El gyojin esbozó algo medio parecido a una sonrisa ante la oferta de Iggy. Bajo sus pétreos y caídos mofletes, y sobre las hundidas comisuras de sus enormes labios, centenares de afilados dientes se volvieron visibles por un brevísimo instante. Pareció aprobar el entusiasmo del pelimorado. "No lo creo," se limitó a decir, "pero tal vez tenga trabajo para ti más adelante."
Mientras, con una tranquilidad pasmosa, Iggy se sentaba sobre la barra, el Berryelder comenzaba a bullir de nuevo. La actividad, que parecía haberse paralizado desde la llegada del enorme gyojin, empezaba a reanudarse, aunque de una forma algo distinta, sin la alegría y el sosegado distendimiento de antes. Por aquí y allá volaban las acusaciones, los insultos, las sospechas. El enorme gyojin, que parecía ser el jefe de aquel particular cotarro, se sentó con pesadez sobre un mullido sillón verde cercano a la barra. "Pero señorita Go...", murmuró con nerviosismo un hombre de bigote larguísimo, acercándose, tal vez demasiado, a la mujer de pelo azul. Con un movimiento firme, pero cortés y sin llegar a mostrar hostilidad, ella lo sujetó de los hombros. "No es momento, Rigar," aseguró ella, como reconfortándolo, animándolo. Le ajustó las solapas en un gesto sorprendentemente maternal, y le palpó los bolsillos de la chaqueta con disimulo. "No te pongas nervioso, cuando se aclare esto todos os podréis ir," aseguró. "Que os jodan," dijo Retz, casi escupiendo, dirigiéndose a la muchedumbre. La multitud se empezaba a dividir en varios grupos, presumiblemente, correspondientes a distintos grupos criminales y alianzas entre los mismos. La confianza que solía reinar en aquel local se había resquebrajado, y, como resultado, cada cual se refugiaba con los suyos. Como cada vez que el gyojin daba una calada, el local se llenó de una espesa cortina de humo de puro. Con la maña de quien lo ha hecho un millón de veces, Iggy colocó la guitarra sobre su regazo, y sus dedos empezaron a correr con familiaridad por aquellos trastes que conocían tan bien. El tontatta crupier, para su sorpresa, saltó sobre la barra y se sentó a su lado, quitándose el sombrero y escuchando la música con atención.
Antes de que todo se fuera de madre, el enorme gyojin no tuvo más que hacer un gesto con la mano, ante lo cual se volvió a hacer el silencio. Solo el humo del puro, grueso como el brazo de un niño, y el punteo de Iggy adornaban el caldeado ambiente del Berryelder. "Todo el mundo, sin excepción, será registrado por las señoritas Belseth," se limitó a afirmar, haciendo un lento ademán con la cabeza hacia las guardias que cuidaban de la puerta. "Poneos cómodos y dejad que hagan su trabajo." Todos los presentes sabían que no era necesario que las guardianas Belseth estuviesen en su puesto, estacionadas junto a la puerta; si alguien intentaba salir de allí, por rápido que fuera, ellas lo serían más, incluso desde el otro extremo del bar. Más que ellas, de hecho, sus sables. Tras suspirar, exasperada ante la situación, la mujer de pelo azul abrió su bolso y, tras rebuscar un poco, sacó un pequeño pintalabios, aprovechando para retocarse con delicadeza reflejándose, a modo de espejo, sobre una de las copas de la mesa. "¿Y quién se queda el corazón, Big Bosco?," inquirió Retz, dando unos pasos hacia el sillón donde reposaba el gyojin. Las guardias, las tales Belseth, empezaban ya a registrar a algunos de los clientes alrededor de las mesas del fondo. El gyojin negó con la cabeza en un ademán sutil. "El Corazón se lo quedará su legítimo propietario, el Sindicato Bossa Nova, claro," afirmó con sequedad. "¿O es que no pensabas entregárselo a tus jefes cuando lo tuvieses?," preguntó el gyojin de forma punzante. Big Bosco, que así se llamaba, parecía conocer bien a los parroquianos. Cuando uno tenía un lugar como el Berryelder, era una parte fundamental del negocio. Retz pareció entender que no podía salir de esa sin decir algo; Bosco no era el tipo de persona cuyas preguntas uno pudiese simplemente dejar sin responder. "Claro que iba a entregárselo," afirmó Retz, arremangándose correctamente las mangas de la camisa y encendiéndose un pitillo. "Sabes que yo no lo quiero para nada." Big Bosco no respondió, ni dio acuse de recibo, simplemente continuó dando caladas a su puro. Al cabo de unos segundos, perplejo, Retz se acercó a uno de los varios grupos que se habían formado. Iggy vio cómo se ponía a hablar acaloradamente con el hombre de las patillas y el traje verde.
Le llegó el turno al sudoroso tipo del traje blanco, que no dudó en girar todos los bolsillos de su traje y dejarse registrar. En su labor, las guardianas Belseth no parecían andarse con chiquitas. Iggy vio cómo agarraban a un tipo por los tobillos y lo sacudían, de forma que cayese al suelo cuanto tuviese en los bolsillos. A otro, directamente, lo sujetaron, inmovilizándolo para que no pudiese resistirse al cacheo. Eran un espectáculo de fría eficiencia. Repentinamente, la mujer de pelo azul colocó su copa en la barra, a escasa distancia de Iggy, y le hizo un ademán con la cabeza. "Sabes que esos de ahí quieren tu cabeza, ¿no?," dijo, echando una mirada a uno de los grupos, en que se encontraba el tipo del bigote. "Si no fuera por Bosco, algo me dice que estaríamos en una situación New Piano, aunque no sé si esta vez tendrías tanta suerte," afirmó, sonriendo. El camarero hizo una inclinación de cabeza ante la mujer. "No tiente a la suerte, señorita Goltz, haga el favor," bromeó. "¿Qué canción era esa?," preguntó la mujer, contemplando la guitarra de Iggy.
