Eros Focalor
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25-11-2025, 09:26 PM
(Última modificación: 09-12-2025, 04:09 AM por Eros Focalor.
Razón: Actualizar el titulo
)
La noche del 27 de Otoño caía serena y sosegada sobre el reino de Samba, no había una sola nube en el cielo y el aroma de la sal marina lo había traído a través de las calles desde que se bajó del Crimson Stage terminando de hacer el mantenimiento antes de su partida hacia los Cabos Gemelos. Las calles de aquella ciudad estaban repletas de energía, iluminadas por decenas de faroles de distintos colores que dotaban ese lugar con un ambiente festivo aun cuando no había nada particular que festejar. El viaje hasta Samba no había sido fácil para él pues aun se estaba adecuando a vivir en grupo, y el propósito tampoco era nada turístico más que una parada técnica antes de su verdadero objetivo: Partir hacia la Grand Line más pronto que tarde.
El sepulturero, por su parte, se había puesto como objetivo el conocer algo del reino antes de seguir su camino. Despues de todo, era la primera ciudad grande que pisaba desde que había partido de su hogar en Baterilla, y aunque aun lo conflictuaba internamente, pese a su objetivo y el deber que éste acarreaba gran parte de él estaba emocionado simplemente por conocer nuevas islas, historias y realidades. Anduvo como alma en pena sin un rumbo determinado por las calles, con ambas manos en los bolsillos y la mirada relativamente gacha, maravillándose la vida nocturna de éste lugar que no recordaba nada a la sistemática rutina mortuoria que el llevaba a cabo desde joven.
Terminó ingresando finalmente en lo que él, incrédulo, pensó se trataría de un bar donde tomar un trago. Cuando la puerta se abría y los clientes parecían salir casi a rastras; olores fuertes y dulzones provenían desde el interior. Olores que él nunca había sentido antes.
“Debe haber tragos que nunca he probado”
Pensó el novato bebedor, incrédulo. No obstante no tardaría en darse cuenta que estaba completamente equivocado pues, al cruzar las puertas de madera... Nadie bebía.
El lugar estaba casi en penumbras solamente iluminado por farolas de colores carmines con luces que parpadeaban, posiblemente velas detrás de las pantallas o lámparas de aceite pintadas para lograr tal efecto.
La mayoría de las mesas estaban abarrotadas de gente, pues eran mesas colectivas. Los había piratas, ciudadanos, trabajadores nocturnos, todos ellos con una cosa en común: Portaban largas pipas de cristal entre los dedos. El humo se elevaba en espirales y dibujaban formas en el aire, ese humo no era negro como el de la pira fúnebre, con un brillo característico. Algunos reían sin razón de la nada, otros decían cosas para si mismos que solo ellos podían entender mientras que la mayoría miraba un punto fijo como si estuviesen viendo aquello que nadie más podía. El ambiente era pesado, opresivo, pero no le molestaba en lo absoluto.
El muchacho se quedó quieto unos segundos parado a unos metros de la puerta, analizando la situación que se abría ante él.
— Creo que esto no es alcohol —Dijo posando la diestra en su mentón el genio de la deducción.
No tuvo que hacer mucho para juntar las piezas del rompecabezas que le faltaban, estas personas claramente estaban bajo los efectos de alguna planta alucinógena. Pupilas dilatadas, gente transpirando, euforia.
Pensó en darse media vuelta e irse, nervioso. Más notó un par de miradas paranoicas sobre él, inspiró con profundidad y se adentró diciéndose a si mismo que para algo era un pirata.
Se sentó en la única mesa vacía que encontró, posando ambas manos sobre sus rodillas a medida que observaba la pipa vacía frente a sí. Una persona trabajando en el lugar le habló, hubo intercambio de berries y finalmente la pipa estaba llena. Podía encenderla y sumarse a la movida colectiva del lugar.
Eros, nervioso, suspiró rascando su nuca antes de desviar su mirada hacia una mesa contigua. Y lo notó. Cinco anillos, todos distintos en una misma mano. Conocía esos anillos.
Los había visto en otro lugar, en otro tiempo. En su hogar, en sus criptas. Pertenecía a uno de los panteones exhumados. Quien los portaba parecía ser otro pirata, drogado. Eros sintió un calor recorriendo su cuerpo, estaba al alcance de su mano, su venganza, la violencia.
Debía esperar, ser precavido.
Casi sin quererlo, le dio una calada a la pipa frente a si para no llamar la atención mientras esperaba. Inhalo el humo, y exhaló. Entonces sintió como la realidad dejaba de ser tan palpable, tan perceptible. Poco a poco, iba entregándose a la dinámica del asado y la droga.
La puerta se abrió, una silueta ¿Mas gente llegando? Las mesas parecían llenas, definitivamente este lugar era interesante.
Maki D. Zen'in
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La daga había entrado profundo en el cuerpo del hombre… la mujer apretaba fuerte mientras el cuchillo entraba un par de veces más en sus entrañas… y le torcía con todas sus fuerzas el rostro a un lado mientras el desgraciado luchaba por quitarse a la otra de encima… pero ella era fuerte… tremendamente fuerte… el rostro lleno de ira intentaba salir vivo, pero no. ella no lo permitiría… su pierna apretaba el abdomen del muchacho contra la muralla en el callejón y su rostro entre ira, sadismo y lujuria era aterrador, sus ojos inyectados en sangre y su risa baja y sin sentido… un espectáculo aterrador. Cuando saco la daga del abdomen del hombre, este se deslizo por la pared, aguantando la sangre, el dolor y cayo sentado en el suelo con la vida escapándosele… Maki se agacho sobre el cuerpo muriendo y le susurro en el oído… —Me llevare tu arma… muchas gracias imbécil…— Se levanto y miro lo que le había robado. Una punta de lanza quebrada, reluciente y plateada, brillante, hermosa… la guardo entre sus prendas y pateo dos veces más al bulto. Una en el abdomen y una ultima patada en la cara para finalmente pisarle a la altura de la mandíbula… escupió sobre el y Maki se arrebujo en su chaqueta larga que usaba a modo de capa.
