Es un silencio que ha permanecido con el tiempo, no importa cuántas charlas tenga con los demás o lo mucho que se distraiga, ahí está. Un fantasma que no se va, y no existe ataúd para enterrarlo en un sitio y que no vuelva más, que quede bajo tierra ¡Lejos y atrás! No hizo nada más que suspirar apoyada en la baranda del barco, escuchando el rechinar de la madera. Un crujir que antes no había escuchado antes, quizás porque las voces de los demás siempre han traído distracción.
Pero ahora no.
—Uhm — alzó la voz, sin saber si alguien estará cerca para poder escucharla. — ¿Estamos por llegar, no? Ya llevamos un buen tiempo viajando — juntó sus manos en un aplauso suave, antes de voltearse. No supo quién está ahí, pero pudo escuchar pasos — Sería bueno… tomarnos un tiempo de tanto viaje — es una sugerencia ligera, que esconde algo más. Una mueca que no sale, un pensamiento que no puede ser dicho, porque le revuelve el estómago.
Un paso la alejó de la orilla al notar como el navío se mueve un poco más fuerte, obligándola a alzar sus brazos para no caerse. — ¿Pasa algo? — porque aunque no vea, lo escucha. Aun así, no supo qué es, esa sensación de intranquilidad no se le quitó en ningún momento — Quizás debería ir dentro — tal vez debería, aun así no lo hizo, simplemente permaneció quieta, esperando que alguien diga algo ¡Lo que sea!
Pensó que podría pemanecer de pie, hasta que un tirón fue suficiente como para tocar la madera. Sintió el sonido del golpe resonar en su cuerpo y el dolor que vino después, junto a una queja baja — Estoy bien — lo está, aun así al hacer un ademán de levantarse fue imposible.
Los pasos de la gente la confundieron, no supo quién es quién y simplemente se sentó, haciendo un ademán de decir algo. Pero no hubo palabra inicial para decir lo que quiere. Son muchas preguntas, hasta que finalmente logró articular la más importante.
Tenia una clavo entre los labios pues el carpintero se hallaba compenetrado en dejar en condiciones todo tras su partida de Whiskey Peak. Martilló una, dos veces la tabla de las barracas que estaba floja y suspiró. Verdaderamente a veces sentía que el barco se caía a pedazos, y cada cosa que arreglaba delataba dos que necesitaban atención. Entonces lo sintió feroz, una crujido seco que rebotó por el interior del navío. — ¿Qué? —Inquirió levantándose para dirigirse hasta el sector donde parecía haberse originado el movimiento, y entonces lo sintió bien debajo de sus pies. Se convirtió en su forma completa para poder sentir más precisamente las vibraciones, y pese a ser ciego su expresión hizo que sus ojos negros como la noche se abriesen de par en par.
— El casco —Sentenció, helándosele la sangre.
Entonces inspiró llenando su pecho de aire. — ¡A CUBIERTA! —Ordenó sabiendo lo que iba a pasar, porque el carpintero era el cirujano del barco y entendía los cómo, y los por qué. Podía reparar una carabela, un bote o una goleta pero un velero de éste calibre era algo a lo que solo podía hacerle arreglos menores. Si bien había aprendido, parecía no ser suficiente. Nunca era suficiente sin importar cuanto se esforzase.
Con sus cuatro patas corrió por el interior del barco hasta subir las escaleras que conducían a la cubierta, allí tomó su forma hibrida para comenzar a buscar las quebraduras.
— La marea está destruyendo el Crimson —Explicó en voz de alta, era inevitable como la muerte. Usó sus garras para destruir los mástiles el mismo, pues la resistencia que éstos oponían solo harían que lo inevitable sucediese más rápido. Se calzó al hombro el mástil que caía, y lo dejó caer al agua a la par que señalaba a los tripulantes. — ¡A los botes de emergencia, ya, esto se hunde! Apresuren la marcha, dejen todo lo que no sea indispensable —Era raro ver a Eros hablando con confianza, pero había vida en riesgo y él debía protegerlas así fuese el último en dejar el barco.
Con ahínco comenzó a lanzar los botes salvavidas al agua.
