Eros era una persona que desde siempre amaba los contrastes, y el éste caso el contraste de Whisky Peak era algo todavía peculiar para él.
Ese 40 de Otoño del Año 16, por la madrugada. 25°C
El calor todavía no picaba pues la luna seguía presente en contraste al sol naciente, pero Eros ya entendía mejor el clima del lugar. Como alguien que padecía el calor en demasía, solamente estaba vestido con su camisa blanca de algodón con volados prescindiendo de su tradicional abrigo negro similar a una sotana. En su cintura portaba sus siempre confiables compañeros de trabajo: Gubia, cincel, martillo, clavos y un trozo de papel de lija prolijamente enrollado en uno de los compartimientos del cinturón de cuero. Pese a no ser diestro con armas de ningún tipo más que sus manos, el oficio era el oficio y para él eran sus pínceles cual artista.
Casi etéreo desandaba las calles vacías de la ciudad, disfrutaba pisar por caminos vacíos en calles que despues estarían colmadas. Era amigo de la noche y sus historias, pero el alba tenía algo que lo fascinaba; quizás era que compartían color de pelo o quizás, era que podía danzar entre personas medio despiertas o medio dormidas. Solo los floristas y panaderos madrugaban tanto, ¿Y quien más? Los borrachos que aún no habían dormido, por supuesto, así como los insomnes
Pero esta historia no tiene de éstos últimos ¿O sí?
A menudo evitaba calles muy concurridas, cruces de caminos y avenidas. Esa madrugada no era distinta para el sepulturero pero a la par que sus pasos lo llevaban una de las callejuelas de los barrios bajos de Whisky Peak algo perturbó el silencio matutino: Un aullido breve. Triste, rápido, colmado de dolor. Los pasos del carpintero se frenaron en seco, sintió un escalofrío que recorrió su cuerpo y entonces ese aullido se detuvo para dar pie a una serie de risas. No eran risas alegres, felices, eran burlas. Carcajadas disonantes que hacían eco por las casas bajas de forma ineludible. Era como si alguien hubiese tocado un interruptor, tocado un botón que lo cambió por completo en un instante. Era su instinto protector, quizás, pero tan súbitamente como se había detenido comenzó a andar girando hacia la derecha en la siguiente esquina. Entonces contempló la escena, a mitad de cuadra por decirlo de alguna manera.
Vio quizás cuatro, cinco hombres. Sintió el sonido de un líquido cayendo a medida que reían, el olor abrasivo del alcohol en el suelo. Su cuerpo se movió solo, calzándose los guantes al avanzar. No eran guantes de carpintero, eran los guantes de un guerrero. Escuchó el gimoteo leve, débil nuevamente. Y entonces algo terminó de encenderlo, pues vio una chispa, fuego. Un cerillo encendido. Eros se abalanzó antes de contemplar la situación.
Hay cosas que escapan de la lógica
Del grupo de hombres uno parecía disfrutar tomando mientras reía sentado en un barril, tres de ellos portaban palos astillados por haber sido usados malamente mientras que uno sostenía riendo una cerilla encendida cómo si estuviese disfrutando el momento previo a lo impensable. Rodeaban una figura pequeña, casi famélica, peluda y que solo atinaba a hacerse bolita temblando mientras lloraba en silencio aullando por una ayuda que quizás nunca llegaría. No podía correr, no podía huir. Solo podía esperar que su sufrimiento pasase pero, como en muchas historias de la Grand Line, algunas tenían finales que no eran finales y héroes inesperados.
Como una sombra que quedó producto de la resaca misma de una noche ebria, Eros apareció tras el hombre de la cerilla. Su puño impactó contra su nuca, y cuando sintió el golpe aplicó más fuerza de su hombro llevando todo el impacto al puño ¿La conclusión? Rojo carmín, bordó adornando a todos sus amigos cuando su cráneo reventó por el impacto. Sus ojos se salieron de sus cuentas automáticamente, su risa se detuvo y su cuerpo amenazó con caer de no ser porque el otro brazo de Eros impactó raudo contra una de las costillas del cadáver lanzándolo lejos.
Impactados sus amigos no pudieron reaccionar, ¿Pero acaso Eros siguió impartiendo una justicia que no te daría la marina? No.
Porque los protectores primero protegían.
Su cuerpo rodeó al cachorro, sus brazos lo abrazaron contra su pecho, se acuclilló y su espalda era todo lo que los agresores podían ver pues hasta su cabeza violácea buscaba cubrir al perro herido. El olor del alcohol definitivamente lo asqueaba, pero no podía dejarse caer, no ahí, no ahora.
El instante de incredulidad se sintió roto por una patada que impactó contra la cabeza de Eros, entonces el primer palo contra su espalda tiñó su camisa blanca de algodón de un rojo similar al que había brotado de la cabeza reventada del cadáver que yacía tirado en una costado de la calle, justo pasando la esquina por la cual él había doblado. Un golpe tras otro. Era un ritmo frenético. Eran tres palos contra su espalda, un pie pisando su cabeza repetidas veces pero, por algún motivo, no era tanto el dolor, no era tanto el daño ¿Acaso tan débiles eran que solo contra un cachorro herido se hallaban fuertes?
Sin importarle el castigo recibido, un susurro sereno buscaba calmar a la bestia que abrazaba con determinación. Todo estaría bien, todo estaría bien.
Pero bien sabía que apenas dejase de cubrirlo para atacarlos, lo volvería vulnerable y, si algo le llegaba a pasar a esta criatura, no se lo perdonaría. No quería cavar una tumba tan pequeña, era el único tipo de tumbas que odiaba. Era la única muerte que verdaderamente le importaba. Sintió insultos, uno tras otro mientras lo aporreaban.
Dichosos sus oídos que tras un par de patadas solo sentían pitidos y zumbidos, no podían escuchar palabras necias, palabras asquerosas de seres aun más bajos que aquel pirata que ahora solo podía describirse como un saco de boxeo para una serie de borrachos frustrado que buscaban venganza. Entonces uno de los palos se quebró de tanto que fue usado contra sus costillas, sintiendo entonces como el asta astillada del palo se clavaba contra su costilla.
