[Social] Pan de gamba [Presente relativo]
#11
En cuanto Lampedusa comenzó a maldecir al barman eché a reír, definitivamente la muchacha me caía bien, hablaba sin tapujos y tenía un temperamento algo cuestionable. La combinación perfecta para ser una agente de caos y diversión desenfrenada. Vi como del cabreo se terminó los últimos panecillos casi atragantándose por el camino. Le di un par de golpecitos en la espalda para ayudarle a que no se le fuesen por otro lado y me levanté, posicionándome a su lado, apoyando mi brazo sobre su hombro. -No te preocupes Pelusilla, ya tendremos algún momento más oportuno para intimar mejor. -Volví a hablar con mi mirada y  tono burlón de siempre como si aquel momento de vulnerabilidad fuese ahora solo un espejismo lejano. Pero a pesar de bromear, no podía negar que había apreciado el momento de sinceridad que había tenido con ella. 

-¡Que le den a todo el mundo! -Grité tras ella. -Mientras no estemos muertos tenemos que aprovecharlo, hagamos de este mundo nuestro escenario y demos un show que nadie pueda olvidar. -Queria brindar con ella por ello, pero ahora mi jarra estaba echa añicos, la chica pidió otra, posiblemente siendo a mejor idea que le había podido escuchar salir de su boca desde que la conozco. No obstante Rigoberto no estaba por la labor, comentó que ya habíamos llegado al tope del dinero que había en la cartera entre cervezas, aperitivos y vajilla. 

Lampedusa, reaccionó de forma agresiva al instante, como si quisiera pegarle por no servirnos otra. -Baja esos puños, trabajo aquí tocando de vez en cuando, no quiero problemas con el jefe. -Levanté mi brazo poniéndolo justo delante de ella, rozando su pecho con este, para que no hiciera ninguna tontería. -Va tío, sírvenos una última… Después de esta prometo que nos vamos y te dejamos tranqui. -Traté de convencerle pero este negó con la cabeza a la vez que barría los cristales del vaso que casi le estampo en la cabeza.

-Ya he hecho mucho por ti señor Rock, te di trabajo y te he salvado ya de muchas movidas, no te voy a servir otra copa. -Su semblante era serio, al ver que no iba a broma, giré la cabeza sin entender una mierda, iba a soltarle alguna milonga, alguna excusa más pero antes de que pudiera hacerlo este continuó. -La verdad es que siempre me traes más problemas que beneficios, así que te voy a pedir por favor que te largues a lo mejor si no estuvieras tocando siempre las pelotas, bebiendo y siendo tan irresponsable es probable que tu hermano no hubiese desaparecido, y quién sabe si seguirá con vida. -Se le notaba cansado, como si estuviera ya hasta el límite, soltando cosas que le hubiese gustado soltar desde hace mucho tiempo, yo por mi parte bajé el brazo que utilizaba para detener a la chica, y caminé lentamente hacia Rigoberto con una sonrisa en la cara, al llegar a su lado le solté un fuerte puñetazo. El sonido de mi puño impactando contra su mandíbula resonó en todo el local. El barman cayó al suelo casi fulminado, pero en lugar de detenerme, comencé a golpear sus costillas con rabia. 

-¡¿Y tú que sabrás pedazo de Mierda?! ¡Mi hermano es fuerte y seguro que no está muerto mamonazo! -No dejaba de insultarle a la vez que seguía pateando su caja torácica, una vez me sacié, le escupí en la cara y me volteé para ver a la muchacha con la respiración acelerada algo avergonzado por haber actuado así de golpe. -Sírvenos otra… total, creo que después de esta estoy despedido. -Suspiré guardando ambas manos en los bolsillos caminando de nuevo a la barra.

Karmas
#12
—¡Que le den a todo el mundo! Mientras no estemos muertos tenemos que aprovecharlo, hagamos de este mundo nuestro escenario y demos un show que nadie pueda olvidar. —Su grito hizo que ella hiciera lo mismo con toda la intensidad que pudo. Maldita sea, a veces se podía pasar de ruidosa.
 
