Onizuka Jin
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25-11-2025, 11:55 PM
(Última modificación: 25-11-2025, 11:57 PM por Onizuka Jin.)
Los sonidos que escapaban en forma de gemidos de los labios del rubio solo lo encendían más, invitándose así a ser más atrevido, a morder con más fuerza. Iba a dejarle una buena marca, la recordaría, por lo menos, durante días. Sus miradas conectándose por algunos largos segundos, más que suficiente para que pudiera percibir entre sus piernas que el pantalón le llegaba a doler. Las vistas eran cuanto menos… fascinantes. Permitió que su mano fuera guiada, elevando ligeramente su cuerpo en el proceso, en los labios ajenos. Sus mejillas comenzaban a tomar el tono rojizo de la excitación, su propia pelvis se apretó más a la de él de modo que la dureza se apreciaba con mayor claridad directamente a la ajena. Su respiración ahora menos pausada, el sudor perlando todo su cuerpo por la elevada temperatura. Ahora mismo solo se imaginaba esos dedos humedeciéndose por la lengua ajena pudiendo preparar su entrada, los nuevos gestos que realizaría. Todo lo llevaba a una fantasía, con el serio deseo de poder penetrarlo…
Y, oh casualidad, él ahora mismo soltaba eso de sus propios labios, el mismo pensamientos, de un modo más vulgar. No le molestaba en absoluto, por lo contrario, solo lo hizo sonreír con malicia, divertido. Permitió que entrelazara sus dedos con los propios, apretándolo él mismo hacia sí, divertido.
—Tendremos que ponerlo en práctica entonces.
Sus ojos se abrieron de par en par, en un cambio repentino. El cabello largo cayendo de los lados como una cascada, en los laterales de su cuerpo, ahora justo encima de él. Sus ojos contemplaron al rubio con cierta sorpresa, su mano sobre su cabeza. Todo parecía haber cambiado en un solo segundo, pero no iba a ceder, al menos no fácilmente. Era más divertido convertirlo en el juego que estaba resultando ser. Sus ojos no abandonaron al contrario, volteando ligeramente el rostro, manteniendo aquella sonrisa que mezclaba el éxtasis, el placer del momento junto con la picardía y la provocación.
—Tendrás que saber convencerme, Tezca, porque opinaba lo mismo en mi lado.
Los labios reconectándose, el alivio de su miembro ser liberado. Eso lo hizo jadear entre sus labios. Cerró los ojos, disfrutando del calor del momento, la excitación en la situación que se encontraban. Ahora era él quien comenzaba a impacientarse, moviendo sus propias caderas, buscando el roce con su miembro. El temblor de sus piernas era palpable, la ropa interior también estaba doliendo, sentía que iba a estallar. El aroma del hombre frente a él, y el mordisco que lo hizo sangrar. Podía saborear la sangre en su propia boca, solo logrando que el éxtasis se volviera mayor. Maldita sea… ahora mismo el que se estaba impacientando era él. Elevó su mano hacia la nuca de su acompañante nocturno, apretándolo hacia sí mismo. Por supuesto, no iba a quedarse atrás, su mano descendió, pese a la nueva posición, hasta la ropa interior ajena, apretando la zona elástica, estirándolo un poco para revelar la masculinidad inferior que sabía lo ansiaba, pero no lo apartó, no lo sacó. Si él iba a ser provocado, también estaba jugando el juego de un tira y afloja. La fogosidad, el calor, la temperatura ascendiendo… Su mano se introdujo ahora en la ropa interior, tocando directamente su miembro, paseando los dedos desnudos que habían sido humedecidos, aprovechando cómo había sido entregado semejante gesto. Paseaba por el glande el índice, luego exploraba torturosamente lento el resto del miembro, paseando por el tronco con la yema de sus dedos, apretando su otra mano la que todavía mantenía los dedos cruzados a los ajenos. A su vez, los besos no cesaban, su lengua explorando la ajena con hambre.
![[Imagen: 26VOcKR.png]](https://i.imgur.com/26VOcKR.png)
Sus caderas seguían buscándolo, mientras el beso se intensificaba, la respiración se escuchaba, el sudor perlaba su pálido cuerpo. Estaba viéndose venir una larga noche y no se arrepentía de ello en absoluto.
Tezca Norova
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El sabor metálico en la boca me excitaba, su hirviente tacto y el movimiento de su pelvis era justo lo que quería provocar; Me deseaba y yo a él, por lo que debía expresárselo antes de derrumbarme y comenzar a rogar. Quería quedarme sin aire, necesitarlo aún más: Continué con el beso con intensidad, desesperadamente ante la falta de oxígeno para finalmente separarme, soltando su mano para limpiar los labios ajenos, mirándolo a los ojos entre algunos gemidos que provocaban que mis piernas flaquearan, se abrieran un poco más sintiendo su miembro contra el mío en leves roces, no quería que se detuviera pronto.
