Buscando un Peluche Hurón… ¡Ah! Y también un barco :: Pasado :: Priv.
#1
Narrador / María Merlot

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¿A dónde fue el tiempo?
¿Qué sucedió después del foso?
Muchas preguntas…
Respuestas a cuentagotas…

Hoy, el sol brillaba en lo alto. El cielo tan despejado y celeste como el cabello de la semi sirena. El lugar se podía tildar como curioso, pero no impactante… después de todo, quien podía comprar y mantener un esclavo, podía darse el lujo de ir y venir a lugares exóticos... y por supuesto, llevar a sus valiosas posesiones, como fue su caso. Por ahora, se había mantenido tranquila, siempre desbordante de energía y alegría a pesar de las adversidades, la ausencia de Ashveil y la no despedida de “Su Peluche”. Con un leve suspiro recordó lo sucedido en el barco…

FlashBack

“Luego de internarse al barco en busca de Cara Melo, se detuvo unos minutos en el lado izquierdo del umbral viendo la llegada de un nuevo sujeto a escena desde las sombras, un hombre de alas blancas que parecía conocer al enorme gigante pelinegro. Algodón de Azúcar procedía a curarle las heridas a Cara Cortada, y su hermano continuaba atento a todo. ¿Había algo más por hacer? Para ella no, así que con el inconsciente Peluche busco la bodega, le costó encontrarla, todos los pasillos eran iguales, y ciertamente ella nunca era la mejor en ubicarse.

En esos minutos de desorientación pensó en las palabras de Algodón de Azúcar… ¿Será que un beso de amor verdadero despertaría al Mink Hurón? Ella no lo amaba, pero sentía la responsabilidad en su corazón de cuidarlo, era una pobre criaturita indefensa — Todo sea por tu bien, Peluche — le dijo, acercando sus labios a su naricita, y dándole un leve beso en esta como el aleteo de una mariposa, con sus ojos cerrados como decían los cuentos de los que hablo el médico… Al abrir de nuevo sus ojos, nada había pasado, así que el método de labios estaba descartado. Así continuo su camino, hasta que el olor peculiar de los animales invadió sus fosas nasales, y ella pudo lograr encontrar el sitio deseado, sin soltar a su acompañante durmiente.

— ¡Cara Melo! — exclamo la fémina al ver a la montura del gigante, una montura que para él resultaba más bien una pequeña hormiga en comparación con su gran tamaño. Con cuidado coloco al mink dormido en un lado de la puerta, y luego se acerco al gran animal — ¿Cómo estás? ¿Estas asustado? ¡Pobre Coshita! Ya estoy aquí, ya estamos aquí… pronto llegará también Thrym-sama — empezó a consolarlo mientras que el animal al verla se puso modo consentido, después de todo era la única que lo veía realmente como una mascota, como un miembro más de la tripulación, y la que le contrabandeaba, sin que lo supieran, frutas dulces por las noches. El animal temblaba, pero poco a poco fue calmándose, quizás fue la voz suave o el abrazo seguro de María, que se sentó a un costado y se recostó de él. El cuadrúpedo era tan mullido como una buena almohada de plumas. Lo siguiente que supo fue que el cansancio hizo mella en ella, haciéndole cerrar los ojos, y alejándola de la realidad por unos minutos que se sintieron eternos.

Crack Crack Crack

La despertó el sonido de algo rompiéndose, cuando se levantó y medio abrió los ojos somnolienta, lo vio… una capa negra saltando por la escotilla — ¿Oye? — intento llamarlo pero había saltado al vacío, rápidamente la chica se acercó con curiosidad… ¿Quién saltaba al vacío? Fuera quien fuera, corría como si necesitaría ir al baño… bueno, quizás era un polizonte. Sin prestarle atención se giró, buscando con la mirada al hurón inconsciente que había dejado en la puerta… ya no estaba… ¡YA NO ESTABA! ¿Entonces fue a quien vio correr? ¿Significaba que estaba bien? — ¿Funciono el beso? — se llevó las manos a sus labios asombrada por el descubrimiento (casualidad) de los eventos… — ¿Mis besos curan? — empezó a reír de lo absurdo de todo, hasta ella lo sabía… los cuentos eran cuentos, quizás solo fue una buena coincidencia, pero sea lo que sea se alegraba de ver al mink activo y yendo, supuso, que a buscar su salida de aquel infierno.”


Fin del FlashBack.

Día 2 de Invierno.
Año 16.
9:31 a.m.


Haciendo una visera con sus manos la hermosa mestiza intentaba ver a lo lejos. Nada a la vista, solo otra mañana en esa isla. Días antes había repuesto su guardarropa, en una salida con Hyakinthos, quien al igual que ella, gustaba de la ropa bonita y a la moda. Al parecer todo en dicha isla tenía un toque de… lejano oeste. Su ropa consistía en una camisa amarilla estampada con margaritas y de hombros descubiertos, un short de mezclilla, botas altas marrones y un gran collar con un diente falso de tiburón gigante, es decir, un lejano primo suyo. Su largo cabello iba suelto, con la particularidad de dos trenzas que caían hacia adelante.