Uno de las doce armas había caído. Lo había buscado por varios días y justo antes de partir a los cabos gemelos. Si que era una suerte. Solo le faltaban 10 reliquias para coleccionar de los asesinos de mierda de su hermana. Era tarde… se detuvo, no le dedico ni una sola ultima vista piadosa al cadáver, era tarde, no lo encontrarían hasta mañana y eso con suerte. Una chispa, dos veces… tres… —MALDICION!— Dijo para si misma agitando su mano con el encendedor medio agotado. Miro a todos lados… tenía el cigarrillo en la boca y miraba a todos lados… dios, necesitaba una calada de esta mierda. Necesitaba drogarse un poco.
Caminó con el en la boca mientras murmuraba un par de maldiciones y se limpiaba algo de sangre de las manos con un pañuelo. Se encamino al primer maldito lugar, el con más olor a orines, donde seguro ignorarían su aroma intenso a sangre y almendras. Con su mano abrió con fuerza la puerta y esta se golpeó contra el dintel… Su vista se posó en cada uno de los desgraciados… su mirada penetrante, acusadora buscaba donde beber algo sin ser molestada. Se calzo la capucha dejándole en penumbras el semblante. Sus quemaduras le hacían lucir horriblemente violenta y realmente lo era.
Era un lugar peculiar, estos los había visto solo en películas de vikingos, se quitó el cigarrillo, se lamio los labios. Tenia una sed tremenda, se apresuro a llegar a una de esas sillas del mismo largo… como se llaman… bancas?... sí, bancas. Se sentó en la mas próxima, e hizo una seña a la camarera. Esta llego pronto y rápidamente la despacho pidiéndole cerveza. Un tarro grande, el más grande que tuviera y… fuego. Necesitaba calmarse un poco después de matar a uno de esos bastardos. La muchacha le negó con la cabeza y le hizo saber que era… una especie de Mansión de crack.
A su lado había un tipo. Era algo raro, sus acciones parecía que escondía algo o por lo menos le sobaba sospechoso a Maki, quizás era un marine o un cazador. Tenía toda la pinta de ser de este último, parecía que estaba solo, bueno da lo mismo, la muchacha le explico rápidamente que era un bar?... no era una casa de opio, excelente… si primera bocanada le hizo surcar el cielo, el gusto amrgo del humo penetrando su garganta la dotaba de un desahogo que ciertamente necesitaba algo como este.
Una bocanada de humo escapo de su boca… como un besoi lanzado al aire, libre rápido, veloz y nmortal… las figuras, el humo, el incesante murmullo de los comensales o fumensales?, le provocaba algo de nerviosismo en que olieran la sangre y el sudor que provocaba… la … muerte… bah… no importaba, el éxtasis, la diversión y el flotar sobre toda la mierda de responsabilidad comenzaba poco a poco a desaparecer a perderse en la inmensa nada, era una cosa que le encantaba solo… faltaba alguien con quien compartir esa locura.
Eros Focalor
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29-11-2025, 03:20 AM
(Última modificación: 29-11-2025, 03:22 AM por Eros Focalor.)
Eros sintió la segunda calada del estupefaciente como si una fuerte ola rompiendo contra el Crimson Stage y así como las olas estaba siendo arrastrado hasta los confines del fondo del mar. Sintió un escalofríos recorrer su espalda de cabo a rabo, y tuvo que parpadear varias veces para poder divisar si efectivamente las luces estaban parpadeándole un código que solamente él podía entender. O quizás no, solo estaba drogado. El mundo se movía como si estuviese en altamar, y Eros sonreía a todo esto babeando un poco.
Llevó una mano a su sien tratando de masajear a la vez que acompasaba la contracción de su diafragma respirando hondo, tratando de sujetarse a la realidad.
Pero entonces la puerta volvió a abrirse así como lo hizo cuando él entró.
Y todo en su cabeza se estiró de golpe en un efecto que él no entendía, pero desfasaba el espacio y el tiempo desde su perspectiva ¿Su cuerpo? Solamente se reclinaba un poco contra el respaldo del sofá por el vértigo de la vorágine que sentía.
Una silueta femenina entró y de golpe el tiempo se volvió más denso, lento, pesado El foco del mundo se había situado sobre ella, y podría jurar que había reflectores carmesíes sobre ella. Vio siluetas de humo danzando por el bar, y un hedor metálico que le gustaba en el ambiente ¿O quizás era su propio aroma y él lo estaba sintiendo consciente?. El sepulturero entrecerró sus ojos ambarinos intentando enfocar la mirada. La capucha le recordaba a la muerte, o a las imágenes que se relataban de ella. Caminaba con libertad, fiereza e ímpetu.
Sintió entonces algo más frío contra su nuca en contraste al calor que su cuerpo experimentaba hacia varios minutos. Alguien lo observaba.
Giró apenas la cabeza, tan sutilmente como alguien drogado podría.
El tipo de los anillos. Sus pupilas estaban dilatadas tanto como las de Eros en efecto, pero su mirada estaba fija sobre el sepulturero. Necesitaba mantener un perfil bajo, agachó un poco la cabeza, desvió la mirada. No podía destruir su coartada ¿Quizás lo había reconocido? No podía ser, si era un don nadie.
En el pecho, su corazón pegó un brinco.
Con nerviosismo tragó saliva. Intentó mirar hacia otro lado, actuando con naturalidad; pero esa naturalidad nunca fue moneda corriente para el torpe Eros. Barajó su flequillo con la diestra, pensó en levantarse pero las piernas no le respondieron, viró la cabeza hacia un lado y notó la silueta conocida de la mujer que acababa de entrar.