El pastelero logró mantenerla bajo control tras tirar su jarra, y a partir de ahí el otro tío y él se pusieron a hablar y a discutir entre los dos. El tipejo de los tatuajes se puso a dar la charla que se le daban a los críos cuando rompían un plato, momento en el que, como Lampedusa tenía ganas de orinar, se largó un momento al cuarto de baño sin decir nada.
 
Un minuto después de terminar, logró encontrar de nuevo al pastelero y al tipejo, pegándose de ostias. Lampedusa se encogió de hombros, saltó la barra y abrió el barril de cerveza mientras se servía directamente en un vaso que había cerca. Lo había llenado todo del líquido y espuma, pero le daba igual. Total, le daba que ese tabernero iba a tardar un buen rato en poder levantarse por la golpiza que le había propinado el rocoso.
 
—¡Tu sigue, pastelero, que yo…! Bueno, yo ya sigo con lo mío. —Se la bebió entera, para después llenarla de nuevo junto a otra. Seguro que después de la golpiza al tonto lava tendría más sed.
 
También cogió otro pan de gamba y comenzó a zampárselo. Le dejó otro preparado a su nuevo amigo, que seguro que dar puñetazos y patadas debía de haberle dado mucha hambre. Se tomó su tiempo, el jodido, para después volver a acercarse a la barra y tomar asiento. Lampedusa lo recibió con unas palmaditas en la espalda.
 
—Muy bien hecho, venga, ahora siéntate y disfruta del aperitivo que te ha dejado preparada esta menda. ¡Puff!

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#13
Cuando quedé saciado de golpear el cuerpo ya inerte de Rigoberto, el cual estaba ensangrentado y hecho polvo en el suelo, pero vivo, respirando con dificultad, me dirigí de nuevo a la barra dando pequeños saltitos de felicidad. La salté de golpe, situándome al lado de mi nueva amiga. -Déjame espacio perra. -Le di un azote en el culo para que se apartara y me dejara llegar al barril. 

En lugar de un vaso normal agarré un cubo de hojalata y sin fijarme demasiado en la higiene del mismo lo puse debajo del grifo y comencé a llenarlo del espumoso néctar dorado. Una vez la cerveza llegó hasta el borde metí la cabeza por completo en este y comencé a beber como si fuese la última bebida alcohólica del planeta, pues una vez llegando al fondo, me alcé de nuevo soltando un eructo que retumbó por todo el local y sacudí todo mi cuerpo como un perro para secarme, salpicando a todas partes y comiéndome de un bocado el pan de gamba que me había dejado. -Toma nota, nunca me menciones a mi hermano. -Advertí a la muchacha antes de agarrar el pan de gamba y girarme hacia la estantería de detrás de nosotros la cual contenía decenas de botellas antiguas.

Mis dedos se deslizaron por cada una de ellas, leyendo cada etiqueta hasta hallar con la adecuada. Sake, ron, whisky, Cazalla. “Esto servirá”. Me dije a mí mismo, agarrando el recipiente, soplando el polvo que lo cubría. Estaba entera, sin empezar. Se notaba que la gente de samba no les gustaba probar algo diferente a sus licores más clásicos. -Amiga mía… -Estiré el brazo para agarrar dos vasos de chupito y empezar a servir el alcohol. -Ya que el dueño se encuentra indispuesto, posiblemente con algunas costillas rotas, moretones y contusiones varias. ¿Quieres que arrasemos con todo el alcohol y la comida del lugar? -Deslicé uno de los pequeños vasos por la barra hacia ella, y alzando el mío esperé que brindara conmigo. Tras ello, incliné mi cabeza hacia atrás, tragando de golpe la cazalla, la cual se sintió como un incendio, extendiéndose por mi esófago hasta llegar a mi estómago. 