Una nueva página, una nueva historia. Una ola sacudió el casco del barco. Como de costumbre, hojeaba mis libros una y otra vez. Tal vez en busca de información que me acercase al paradero de mis padres, tal vez, con la intención de encontrar inspiración para mi estilo de combate. Tras nuestro paso por Whisky Peak, mi determinación de volverme más fuerte no se había visto si no aumentada. Cada paso que diéramos en este nuevo mar iba a suponer un gran reto añadido, una nueva montaña que escalar, una nueva página que escribir en nuestras historias. Siempre había preferido pasar desapercibido, pero tras ver cómo mi cara aparecía en todos los periódicos, tomé la decisión de convertir esa fama en el mejor de mis escudos.
Pasé nuevamente de hoja para leer algo acerca de una criatura con forma de serpiente y cresta de gallo, una bestia que de manera premonitoria, pasaría a formar parte de mi día a día. Noté otra fuerte sacudida, esta vez mucho mayor que la anterior. Tan fuerte que me hizo plegar mi libro y dejarlo en mi petate temiendo lo peor. Nuestra desdichada travesía para huir de Samba me había dejado un sinfín de lecciones, entre las que se encontraba tener todas mis pertenencias listas para posibles imprevistos.
Tomé mi mochila, en la que guardaba mis libros, dinero, algunos objetos útiles y en general, mis cosas de valor. Todas a excepción de mi collar, ese nunca se separaba de mi cuello. Salí de la biblioteca del barco pensando qué podría estar pasando, cuando todo mi cuerpo se tensó y se puso en marcha antes de que mi cabeza pudiera procesarlo. Eros gritaba, todos debíamos subir a cubierta. Eso solo podía significar una cosa; problemas.
Corrí a toda prisa con mi mochila en un hombro y mis rifles al otro. Subí las escaleras hasta que pude notar el aire fresco golpeando mi cara. El crujir de la madera llenaba todo el espacio. Miré a uno y otro lado, en busca de lo que podría estar causando ese sonido, pero concluí que no había un único culpable. El barco entero parecía estar quejándose con los gemidos de un héroe que da todo de sí para llevar a sus amigos a un lugar a salvo, pese a que aquello le costara la vida
Como una exhalación, nuestro carpintero salió a cubierta y en un rápido movimiento derribó los mástiles del barco y los arrojó al agua. No entendí muy bien sus acciones, pero si la seriedad de su tono cuando nos exhortó a lanzarnos a los bote salvavidas. No sabía qué estaba pasando, ni siquiera dónde estaban algunos de nuestros compañeros. Sin embargo no pude esperar por ellos, si el barco se hundía, de poca ayuda les iba a servir. Me acerqué hasta la borda. Comprobé la distancia hasta los botes; no podía fallar. Pasé mis piernas por encima y tomé aire una última vez antes de saltar, como si pretendiese llenarme del valor que en muchas otras ocasiones me había faltado. Varios segundos de inhalación. Un salto. Una nueva aventura nos espera.
OFF
Qué ganas tenía de poder comenzar esta nueva etapa dentro del foro. Espero que disfrutemos todos juntos de lo que nos depare esta nueva isla y este nuevo mar. Vamos a darlo todo!
Ojeras es la principal característica que resalta en su apariencia últimamente. Estar en un barco tan grande le obliga a gastar muchas horas al día para tener todo perfectamente limpio, distando mucho el tamaño con el anterior transporte que tomó una vez se lanzó como pirata al mar. Y es que muchas cosas pasaron en el último tiempo, al menos desde la llegada al Grand Lane. Posee nuevos compañeros, aunque algunos de ellos no son desconocidos, pero aun así dificultándosele la nueva adaptación. Intentó acostumbrarse durante el tiempo que se detuvieron en Whisky Peaks, mas no es suficiente. Necesita más tiempo.
Regresando a la limpieza, se levanta muy temprano todas las mañanas para empezar con su labor. No hay día en que lo haga por mucho que experimente cansancio y dolores musculares, incluso combate su asma cuando se aflige demasiado por tanto ejercicio. Lo que sí, aprovecha la confianza previa que construyó con Owen para obligarlo a ayudarle en su tarea, aunque por ciertos motivos, es imposible que le dedique la misma cantidad de tiempo que el médico. Y lo acepta, pues es consiente de que nadie es tan limpio como él.
