[Autonarrada t1] Noche de confesiones y recuerdos agrios
#1
Era de madrugada en la isla de Sorbet, estaba acostado con mi bufanda azulada intentando dormir en un hostal, en el cual cobraban la nada misma, solo un par de berrys que podrías conseguir quitando percebes de un barco, pero eso era solo si… Tenías un trabajo, trabajo que muchas veces se me era negado por tener la edad que llevaba encima, siendo si no fuese porque había robado aquí ya con el grupo que ahora formaba parte de piratas (Sumado mis robos de islas atrás), no habría podido tener la habitación solitaria de la que ahora gozaba, la cual como siempre se sentía extraña, poco habitual… Fría… Un lugar el cual si fuese por mí me habría gustado no estar, acostumbraba habitualmente a tener miles de desconocidos en mí misma habitación durmiendo como podíamos, pero… Ahora que era libre tanto de aquella tripulación, como de la misma esclavitud que me había mantenido atado tan pocos años… Y que me seguía atormentando hasta el día de hoy, recordándome, que en cualquier momento me podrían volver a encerrar, haciéndome ver este lujo como un tesoro que no podía dejar ir, de la misma forma también que este tesoro resultaba doloroso, como para quien toma una fría espada desde la hoja.
 
No faltaba decir que el lugar no era mas caro, pero es que tampoco me importaría irme y dormir en un lugar de mala muerte, era simplemente cosa de costumbre, no poder dormir como a uno le plazca, era cosa que pocos podían decir sufrían como lo hacía yo. Así pues, viendo las horas pasar seria que lograría cerrar los ojos, hasta quedar dormido mas por cansancio que por deseo de descansar, vería mis primeros sueños e ilusiones como siempre rotos en la extraña bifurcación que eran las pesadillas que todos decían seria temporales, pero que a mí me vivían molestando desde mis primeros días de existencia, recuerdos ya vagos de lo que sufría en la nieve, lo que comía, lo que veía… Era como ser la mascota comestible de un grupo de búhos esperando mi turno de ser cazado, la ansiedad de correr de aquella bestia era como el quedarse sin aire bajo el mar, asfixiante. Pero, que por alguna razón ya veía como mi único camino, correr, correr de lo que me asustaba y me dañaba, siendo finalmente atrapado, pero no por un búho, sino otro tipo de ave, más específicamente un cuervo, el cuervo que yo mismo mate y que ahora buscaba venganza por sobre mi cadáver, cadáver del cual no dejaría nada.
 
Entonces despertaría de un grito en la cama, o eso me haría pensar aquella habitación, estábamos en movimiento con una brisa cálida que resultaba casi nostálgica, mi cuerpo parecía mayor y entonces la vería… Una sombra de lo que pudo ser mi vida, una bella y hermosa plantación de lo que irónicamente para ella era una simple molestia, así como yo lo era para ella. Pues, era aquella granja de naranjas que le dije quería tener, pero… No eran naranjas… Eran… Otras… Plantas.
 
Así pues, el sueño iría volviéndose borroso, pero antes de finalizar, sería que la puerta se abriría y yo girándome gritaría - ¡¿Tomate eres tú?!- mientras un disparo cegaba mi horrible pesar… Por fin, pudiendo tomar un respiro de aquella horrible pesadilla, viendo la hora con una respiración entre cortada y tomándome la cara donde según yo me habría pegado el tiro a plena noche… Tiro, que no habría recibido después de todo… -Era un sueño... – Reiría levemente sin saber que decir, mi mente seguía perdida en aquella chica que me había hecho tan feliz, al mismo tiempo que tan triste.
 
Chica que traicioné por completo, al igual que lo hice con aquella tripulación de los cuervos, pasado que ahora cargo como lo hacía con aquella capa.
 