Cuando el hombre de cabello rosado llego, emprendieron el camino hacia el aserradero que habían investigado previamente los otros miembros de la tripulación. Lo ideal es que fueron los que parecían más indefensos para lograr comprar lo mejor por el menor precio, y si al caso vamos, María ya tenía mucha experiencia negociando para beneficio económico de los Manos Muertas.

— Algodón de Azúcar… — lo llamo cuando llegaron al sitio, pero ella no entro del todo, se quedo viendo el suelo por un momento y luego levanto la mirada para encontrarse con unos orbes de matices similares a los suyos — ¿Crees que mi Peluche esta bien? ¿Y si no logro salir de aquel horrible lugar? ¿Y si esta ahora mismo asustado, aterrado, desmayado, en un sitio peor? Ojala nos hubiésemos despedido, conocer al menos su nombre… Nunca debí besar su nariz, por mi culpa despertó y ahora quien sabe dónde este… — suspiro, ella le había contando al medico lo que vivió, no sabía si lo recordaría pero aun sobre su corazón colgaba un sentimiento complejo de alegría y perdida… de perder a aquel que juro proteger, sin poder finiquitar la protección… Ojala, el hombre tuvieran palabras de consuelo o una solución que la ayudara a pasar página, porque sino esa puyita siempre atormentaría su alma.


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#2
Un viento capaz de hacer trastabillar al hombre más resistente.

Corrientes capaces de destrozar navíos.

Relámpagos que iluminaban el cielo hasta dejarlo tan claro como si fuera de día.

Y gotas de lluvia que golpeaban la piel como si fueran navajas diminutas.

Todo eso quedó atrás, ahora los recuerdos borrosos de esa noche no eran más que imágenes lejanas que aun azotaban su mente de vez en cuando.

Eso fue distinto, no es un evento que olvidaría con facilidad, por más que su memoria se negara a darle un rostro y nombre a las personas con las que convivió aquella noche, los acontecimientos se ganaron, gratuitamente, un espacio en su frágil mente.

Es gracioso. Se habría reído en la cara de cualquiera que, durante esas frías horas, le hubiera dicho que su siguiente destino sería una isla tan cálido, con un clima casi seco, casi desértico. ¡Oh! Pero no se equivoquen, no es una queja, esto es mejor que un invierno eterno, que el frío del agua del océano colándose bajo su ropa y congelando su piel.

Ahora debía acostumbrarse a esta nueva isla, a este nuevo mar que, aunque antes lo transitó, poco lo recordaba. Debía buscar nuevos clientes, hacer socios más sigilosos que los que ya tenía y, sobre todo, actuar con más cautela que antes, a fin de cuentas, no deseaba ser el blanco de aquellos que se encargaban de “repartir” justicia por el océano.

Era una lástima lo que le ocurrió a ese barco que los trasladó desde Samba a los Cabos Gemelos y de ahí a esta nueva isla cuyo nombre se le escapaba de su mente. Sabía que estaba dañado, pero no creyó que el estado era tan grave como para que terminaran naufragando en la costa de esta nueva isla. Nuevamente, es una suerte que tenga tanta experiencia con los naufragios, así al menos tuvo una idea de que hacer y, claro, al menos esta vez no estaba solo.

Chasqueó la lengua.

No le molestaba naufragar, le molestaba perder un navío que creyó que podría arreglarse con ayuda de un carpintero, después de todo, la sola idea de tener que gastar dinero en otro barco, le revolvía el estómago… ¿Qué tal si el nuevo barco corría el mismo destino que el anterior? Entonces habría perdido dinero, mucho dinero, pero…intentaba no ser tacaño con ello, a fin de cuentas, ese barco que eligieran —o que los eligiera —, sería su nuevo hogar, tanto en las islas como en alta mar. Eso sí, tendría en cuenta que un barco en el que quepa un gigante seguro que no sería barato.

Suspiró, resignado a que al menos eso era mejor que tener que estar viviendo en diferentes posadas en esa isla. Así se la habían pasado desde esa noche del 30 que llegaron a la isla y con eso, ya iban dos noches en que dormían en hostales distintos y salían de ellos con cautela para evitar pagar la cuenta… ¿Para qué gastar dinero en eso si en lo que no hay que escatimar es en el nuevo barco/hogar?

 Acomodó el sombrero que se había comprado antes y metió por dentro de su camisa blanca el collar de diente de tiburón que llevaba a juego con María Merlot, una simple pieza de bisutería que la bella sirena lo convenció de comprar el día anterior. De hecho, hablando de la mitad gyojin, la chica, quien este día es su acompañante, se encargó de sacarlo de su ensimismamiento con esa voz cantarina que, últimamente, lo traía muy seguido a tierra.