-¡Vamos a darle duro! -Salté de nuevo fuera de la barra sin soltar la botella en ningún momento y me fui corriendo al almacén. -El último en llegar es una corrida de paloma… -Dije para picarle cuando ya estaba al lado de la puerta y no podía perder, abriéndola de una patada, entrando sin miramientos para arrasar con todos los víveres. 

Karmas
#14
—Déjame espacio perra.
 
No llevaba ni dos litros de birra en el cuerpo cuando sintió que alguien le golpeaba en el trasero. Tardó solo unos instantes en pegar un brinco, retroceder hacia atrás y dirigir una mirada hacia el tabernero de los tatuajes, que yacía en el suelo medio grogui.
 
—¡Me cago en tus putos muertos a caballo hijo de perra! —Comenzó a darle pisotones en el pecho hasta hartarse—. ¿Quién te crees que eres para tocarme el puto culo, imbécil? ¡No soy una puta, soy una bella damisela con lengua de víbora hijo de tu puta madre! ¡Puff!
 
Tras quedarse a gusto se encontró con que el pastelero se bebía un puto barril. La muchacha se quedó con la boca abierta hasta que el puto eructo levantó tal pestazo a alcohol y una ventolera que hizo que Lampedusa retrocediera el cuerpo hacia atrás con cara de asco. Ese. Puto. Gilipollas. Se. Había. Bebido. Todo. Un. Puto. Barril. ¡Él solo!
 
—Tú no eres normal. —Se encogió de hombros y se sentaron juntos a comer lo que quedaba—. Me gusta.
 
—Toma nota, nunca me menciones a mi hermano.
 
—Ok, a tu hermano del alma ni mencionarlo. Seguro que se me olvida en algún punto.
 
Se volvió a la estantería donde se guardaban botellas. Y el cabrón iba a por más. Lampedusa ya lo flipaba. Coño, tenía una sed equivalente al hambre de Lampedusa todos los días. Ella volvió a encogerse de hombros y le dejó que hiciera lo que le diera la gana. Total, ella seguía con hambre.
 
—Amiga mía… —Sirvió dos vasitos con alcohol y le ofreció uno a Lampedusa, que lo agarró sin dudar—. Ya que el dueño se encuentra indispuesto, posiblemente con algunas costillas rotas, moretones y contusiones varias. ¿Quieres que arrasemos con todo el alcohol y la comida del lugar?
 
—Señor pastelero, es usted diabólico. —Lampedusa se frotó las manos al imaginarse con toda la despensa acabando en su estómago.
 
—¡Vamos a darle duro! —El pastelero saltó de nuevo fuera de la barra sin soltar la botella en ningún momento y se fue corriendo al almacén—. El último en llegar es una corrida de paloma…
 
—¡Hijo de putaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
 
Como alma que llevara el diablo, Lampedusa se largó a seguirle la pista, pero cuando abrió la puerta encontró el baño. ¡Otra vez el universo le hacía la puñeta! Cerró de un golpazo y buscó en la otra puerta. ¡Maldición, ahí solo estaba la puta cocina! Al final abrió la tercera puerta y vio al tío rockero bebiendo sin ella. ¡Hijo de puta! Corrió y empezó a comerse todo lo que encontró a su alcance. Para cuando terminó por fin con todo, el pastelero también parecía un puto tonel como ella.
 
—Ah, esto es vida. ¡Puff!

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#15
Al llegar me caí de de golpe, rondando y chocando contra unos sacos de harina, cubriendo todo mi cuerpo y las estanterías de alrededor, tosiendo bruscamente me puse de pie. Parecía que había ganado la carrera, ¿pero a qué costo? Toda mi ropa, cara y brazos estaban cubiertos de blanco, me encogí de hombros y sin pensármelo dos veces me quité mi chaleco y pantalones tirándolos por ahí sin ningún tipo de delicadeza. 