El encuentro con los Dead Man´s Hand no era lo que esperaba, no fue para nada bueno. Maki había salido a buscar provisiones y materiales para reparar el Last Whisper, Owen… Owen ni se encontraba con ellos ni iba a participar en una reunión así, por más rápida que fuera. Esto de ser capitán no era lo suyo, pero incluso así sabía que debía mantener esa responsabilidad sobre sus hombros.
¿Qué fue lo que ocurrió en esa reunión para tenerlo tan agotado y decaído? Bueno, algunas cositas sin mucha importancia. Se supone que solo debería dejar a Ashveil, Jensen y Odeth con su tripulación, acordar algunas fechas y luego marcharse a vivir su vida tranquilo, pero claramente las cosas se habían torcido. Su tripulación aliada no tenían barco, lo tuvieron que vender pues tampoco había espacio para todos en el que habían conseguido, por lo que muy seguramente debían comprar otro.
No solo era una molestia tener que esperarlos para zarpar más o menos a la vez, sino que obviamente iban a tener el mismo problema que antes. Eran demasiados, incluidos un gigante y una oni, cuyo tamaño dificultaba las cosas, así que le habían pedido que llevase a un par de ellos en el Last Whisper hacia la siguiente isla.
No tenía problema en hacer de transporte, algunos ahí eran sus amigos, pero, y por el amor a lo más sagrado.
¿POR QUÉ TENÍA QUE SER JIN?
No podía ser alguien más, ¿verdad? ¿Hyákinthos no estaba disponible en la oferta? Tal vez Jensen, que ya había estado con ellos un buen tiempo. ¿Por qué debía ser ese yakuza asqueroso?
Su rabia lo llevó a querer patear una caja de cartón vacía que se encontró en mitad de la calle. Su pie se estrelló con fuerza contra el material suave, mandándola a volar, pero generando un ruido que no se esperaba al tratarse de cartón. Había sonado como algo duro, igual cuando el objeto aterrizó varios metros por delante de él, haciendo el mismo ruido. Pronto se dio cuenta de que no se trataba de la caja, sino que el ruido venía de otro lugar.
Siguió el ruido, no tardó en encontrarse un cadáver en el suelo. Levantó la vista para encontrar la fuente de ese sonido grotesco: un grupo de hombres apaleando a alguien más. Su mano dominante se posó sobre su espada, sus pies recorrieron en un instante la distancia que los separaba del grupo de personas.
Los hombres no tuvieron tiempo a reaccionar, un golpe de la mano derecha del cocinero terminó directamente en la mejilla de uno de ellos, con suficiente potencia como para separarlo una buena distancia del grupo solo con el empuje de este, dejándolo tirado en el suelo en dirección contraria a donde estaba el cadáver. Un par de dientes se habían escapado de la boca ajena en cuanto recibió el ataque, cayendo al suelo con un tintinear que marcó el siguiente movimiento del capitán pirata.
Uno de los hombres quiso tomarlo de la chaqueta, solo recibiendo un golpe con el pomo de su arma directamente en su mano. Se escuchó un crujido, directamente en la zona golpeada, el hombre retrocedió con una expresión de dolor, agarrándose la mano, y no faltó mucho para terminar recibiendo una patada en el estómago por parte del recién llegado.
- ¿También van a intentarlo? -
El pelinegro se giró hacia los dos tipos restantes. Uno sostenía una botella de vidrio casi vacía, agarrándola por el cuello, mientras que el otro estaba desarmado. Tal vez fue su rabia acumulada hablando, tal vez fue el hacerles ver el filo de su espada, la demostración anterior o un poco de todo junto, pero ninguno de los que aún quedaban en pie tuvieron la valentía para enfrentarse al tipo con el mechón blanco. Los vio irse corriendo, dando tumbos y tropezando, muy seguramente por el alcohol y el apuro combinados.
Suspiró, por un momento había esperado un combate más extenso, donde poder descargar su rabia con alguna excusa. Fue ahí que recordó al hombre que estaba siendo apaleado, por lo que su cuerpo se movió en esa dirección, acercándose para intentar ayudarlo. - Oye, ¿estás bien? Esos tipos no… -. Al verlo de cerca, lo reconoció, lo había visto antes, previo al gran desastre.
- Tú estabas en el barco donde Owen fue a ver a Gwen, ¿no es así? -
No recordaba su nombre, y tampoco creía haberlo oído, pero estaba seguro que se trataba de la misma persona. ¿Qué había pasado? ¿Cómo había terminado en esa situación? Las respuestas llegaron sin prisa, pues pudo ver al pequeño animal en cuanto el extraño se movió un poco. Olor a alcohol que podría hacer vomitar a cualquiera, borrachos golpeando sin piedad a alguien que solo parecía defender un animal ya lastimado, una caja de cerillas en el suelo.
Nada de eso le gustaba.
- Conozco un buen médico, podría verte, y al animal tal vez -. Si, hablaba de Hyak, pues Kiyoshi los había abandonado y no sabía dónde estaba, pero al menos podía pedirle al médico aliado que le devuelva el favor.
Eros resistía los embates de los borrachos furibundos cómo podía, y para su fortuna era un tipo duro. Su cuerpo podía aguantar cada golpe con tal de cuidar a quien lo merecía.
Quizás lo que faltaba en cerebro, le sobraba en corazón.