Repentinamente, se oyó un murmullo. "¡Aquí está!," gritaron varias voces. "¡Lo tenía él, Big Bosco!". Un enorme círculo se abrió entre la muchedumbre. En su centro quedaron las dos pétreas guardianas, cada una sujetando por un hombro a una única persona: el hombre del bigote largo, a quien la mujer de pelo azul había consolado minutos atrás. Se oyeron gritos ahogados, reprimendas y alguna copa rompiéndose entre dedos tensos. La mujer de pelo azul, la tal Goltz, apretó los labios, que formaron una delgada línea. Frente al sospechoso, una hermosa gema de color rosáceo yacía en el oscuro suelo de madera.
Cientos de susurros empezaron a correr por la multitud, que, lejos de dispersarse, empezaba a mezclarse nuevamente. El grupo con el que el tipo del bigote se había juntado, sin embargo, quedó al margen. Big Bosco se levantó con monstruosa pesadez del sillón, que crujió dolorosamente. Todo el mundo volvió a detenerse y enmudecer. "Nadie toca el Corazón," sentenció lacónicamente. Caminó con lentitud y seguridad hasta el lugar, contemplando al ladrón. Las guardianas lo seguían sujetando con fuerza, imposibilitando cualquier movimiento. El tipo contenía sus lágrimas, pero el color de su piel, que se había vuelto pálida como la cera, lo delataba. Big Bosco tomó la gema en su enorme mano y la observó detenidamente. "Déjame que me lo cargue, Bosco," exigió inmediatamente Retz, tirando la colilla al suelo y pisoteándola con rabia, pero sin atreverse a acercarse al ladrón sin recibir permiso explícito antes. Big Bosco cerró el puño, sujetando la gema, y acercó su monstruosa cabeza al tipo del bigote. Era difícil acertar a adivinar una expresión en aquella mole de textura pétrea, pero se pudo oler cómo olisqueaba, como intentando encontrar un aroma particular en el ambiente. "Sí, tienes el olor de un ladrón," afirmó entre centenares de dientes como agujas. "Hueles a ladrón."
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Comentarios
Lo único, una pequeña corrección: en mi anterior post, no es el gyojin quien te preguntaba cuándo perdiste el Corazón, sino la mujer de pelo azul. Puede que te hayas liado por el código de colores, con el que yo mismo me he liado un poco, disculpas por eso.
Contenido Oculto
El movimiento que ves aquí, en el primer párrafo, estaba planeado: el tipo del bigote se ha acercado a la mujer de pelo azul para darle a esta una excusa para tocarlo. Ella le ha colocado una gema falsa en el bolsillo, al tiempo que ha tomado el Corazón auténtico. Luego, al rebuscar en su bolso, ha colocado el Corazón en un bolsillo interno, que yace oculto tras un doble fondo.
24-11-2025, 01:56 AM (Última modificación: 24-11-2025, 01:58 AM por Iggy Rock.)
Observaba con tranquilidad el devenir de los acontecimientos, discusiones, gritos y estrafalarios registros a los clientes ocuparon toda la escena. No quité el ojo ni un momento de todo aquello. Mis dedos sostenían la púa de la guitarra, y mis movimientos eran sutiles, casi más pendiente de lo que pasaba a mi alrededor que concentrado en el instrumento. Al ver al crupier salir de algún lugar y sentarse a mi lado esbocé una pequeña sonrisa. Parecía que le gustara mi música así que le di un poco más de caña a la canción.
No obstante el sonido de mi instrumento no era suficiente como para ensordecer las voces de los demás, en cuanto comentaron el dueño legítimo de la gema supuse que se referían a Pran, pues cuando le conocí en New Piano, mencionaron que éste dirigía un sindicato, o si como mucho que pertenecía a uno, por lo que al escuchar el nombre “Sindicato Bossa Nova” supuse que estarían relacionados.
La melodía no se detenía pues cada vez iba pillando confianza y pese a ser un ritmo tranquilo prefería que la trama avanzara sin mi. Quien sabe, si me hubiese quedado a hablar ahora sería el hombre siendo que le estaban sacudiendo por los tobillos. Reí un poco al ver la escena pero pronto fui interrumpido por una dulce voz. La mujer de pelo azul se había acercado a mi, seguía resplandeciente como el primer momento en el que la vi, su semblante serio pero esta vez era diferente, parecía más abierta, más dispuesta a hablar conmigo. Por lo que al escuchar su primer comentario alcé la cabeza y solté una pequeña carcajada. -No serían los primeros que me quieren muerto, he timado y se la he jugado a gente muy importante a lo largo de mi vida y me he ganado muchos enemigos. -Suspiré y le miré con un semblante más calmado, la dulce melodía de mi guitarra acompañaba la escena haciéndola más cálida y cercana. -Pero supongo que le tengo que agradecer a tu jefe que me salvara el culo, pues es cierto que no quiero masacrar tipos en cada local que entro.