Total ya estaban sucios, y al estar borracho cuantas menos prendas tuviera encima mejor, más comodidad. Por suerte para Lampedusa me dejé puestos los calzoncillos puestos, unos boxer con estampados de ranitas tocando la guitarra. Me los ajusté, subiéndomelos un poco, según mis ojos se centraban en las estanterías, le di otro trago cuantioso a la botella de cazalla y la dejé por ahí. No era chef, tampoco tenía buen gusto pero quería comerme lo más rico para cuando llegara la chica y no dejarle absolutamente nada, la cual estaba tardando ya demasiado. ¿No venía detrás de mí? Confié en que no me había dado plantón y seguí escarbando entre vegetales, cebollas y latas de conserva hasta encontrar una lata de berberechos, y un tarro de pepinillos. Manjar de dioses. 

De la parte alta de la estantería también agarré una botella de vino blanco. Me tiré de nuevo a los sacos de harina provocando otra nube de este ingrediente llenara el lugar, limitando la visibilidad. En cuanto esta se disipó Lampe ya había entrado y había comenzado a comer todo lo que podía, como un oso antes de irse a hibernar. -Ja, eres una corrida de pájaro. -Le recriminé recostado, con un pepinillo en la mano, señalándole con este y mi cuerpo y pelo cubierto de harina. Me sentía como un emperador tumbado en un cómodo sillón, poniéndome las botas a alchol y comida. 

-Realmente tienes un puto problema con eso de las direcciones, a este paso no sé cómo no has encontrado ya el one piece. -Reí echando mi cabeza hacia atrás en una posición casi antinatural y sin previo aviso agarré uno de los sacos donde me hallaba tumbado y se lo lancé a la cara, el cual reventó llenando también a la chica de polvo blanco. Pero al hacerlo caí rodeando como una croqueta por el suelo por la inhercia del lanzamiento.

Me levanté riéndome, apoyándome en una de las estanterías del lateral, casi volcándola en el proceso. -OYE. -Me acerqué a ella hasta quedar cara a cara. Apenas a unos centímetros el uno del otro, allí, me saqué un pepinillo del interior de mis calzoncillos y le di un mordisco con una pequeña sonrisa pícara. -¿Quieres ser mi navegante? Así a lo mejor soy capaz de convertirme en rey de los piratas y todo. -Sugerí despollandome de ella en su cara, como si lo que acabase de decir fuese lo más divertido del universo, apoyando mi mano en su hombro. 
#16
—Ja, eres una corrida de pájaro.
 
—¡Yo no tengo la culpa! ¡El puñetero universo se empeña en hacerme la puñeta y cambiar los sitios de lugar para que me pierda! ¡Puff! —le gritó Lampedusa, de mala ostia.
 
Sin embargo, se le quitó en cuanto vio toda la comida y comenzó a zampar. Ya llena, hecha una bola como el pastelero, aunque el otro era más por la bebida que se había tomado el cabrón, rodó de lado a lado para bajar toda la comida que se había zampado. Segunda vez en lo que iba de día que estaba llena. Ya no le cabría ni una uva.
 
—Realmente tienes un puto problema con eso de las direcciones, a este paso no sé cómo no has encontrado ya el one piece.
 
—¡Cállate ya, hijo de la gran…!
 
Pero sus palabras fueron silenciadas por un saco de harina que le untó todo el pelo. Lampedusa estaba a punto de reventar a ese cabrón de una vez por todas, pero las siguientes palabras del pastelero provocaron que su ira pasara a ser sorpresa.
 
—OYE. ¿Quieres ser mi navegante? Así a lo mejor soy capaz de convertirme en rey de los piratas y todo.
 
Esas palabras eran las mismas que había usado él, años atrás…
 
«—Chica, déjalo, no tienes ni puta idea de mapas.
 
—¿Cómo que no? ¡Puedo llevar a toda la tripulación hasta el tesoro que está señalado aquí!
 
—Sí, claro, ¡y yo soy el alférez de mi puto barco! Marahahahaha.
 
—¡Capullo! ¡Puedo hacerlo, mejor que tú!
 
—Tú no lograrías encontrar ni una ballena en un pajar, Marahahahaha.
 
