[Pasado] Let's Talk about Buisness... Or not? | [Privado]
#11
El ambiente se había vuelto pesado, incómodo incluso. No habían palabras, no más al menos, ni por parte de Jin, ni de Tezca. Le molestaba, no la presencia del contrario, a quien pudo haberle mandado a irse ahora que el trato estaba hecho, sino él mismo, esa propia actitud que no comprendía. ¿Por qué odiaba que alguien tuviera fe para él? No… no era odio, más bien era la primera vez que tenía a alguien que buscaba una larga vida para él. Podía escuchar la estantería tras él. El sonido de la botella de licor, el ruido del contrario al tragar. No debería prestar atención a eso y, sin embargo, sospechaba que tenía parte de culpa del alcohol que estaba tomando, del mismo modo que él mismo había provocado el mono de ansiar fumar.

No lo miró ni siquiera cuando le dirigió la palabra. Nunca lo había visto así, pero cierto era, se acababa de llamar estúpido a sí mismo. Sus ojos descendieron, del mismo modo que su propia cabeza, sin saber bien qué decir. Mordió ligeramente el cigarro, ahora rindiéndose tras la pelea con el mechero que claramente no iba a colaborar y, lo peor, no quería ahora salir a ver a sus hombres, ni tener que comprar uno en ese instante, no cuando por dentro parecía estar cargado de sensaciones que desconocía y solo lo harían ver de mal humor.

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—Si tanto te debe la muerte, dile que me deje en paz…

Palabras que demostraban que su propia vida, de por sí, ya era un cúmulo de la misma. Quizás por verla, quizás por sufrir esa cantidad de traiciones. Elevó su mano, con el cigarrillo entre sus dedos todavía. El mono de querer fumar lo abrumaba, provocando temblores que no controlaba ahora. Mierda… Eso hasta que sintió que de la misma mano que sostenía el mechero hubo una sacudida. Apartó su mano, volviendo la mirada al joven. Ahora estaba confundido, viéndolo sentado en el suelo. Había asientos, sillas, sofás incluso, pero en vez de eso, se sentaba en el suelo… frío… solo…

El flashback de verse a sí mismo en ese estado, en una edad muchísimo más temprana, con heridas por todo su cuerpo, ropa rasgada. Se vio a sí mismo en Tezca, en esa figura, en la misma posición, solo que entre sus manos había vendajes en vez del mechero, las manos temblorosas, la mirada cargada de absoluto vacío. Apretó los labios. Odiaba recordar el pasado. Lo odiaba muy seriamente.
LO ODIABA.
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—No es necesario que hagas eso. Levántate, maldito…

Pero fue interrumpido. Hablaba de la rueda, revisaba el mechero. Un momento… ¿Se lo estaba arreglando? —No hace falta eso. No importa. Maldita sea Tezca levántate del maldito suelo. — ¿Por qué siquiera esforzarse en un objeto tan insignificante? No, ya no era eso, ni por asomo. Era la frustración de recordarse a sí mismo en el peor momento de su vida. Incluso cuando lo mandó a voltearse.

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—¿Qué demonios Tezca…?

Sus manos ahora temblaban y odiaba verse tan vulnerable. Mataría al que lo viera así pero… No a él. No podía… Maldita sea. Sencillamente se volteó, juntando ambas manos, el cigarro perdiendo forma por la fuerza con la que lo sostenía. Al menos, de ese modo, no lo iba a ver. ¿Quizás era el alcohol? Recordaba que aquella noche el alcohol parecía afectarle… Quizás no tolerase demasiado la bebida… Maldita sea, necesitaba un cigarrillo. Sus ojos se enfocaron a la puerta. ¿Debería salir a pedírselo en serio a alguno de sus hombres? Ni siquiera sabía si eso tendría arreglo realmente, ni le importaba. No le importaba… O eso creía, porque de su espalda emergió la mano ajena, con el mechero, que esta vez se encendió a la primera de cambio. Sus ojos se abrieron de par en par, ahora con sorpresa. Aún así, el cigarro se encendió, el humo voló y la nicotina, al fin, lograba que los temblores comenzaran a cesar. No del todo, pero sí que gradualmente fueron disminuyendo.

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—Buen trabajo…

Sí, quizás un gracias era una mejor palabra, pero no sabía cómo hacerlo sonar sin que se viera… ¿raro? ¿Por qué? Solo era agradecimiento. Volteó la mirada, ahora evitando el contacto visual directo. Trató de volver a enfocarse, cerrando los ojos, carraspeando, dejando escapar el humo a la vez que aceptaba el mechero, y la cercanía del contrario.