Agazapado aún con sus brazos rodeando al animal aterrado bajo sí, sus puños cerrados se aferraban al suelo esperando tan solo un momento para girarse y contra-atacar. El ritmo de sus agresores lo hacía dificil, cada movimiento de los mismos contra su cuerpo hacía vibrar las patadas contra su espalda por todo su pecho. Inclusive su cabeza se llevó un pisotón que hizo impactar su frente contra el suelo, pero tan súbitamente cómo empezó escucho un gemido de dolor que no le pertenecía y los erráticos ataques cesaron ¿Se había desmayado acaso? No. Pues el pequeño perro seguía temblando entre sus brazos y fue ahí cuando Eros levantó la cabeza para virarla hacia un lado, contemplando con el único ojo cuyo parpado no estaba lo suficientemente hinchado para ver con dificultad, como un hombre se encargaba de los agresores uno por uno cómo fichas de dómino hasta que los últimos restantes fueron sensatos para huir.
O solo se retiraban de la narrativa
Aliviado Eros pudo dejar salir un suspiro de corazón. En los instantes posteriores de la huida aprovecho para intentar acompasar su respiración a la par que acariciar el lomo tembloroso del perro, una sonrisa ligera adornaba el rostro del sepulturero pues le resultaba casi gracioso como la dulzura del animal aterrado contrastaba con el infierno que acababa de pasar ¿Por qué las peores cosas le pasaban a los seres más dulces? Muchas veces se lo pregunto, y muchas veces amaneció desvelado por la pregunta.
Cuando se relajó pasados unos segundos, todo su cuerpo se liberó de la tensión a la que estaba sometido aceptando la ayuda del azabache sosteniendo su diestra con la propia para levantarse. Lo primero que hizo tras asentir en agradecimiento, fue sacarse el abrigo negro que lo caracterizaba para cubrir al canino con él, agachándose ésta vez para comenzar a secarlo con ahínco.
Pobre de quien no tuviese el alma en equilibrio con la consciencia.
No respondió de inmediato, primero se quitó el abrigo para cubrir al perro. La espalda de su camisa de algodón blanca ahora era un charco carmín evidenciando las heridas, más toda su atención se centró en intentar secar lo mejor que podía al pequeño animal cubierto de licor. Por el nerviosismo del can un par de mordidas en la mano dificultaron su faena, pero al final ambos se serenaron tan sólo lo suficiente para que el funebrero pueda envolver al animal levantándolo entre sus brazos.
Dudó, la propuesta del pirata en cuestión era su mejor opción, y era amigo del joven Owen pero la timidez del funebrero lo hizo meditar sus opciones un momento. — Le acepto la parte de llevar a éste pequeño a que lo revisen sí, por mi no preocupe —Estaba impelido por su honor y su bondad a confiar, pese a su recelo. — Eros Focalor es mi nombre, si, soy un pirata que está viajando en el barco del Cabaret... También estuve en el lio de los Cabos Gemelos. Es un gusto —Asintió con la cabeza respetuoso, su mirada se mantenía serena pese a lo reventada.
— Yo estaré bien, tengo la cabeza dura —Tranquilizó con un chiste pese a su tono monótono dispuesto a seguir el camino del bicolor hacia la presta atención médica del can. — Seguramente buscarán venganza, desconozco si eran cazarecompensas o piratas pero corrió sangre —Tampoco es que le molestase, pero había prioridades.
¿Cuánto tiempo habían estado golpeándolo? Eso fue lo que se preguntó en cuanto el contrario se quitó el abrigo oscuro que llevaba puesto y dejó al descubierto su camisa. Antes era blanca, o eso supuso, pues poco de ese color quedaba bajo las manchas rojas y oscuras que la teñían. Podía notar de donde brotaba la sangre, los puntos más oscuros de la “pintura”, necesitaba tratamiento y aún así decía estar bien. - No te hará mal que te vean, solo por si acaso -. Que hipocrita de su parte, si fuera él quien estuviera sangrando no querría ayuda.
Eros Focalor, un tripulante de los Cabaret, compañero de Gwendolyn. - Es un gusto, pese a las… -. Miró al pobre animal en brazos del otro hombre, con algo de enojo dentro de su ser. - Circunstancias… -. La palabra había quedado en el aire un momento, antes de que el mismo cocinero comenzara a caminar para guiarlo hacia Hyakinthos. - Soy Uker, Rackham Uker. Soy el capitán de Owen, espero que no les cause muchos problemas -. Pues el muchacho había aprovechado la estancia de todas las tripulaciones que subieron al Grand Line para pasar un tiempo con su pareja, algo que el muchacho de ojos azules permitió sin dudarlo.
No era su padre, a fin de cuentas, no tenía que pedirle permiso.
Su andar fue entre lento y apresurado, no queriendo exigirle más al tipo machacado pero sí manteniendo una velocidad suficiente para llegar rápido con el médico. La vida del animal era lo que más le preocupaba, como siempre. - No falta mucho, en poco tiempo llegaremos con mi conocido y… -. Se detuvo, su brazo derecho se movió e impidió que el hombre pudiera dar otro paso más.
Su visión no le mentía, un gran grupo de personas avanzaba por la calle frente a ellos, en su dirección. Casi a la cabeza, y al parecer gritando (aunque Uker no pudo oírlo por la distancia y todo el caos que generaban todas las pisadas) uno de los hombres que había dejado escapar. Solo uno, pues aquel que terminó con la mano rota no aparecía en el panorama. ¿Cuántos hombres había ahí? Los suficientes para no poder contarlos, pues los de más adelante tapaban casi al completo a los demás. Tal vez ahí habían 100 personas, tal vez más, lo único que se preguntaba el pirata es el cómo habían conseguido a tanta gente.
Luego lo recordó, eran piratas, sus recompensas debían parecerles jugosas.
- Protege al animal, te abriré un camino -. Dijo al ver el panorama, mientras sacaba su espada y la horda de cazadores se acercaba. Pese a su aparente calma, los nervios se apoderaron de él. Si se metía en ese problema, ¿Cómo podría salir? Aún así, correr no parecía una opción, y menos teniendo en cuenta el estado en el que se encontraba el miembro de los Cabaret.