Según comenzaba la conversación el camarero nos interrumpió, advirtió a la señorita como si no debiera de estar hablando conmigo. Le solté una mirada fulminante recordando la apuesta que había hecho con él antes. Este seguro que había dicho aquello para ganar. “Puto rata.” Fue lo que pensé antes de que Goltz volviera hablar preguntando por la canción que estaba interpretando.
Me agradó que me preguntara, no era ego ni orgullo, pero me gustaba que valoraran lo que hago, pues la música había sido mi pasión desde niño, lo único que se me había dado bien además de sobrevivir. -Esta canción… La verdad es que aún no la tengo terminada, siento que quedaría mejor acompañada de una relajante voz femenina ¿Usted canta? -Me levanté de golpe, aún con la guitarra en mis manos, interrumpiendo la melodía. Me quedé a su lado mirando sus ojos morados penetrantes que parecían leerme hasta lo más profundo de mi alma. -Pero parecía que el chiquitajo estaba entretenido. -Señalé al pequeño oyente que se había quedado a mi lado todo este rato.
Toda esa calma fue interrumpida por los gritos de los presentes pues lo habían encontrado, la piedra preciosa. Han tardado menos en encontrarla de lo que esperaba. Definitivamente iba a ser difícil quedarme con ella así que estaba a punto de darme por vencido, dejar que los acontecimientos pararan como tenían que pasar y no intervenir más en el asunto. Pero como si lo que buscara fuese una excusa para liarla más, me volví a dirigir a la mujer de pelo azul.
-¿Tú estás de acuerdo con que la gema se la entreguen al sindicato ese? Parece que por si sola no tiene mucho valor, pero que para la gente de aquí es bastante importante. Pero… ¿Por qué? Aquí todo el mundo parece evitar responderme.
Me quedé quieto, con la vista fija en el gyojin, ¿Me llamaría para matarle cómo había pedido, lo hará el cerdo? ¿O algo más inesperado estaba por suceder?
Cositas
Lo primero perdón por confundir quién me hablaba, culpa mía por leer rápido y no haberme dado cuenta. Y aprovecho aquí para comentar que mis reflejos ya están a 100
Al crupier tontatta no pareció hacerle ni un poco de gracia que Iggy se refiriese a él como "el chiquitajo". "Tengo cuarenta y seis años," espetó, aún sentado sobre la barra del bar. Tomó un vaso de chupito, que para él era prácticamente una pinta, y dio un enorme (proporcionalmente) trago de licor, suspirando con satisfacción. "Para no tenerla terminada, suena bien," afirmó la señorita G0ltz, esbozando una sonrisa. "Pero no, no canto, solo nanas," afirmó con una carcajada, dando otro sorbito de vino. La conversación en la barra del bar, mientras se producían los registros, parecía discurrir con una calma impropia de la situación. Sin embargo, en un lugar como el Berryelder, la calma nunca dura demasiado.
Cuando Iggy preguntó a la mujer de pelo azul por su opinión sobre la gema, la señorita ya se estaba separando con pereza de la barra, dirigiéndose hacia el otro extremo del local. "Es la llave para la producción de las Terre," susurró antes de alejarse, dándole una palmadita en el hombro. Allí, casi como de un escenario dramáticamente iluminado se tratase, el siempre imponente Big Bosco sujetaba la gema en la inmensidad de su puño junto al piano del local, mientras meditaba cómo proceder con el ladrón. Su mano cerrada, que jugueteaba con la gema eneaédrica en su interior, se asemejaba más a una enorme roca repleta de corales que a cualquier mano que Iggy hubiese visto. Continuaba exhalando enormes cortinas de humo de puro que llenaban medio local. Al mismo tiempo, entre algunos de los grupos más alejados de Big Bosco, y más cercanos a Iggy, empezaron a cruzarse reproches, acusaciones e insultos, todo entre susurros mal disimulados. El tipo del bigote, aún férreamente sujeto frente al propio Bosco por las inquietantes guardianas Belseth, estaba más pálido que nunca. Apenas podía más que balbucear. La presencia de Big Bosco era suficiente como para hacer titubear hasta al más mordaz criminal; las lenguas más afiladas de Samba se volvían romas en su presencia. Enormes chorros de sudor corrían por su piel, y empezaban a humedecer su ropa. Parecía alguien que hubiese acabado de entrar después de caminar bajo una lluvia abundante. Sus captoras permanecían inmóviles, inamovibles, impertérritas, como dos columnas de frío y delicado mármol que simplemente cumplían una función. Un movimiento en vano por parte del ladrón y todo acabaría rápido, tal vez tan rápido como le hubiese gustado. Siempre es sencillo especular y afirmar que una muerte rápida e indolora es lo mejor, pero, cuando llega el momento, pocos son capaces de exigirla. Todos prefieren aguantar un poco más, agarrarse a una última y minúscula esperanza de que tal vez, si no se dan por vencidos todavía, haya una forma de salir de una situación complicada. Es un instinto humano, al fin y al cabo. El ladrón sabía que provocar a las Belseth hubiera sido lo más sensato; que su cabeza rodase por el suelo en un abrir y cerrar de ojos, y ahorrarse cuanto sabía, y con certeza, que estaba por venir. Pero, ¿y si todo se solucionaba? ¿Y si lograba salir de esta en el último momento?