Continué pasando mi pulgar por sus labios de forma casi obsesiva. — Jin…—Suspiré su nombre entre el deseo y reciente curiosidad, quería conocerlo aún más, que continuara llevándome al límite. Sentía que me volvía loco, y mi otra mano, que se encontraba cerca de su intimidad, masajeó ligeramente su miembro, desde esta posición era muy difícil y probablemente tendría un calambre en el hombro si la mantenía por mucho tiempo, por suerte no planeaba quedarme mucho tiempo de esta forma. Apreté ligeramente el glande, mi mano se sentía ligeramente temblorosa y solo podía esperar que no lo notara. — Alguien… tan fuerte… con influencias… ¿No te da miedo… traer a un desconocido como yo…? ¿Acostarte con él…? — Era difícil hablar entre gemidos, entre el placer, pero esperaba hacer sentido en mis palabras. —… ¿Cómo sabes que no te mataré? Podría ser… ¿me… entiendes…?— Debía admitir que era una manera inusual de excitarme aún más, sacando conclusiones apresuradas sobre Jin con lo poco que había visto, pero el hombre debajo sacaba lo peor de mi y quería hacer lo mismo: Sacar lo peor de él.
Me hundí en su cuello, llevando ambas manos a su cintura, sintiendo los costados de torso mientras gemía agudamente sobre su cuello. — Jin… Jin… Jin…— Podría escucharse entrecortadamente por encima de su piel, entre vibraciones y húmedos besos, comenzando a bajar por el surco entre sus pectorales dejando un camino de húmedos y algunas lamidas. Al estar fuera de su tacto aproveché a quitar por completo mi incomoda ropa restante, finalmente desnudo frente a él y entonces continué bajando por su cuerpo, hasta llegar a su cadera, mirándolo directamente a los ojos. — Te tengo… Tenemos toda la noche así que disfruta. — Me lamí los labios antes de comenzar a dejar húmedos besos sobre la base de su miembro, subiendo un de mis manos para quitar por completo su ropa interior y sostener su intimidad, estimulando la punta. Ahora tenía toda mi atención.
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El gemido escapó de sus labios. Un tono profundo, grave, claramente excitado ante el contacto directo de su mano hacia su propio miembro. Sentía el sabor metálico ahora debido al escozor en sus labios. El rojo se intensificó en sus mejillas y no por timidez, sino por la fogosidad del momento, el calor que el contrario le estaba generando de ese modo. Sus ojos descendieron, su mano se elevó, acariciando la nuca del rubio. Los muslos le temblaban del mismo modo que las manos ajenas y, al igual que un silencioso acuerdo, deseó que no lo notara. Lo bien que lo sentía, lo intenso que estaba siendo todo aquello y, por supuesto, lo mucho que lo estaba disfrutando.
—Tezca…
Susurró su nombre del mismo modo que el contrario pronunció el suyo, como respuesta al haberlo hecho, y también como una pequeña recompensa al trato que estaba recibiendo. Su miembro estaba reaccionando al tacto ajeno, apretó ligeramente su mandíbula, haciéndola notar por algunos segundos, y pronto abrió los ojos, descendiendo la mirada en dirección al joven al escucharlo.
—¿Miedo…?
Su sonrisa maliciosa se volvió a dibujar mientras respondía en forma de pregunta. Esta vez él mismo apretó con más fuerza el miembro ajeno, haciéndolo notar más, sin esperar a iniciar el vaivén que lo envolvía. Su propio pulgar se posicionó también en el glande ajeno, moviéndose de arriba abajo, con el pulgar en círculos en la punta del mismo. —Si fuera así, no habrías sido tan idiota para aceptar una bebida de alguien tan influyente. ¿Qué te hace pensar que no hablé con señas al camarero para que te drogara la cerveza? — sus caderas, mientras hablaba, seguían moviéndose, procurando mantener el ritmo de los dedos ajenos. —Dudo que vinieras solo igualmente solo para matarme, o que estés así de duro y desees verme muerto. — apretó de nuevo con malicia, buscando una nueva reacción del contrario. Sí, también le excitaba esa sensación de peligro, tanto darla como recibirla, del mismo modo que ambos lo estaban haciendo en ese mismo instante.
Elevó finalmente su cabeza, dándole espacio al rubio para explorar su cuello, cerrando los ojos. Escuchar su nombre en forma de gemidos de sus labios no hacía más que excitarle todavía más. ¿Cómo era siquiera posible? A saber… solo sabía que deseaba tomarlo, su propio miembro palpitaba ansiosamente ahora que la atención no estaba allí. Sus ojos descendieron, su mano cesó el vaivén ya que, con la nueva posición, ya no podía alcanzar la pelvis ajena. ¿Lo gracioso? Su pierna sí, pero por el momento se tomaría el lujo de disfrutar las vistas, su propio pene frente al rostro ajeno, duro, en un par de convulsiones que gritaban por deseo a esos labios que hablaban… y lo nombraban una y otra vez.
