño y promover el caos y el terror no siempre es útil, y eso que yo soy el primero que considera que para cambiar las cosas es necesario provocar e incomodar… Pero de ahí a hacer daño, no.

A medida que iba escuchando las respuestas de aquella chica le iba quedando clara su simpatía hacia los niños huérfanos o aquellos que se habían criado en las calles, así que decidió marcarse un triple y dar por hecho que ella también había pasado por eso. Con la ligera diferencia de que, si estaba en lo cierto, la chica le estaba dando a Akira la razón—. Tú no tienes pinta de pirata y la sensación que me has transmitido es de querer ayudar a los niños, dime, ¿sigues convenciéndote de que acabarán siendo piratas? Porque tú, por ejemplo, no tienes pinta de ser una de ellos —quiso engañarla, decirle que él también se había criado en las calles y que ahora mismo era un marine reconocido en todo el mar del sur, pero no pudo. Tampoco iba a revelarse que, en efecto, era un recluta que recién acababa de entrar al cuerpo, ni que su infancia había sido agradable y sin ningún tipo de dificultad, pero no aportaba a la situación. Y la situación era la siguiente: independientemente de que esos niños acabaran siendo piratas, marines, cantantes o panaderos, un degenerado iba detrás de ellos, y con quien debían acabar era con ese sujeto.

—Que justifique el allanamiento el dueño si le molesta, nosotros tenemos una misión, y es encontrar a ese degenerado mental y cargárnoslo —le respondió con energía mientras chocaba el puño cerrado contra la palma de su otra mano. Ignoraba las consecuencias que podía tener el colarse en un barco, a fin de cuentas, podía mostrar su tarjeta de marine y que no le pasara nada, ni a él ni a su compañera, ya que la había metido en el ajo. Tal vez una bronca por parte de algún superior, pero nada a lo que no estuviera acostumbrado. Si colándose en los barcos eran capaces de encontrar al delincuente, ya podían llevarlos a juicio que la cabeza la tendría bien alta.
—Hablo —. ”Pienso”
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#8
No soy un pirata, soy una cazarrecompensas o...Al menos intento serlo, empecé hace poco.-le daba absolutamente igual intentar ocultar cosas llegados a este punto, además, ¿Qué daño podría hacer? Ya fuera este tipo un civil con tendencia a meterse donde no lo llamaban o tal vez un marine encubierto, la verdad es que no le importaba tanto, aunque por como hablo con tanta familiaridad sobre llevar a los niños al cuartel, sospechaba que Solaris estaba relacionado con la marina de alguna forma o conocía a alguien dentro.

Miro su rostro orgulloso y por mas que su cabello fuera bonito, en esos instantes, la verdad le daban un poco de ganas de patearle la cara, por supuesto que no lo iba a hacer, fue solo una idea pasajera, no era tan mezquina como para patear a alguien solo para quitarle esa expresión molesta. Se encogió de hombros-Haz lo que quieras, solo veré si logro atrapar a ese tal "hombre del saco", lo demás es simplemente opcional o un obstáculo que hay de por medio.-así era siempre que se encontraba cazando un criminal, incluso si eran de poca monta, centrarse únicamente en ellos, si atrapar otros, supuso que era un bonus, pero, su mente siempre se concentraba en quien consideraba como mas importante.

Bueno, si se hacen piratas, simplemente significa que tengo mas cabezas que cazar y ganar dinero, no me importa.-sin embargo, por la forma en que una de sus orejas se inclino hacia un lado, decía que tal vez, en verdad, le importaba mas de lo que demostraba, por mas que intentara que eso no se mostrara en su apariencia, ya que bueno, por supuesto que sentía empatía por aquellos niños, pero, siendo realistas, no tenia tiempo suficiente como para ayudarlos o guiarlos por un buen camino, ella misma apenas podía sobrevivir por su propia cuenta, seria demasiado el estar a cargo de otros niños, incluso si tenían problemas similares a los que ella poseía. 

Camino por el barco con paso tranquilo, pero, determinado, no tenia habilidades para ser sigilosa, así que lo mejor seria ir de frente y lidiar con las consecuencias rápidamente, abrió una puerta al camarote-¡¿Oye que hac-gha!?-el hombre que estaba adentro no alcanzo a pronunciar una palabra, hasta que Cinder por instinto le dio una patada en la cara que lo dejo inconsciente, y girándose hacia Solaris-Ya estaba así cuando llegue.-su oreja se inclino hacia un lado al momento de decir esas palabras y comenzó a rebuscar en los cajones.