—¿Uh? —No respondió con más palabras al apodo al que poco a poco se acostumbró, pues su mirada estaba perdida en las nubes blancas que iban y venían sobre sus cabezas, no quería dejar de verlas, pero…se obligó a bajar la cabeza para notar el paisaje frente a sus ojos. —¡Oh! ¡El astillero! ¡Es el astillero! ¡Ah, menos mal! Creí que nunca llegaríamos… ¿Por qué las personas no pueden dar bien una dirección? ¡Tsk! —Volvió a chasquear la lengua luego de poner la responsabilidad de la mala orientación de ambos sobre los hombros de alguien más, algo que hacía con más frecuencia de la que admitiría, aunque enseguida su semblante se relajó cuando, de nuevo, la voz de la peliceleste empezó a correr, cuestionándolo con preguntas a las que él no tenía respuesta.

—¿Peluche? —Inclinó su cabeza hacia un lado, su cerebro empezó a trabajar a mil por hora, intentando recordar la razón por la que a la chica le preocuparía un peluche, aunque…por la manera en la que hablaba ¿Podía estar refiriéndose a un ser vivo? ¿A un animal? —Jmmmm… ¿Con horrible lugar te refieres a esos fosos en los que caímos cuando los barcos encallaron? Si es así, tal vez esté…en un lugar mejor ¿No lo crees? —Normalmente habría soltado una verdad más cruda, pero se limitó a seguirle el juego a la chica con la misma delicadeza de siempre. —Es decir, si nosotros estamos aquí, quizá tu peluche esté en una isla tropical, tomándose una piña colada y no soportando el calor infernal de este lugar —. Se abanicó con su mano y maldijo internamente por no haber traído consigo uno de sus abanicos de papel, así el calor sería más soportable.

—Merlot, linda…dime ¿Quieres un peluche? Podríamos conseguir uno luego de comprar un barco digno de nosotros —. Caminó por el astillero evitando a cualquier carpintero que tuviera un arma peligrosa consigo, es decir, iba por el medio del lugar mientras miraba a su alrededor las grandes naves que reposaban en el mar esperando por ser elegidas por un grupo de audaces marineros.

—Jmmmm… ¿Tú tienes idea de barcos? ¿No crees que habría sido mejor que Thrym o el sujeto pelinegro te acompañaran? Yo no sé mucho de estas cosas —dijo mientras se fijaba en una carabela cuya madera lustrosa llamaba la atención tanto como cualquier joya.

—¿Le gusta lo que ve, caballero? —Un sujeto de piel morena, algo más alto que el médico y con un cinturón de herramientas amarrado a la cintura se paró justo al lado de Merlot, no mirando a los posibles compradores, si no a la obra de arte que tenía frente a él. —El diseño de esta carabela es de mi autoría —dijo con orgullo, esta vez volteando hacia el curioso par que tenía al lado. —Soy Marco, el hombre con el que tienen que hablar si están interesados en comprar una de estas bellezas —. Movió una de sus manos con gracia, no solo señalando el barco frente a él, si no otros más que estaban anclados a un lado.

El médico, al verlo, sintió que su sangre se heló, no porque el sujeto le pareciera intimidante, si no porque, hasta el momento, había estado evitando a toda costa acercarse a los hombres que cargaran martillos, mazas o cualquier herramienta similar encima y este hombre tenía demasiadas. Se paralizó y apenas alcanzó a balbucear un “mucho gusto” antes de agachar la cabeza y mirar hacia otro lado, mientras que, con fuerza, sostenía la bolsa negra en la que llevaba su cofre con dinero…el que usaría para comprar el barco, claro.

Lo sentía mucho por Merlot, pero no podía reaccionar ante alguien que tenía todos los objetos causantes de su miedo en un cinturón. La sirena estaba sola en la negociación.

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#3
Narrador / María Merlot

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“¿Peluche?”

La voz del objeto de su adoración se dejo escuchar, los ojos de María continuaban atentos al espécimen humano de llamativa cabellera rosada. Sus palabras, al principio dubitativas, la hicieron pensar lo peor… pero por suerte para su paz mental, él hombre la reconforto dándole la esperanza de que el Mink Huron estuviera sano y salvado en alguna playa paradisíaca tomando una bebida refrescante — ¡Una piña colada, un mojito, un tinto verano! ¡Mi Peluche debe probar todas las bebidas que estén al alcance! Pero sin licor, Algodón de Azúcar, el alcohol en las venas me hace delirar, y no quiero que él pase por eso. Mi Peluche es un ser indefenso, hay que cuidarlo — le comento siguiendo el hilo de sus palabras, teniendo toda la esperanza de que estuviera vivo y en una situación de bienestar físico y emocional. No podía sino desearle lo mejor en la distancia, porque siempre sentiría esa nota de responsabilidad por su desamparado desconocido, aunque él nunca supiera sobre ella.