—¡Puto cardo borriquero! Que si puedo, ¡jolín! ¡Puff!
 
—Oye. ¿Quieres ser mi navegante? Así a lo mejor soy capaz de convertirme en rey de los piratas y todo. Marahahahaha.
 
—¡Deja de burlarte de mí!»
 
Esa risa despertó en Lampedusa una sonrisa sincera, una de las primeras en mucho tiempo. En vez de contestarle la puya queriendo pegarle una buena ostia, se cruzó de brazos y sonrió con fiereza, con una decisión tomada.
 
—No, creo que el mundo me haría la puñeta demasiadas veces. ¿Pero sabes qué? Que no estaría mal que nos uniéramos y la liáramos parda por ahí. ¿Qué me dices? —Agarró una fruta rara del suelo, dispuesta a comérsela—. Tú tienes más cara que yo de capitán, a mí me gusta más ser una segunda o tercera al mando. Así que, si no tienes pegas, unámonos bajo la vieja bandera pirata, ¡y naveguemos por ahí hasta reventar a todo el…! Me cago en todo, tú, ¡que asco de fruta! —Tiró la bazofia, que sabía cómo la mierda de un perro, a un lado. Aun así tragó lo que había comido ya, porque no le gustaba tirar la comida—. Pues eso. ¿Qué te parece? ¿Nos unimos y nos cagamos a piñas con todo gilipuertas que se cruce en nuestro camino?
 
La pregunta voló como lo hacía la comida de emergencia, también llamada mascota, pajarraco, ave o como quiera que lo llamara el pastelero. Solo que el recuerdo de Merza volaba más alto todavía. Lampedusa había tenido una corazonada, y no se arrepentía de haber dicho esas palabras.

cosos
#17
Me sorprendió en cuanto la chica se rió, ¿Le había hecho gracia que le tirara la harina? ¿O era por el chiste de que fuera mi navegante? Fuese como fuese tenía una sonrisa agradable, lástima que le pareciera gustar estar cabreada e irritarse por todo el noventa por cierto del tiempo. Pero de lo siguiente que salió de su boquita, cada una de sus palabras era un desconcierto, arqueé la ceja según hablaba, llevándome el último pedazo de pepinillo a la boca. ¿Realmente esta tipa quería seguirme? ¿Que yo fuese su capitán? 

Saqué pecho y levanté la cabeza con orgullo, con una mano en mi cintura y la otra dirigiéndose de su hombro al rayo morado dibujado en mi pecho. -Se que soy una bellísima persona, el puto amo, una bestia en follarme a tu madre y por eso quieres que tome el rol de capitán. Ladeé la cabeza adoptando una pose más dramática, forzando casi una lagrimita. -Pero si insistes, con gusto seré el capitán de una linda señorita como usted. 

Antes si quiera de volver a girarme, me di cuenta de un breve detalle, tal vez no me cosqué entre la embriaguez por parte del alcohol, o tal vez fuese al sentirme endiosado ante tal propuesta. Pero Pelusita tenía entre sus manos una fruta, este mundo era amplio y con una gran cantidad de árboles y frutos, pero aquella, tenía similitudes con la cual yo me comí con cubierta de galletas, aquella que sospechaba que me había concedido el poder de crear este postre de la nada. 

Abrí los ojos de golpe solo para ver cómo le daba el primer bocado quejándose por el sabor de esta. Abrí los ojos muy de golpe, casi saliendo de mis órbitas y tensando todos los músculos de mi cara de sorpresa. Manteniendo esa expresión, miré su mano ya vacía, donde sostenía la fruta que se acababa de comer y luego miré a sus ojos, volví a mirar su mano y de nuevo levanté la vista hacia ella. Lo hice varias veces, aún sin creer lo que podía haber pasado. -Bro… Creo que ahora vas a poder también crear comida de la nada… -Mis palabras sonaron pausadas, casi con duda. ¿Cuántas frutas como estas guardaba el Rigoberto? Pues era este quien también me había ofrecido la mía. -No es por hacerte ilusiones pero yo tengo la teoría que lo de las galletas lo puedo hacer desde que el tipo que está tirando en el suelo casi inconsciente en el suelo de la taberna me ofreció una fruta rara de cojones, muy parecida a la que acabas de engullir como un puto animal salvaje. ¡¿Te imaginas que puedes crear hamburguesas a partir de ahora?! -Pregunté emocionado, dándome la vuelta para volver a recoger mi ropa y vestirme de forma torpe y rápida. 