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—Procuraré que dure más…

No… No iba a usarlo. Solo esa vez, solo ese momento y… lo atesoraría. ¿Por qué? Porque le apetecía, nada más que eso. Sus ojos descendieron, mirando el objeto ahora en su mano que apenas hacía unos segundos era insignificante. —¿Vas a irte a otra isla pronto, Tezca? — elevó su mirada, ahora ya no era por trabajo, sino volver a aquella noche, aquel que parecía divertirse como él mismo. Se sintió incómodo, extraño. —No deberías beber si no sabes tolerarlo. — su mano, la misma que sostenía el mechero, ahora la aprovechaba, al menos la parte de sus propios dedos, dar un leve roce en la mejilla del contrario. —Nunca sabes cuándo podrían hacerte daño… O aprovecharse de ti.
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#12
Solo por esa vez aceptaría ese “buen trabajo” Aunque era bastante cutre. A diferencia de la cierta agresividad que percibí cuando intentaba quitarme del suelo ahora se notaba más tranquilo con el cigarro en los labios… Tal vez le pasaba lo mismo que a mi con el alcohol. Nos aferramos a algo intentando mantener la cabeza sobre los hombros, vaya cordura de mierda. Suspiré, levantándome para regresar por la botella de alcohol, tomando otro sorbo, a la mierda, ahora celebraba que había hecho un buen trabajo. Regresé de inmediato a su cercanía, mirándolo con atención ¿Por qué me sentía más tranquilo al verlo en calma? —Tenía planeado regresar a Karate, voy demasiado a esa isla, mucho trabajo y los festivales son… muy buenos. — Le respondí suavemente, aquí iba otra vez, el enojo completamente disipado: la furia siendo derrotada por un hombre de voz como seda, eres un fácil, Tezca.
 
Sentí sus dedos contra mi rostro y cerré los ojos disfrutando del tacto, dejando el alcohol en el suelo para regresar a abrir su palma y apoyar desesperadamente mi mejilla contra el encendedor, todavía se sentía caliente pero no me importaba si podía sentir aún más su tacto. Finalmente abrí los ojos y por segundos no supe que responder ¿Tanto se me notaba? Que mierda… Esto no era positivo. —Siempre tomo… ¿Me entiendes? — Le resté importancia, sin profundizar en lo mal que me hacía sentir al día siguiente, o lo ligeramente ruborizado que me sentía después de un par de sorbos. “Los hombres toman” Recordé las palabras del señor Okiomi y lo mucho que se esforzó por acostumbrar al alcohol para que pudiera estar en varios círculos sociales y sacar información importante a los borrachos, ahora solo podía fingir que tomaba. —No importa… Siempre estoy bien. Mi trabajo también es de riesgo, pero siempre me salgo con la mía. No tienes que preocuparte por los resultados, lo tengo bajo control. — Me separé de su mano para mirarlo atentamente, notando como su pecho se alzaba antes cada respiración, como me veía… No estaba preocupado por mí, era claramente por el trabajo, por supuesto, que más podía ser.
 
Caminé al sofá, no sin antes tomar a mi querida compañera de trabajo, tomando otro largo sorbo como intentando probar mi punto, azotándolo contra la mesa para mirarlo con una sonrisa. —Estamos celebrando ¿no? Finalmente somos… Aliados. — ¿Esa era la palabra correcta? Supongo que si. Pero había algo que todavía me resonaba en el cerebro, que me dificultaba pasar el alcohol.
 
Nunca sabes cuándo podrían hacerte daño… O aprovecharse de ti.
No… ¡Soy Tezca Norova! ¡Nada ni nadie puede hacerme daño! ¡Yo soy el que se aprovecha de los demás! Mi rostro se veía reflejado en la cristalina botella, el rostro de un hermoso hombre que gobernaría el mundo a base de engaños, de un hombre que lo podía y tenía todo ¡Acababa de hacer un trato que me daría mucho más dinero y conexiones! Y entonces… entonces iría por él.
 
Pero, instintivamente regresé a Jin, a mirarlo desde el sofá y sus palabras volvieron a sonar… que dolor de cabeza, pero me sentía más calmado, centrado, suspiré tomando otro sorbo. Se me estaba subiendo a la cabeza… No, siempre he sido así. Que mierda. —… ¿En serio viene a decírmelo el que está fumando? Mejor siéntate conmigo, me haces extrañarte, venir a buscarte, te enojas conmigo y todavía tengo que rogar por tus caricias… El peor anfitrión que conozco. — Nunca supe pedir ayuda, ni decir que necesitaba a alguien, solo esperaba que pudiera ver más allá de mi afilada lengua.
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#13
Kárate. Sus ojos no podían apartarse de la vista ajena, de cómo parecía ir buscando su tacto. Su mano todavía temblaba y, sin embargo, verlo acurrucarse en su propia mano y en ese mismo mechero que acababa de reparar… Extrañamente… Su mano parecía ir normalizándose, calmando dichos temblores hasta que desaparecieron. Sus ojos no podían alejarse de él. Se vio patético por no saber agradecerle adecuadamente y, aún así, el dedo pulgar acarició lo que le era accesible en ese rostro.