De perdidos al río...
Se inclinó hacia ella despacio, lo más lento, porque el mundo ladeaba con su movimiento.
— Disculpe, no la quiero molestar ni mucho menos pero... —susurró con su voz temblorosa y visiblemente nervioso, — ¿Podría fingir que me conoce por un rato? Mi nombre es Eros, Eros Focalor y le puedo dar... 1000 berrrrries si me ayuda
No entendía si pudo decir las palabras correctamente, si arrastró las R o si balbuceó pero sus ojos descolocados miraban suplicante a la dama a su lado.
Maki D. Zen'in
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Había probado infinidad de drogas, todas ellas fuertes como para hacer pedazos a quien sea que se ponga al frente, otras suaves que le brindaban sueños dulces y de algodón, otras pura psicodelia, agujas y cortes de cuchillos le atacaban el cerebro, esas eran las mejores para pelear contra quien sea. O quizás para ir a reclamar algún saldo cobrado indebidamente en su tarjeta de crédito oculto como cargo fijo. Esta, la que le toco, era levemente picante y se sorprendió pues era algo que… le lleno el estómago, como si disfrutase un gran festín, sintió el sabor de la carne después de muchos años sin probarla, entonces comprendió por que un bar en su interior tenía solo pipas. Miraba alrededor y entonces lo sintió, su cuerpo como abandonaba su carne física y podía verse detrás de si misma como flotando, similar a un espectro en pena buscando venganza, pero esta solo buscaba aferrarse a la realidad… mierda Maki tenía experiencia en este ámbito, pero… esto era diferente, era delicioso. Se relamió los labios.
Una vorágine de sentimientos entonces le hundió en sensaciones… extra sensoriales, atacada por todos lados, la alegría le removió recuerdos de su niñez, corría con su hermana de la mano y de pronto… no… ella con furia se removió ese recuerdo, no lo quería, lo odiaba con furia, por su culpa había muerto, por su culpa… se levantó enajenada… furiosa, con el pecho rebosante de un dolor que sabía no podía soportar.
Parece que se había sentado hace un segundo, que había dado una sola calada, pero no, había pasado mucho tiempo… ahí de pie, temblando de ira escucho al vecino drogadicto… Eros?... que? Que pasaba quien era Eros… Entrecerró los ojos, que? Se presentaba o ella era Eros?... no ella era Maki Zen´in una D una que ocultaba de su apellido, una que era nombrada entre la enemiga de los dioses. Una letra que su padre le rogo escondiera para siempre si quería ser feliz, pero no, no podía ocultar su gran voluntad. —Zen´in… Maki D Zen´in— Dijo simplemente, pero en su mente le hablo de doce formas de pronunciar su propio nombre y le explico con lujo de detalles que ella no era Eros sino el. Estaba drogada como la mierda. Maldición. Lo que faltaba. Un mal viaje.
—Que pretendes…— Le miro de pies a cabeza para intentar dilucidar a que raza pertenecía pues últimamente no dejaba de toparse con pajarracos alados, seres de arcilla y tontos pelirrojos. Solo quería drogarse como la gente hermano —… es una táctica que usas comúnmente para intentar ligar con chicas drogadas?. Tengo dos preguntas… la primera. ¿Funciona? ¿La segunda quien putas eres? Me refiero a en verdad. Por qué fingiría conocerte… Te juro que he partido a la mitad a tipos más grandes que… … … wow… mira mis manos hermano, son enormes… espera no me distraigas… a si… soy Maki… finge que me conoces por favor… no espera eso pediste tu… mierda… solo me sentare aquí un segundo.— Maki en medio de la conversación le había pegado durísimo, en parte por levantarse de pronto y el tratar de que su voluntad doblegase al fármaco que estaba fumando, muy en su interior atrapada mirando como se hacia pedazos el sistema nervioso, estaba alerta, intentando comprender en que mierda se había metido en verdad.
—Espera comencemos otra vez… — cerro los ojos, se echo la capucha hacia atrás y hablo de pronto… —Me llamo Opio y este estoy fumando Eros, quieres ser mi Maki… espera no… demonios… me rindo— Se ofusco un poco, pero aun así movida por la idea que le había susurrado el hombre se sentó un poco más cerca de él y paso un brazo por sobre el hombro, como si fueran ya amantes que se reencontraban después de un largo día y no se habían reconocido por… todo el jodido humo toxico alrededor.
No se había dado cuenta de esa ultima acción. Era una especie de memoria muscular en acción. Una que no podía controlar. Pero para nada era maliciosa. Quizás en un par de minutos se daría cuenta de lo que hacía y se sonrojaría como un tomate. Pues era buena para reclamar agravios pero como toda chica cuando la descubrían haciendo estupideces o sobrepasándose con algún insulto, se rompía en mil pedazos y se “Amurraba”.
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El humo volvió a escaparse de los labios del sepulturero; era tibio y mucho más denso que el del tabaco que alguna que otra vez había probado con su padre, y esta vez Eros podría jurar quizás por su estado de inconsciencia que lo vio cobrar formas inesperadas. Lentamente, así como un caleidoscopio que giraba poco a poco el humo parecía estar sufriendo una metamorfosis inesperada ante sus ojos ambarinos llenos de sorpresa. Era una pequeña oruga nacida desde su propia boca mientras flotaba por el ambiente reptando por el aire. Eros refregó sus ojos con fiereza para ver si era real o un producto de su imaginación pero al abrirlos seguía ahí, la maldita oruga flotó hasta posicionarse sobre la mesa frente a ellos, lo ignoró cuando paso frente a él cruzó frente a él, y sin pedir permiso escaló a la muchacha para posarse en su cabeza.