Una vez ya presentable, aunque ambos aún cubiertos de harina tomé con una mano la botella de vino blanco y con la otra la muñeca de la chica, tirando de ella fuera de la despensa hasta volver al patio principal de la taberna, cruzándolo rápidamente, ignorando al barman aún herido, hasta salir de nuevo al exterior, donde finalmente dejé el brazo de Lampedusa libre. Al hacerlo, Travis salió volando del interior del local hasta colocarse de nuevo en mi cabeza, aplaudí creando de nuevo una galleta y subiéndome de golpe a esta.

Miré de reojo con una pícara sonrisa a la joven que había conocido hoy. Aplaudí, y de golpe apareció una segunda galleta. -Sube Pelusita, vamos a buscar otro sitio donde seguir comiendo y bebiendo todo el puto día hasta que caigamos desmayados. Vamos a celebrar nuestra puta alianza. -Pese a notarse que estaba borracho por el deje de las palabras, mi tono era conciso y puro. -!HAGAMOS TEMBLAR AL MUNDO CON UN ESPECTÁCULO QUE NADIE PUEDA OLVIDAR! -Grité finalmente con todas mis fuerzas.

Off

karmas
#18
—Se que soy una bellísima persona, el puto amo, una bestia en follarme a tu madre y por eso quieres que tome el rol de capitán. —El pastelero sacó a relucir sus dotes de gilipollas, pero aun con todo eso no estropeó la agradable sensación que albergaba el pecho de Lampedusa—. Pero si insistes, con gusto seré el capitán de una linda señorita como usted.
 
Ella tan solo sonrió y ambos estrecharon sus manos. Después de que le diera el bocado a la asquerosa fruta, el pastelero se quedó rígido cual estatua. Al principio pensó que le había dado un jamacuco o algo, y había estado a punto de preguntarle que mosca le picaba cuando por fin reaccionó.
 
—Bro… Creo que ahora vas a poder también crear comida de la nada… No es por hacerte ilusiones pero yo tengo la teoría que lo de las galletas lo puedo hacer desde que el tipo que está tirando en el suelo casi inconsciente en el suelo de la taberna me ofreció una fruta rara de cojones, muy parecida a la que acabas de engullir como un puto animal salvaje. ¡¿Te imaginas que puedes crear hamburguesas a partir de ahora?!
 
Lampedusa se miró las manos, luego los restos de la mierda que se acababa de comer y de nuevo sus manos. Empezó a dar palmadas, como le había visto hacer, pero nada de nada. El vidrio de una botella de cristal rota a sus pies reflejó su rostro cabreado.
 
—Me cago en todo lo cagable, ¡ya me había hecho ilusiones y nada de nada! Puta madre, venga, ¡salid, putas galletas! —Nada, que no había manera—. ¡Encima de asquerosa me ha salido defectuosa! ¡Me cago en toda vuestra puta raza, habichuelas mágicas! ¡Con La Pelusa no se juega! ¡Puff!
 
La estantería pagó su ira hasta que el pastelero que SÍ SABÍA HACER GALLETAS la sacó afuera del local. La comida de emergencia se posó en su cabeza al tiempo que el pastelero volvía a crear una galleta y la invitaba a subir.
 
—Sube Pelusita, vamos a buscar otro sitio donde seguir comiendo y bebiendo todo el puto día hasta que caigamos desmayados. Vamos a celebrar nuestra puta alianza. ¡HAGAMOS TEMBLAR AL MUNDO CON UN ESPECTÁCULO QUE NADIE PUEDA OLVIDAR!
 