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—Bien. Planeo ir también a kárate en breves. Nuestro próximo encuentro puede ser allí.

Su mirada, inconscientemente, se había suavizado, incluso los ojos que siempre eran afilados y pequeños parecían estar más dilatados. Lo vio alejarse, su mano todavía sosteniendo el mechero, ahora apretándolo hacia sí con su puño… y descendiendo el objeto hasta el pantalón, donde lentamente lo guardó. Extrañamente, ahora no podía quitarle ojo al hombre, a diferencia de antes. ¿Por qué? Desconocía el motivo. —No deberías beber si no estás conmigo… — Qué ironía. Solo lo veía beber, trago tras trago, pero por algún motivo, lo comprendía. Aquel vacío, aquella silenciosa petición de ayuda, lo mismo que él usaba para fumar, lo mismo que utilizaba también como sexo para olvidar sus males. —Por mucho que estés en tu trabajo y tenga riesgos. Especialmente es por eso que debes cuidarte… y más ahora que trabajas para mí.

Sus pasos se fueron acercando nuevamente hasta el hombre, aunque todavía manteniendo la mirada hacia él. Se quedó de pie, solo contemplándolo, todavía a algunos pasos de él, dando una nueva calada que relajó sus músculos. La nicotina hacía su función, pero esa noche no parecía ser suficiente. Sin embargo, trató de realizar su característica sonrisa maliciosa, que pese a todo, parecía tener un atisbo de dramatismo, parecía más bien perder confianza.

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—Claro… Aliados.

Siempre solía calcular hasta el último movimiento, siempre preparaba las tornas, esa noche no estaba siendo él… Igual que tampoco lo fue la última vez cuando no quiso que se fuera. ¿Qué era? ¿Un estúpido? Se acercó a la botella al escucharlo hablar una vez más, tomándola por su cuenta, bebiendo solo que, en ese caso, un trago largo. Dos… tres… seis… diez tragos de una sola tajada. Dejó escapar el aire para respirar tras tanto, pero todavía le faltaba tiempo para que le hiciera efecto. ¿Quizás podría usar el alcohol de excusa ahora para hacer lo que desde que lo sintió quería hacer? Quizás, si no era él mismo… —Tienes razón, no debo dejar que nadie ruegue porque le toque. — Apagó el cigarrillo en otro cenicero que había en la propia mesa, acercándose al hombre. El olor a alcohol ahora podía sentirlo en el rubio, obviamente también en su propio aliento. Sin embargo, en vez de sentarse a un lado, solo se posicionó frente a él, mirándolo en silencio. Uno que fue quizás demasiado largo, extraño… Solo para tomarlo de nuevo del cuello del kimono, usando ambas de sus manos, alzando su cuerpo ligeramente, descendiendo su cuerpo, elevando una de sus rodillas en los laterales de sus piernas, sentándose sobre él, besándolo sin aviso previo, sin preparación. Su mano se elevó, acariciando la mejilla del hombre cargado de hambruna.

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Apenas se separó pocos segundos después solo para respirar, soltando la tela del rubio, con los ojos ahora fijos en él, sin decir nada. Tampoco es que supiera qué decir realmente y, aún así, habló. Sus labios funcionaron más rápido que su propia cabeza. Motivación; una simple excusa. —Tengo que mejorar como anfitrión… ¿no es así? — sus ojos descendieron, observando los labios ajenos. Tenía que controlarse. No estaba borracho, pero se autocomplació diciendo que eso solo estaba siendo el alcohol y el brote de su propio recuerdo, todo con tal de no admitir que estaba buscando su tacto una vez más.
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#14
¿En Karate? Tenía más conocidos que frecuentaban esa isla, podría ser… extraño. Pero si eso significaba volver a ver, ni siquiera tenia que responderle: Estoy seguro que sabía la respuesta. Sus palabras parecían… corrección, todo su semblante parecía amable, como si realmente se preocupara, tal vez lo estaba imaginando, tal vez solamente era un hombre posesivo. —Entonces tendrás que venir conmigo a todos lados o no podré trabajar… ¿Sabes? A veces la mejor forma de sacarle la información a alguien es emborrachándolo y acostándote con el… Eso sonó muy mal. — Hice una ligera mueca de disgusto, notándolo acercarse y tomar un muy largo sorbo de la botella. Eso podía ser divertido.
 