Había algunas drogas, que tiro como "poco importante" y algo de dinero, que no iba a tomar, puede que en el pasado si haya robado, pero, lo que robaba era nada mas que comida, no iba a robarle el dinero a alguien-Bueno, mala suerte, en este barco no haya mucho relacionado, habrá que ir al que estaba al lado, entonces.
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#9
La aclaración de la muchacha acerca de que era una cazarrecompensas le pilló un poco por sorpresa. Sabía de sobra que aquella mujer no era una pirata, la forma en la que se comportaba y la manera que tenía de hablar no la delataban como uno de ellos, pero lo que sí que no se imaginaba es que pudiera ser una mercenaria—. Con que una cazadora… —sonrió levemente.

En cierto sentido, aunque pudiera considerarse delincuente si tenemos en cuenta que la mayoría de los cazadores hacían hasta lo imperdonable para entregar a los piratas, quitándose de en medio a cualquier civil o marine solo por cobrar las recompensas. Incluso muchas veces ganándose una recompensa ellos. En cierto sentido, estaba de su parte. A fin de cuentas, acabar con los piratas, ya fuera matándolos o entregándolos era una manera que también ayudaba a limpiar el mundo de la gente mala. Pero aquello de que “lo demás era un obstáculo”, no le daba demasiada confianza. Si lo que había pensado era cierto, no le importaría agredir a cualquiera con tal de atrapar a aquel delincuente en potencia… Y eso, en cierto modo, podía ser útil, pero no era lo correcto.

Aunque, por otro lado, aquello de que si se volvían piratas significaba que tenía más cabezas que cazar le alegró la noche. Tal y como él había dicho antes, ahora mismo eran niños, y estaba en su mano o en mano de servicios sociales el protegerlos, pero ya lo que hicieran de adultos y el camino que decidieran seguir era cosa suya, y deberían asumir las consecuencias.

Pronto llegaron al primer barco y la muchacha se le adelantó con un trote digno de su media raza yegua, aunque con una escandalera digna de la expresión “un caballo en una cacharrería”. Abrió la puerta y tras un leve grito de alguien en el interior, Akira bajó corriendo y se lo encontró tendido en el suelo y con la nariz medio sangrando. No le cabía duda de que aquella muchacha le había golpeado de alguna manera, ¡acababa de escucharlo gritar!

—¡Pero que haces! —susurró de manera brusca agarrando a aquel hombre para balancearlo por los hombros para que retomara la conciencia, acompañando el balanceo de alguna leve torta en la mejilla para que despertara—. De mala suerte nada, fíjate en todo lo que tiene, este hombre sabe a quién buscamos —recolocó al pobre hombre, sentándolo en la cama del camarote como pudo para que no se cayera y esperando que retomara la conciencia—. Y a ti, no se te ocurra golpear de nuevo a alguien sin saber quién es ni lo que ha hecho —señaló a la chica que se hacía llamar Gray—. Y tú, ya puedes decirnos a quién le has comprado toda esa mierda que tienes ahí en los cajones —esta vez le dirigió la palabra al hombre que estaba ya con los ojos abiertos y acojonado con la situación. Sabía que si hacía algo que no les gustaba se iba a llevar otro madrazo de la humink, así que rápidamente empezó a soltar cuerda.

—Le… Le hacen llamar “el golosinas”. No lo encontraréis en un barco, aunque todas las noches viene al puerto… Yo me reuní con él en una caseta roja de los astilleros… El gordo, bajito, de pelo blanco… Huele mucho a azúcar… —ya tenían algo de lo que tirar—. Pues muchas gracias buen hombre. Lo vamos a dejar estar, pero si avisas al “golosinas” ya puedes temer por tu vida. Y esto me lo llevo —cogió las drogas que tenía en los cajones y salió del barco en dirección a la única caseta roja que había en los astilleros, esperando que Gray le siguiera.

Una vez allí, y tal y como dijo el pobre hombre que se llevó una patada, el olor a azúcar era tan intenso que, hasta Akira, que tenía un olfato bastante malo podía diferenciarlo—. Pues el chico tenía razón… Sí que huele dulce, sí. A este te dejo golpearlo —le dijo a su compañera cuando de una patada abrió la puerta de la caseta tirándola abajo. Y ahí estaba el gordito. El “golosinas”. Buen apodo para alguien que ofrecía “dulces”.
—Hablo —. ”Pienso”
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