Tras un par de segundos, sonrió con ferocidad. Tomó su mano y subió junto a él. La galleta levitó por encima de las casas y Lampedusa solo gritó de júbilo.
 
—¡Preparaos, hijos de puta! ¡La Pelusa y el pastelero os van a dar jarana y de ostias de dos en dos hasta que sean impares!
 
La risa, tras mucho tiempo, le salió hasta natural. ¿Una juerga infinita? Lampedusa se apuntaba sí o sí. Las cosas solo podrían ir a mejor a partir de ese punto. O al menos, así quería pensar que serían. Además, ahora podría crear comida infinita… A lo mejor. Solo esperaba que esa mierda de basura infecta no le hubiera transmitido alguna enfermedad o algo peor.

cosos
#19
Hace un par de semanas, un nuevo recluta habia aparecido en las filas de la marina, su nombre no me importaba en lo más minimo, lo que me hizo fijarme en el fue que, durante el almuerzo, comento que habia formado parte de una pandilla llamada “Samba Anchor Crew” y que luego de recibir una paliza por parte de una persona, decidió corregir el rumbo de su vida y dedicarse a perseguir el mal. No pude evitar sonreír, así que lo abordé y le pedi que me dira más detalles sobre este personaje. Me conto, que se trataba de un hombre, de cabellos morados, con poca higiene corporal, un poco flaco para su tamaño, pero su rasgo más característico era un rayo de color morado que tenía pintado en el pecho y lo más importante es que se habia topado con él, en el reino de Samba.

 En principio me parecio un pendenciero de poca monta, pero este tipo excéntrico, por ponerle un nombre, habia logrado hacer entrar a la marina a un antiguo maleante, quizás deberia ir a Samba, ubicarlo y verificar si era material para la justicia. Me levanté del asiento que habia ocupado al lado de aquel nuevo recluta, le di las gracias.

Habia llegado a Samba sin ningún problema, gracias a mi rango dentro del CP.  Haciendo gala de mis dotes de infiltración, logre mimetizarme en la población y pasar desapercibido, mientras recopilaba información.

Mi buen trabajo de investigación me llevo a un bar, que tenia por nombre “BAR CACAHUATE”, que era atendido por un caballero muy amable de nombre “Rigoberto”. Con quien entable varias charlas, en un momento me conto que habia cierto personaje de cabellos morados con un águila que “trabajaba” en el bar de tanto en tanto, su nombre era Iggy..Iggy Rock.  Era justo la persona que buscaba, lo supe una vez Rigoberto me lo conto, así que, para no levantar sospechas, seguimos hablando de cosas triviales.

Ya sabiendo que mi objetivo solía “frecuentar” el “BAR CACAHUATE”. Espere pacientemente en la puerta del bar, cerca de la entrada, haciendo uso de mi akuma no mi, la cual era perfecta para no ser visto. Mi paciencia habia sido recompensada, pues el caballero de cabellos morados y el ave rapaz que parecía acompañarlo, habían aparecido con otra señorita, la intuición y la experiencia, me dijo que no lo abordara aún. Asi que estando todavia transformado, cuando estos entraron al Bar, me pose sobre una de las ventanas y me dedique a mirar de manera atenta lo que el caballero y la señorita hacían.

Quede indignado cuando en un momento el ahora mal hechor de cabellos morados, golpeo al pobre de Rigoberto. Tenía que impartir justicia y reformar a este mal bañado y flacucho individuo. Cuando el tipejo y la chica salieron del bar, este aplaudió y de la nada salio una galleta y con un tono bastante soez, le dijo a su compañera que debían celebrar su nueva alianza y que deberian hacer temblar al mundo, acto seguido volvio a aplaudir y otra galleta apareció, la chica se subio a esta y yo aproveche para hacer mi entrada.