— ¿Mmm? — El fuerte balanceo del barco le incomoda, casi provocándole una caída. —¿Ese tonto de Eros no está cuidando bien esta cosa? — En primera instancia no le da mucha importancia, pero la repetición de los violentos movimientos le obligan a estar en alerta. Tira por ahí el trapero que tanto lo ha acompañado el último tiempo y busca al resto de compañeros, siendo aquí cuando se escucha la voz de Eros e inmediatamente Kiyoshi tiene flashes de Vietnam. ¿Acaso no pueden tener un viaje tranquilo? Siempre pensó que los problemas llegarían en las islas, no sobre el mismo mar. Se nota que le falta aprender mucho sobre ser pirata.
Como es de costumbre —aunque solo sea la segunda vez—, toma su querido rifle y lo cuelga en su espalda. También agarra su maletín en el que guarda ciertas pertenencias importantes como su dinero y uno que otro instrumento médico.
— ¡Owen, Owen! ¡Tonto, ayuda a Gwen, que no caiga al agua! — Porque los usuarios de fruta del diablo son los que más peligro sufren en estos contextos. Caer al mar puede ser un camino solo de ida directamente a la muerta. ¿Y por qué Kiyoshi no está obligando a nadie a que lo ayude y cuide? Simple, porque luego de los sucesos en los Cabos Gemelos decidió ser más fuerte, más decidido. Por ese motivo es que decidió seguir junto a Eros, quien demostró gran valía en aquel primer peligro, y separarse de su anterior tripulación a quienes todos los tenía obligados a protegerlo.
Llega al borde del barco justo detrás de Varoganchin. —No lo pienses y salta, Tontochin. — Aunque por mucho que diga eso, cuando llega su turno, tiene unos segundos de duda. — Sin miedo, sin miedo, sin miedo… No seas un tonto cobarde, Kiyoshi.— Se lanza directamente a uno de los botes salvavidas, esperando que el mismo sea más seguro que el enorme barco que tanto ha cuidado el último tiempo.
— Recuérdenme tramitar un barco que no se haga pedazos la próxima vez…
OFF ROL
1. Camino a Little Garden, Kiyoshi experimenta las turbulencias del barco y escucha las instrucciones de Eros.
2. Toma solo su rifle y un maletín con dinero y otros objetos propios mientras alerta a Owen.
3. Salta del barco intentando vencer sus miedos.
Owen no había desaprovechado ni un solo instante de haberse quedado en el barco y la tripulación de los Cabaret; Sabía que todavía su cometido a la hora de espiar a Uker y Maki seguía más vivo que nunca (al igual que ellos dos, hubiese querido que perecieran en aquel fortuito encuentro en el Red Line), pero no quería desaprovechar la idea de acompañar a Gwen, aunque sea, un poco más. Todo lo que había pasado le había generado cierto nudo en el estómago que le llenaba de ansiedad no solamente por lo que pudiese pasarle a ella, no, sino...por lo que pudiese pasarle a él.
Ahí yacían varios de los integrantes de los cabaret, incluido aquel extraño hombre-hurón que parecía ser así por naturaleza, y no un elemento mestizo como el que se podía transformar Eros que, también, ahí yacía junto con Kiyoshi y la mujer que tan enloquecido tenía a esos pelos rojos. Ciertamente poco le importaba el estado del navío a Owen, ya que era un polizón (Otra vez) de aquella tripulación, ya se volvería a encontrar con los miembros de los olvidados más adelante, por muy olvidados que los estuviese dejando ahora mismo.
-Ey, Post Morten, ¿Al final hablaste con Kiyoshi lo de tu tristeza y esa cosa que tienes?- no se lo había preguntado en persona, pero, diciéndolo en voz alta mientras tenía su cuerpo posado sobre uno de los laterales del navío, teniendo justo a su lado derecho a la mujer que le tenía nadando en suspiros.