“Merlot, linda…dime ¿Quieres un peluche? Podríamos conseguir uno luego de comprar un barco digno de nosotros”

Su propuesta hizo abrir la boca de la chica, formando una perfecta “O” por la sorpresa. Si la mestiza no tuviera al hombre endiosado, y por ende no al alcance de un simple mortal como ella, lo hubiera abrazado por la felicidad que su idea le causaba. ¡Un Peluche! Uno marrón, con motes blancos y una pequeña naricita, un animal adorable que le recordará al potencial amigo perdido — ¿Podríamos? ¡Me encanta la idea! Sé exactamente como es mi peluche, aquí en mi cabeza, podríamos buscar algo similar. Cuando le apliqué la medicina cutánea que me diste, lo vi con claridad… ¡Un roedor! — hablo con alegría mientras sujetaba con sus manos las trenzas frontales que caían a cada lado de su cabeza luego se las llevo a la cara para intentar ocultar su felicidad por la idea de Hyakinthos.

“¿Tú tienes idea de barcos?”

La chica soltó su cabello, y siguió los pasos del médico — Lo esencial… pero Thrym-sama me dio una lista de características… — recordó sacando el papel que guardaba en su bolsillo y leyendo la única condición a la que le presto atención… — Debe entrar un gigante de 25 metros — repitió leyendo la nota e intentando imitar la voz de Thrym, luego le paso el papel al hombre para que confirmará la única petición del navegante — … para mi tiene todo el sentido del mundo, Algodón de Azúcar… ¡Compremos el más grande! Y con buenas prisiones, cocinas y por supuesto, consultorio médico para ti — recito sin despegarse de su compañero mientras listaba lo que debían validar en el barco.

“¿Le gusta lo que ve, caballero?”

Un hombre llamo la atención del pelirosado, haciendo que él se detuviera y por consiguiente María También. El sujeto de piel canela comenzó a hablar sobre los barcos, y que él mismo era la persona indicada. Se presento como Marco, y tenía un montón de juguetes colgando de su cintura. Al mirar a Algodón de Azúcar, lo noto algo introspectivo, lo que la llevo a pensar que tal vez, el hombre lo intimido, pero a sus ojos parecía tan normal. Bueno, no importaba, lo único importante en este momento era interponerse entre ambos y validar si el barco que ofrecía se ajustaba a los requerimientos del navegante pelirrojo — Hola Marco, Soy MM y este es Algodón de Azúcar… — se presento con sus apodos, últimamente todos la llamaban así. Le sonrió al hombre con su habitual manera hermosa, lo que causo que sus pómulos morenos poco a poco se tiñeran de carmesí — Hmmm parecen de buena calidad… pero ¿son así por dentro? — dijo la chica llevando un dedo a su mentón pensativamente como si sopesara las opciones que no tenía.

— Son los mejores de toda la isla, Señorita. ¿Qué bu-buscas ex-exactamente? — le respondió desviando la mirada, no porque dijera mentiras sino porque verla directamente le estaba afectando el corazón, causando taquicardia… ¿¡Debía buscar un médico!?

— Algo muy especial… único y poco común… — susurro la chica inclinándose hacia delante, lo que aumento el sonrojo del hombre que empezaba a sentirse demasiado intimidado por la hermosa mujer. ¿De dónde salió? Y más porque su fetiche sin dudas, eran las chicas lindas de sonrisas afables y cabellera larga — Debe entrar un gigante de 25 metros de altura… ¿tendrás algo así? — su voz suave y confidencial, mezclada con sus risueñas maneras, hicieron que el hombre se llevara la mano a la nariz y retrocediera unos manos.

— Si, si, si… vamos a subir… — respondió atropellado sin apartar la mano de la nariz como si intentara detener algo, una hemorragia nasal, tal vez.

Así fue como subieron al primer barco, todo se veía bien, pero las celdas no tenían nada de especial y ni hablar de la cocina… ¡Jamás permitiría que Bonita cocinara en semejante falta de estilo! El segundo barco tenía todo bien, menos el área para el consultorio médico… ¡Ni loca compraría algo que no le sirviera a Algodón de Azúcar! El tercer barco… el que había visto primeramente el hombre de ojos ámbar, ese resulto ser perfecto, no habían palabras, no había nada más que decir, habían encontrado su nuevo navío, su hogar. Ahora venia lo difícil, o fácil, negociar.

— ¿Marco?  — lo llamo con su voz y también con un gesto de su mano pero el hombre no se acerco, así que ella rompió la distancia causando que volviera el gran sonrojo a sus pómulos morenos — Me gusta este barco… tienes razón, es una belleza. Aquí podremos surcar los mares, conocer los océanos, resistir tormentas, y conquistar tesoros… como esos que se encuentran al final del arcoíris — confirmo a las primeras palabras dichas por el sujeto al conocerse, María coloco su diestra en el hombro del hombre, y se acerco invadiendo su espacio personal. Claro que se había dado cuenta que como él intimido a Hyakinthos, ella lo intimidaba a él… le solía pasar, muy a menudo — Así que solo queda una pregunta por hacer...  — le sonrió con inocencia, sin dejar de mirarlo mientras el miraba hacia otro lado pero nunca se apartó — ¿Por cuantos besos nos vendes el barco? — soltó intentando contener la risa… estaba bromeando... ¿o no?