— ¿Lo... estas viendo, Mazi K. Denin? —Señaló a la muchacha antes de dejar escapar una carcajada que no podría callar de ninguna manera, no en ese momento.
Como un infante dejó escapar una risa de todo corazón, una risa torpe que nunca mostraba en circunstancias comunes. Se cubrió la boca con ambas manos mientras asentía tratando con todo fervor de prestar atención a la muchacha, pero no entendía porque el tono de voz de la chica subía y bajaba, se volvía grave y agudo. Finalmente la oruga se levantó, y desde su perspectiva pareció estallar en decenas de fragmentos de humo.
Extendió sus manos para atrapar alguno de ellos pero... Nunca hubo oruga, era un drogón tratando de agarrar humo.
Entonces se inclinó hacia Maki unos centímetros, lo suficiente para que, desde su perspectiva, solo ellos pudiesen oír lo que estaban hablando. Levantó su índice cubriendo sus labios mientras pedía silencio, un silencio cómplice.
— Shhh... es un super secreto...—Quizás tanto que se le había olvidado, arqueó su ceja pensativo ¿Por que le estaba pidiendo esto en un primer lugar? — ¿Ligar? Mmm no, creo que estoy casado —O algo así, ¿comprometido con una causa? No se acordaba. Pero de algo tenía que acordarse, algo importante, serio. Rascó su nuca nervioso intentando recordarlo. ¡Ah, si! Se sobresaltó. — Ah, coño, me acordé estoy tratando de pasar desapercibido para robarle a un cara de nalga que está en la mesa de al lado —Por un momento no supo ¿Lo dijo, o lo pensó? Giró su cabeza para ver si el hombre le estaba prestando atención, y por fortuna, todos estaban igual de drogados en ese momento.
— En realidad no quiero robarle, quiero recuperar algo que me robaron —Explicó en un atisbo de lucidez, antes de sobresaltarse y tirarse hacia atrás. — Perdón pense que vi un fantasma... Esto pega rico... —Lo supuso, era la primera vez que consumía una sustancia así y, para ser honestos, parecía funcionar en desinhibirlo lo suficiente para hablar con una perfecta desconocida sin ningún tipo de tapujo que normalmente estaría presente.
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Era un denso humo, como si el chocolate se hubiera vuelto liquido y después aceite, lo suficientemente liviano como para flotar, un humo que mantenía ese sabor a hojas dulces, a opio, a madera, era una especie de mezcla propia, una que jamás había probado, deliciosa, reconfortante, pero sobre todo de esas liberadoras de mente. Que te vaciaban la mente y no te dejaban absolutamente nada para pensar. Era sin duda de la mejor calidad. Solo esperaba que no costase lo mismo, aunque mirando alrededor solo había tontos vagos y pordioseros. Solo debía esperar a que algún otro se levantase para pagar o mejor aún, le dieran espacio para escapar por la ventana del baño. Como era su costumbre cuando acudía a lugares caros.
La persona que estaba a su lado parecía que tendría un mal viaje… lo notaba por su rostro. Pero ella no, era profesional, quizás porque él no tenía orejas y tenía ojos de botones… bah… principiantes, Maki siempre llevaba sus ojos a drogarse. Era de novatos dejarlos en casa. Él la apunto… con su dedo de salchicha?... cuanta hambre… seria descortés morderlo?... no… no… era salchicha… era… dios era helado… hablo de una tal Zaki M. Med´in pero estaba segura que ella era Astolfa Liguria, la mejor ventrílocua de Tarapacá, la mejor zona vinera de todo el mundo.
Que? Que tenia, parecía que le estaba mirando de pronto… —NO… NO ME DIGAS… SE ME DERRITE LA CARA… MALDICION AGUA!!! AGUA!!!— Maki entonces salió disparada a dos pasos más desde donde estaba y agarro un florero para echárselo en la cara… pero recordó que no se le podía derretir la cara porque era de acero… jajajaj que imbécil.
Cuando volvió a sentarse. Vio al tipo hablando con… ella? que mierda… no se había levantado, solo ocurrió en su mente… woa… que fuerte este opio y como succionada por un agujero negro producido por su propio cuerpo ahí sentado se devolvió a el… para volver a la típica POV. Que aburrido. Le molaría mirarse en tercera persona. Le shisheo y ella sonrió divertida muy muy cerca de el, olía a cielo, a jabón y a tierra excavada a unos quince metros de profundidad?, un aroma rico... por qué lo sabía? Pues en su vida como bióloga marina podía detectar los microbios y sus aromas a esa profundidad. Menciono que estaba cazado? Como putas se cazaría con un ciervo?... le habrá disparado?... claro seguro era una historia de venganza, quizás era el padre de bambi que le perseguía… ya comprendía mejor la situación.
Entonces llego al meollo del asunto… tenia que recuperar algo de un amigo de al lado. O enemigo, o ex novia… no sabia ya… lo habia olvidado… —Ouu… vale vale… ya entendí… pero sshhhhhh no lo digas tan alto TAN ALTO QUE NOS ESCUCHARA,… MIRA TE AYUDARE… pero solo no digas nada… yo soluciono todo, soy la tremenda Oligaria Pius la defensora del emperador…… espera— Dijo acercándose finalmente a su oído… un oído de un apestoso elefante… que… por que le mostraba el oído… le tomo la barbilla… —Oye mírame a la cara…. Cuando te habl…— le tomo la barbilla y la giro violentamente… pero el calculo no fue el óptimo… sus labios se unieron en el movimiento... Maki no sabía que putas pasaba, pero su memoria muscular… se adelantó… le rodeo el cuello con ambas manos y se lanzo sobre el entre risas.