-Tuvieron… - Respiraría fuertemente sintiéndome congelado a pesar de que iba viendo el calor que hacia adentro de la habitación y que yo estaba sudando por ello -Tuvieron la culpa… Verdad. – Diría asintiendo fuertemente intentando auto convencerme de lo que hice era lo correcto, traicionar a aquellos que había ya acostumbrado a ver, pero que en el fondo les tenia jurado algo mas que la vida… A pesar de que me habían dado un hogar, una vida… Una familia. Esos pensamientos me estaban destruyendo por dentro, por lo cual necesitaba salir a respirar aire, si es que quería poder dormir… Si… Eso era lo que necesitaba.
 
Tome entonces mi preciada bufanda azulada y mi capucha cuyo nombre aun me resonaba en mis pensamientos mas profundos, viendo ambas cosas con dolor indescriptible -Filo de la noche eh… - Era extraño, pensar que sería durante el día que su anterior portador moriría bajo la guillotina. Me levantaría entonces, de la cama y tomaría mis llaves, retirándome visiblemente incomodo a dar un paseo durante la madrugada, la luna aún estaba lívidamente visible en el cielo, las calles vacías sin ningún alma caminando sobre ellas, exceptuando por mis propios pies, mi mente iba mas calmada de lo que podía pensar estaría, simplemente había un mal que me asolaba y que no era primera vez llegaba a tocarme la puerta, por lo cual creía tener todo bajo control.
 
Seria en esa caminata, que simplemente me posaría en una esquina con lagrimas en los ojos, dejándome liberar mis demonios internos y exteriorizarlos por fuerte que fuesen, lejos de la tripulación que ahora debía mostrarme como un hombre fuerte, a pesar de simplemente ser lo que era… Un esclavo, un idiota… Un niño. Llamando la atención tanto de las sombras que había por el bosque de casas montadas que era el sur de esta isla, como también de una luz que guiaba el camino de muchos del lugar… Una luz que se me acercaría y me pondría la mano en el hombro que tanta carga llevaba, viendo entonces a un joven rostro, vestido con ropas de lo que parecía ser un clero, cabello corto y café, junto a una cara tan amigable como lo sería un abuelo, a pesar de que seguía siendo muy joven. Este abriría la boca entonces y en un tono calmado diría -Que hace un chiquillo aquí perdido de la mano de dios en plena noche. – Lo cual me haría desde primera instancia sacarme su mano y mirarlo desconfiando, haciendo que el simplemente siguiera sonriendo.
 
-Caaaalma… Hihiho… Solo quería ver si necesitabas ayuda… Es raro ver a alguien de tu edad a estas horas. – Comentaría poniéndose en una posición despreocupada apuntado a la nada con aquel farol que llevaba encima, haciendo que se me bajase levemente esa desconfianza instintiva que tanto llevaba, limpiándome las lágrimas con la manga mientras el me examinaba fuertemente -Vale… Andaba mal ye… - Le diría mientras al parecer este solo me llevaba sonriendo como idiota unos minutos asiéndome sentir algo asqueado por unos segundos, después de todo, no estaba acostumbrado a que me tratasen bien – Bueno, que bien que ahora estes mejor ¿Tienes dónde dormir si quiera? ¿Quieres venir conmigo a la iglesia? Hay un hostal ahí para la gente que no tiene donde quedarse… Y quien sabe, tal vez podrías confesarte. – Me diría como quien dicta una especie de venta más que alguna ayuda desinteresada, por lo cual aun sospechando lo pensaría unos minutos… Para simplemente asentirle y empezar a caminar con él hacia lo que era la Iglesia Austro, mientras el me cuestionaba toda clase de preguntas obvias que yo me negaba a responder.
 
 
Entonces por fin llegue a aquella estructura santa, de la cual poco y nada conocía, era bella como ella sola, pero al mismo tiempo me producía desconfianza, jamás había creído en un dios, aunque en aquellos tiempos me habría gustado tenerlo, jamás llego a acompañarme y por ende, jamás pude dedicarle una oración, pues tampoco es que conociese del mundo en aquella época.
 