La señorita Goltz llegó hasta el lugar de los hechos, y Big Bosco abrió su mano, permitiéndole observar de cerca la gema rosada. Pasó unos segundos observándola, antes de asentir con la cabeza, confirmando que aquello debía de ser, en efecto, el Corazón que todos buscaban. En aquel instante, todo el ambiente del Berryelder pareció, por un lado, relajarse, y por el otro, tensarse, todo al mismo tiempo. Se relajaba porque la gema había sido encontrada y, por ende, la búsqueda terminaba; se restauraba la libre circulación, y cualquiera podía volver a entrar o salir. Se tensaba, por otra parte, por dos motivos: por un lado, porque todos sabían que estaban a punto de presenciar la ejecución del tipo del bigote, y, por el otro, porque algo como la gema podía abrir la caja de Pandora de la codicia. Alguno de los presentes podía envalentonarse de más e intentar hacerse con ella por las malas. Aquella gema, fuese lo que fuese, parecía despertar auténticas pasiones, como si tuviera un poder sobrenatural para sacar lo peor de cuantos se hallasen en su presencia, y no se podía descartar que algo así pudiese ocurrir ahora que parecía estar a tiro. Si algo mantenía las aguas calmadas, en cualquier caso, era la monstruosa presencia, y la precedente reputación, de Big Bosco.
Habiendo recibido la confirmación de que aquello era, de hecho, lo que habían estado buscando, el enorme gyojin, dando una calada a su puro, se guardó la gema en el bolsillo interior de su chaleco. Hizo un ademán con la mano hacia las guardianas, que dejaron caer al suelo al tipo del bigote y regresaron a sus puestos, junto a la puerta. "Se levanta el cierre del local. Quien quiera, puede irse. Fin del espectáculo," sentenció, sus amarillentos ojos clavados en el sudoroso ladrón, sin dejar de observarlo ni un mero instante. Nadie se movió del sitio, claro. El mórbido deseo, la grotesca curiosidad, el espantoso sentido del espectáculo llevaba a todos a querer ver qué pasaba con el ladrón. El enorme grupo más cercano a Iggy, sin embargo, parecía absorto en numerosos cruces de insultos y acusaciones, en un ambiente que empezaba a caldearse. Alguien ahí la había cagado monumentalmente, y los ánimos entre aquella muchedumbre se estaban caldeando, casi ajenos a cuanto sucedía en el otro extremo del local, junto al piano. Cuando hay tantos involucrados, las cosas se pueden poner muy feas, muy rápido. Antes siquiera de que Big Bosco se enterase, o se quisiese enterar, todo el grupo estaba murmurando y señalando hacia Iggy, aún sentado sobre la barra. Al pelimorado solo le dio tiempo a ver cómo, al otro extremo del Berryelder, Big Bosco tomaba al ladrón con una de sus manos, como quien agarra un muñeco. Pequeñas espinas cartilaginosas emergieron de su brazo, punzando con sencillez varios puntos de la piel del ladrón. Este comenzó inmediatamente a gritar, dejándose la garganta. Entonces, cuando hubieron comenzado los chillidos, la tensión que se había estado arremolinando cerca de Iggy pareció saltar por los aires, y la multitud se abalanzó sobre nuestro protagonista, blandiendo puños americanos, navajas y porras extensibles de diverso calibre.
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Resumen
¡A leer, a leer!
Bélico
Como supondrás, lo que ataca a Iggy es una Horda. En este caso, es una Horda rango 8 que, como establecimos en el hide, se empezó a formar en este post. La horda ataca a Iggy por 600 P.V. de daño, a una Velocidad de 100.
Una leve carcajada salió de mi garganta en cuanto el tontatta mencionó su edad, pero rápidamente traté de cortarla encogiendo los labios y abriendo los ojos. Era bastante mono para tener esa edad, es cierto que por sus aspecto no era un niño, pero en mi cabeza lo veía como un muñequito y me parecía muy adorable. Además verle beber del vaso de chupito como si fuese uno normal, era demasiado quería adoptarlo como mascota, podía cuidar tanto de él como de Travis.
Estaba absorto en mi pensamientos cuando la dulce voz de Goltz me trajo de vuelta a la realidad, ésta alabó mi canción haciendo que un leve rubor apareciera en mis mejillas. Tras esto y contestarme que no cantaba volvió a dirigirse hacia otro lado no sin antes tocarme levemente el hombro y explicarme la función de la piedra que todo el mundo buscaba. No sabía lo que era “Las Terre”. Pero como supuse todo este tiempo, debía estar relacionado con el echo de la calidad de las perlas del Río. Me quedé absorto, embobado mira do como se alejaba y cuando ya estaba lo suficiente lejos de mi, me giré hacia el camarero detrás de la barra con una sonrisa, dando un empujón a mi guitarra para que esta volviera a estar colgada a mi espalda, apoyé mi mano derecha sobre la barra. -¿Has visto? Me ha tocado el hombro, y ha alabado mi canción, en tu cara cabronazo. -Le saqué ambos dedos medios mientras hacía un bailecito de victoria como si solo por eso ya hubiese ganado la apuesta que había hecho al principio con él.
Tras ello volví a girarme hacia donde Big Bosco jugueteaba con las esperanzas del ladrón como un depredador apunto de lanzarse hacia su presa. Es cierto que el Gyojin imponía muchísimo, su gran tamaño y aspecto rocoso daba la sensación que podía aguantar hasta disparos de cañón, y sus puñetazos reventar hasta paredes. Tanto a él como a las guardianas no quería tenerlos como enemigos… -¿Creéis que lo va a matar? -Pregunté al barman y al pequeñín. Ellos trabajaban aquí y es probable que conocieran más al grandullón que yo. Siendo sinceros me importaba una mierda que muriese, ese capullo me había robado a mi en un principio así que se lo merecía.