—Tezc-…. ¡Haahhh~!
La humedad de su lengua era algo que lo hizo estremecer, cerrar sus ojos, morder su labio inferior, el mismo que el contrario había mordido y marcado. El rojo se marcaba todavía más en su cálida piel de sus mejillas. Sus manos ahora apretaron el cabello ajeno, ansioso, acercándolo más hacia su propio sexo. Las vistas debía admitir que eran todavía mejores de lo esperado.
—La noche es joven, desde luego…
Su voz sonó ronca sin ser algo a propósito, el deseo y la desesperación ahora lo estaban venciendo. Apretó entre sus dedos el cabello de Tezca, se estaba comenzando a impacientar, su mente fantaseaba con introducírselo en su boca de un solo golpe, pero tampoco quería verse tan desesperado.
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Ese era el tipo de reacción que anhelaba, que quería ver y expresar. Me motivaba como el hombre podría ver en el deseo de mis ojos, el mismo reflejo que los suyos. Mis ojos bajaron a su intimidad, separándome un poco para admirarlo; Era grande, supongo que un poco intimidante para algunos ¿Cuánto sería? Unos… ¿20 centímetros? Iniciando por la base, lamí toda la extensión hasta la punta para volver a mirarlo: Quería sus ojos en mí y solo para mí. Introduje la punta a mi boca tortuosamente lento, podría dejarle guiarme, la presión que sentía sobre mi caballera me daba a entender que quería pasar a más acción pero eso no sería tan divertido, ni le haría gemir tanto, el mayor placer viene de la expectativa.
Succioné húmedamente la punta, humedeciendo esta por completo con mi lengua lo que generaba que un chasquido se hiciera presente, mientras con una de mis manos sostenía su miembro apretándolo ligeramente antes de comenzar a estimularlo: arriba y abajo mientras poco a poco iba introduciéndolo por completo a mi boca, un poco después de la mitad, cuando había dejado de estimularlo para abrir un poco más sus piernas comencé a sentir arcadas, había pasado algo de tiempo desde la última vez que complací a un hombre, sobretodo uno con esas magnitudes pero claramente no me iba a detener, fui más rápido al terminar de tomar su intimidad por completo, subiendo mis manos a su cadera para apoyarme mejor, sintiéndolo profundamente hasta la garganta, entonces sentí mis ojos levemente llorosos y el rastro de saliva que bajaba hasta mi mentón; carajo, debía verme bastante patético.
Moví mi cabeza, sacándolo apenas de mi garganta antes de volver a introducir en un ritmo más rápido, mientras mi lengua generaba ligera presión sobre las sobresalientes venas que resaltaban. No pude evitar cerrar los ojos, completamente drogado en complacerlo; Mi mano derecha parecía moverse por su cuenta, mientras la izquierda intentaba levantar la cadera del hombre para que la contrario pudiera colarse a sus glúteos, masajeando uno de estos y abriendo ligeramente para- mierda, lubricante.
Abriendo los ojos saqué su delicioso miembro de mi boca en un pop, bajando la mano derecha de regreso a sostenerlo para dejar algunos húmedos besos antes de alejarme un poco y levantarme, mirando la obra de arte debajo de mí. Me moví, lentamente al sentir que mis piernas fallarían en cualquier momento, apoyándome en el mueble a un lado del sofá, mirando por encima. —¿Tienes lubricante? Necesito un poco… No sé que tanta experiencia tengas en anal y la saliva no es tan buen lubricante como dicen ¿me entiendes? — Mi voz sonaba un poco más ronca de lo usual, incluso tuve que darme una pausa para carraspear mientras husmeaba entre los cajones, abriendo el que tenía más cerca y encontrando un pequeño recipiente de lo que podía reconocer como lubricante. —Ya lo encontré.⁓ — Ronroneé, hincándome frente a él, acariciando el interior de sus muslos mientras me inclinaba a dejar un par de besos y lamidas sobre sus testículos. —Si quieres que regrese en lo que estaba tendrás que rogarme un poco… — Tomé ambas piernas para colocarlas sobre mis hombros, mirándolo con picardía mientras frotaba mi mejilla contra el muslo contrario. Cuidadosamente tomé el lubricante, vertiendo una considerable cantidad sobre mi dedo medio y anular, aprovechando que su trasero no estaba directamente sobre el sofá para acariciar circularmente su entrada, intentando provocarlo. —Todo ese traje formal en el suelo… ¿Qué hace un hombre de negocios siendo cogido por un delincuente como yo? —
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Su cuerpo se estremeció. El contacto directo con la boca ajena lo estaba deseando… pero lo lento que iba, lo estaba desesperando. Sus manos temblaban, sobreponiendo su propia voluntad al propio deseo, que se estaba desbordando por todas partes. Sus labios se entreabrieron, su cabeza se elevó. La sensación de la humedad, la mano que al fin le brindaba lo que buscaba. La desesperación solo incrementaba cada vez más. Sus manos descendían, temblorosas, apretando con mayor firmeza el cabello de Tezca al punto de llegar a despeinarlo. Podía percibir sus pantalones terminar de deslizarse de entre sus piernas, solo siendo sujeto por su propio tobillo. Apretó su labio inferior, descendiendo nuevamente la mirada hacia el contrario.