Dio un último suspiro, antes de que su cuerpo saliera disparado en dirección al conjunto de hombres. Solo tuvo que recorrer 10 metros para alcanzar la primera fila, los cuales no tardaron en lanzar botellas y piedras. Algunas pudo repelerla, otras no, pero eso no detuvo su cuerpo, con un movimiento de su espada alcanzó las piernas de 3 personas, dejándolos sin mucha movilidad, para ahora pasar al siguiente grupo. Fue así, poco a poco, derrotando a sus enemigos de 3 en 3 o de 4 en 4. Su habilidad con el arma que portaba lo hacía una amenaza, los cazadores o estaban borrachos o los habían despertado de su sueño solo para esto, sus cuerpos no estaban listos para en enfrentamiento así.
De todas formas, no los mató. Los incapacitó o dejó inconscientes, pero matar sin necesidad no estaba en sus planes.
En uno de sus ataques, rebanó 3 dedos de la mano de uno de ellos, que sostenía con esta una botella rota con la que quería cortarle el rostro. Parecía ser uno más experimentado, pues no tardó en tomar el arma improvisada con la otra mano, de revés, y volver a atacarlo. El filo del vidrio se acercó peligrosamente a su ojo, pero un movimiento de cabeza y un golpe con el pomo de la espada en el brazo fue suficiente para que el ataque cortara debajo de este. La sangre brotó por la abertura, que se extendía desde la punta de su ojo izquierdo hacia su patilla, pero nada le imposibilitaba pelear.
Tuvo que retroceder. Le faltaba el aire, su cuerpo temblaba y le dolía por la cantidad de golpes y cortes que recibió, poco a poco se quedaba sin energías y estos tipos no parecían acabarse nunca. Estaba seguro de que había matado a más de 30, tal vez 40 o un poco más, ¿Cuántos habían venido a por ellos? Tampoco valían tanto como para que valiera la pena cazarlos entre tantos.
- Malditos, ¿no piensan rendirse? -
A este paso, iba a quedarse sin energías para correr también. Las opciones se agotaban, tan rápido como él.
Todo por el perrito
Bueno, como hablamos, agregué una horda, así que pasemos con lo bélico para seguir haciendo cine.
bélico
Nos enfrentamos a una Horda de Rango 9. Como lo dice y explica la guía, estas hordas poseen 90 personas, con un total de 900 PV (10PV cada miembro). Si llega a 0PV serán derrotados.
Dañan el 75% de su PV total por turno. Su velocidad de movimiento/ataque es 120 puntos. Ninguno tiene los reflejos para ver el ataque (razón por la cual elegí una horda de este rango), por lo que su daño es de 675 PV.
Derroté a la mitad en mi post (450 Puntos de Energía), por lo que te dejo la otra mitad para divertirte.
16-12-2025, 01:50 AM (Última modificación: 16-12-2025, 01:54 AM por Eros Focalor.)
Pese a renguear un poco por el castigo físico recibido previamente el funebrero le seguía el paso al bicolor sin rezagarse en el particular grupo formado por dos piratas y un perro, es decir, tres perros. Eros lo percibió despues, tenía a rezagarse en lo que a velocidad de reacción respectaba pero entonces estuvieron rodeados. Inspiró analizando la situación con sus ojos ambarinos, Uker tenía aproximadamente cuarenta personas diría él, y del otro lado de la calle parecía llegar por entre los callejones de la ciudad otra banda igual de numerosa. Algunos eran borrachos, otros cazarrecompensas vengativos que habían sido alertados de la situación. Lo cierto era que la situación no parecía nada favorable en cuanto a numeros respectaba.
Pero si de numeros respectaba, ellos valían millones.
Con serenidad Eros deposito un beso en la cabeza del perro a medida que, envuelto en su abrigo, lo depositaba con cuidado en el suelo donde el mismo aterrado se acurrucó. Entre los tres había tres metros. Uker tenia al perro a metro y medio, y Eros dispuso que ese sería también su territorio.
Estaba enojado, pese a que su rostro no lo demostrase su mirada mostraba la furia ¿Y que hacía Eros cuando sentía la furia? La dejaba salir. Su cuerpo ganó pelaje, un pelaje oscuro, a la par que diez garras adornaban sus dedos. Los músculos de todo su cuerpo se tensaron, expandieron. Una alargada trompa creció en su naríz, y entonces a medida que hacía chocar sus garras entre sí produciendo un rítmico eco observaba a sus enemigos.
Algunos de ellos parecían aterrados, y él no podía culparlos. Se sabía poco agraciado en esa forma que tenía tanto de hombre, cómo de topo.
Pero esto no es un certamen de belleza
La bestia se lanzó recibiendo disparos. Al ser un blanco mas facil podrían enfocar toda su atención en él dejando al perro a cubierto, y era algo que Eros había anticipado al convertirse. Sus garras comenzarían a despedazar brazos, piernas. Las armas volaban en el aire cuando él respondía a cada ataque que recibía con un contra-ataque fulminante. Con reflejos tan atenuados Eros peleaba con muchas y dientes en un ciclo constante de recibir daño, y procurar que el otro recibiese más.
Carnicería era una palabra apropiada para lo que dos piratas de la Grand Line podían hacerle a una turba de borrachos vengativos, pero no tardarían en estar todos abatidos. La sangre regaba las calles de Whiskey Peak. Los había lacerados, mutilados y los que lentamente se desangraban. Procuró no matar a nadie, por supuesto, pero a veces le costaba medir su fuerza.
Volvió a su forma humana, escupiendo sangre y sacándose una muela que ahora estaba floja para lanzarsela a uno de los inconscientes a modo de regalo. Entonces tomó mil berries de su pequeño saco de arpillera que guardaba en el interior de su abrigo, y asintió. — Vayan a ver un médico, tienen tiempo —Bien conocía las hemorragias, sabía lo que tardarían en matarles. Estaba siendo piadoso si se quería, pues él consideraba que el castigo capital estaba permitido para un puñado de crímenes siendo el maltrato animal uno de ellos. — Podemos seguir... ¿Estará de casualidad muy lejos éste médico que conoce? —Solo quizás ahora necesitaba de esos mismos servicios que momentos atrás había rechazado por cortesía, había puntos físicos en los cuales la cortesía tomaba un plano relativo por debajo de la supervivencia.