Traté de convencerme que aquello estaba bien mientras me acomodaba colocando amos codos sobre la barra de espaldas a esta. -¿Por cierto tienes frutos secos? Porque esto parece que está a punto de ponerse interesante. -Goltz llegó junto a su jefe, por lo que me preció observar, para corroborar la autenticidad de la gema. Me hubiese gustado sacar algún rédito de todo esto pero unas veces se gana y otras se pierde. Trataba de convencerme a mi mismo para no sentirme tan mal por haber dejado que me robaran como un tonto. Al tío se le veía acojonado, y con razón. Tras la orden de soltarlo, ambas guardianas lo dejaron caer al suelo y tras ello se abrió el toque de queda, la gente ya podía pirarse. Por mi parte iba a quedarme un poco más, pues un poco de espectáculo y gore nunca venían mal para alegrar a uno el día. -¡ACABA CON ÉL BIG BOSCO, REVIÉNTALE LA GETA DE UN PUÑETAZO! -Vitoreé desde la otra punta del bar animándole.
Justo al acabar de decir aquello pude escuchar como un grupo enorme de clientes me señalaban y parecían dirigirse hacia mí bastante cabreados. Estaba confundido, ya habían recuperado la piedrecita, ¿Qué querían ahora? Saqué la palanca y fui directo a encararles pues iban a hacer que me perdiera el show. El primer puñetazo vino sin previo aviso, sin darme tiempo siquiera a poder decir una mierda. Lo que sí pude hacer fue desviarlo con mi arma y acto seguido descender está en vertical para romperle la clavícula.
Los gritos de dolor fueron el pistoletazo de salida para que el resto de personas se lanzaran a por mí sin orden o compasión alguna. -Si queréis sangre… La vais a tener… -Pude murmurar en voz baja antes de comenzar a perpetuar otra masacre.
Rolita que suena en la cabeza de Iggy mientras mata peña
Me costaba más librar con estos que con New piano, la refriega estaba muchos puños más reñida, pero por lo tanto era más divertida, con un simple barrido horizontal podía partir cinco cráneos en un solo movimiento, alguno de los cuerpos salió despedido por encima de la barra. Según iban cayendo uno tras otro mi ego iba subiendo, e iba provocando más al resto. Algún golpe al cuello, costillas y otros en las partes nobles mientras me iba moviendo de lado a lado, cubriendo cada flanco cada obertura hasta que finalmente todos y cada uno de ellos estaban tendidos en el suelo.
Respiré profundamente, apartándome unos mechones de pelo de la cara, esta cubierta en sudor y mi respiración acelerada, podía sentir mi corazón ardiendo, latiendo en un ritmo furioso, otro bar en el que perpetuaba otra masacre. Agarré uno de los cadáveres de la cabeza y comencé a restregarlo contra mi entrepierna -Come verga so capullo. -Tras esto lo dejé caer, no sin antes robarle un anillo de plata que tenía en la mano, colocándomelo yo mismo. Pues este no iba a necesitarlo.
-Habéis visto que ha sido en defensa propia… -Dije casi riéndome, mientras mi palanca aún tenía sangre, vísceras y pelo incrustadas en ella. Me estaba dirigiendo a Big Bosco y las guardianas. -¿Sabéis que coño ha sido eso? ¿Por qué coño me ha atacado toda esta gente si ya no tengo la puta piedrita de los cojones? -Mi tono oscilaba entre la comedia y la ira, como si todo esto me cabreara pero a la vez me divirtiera. De golpe mi mirada se centró en uno de los protagonistas anteriores. -Tú, ¿esto es cosa tuya panceta frita? -Pregunté hacia el mink que me golpeó anteriormente, señalándole con mi arma tal vez retando a aquel individuo a que me atacara si tenía algún problema conmigo.
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Cosas belicosas
Bien, desgravemos por partes, lo primero es que mis reflejos ya son de 105 por lo que si la horda se mueve a velocidad de 100 puedo reaccionar perfectamente a ella, y con mis 140 de destreza puedo desviarlos perfectamente. Además en tu post mencionas que la horda murmura y tras ello me señala, por lo que haciendo uso de mi karma “Buen oído” para percatarme de ello y ver que me señalan.
También gasto 800 de energía para acabar con la horda y tras ello me sumo 9 por ser mi nivel y haber entrado en bélico por lo que me gasto 791 en total.
Karmas
Los de siempre rollo charlatán y los demás que has visto. Pero en este turno también al robar el anillo del cadaver suplo mi karma negativo cleptómano
26-11-2025, 01:59 AM (Última modificación: 26-11-2025, 02:01 AM por Stroud Nanashi.)
OST
La música continuaba sonando, procedente del Den Den Mushi sobre una de las repisas del local, lenta, pasional, elegante, taciturna, densa. El camarero tras la barra, siempre afanado con sus cosas, esbozó media sonrisa ante el insultante bailecito de Iggy, después de que la mujer de pelo azul se alejase momentáneamente. "Si le digo la verdad, señor Rock," admitió, aún limpiando con esmero una copa de cristal fino, "lograr eso es casi que lo más cerca que puede estar uno de intimar con la señorita Goltz. Así que bien jugado," concedió, complaciente. El tipo era un gran barista, pero también era el tipo de conversador que un lugar como el Berryelder requería; capaz de socializar en su justa medida, cómodo con caminar la delgada línea entre la ironía, el desprecio y el humor inteligente sin que su cliente se sintiese insultado. Un maestro de la conversación que intuía hacia dónde tirar para salirse con la suya, cuándo apretar y cuándo dejar ir. Su locuacidad tenía la capacidad de dejarlo a uno siempre con ganas de más, incluso aunque se cabrease con él. Resultaba, sin embargo, complicado saber con certeza cuándo estaba siendo honesto y cuándo no. Lidiar con aquel tipo de gente también era un arte, en cierto modo.