Correspondí al beso sin esperar, abrazándolo fuertemente mientras intentaba acercarlo más a mi, casi fusionándose conmigo, no literalmente, podría asustarlo. Antes que se separara lamí su labio inferior, separándome lentamente y respirando con cierta dificultad. —Tranquilo… Yo te enseño. — Murmuré en una promesa vacía, sentía que no tenia la suficiente fuerza para hacerlo mío, solo quería abrazarlo por el resto del día, sentir su calor y no necesariamente de forma sexual. El me calmaba, bien lo admití, listo. Su presencia era bastante beneficiosa para mi estado mental. Esta vez inicié el beso, dulcemente, acostándome en el sofá y acomodando al hombre encima mío para separarme del beso, abrazándolo. — ¿Por qué siempre en un sofá? — Reí levemente, mucho más relajado, subiendo mi mano a su rostro para acariciar suavemente su cicatriz, casi admirando esta.  — Me gustan mucho las marcas corporales… cuentan historias, una prueba viviente de quien eres y porqué lo eres… De lo que has triunfado. Por mala suerte mi cuerpo se rehúsa, nunca he tenido una cicatriz. — Comencé a hablar sin pena alguna, casi olvidando de con quien estaba hablando mientras bajaba a mirarlo directamente a los ojos. —Creo que soy demasiado hermoso para una… o demasiado perfecto, en fin… Creo que tu cicatriz es hermosa, todo tu… eres… ah…— Volteé la mirada en vergüenza, claramente estaba afectado por el alcohol, me volvía desvergonzado, honesto. —mierda… ¿En que estaba? No se te ocurra levantarte, te necesito encima de mí, no se que tienes en… no lo sé, pero si te levantas no podré contarte más de lo que quiero decirte. —
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#15
Sus ojos, fijos ahora en el hombre tras separarse del beso solo lo contemplaron. Solo fue el alcohol… Sí, esa excusa servía. Su estado solo se debía al alcohol, nada más que eso. Elevó sus manos, tomando ambas mejillas, acariciándolas sin apartar la mirada de él, manteniendo una corta cercanía.

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—Que nos vean juntos todo el tiempo no es buena idea, Tezca.

Y no porque no quisiera. De hecho no recordaba haber pasado una noche sin sexo con nadie además de él… era el peligro en el que podía estar expuesto. ¿Por qué tenía la misma sensación que con Akura? La misma de… ¿Protección? No, solo era el alcohol. Sí, tenía que ser eso. Aceptó el beso, pegándose de la misma forma que lo había hecho, manteniendo esa cercanía, el calor… Todo. Podría hacer el mismo alarde de ego que aquella noche, sonreír con malicia y decirle que era capaz de aprender por su cuenta y, sin embargo, solo dejó que esas palabras se las llevara el propio viento.

Su cuerpo descendió a la vez que el contrario, quien era el que lo fue guiando hasta allí. Su brazo ahora estaba apoyado sobre su cabeza. Rostro con rostro. No pudo evitar una media sonrisa esta vez, ahora sí, regresando a un mejor humor. Sí, así debía ser, no podía desencadenarse por sinsentidos.

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—La próxima vez será en una cama.

Parecía volver lentamente en sí. Cerró su ojo izquierdo al sentir el tacto en la cicatriz, una segunda vez desde que se conocieron. No mencionó al respecto, del mismo modo que la primera vez, solo lo dejó hacer. Sus palabras lo inundaron, no sabía de qué, pero realmente, a menos que fuera para aprovechar aquella debilidad, no estaba acostumbrado a que esa cicatriz tuviera semejante protagonismo. El silencio quizás se alargó más de lo esperado. Sus ojos descendieron entonces, sus ojos ahora como si contemplaran más allá de esas palabras, su mano posicionándose en su mejilla con la mano que no utilizaba para apoyarse.

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—Si hay una cicatriz en ti, espero ser yo el primero en dejarla grabada en tu cuerpo.

No esperaba un halago de su propia cicatriz y no era una amenaza, aunque quizás pudiera dar a entender lo contrario. Sin embargo, sí deseaba dejar una marca que pudiera hacerlo recordarlo hasta que llegara el fin de sus días. Se dejaba fluir, bajo la misma excusa del propio alcohol. Su calma parecía fluir, su mirada solo estaba fija en él. Su cuerpo entonces fue descendiendo lentamente, su rostro alcanzando su hombro, sus brazos rodeándolo en un silencioso abrazo en la zona de la cintura ajena. Su mirada parecía lejana, como si su mente estuviera viajando en otra parte.