— ¿Q-qué? — musito abriendo sus ojos al tiempo que un pequeño hilo escarlata dejaba su orificio nasal izquierdo — L-los bar-barcos s-se ven-den en be-berrys, Se-señorita — intento responder pero tartamudeaba, sus ojos por un momento centellaron ante la idea, aunque la negó.

— Entiendo… — fingió tristeza dándose la media vuelta para ver a su compañero — … tendremos que intentarlo con el próximo, no quieren aceptar trueques — dijo avanzando hacía masculino silencioso, y dándole la espalda a Marco.

— ¡No! — la negativa del hombre la hizo girarse, el viento movió su largo cabello y el sol reflejado en su hermosa cara termino de convencer al hombre. Si ella iba a pagar con besos ¿Por qué no ser él? — Un porcentaje de descuento y una cita mañana al atardecer… y un beso… un beso al final… o no… yo,… la compañía… es suficiente… — cedió, después de todo una mujer tan exuberante como la peli celeste no se veía todos los días en Whisky Peak… ¿Quién sería? ¿A dónde iría?

— Acepto… no como nada que estuviera vivo, así que tiene que ser un lugar que cumpla con eso si vamos a comer… y tendrías que buscarme en mi posada porque me pierdo muy fácilmente. Entonces nunca llegaría a nuestra cita — le sonrió con encanto, sabiéndose ganadora — ¿Y sabes qué, Marco? — le pregunto, y sin esperar respuesta acorto la distancia, tomando su cara entro sus manos. ¿Un beso? No era nada, y menos por una buena causa — … siempre cumplo lo que prometo, no lo dejemos para el final — y acercando sus labios a los del hombre de piel canela le dio un suave beso superficial, el hombre por la sorpresa se quedo rígido, frio y hasta tembló — … nuestro navegante vendrá al atardecer a buscar el barco, y tu y yo nos vemos mañana… — le indico, con una seriedad muy dulce. Ahora si emprendió la salida al tiempo que le guiñaba un ojo a Cherry, para que aprobara su buena negociación y resultado. Además, él tenia que lanzarle el dinero al hombre para cerrar la transacción y así poder irse a comprar a su peluche hurón, el que sustituiría al que perdió.


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#4
—¿Desde cuándo eres tan buena imitando voces? —No era algo del todo cierto, de hecho, soltó una risa al escuchar el intento de imitar la voz del gigante, pues el tono agudo de la chica solo se volvió un poco más grave, pero...aun así, tenía ciertos toques del pelirrojo, similar, pero no igual, como si alguien le hubiera dado una bolsa con helio y el la inhalara para después hablar. —Bueno, no importa ahora, pero luego tienes que enseñarme a hacer eso y… ¡Ah! —Volvía a distraerse, tuvo que sacudir su cabeza de lado a lado, haciendo que unos cuantos mechones de su cabello se movieran con él, para poder volver a concentrarse en la parte importante de la conversación: el barco.
 
Cuando la peliceleste le extendió la hoja el la tomó con cuidado, era un papel más grande de lo que estaría acostumbrado a manejar, de hecho, parecía más un mapa y, aun así, supuso que al gigante le habría costado escribir en esa hoja, casi que llegaba a sentirse mal por él por tener que convivir con personas tan pequeñas a su alrededor, pero ese sentimiento se le pasó con facilidad al centrarse en las palabras marcadas con tinta negra en el papel.
 
—¿Eh? Esto no es una única petición, Merlot…aunque si está bien subrayado la importancia de que sea cómodo para él —. Notó como aquello estaba con más tinta de lo usual y marcado con una doble raya bajo cada palabra, pero eso no dejaba de lado el resto de las peticiones.
 
“1. Un navío grande, para que pueda entrar yo.
2. Con un calado ni muy profundo ni muy plano.
3. Mástiles adicionales para desplegar juanetes y sobrejuanetes.
4. Una buena batería principal (Cañones de calibre medio).
5. Bodega amplia (Para mi comida).
6. Varias habitaciones, de ser posible una habitación extra para la sala médica.”
 
No pudo evitar sonrojarse cuando leyó la petición final y una sonrisa delicada apareció en su rostro. Al menos alguien pensaba en su comodidad al momento de trabajar y ¡Menos mal! Porque ni siquiera él mismo había pensado en la importancia de tener una habitación que pudiera equipar con sus “juguetes” médicos.
 
—Compremos el más grande, pero también el más práctico —. Fue en ese instante en que Marco apareció y con él, los miedos del médico se hicieron evidentes, tanto que no solo se limitó a agachar la cabeza y balbucear, si no que palideció al ver el martillo que sobresalía de la correa del ingeniero… ¿Por qué tenían que llevar esas cosas a todos lados? Él no iba a con una bata blanca y un bisturí por la calle, solo se lo pondría en un hospital o en un quirófano —claro, el pelirrosa no está considerando que este astillero es el lugar de trabajo del tal Marco.
 