Di un salto quedando a 10 metros de ambos personajes, mirándolos de frente. - ¡No Contaban con mi Astucia! . Dije en tono alegre. -  Me parece que no van a poder continuar su viaje. Mis ojos se posaron sobre el mal bañado caballero de pelos morados. – Vine a esta isla buscando a un hombre que logro reformar a cierto malhechor, con la intención de reclutarlo para la marina, pero ahora me percato que es de la misma o de peor calaña que aquel que se reformo. Asi que caballero de cabellos morados y mal bañado, Iggy Rock. Esta bajo arresto por golpear a una persona indefensa, no debe resistirse, si lo hace, aténgase a las consecuencias. Apreté con fuerza mi Chipote Chillón. Y usted señorita. -Me réferi a ella sin dejar de mirar a Iggy- Le aconsejo que se retire ahora mismo, sino quiere salir perjudicada tambien.
 
Resumen

Toda la Info
#20
Estaba apunto de irme con Lampedusa a seguir bebiendo y comiendo como animales. Pero la voz de otra persona interrumpió la felicidad del momento. Esa alianza recién creada iba a tener que esperar un poco más. Pues, un pequeñito hombre se había plantado frente a mí. Era muy bajito, de hecho su tamaño era bastante ridículo. Bueno no solo su altura, pues su traje, completamente rojo, con un rayo amarillo en el pecho, y unas antenitas falsas sobre su cabeza hacían su apariencia bastante cómica.

La calle estaba completamente desierta, solo el viento levantaba nubes de polvo de las arenosas vías de esta ciudad. Justo en la que nos encontrábamos tenía unos ocho metros de lado a lado y se extendía bastantes más de largo. Me quedé estático, flotando sobre mi galleta a una distancia de diez metros. En su discurso varias cosas llamaron mi atención, sorprendiéndome y cabreándome a partes iguales. No me molestaba que quisiera arrestarme, pero… ¿Reclutarme? ¿Qué yo me uniera a las filas de la Marina? Empecé a sospechar que este tío estaba demente.

Por suerte, no quería que la chica se metiera en esto por lo que rápidamente moví la galleta donde ella estaba subida hacia atrás más o menos unos ocho metros calle abajo, justo en dirección opuesta al enano escarlata. No quería que por llevarse bien conmigo saliera herida o algo peor. -Travis, ve con ella. Nos vemos luego. -Solté con una sonrisa despidiéndome de ambos pero sin despegar la vista de nuestro nuevo acompañante.

El águila se posó sobre la cabeza de la chica, realmente estaba depositando demasiada fe en ella esperando que no se comiera a mi mascota. Yo simplemente me limpié la harina que aún quedaba en mi cara con un rápido movimiento de manos y retrocedí un metro quedando a una distancia de once en total, me llevé la mano a la palanca, desenvainándola rápidamente, listo para cualquier cosa que pudiera pasar.

-Oye pimiento saltarín, entiendo que estés indignado por lo que acaba de pasar, ¿pero encerrarme por meterle una paliza a un tío? ¿No es un poco excesivo? Ni siquiera lo he matado… Si vas a arrestarme que sea por algo más gordo como follarme a tu madre. -Al soltar esto tuve que contener la risa más de la cuenta, pues tampoco quería que pensara que le estaba vacilando. -Ponme una multa y todos contentos, como ciudadano ejemplar estaré encantado de pagarla, y que mi dinero sirva para seguir engrasando esta maquinaria inútil que llamamos sociedad. -Mi tono era sarcástico, no porque no tuviera ni pensado pagarla, pues no es la primera ni la última seguramente, pero si que estaba un poco hasta los huevos de que se me acumularan una tras otra. 

-Y por cierto muy guapo el traje, me mola el rayo del centro, vamos a juego y todo, no sabía que la Marina tuviese uniformes tan culos ahora. -Solté tratando de hacerme el simpático, no es que fuese mentira, realmente cualquier prenda de ropa que llevase rayitos era la polla, pero seguí la conversación por aquí al menos hasta que Lampedusa y Travis tuvieran el tiempo suficiente de huir lejos por si se liaba.

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