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—No planeo apartarme ahora mismo…

Su voz sonó más lenta, suave, pero realmente comenzó a sentirse cómodo. Extrañamente cómodo. Su mano se elevó lentamente por el kimono del contrario hasta la zona del pecho, sus ojos abriéndose nuevamente, muy lentamente. —Sin embargo, no parezco ser el único con una historia que contar. — sus dedos rozaron el medallón, tanteando un poco el terreno, viendo si su reacción sería la misma que la de la última vez.
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#16
playing now: Outrunning Karma by Alec Benjamin
 
—No me importa si es buena idea o no. — Respondí con cierta convicción, ofendido, eres algo usual si trabajábamos juntos. Sin embargo, debía admitir que era peligroso, pero por el lado contrario: Solía atraer a la muerte a los demás. Oh, muerte, mi amante caprichosa ¿me dejarás quedarme con alguien o seguirás arrebatándome personas? Porque creo que tendremos que argumentar esta vez: No puedo dejar que te robes a mi benefactor. No supe que estaba apretando el agarre con egoísmo, un tanto asustado por lo bien que se sentía estar cerca del hombre. Hasta que sus palabras me sacaron de la espiral al que comenzaba a bajar.
 
¿Quería hacerme daño? Eso sonaba tan extraño, incluso para alguien como yo. Lo miré con una ligera confusión. Tal vez comenzaba a hacerle efecto el alcohol… muchas cosas: Cosas que todavía no podía descifrar de él, cosas que quería entender. Y entonces Jin descendió y de inmediato extrañé tenerlo sobre mi rostro, pero no iba a atraerlo, quería que estuviera cómodo… Sentí que podría reír ¿Desde cuando me preocupaba alguien más? ¿la comodidad de alguien más? Dios… Estaba volviéndome loco, sin duda. Completamente loco.
 
Al escuchar que no se alejaría me calmé, casi bajando la guardia… y eso hizo que mi reacción fuera mucho más reactiva. Al sentir su mano acercándose al medallón, tomé su muñeca alejándolo de mí, mirándolo con terror absoluto. No. Le había dicho que no ¿Por qué insistía? ¿Qué importaba? Al notar la fuerza con la que seguía sosteniendo su muñeca la solté como si me quemara, mirándolo con cierta vergüenza. —…—
 
Iba a necesitar más alcohol para esto, pero no planeaba volver a alejarlo. Así que solo volví a acercarlo, cerrando los ojos. Sé un hombre, Tezca, sé un hombre. Si… Tal vez, tendría una razón para mantenerlo cerca. Si le daba una pieza de mí, otra pieza de mí, me obligaría a protegerlo… Malditos estos sentimientos, maldito yo y maldito él. Quería dejar de sentir dolor por un segundo… Solo… Lo siento mucho, señor Okiomi, ya no puedo mantenerlo. Solo soy un hombre y si este Onizuka es mi karma… bien. De todas formas, ya estoy enloqueciendo. —…Te odio… pero bien, de toda forma todos mis clientes saben quién soy. — Miré al techo, intentando olvidar que la historia que cuento es mía. —Mi madre falleció hace mucho, lo único que tengo de ella es ese colgante… Es lo único que me mantiene cuerdo y eso que a veces no funciona. Mi padre… Lo estoy buscando… Y bueno, cuando lo encuentre… No hay lugar en este mundo para los dos ¿me entiendes? Tuve un guardian... un cazarrecompensas... pero... — Solté sin ninguna emoción o expresión, dejando de abrazarlo, volteando a la botella, notando nuevamente mi reflejo en esta. No era el peor. —…Carajo, soy un imbécil, tengo que irme. — Intenté levantarme con cierto temor, acomodándome el kimono con rapidez. Mis manos temblaban y las lagrimas comenzaban a invadir mis ojos.
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#17
Ese hombre.... ¿Por qué estaba tan seguro de sí mismo? No había visto ese lado de su trabajo. ¿Subestimaba el peligro acaso? ¿Tal vez solo estaba siendo excesivamente confiado? Sin embargo, pese al pensamiento serio, y la posible ignorancia (o así pensaba él) del contrario... Se sintió extrañamente... ¿Satisfecho? No… más bien era algo diferente, algo que no sabía poder con ninguna palabra. No se había percatado de ello, pero había terminado teniendo un silencio de lo más largo, más de lo que llegó a imaginarse. Sin embargo, las palabras salieron finalmente de entre sus labios.

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—Haz lo que te dé la gana.

Igualmente era obvio nada más verlo; era un hombre que posiblemente no sería capaz de acatar una orden y pelearlo solo derivaría en un empate, dado que el propio Jin también era más tozudo que una mula. Solo disfrutó del tacto, incluso cuando lo apretó con firmeza. Llegó un punto en que, sin pensarlo, bajó la guardia, cómodo en el calor ajeno, un silencioso momento que estaba saboreando hasta el último segundo.