Su lengua se coló entre sus defensas, obligándolo a besarla, cerro los ojos… le removio el cabello, el aroma de su aliento era delicioso, fresco y sin duda conocía las bondades de cepillarse los dientes con menta, se movieron sus dedos sobre su rostro acariciándole mientras cerraba sus ojos lentamente, disfrutando su masculino aroma… le recordaba a nada que recordara… aunque su memoria era pésima, quiso volver a probar sus labios, entrar en el pero recordó… mierda el problema del muchacho de al lado… se levantó, dejo que el otro se incorporase.. —Descuida… yo sé cómo resolver esto… después nos iremos a comer algo y a beber otro poco… la noche es joven… — Se giro, tomo una silla y le reventó la silla en la cabeza al tipo de al lado… pero no… la distancia y la profundidad era la incorrecta y en lugar de pegarle al tipo de junto, le partió la silla en la cabeza precisamente a su amigo… aquel que había besado y le pidió guardar silencio. —Tarado para que cubres al ladrón… no ves que quería ayudarte!!— Dijo la estúpida pensando que el se había movido para recibir el sillazo, pero solo estaba sentado ahí donde ella lo había dejado después de asaltarlo para robarle un beso.
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Los ojos ambarinos de Eros contemplaron como al levantarse Maki su figura se refractó en hermosos cristales que mostraban dos, tres, cinco, diez imágenes de ella desfasadas en el momento a medida que sus pasos se movían en el bar. Contemplo el florero, viendo como del mismo brotaban serpientes. Siete serpientes una con cada color del arco iris, que finalmente se entrelazaban explotando en fuegos artificiales a la altura del techo. A medida que Maki respiraba, las luces caían a su alrededor y Eros reía pues solo él podía atestiguar ese momento donde las ondas lumínicas le entregaban arte en un estado puro, diversión y fanfarria. Su risa era la de un niño, la que en realidad nunca tuvo ni mostró. Suspenso, a medida finalmente las luces se disiparon su mirada nuevamente volvió hacia la otra pirata ¿De donde tenía su cara? Le sonaban las quemaduras como las manchas de un tigre, ¿Era quizás una cazadora? Se limpió la baba que le caía por una de las comisuras de los labios contemplando el regreso de la mujer poco a poco pasando por un lado de cada una de las Maki espectrales.
Cuando ella volvió a su lado, la sombra de la muchacha tardó un poco más en llegar a ella. Sus ojos volvieron a Maki tratando de entender las palabras que le estaba regalando poco a poco, pero le costaba mantenerse centrado; estaba completamente absorbido por algo mucho más apremiante en ese momento, el flequillo de la mujer. Con el ojo afilado que tenía el carpintero capaz de entender medidas y ángulos con facilidad, ladeó su cabeza hasta un lado como un cachorro confundido. Uno, dos, tres... Cinto cincuenta mil. Identificó los cabellos tan bien como pudo, uno por uno y de a poco pero entonces su concentración absoluta fue interrumpida antes de que pudiese alcanzar la iluminación tras entender el secreto de la esmeralda que tenía frente a sí. Quizás habría alcanzado la paz absoluta si terminaba de contar, quizás esa era su misión en la vida o quizás solamente estaba drogado: Nunca lo sabría.
El momento en que su mentón fue sostenido por el agarre de la pirata, su atención fue traída nuevamente a lo terrenal cayendo su consciencia desde el techo para volver su cuerpo. El contacto de fue un ancla que erizó su nuca repentinamente, un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Entonces vino el beso, como una corriente eléctrica que atravesó su alma con violencia... Pero no fue violento, tanto así como repentino. Una sensación extraña, cálida. Era suave, pero no solamente suave. Profundizó en aquello que estaba sintiendo, inquisitiva y cálida pero no a partes iguales. Tampoco parecía mantenerse estable ¿Invadía o acompañaba? Estaban bailando. Exploró con suma curiosidad la sensación de aquel calor danzante. Los dedos reptando por su cabello poco a poco parecían criaturas agazapadas en la maleza ¿Cazadores, o presas? No solo estaban agazapados para cazar, ya lo estaban intentando aferrados a la naturaleza cruda, y viva.
Cuando los muñecos de trapo que sus cuerpos entrelazados finalmente rompieron el amparo de su cercanía todavía podía sentir la evidencia de lo ocurrido en su tacto. Todos sus sentidos fueron inundados por el momento, pero entonces reparó en las palabras que ella había vociferado previamente asintiendo. — No entiendo tus tácticas Oligaria pero siempre he confiado en ti, desde que eramos niños —Aclaró con tanta honestidad que por un momento no hubo verdad más absoluta en el mundo. En un instante vio escenas que nunca sucedieron, cómo crecieron juntos en Baterilla, como se adentraron en la mar. Había una camaradería inquebrantable, y todo gracias a un par de pipazos. La contempló levantándose, y entonces sintió un sillazo impactando contra su frente.
Fue un golpe seco, la madera estalló como una flor brotando en formas irregulares que volaron con cada astilla. Eros no se movió, estoico e impávido se mantuvo sereno contemplando como los fragmentos caían lentamente, desde su perspectiva al menos, sintiendo cómo el ruido de una de las patas rotas impactaban contra el suelo. La sostuvo con la diestra, observándola por unos momentos antes de acercársela al rostro, viendo su forma y la irregularidad de sus astillas para entonces darle una buena lamida como si se tratase d un helado. Fue una sola lamida, lenta y meticulosa como aquel sommelier que cataba una barrica de vino con la concentración de un profesional. Entonces lo dejó caer, comenzando a reir con una risa serena que entonces escaló y escaló hasta que finalmente era una carcajada colmada de orgullo. Se levantó del asiento rompiendo su abrigo de un tirón de cada brazo para revelar su torso desnudo. — ¡Soy inmortal, soy indestructible! —Declaró a los cuatro vientos. Todo el opiario, en silencio. Contemplaban la escena de los dos piratas incrédulos de lo que estaban contemplando, sin dar razón a sus ojos.