-Ven entremos amigo. – Me diría el clérigo del cual aun no escuchaba el nombre, siguiéndole hasta después de aquel hermoso arco que era la puerta de la entrada, en donde seguiría con un -Dado, que no te quisiste presentar, supondré entonces que queras confesarte verdad… - Asentiría al verme atrapado en mi propia red de misterios -Bueno si es así, te dejare con mi maestro, el clérigo san mentón. – me explicaría aquel joven que creía tener una nueva oveja en su rebaño, metiéndome directo al confesionario a pesar de ser un pirata sin dudar ni un segundo de mi... Ahí pues o vería, un viejo con un mentón impresionante y una barba aún más larga que aquella deformidad, se presentaría conmigo en aquella habitación tapando parte de su rostro, invitándome a hablar con un dicho que parecía ser de lo más seguro.
 
-Ven chiquillo cuéntame de ti, que te atormenta. – Acertándole tan fuerte al punto que me heria que simplemente en ese momento cedi… Y quise decirle todo, a pesar de que me había mantenido varios minutos en silencio sepulcral, el cual rompería con un... -Mate a un viejo compañero de tripulación. – dejando que unos segundos de silencio trascurrieran, seria en los que el viejo pudiese digerir aquella información -Muchos han pecado, pero pocos se redimen de ello como tú, cuéntame más chiquillo. – Me hablaría demostrando porque era visto por aquel chiquillo como alguien muy querido o una santidad, o algo así.
 
-Él le… Le hizo cosas imperdonables a mi madre... Jamás pensé en que lo lograría, pero con el tiempo se hizo casi una familia aquella tripulación, en donde él no era solamente el navegante, sino también el padre de una vieja amiga…  - Diría tocándome aquella marca en mi cuello que tanto tocaba cuando estaba incomodo, el sujeto meditaría entonces -Y bueno… se lo habrás informado a tus superiores entonces en la marina. – Asentiria un par de veces el señor del mentón, haciéndome suspirar.
 
-No. – rondaría aquel silencio -Tampoco es que estuviese en la marina… Señor… Yo soy un pirata. – Le explicaría haciéndolo poner una leve mueca detrás de la puerta que poco y nada mostraba mas que esos rasgos físicos, siguiendo mi charla con un llanto con el que diría… - Desde que tengo uso de decisión lo soy, mas no… No de razón. – Intentaria encontrar las mejores palabras para describir mis pesares, pero este simplemente callaría unos segundos en los cual lloraría, para preguntarme algo asustado.
 
- ¿De qué piratas formaste parte…? ¿Eh niño? – Preguntaría con una voz entrecortadas, que dilataría todo lo que habría dicho hasta un punto muerto, pareciendo bastante sorprendido… pero aún más… Rabioso… Lo cual me haría dudar que decir -Eh… Ehm… - Balbucearía mientras en un desliz pondría mi mano en aquella puerta intentando largarme, para que el me la tomase en un agarré por una rendija… Que me iría asustando en gran medida para agregarme -Cual… Mocoso… - Lo que encendería mis alertas, mirándolo de reojo acercando una daga de las que tenía ocultas en mi capucha a su mano -Soy ex miembro de la tripulación cuervo… Es eso un problema. – reafirmando mi posición ahora como pirata… En lo cual en el lugar hermético me aclararía ahora si con su verdadero yo mirándome detrás de esa madera.
 
-Mi hija murió por tu puta tripulación hace mucho… Por ella me volví monje. – intentando forcejearme de entre mi amarre que para él podría ser como pasarle la mano a una enredadera con espinas… La cual cortaba muy bien… -Venir aquí fue un error… Y no seré yo quien page por él. – Le diría en un corte súbito que daría por la rendija rompiendo aquella puerta, matándolo en un solo tajo mortal.
 
Así pues, me iria decepcionado del lugar, sin que nadie me presenciara salir… Total… Ya habrían visto de lo que es capas alguien cuyo tormento pesa.
#2
✓
Aventura Autonarrada T1: Completada
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