Y finalmente ocurrió, en parte lo esperado, por otra lo inesperado. Sabía que tenía cierta debilidad por aquel extraño colgante desde la primera vez que pasó sus dedos sobre él la misma noche en que se conocieron y, por otra, lo inesperado de una reacción tan automática y todo lo que vino después. Sus ojos descendieron. El dolor pronto escaló debido a la fuerza aplicada y, por supuesto, a continuación disminuyó al ser soltado de forma tan abrupta.

—…Te odio… Pero bien, de todas formas mis clientes saben quién soy.

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—¿De qué estás hablan-…?

Sus cejas se arquearon, en una expresión claramente confusa, pero se vio interrumpido por una leve y veloz explicación, posiblemente resumen de su propia vida y experiencia. —Tezca… — una madre que amaba, un padre que claramente… Conocía bien su línea de trabajo, y lo que simbolizaba desechar a un caso perdido como lo fueron en el caso del propio Jin con los suyos propios. No sabía lo que era el amor de una madre por lo que, al menos por esa línea, no sabía bien cómo guiarse… Pero todo fue extraño. Un cazarrecompensas… ¿Quizás también tuviera que ver con ellos? ¿Si le mencionaba sobre la piratería que planeaba lo perseguiría? No lo había hecho durante la confesión de su labor… —Tezc-… — fue interrumpido, un empujón suficiente para apartarlo de encima de él, incluso cuando el alcohol parecía burlarse ahora de esa situación que se había dado. ¿Qué diantres estaba ocurriendo? —¿Qué demoni-…? — se mantuvo silencioso, ahora abriendo sus ojos de par en par, apreciando sus ojos cristalinos. ¿Estaba…? Sin duda, parecía que estaba llorando, aunque no lo mirase directamente. Tampoco supo qué decirle, no conocía palabras de consuelo, no conocía actitudes cariñosas, nada que pudiera ayudarlo. Solo lo veía alejarse, acercándose a la puerta. Por primera vez, el yakuza se sintió frustrado de no saber tener esa experiencia. Tampoco lo ataba nada más que aquella alianza, ahora que el propio Tezca trabajaba para él… Pero nada más. Por mucho que deseara hacerlo, mantenerlo allí… ¿Qué iba a decirle? ¿Qué iba a hacer? Solo desvió la mirada a otra dirección, su sonrisa ahora desapareciendo completamente, volviendo a su seriedad, su mirada vacía.

Lo vio acariciar el pomo de la puerta y, de repente, se vio corriendo hasta él, agarrándolo de la parte superior de su codo, con la misma expresión. Se quedó en silencio por algunos segundos, sin saber qué decirle, y tampoco quería obligarlo. Una excusa, la que fuera, como fuera…

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—No es buena idea que salgas en esas condiciones.

Su mano se apretó al brazo del hombre, su cerebro ahora funcionando. Ya no solo era una excusa lo que iba a revelar, sino una realidad. —Si mis hombres te ven en esas condiciones, no dudes que no les convencerá mi trabajo. Y no me refiero a mí, me refiero a tu vida. Por mucho que nuestro trato hable de mantener nuestras reuniones en privado, no significa que ellos no puedan verte, y no quiero que... — No se percataba, pero la mano lo apretaba con muchísima más fuerza, quizás le estuviera provocando daño. Sin embargo, no pudo continuar la frase. "No quería que muriera." "No quería que le pasara algo peor que la muerte solo por algo como eso". Algo que... no pudo formular por sus propios labios. —Quédate. — Hizo una pausa, ahora sí, aflojando el agarre, pero no alejando su mano del contrario. —Además, puedo ayudarte a buscar a ese imbécil… Quédate. — No entendía ese instinto que solo había tenido con su hermana, aunque sabía que la sensación era diferente, era… rara. No. No. Era el alcohol. Tenía que ser eso. Pero sus palabras iban muy en serio, del mismo modo que el tono empleado para hablarle. No bromeaba, si tenía que encontrar a su padre y traérselo suplicando por clemencia lo haría. —Fingiré no ver nada, no volveré a tocar el medallón… Solo quédate. Solo hasta que te calmes. — Irónico, el hombre que aprovechaba y abusaba de las debilidades ajenas en una situación así. —Tengo medios suficientes para encontrarlo... Solo necesitaría tiempo.
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#18
Todo era tan raro, sentía que la cabeza me daba vueltas: No podía entender nada ni a mi mismo y solo podría pensar en sus palabras. Lo miré con cierta desconfianza, estresado ¿En que condiciones? ¿Siendo honesto? ¿Un puto desmadre? Claro, porque ahora no se podía ser así ¿no? Nunca se pudo, solo había decidido ser un estúpido. Lo miré cuando sentí su tacto en mi brazo, un apretón en este y volteé. —Me haces sentir seguro… haces que me sienta vulnerable, te cuento mi pura existencia… y ahora…— Suspiré, volteándome para abrazarlo con fuerza, escondiéndome en su hombro para continuar derramando lágrimas. — Te odio…— Murmuré, intentando creérmelo, pero no, no puedo odiarlo. Menos con lo que decía.
 