Los ojos desencajados de Eros se posaron sobre su objetivo, aquel hombre que había fichado desde que entró en el bar. Sus pupilas completamente dilatadas acompañaron su sonrisa de lado a lado, maliciosa y llena de un ímpetu impropio del sepulturero. Todos los presentes, quisiesen o no, estaban contemplando el descenso a la locura de aquel pirata que tambaleante caminó hasta el centro de la habitación. Llevó su mirada hasta su camarada, señalando su pech orgulloso con su pulgar derecho. — ¡Protocolo topo de hierro! —Anunció como si invocase con sus palabras un misterio bélico, una táctica de guerra perdida en la mente de aquel joven completamente pasado de droga. Pero algo paso, efectivamente. Sus musculos se ensancharon y volvieron más gruesos, sus huesos crujieron a medida que su morfología cambió ganando largas garras en ambas manos y una trompa que crecía por encima de su sonrisa triunfal. Una bestia, efectivamente. Varias personas se levantaron de las mesas, otros parecían aterrados sin dar crédito a sus ojos por el estado de estupefacción drogadicta. Otros, simplemente, estaban muy pasados de droga para moverse o reaccionar.
El objetivo en cuestión apenas tuvo tiempo de retroceder, Eros se abalanzó extendiendo el brazo derecho para ejecutar su deber como sacro verdugo. Las garras del hombre topo pasaron por el cuello del sujeto como si fuese de papel, y la sangre de sus arterias brotó con tanta violencia que empaparon el techo en una fuente carmesí cálida que brotaba a borbotones. Cada latido del corazón que aun, mecánicamente latía, era más débil y así bajaba poco a poco hasta que el cuerpo comenzaba a caer desplomado. Con ambas manos lo sostuvo, arrancando ambos brazos de cuajo para soltar todo lo que no le servía. — ¡Lo tengo! ¡Lo tengo! ¡Nos salió bien el plan Oligaria!—Ondeaba contento el brazo derecho del sujeto cual bandera, portando los anillos que buscaba en cuestión aunque sin la motricidad fina o la atención al detalle para desprenderlos de ese brazo que llevaba cual trofeo.
La gente gritó, comenzó a huir despavorida del lugar. Y Eros simplemente contempló a Maki, sonriendo feliz. Era feliz, al fin su sentido en la vida estaba volviendo a él pues su deber estaba siendo cumplido como correspondía. Y entonces comenzó a llorar, comenzó a llorar a borbotones. Estaba tan alegre, y tanto tan triste indefenso como un niño que ahora abrazaba un brazo amputado.
Maki D. Zen'in
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17-12-2025, 02:07 PM
(Última modificación: 17-12-2025, 02:08 PM por Maki D. Zen'in.)
La droga era potente, de echo Maki podía verse saliendo del bar yendo a quien sabe dónde puta se iba. Quiso ir tras ella, para decirle que estaba ahí… pero no sabia como llamarse a si misma mientras… demonios, se fue, ahora como se iría si se había ido. Maldición que problemón, el lugar era divertido, ameno, ningún idiota te hablaba de tonterías y lo mejor es que no había roedores de ningún tipo, los odiaba a todos ellos. los que reptaban, los que volaban, los que cavaban, los que nadaban… había que nadaban?... seguro que sí.
Parecía que él la conocía, sus ojos fijos en ella, buscando alguna verdad secreta, quizás intentando descubrir el fuego que impulsaba su ser. Uno que no era bueno, sino torcido a la venganza y a la brujería, lleno de maldad y malignidad… y galletas, dios, amaba las galletas con chips de chocolate y mataría literalmente a todo el pueblo por una caja de ellas frescas y recién hechas. A y sin roedores. Ella amaba ser admirada, o lo amaba antes de ser convertida en un gigantesco pan tostado.
Aquella unión de sus labios si era algo inesperado? Para nada, era necesario y estaba cantado, sus carnosos labios danzaron en una amalgama amable piadosa y llena de amor, amor por que? Apenas le conocía, pero parecía que le llamaba algo como una atracción animal, será que secretamente seria uno de esos furros extraños? Era probable porque muy pocos en esta jodida ciudad era normal, de pronto ocurrió el incidente de la silla, una silla que se hizo pedazos lanzando a todos lados astillas, madera y tornillos, la estúpida le había pegado apuntando como el culo, la gente se conmociono, todos se alertaron y parecía una distracción profesional anqué el dolor seguro era real o un poco más. Quería disculparse, pero debía estar atenta al tonto que le había robado su cachorrito o su huemul o que era?... ha si una Tontatta de peluche que usaba para tocarse.
Un largo, larguísimo suspiro emergió desde las profundidades de su alma, con pena, arrepentimiento y desasosegó, pudo apreciar como Eros comía una gran salchicha empanizada, deliciosa, la había tomado desde el suelo? Era algo que crecía en este lugar? Pues claro, era un lugar mágico sino desde donde saldrían esas cosas que brotaban desde el suelo como muchos miles de millones de enanos, diminutos con formas de madera quebrada que comenzaron a correr y pulular por absolutamente todos lados, ella alzo un pie, después el otro y parecía que de pronto esquivaba las llamas de un incendio repentino. Entonces el se levanto como si fuera una especie de mutante invulnerable, alzo la voz como un desquiciado, declarando su indivi…bi…idnivisaisdibilida… maldita palabra complicada, que no se moría joder. Pero Maki sabía que era una joda porque lo único inmortal era el cola cao. —Protocolo topo qué?... de que cojones hablas, no me vengas con ou… no recontra jodas cabron!!— Dijo con incredulidad cuando el acompañante se convirtió en una especie de espera… ella también se podía convertir en un pejelagarto… era quizás una opción sacar su poder a la luz?... no quería hacerlo, pero si debía, lo haría, solo quería que no estuvieran cerca esos cazadores de lagartos, le habían dicho que había un chingo de esos tontos por ahí cazando y haciéndoles bailar axe...