—Maldita… sea… Sigue de una vez…
El rojo se marcaba en sus mejillas, la desesperación que tanto había tratado de ocultar ahora se estaba volviendo más palpable en su propia expresión. El sudor corriendo por su cuerpo, la camisa de su traje cayendo por un lateral de su hombro, revelando el mismo. Su piel pálida al descubierto, cada vez revelando mejor su desnudez. Hasta que al fin, lo sintió, cómo su propio miembro se adentraba en la boca ajena. Arqueó su cabeza, entreabriendo los labios en un gesto de placer, el vaho podía apreciarse en el propio aire, su rostro perdiéndose en el placer que le generaba.
—¡Haahh…! Tez…ca…
Su voz sonó ronca entre los gemidos, sus ojos cerrándose poco a poco. Sus caderas comenzaron a moverse por la inercia, sus manos ahora, las dos, descendieron hacia ambos lados de la cabeza del rubio, entre jadeos. Sus ojos se abrieron en una fina línea donde podía apreciar mejor al contrario una vez más. Podía sentir la calidez de su garganta envolverlo completamente. Su cuerpo temblaba, sus propios pies se encorvaban. La deliciosas vistas de los ojos que lloriqueaban, sabía bien que no muchos podrían soportar su virilidad, y aún así estaba allí ahora mismo él, no solo haciéndolo de forma voluntaria, sino con un rostro que claramente gritaba que le gustaba. Todo su cuerpo estaba temblando, ansioso, sintiendo el éxtasis. Pudo sentir que incluso estaba acercándose… hasta que los labios ajenos finalmente se separaron. El suspiro que dejó escapar fue de pura insatisfacción. El rojo se mantenía en sus mejillas, la mirada ahora descendiendo hasta él bajo la desesperación y su propia dureza palpitando, todavía húmedo por el trato previo.
![[Imagen: 2yZIm9W.jpg]](https://i.imgur.com/2yZIm9W.jpg)
—Estás… jugando con… haahh… fuego…
Señaló un mueble cerca del sofá, con varios cajones, aunque terminó siendo él mismo quien abrió el cajón correcto y no solo estaba lo que pidió el contrario, sino también una buena cantidad de preservativos que siempre tenía listos para ese tipo de situaciones. No iba a estar allí sin estar previamente preparado. Su otra mano, mientras tanto, se posaba sobre su frente, cubriendo no solo la misma, sino también parte de su cicatriz, en un intento de ocultar su expresión que resultó en un absoluto fracaso.
—¿Rogarte…? Intenta que lo…
Se vio interrumpido, sus piernas ahora sobre los hombros ajenos. ¿Cómo no lo iba a estar? Ahora podía verse a sí mismo, podía ver la dureza ajena, todo en una vista perfecta. Se sujetó a un lado del sofá, evitando perder el equilibrio. Sus ojos descendiendo hasta la zona de su ingle, ahora más abierta. El sudor, sus propios músculos y el miembro ajeno. Se le estaba complicando más de lo previsto soportarlo. Cerró lentamente sus ojos, temblando ante el frío y húmedo tacto del lubricante y sus dedos. Estaba claro que no le permitiría tomar el relevo, se estaba adelantando. ¿Lo iba a permitir? Quizás… pero por el momento no planeaba ceder. Sí era cierto que la desesperación lo estaba matando por dentro, pero… vamos, seamos sinceros, ¿a quién no le gusta hacerse un poco más el duro? Su mano se elevó, yendo directamente hacia la nuca ajena, atrayéndolo hacia sí, divertido. Su respiración seguía agitada, pero juntó ambas frentes, con sus labios extremadamente cerca de los ajenos. No lo besó, no lo haría, por muy cerca que estuviera de ello.
![[Imagen: bnVUKtn.png]](https://i.imgur.com/bnVUKtn.png)
—¿Y tú? ¿Cómo te desesperas tanto por probarme?
Sus ojos ahora lo observaban con desafío, su sonrisa pícara y sus manos temblando todavía. Era irónico que mencionara algo así cuando él mismo era quien también lo deseaba. —Sabes bien que en cuanto me pruebes una sola vez, te volverás adicto. Me buscarás, por muy delincuente que seas. — qué ironía, él mismo lo era, y solo daba el aspecto de ser alguien de negocios. ¿Qué pensaría si lo descubriera? No importaba, la intriga y el silencio solo resultaría más divertido. Abrió sus labios, ahora besándolo desesperadamente, ansioso, por algunos segundos más, hasta que finalmente lo dejó hacer, que volviera a posicionarse donde estaba una vez más. Apretó su cabello, empujándolo hacia su propia dureza, forzando que los labios ajenos al menos lo rozasen por el tronco.