Entre brazos sostuvo al perro que ahora dormía... ¿Dormía verdad?
No le temía a la muerte, le había hablado como una amiga desde pequeño y siempre estuvo presente en cada almuerzo, y cada cena familiar pero de grande entendio que la muerte traía consigo cosas que no necesariamente deseaba en ese momento.
El perro iba a morir. El iba a morir. Todos iban a morir.
¿Y por qué a veces le molestaba?
— Despues de esto le voy a deber una, y pretendo saldar esa deuda —Frunció su ceño tratando de acelerar el paso, tenían que llegar a tiempo pues algo era seguro: Pese a sus interrogantes individuales, ya estaba harto de que la gente que intentaba proteger se desvaneciese como arena entre sus dedos.
Ya era personal
Resumen
Uso 450 de energía para matar a la gorda.
Recibo el daño, menos mi resistencia pasiva que mitiga 100, de 575
Tengo regeneración de Zoan de 8 de PV y 16 de PE por regeneración en combate
Los enemigos mermaban poco a poco, un alivio por fin. En cuanto pudo retomar el aliento giró su cuerpo, buscando asegurarse de que el hombre y el animal que debían ser vistos por un médico estuvieran bien. - Oye, ¿están…? -. Su boca se mantuvo abierta, pero no salieron más palabras de esta. La visión de los cuerpos amontonados, sangrantes y aún adoloridos fue suficiente para que el cocinero se hiciera preguntas: ¿Por qué este tipo de pronto tenía garras? ¿Cómo es que no se defendió antes si podía hacer algo así? Y la más importante, ¿Cómo planeaba recuperar su diente si lo tiraba así como así? - Supongo que estás bien… -.
El mismo Focalor se lo había dicho, que no necesitaba atención, y ahora creía entender porque lo decía. Aún así, no podía evitar preocuparse ante alguien tan herido, pero el animal necesitaba que lo revisen con mucha más rapidez. - Debemos ir al puerto, mi conocido se encuentra en uno de los barcos de ahí -. O al menos ahí podrían preguntar dónde encontrarlo, si es que había salido de su propio barco por alguna razón. Sus pasos, junto a la gran velocidad que alcanzaba al correr, lo llevaron por las calles del pueblo. Todo estaba vacío, lo único que rompía el silencio eran sus propios pasos contra el duro material de las calles. - No tienes que preocuparte de eso, simplemente… -.
Un brillo lo alertó, su cuerpo se detuvo y un objeto pasó a gran velocidad a pocos centímetros frente a su rostro, clavándose en la pared que el joven tenía a su izquierda. Miró el objeto lanzado, una daga que había quedado incrustada en el hormigón gracias a la fuerza con la que fue lanzada, por lo que sus ojos siguieron ahora la trayectoria que el arma tuvo que seguir. - Bueno, podría decir que tienes una buena vista -. La voz salió desde un callejón, al lado contrario a donde el cuchillo había terminado, de entre las sombras de la noche. - ¿Podrías? Fallaste a un objetivo que no estaba mirándote -. El pirata se hizo el valiente, pero no tardó en levantar su propia arma en dirección a la oscuridad, esperando cualquier movimiento.
- Idiota, ¿los piratas de hoy en día no saben lo que es un disparo de advertencia? -. La dueña de la voz se hizo presente, dando unos pasos adelante y dejándose ver por la poca luz que la propia luna les brindaba. Era más alta que el propio Uker, su largo cabello negro caía hasta la mitad de su espalda, su tez morena indicaba que muy seguramente sea perteneciente a otra isla. A su espalda, una espada, cuyo mango se dejaba ver desde su hombro derecho. - Andar por ahí con más de 100 millones de berrys por tu cabeza debería considerarse un grado de estupidez suficiente para ser delito -. Llevó sus manos a su cadera, con su voz adquiriendo un tono de burla bastante marcado. - Pero yo me llevaré ese dinero -.
Su mano izquierda tomó algo de su cinturón a gran rapidez, no perdiendo tiempo para lanzarlo en dirección al hombre de mechón blanco. Se trataba de otra daga, una que ahora apuntaba directamente al hombre que cargaba al animal herido, pero que nunca llegó a destino. Uker se encontraba enfrente, no iba a dejar que ese tipo saliera lastimado, por lo que un movimiento de su espada fue suficiente para que las hojas del arma lanzada y de su katana chocaran. La daga cayó al suelo y rebotó un par de veces, el tintineo de sus golpes contra el suelo marcó el inicio del combate.
Uker separó las distancias con quien parecía ser una cazadora, soltando un ataque en diagonal sobre su estómago. Su velocidad de movimiento era lo suficientemente lenta como para que la mujer lo notara, pero apenas pudo sacar su arma antes de que el ataque del pirata le generara una herida que no pudo evitar. El joven se recompuso, así como la mujer, sus miradas se encontraron y no hicieron falta las palabras para entender quien dominó en el primer movimiento. - Eso es por intentar lastimar a mi amigo -. Incluso siendo más bajo, ni su vista ni su cuerpo demostraban flaqueza.
- ¿Quieres intentarlo de nuevo? -
Ahora ninguno de los dos prestaban atención al otro pirata, quien más o menos era el que había empezado todo este gran dilema.
Se prendió la cosa
Como tenemos un nuevo enemigo algo más fuerte y solitario, vamos a tomarlo como un npc débil, por lo que ahí va toda la info:
La cazadora posee 1 espada T1 y dos dagas T1 (De las mismas que compras en la tienda)
Espada
Objetos bélicos
1
Especificaciones
Requisitos: 20 FUE / 30 DES
Resistencia: 500
Daño: 20
Escalado: 1 FUE / 0,3 DES
Alcance: -
Unidades de peso: 2
Berries: 5000
Descripción: Un arma de hoja larga y afilada, con un solo filo o doble filo. Las espadas tienen diversas formas y se utilizan tanto para cortar como para apuñalar en combate.
espada001
Daga
Objetos bélicos
1
Especificaciones
Requisitos: 7 FUE / 12 DES / 12 PREC
Resistencia: 500
Daño: 10
Escalado: 1 FUE / 0,4 DES
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 5000
Descripción: Similar a un cuchillo, pero con una hoja más corta y ancha, generalmente de doble filo. Suelen ser armas secundarias o de ataque sorpresa en combate cercano.
daga001
Las dagas ya las tiró, hay una a los pies de Eros y otra clavada en la pared más cercana. Podes usarlas si queres.