El ataque fue repentino, brutal, asesino y sanguinario… Maki en condiciones normales le hubiera detenido en la medida de lo que pudiera, incluso tratando de noquearlo, pero no, esta vez dejo que las cosas fluyeran que la sangre, las tripas y el pavor se expandiera en un tumulto de sadismo como un salvaje ritual, la gente ahora si se levantó de sus asientos, salió alborotada de su ensimismamiento, acostumbrados a alucinar sabían que este era el mejor momento para huir, el segundo mejor era hace exactamente dos segundos atrás, el hombre topo//furro parecía disfrutar de la carnicería… Maki en cambio solo se detuvo, toda acción vital estaba centrada en respirar, se le había olvidado como hacerlo de manera automática y era una de sus habilidades principales. Bueno qué más da. Fue entonces cuando recibió algo por detrás… algo… penetrándole. Se volteo mientras el lunático drogadicto se regodeaba y se bañaba en sangre como si fuera un sacrificio al jodido sol. Volviendo a la parte de la penetración. Alzo el brazo y en las costillas vio a una especie de tontatta encaramada en su cinturón colgando de un largo pedazo de acero. Con un pequeño trajecito muy tierno y muy mono seria si no fuera porque ese jodido pedazo de acero estaba incrustado en sus malditas costillas… Maki escupió algo de sangre… agarro al pequeño tontatta que apenas logro moverse y decir algo —Estúpidos… eligieron mal el lugar donde hacer escandalo… yo los detendré el guardia del lugar el gran….— Maki lo agarro, lo apretó y con un gran movimiento de su palma lo aplasto contra la mesa haciéndolo pedazos… la cabeza como un tuvo dentífrico se expandió y saco todo el interior… se sacudió la mano… con asco y se toco la herida con la otra mano… —Hey… tu… que éramos?... a si esposo… o era jefe y secretaria?... da igual… niño topo, vamos, ya llego la seguridad…— Y en lugar de correr, Maki cayo de bruces contra el suelo… sonriendo como una estúpida, con la baba colgando de lado y sangrando un poco del costado… y así con un espasmo comenzó a mover brazos y piernas como… como si nadase en tierra…—Vamos… vamos, súbete… como una tabla de surf… nademos fuera de aquí… VAMOS CARAJO…— Así estuvo un minuto mientras el dependiente se escondía detrás de la barra y comenzaba a marcar el dendenmushi para llamar a la marina.
Fue entonces que la marina llego, dos hombres grandes, fornidos y bronceados por el sol y sin esfuerzo la tomaron una por cada brazo sacudiendo la cabeza, parecía inofensiva, como si fuera un muñeco de trapo que apenas podía moverse y pronunciar palabras o reaccionar no parecía para nada peligrosa. Era la segunda etapa de la droga… o la tercera?... no recordaba. Pero era el momento del ensimismamiento y la introspección. NO MALDITA SEA TENIA QUE IRSE.
Cuando los hombres fueron a por el topo que aun se regodeaba en la carnicería Maki rápidamente reacciono al ver nuevamente el acero con el que sacarían de su miseria psicodélica al topo y como un veloz rayo moviéndose a un kilometro por hora se acercó por detrás a uno de los marines y lo agarro por el cuello, pateo al otro que cayo de bruces cerca de su aliado momentáneo y le susurro al oído… —Solo los valientes tienen derecho a consumir dos galletas por turno, tres significa que no aman a sus mamis.— Era un mensaje críptico, ancestral y solo entendido y descifrado por algunos sabios o… o… o… eran cosas sin sentido, claro que había una remota posibilidad de que el marine lo entendiera pero estaba ocupado siendo asfixiado.
Cuando con sus manos toco el brazo quemado de Maki, ella se giro con violencia hacia atrás y con una especie de llave de judo lo tiro al suelo… soltándolo con un gran azote. Este apenas se incorporó Maki lo pateo… su rostro era furia, ira y era terrible de mirar. Saltándose una etapa de los efectos de la droga mostraba violencia… le agarro el cabello al marine desorientado… —Ahora conocerás a tu dios y el placer máximo.— Puso la cabeza del marine entre sus muslos y con una fuerza apabullante emergió ella, la iguana más malvada del mar. Escamas verdes, resplandecientes y una cola larguísima de mas de dos metros se meció como un látigo… bastaron solo tres segundos y la cabeza del marine entre sollozos y gritos exploto como un melón… Maki se agarro la cabeza con ambas manos, miro al cielo excitada y con un alarido de satisfacción rogo al cielo con una plegaria muda que este día no terminase.
—QUIEN SIGUE!!! YO TAMBIEN SOY INDIVISIBLE!!!— Grito extendiendo los brazos y dejando caer al marine al suelo sobre su propio charco de inmundicia, seria hora de escapar de verdad?, pero se divertía.
Eros Focalor
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Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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La situación se había convertido en una carnicería gracias a los dos piratas, pero como bien dice el dicho ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón ¿Verdad? Eros estaba muy concentrado en poder sacar los anillos de la mano amputada como para notar lo que estaba pasando cerca suyo. Dejando pasar a todos los civiles, pues nada tenían que ver con esto que estaba sucediendo, el hombre topo estaba intentando con la rigurosidad de un profesional el usar sus enormes garras de forma efectiva para reclamar lo que era suyo mientras reía divertido por su propia incapacidad de lograrlo. Entonces, por supuesto, llegaron dos miembros de la marina armada.
