❝ Cuidado que se viene la movida, chati. ❞ [ T1 ;Presente Absoluto. Autonarrada. ]
#1
Rainbow 
Día 46 de Invierno, Año 16.

Una vez concluida su absoluta y nada prescindible hazaña, que había terminado con él meando en un bar que, pese a su popularidad, era de escasa monta, salió con la conciencia tranquila, cruzando aquella puerta gigantesca y con la vejiga finalmente en paz. A veces se preguntaba hasta qué punto podía ser arbitraria la forma en la que uno conocía a la gente; cómo era posible que, tras una discusión absurda por unas cartas y un tipo con una de ellas metida en el culo, acabara coincidiendo durante unos breves segundos con tres bandidos a los que todo el bareto parecía temer y que, lejos de buscar bronca, dejaran que todo derivase en algo trivial, casi inofensivo.

Antes de marcharse, el camarero le ofreció un zumo de naranja por haberle alegrado un poco el día; no siempre se encontraba con alguien extrovertido, afable o con un nivel de maldad tan bajo, y eso se agradecía. Shirel lo rechazó. No tenía ni un duro y los regalos siempre le habían generado cierta incomodidad; aun así, agradeció el gesto con humildad.

Ya en la calle, con ese viento concreto que tanto detestaba, echó a andar en dirección al puerto; no al principal, sino a una zona algo más apartada, medio al margen de la legalidad, donde permanecía amarrado un pequeño bote de remos con una cuerda descuidada y donde, en su interior, se encontraban una manzana dentro de una bolsa y un gorro de lana rojo. La caminata fue lenta; manos en los bolsillos, barbilla recogida contra sí mismo, usando el cuello de la chaqueta como una defensa improvisada frente a aquel aire fresco que le resultaba insoportable. Siempre le había parecido irónico: había sido criado en un monte donde el frío apenas existía, con temperaturas constantes y templadas, razonables. En el tramo cuesta abajo, por un camino amplio que se abría hacia la izquierda, se cruzó con todo tipo de rostros y estados. Antes de llegar al puerto, ya cerca del extremo, se topó con un dúo dinámico de abuelas que empezaron a cuchichear en cuanto alguien pasó a su lado; él, que tampoco carecía de inclinación al cotilleo, se detuvo unos segundos, lo justo para ganarse dos nuevas conocidas antes de centrarse en lo que había venido a hacer.

Espalda ligeramente encorvada, manos aún hundidas en los bolsillos, nariz y mejillas rosadas por el frío y un carácter difícil de pasar por alto; eso fue lo primero que vieron las ancianas. Que fuera guapo ayudaba, desde luego: convertía la intromisión en algo más fácil de tolerar. Las observó sin prisa, primero a la derecha, luego a la izquierda, y cuando terminó aquella evaluación tan suya, sonrió; una sonrisa que explicaba por qué solía atraer miradas, reforzada por unos ojos rojos imposibles y una dentadura que, para cualquiera que reparase en sus incisivos y muelas, recordaba a la de un tiburón. Antes de hablar, tomó aire y lo soltó, dejando escapar una pequeña nube de vaho.

⸻Pero qué hay, chatis. He visto que estáis cuchicheando; a ver, ¿qué se cuece?

Las ancianas se miraron entre ellas, casi con complicidad, mientras una comenzaba ya a rebuscar en su bolsillo una imagen. Él no lo vio venir; aun así, no le disgustó. Sentirse contemplado como posible pretendiente tenía su punto y, en el fondo, no lo encontraba injusto. Siempre había sido bastante legal en cuestiones sociales.

⸻¡Ay, mijo, si tú supieras!⸻dijo la más mayor, la que no sostenía la foto⸻Cada vez hay personas que no pertenecen a este lugar y, para colmo, no saludan, no ayudan a las señoras y no se casan con una de mis treinta y cinco nietas. ¿Será posible? ¡Qué hemos hecho, eh, Bélica! Si somos muy majas⸻se llevó la mano al pecho y negó con la cabeza, defraudada según su propia lógica⸻Y además, últimamente hay mucho hortera y, para colmo, infiel. Eso sí que no. Eso sí que no es tolerable, hombre.

La otra mujer, con un leve temblor en las manos, sacó la foto de su nieta más joven de una pequeña libreta y se la mostró con una sonrisa desdentada.
⸻Esta es mi nieta, Lerok; es muy guapa, ¿a que sí?