Una extraña vibración empezó a retumbar justo a los pies del pelirrojo que -...- alertándose por aquello al igual que parecían estarlo haciendo todos, le permitió alzar la mirada con un clarísimo reflejo centinela.
-Eros, ¿Tienes un sarcófago vibrador o qué pasa?-
Podía ocurrir que dentro de la extraña cama del sepulturero se hallase un sistema vibratorio que le meciese para dormir, ya ese individuo era lo suficientemente peculiar como para no poder hacer preguntas que resultasen extrañas. Pero lo que alertó al chico fue lo que respondió el hombre pelivioleta: "El casco" -...el casco.- y sus ojos, grandes y de pupila pequeña, lo pusieron completamente alerta en una milésima de segundo. No dudó en ponerse pendiente de todo el ajetreo y movimiento en el que empezó a ocurrir una sucesión de daños diversos no solamente en el propio navío, sino, viendo cómo las olas le hacían muchísimo más daño que de costumbre -¡!- obligando a Owen a aferrarse con fuerzas a la barandilla que evitaba una caída -¿¡Porqué cojones compraron un barco tan barato!? ¿¡Está hecho de lágrimas de Minks, y sueños rotos!?- porque fue la primera raza que se le ocurrió, ya que el remate no tendría ningún sentido mencionando a la humana.
— ¡A los botes de emergencia, ya, esto se hunde! Apresuren la marcha, dejen todo lo que no sea indispensable —
-¡TÍO, PERO SI VI CARTONES QUE AGUANTAN MÁS!-
El sacudón, otra vez, se hizo presente. Eros estaba muy al corriente, como carpintero que había comentado ser, de que el estado del Crimson no solamente había quedado delicado producto de la travesía vivida hacía poco tiempo, sino, que en ciertos sectores se había vuelto completamente irreparable.
— ¡Owen, Owen! ¡Tonto, ayuda a Gwen, que no caiga al agua! —
Un recuerdo, como un flechazo atronador, atacó la cabeza del pelirrojo en un segundo:
Recuerdo:
Eros inspiró y continuó con su parsimoniosa voz tenue marcando un ritmo monótono en su dialogo.
— Supongo que se trata de cómo uses lo que tengas, en vez de buscar una fruta más o menos fuerte... Además los usuarios de las frutas no podemos nada ¿Sabias? En ese punto nos llevas ventaja, y si nos empapan con agua de mar nos debilitamos creo —Nunca le había pasado, pero podía ser.
-¡CIERTO, GWEN!-
Y atrapándola de la cintura y completamente agradecido de haber recordado lo que Eros le había dicho en el Reino de Samba, no dudó en atraparla en brazos para, así, alzarla hasta pegarla a su pecho -¡Gwen, vamos, que esta cosa tiene menos aguante que un helado al sol!- y, desplazándose con toda la agilidad que pudo hasta el otro extremo del barco, no dudó ni un ápice de segundo en viajar hacia uno de los variados botes salvavidas que allí yacían, ayudándola para que pudiese quedar sentado en el mismo mientras observaba a quien mejor controlaba todo el navío cómo proceder -¡POST MORTEN! ¡¿Y AHORA?! ¿¡A qué cosa le doy, o polea, o lo que sea!?- porque el pelirrojo, de verdad, sabía poco y nada de barcos, así que su griterío podía estar infundado (Bueno, era gritón por naturaleza).
—E-Espera, cómo que se está destruyendo — no lo pudo ver, pero sí sentir. Como cruje la madera que está bajo ellos. No supo cómo, tampoco conoce los barcos bien, son algo que funcionan y ya está ¡Ni las piezas de los mismos las recuerda bien! Porque el Crimson es el primero que puede conocer y aunque ha pasado madrugadas preguntándole a Eros cómo son, no es suficiente.
Sintió la ayuda para levantarse y aunque no opuso resistencia, deseó hacerlo. De ser otro habría resistido más, no para justificar una independencia que no tiene, sino porque no quiso dejarlo ir, como si se hubiese aferrado a los buenos momentos, sintió que es lo único que los mantiene a flote, en un mar de desgracias.