Cuando Iggy, sin embargo, les preguntó a él y al crupier tontatta sobre el destino del tipo del bigote, ninguno llegó a responder. Como casi todos los presentes, su atención había quedado completamente atrapada por cuanto sucedía al otro lado del Berryelder, donde Big Bosco deliberaba sobre cómo lidiar con aquella presa. El qué ya estaba decidido, claro, y solo faltaba el cómo, aunque eso tal vez también estuviese decidido. De hecho, cabía la posibilidad de que el enorme gyojin no se estuviese pensando nada, simplemente estuviese jugando con el ladrón, o... saboreando el momento, disfrutando del hecho de que, una vez más, se podía permitir hacer justicia de la forma que más le gustaba. Tal vez fuese eso, ¡o tal vez no! Bajo la formación rocosa y casi coralina que parecía ser la tez del gyojin, aventurarse a adivinar cualquier expresión o pensamiento era más parecido a un juego de azar que a una lectura de lenguaje no verbal.
En el momento presente, sin embargo, la situación había explotado a uno y otro lado del Berryelder. Mientras Big Bosco aún sujetaba el cuerpo del ladrón, cuyo estado era realmente complicado de adivinar a estas alturas, y que no hacía sino producir espasmos por doquier; sobre su piel parecía haber empezado a propagarse algún tipo de necrosis. Si el tipo seguía ahí dentro, era difícil de decir. El espectáculo del gyojin ajusticiando a alguien parecía ser suficiente como para que el absoluto desastre que Iggy estaba montando no hiciese sonar todas las alarmas. No es que pasase desapercibido, ni mucho menos, y era evidente que Big Bosco era consciente de aquello. Simplemente, las prioridades en aquel momento eran otras. Mientras la multitud cuchicheaba y algunos se giraban, comentando lo acontecido y lo que hacía Iggy, un montón de tipos se iban amontonando en el suelo como sacos de harina, uno detrás de otro. El camarero, tras la barra, resopló con exasperación, desapareciendo por un instante y volviendo, al cabo de un momento, con el mocho y el cubo que había sacado del armario de la limpieza. Aquella noche iba a ser larga para él. De hecho, aunque aquella trifulca en concreto parecía menos sangrienta que la que había tenido lugar días atrás en el New Piano, el estado de más de uno de los derrotados era dudoso cuanto menos. Un palancazo tras otro y, al cabo de unos minutos, un jadeante Iggy quedaba como el único vencedor de aquella contienda.
En aquel momento, pudo ver cómo muchos empezaban a salir del Berryelder, pasando entre las dos guardianas de camino a la salida. Estas no parecían oponer resistencia, tan inmóviles e inexpresivas, tras sus gafas de cristales ahumados, como siempre. Entre los invitados que abandonaban el local, Iggy pudo ver la melena azul de la señorita Goltz, que se desvaneció tras la pesada puerta de madera. Mientras el pelimorado retaba a Retz, que había pasado todo aquel rato contemplando el espectáculo desde el otro lado del Berryelder, Big Bosco dejó caer el cuerpo del ladrón, aparentemente inerte, que se desplomó con pesadez sobre el suelo del bar, como un restaurante. Allí quedó, a un par de metros del piano, sin reaccionar ni moverse. Retz dio una calada a su cigarrillo antes de responder: "Esta gentuza no tenía nada que ver conmigo, muchachín, eran todos de la Samba Anchor Crew," espetó, torciendo el morro, como si aquello tuviese que significar algo para Iggy. Entre las muchas cosas que asumía la clientela del Berryelder de nuestro protagonista, una era que, evidentemente, estaba metido de pies a cabeza en el mundo criminal de la isla, y, por tanto, debía de estar absolutamente familiarizado con las múltiples familias del crimen que pugnaban por el control de los negocios más turbios del lugar. "Creo que estaban cabreados contigo. Eso, o habían recibido órdenes de arriba. Son gente rara."
La sala retumbó repentinamente cuando Big Bosco se encaminó hacia Iggy, como si la propia edificación se estremeciese, caminando a su acostumbrado paso lento, ceremonial y tranquilo. Retz permaneció a un lado, con su segundo pitillo de la velada aún en la boca. El enorme gyojin se plantó frente a Iggy, entre los cuerpos de los derrotados miembros de la Samba Anchor Crew, o lo que diantres fueran. El local había quedado semivacío, y la mayor parte de los parroquianos se habían ido de allí. En la repisa, el Den Den Mushi seguía reproduciendo música alegremente, como si nada. Big Bosco dio una calada a su puro que pareció aún más lenta que de costumbre, meditabundo. No dijo ni una palabra. Cuando exhaló, todo alrededor de Iggy se volvió brumoso y denso. Los amarillentos ojos del gyojin brillaron un poco entre el humo, mientras echaba una ceremoniosa mirada a las decenas de derrotados por Iggy que se repartían por el suelo de su amado Berryelder. Si estaba disgustado, no lo parecía. Pero, de nuevo, rara vez era posible adivinar qué pasaba por su enorme cabeza. El camarero ya había empezado sus labores de limpieza, y, bajo la atenta mirada de Big Bosco, empezaba a arrastrar algunos de los cuerpos a la trastienda, o a saber a dónde. Iggy vio cómo, arremangado y con guantes higiénicos, los iba tomando por las axilas y se los llevaba. Al fondo del Berryelder, junto al piano, el cuerpo del tipo del bigote continuaba en el suelo, inerte.