Bélico
Tanto el lanzamiento de las dagas como la presentación de la cazadora son puramente narrativos (perdón, pero no quiero ponerme a calcular lanzamientos si no es necesario), por lo que la parte bélica, al menos en este post, comienza desde el primer encontronazo y ataque de Uker.
La NPC puede ver el movimiento de Uker gracias a sus reflejos, los cuales superan la agilidad del chef, pero no puede ver el ataque al tener reflejos menores que su destreza. Mucho menos podría bloquearlo o desviarlo si más encima debía sacarse el arma de la espalda aún, por lo que recibe un ataque blanco.
El arma de Uker es una katana T2 de la tienda, por lo que vamos con los cálculos:
Katana
Objetos bélicos
2
Especificaciones
Requisitos: 20 FUE / 30 DES
Resistencia: 1000
Daño: 40
Escalado: 1 FUE / 0,4 DES
Alcance: -
Unidades de peso: 2
Berries: 30000
Descripción: Una espada con hoja curva y un solo filo afilado. Famosa por su nitidez y técnica de corte, ha sido una parte integral de la cultura samurái.
katana002
El daño total del ataque blanco (daño del arma + (destreza * 0.4) + (fuerza * 1)) da un total de 231.6, lo cual vamos a convertir a 232.
Al no llegar siquiera a 50 de resistencia, recibe el daño entero, por lo que sus PV´s pasan de 1625 a unos 1393.
La mole de musculos que correspondía a la forma hibrida del hombre topo contempló la situación sin poder reaccionar de forma preventiva para defender a Uker, el capitán de los Olvidados claramente sabía manejar las espadas. Una vez más le debía una por cubrirlo del daño, pero el frenesí del hombre topo no había acabado entendiendo la furia asesina que hervía en sus entrañas cuando notó la intención asesina del cazador de recompensas. — ¿Sabes quien es el carnicero de Whiskey Peak, Uker Rackham? —Inquirió el topo gigante a medida que se acercaba con pasos firmes en dirección al líder de los cazadores de recompensa que habían masacrado. Al pisar la daga ésta se abolló sin remedio, y no pareció importarle a medida que se acercaba amenazante hacia el enemigo.
Cualquier que le impidiese proteger una vida era un enemigo en ese momento, el perrito asustado solo podía observar acurrucado sobre si mismo cómo los dos piratas luchaban contra viento y marea para poder ayudarle, mientras que todo parecía concatenarse para hacérselos más dificil. ¿Pero quien era el Carnicero de Whiskey Peak? O qué habia hecho, mejor dicho. — Hace no más de dos meses esta isla vio decenas de gremios de cazadores de recompensas masacrados bajo la mano de alguien a quien hoy han nombrado de esa manera...¿Pero acaso fue la propia insensatez de los cazadores de recompensas lo que terminó clavando una daga en la población de Whiskey Peak? He recorrido el cementerio Sapoten, y la cantidad de tumbas recientes me sorprende en demasía —Entonces se volvió más pequeño, un topo concretamente de veinticinco centímetros.
— Pero no me molesta añadir más, a eso me dedico —Se lanzó con una embestida rápida en la forma de un salto para impactar con su pata delantera derecha los ojos del enemigo.
Resumen
Eros le cuenta a Uker sobre lo que paso en Whiskey Peak hace unos meses según el diario, hablándole sobre como Sigurd se farmeó a casi todos los cazadores de recompensas antes de hacerle el protocolo topo de hierro al enemigo en forma completa.
Efecto:
Aumenta la agilidad 20 puntos durante el ataque.
Enfriamiento:
Dos Turnos.
Eros utiliza toda la potencia de sus patas traseras para lanzarse contra el oponente, veloz como una saeta, aprovechando la inercia del desplazamiento para atacar usando una de sus patas delanteras con un rápido zarpazo ascendente.
Código: eulogy002
Eros tiene 216 de fuerza en este momento 141 de agilidad, el ataque va con 161 de agilidad. El daño es de 561 al man que no llega a esquivar o bloquear por la diferencia de agilidad vs. reflejos pese a irle de frente. El topo voladooooooooor.
La cazadora había sido superada por el ataque del pirata, pero aún así sonrió, terminando de sacar su arma en el pequeño momento que Uker se tomó para hablar. - Hablas mucho y apenas puedes dañarme -. Levantó su brazo, aquel que portaba la espada, para luego bajarlo de manera rápida, en dirección al hombro ajeno. La katana de Uker giró en su mano, mientras su propio brazo se aproximaba al ataque, como si fuera a cubrirlo con su cuerpo, pero no fue así. El sonido metálico llenó el ambiente, pues las hojas de ambas armas habían chocado y la espada ahora se desviaba hacia el lado derecho. Uker había optado por un agarre invertido, junto a un desvío del ataque. Ahora la punta de su katana apuntaba directamente al cuerpo de su oponente, solo debía moverse un poco y…
Un rayo oscuro, una masa, tal vez incluso más pequeña que aquel animal que estaban protegiendo, salió desde su espalda. Solo pudo verlo con el rabillo de su ojo antes de que efectivamente impactara con uno de los dos espadachines, quien no fue Uker. El cocinero solo pudo presenciar, incrédulo, como esa cosa desconocida golpeaba la cara de la cazadora, quien tuvo que retroceder por culpa del ataque. Antes de que Uker pudiera preguntarse qué era esa cosa, la misma volvió a hablar, dando a entender su identidad. - ¿Eros? ¿Acaso eres un… topo? -. No podía verlo de forma correcta por la oscuridad de la noche, pero no había dudas de que esa era su voz. - Impresionante… creo… -. Si, era difícil describir lo que uno piensa al encontrarse con una situación así.