Shirel necesitó un segundo para captar la indirecta. Observó la foto: una mujer de su edad, más o menos, rubia, de ojos marrones. Normativa. No era el momento, pensó; aquellas cuestiones no le concernían ahora mismo. Estaba más ocupado en encontrar una forma válida de expresar desinterés, no por falta de gusto, sino porque su atención estaba puesta en algo mayor: surcar el mar y entregar su vida a un deseo tan concreto como irrenunciable, convertirse en el Rey de los Piratas. Serlo, más bien.
⸻Sí, chati, sí, está de puta madre; pero ahora mismo esas cosas ni me van ni me vienen, ¿me pillas?⸻se aseguró de que comprendieran⸻Y oye, ¿qué tal si antes me contáis un poco el tema de las infidelidades mientras yo… por así decirlo, inspecciono el bote de ahí abajo? Me molaría bastante.

Bélica permaneció pensativa durante unos segundos; lo suficiente como para deducir que la negativa se debía a que Shirel era homosexual. No iba del todo desencaminada, aunque el verdadero motivo tuviera más peso.
⸻¿Eres… te gustan los chicos?

La pregunta cayó con cierta torpeza. La otra mujer le dio un codazo inmediato y negó con la cabeza.
⸻No le hagas caso; es más cerrada de mente. Yo tengo una nieta a la que le gustan las mujeres y es muy buena niña.
Shirel levantó las manos como si lo estuvieran apuntando; después, soltó una risa.
⸻No, chatis, no. Lo que pasa es que esa movida a mí no me interesa; pero respetar hay que respetar siempre,⸻carraspeó, reconduciendo la conversación⸻ahora bien… contadme lo de la infidelidad, que se me está despertando la curiosidad.

Mientras Bélica guardaba la foto, Marite, hasta entonces sin presentarse, recordó lo que Shirel había dicho sobre el bote, junto con la cara poco amistosa de su dueño.
⸻Espera, corazón… ¿cómo que inspeccionar? ¿Quieres coger ese bote? ¿No sabes de quién es?
Shirel miró por encima del hombro; estaban a un par de metros, lo suficiente para distinguir mejor algunos detalles.
⸻Pues la verdá’ es que no, chati. ¿Qué pasa, es de algún locardo o qué lo qué?

Marite bajó la mirada, tirando de memoria, mientras Bélica le cedía sin problema el protagonismo. Shirel, mientras tanto, tenía una expresión de empanado considerable; lo cierto era que, en aquel lugar, lo más peligroso parecía el gato que se acicalaba en el tejado, lamiéndose los huevecillos mientras las mujeres seguían sentadas en sus banquetas.
⸻Ese barco es de un hombre que apenas tiene nada; de hecho, es casi lo único que le queda. Lo perdió todo hace tiempo. Su familia fue devorada por las llamas… ay, señor mío, pobre de sus hijos. Todo porque no pagó una deuda que tenía con uno de esos pirómanos, un loco, como se decía antes. El barco lo construyó su hijo mayor y se lo regaló. Era muy bueno con la carpintería, ¡hubiera sido tan buen hombre para una de mis nietas!⸻Marite se implicó tanto que empezó a sorber el moquito que asomaba por sus fosas nasales.

⸻No me jodas⸻murmuró Shirel, replanteándose ligeramente su plan. No era mala persona, pero necesitaba un bote; aunque fuera pequeño, aunque el riesgo no estuviera del todo calculado. Bélica, que había escuchado la historia completa, añadió de golpe algo decisivo y sin miramientos por el estado anímico de su amiga.
⸻Sí, pero ese señor es un guarro y un viejo verde y por mucho que tenga ese barco, hasta yo se lo prendería fuego. Perdió a su familia por sus propias malas decisiones; no cuidó de nadie y ahora se pasea lamentándose, diciendo que quiere redención⸻chasqueó la lengua, ofendida⸻y que Dios me juzgue, pero ni el barco merece. Una persona estancada en su propio pasado y que no hace más que dar pena no merece nada. Nada de nada. Y tú, chico, ¿cómo te llamas?

Shirel se quedó boquiabierto. El panorama cambiaba.
⸻¿Yo? Shirel L. Cariban, encantado⸻hizo una breve reverencia⸻y vaya, chatis, acabamos de pasar de tragedia a… otra cosa distinta. Ya no es lo mismo.

Bélica soltó una carcajada y Marite la siguió.
⸻Qué forma más rara de hablar tienes; serías perfecto para cómico.
⸻¡Gracias!⸻respondió por inercia. No había nada que disfrutara más que quitar lágrimas y arrancar sonrisas.
⸻A lo que voy, Shirel: ese hombre no es un buen hombre y, entre nosotras, si tú se lo confiscaras, podríamos hacer la vista gorda, ¿verdad, Marite?