Los gritos de Owen arrugaron su rostro, no fue una molestia, sino más bien se perdió más perdida que nunca. Solo logró abrazarlo con más fuerza, esperando que pueda resolver el problema — ¿Los demás, están bien? — porque hay más gente en el barco, tanta que no tuvo tiempo para nombrarla, o más bien su mente no pudo recordarla entre tanto caos.
Sintió la caída y el impacto del salto de Owen. Sus manos apretaron los hombros ajenos por el vértigo, sin saber qué les espera ahora — ¡¿Y los demás?! Escuché a Eros cerca de nosotros ¿Está bien? — porque si todos han partido, supuso que deben estar cerca, aun así no pudo escucharlos. El mar, junto con el crujido de la madera cediendo acallaron cualquier voz — ¿Estamos muy lejos de la costa?
Tomó aire y se separó de Owen, sentándose en silencio en una de las sillas luego de palparlas. — Qué desastre — no dudó en taparse el rostro, tomando una larga bocanada de aire, que salió en un vaho extraño. Ese que indicó que la presión de los sentimientos es más grande — No entiendo. No entiendo por qué — apretó la ropa del vestido, porque las malas noticias no se han detenido — Por qué nos pasa esto. Primero ese extraño lugar y ahora...
¿Por qué se hunden las risas y los sueños con tanta facilidad? ¿Cuándo se han equivocado tanto?
Se quedó en silencio unos segundos y se limpió el rostro, intentando recobrar la compostura — En qué… en qué puedo ayudar — porque la última vez, se quedó esperando llegar a un sitio, un milagro de Dios, pero ésta vez el destino le susurró que no habrá una segunda ocasión — Ya… Ya veremos qué haremos después — apretó los labios, tomando una fuerza que ha nacido aparentemente de la nada, aunque más parece que necesita para terminar parte de la travesía.
Ésta vez agradezco que no lo puedo ver. No quiero observar cómo todo se pierde en el mar.
Eros estaba corriendo de un lado a otro de la cubierta, sus pies no parecían ser lo suficientemente rápidos o lo suficientemente fuertes. Finalmente Owen se acercó a él, el carpintero aturdido miró para todos lados y finalmente sostuvo al pelirrojo por los hombros. — Sobrevive, Owen —Fue su única indicación antes de de lanzar las escaleras plegadizas de cuerda que caían sobre el casco de la banda de estribor del Crimson Stage, ayudando a todos a bajar a medida que sentía cómo se elevaba. Si la banda de estribor se elevaba, era porque la línea de flotación de babor se estaba hundiendo ya. Faltaban minutos para que el Crimson Stage se hundiese en el agua, y cuando finalmente todos estuvieron siguiendo la marea en los barcos Eros miró atrás. Contempló la cubierta del Crimson Stage por última vez.
Un nudo en su garganta, sus ojos se llenaron de lágrimas. — Perdón, no pude cuidarte... no pude cuidarte lo suficiente —Musitó sintiéndose una vez más impotente, inútil.
Finalmente sintió como el suelo debajo suyo se rompía, las maderas se quebraban como si fuesen pápeles. Trastabilló cayendo contra el costado de uno de los botes, todo se volvió borroso. Luces y la imagen del Crimson Stage desapareciendo en el horizonte. Finalmente silencio.
Soñó que era un ancla que se hundía, y se hundía. Caía eternamente a un punto donde la luz ya no penetraba. Poco a poco los sonidos se apagaban, y solo sentía el agua envolviéndose cada rincón de su cuerpo. Pero no podía nadar, no podía pedir ayuda, no podía hacer nada.
Entonces
Una bocanada de aire, sus ojos ambarinos se abrieron de par en par tosiendo. Vomitó el agua de sus pulmones como si no hubiese un mañana, mientras giraba adolorido por encima de lo que parecía ser arena. Estaba en una costa, plata.
Su mirada instintivamente fue hacia el mar, y lo vio en la distancia. El último vestigio del Crimson Stage siendo tragado por el mar.
— ¿Están todos... bien?