"Tienes un buen par de cojones, liando la que has liado aquí," admitió Big Bosco, finalmente, tras lo que parecieron horas en juicioso silencio. "No sé cómo te hiciste con el Corazón, ni por qué lo has traído aquí, ni por qué has hecho nada de esto," aseveró, sacando la gema por un instante y volviéndosela a guardar en el bolsillo de su chaleco, "pero tienes lo que hay que tener para ganarse la vida en estos ambientes. Te faltan un par de lecciones de protocolo, y saber estar, pero podrías ser un activo interesante. Sobre todo si vas a estar navegando de aquí para allá. Decías que tú mismo querías ejecutar al ladrón, ¿eh? Tienes sed de sangre, eso no se puede discutir, pero creo que hay algo más," afirmó. Su voz sonaba cavernosa, grave, meditabunda, como si saliese de las profundidades de una gruta, en lugar de una garganta. "Si estás dispuesto a trabajar, el Sindicato Bossa Nova podría contar con alguien como tú."
A continuación, se sentó con pesadez en el mismo sillón verde que antes, junto a la barra, mientras disfrutaba del puro. En el Berryelder se respiraba un aire extraño. El olor del humo del tabaco se mezclaba con el del licor, con el de la muerte, con el del miedo, con el de la adrenalina y con el del trabajo bien hecho. Una mezcla que pocos llegarían a oler alguna vez en sus vidas. Fuera, empezaba a amanecer.
En su bolsillo, Iggy pudo encontrar un papelito doblado. La letra era rápida, apresurada, pero elegante y delicada.
Cita:
¡Gracias por el Corazón!
La gema conocida como Corazón ya no se encontraba en el Berryelder.
Información
Resumen
¡A leer, a leer!
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Solo algunos aspectos a comentar: En efecto, la idea de la horda era que te enfrentases a ella en el momento adecuado; si la hubieras liado más de la cuenta antes de haber recuperado tus reflejos, hubiera sido un problema, como imaginarás. Como Retz o las guardianas, era uno de esos factores que estaban ahí para responder en función de cuánto la liases. Por otro lado, muy bien usado el karma de Buen oído para verte venir el ataque, me ha encantado. Bien jugado. Asimismo, si quieres saber a qué se refería la señorita Goltz con "las Terre", puedes echar un ojillo a este post, donde son mencionadas de pasada. Por cierto, ¡buen temárdigan el que suena en la cabeza de Iggy! Además de la nota, hay algunos detalles sutiles que puedes encontrar a lo largo de la aventura y que tal vez se te hayan escapado, y que podrían ayudarte a reconstruir los hechos:
La gema que sostiene Big Bosco es descrita como "eneaédrica" (aquí), cuando anteriormente, en la aventura T2, se había hablado explícitamente del Corazón como un "octaedro" (aquí tienes el post).
Puedes ver el hide de este post, en el que comprobarás que, al fin y al cabo, se produjo un sutil intercambio antes de que todo se fuese de madre. ¿No era sospechoso que la señorita Goltz hubiese interactuado precisamente con el "ladrón" justo antes de que se descubriese el pastel?
La señorita Goltz fue capaz de identificar la gema; si no había visto nunca el Corazón, ¿cómo sabía qué aspecto podía tener?
El vino adulterado afectó a Iggy justo mientras hablaba con la señorita Goltz.
Cuando mencionó a Retzer y Tell frente a Iggy (en este post), no hacía sino ponerlo a prueba, ver si reconocía alguno de aquellos nombres. En efecto, había un Retzer (o Retz), el mink cerdo, pero no ha habido ningún Tell.
Goltz pregunta a Iggy por anoche, implicando que podría ya haber estado al tanto de que el Corazón estaba en manos del pelimorado por interacciones previas, durante la noche de borrachera.
Como detalle extra, en ningún momento me he referido explícitamente a la gema falsa como Corazón.
En cualquier caso, el siguiente será tu octavo post, por lo que siéntete libre de cerrar la aventura con un final a la altura, o como gustes. Ha sido un verdadero gustazo narrarte, y estaré encantado, si te apetece, de llevarte más cosas en el futuro. Como ves, aún queda historia aquí, y es una trama que puedes continuar desarrollando. Sea como sea, gracias por haber participado. ¡Espero que hayas disfrutado, y que te lo hayas pasado tan bien como yo!
Giré la cabeza confundido, mi vista seguía puesta en el cerdo. ¿No tenían que ver con ellos? ¿Samba Anchor crew? Suspiré guardando de nuevo la palanca, tomando una bocanada de aire aliviado. A mi alrededor todo se había calmado, Bosco había soltado el cuerpo ya sin vida del ladrón y se dirigía hacia mi, no parecía cabreado pero tampoco contento. Me limité a sacar pecho y mirar arriba. Mi mirada se cruzó con la suya, tal vez quería partirme la cara pero traté de no parecer impresionado. Acababa de matar como a unos ochenta tíos delante suya, eso tenía que ser carta de presentación suficiente para tenerme en cuenta y saber que era peligroso.