Quería controlarse, en verdad quería hacerlo…no deseaba verse como un niño miedoso delante de todos los que trabajaban en ese lugar, pero, a fin de cuentas, se vio en la penosa necesidad de respirar hondo, de seguir mirando en otra dirección y de apretar con paupérrima fuerza el papel con las directrices de lo que el navegante esperaba del barco.
 
—No…mi nombre no… —No pudo refutarle su nombre a MM, tampoco pudo presentarse por su cuenta, la voz, simplemente, no llegó a salir, se quedó trabada en su garganta y, de ahí en adelante, supo que esa compra sería un infierno.
 
¿Qué podía hacer en ese estado? Nada. Como si fuera un perrito siguiendo a sus dueños, el médico se dedicó a caminar detrás del vendedor y de la mitad sirena, no aportó, no dio su punto de vista sobre los barcos que el hombre les mostraba, pues a estas alturas lo único que deseaba era mantenerse alejado del carpintero, tanto así que apenas y notó las interacciones que su compañera tenía con el desconocido, algo que en otro momento le hubiera sacado alguna que otra risa al ver el efecto que la chica causaba de manera natural en los demás, pero ahora…ahora el pelirrosa estaba tan ensimismado que ni siquiera se dio cuenta cuando pasaron de un barco a otro y luego a otro para después volver justo al barco que él mismo había apreciado en un inicio.
 
Fue solo un instante en el que se separó del hombre y pudo respirar con más tranquilidad, algo que le permitió darse un tiempo para revisar la cubierta de aquella embarcación, en detallar con ojo clínico lo bien construida que estaba, el amor que le habían puesto a su diseño y a su construcción. Sonrió, inevitablemente…tantos años en el mar lo habían hecho apreciar, de una manera u otra la pasión que algunos imprimían sobre los navíos a los que los marineros llamaban “casa” y, ese sobre el que ahora pisaba, era perfecto para ser llamado así.
 
Pudo apreciar la madera lisa y bien trabajada, era como si de alguna manera los inclementes rayos del sol de Whisky Peak le hubieran donado algo de sus bellos tonos dorados a cada una de las tablas que, con precisión, encajan en el suelo, sin desniveles ni grietas, dándole a sus pies una firmeza tranquilizante al pisarlas. Era claro que era una embarcación hecha para durar y no tenía que ser carpintero para saber eso.
 
Luego estaban los mástiles que se alzaban imponentes, elegantes, como árboles jóvenes que se niegan a temerle a las tempestades. Desde su punto de vista era lo que buscaba…algo que no se rompiera con facilidad, algo que no lo hiciera naufragar nuevamente.
 
No era solo eso, las velas, las cuerdas, todos los componentes estaban en su sitio, tan ideal, tan nuevo como esas ansias de aventuras que empezaron a recorrer sus venas ahora que veía un posible navío al cual pertenecer, así como cuando era más joven.
 
Se llevó una mano al pecho, no entendía porque se sentía cálido de repente, como un adolescente emocionado por descubrir el mundo. Chasqueó la lengua y, por inercia, se mordió el interior de la boca con fuerza…Esto estaba mal, alguien como él no tenía derecho a experimentar la nostalgia, era mejor pasar página y salir rápido de esa transacción, así que, por primera vez desde que empezó el recorrido por diversos barcos, el médico se atrevió a girarse hacia la peliceleste para expresar su opinión, pero, como si leyera su mente, ella se adelantó.
 
“¿Marco?... Me gusta este barco… tienes razón, es una belleza…”
 
Suspiró aliviado. Todo lo que dijo la chica era justamente lo que quería escuchar. Ella tenía razón, aquella nave era lo que buscaban, una que fuera capaz de transportarlos a cumplir sus sueños, así sean los más perversos.
 
Podría decir que ellos eligieron el barco, pero se sentía más como si el barco los hubiera elegido a ellos. Una sensación extraña.
 
Pero no más extraña que la interacción que siguió.
 
Él no se metió en la negociación, ni siquiera se veía capaz de acercarse al vendedor/ingeniero, pero, desde su distancia, a más de tres metros de aquel par, escuchó claramente la manera en la que la chica negociaba y ahora sí, sonrió de oreja a oreja…Esa chica no dejaba de sorprenderlo, parecía tener un talento natural para ese tipo de situaciones, uno que, evidentemente, era apoyado con la belleza que llevaba encima, casi angelical, como ser podía esperar de alguien de su especie.
 
Cuando notó como el hombre empezaba a enrojecerse y a tartamudear, supo que no había nada más que hacer, el trato estaba listo, sellado y a él solo le faltaba sacar el dinero para entregárselo al hombre, de hecho, justo estaba contando tres fajos de billetes cuando miró hacia donde estaba su compañera y el vendedor y se encontró con una escena que no estaba dentro de sus planes.
 