—¿Serás capaz de satisfacerme suficiente, Tezca?
Ahora era él quien lo provocaba, de nuevo, en un tira y afloja que no parecía terminar, y no iba a dejar que acabara. Lo disfrutaba demasiado, ¿cómo negar algo así? La atracción sexual por ambos lados estaba siendo de lo más fascinante y satisfactorio desde hacía un tiempo.
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Este bastardo… Creí que lo tenía, pero era difícil de quebrar, aunque sentía que había hecho cierto progreso. Lo bueno es que Tezca Norova nunca pierde. Siempre había sido un experto en jugar con fuego, quemarme era lo más divertido después de todo, si me sacrificaba lo suficiente el otro resultaba mucho más quemado… No, en llamas. Mi cabello era parcialmente un desastre, varios mechones cubriendo parte de mis mejillas y las gotas de sudor sobre la frente que delataban mi estado.
Por supuesto que rogaría, lo haría ponerse de rodillas mientras me rogaba por atención. Tarde o temprano lo haría después de todo la vida premiaba a lo persistentes y yo era aquello en demasiada. Sentí su caliente aliento encima del mío, estaba jugando conmigo; Así como lo hacía con el. Por suerte los trucos no se me habían acabado. — Terminarás rogándome… deseándome… dispuesto a lo que sea contar de llegar al orgasmo ¿me entiendes?, no eres el primero, guapo — Intenté provocarlo con cierta crueldad, sonriendo burlonamente mientras soplaba sobre sus labios ¿era muy cruel pensar en que quería verlo molesto? Quería que me odiara, que me deseara tanto que le causara frustración y que se desquitara haciéndome suyo brutalmente hasta que ninguno pudiera continuar.
Y entonces sentí mi jodida sonrisa fallar. Esa pregunta había ido directo al orgullo, como cambiaban las cartas: El frustrado con sus palabras era yo ¿Todavía creía que tenía el control? Le demostraré que estaba incorrecto, por más que anhelaba sentirlo dentro mío, también quería estar Profundamente dentro suyo. — El que sigue gimiendo mi nombre mientras me miraba con ese rubor de deseo eres tú… — No tenía cara para decir aquello, cuando quería soltar tantas veces su nombre para grabarlo en mi cerebro como un mantra, pero tenía demasiado orgullo para ello. —… Buena suerte cogiéndote a alguien más, tardarás mucho en olvidarme… Imbécil. — Esperaba que no notara lo mucho que sus palabras me habían afectado, la razón que tenía; Si tuviera que robarle algo de la sala donde estábamos solo para que me siguiera y castigara… Lo haría. Sin dudarlo dos veces. Finalmente me besó y no tardé en seguirlo, colocando una mano a un costado de su cabeza para presionar sus piernas contra su abdomen y así presionarlo contra el sillón, mi lengua colándose en su boca para explorarlo, luchar contra la suya antes que el hombre terminara el beso lo que me hizo soltar un gemido de desesperación y entonces me dirigió a donde antes; Mi máscara se derrumbó, mirándolo con un gesto de necesidad, suplicante.
Volví a verter un poco más de lubricante mientras dejaba un par de suaves besos por la extensión de su miembro, cerrando los ojos incluso con cierta ternura mientras fruncia el ceño, parecía ligeramente ebrio y lo sentía. —Coopera… Sé que lo quieres incluso más que yo. — Murmuré, soltando una pequeña risa ante lo arrogante que sonaba, abriendo los ojos para llevar nuevamente mis dedos a su entrada, retomando las suaves caricias alrededor de esta, me apoyaba con la izquierda para dirigir su miembro nuevamente al interior de mi boca, tomándolo con mayor facilidad, soltando algunos ahogados gemidos que vibraban sobre su extensión, mientras introducía el dedo medio dentro suyo en un ligero movimiento, ligeramente arqueándolo mientras soltaba su miembro al tenerlo asegurando entre mis labios, bajando la mano a mi propia extensión para comenzar a tocarme con cierta desesperación. Incluso al tenerlo así no podía evitar pensar que mi mano era la suya, me estaba volviendo loco, desesperándome tanto por un hombre que recién conocía. — Por favor… por favor… Jin…— Supliqué mientras lamía superficialmente su intimidad antes de introducir nuevamente la punta, succionándolo con fuerza, necesitaba gemir, pero estaba ocupado.