La calada del puro hizo que soltara una gran cañitas de humo. Abaniqué mi cara pues mira que me había metido drogas en mi vida pero el olor del tabaco no me gustaba, tosí un poco pero tratando de aguantar la compostura. El bar estaba completamente en silencio, bueno, la música del den den mushi se mezclaba con el sonido de los cuerpos siendo arrastrados por la madera. Fue entonces cuando el enorme pescado comenzó a alabar mi actuación. No pude evitar fardar un poco, sonriendo y colocándome bien las solapas de mi peculiar chaleco rojo. -Vamos señor Bosco, no digas esas cosas que me voy a sonrojar. -Me moví grácilmente dando una vuelta sobre mi mismo hasta colocarme al lado de la enorme masa de carne que era aquel tipo.
-Me hice con el corazón porque se veía bonito y pensaba que tendría bastante valor si lo vendía por separado. Solo soy un humilde viajero que trata de ganarse la vida como puede. -Dije sonriendo agarrándole por la cintura mientras observaba el rastro de cadáveres que había dejado tras de mí. Reí al ve que no me había controlado ni un pelo. Por lo que era normal que dijera aquello de lo de sed de sangre… Pero se equivocaba. -Estoy halagado que pienses que valgo para estos negocios enserio. -Me separé de golpe y me llevé las manos al pecho dramatizando todo lo posible. -Pero yo no mato por gusto, yo soy un tío muy chill… ¡PERO CUANDO ME TOCAN LOS COJONES O TRATAN DE TIMARME SE MERECEN SER APORREADOS HASTA MORIR! -Solté cabreado pisando la cara de uno de los cadáveres con mis botas de plataforma repetidas veces hasta casi hacerla una tortilla.
No tardé en calmarme y respirar hondo. -Y estoy encantado con tu oferta de trabajo pero yo no trabajo más que para mi mismo. -Dije finalmente, el Gyojin ya se había movido a su cómodo sillón quedando tan solo unas pocas personas parte de mi en el Berryelder, por lo que ya era momento de retirarse. Me dirigí al cerdo primero pero en lugar de darle un puñetazo o mostrarme agresivo decidí extenderle la mano en señal de paz, no habíamos empezado con buen pie y de hecho se me notaba molesto al ofrecerle este gesto.
-Siento mucho todo lo que he liado, espero que la próxima vez nuestro trato no sea tan hostil. -En cuanto me tomó la mano tiré de mi hacia él dándole un caluroso abrazo, pero no sin antes robar rápidamente la cartera que sobresalía del bolsillo derecho de su pantalón. Tras ello le di unas palmaditas en el pecho cy me dirigí a la salida, no sin antes on la otra mano y que no viera como me la guardaba en mi propio bolsillo.
Con esto finalmente hecho, me dirigí con paso ligero hacia la salida, hice una reverencia a las guardianas y cricé la puerta con entusiasmo. Al fin libre, al fin veía el espesor de la selva y el amanecer ante mis ojos. Silbé fuertemente y el graznar de mi ave resonó entre la maleza. Travis voló de una rama de un árbol cercano a mi hombro como un cohete echaba de menos a mi mascota y tenía ganas de contarle todo lo que había pasado allí dentro, y de cómo había perdido el corazón.
Ya de camino de nuevo a la civilización, lo suficientemente alejado del local, me digné a sacar la cartera, pues el cerdo iba a ser quien pagara la comida y las copas del día de hoy, y eso le iba a comentar al águila. Pero al retirarla, un papel arrugado, de pequeño tamaño cayó al suelo. Me detuve, no me sonaba que tuviese nada en los bolsillos más que la gema cuando estaba allí. Me agaché y lo extendí para leer las palabras “Gracias por el corazón”. Al hacerlo, me quedé pálido un segundo hilando todas las piezas, las cuales había ignorado completamente allí dentro como un imbécil. Comencé a reírme a carcajadas, al punto que me empezó a doler el estómago. -Chica lista… -Pude pronunciar entre risas, me sequé las lágrimas y miré a mi pájaro con cara de incredulidad. Recordé el momento en el que le dije que si tuviera ella el corazón que haría. Lo que no me esperaba era que fuera como diez pasos por delante de mí.
-Travis nunca te fíes de una mujer… -Dije lanzando la cartera del mink al aire y volviéndola a agarrar, jugando con ella. -Todas son unas mentirosas y hacen mucho daño. Vamos a por una cerveza, creo que me la he ganado. -Pronuncié finalmente, caminando a un ritmo pausado, mi cabeza aún pensando en los profundos ojos de aquella mujer y su firme trasero, deseando que el destino nos juntara de nuevo en algún momento para volverle a ver.
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Despedida
Tremendo plot twist final, me ha encantado esta aventura junto a la anterior. Tienes una calidad increíble en tus posts y te juro que estoy encantado que me hayas preparado tanto esta como la anterior. Ojalá me vuelvas a llevar alguna más en el futuro porque te juro que me lo he pasado brutal.
Karmas
Espero que no me lo tengas en cuenta, pero he usado los karmas positivos que me quedaban en este turno. Primero pico de oro para que Retz confíe en que quiero disculparme y finalmente el de carterista para robarle su cartera sin que se de cuenta. (Tengo el karma de colérico y no podía dejar que se fuera de rositas).