—¿Eh? —Los tres fajos de dinero cayeron al suelo cuando vio aquel beso y, como si fuera un chiquillo de 15 años, se sonrojó con la acción, sintiéndose como si estuviera interrumpiendo algo, aunque, la misma Merlot, como si nada, pasó luego al lado de él, guiñándole un ojo mientras que él la miraba con la boca abierta, pero…por algún motivo, más orgulloso de ella que nunca.
 
—Je, ya veo porque eres tan buena negociante —. Le susurró a la chica antes de que esta se fuera más lejos. —Tal vez tenga un par de cosas que aprender de ti —dijo de manera casual para luego agacharse y recoger el dinero que se le había caído: Casi cuatro millones de berries, pagados en efectivo y al instante.
 
Metió el dinero en una bolsa crema la cual le lanzó desde su lugar al tal Marco, quien la atrapó en el aire, con las manos temblorosas y aun sonrojado por el beso que acababa de recibir.
 
—Marco, creo que no nos presentamos correctamente, soy Hyak y si hay algo que firmar no me molestaría hacerlo siempre que mantengas ese martillo alejado de mí, por favor —. El hombre espabiló cuando escuchó la voz del médico, aunque, en lugar de que el efecto anterior se le pasara por completo, el sonrojo aumentó más y ni siquiera cuestionó la razón por la cual el pelirrosa deseaba mantener lejos esa herramienta de trabajo en específico, por lo que la guardó de modo que el médico no pudiera verla.
 
—Ejem…claro…síganme a las oficinas del astillero, ahí les entregaré los papeles y haremos oficial la compra del barco —. No tuvo que decir más para que le pelirrosa lo siguiera, esperaba que Merlot hiciera lo mismo y, más temprano que tarde, los tres estuvieron en el lugar prometido, el médico firmó algunos papeles y dejó en claro que quien se encargaría de buscar el barco, al atardecer, sería un hombre grande —sí, solo eso dijo — y de barbas rojas.
 
Salieron del astillero y el médico pudo agradecer estar alejado del ruido y de la presencia de los martillos, aunque eso no evitó que sacara un pequeño frasco con esencia de menta el cual abrió de inmediato para inhalar el aroma y tranquilizarse después de haber pasado tanto tiempo rodeado de los objetos que impulsaban a que su fobia saliera a flote.
 
—Bien —dijo con calma cuando dejó de inhalar la menta —…Creo que es tiempo de ir por ese peluche que tanto quieres… ¿Quieres que este vivo o te refieres a un peluche peluche? Sea cual sea, seguro podemos conseguirlo…solo…aaammm… ¿Recuerdas hacia donde estaban las tiendas? —Saliendo de un problema para entrar a otro, tendrían que ubicarse en la isla y, como comprobaron antes, ninguno de los dos era bueno en eso.

Léeme, por favor
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#5
Narrador / María Merlot

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Negociar el barco.
Fácil.
Cumplir con los requisitos de Thrym.
Fácil.
¿Saben que si fue difícil?
Encontrar EL peluche.

Luego de comprar el navío, salieron del aserradero con la misión de encontrar un peluche que sustituyera el que perdió en los Cabos Gemelos. Lastimosamente, ambos tenían las brújulas internas inservibles porque luego de caminar y caminar, y claro disfrutar del paisaje, terminaron regresando al aserradero; dónde amablemente Marco, vestido ahora de civil, los llevo hasta el pueblo.  Así pues, ahora en un sitio civilizado empezaron la búsqueda de un peluche marrón que supliera al hurón desmayado y fugitivo.
Perros.
Gatos.
Delfines.
Hipopótamos.

De todo encontraban menos un simple y sencillo hurón color café. Ni ella era capaz de tener más tiempo a Hyakinthos dando vueltas por un imposible, así fue como mientras descansaban en una taberna casi vacía, unos tipos murmuraban a su lado las noticias del periódico de fecha 31 de Otoño, del año 16.

— Mira como lo muestran… — dijo el primer sujeto.

— Un asesino, eso es… — respondió el segundo negando con su cabeza.

— Deberían cazarlo, hacerlo pagar por su sangriento crimen. Y con esa cara de buena gente que se gasta — replico con odio, lanzando el periódico a la mesa y yéndose. El amigo lo imito.