Se levantó cómo pudo y buscó con la mirada a su gente, dando un par de pasos antes de escuchar poderosos rugidos a la distancia. Plantas y vegetación que nunca había visto, parecía otro mundo. Una jungla gigante que se tragaba todo, insectos gigantes, criaturas que recordaban fósiles que había visto en algún momento de su vida a través de libros.
Caí sobre uno de los botes salvavidas que había improvisado. Esperé unos segundos para ver si alguno de mis compañeros saltaba al mismo bote antes de comenzar a remar con los brazos. Sentí varios impactos sobre el bote, sin saber si eran el resto de tripulantes o restos del barco que caían por todas partes, como si la propia madera hubiese estallado tras no poder soportar ya ni su propio peso. No volví la mirada atrás, no podía perder el tiempo. Mis ojos estaban clavados en la isla que teníamos ante nosotros, no porque solo me importase el futuro, sino por el temor de ver aquello que se desmoronaba detrás de mi. Sueños y vivencias, aventuras que no habían pasado más allá de los planos, compañeros que, de caer al agua, se convertirían en un martillo, al igual que me pasaría a mi.
Remé una y otra vez con las manos, sin pensar en lo que el agua salada le haría a mi pelaje. El mar luchaba contra el bote, como si nos quisiera para él mismo, con la intención de que no llegásemos a tierra firme. Las sacudidas producidas por el oleaje competían en intensidad con los impactos de los últimos pedazos de la borda que saltaban al mar como habíamos hecho nosotros mismos.
Mi respiración era cada vez más acelerada, como si mis pulmones intentaran expulsar de mi cuerpo el pensamiento de caer al agua. Me podía ver a mi mismo sumergirme, descender sin poder poner un mínimo de oposición, como se precipita una roca lanzada a un lago, hasta el fondo, sin prisa, sin poder detenerse. Eran unas imágenes que llenaban mi mente, hasta tal punto de no permitirme si quiera ver más allá del siguiente metro. Una brazada más, luego otra, una nueva ola que parecía hacernos retroceder. Una lucha incesante contra la naturaleza.
Pronto sentí que por más que intentase avanzar, la balsa parecía no inmutarse. Levanté la mirada. Como si alguna conexión en mi mente comenzase a funcionar de nuevo, el sonido volvió a mis oídos. Olas rompiendo contra la costa. Tras ellas, se levantaba una selva inmensa. No como la selva que recorría a mi antojo en Samba, no. Esto era algo más imponente, algo que te hacía sentir pequeño, como una roca que pretende compararse con una montaña. A lo lejos, me pareció ver una extraña suerte de aves sobrevolar la arboleda, posiblemente en búsqueda de alguna presa. ¿Vivirían aquí los gigantes de los que oí hablar? Toda la isla parecía estar construida a su medida.
Entonces decidí mirar hacia atrás. El último mástil de nuestro barco aún se hundía. La bandera de los cabaret, tomaba su última bocanada, en una escena que parecía casi premonitoria, un presagio de nuestro porvenir. Un barco que se desvanecía, junto a los sueños de todos sus tripulantes.
Una página se pasa, un capítulo que se cierra, pero ante nosotros, una gran hoja en blanco nos espera.
La caída en el bote salvavidas es relativamente segura. Ja, claro. Esto lo diría si Kiyoshi tuviera un mínimo de capacidad física para afrontar esta aventura. Se lanzó desde tan alto y sin tomar muchos resguardos, por lo que sus piernas experimentan un fuerte dolor con calambres incluidos. Mientras comienzan a alejarse del barco que segundo a segundo se cae a pedazos, el médico solo se relaja en su asiento mientras estira las piernas —sin importarle si hay alguien al frente— mientras suelta distintos quejidos ocasionados por su sufrimiento.
A diferencia del resto —exceptuando a Owen—, solo estuvo un tiempo corto en el barco. Más que realizar vínculos con el navío o todos los tripulantes, su objetivo siempre fue intentar aprender algo del hombre topo en cuanto a volverse más fuerte. Por supuesto que colaboró en todo lo que pudo con el resto, pues se considera un tipo profesional en todos los ámbitos de la vida, pero no siente demasiado la pérdida material que conlleva un barco. De hecho, solo lamenta el hecho de que deberán solucionar el problema sobre en qué viajar una vez decidan irse de esta isla. Aunque claro, apenas llegan y una ida se ve aún lejana.