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Su sonrisa cargada de malicia se volvió a dibujar, contemplando al joven con diversión ante sus palabras. —¿Y crees que tú eres el primero también? — Lo dejó caer en el aire, con diversión, sus ojos observando el rostro que ahora se acercaba nuevamente a su miembro. Jin había sido un hombre que toda su vida había buscado control, siempre lo había tenido, ya fuera dentro o fuera de la cama, y aquella no era una excepción. —Me encantará ver si consigues hacerme rogar. Da tu mejor esfuerzo, joven delincuente.
Su paciencia parecía no tener límites, pese a que su cuerpo estaba reaccionando al soplido. Lejos de sentirse molesto, solo lo provocaba más, lo deseaba más. El deseo, como mínimo, era algo que sí estaba en perfecto estado, ahora solo desbordándose. Luchaba internamente para no mostrarlo. Lo mejor de todo fue que, por ser quién era y bajo su experiencia, había percibido aquella ligera sonrisa romperse. Esa pelea entre egos estaba siendo una victoria aplastante, lo sabía, pero también que si lo pronunciaba podría ser peor. Iba a deleitarse en silencio de aquella victoria, dejándole creer que no se había dado cuenta. Solo así era más divertido.
Sus dedos se movieron hacia el rostro ajeno. Cierto, él mencionaba su nombre, él estaba disfrutando y el rubor por el calor del momento no lo ayudaba, pero no se arrepentía en lo absoluto. La yema de sus dedos descendió hasta su mentón, ahora ligeramente elevado por estar encontrándose con las miradas. Su sonrisa ampliándose todavía más, sin dejar de contemplarlo en ningún momento. Ahora se estaba divirtiendo más que nunca. Mantuvo, como último atisbo, el dedo índice bajo el mentón ajeno, ampliando incluso más su sonrisa, buscando conectar mejor de ese modo las miradas.
—Pensaba que dijiste que querías repetir mi nombre toda la noche, Tezca.
La malicia y la picardía gritaban claramente en su diversión. —Y el único que lo está cumpliendo soy yo. ¿No estás dando un mal servicio? — ahora era él quien se divertía más, viéndolo molesto, deleitándose de aquel momento hasta el último segundo. ¿Qué pasaría si empujaba así los botones? ¿Quizás lo volvería más agresivo y se lanzaría sobre él, forzándolo un poco más? ¿O tendría la cobardía de darse media vuelta? Por las señales que estaba viendo, claramente no estaba deseando irse, y esperaba no estar equivocado.
Y allí estaba, una vez más, brindando el placer que silenciosamente tanto había deseado, deleitándose con sus labios. Sus ojos se abrieron con sorpresa cuando sintió la intromisión en su interior, arqueando la espalda, apretando con fuerza la ropa que todavía había quedado sobre el sofá, que se trataba de parte de su camisa, ahora completamente arrugada. Sus súplicas solo lo hicieron no solo sentirse mejor, sino arquear ahora la cabeza, dejando escapar un nuevo gemido. Sus labios temblaban, el vaho escapaba de entre sus labios e incluso la saliva se perdía entre sus labios por el dedo que se arqueaba en su interior. Ah, mierda, tanto que lo deseaba, pero también lo estaba haciendo sentir bien.
—Aahh…. Tezca…
Justo así lo deseaba, se deleitó en aquella silenciosa victoria, pero él mismo también estaba decayendo. Sus caderas se movían, ahora con más desesperación y deseo. No lo dejó terminar de hablar, o siquiera decir nada más, solo su mano sujetó su muñeca, su cuerpo temblando ansioso por el deseo. Ahora, sus ojos descendieron una vez más, esta vez con mayor deseo. Se permitió el lujo de bajar un poco la guardia de su propio ego para que ambos pudieran seguir adelante. Su propia virilidad ya estaba gritando por estallar, lo deseaba demasiado en ese momento. Podía ver cómo el contrario perdía también su control mediante su propia masturbación. ¿Eso significaba que apartaba por completo su ego? En absoluto. Solo estaba comenzando a desesperarse más.
—Te dejaré probarme… Por hoy.
Las palabras salieron con su voz profunda, ronca, ahora con el ansia, el deseo le hizo incluso suavizar su propia expresión. Ahora ya él se había adelantado, pero planeaba que aquel no fuera su único encuentro. Sus planes para esa noche no eran para nada algo así, pero, ¿Qué diablos? Por dar una oportunidad no se perdía nada. Además, él estaba ganando terreno en la batalla entre egos. —No tengas miedo, me gusta un poco más brusco que solo eso. — no admitiría su sadomasoquismo, pero al menos así sabía que no debía tratarlo con tanto cuidado. De hecho deseaba más brusquedad, por ello lo había estado provocando de ese modo desde el inicio. Guió mejor los dedos ajenos hacia su entrada, mordiendo su labio inferior. Que pasara lo que tenía que pasar… no le importaba. Ahora mismo solo estaba encendido, en llamas, quizás incluso nadando en la lava del placer. No podía esperar más.
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30-11-2025, 09:41 PM
(Última modificación: 30-11-2025, 09:46 PM por Tezca Norova.)