Escuché las palabras que soltaba ¿Me ayudaría a encontrarlo? no, no… de seguro había algo más, pero, parecía… tan… honesto. No sabía cómo agradecerle, así que solo lo miré con curiosidad ¿Lo hacía solo para callarme? No quería sus migajas, así que tendría que buscar cómo hacerlo.
 
Nunca había sido de agradecer, pero eso se basaba en hacer sentir bien al otro ¿no? Podría ingeniármelas un poco.
 
Lo miré nuevamente; besándolo de inmediato, profundamente antes de separarme, aprovechando su confusión para empujarlo contra la pared y volver a estrellar sus labios contra los míos. — No… puedo calmarme…— murmuré mientras bajaba a su cuello, dejando un par de suaves besos: un fuego que poco a poco se iba extinguiendo.
 
Claramente no estaba excitado. Mierda.
 
Gruñí para mi mismo, con molestia, odiaba no poder accionar, no sentir la creatividad, intenté volver a besarlo, pero mis labios solo se quedaron a medias. Continuaba reproduciendo nuestra reciente conversación en la cabeza, limpiándome las lágrimas mientras regresaba a la botella y le daba un largo sorbo — No me hagas un favor: Dime que soy un estúpido, traincioname por la espalda, que soy un cobarde, escúpeme y llama a tus hombres para que me disparen ¿me entiendes? Yo no entiendo por qué… me tratas tan bien cuando no lo merezco. ¿Por qué actúas confundido? Deberías reír como si todo esto fuera parte de tu plan para matarme, robarme o amenazarme… No entiendo nada, Jin. No… Yo… tengo que tener el control. Deberías estar a mi merced, así no es como van las cosas— Terminé regresando al sillón bastante rendido, razonando como podía cambiar esta situación a mi favor, esto estaba mal. Muy mal.
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#19
—Te odio…

Solo había silencio ante esas palabras. Estaba sorprendentemente acostumbrado a recibir ese tipo de palabras, además del propio odio real en sí. Siempre lo escuchaba, todos los días. Deudores, asesinos, incluso inocentes de los que él se había aprovechado… Pero no le gustaba que esas palabras salieran de él. Su mano fue aflojando el agarre hasta que finalmente lo soltó, dejando de apretarlo, solo descendiendo la mirada, evitando ahora el contacto visual… al menos durante unos segundos, buscando fortalecer su semblante serio, tratando así de evitar, con sorprendente éxito, que aquello no le había gustado viniendo de él.

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—Si eso te hace sentir mejor, entonces ódiame.

Lo decía en serio, tampoco conocía otro método para calmar a nadie. ¿Afecto? Ni siquiera sabía brindarlo, por no mencionar que no se le había pasado por la cabeza. Desde luego, lo que esperó fue un golpe, un puñetazo, que descargara su frustración o su ira golpeándolo… Pero de nuevo, fue besado sin aviso, dejándolo perplejo el tiempo suficiente para sentir el golpe de su espalda y nuca contra la pared. —Tez… — no podía siquiera hablar, siendo sus labios sellados una vez más. Era una situación tan irracional como sentía que estaba siendo él mismo ese día. Solo era uno más. Debería ser solo una persona más y listo y… No podía evitarlo. Cerró los ojos, permitiendo que prosiguiera, al menos hasta que separó sus labios y sintió cómo iba directamente hacia su cuello. Su cabeza se elevaba, imaginando el resultado de aquella situación en forma de ira. Solo lo dejó hacer.

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—Tezca, maldita sea…

Ni siquiera él se estaba excitando pese a que esa misma situación podría empujarlo a más. Ahora aquello tan apetecible era… algo de lo que no tenía tantas ganas. Elevó sus manos, temblorosas por la situación, yendo en dirección a su rostro, cuando volvió una vez más a apartarse, guardando distancias. Solo podía tener la visión de su nuca, su cabello sujeto en aquella cola de caballo, mientras ahora era él era quien se alejaba, sin darle la oportunidad de secarle las lágrimas como lo había hecho en su propia mente. Solo lo vio acercarse al alcohol… Desahogándose con él. Apretó sus propios labios, sin saber qué más decir, solo respiraba agitado, ahora su mano en su propio cuello por la marca de los besos que quedaron, incluso su corbata ahora más aflojada debido a la agitación transcurrida.