El nuevo destino ya logra verse pasado cierto tiempo y recién ahora es que Kiyoshi logra sentarse bien, tomándose el tiempo también de masajearse las piernas, pues siguen agarrotadas. —Oigan, tontos, ¿soy yo o faltan otros tontos por aquí? — Cerca se encuentran Tontoros, Tontowen, Tontalyn y Tontochin. ¿Y los otros? —¿Alguien logra verlos cerca? ¿Habrán sido llevados por una corriente en otra dirección?
Tampoco es que Kiyoshi pueda lanzarse a nadar para buscarlos. Primero, porque es imposible que tenga la resistencia para aguantar mucho con la exigencia física que eso requiere. Segundo, porque es malo nadando. Tercero, porque simplemente no puede nadar al ser un usuario de Akuma no Mi, así que buena suerte a los que no están en este momento en los botes que llevan a los actuales protagonistas a Little Garden.
Al detenerse en tierra firma, toma bien su maletín y rifle, pues por nada del mundo quiere perderlos. Ante él se presenta una gran selva y no ve cerca algún tipo de civilización, tampoco sonidos que le indiquen que la haya. Esto le desanima un poco, no es el tipo de sitio que adora. — Algo me dice que tendré que regodearme entre tanta suciedad. — Busca entre sus pertenencias un par de guantes blancos que no tarda en colocarse. De este modo, sus manos estarán protegidas ante cada cosa sucia que vaya a tocar en el camino.
— Que nadie me toque sin antes desinfectarse las manos luego de tocar algo.— Y ya deben saber que pueden pedirle a él cualquier cosa que necesiten para eso. Intentó abastecerse bien en Whisky Peaks respecto a artículos de aseo. Esa fue su prioridad antes que cualquier otra compra.
OFF ROL
1. Llegada de Kiyoshi a Little Garden tras abandonar obligatoriamente el Crimson Stage.
2. Predice que no le gustará mucho la isla.
¿Irónico? En demasía, pero así parecía ser la vida de este muchacho pelirrojo donde una atrás de otra las cosas, ciertamente, siempre se iban a torcer un poco más. Su mujer favorita en todo el mundo parecía estar preocupada por el carpintero de su tripulación y no es para menos; Era quien parecía muchísimo más implicado en la protección del navío que cualquiera de todo el resto que no dudó, presas del pánico y el desconocimiento, saltar para huir de aquello y más la propia Gwen que, como le recordó el médico de su tripulación, era completamente vulnerable a específicamente el agua de mar. Ella se veía incómoda con todo lo que estaba pasando, el pelirrojo no dudó en voltearse a escucharla y sentir la incomodidad propia de quien empieza a ver cómo los destinos, porque le dan la gana, se tuercen hasta destruir lo que simbolizaba una vía de escape para conocer al mundo de la mujer que más amaba. Los amarres, poleas y diversos artilugios que les permitieron movilizarse en un barquito de emergencia pareció prepararles para tierra firme...pero faltaba alguien más: El hombre de cabellos violáceos.
Gwen se lo hizo reaccionar -¿Eros?- y, casi como si hubiese recibido un flechazo mientras el botecito empezaba a navegar con lentitud, observó cómo el suelo reventó justo a sus pies mientras el maltrecho Crimson Stage abandonaba este mundo, desmoronándose hasta volverse tablones, tela, soga y artículos diversos flotando en el mar mientras que aquel lúgubre hombre violáceo, ciertamente, parecía hundirse con el propio océano.
-¡Eros se hunde con el resto! ¡Ya vengo!-
Porque no podía divisar la cabellera de Rosse ni la altura inmensa de la propia Mercedes, para nada: El océano, desgraciadamente, parecía habérselos tragado. No podía decir lo mismo del pelivioleta que había conocido en profundidad y del cual tenía una rivalidad marcada, sino, porque si ni Kiyoshi, ni Gwen ni el muchacho hurón iban a poder lanzarse al agua, él sí podría para intentar rescatarle. Se enderezó mientras le divisó a la cercanía y, dando un salto con fuerzas que movió el barquito de lado a lado, meciéndolo, ¡SPLASH!, comenzó a nadar contra una corriente que ejercía una presión física enorme, una par que parecía querer comerte en dirección hacia la próxima tierra firme que allí aparecería delante de todos ellos: Little Garden.