"Pensaba que dijiste que querías repetir mi nombre toda la noche, Tezca."
—Uno dice muchas cosas para llevarte a la cama. — Repetí, notando como procedía a bajar el mentón que él mismo había alzado, parecía divertido quería arrancarle esa sonrisa burlona del rostro: Dejé que me guiara, bajando un poco más para morder su índice, sintiendo mi sonrisa ensancharse mientras soltaba. — ¿Ahora hablas de un servicio? ¿Cuánto me vas a pagar? — Le seguí el juego, parecía contento y la caída sería mucho más dulce si continuaba acariciando su ego, además que podría aprovechar a sacarle un poco de información. — Amor… Te quedarías en bancarrota… ¿me entiendes? Así que no digas estupideces. — Canturreé con una ligera sonrisa, bajando un poco más sin dejar de mirarlo, la última palabra salió mucho más hostil de lo que esperaba.
El escuchar sus gemidos, el movimiento de su cadera solo me daba más coraje, mi nombre en sus labios era un delicioso deleite que quería conservar por la eternidad, dejé de masturbarme para poder tocarlo, quería que estuviera lo suficientemente cerca para escucharlo rogar, escuchar como se convertía en algo mucho más… desastroso de lo que tenía frente a mí. —¿Qué es lo que escucho? ¿Por hoy? ¿Tanto quieres seguir teniéndome que fantaseas con otros encuentros? Dios… Te ves tan peligroso, pero eres tan lindo… que… adorable…—
Comenzaba a perder la cordura, aunque sonreía con crueldad en mis ojos se observaba ese atisbo de desesperación, mientras sentía mi mano temblar al aumentar la velocidad de su masturbación, mientras intentaba mantener la otra en un vaivén lento, esperando torturarle, aunque sentía que me torturaba. — Jodidamente… patético… y adorable…— Mi cadera comenzaba a moverse en busca de la mínima fricción, mientras introducía un segundo dedo en su interior con más fuerza, abriendo estos mientras comenzaba a jadear en cierta desesperación; mi intimidad dolía por mi propia negligencia, no podía esperar más.
Retiré mi mano de su interior sin descuidar su miembro, inclinándome para tantear por la zona hasta encontrar mi pantalón, sacando el único condón que tenía a la mano: De todas formas no creía posible que me quedaran los de Jin, sentí mis manos temblar mientras lo abría, claramente dándole un excelente espectáculo al arrogante hombre, me lo puse con cierta desesperación , mordiendo mi labio inferior en concentración, acercándome aun más a el, acariciando suavemente su abdomen, antes de bajar y dirigir mi intimidad a su entrada, entrando de una sola estocada.
![[Imagen: d9bc8a16c837ac7e07df328ef608893a.jpg]](https://i.pinimg.com/736x/d9/bc/8a/d9bc8a16c837ac7e07df328ef608893a.jpg)
Me estremecí, arqueando la espalda en un agudo gemido mientras me inclinaba a mirarlo a los ojos, este era el momento adecuado para decir algo, pero no podía, nada más que gemidos salían de mis labios mientras movía lentamente mi cadera para sentirlo su interior: Tan apretado, se sentía tan bien, tan cálido. Solté la mano que atendía el miembro ajeno al sentir que no podía mantenerme mucho tiempo sin ayuda de mis manos. Me escondí contra su pecho, jadeando y suspirando con los ojos cerrados. — Hazme sufrir, por favor…— Solté sin filtro alguno aquel amargo deseo, ya ni siquiera podía sentir un ápice de orgullo, solo quería llegar al orgasmo.
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Sus labios se volvieron a contorsionar en una sonrisa maliciosa, divertida, sin apartar la mirada del contrario. —Me alegra ver que al fin admites que me deseabas, incluso antes de traerte hasta aquí. — mordió su labio inferior, la intromisión del segundo dedo era algo que pudo apreciar. Su espalda se arqueaba, pero una vez más, peleaba internamente para mantener aquel aspecto cargado de control. —Estoy seguro de que no soy el único que querrá una larga noche entre nosotros...
—O más de una noche.
Su respiración se mantenía agitada, su voz comenzaba a temblar, perdiendo fuerza en el tono firme y seguro que adoptaba. Al menos hasta el extraño halago, uno que lo hizo sentir incómodo. Elevó su mano, tratando de cubrir su rostro, en esa ocasión incapaz de ocultar la expresión cargada de una timidez que ni él mismo sabía que existía.
—No digas esas estupideces, no soy una mujer...