Maki le estaba diciendo algo, pero las palabras llegaban distorsionadas a su cabeza ¿Galletas? ¿Madres? Su madre no lo quiso, por eso lo abandonó. Eso lo puso triste, la mención de su madre hizo que el topo se quedase estático mientras uno de los marines llegaba con un poderoso golpe a su estomago. Eros no se movió, porque de hecho no sintió el ataque como tal, inconscientemente tensando los musculos de sus abdominales. — Mi mamá no me quería —Le contó al Marine, antes de levantar su brazo izquierdo por encima de la cabeza del mismo, haciendo caer su puño cual guillotina. El resultado fue como una sandía en verano, reventando instantáneamente y salpicando los alrededores con la cruenta disposición del sepulturero.
Suspiró, volviendo a su forma humana para salir a la calle ignorando todo lo que no fuese ese brazo amputado que estaba sosteniendo. Tomó aire, el cielo nocturno se veía hermoso en verdad. Las estrellas parecían, gracias a su estado de consumo, danzar entre ellas dibujando secuencias en el firmamento que solamente él podía entender.
Y entonces, le dolió el estomago. Procedió a vomitar en el suelo, y un agudo dolor de cabeza comprimió sus sienes de golpe. Era una suerte de resaca tan violenta cómo nunca las había sentido. — Ay, ya me chupo el diablo... —Murmuró usando el agua de la petaca, que traía consigo en el bolsillo derecho del largo abrigo negro, para tomar un trago de la misma y enjuagarse la boca. Contempló el brazo que aun sostenía en la zurda por unos instantes, guardó la petaca y procedió a retirar los anillos ahora que su mano era humana nuevamente y no tenía zarpas del tamaño de machetes.
Entonces lanzó el brazo a la calle, ya no necesitaba nada del cadáver y ese cadáver no merecía una sepultura.
Asomó la cabeza por la puerta del bar nuevamente, observando a la mujer lagarto en pleno éxtasis de cómbate. — También eres una mujer bestia, tener cola debe ser muy práctico —Musitó ligeramente más sobrio. Entendía perfectamente el fervor del combate, por lo que no podía juzgar la efusividad de la muchacha ahora que poco a poco recuperaba sus cabales. — Yo creo que la fiesta ya murió, y va a ser cuestión de tiempo antes de que nos manden a la pasma —Intentó ser la voz de la razón, pero cierto era que su objetivo estaba completo.
Maki D. Zen'in
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
125
101
127
55
100
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80
130
20
93
La situación era complicada para todos, huyendo de dos locos bañados en sangre vísceras, partes humanas y con drogas hasta el culo, aunque era algo que no hacia comúnmente drogada y estaba bastante acostumbrada a irlo, tenía la impresión de que llevaba una mezcla de hiervas más potente de lo normal… cada corte, cada desmembramiento producido por el hombre topo le pareció cargado de una sensualidad y masculinidad impresionante. Acostumbrada a ir borracha, drogada y disociada, concentrada en pendejadas, pero esto era diferente.
La acción siguiente fue un golpe seco pero rápido… Maki se manchó de la sangre de otro más… ya tenía adn de tres desgraciados confiados en el cuerpo de sus piernas medio desnudas corría la sangre, de sus manos chorreaba un poco del tontatta y de su espalda ahora sesos, y mas sangre caía a chorros… un espectáculo impresionante, malévolo y de una vibra densa. Cargada de… de… Risa… ambos no paraban de reír entre cadáveres danzando entre sí, ella absorta, extasiada se agarraba la cabeza mientras sin control movía su larguísima cola de un lado a otro, tirando mesas, vasos, latigueando suavemente al hombre topo. Y bueno a cualquiera que se le acercase… cuando el otro salió, Maki quiso seguirle, deseaba ver a donde llevaba todo esto…
Se volvió a su forma original, respirando agitada volviendo su voz a la original, pero esta vez más melosa, comprensiva y llena de sentimientos —Claro que es práctica, es como tener una mano más pero es difícil de manejar moviendo músculos que originalmente no tienes. ¡¡Oye!!... Esos eran los anillos que decías que te robaron… a ver… chasquea… una vez vi donde chasqueaban y mataban a la mitad del mundo jejeje— Dijo confundiendo una película con la realidad. Cuando ambos salieron… maki le agarro la mano al muchacho para echarse a correr, le obligaría a ir a un callejón… uno mas apartado… de vez en cuando sonreía, girando sobre si misma para volver a mirar al frente… —Vamos… corramos, que estos estúpidos no nos encuentren… limpiémonos esta suciedad… yo te bañare… no eres tímido verdad… mira… ahí!— apunto con un dedo con un poco de cerebro colgando de el… un gran letrero luminoso. Hotel la urraca silenciosa. —Ese tiene un jacuzzi fenomenal… vamos… o tienes miedo? Topo cobarde?— menciono nuevamente, seductora, con voz melosa.
Antes de entrar la chica no se dirigió a la entrada, sino a una calle lateral, miro al topo nuevamente… ósea al hombre topo, pero esta vez no podría quitarse esas sangrientas garras terminadas en sable de sus pensamientos era brutal y a Maki le calentaba lo brutal, la sangre, las pruebas de fuerza. —Vamos… vamos… por aquí… no iras a entrar hecho un carnicero a pedir un baño topo tonto…— Reclamo mientras salto una valla con toda la agilidad del mundo continuo un poco por el callejón y de un salto rebotando a una pared alcanzo una escalera de servicio. Que bajo lentamente con su propio peso y ella colgada —… adelante señor… Maki no suele usar las puertas…— Hizo un ademan de hacerle una reverencia para que pase primero, pero esperaba el momento de picarle el culo para comprobar su ricura… era un tipo guapo, no se podía negar. Solo…
Un poco esquizofrénico, pero ya conocía a Owen y podría lidiar con alguien un pelín incluso más… dios… aún estaba medio mareada, ida, sus manos costaban coordinarse, pero poco a poco el efecto de la potente fumada ya casi retrocedía a niveles donde disfrutaba estar drogada. Pero nada le impediría tocarle el culo al topo.
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