- Agh… glah -. Las quejas provenientes de quien antes fue atacada hicieron que Uker vuelva a ponerse en estado de alerta. La mujer se tocaba la cara, su sangre caía sobre el pavimento y uno de sus ojos se podía ver desde detrás de sus propios dedos. Aún no había terminado, por lo que Uker apretó con fuerza el mango de su katana, dio un paso adelante y volvió a lanzarse al ataque. La cazadora lo vio, su cuerpo se echó atrás y sus manos se movieron para colocar su arma en una posición adecuada para evitar cualquier ataque horizontal. Solo uno de sus ojos se encontraba abierto, el otro luchaba por no llenarse la misma sangre que brotaba de su herida, generada por el ahora topo. Cualquiera habría optado por generar un choque entre las armas nuevamente, había demostrado poder superarla, pero Uker aún tenía algo que mostrar.
- Roux -
Tal vez pudo escucharse esa palabra entre el silencio de la noche, tal vez el sonido de sus pasos lo ocultó, pues tampoco se trataba de un épico aviso, más bien era una forma de concentrarse.
Sus ojos vieron una abertura, sus dedos cambiaron el agarre del arma justo antes de atacar, su brazo se echó para atrás y volvió a su posición inicial justo a tiempo para realizar su acción. La hoja de su espada pasó apenas por milímetros debajo del mango de la otra arma, terminando por clavarse en el cuerpo de la cazadora, saliendo también por su espalda. Un grito casi ahogado salió de la boca de la mujer ante el dolor, pero ella también giró su arma entre sus dedos y optó por un agarre invertido, descendiendo su espada con fuerza y clavándola también en el cuerpo del cocinero, aunque en su hombro izquierdo en vez de su estómago.
Uker sintió el dolor, como su carne cedía ante el metal frío y solo pudo soltar un gruñido. Otra vez su hombro izquierdo, Sakana también había apuntado a ese lugar en cuanto lo tomó como objetivo. ¿Acaso ser cazador venía con un reglamento sobre solo apuntar al hombro izquierdo? Al menos había algo que lo alivió, algo que hizo que el muchacho del mechón blanco sonriera. - Ya veo, eres mucho más débil que él… -. Casi que soltó una risa mientras ambos mantenían sus posturas, sin mover sus armas. - Sakana si consiguió dejarme fuera de combate -.
OFF
Resumen
Uker detiene otro ataque de la cazadora y se dispone a atacar, antes de la aparición magistral del mejor topo del Grand Line. Al verlo, empieza a dudar de si se trata de algo impresionante o debería preocuparse.
Vuelve a atacar a su enemigo, consiguiendo atravesarla con su katana a la vez que es también atacado por la cazadora. Sálvame, oh, Gran Topo.
El ataque anterior de Eros fue de 561 de daño, por lo que la vida del npc en este post fue de 832
Vamos con el bélico para ver si eso se mantiene así. No, para nada
Bélico
Uker ve un ataque blanco (108 de reflejos vs 105 de destreza del enemigo) y lo desvía exitosamente (139 de destreza vs 105 de destreza enemiga).
Tras eso, viene el ataque de Eros, cuyo daño ya fue contabilizado.
Luego Uker ataca con su técnica Roux.
Roux
Propio
4
Información
Requisitos: Armas de Filo 2 | 100 Destreza | 80 Fuerza | 50 Precisión
Daño: Arma + 2,6xDestreza
Coste: 144 de energía
Efecto:
Aumenta en 12 la Destreza durante el ataque. Daño perforante.
Enfriamiento:
Dos turnos
Ataque que combina fuerza y precisión, como el sabor perfecto de la salsa al prepararla. Una técnica de puñalada, haciendo uso de la punta del arma en una de sus manos, destinada a dar un golpe potente y preciso en el cuerpo o defensa del oponente de manera rápida.
Código: roux001
El npc no puede evitar el ataque, por lo que recibe un daño perforante de 629, provocándole una Hemorragia I al superar los 500 de daño en un ataque integro. Su vitalidad pasa a ser de 203, pero al restar el daño por hemorragia termina por quedar en 153.
El npc responde también clavando su arma en el hombro de Uker.
Espada
Objetos bélicos
1
Especificaciones
Requisitos: 20 FUE / 30 DES
Resistencia: 500
Daño: 20
Escalado: 1 FUE / 0,3 DES
Alcance: -
Unidades de peso: 2
Berries: 5000
Descripción: Un arma de hoja larga y afilada, con un solo filo o doble filo. Las espadas tienen diversas formas y se utilizan tanto para cortar como para apuñalar en combate.
espada001
Habiendo hecho el calculo de daño, el ataque le genera a Uker un daño total de 206 (205.5). Uker posee 82 de Resistencia, por lo que su resistencia pasiva mitiga 41 puntos de daño, por lo que termina recibiendo 165 de daño.
Como una figura pequeña y oscura el topo caía de su ataque anterior cuando Uker perforaba con la punta de su arma impiadoso cual gélida muerte de acero. Eros volvió a su forma humana entonces tras posicionarse exactamente a la espalda de la cazadora a medida que el capitán de los Olvidados declaraba por todo lo alto la debilidad de aquella que fungía cual líder de los cazadores en cuestión. La mano enguantada del sepulturero tensó los dedos cual punta de espada avanzando hacia la nuca de la misma por la espalda, entonces los dedos del carpintero brotaron desde la boca de la espadachina apuntando a Uker. Sintió el peso del cuerpo sin vida, la espada de la misma cayó al suelo y cuando Eros removió la mano que había atravesado cual espada la cabeza de la misma su cadáver se desplomó junto con su arma en un charco carmín.