¿Por qué se sentía tan extraño? No estaba habituado en absoluto a ser llamado de ese modo. Su mano temblaba, su propio cuerpo también lo hacía... Había evitado el contacto visual de forma inconsciente y su mano quedó sobre su propia cabeza. Trató de centrarse, pero se vio interrumpido una vez más. Sus pies ahora se contorsionaban, sus caderas se arqueaban, todo por sentir cómo su propio miembro ahora estaba siendo producto de concentración. El gesto lo estaba llevando al límite. Arqueó una vez más su espalda, apretando la tela sobre su cabeza con la mano que había dejado allí, y descendiendo la otra para buscar la ajena, temblorosa. El sudor corría, su desesperación incrementaba.
—E-espera... No toques...
Arqueó una vez más su cabeza, sintiendo la intromisión en un solo golpe en su entrada. Sus labios se entreabrieron en un gemido, sus uñas ahora apretando la mano que lo estimulaba. Se tomó el tiempo para respirar, a la vez que finalmente su miembro volvía a ser liberado. Se sentía demasiado bien para pasar el gesto por alto, si no hubiera cesado, estaba seguro de que se habría adelantado a la eyaculación.
Las palabras del contrario lo hicieron despejarse. La desesperación ahora también corría en él mismo. El movimiento lo hizo sentir más la sensación de urgencia. Cierto, había accedido a estar en la parte receptiva y... Aún así, verlo sobre su propio pecho... Tomó con sus manos ambas mejillas, entreabriendo sus labios en búsqueda de los contrarios. Sus labios todavía manteniendo una corta distancia, pero suficiente para dar a entender lo que buscaba.
—No te atrevas a parar ahora...
Apenas lo susurró y cerró los ojos, besándolo intensamente, la urgencia de ir a por más. Movió por su cuenta sus propias caderas, con la sensación de buscar más. Se estaba desesperando, impacientando.
Lo empujó sin aviso previo, ahora acomodándose sobre él. No, no como creen, no para tomar el relevo, al menos no en ese momento, sino demostrar de nuevo por qué su orgullo se mantenía incluso en esa situación. Dio un leve movimiento, penetrando así el miembro ajeno por sí mismo, descendiendo la cabeza entre jadeos, elevándola poco después al acelerar los movimientos, sujetándose desde los lados de las caderas donde se conectaba su propia entrada y la pelvis ajena. Elevó su cabeza, mordiendo su labio inferior.
—No... No pares...
Él mismo lo estaba buscando ahora, deleitándose en el gesto, el calor, la conexión que estaban teniendo los dos esa noche.
Tezca Norova
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
Cuando dijo esas palabras de forma tan tímida no pude evitar reír ligeramente, admirando lo hermoso que se veía en ese estado, quería comerlo por completo, me perdía en sus facciones como cuando veía el maldito océano. Que seductor. Podría ahogarme y le daría las gracias. —Puedes ser una de mis lindas mujeres si quieres… ya luces lo suficientemente apetecible… Me pregunto cuantos te han visto así… o si soy privilegiado. — Me seguiría burlando, provocándolo más había cometido un terrible error: Demostrarme que esto le afectaba.
Sus uñas sobre mi mano, sus movimientos, era demasiado: Al sentir sus mejillas sobre mis manos me sentí ciertamente adorado, no permitiendo que mi coquetería regresara, no en ese momento. Adoraba sus labios, el tono de su voz se escuchaba como miel y aquellas palabras hicieron que mi cuerpo obedeciera, aumentando el ritmo con desesperación. — No podría… detenerme… No puedo…— Murmuré sobre sus labios, besándolo profundamente y entonces sucedió.
Solté un jadeo de sorpresa, cuando sentí que mi espalda chocaba contra el sofá y cuando estaba a punto de quejarme ni siquiera me dio la oportunidad, al tomar el control incluso en esta situación ¿Así de cabrón era? Este era el tipo de persona que no se dejaba consentir, entre el nublar de mi mente tardé un poco en seguirle el juego, pero lo tomé de la cadera, marcando un ritmo más errático, sentía que estaba cerca, pero todavía no se lo haría saber.
El sordo ruido de piel contra piel se hacía presente en la gran sala, azotando su traser con fuerza contra mi entrepierna cada que tenía la oportunidad. — ah… Ji…Jin… — Gemí su nombre, mirándolo con placer, fuera de mi. Noté su miembro, y llevé una de mis manos a este para regresar a masturbarlo, esperando que terminara primero que yo. — Mírate… me tomas tan bien… Eres tan…— No pude terminar de hablar, lloriqueando ligeramente ante el sentimiento de placer, rasguñando su glúteo derecho donde mi mano todavía posaba, mientras arqueaba la espalda sintiéndolo más, ni siquiera teniendo la fuerza para cambiar la posición, maldita sea, no quería admitir mi derrota… ¿Cómo es que, aunque lo estuviera penetrando me sentía mucho más vulnerable de lo que se veía? Mordí mi labio inferior, cerrando los ojos, no quería ver su maldita cara arrogante mientras hablaba. — Estoy cerca… ah… No te detengas…— No sé que esperaba más: que me dejara terminar o que me lo prohibiera… Mierda, tal vez debí joderlo más.
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