Y volvió a hablar, ahora haciendo que el propio Jin frunciera sus cejas. Su rostro ahora dibujó molestia, sincera y directa. No se acercó en esa ocasión, solo lo observó hasta que terminó de hablar. ¿Por qué le molestaba ahora que las palabras de Tezca, sabiendo que eran las acciones que siempre tomaba, no le gustaran viniendo de él?

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—Escúchame bien. Yo nunca miento.

Su mandíbula se apretaba a la vez que sus puños. Cierto, no mentía, al menos no sin razón, pero por supuesto, se le daba bien manipular la verdad a su antojo. No, esta vez no se acercó al hablar. —¿A tu merced? Tezca, ahora mismo si te doy una orden, deberías cumplirla. Trabajas para mí. — ¿estaba siendo cruel con sus palabras? No era la intención, pero se acercó a él, sujetando la botella, arrebatándosela de entre sus labios y con los ojos ahora fijos en el contrario. —Considéralo una parte del trato. Cumples mis expectativas, y yo cumplo con las tuyas encontrando al imbécil ese que buscas. Pero no te atrevas a volver a verme como a un insecto, o quien acabará peor serás tú. — Sus ojos lo siguieron hasta el sofá. Ahora Jin respiraba agitado, como si hubiera descargado algo en Tezca… Y de hecho así había sido el caso. Elevó su mano, pasándola por su rostro, ahora cansado. —Mira… No busco destruirte, no tengo interés en eso. No entiendo qué diablos me pasa contigo, eres… extraño. — le hacía sentir cosas que no comprendía, pero eso se lo reservó a sí mismo. Descendió la mano, acercándose de nuevo a él, elevando su mano para un segundo intento de lo que buscó hacer en un inicio, utilizar su pulgar, buscando los ojos ajenos, secando sus lágrimas. —Así que cálmate… Considéralo una recompensa a cambio de aceptar mis términos.
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#20
Finalmente tenía una palabra para esto. Me había involucrado demasiado, al punto en el que ni siquiera me importaba. Solía regresar a mis parejas eventuales, incluso a veces amistarme pero nunca nada tan profundo, nunca quería ser consumido hasta el punto de irreconocible, pelear tan ferozmente para finalmente perder ante su intensidad. Dejar que su llama me consumiera.
 
Siempre había sido bueno para leer a todos pero este hombre era bueno para leerme y eso no me causaba felicidad pero si un intrigante deseo como aquella polilla a la llama. No puede evitarlo. No podía explicarlo, es como si la vida finalmente hubiera encontrado la mejor forma para burlarse de mí. Amor bajo las condiciones de un ser aún peor que yo: de un total bastardo.
 
Y solo decir eso me dolía, no quería llamarle un bastardo, no cuando me estaba ayudando aunque no se lo hubiera pedido solo por verme llorar. Tal vez el loco no era yo, sino el, o tal vez los dos estábamos tan jodidos que a la primera de mínimo afecto sentíamos que podríamos refugiarnos entre nuestras propias heridas y dolor, tantas posibilidades.
 
Pero no, en mi fragilidad mentalidad podía notar que no podría odiarlo ni aunque fuera mi meta de vida, porque en estos dos encuentros había hecho más por mí que cualquier otro y cuando estaba siendo sostenido entre sus brazos sentía que no era una maldita paría esperando el momento para explotarlo todo. Y eso era aterrador.
 
Lo escuché bien, tal y como me ordenó ¿Podía ver que era un perro obediente? Tenía ese tono de voz de mandatario que me hacía sentir así. No era desagradable, solo… raro. No tomé su amenaza o advertencia, lo que sea que fuera y no era por malicia solo que la consecuencia era imposible. —No puedo acabar mejor ni peor que esto. Soy mi propio epítome y desgracia, mientras más rápido aprendas eso, mejor podremos trabajar.— No era una cruel broma sobre mi mismo, ni un reto al ajeno, era la cruda verdad. Ni siquiera la muerte era peor que esto, así como tampoco lo era la gloria.
 
Pero entonces, mientras intentaba desglosarme mentalmente el hombre volvió a hablar ¿yo era extraño? ¡El estaba loco! ¿Y YO ERA EL EXTRAÑO? Y al sentir su mano limpiar las lágrimas que olvidé que tenía volvió ese sentimiento de… condena. Dejé un suave beso en la palma de su mano, calmándome, mirándolo con cierta vergüenza. —Esto es muy raro… en serio… ¿Quién eres? ¿Me entiendes? Nunca nadie me había hecho sentir así…—
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