-Te tengo, tío.- El cuerpo del hombre pelivioleta había sucumbido ante el mar, pero no ocurría lo mismo con el pelirrojo que, estirando sus brazos hacia la espalda para pegarle justo detrás de él, atrapó el antebrazo del hombre-topo con su izquierda para comenzar a remar incansablemente con la derecha. Duro, pesado, molesto y a contracorriente, pero Owen, ciertamente, tenía una fuerza y una determinación que, aún haciéndole tragar bocanadas extensas de agua salada, no detenían su marcha en persecusión al botecito marrón que progresivamente navegaba a una tierra firme muy próxima.
Largo, tendido y molesto, estiró el cuerpo del hombre de ojos ámbar brillante -¡NGGGGGG!- para dibujar una línea húmeda en una costa que golpeaba una y otra vez -...agh...agh...- y, mientras el muchacho jadeaba sin parar, sentía el fuerte calambre del remo que fue todo su brazo derecho y los incansables minutos que no cesó la marcha. Con ambas manos sobre las rodillas e intentando recuperar el aliento mientras sentía aquel sabor salado y espantoso en la lengua, cerraba y abría los ojos con fuerzas, intentando prestar atención a sus alrededores y la tranquilidad que le daba de que todos, aunque sea temporalmente, habían llegado al mismo punto: Little Garden -¿Qué...es este lugar? Coño, Eros estaba pesado.- su pecho se inflaba y desinflaba, en una orquesta que lo acompañaba su expresión patidifusa y extrañada de ver esa vegetación tan estrafalaria, exótica y descomunal acompaña de ruidos animales que jamás había escuchado -Tendremos que ver por dónde empezar por aquí, revisaré la zona por si me encuentro algún comerciante y, con suerte, tengo información de mi tripulación.- volteó a verles, lamentándose ligeramente de tener que volver a separarse de Gwen -Tengo que completar aquello y luego iremos a por esa casa en Karate, ¿Si?- su sonrisa ladina se enfocó hacia el rostro de la muchachita que yacía no muy lejos de él.
No dudó en aproximarse a su mujer favorita mientras que el goteo marino no cesaba en sus ropas y cabello, el cual estaba relativamente caído producto de la humedad -Pero antes, necesitas esto, Gwenchi.- una bolsita que había preparado con anterioridad, una que pensaba entregarles en el instante que había pisado tierra firme, había aparecido -Cincuenta mil berries, suficientes para que hagas muchas cosas en muchos lados. No quiero que te niegues, tómalos.- no era una orden, pero sí, una petición: Tomó la mano derecha de aquella preciosa chica con antifaz blanco y, con la izquierda del pelirrojo sosteniendo una bolsita de tela marrón, cargando el importe exacto para que pudiera solventar muchas necesidades en muchos lugares -Sé que, hasta ahora, no los has necesitado, pero el dinero mueve todo este mundo que necesitas cambiar, Gwen.- lo acomodó justo debajo de la palma de ella, sin parar de sonreírle con esos dientes blancos y colmillos extensos -Y te apuesto que vas a hacer mucho más dinero que este. Te apuestos estos mismos cincuenta mil berries, si quieres. Pero ojo,- colocó una mano en su cintura, dando un pequeño movimiento de cadera hacia adelante -yo nunca pierdo mis apuestas ni rompo mis promesas, ¿Vale?- volteó, con complicidad -¿Vale, Kiyoshi?- destacando que, esos dos, también, habían formado un nexo en el que acompañarían sus sueños.
Sin saber que las cosas se torcerían hasta un punto de no retorno.
OFF
Tema utilizado como llegada para Little Garden.
Owen le entrega 50.000 berries a Gwen porque necesita platita para cuidarse.