Marite terminó asintiendo. La empatía parecía dirigirse más a la tragedia ajena que al propietario del bote.
⸻Pues muchas gracias, chatis; me había rallado con lo de la familia y tal. No soy mala persona. Ese bote me lo quedo yo y le voy a dar un uso de puta madre hasta llegar a algún sitio… y empezar a ser quien quiero ser.
⸻¿Y qué quieres ser, chico?⸻preguntó Marite. Curiosa por el gran valor que cargaban dichas palabras.
⸻El Rey de los Piratas, chati.

Se miraron al unísono; guardaron silencio y acabaron riendo. Shirel lo entendía: no tenía el aspecto de nadie temible, apenas destacaba un poco por encima de la media.
⸻¡Eh! Que es un sueño válido… ya lo veréis. Os temblarán las patas cuando veáis mi primera recompensa.

Se despidió con una risa, un par de cabeceos y un gesto de paz.

El ambiente cambió a medida que se acercaba al bote; los únicos testigos fueron las dos ancianas, que fingieron no ver nada y retomaron su cuchicheo. El bote estaba sujeto con una cuerda floja; en su interior se encontraban el gorro, la manzana y algunos arreglos improvisados que delataban cierta experiencia en chapuzas. Al aproximarse, Shirel escuchó a un hombre dar tumbos, borracho hasta las trancas y con una hostilidad poco prometedora para cualquier intento de negociación. Por eso decidió esconderse dentro del bote; ya había tocado el nudo y, fiel a su ingenio discutible, pensó que ponerse bocabajo y esperar era la mejor opción.

No lo fue.

El hombre empezó a desatar la cuerda; Shirel lo notó y alzó la mirada lo justo para ver a un tipo de sesenta y tantos, rojo como la nariz de un reno.
⸻Joder, joder, macho…⸻hipó⸻Puto nudo, putos todos; me voy de este lugar, son una panda de mequetrefes.

Se sentó en el centro y empezó a remar, sin darse cuenta de que estaba pisando literalmente la espalda de Shirel. Este se quedó completamente quieto; llevaba su arma encima y sabía que quejarse sería un error. El hombre avanzaba en perpendicular a la costa; cuando hubo suficiente distancia, Shirel empujó hacia arriba. El borracho abrió los ojos como si hubiera visto un fantasma.

⸻¿¡Qué cojones!? ¿¡De dónde has salido tú!?

Intentó agarrarlo, pero era lento; tan lento que Shirel se sentó frente a él y tomó los remos.

⸻¡Has sido interceptado por la banda pirata aún no formada de Shirel L. Cariban! ¡Ríndase o sufrirá toda mi ira, chati!

El hombre bufó.
⸻Sí, anda, te voy a dar mi bote por tus narices… te lo daría por una mamadaringa, ¿pero robarme a mí? ¡Já!
⸻Eres un poco asqueroso, chati. Ya me estás cayendo mal.
Ambos dejaron de remar; el mar los rodeaba.
⸻Digo las cosas como son, cara bonita…
Shirel le saca la lengua mientras su plan empieza a tomar forma; la situación no daba para muchas vueltas y necesitaba salir de allí cuanto antes. La solución era sencilla: tirarlo por la borda. Para hacerlo, eso sí, necesitaba distraerlo y ganar espacio.

⸻Te lo hago si me das setenta monedicas.

El viejo rebusca en los bolsillos y saca cuarenta. No era lo acordado, pero a Shirel le sirve.

⸻Vale, está bien, chati. Ahora ponte como en el borde, ¿sabes? Para darme espacio. No vaya a ser que me quede justo.
⸻¡Hostias…! Hic, hic… vale.
Le hace caso y se coloca en el borde opuesto a la costa. Shirel parece dispuesto a cumplir su parte, pero se toma un segundo. Uno. Dos. Tres.
⸻¡Joder, mira atrás! ¡Chati! ¡Mira atrás, que hay algo guapísimo!
El borracho gira la cabeza, distraído, buscando aquello a lo que se refiere el del pelo grisáceo. En ese instante, Shirel aprovecha y lo empuja con fuerza, haciéndole caer al agua.
⸻Venga, chati, ¡que te den! ¡Me lo llevo todo!
Coge los remos y, como el hombre está demasiado borracho como para sostenerse bien, no consigue subir al bote. Perfecto. Misión cumplida. Shirel tiene un bote de remos, la aprobación tácita de dos abuelas muy majas y, si es sincero, en cuanto a si el borracho se ahoga o no, le importa más bien poco.


RESUMEN.
#2
✓
Aventura Autonarrada: Completada
RECOMPENSAS:

— Puntos Mugiwara: 5

— Reputación: 15

— Berries: 10.000

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