Sacudió la diestra quitándose la sangre, entonces elevó la mirada contemplando la cantidad de cadáveres que regaban las calles de Whiskey Peak. - No, soy una persona que se comió una fruta del diablo que lo vuelve un topo -Explicó tratando de dejar en claro que, efectivamente, no se trataba de un topo que se convertía en humano; solo para dejarlo en claro.
Con calma caminó hasta el perrito que, sorprendentemente ahora estaba de pie. Si bien cojeaba acercándose a ellos, el animal se acercó a los dos dispuesto a seguirlos. Una sonrisa ligera apareció en el rostro de Eros al contemplar que, una vez pasado el miedo en primera instancia, el animal podía pese a su estado ponerse en pie y andar. - No todo está perdido -Aclaró con esperanza, antes de hacer sonar su cuello y escupir sangre de su boca al suelo. Aun la misión no estaba lista, pero poco a poco la violencia de la noche mermaba a medida que el cielo empezaba a adoptar un tinte violáceo que anunciaba el amanecer en la distancia.
La madrugada estaba llegando, y con ella un nuevo día para ambos capitanes y su can cómplice. - El puerto no está lejos... Ya casi... -Se lo dijo también a si mismo, en parte para aguantar. Estaba mareado, sentía los sangrados y la contusiones pero al menos la carnicería ya había pasado.
Cositas
En forma humana Eros solo tiene 111 de agilidad y 116 de fuerza, pero al atacar por la espalda no hay chance de prever el ataque. El mismo hace daño contundente de Arma + Tecnica siendo:
20+(116*1.2)+(116*2.6) para un total de 460 que no mitiga por su resistencia.
Efecto:
Aumenta la fuerza 20 puntos durante el ataque.
Enfriamiento:
Dos Turnos.
Eros junta los dedos de cualquiera de sus patas delanteras, uniendo las garras como si fuesen una punta de espada y lanzando una estocada en dirección al oponente con los dedos extendidos. En caso de estar en forma humana, ésta técnica puede ser realizada sin sus propiedades cortopunzantes, usando la punta de los dedos en vez de la punta de sus garras.
De pronto, el sonido grotesco de sangre siendo atravesada ocupó todo su escucha. Levantó la cabeza, video como una mano atravesaba la boca de la que antes hablaba tanto. El cuerpo de la cazadora siguió tenso por un momento, pero perdió toda su fuerza, soltando su arma y cayendo hacia adelante. Uker tuvo que quitar su arma del estómago de esta, así como dar un paso al costado para dejar que el cuerpo chocara sin piedad contra el pavimento, lo observó un momento, hasta que un movimiento de su cuerpo lo hizo recordar algo con dolor. Miró hacia el costado y la espada usada por la mujer aún asomaba por su cuerpo, por su pecho y su espalda.
Mientras el otro pirata le declaraba que no se trataba en verdad de un topo, el cocinero comenzó a quitarse el arma de encima. El acero se sentía frio siendo apretado por su mano, incluso si se había acostumbrado un poco en cuanto se mantuvo en su cuerpo un poco. Intentó estar lejos del filo, pero no pudo evitar recibir unos cuantos cortes en la palma de su mano derecha, hasta que por fin pudo quitarse la espada. La sangre cayó al suelo, mezclándose con la de su oponente, que había creado un charco de ese líquido oscuro bajo la poca luz del lugar, lo suficientemente grande como para que el pelinegro se moviera unos pasos hacia el costado de nuevo, no queriendo pisarlo.
Sería malo si los siguieran porque deja pasos de sangre al caminar.
Observó la escena, mientras que su mano sostenía la espada ajena por un momento, para luego tirarla hacia un lado sin cuidado. - Demasiado liviana, ¿Cómo alguien puede luchar con eso? -. Eso fue lo que dijo, sin entender como alguien que se encontraba en el Grand Line y decía venir a cazarlo podía pretender luchar con eso. El perro parecía poder caminar, eso era una buena señal, pero no significaba que no necesitaría de atención médica. - Movámonos, no sabemos cuándo podrían llegar más de estos idiotas -. Con todo el problema de quien ahora se encontraba muerta en el suelo casi se olvidaba del objetivo por el que estaba metido en todo esto.
Avanzó, esperando ser seguido por el hombre-topo, suponiendo que iba a cargar al animal. Se movía con rapidez, no estaba tan lastimado como Eros y muy seguramente eso lo hacía no preocuparse por su cuerpo, pero al echar un vistazo atrás redujo la velocidad. - Estamos cerca -. Dijo, esperando que el otro no pensara que estaba desacelerando el paso solo por su bienestar, pues ya le había dicho que no debía preocuparse por él.
El olor a pescado y a mar se hizo presente en poco tiempo, el asfalto dejó paso a la madera del puerto, que retumbo bajo las pisadas de ambos en cuanto divisaron el barco objetivo. - Ahí -. Apuntó con su dedo a donde debían dirigirse, pero no ocupó el camino que lo llevaba hasta la escalera para subir. Aumentó la velocidad por un par de metros, para luego dar un salto, uno lo suficientemente alto como para alcanzar sin problemas la cubierta. - ¡Hyakintos! -. Gritó antes de aterrizar, recibiendo la caída con sus piernas flexionadas y dando una vuelta en el suelo para evitarse más daños. - ¡Hyak, soy Uker, antes íbamos en la misma tripulación! -. Recordó que debía ayudar al médico a recordar, debido a sus problemas de memoria. - ¡Necesito tu ayuda! -.
Al no escuchar respuesta aún, recordó aquello que habían prometido investigar juntos, tal vez eso lo hiciera recordar. - En tu libreta, anotaste algo cuando hablamos en Karate, la inmortalidad, lo que busca Otto… -. Tal vez ni siquiera recordaba al investigador, por lo que decidió hablar aún más. - Lo que yo busco -. Tal vez así lo recuerde, incluso si debía dejar al descubierto su sueño ante el otro pirata, aquel que buscaba salvar al animal.