María quien estuvo atenta a la cháchara se levanto a buscar la fuente de todos los chismes del mundo, lo recordaba porque antes de zarpar habían lanzando esa edición a todos los barcos del muelle. Con el botín en las manos sonrió traviesamente — Sería muy divertido escribir para uno de estos. ¿No crees, Algodón de Azúcar? Todo lo que escuche plasmarlo en un papelito que llegaría a cualquier rincón del mundo. Algo así como “Cuidado, los naufragios son reales” o “¿Cuántos granos de arena tiene la playa de Whisky Peak?”, parece irrelevante pero es información que puede ser útil… — sonrió abriendo el periódico sobre la mesa, por si acaso el hombre de cabellera rosada quería leer o ver algo — Que perro más feo... ¡ME ENCANTA!… — comento viendo la primera pagina del diario, dónde salían tres tipos pero lo que llamo su atención fue el animal. Luego paso y paso las páginas hasta que llego a la foto que comentaban los hombres — ¿El Carnicero? Hmmm… ¿Qué es un gremio? Pensé que habría una sección con chismes más mundanos… ¿La vecina que es infiel a su marido? ¿El hijo que decidió no seguir con el negocio familiar?  — suspiro y tomo un sorbo de su bebida, pasando nuevamente las páginas hasta que un título llamo su atención — ¿Estamos realmente solos? — se llevo las manos a la boca, ese titular si era muy amarillista, justo como le gustaba — Lo sabía, nunca hemos estado solos… por eso, usaban esa cosa metálica en la cabeza… ¿Estela del Haakon? ¿Se vera por las noches, como una aurora boreal? Hmmm… Oye, mira un peluche femenino… — levanto la foto hacia su oyente para luego volver a colocarlo sobre la mesa — Y un hombre de chocolate… violento… ¿habrá algo mal con el agua de esta zona del mundo? Todos parecen ser terribles personas… ¡Qué miedito! — no parecía el lugar más tranquilo sobre la faz de la tierra… ¿Por qué Fantasma quiso ir entonces? Ella aun no lo sabía, pero con todo lo que decían ahí tenía la sensación de que practicar su karate y con sus armas de filos, era primordial para sobrevivir — ¿Explosión de Crímenes en el South Blue? ¡Qué bueno que ya no estamos allá! — se llevo la mano al pecho, sabía que habían personas malas pero al nivel de ser una plaga, eso la horrorizaba. Tal vez por eso Fantasmas los saco de alla, por los criminales que habían surgido — … se han reportado al menos cuatro bandas criminales… — empezó a leer para que el hombre escuchara, cuando recito los nombres de las bandas criminales... su cabeza se inclino hacia un lado, cuando vio el escucho, su cabeza fue hacia el otro lado — … peligrosas, asesinos, ladrones, alborotadores y agitadores sin pudor ni vergüenza… — pronunció con incredibilidad, sus ojos parpadearon varias veces, luego buscaron los ojos del hombre frente a ella — … ¿Somos los malos? No me siento mala… — pregunto con la boca abierta, y procesando su nueva identidad… quizás si era alborotadora y agitadora, no tenia pudor ni vergüenza, y tal vez si había asesinado en una que otra ocasión… pero no era una ladrona, nunca había robado, bueno… hay que definir muy bien qué exactamente era robar, porque se trataba de una línea muy delgada — … Esta gente está mal… Oh, mira. Clases de Canto… — se distrajo con la siguiente nota, ella sabía cantar, pero lo normal que podía hacer una sirena, venia en su ADN — … debemos ir a esa Isla, Lulusia. Me gustaría tener una o dos clases de canto, así tal vez, pueda ser tan buena como mi Unnie o mi Kami… — comento a la nada, Thrym seguro sabría más sobre dicha isla, seguro si se lo pedía la podría llevar a cumplir su sueño de practicar canto en la Academia Sunshine.

Luego de ojear el periódico, encontró de nuevo aquellas cosas dónde le ponían precio a su cabeza, pero esta vez se lo tomo con más calma, hasta que vio uno que la hizo levantarse de la mesa y colocar las manos lado a lado de esta — ¡Pe-lu-che! — pronuncio incrédula, antes no lo había determinado, no lo conocía, pero ahora sí, y podía ver con claridad al hurón que estuvo buscando y fallo — … ¿Varo Ganchin? — levanto el wanted hacia Hyakinthos y señalo al animal en la imagen — … Es mi peluche, míralo… y se llama Varo Ganchin. Hasta su nombre es lindooooooo — la sonrisa en los labios de la chica fue haciéndose más y más encantadora al tiempo que llevaba el wanted hasta su pecho como si estuviera abrazando aquel flácido cuerpo peludo — No tenemos que buscar más, con su foto es suficiente. La guardare por siempre… ¡Mira su naricita! ¡Es tan adorable! ¿Será amor? ¿Estaré enamorada, Algodón de Azucar? — chillo con emoción rompiendo el papel con cuidado para solo dejar la fotografía del mink — … Eres el mejor, no encontramos un peluche, encontramos a MI PELUCHE. Gracias de corazón, querido Algodón de Azúcar — le agradeció al sujeto, tomo el resto del periódico, lo guardo en su bolsito y emprendió el camino de salida de esa taberna.

La misión se había completado, habían encontrado al Mink Huron y habían comprado el barco…, al día siguiente, la chica cumplió su palabra, fue a la cita con Marco... con el que entablo una cordial amistad y hasta intercambiaron Den Den Mushi.

Fin del Tema.

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